El novio de mi hermana a cuatro patas

Resulta que ayer por la noche mi hermana vino a quedarse con su novio Alejandro en mi casa para salir de fiesta y porque básicamente no tienen sitio donde echar un polvo al vivir los dos en casa de sus padres. Su novio es bastante guapo, y lo sabe. Bueno, para qué vamos a mentir, ¡está buenísimo con sus 21 añitos! Es de los que se cuida bastante, de complexión ancha y bastante alto, cerca de los 1.90. Por lo que he visto en la playa suele quitarse algún pelo del cuerpo, como los del pecho y los sobacos, aunque no se depila las piernas. Lleva el pelo corto y moreno, suele ir bien afeitado y con las cejas bien hechas. Tiene una cara de angelito a pesar de ser tan alto y fuerte. Su cuerpo está algo trabajado de jugar al fútbol y dan ganas de tocarle esos muslos trabajados.

Nos fuimos de discoteca con unos colegas y cogimos todos una buena borrachera. A eso de las cuatro estábamos por ir a casa cuando una amiga empezó a vomitar como loca toda la mezcla de cubatas que se había tomado, por lo que la acompañamos a su casa. Estuvimos allí un rato con ella y mi hermana cuidaba de ella hasta acabar por mandarnos a Alejandro y a mí a casa. Ella decía que vendría cuando nuestra amiga se encontrara mejor

Cuando llegamos con la borrachera le dije en broma que hoy no follaba (y prometo que iba sin segundas). Pero Alejandro se picó y me dijo que yo tampoco follaría. A ello respondí continuando la conversación: “al menos no vivo con mis padres y puedo follar cuando surja”. Entonces Alejandro empezó a mostrar interés por mi vida sexual. Ya sabía de sobra que me gustaban los chicos pero esta vez quería saber más cosas. Yo estaba suelto y sin cortarme con el efecto del alcohol, así que decidí seguirle el ritmo para ver adónde llevaba.

Yo.: ¿qué quieres saber?

Alejandro.: ¿follas mucho?

Yo.: bueno, cuando surge. ¿Y tú?

A.: no tanto como quisiera, no encuentro tantos momentos de intimidad con tu hermana. ¿Y entonces cómo es cuando follas?

Yo.: ¿A qué te refieres?

A.: Pues a ver… ¿tú follas o te follan?

Yo.: depende, las dos cosas.

A.: ¿te da igual?

En ese momento empecé a entender el tema. Alejandro me estaba pidiendo que explicara con detalle mis gustos sexuales. Parecía que estaba tanteando la posibilidad de quitarse su calentón conmigo pero no sabía bien si eso implicaría que iba a tener que chupármela o que le tocara el culo. Así que decidí seguirle el rollo. ¡Ya ves qué problema tenía yo en mamársela!

Yo.: pues me gusta tanto lo uno como lo otro.

Alejandro.: ¿y no duele que… te la metan por ahí?

Yo.: a mí me mola.

A.: ¿entonces siempre haces las dos cosas o puedes echar un polvo y que sólo te follen?

Yo.: buah, eso como surja. Yo me dejo llevar. Pero claro que he tenido situaciones donde he sido muy pasivo. O sea, con un chico igual hetero.

A.: ¿cómo es eso?, ¿no te hizo nada a ti?

Yo.: o sea, me refiero a que el chico igual se sacó la polla y se la chupé y luego me dio la vuelta, me puso a cuatro patas y me folló.

A.: qué bueno.

Yo.: ¿quieres follarme?

No hizo falta pregunta. Se notaba que Alejandro estaba muy cachondo. Pero como no se movía y seguía sentado en el sofá, decidí acercarme y desabrocharle el cinturón. Debajo de su pantalón descubrí unos calzoncillos de marca que albergaban una polla peluda de unos 15 centímetros y de muy buen grosor. Estaba semierecta, así que me la metí en la boca y empecé a chupársela. Alejandro no había dicho nada desde mi pregunta. Sólo observaba cómo me la comía mientras se le ponía bien dura. Seguí pasándome su polla por la boca hasta que Alejandro se soltó, subido ya de calentón, y me dio la vuelta tal cual se lo había relatado. Se puso de pie, me bajó rápidamente mis pantalones y calzoncillos hasta las rodillas y me quiso meter la polla sin lubricar. Como sus intentos fallaban decidí ayudarle poniéndome lubricante, pero su pene tan grueso y sus movimientos tan brutos no ayudaban. El chico insistía pero por la dificultad se le empezó a bajar la erección, por lo que se volvió a subir el pantalón y los calzoncillos y a sentarse así, todo vestido, en el sofá.

A la vista de que aquello iba a terminar así me puse de pie delante de él para probar si me dejaría meterle mi polla en la boca. Y por sorpresa no puso resistencia alguna y empezó a mamármela, aunque a un ritmo al que no me correría en la vida. Pero daba igual, el simple hecho de que ese hetero se estuviera comiendo mi polla me daba un morbazo que flipas. Empecé a darle golpes más violentos en la boca y de mientras observé cómo su pene estaba volviendo a ponerse duro debajo de su pantalón. ¡Le estaba gustando comerme el rabo! Seguí dándole caña mientras me ayudaba de varios dedos masturbándome.

Estuvimos un rato así. Alejandro no se tocaba pero seguía erecto. Decidí dar el siguiente paso y verle algo de cuerpo. Comencé a quitarle la camiseta y los pantalones, dejándole en calzoncillos. Me acomodé en el sofá y Alejandro se apresuró a seguir mamándomela, para lo que tuvo que echarse sobre el sofá boca abajo. Esto me dejó intuir un culo coqueto, redondo, pequeñito para tanto hombre y algo entrenado bajo su ropa interior. Me moví para tocárselo, a lo que él reaccionó asustado, aunque me acabó dejando. Comencé a manosearle más y a intentar alcanzar su ano por debajo de sus calzoncillos sin que mi polla saliera de su boca. Entonces él dejó de intentar chupármela y daba señales opuestas: mientras ponía cara de poco entusiasta, reajustó su postura, levantando ligeramente una pierna para que llegara a su agujero. Aproveché para acariciarle el orificio y separarle las nalgas un poco. Después me levanté nuevamente y le hice poner las rodillas en el suelo y la cabeza reposada en un cojín del sofá para que quedara expuesto su culo. Acto seguido empecé a bajarle lentamente los calzoncillos, dejando su culo completamente al descubierto frente a mí. Seguí con mi ejercicio de separarle las nalgas con cuidado y comencé a chuparle los alrededores del agujero. Primero se movía nervioso de las cosquillas que le causaba pero al rato se relajó para abrirse cada vez más de patas, ayudando a que profundizara con mis maniobras. Con ayuda de mis dedos comencé a introducirle la lengua en un agujero muy prieto al que jamás había entrado nada, pero que estaba deseoso de que fuera yo quien lo iniciara.

Decidí quitarle del todo esos pantalones para que no hubiera barreras a que se abriera más aún de patas. Ahora tenía a Alejandro delante de mi totalmente desnudo, ofreciéndome su culo. Yo también me quité los pantalones para masturbarme mientras le comía ese culo, aunque opté por quedarme con los calzoncillos bajados y la camiseta puesta. Estaba al cien. Lamerle el culo a un tipo mucho más grande que yo, que estaba espatarrado con el culo en pompa y con la cara escondida entre un cojín era el placer total. Me estaba comiendo ese culo mientras pensaba en follármelo después. Decidí dedicarle tiempo pero Alejandro se empezó a preocupar de que llegara su novia y quiso parar. Así que opté por acelerar el proceso e ir echándole lubricante. Mientras le metía un dedo y luego otro, Alejandro se empezaba a estremecer: “¿me la estás metiendo?”. A lo que contesté que no. Pero sólo para en seguida sacarle los dedos y ahora sí, empezar a introducirle la punta de mi polla. ¡Qué ansia tenía! Pero me lo debía trabajar bien. Fui poco a poco abriéndome paso en ese culo prieto mientras a él le causaba algo de mal rollo. Emitió algún sonido de queja y al rato quiso erguirse para parar la penetración. Yo respondí con un empujón que rápidamente le hizo saber que debía seguir reposando y sintiendo mi pene entrar en él.

Una vez todo dentro, comencé un mete y saca suave y sentía la sangre correr por mis venas mientras me estiraba y mi polla adquiría su máximo tamaño. A medida que seguía el ligero mete y saca Alejandro se estaba acostumbrando, lo cual se notaba por sus suspiros. Y acabó llegando finalmente el momento que esperaba: Alejandro me pidió que le diera más fuerte y me preguntó si estaba metiéndola entera. Por fin podía darle rienda suelta al placer. No esperé ni un segundo y comencé con un fuerte golpe seco para enseñarle a ese macho lo que mi polla daba de sí. Él reacciono con un “¡aaaaaah!” que parecía simbolizar una mezcla entre dolor y profundo placer. A esto le siguió un “fóllame” vicioso que me animó a ir aumentando el ritmo más y más.

Le follaba con vistas a su ancha espalda y su nuca. Observaba cómo mi polla desaparecía una y otra vez en el culo de ese macho que como mucho habría pensado que me follaría a mí. Mis huevos tocaban violentamente sus cachetes a la vez que parecía que la punta de mi polla tocaba fondo. Pocas veces he sentido una masturbación tan fuerte como al follarme a Alejandro. Su culo estaba realmente prieto y preparado para producirme el máximo placer. Una vez más me fijé en su espalda para apreciar el cuerpazo del tipo que me estaba tirando.

Seguimos follando un rato hasta que le agarré de su pene para masturbarle. Pero eso ya fue demasiado. Apenas le había tocado un poco cuando ya estaba gritando: “¡ostias, que me voy a correr!, ¡que me corroooooo!”. Por lo que paré de masturbarle de inmediato para centrarme en mi follada. Seguí un mete y saca violento mientras le tocaba los cachetes del culo. Alejandro se empezó a seguir tocando la polla para correrse chorros enormes de semen en mini intervalos de tiempo. Yo sentía como su culo reaccionaba al mismo tiempo con un aflojar y apretar rápido de los músculos que acentuaban el efecto de placer sobre mi pene. Apenas unos segundos después de haberse corrido Alejandro yo también empecé a vaciar mi carga en su culo. ¡Qué placer!, ¡qué corrida!

Poco a poco fui aflojando los movimientos hasta parar por completo con mi polla aún dentro de su culo. Son mucha gentileza me comencé a echar hacia atrás para sacarla por completo. Alejandro no se movía y me dejaba hacer. Una vez fuera mi polla nos sentamos en el sofá cada uno por su lado y nos quedamos callados y recuperando la respiración.

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