El reencuentro

Llegué a casa después de un poco de ejercicio en el gimnasio. Fui directamente a la cocina a hidratarme. Ahí encontré a Rosy, la empleada doméstica, le pregunté por mi esposa, pues esperaba encontrarla desayunando. Me respondió que acababa de salir de casa, que había salido a las compras del fin de semana.

Lo está esperando su sobrina – me dijo Rosy.

Incrédulo me dirigí a la sala. No terminé de salir de la cocina porque Lorena, mi sobrina, entró en ese momento. Verla me trajo otra vez a la mente el día que fue mía. Hacía ya ocho años de nuestro único encuentro sexual (ver el relato “mi sobrina Lorena”). Es inevitable verla y no recordar la forma como nos enredamos en una relación sexual. Hacía unos ocho meses que la vi por última vez. Esa mañana noté que su cuerpo emanaba una sensualidad especial.

Debo confesar que admiré su figura como pocas veces, ahora a la edad de 30 años se veía una mujer frondosa, con un cuerpo más lleno y redondeado, el tiempo y los embarazos de las dos hijas que tiene acentuaron su bien formado cuerpo. Venía vestida para ir a trabajar, ella trabaja en una aerolínea comercial. Las zapatillas de tacón alto hacían que sus pantorrillas se vieran espectaculares con sus nalgas paraditas, la falda pegada al cuerpo resaltaba su gran cadera y su blusa blanca por dentro de la falda delineaba una figura muy femenina, se veía muy sexy con la pañoleta de la compañía aérea atada a su cuello. La saludé con naturalidad, guardando para mí el deleite que provocó mirarla.

Hola Lorena – le dije, dándole un beso en la mejilla.

Buenos días tío – me respondió.

Tras un intercambio de saludos charlamos un rato. Pregunté por sus hijas y esposo, me enteré que las niñas estaban en la casa de la abuela paterna y que, después de meses de muchos problemas, se había divorciado hace ya seis meses de Héctor. También me explicó que la razón por la que me esperaba fue querer que le explicara las funciones de un televisor de los llamados “Smart tv” con internet y 3D, pues ella quería comprar uno y supo que nosotros habíamos adquirido uno así hace unas semanas.

Bueno – le dije – el televisor está en nuestra recamara vayamos para que te lo muestre.

Rosy al percatarse que subiríamos a mi recamara, me preguntó que deseaba desayunar para dejar listos los alimentos pues saldría por la ropa a la tintorería, y tardaría no menos de hora y media en regresar. La respondí que no se preocupara que yo haría mi desayuno después de explicarle a mi sobrina las funciones de la tv. En ese caso, dijo Rosy, se iría inmediatamente.

Lorena y yo subimos a mi recamara, ninguno dijo algo mientras subíamos las escaleras, se sentía un ambiente especial. Ella caminaba delante de mí, sus nalgas se balanceaban al caminar, y yo admiraba lo sabrosa que se veía mi sobrina. Abrí la puerta y permití que ella entrara primero a la habitación, le seguí. Lorena repentinamente cerró la puerta y rodeó con sus brazos mi cuello para que le besara. Nos fundimos en besos intensos con jugueteo de nuestras lenguas, mi erección fue inmediata. Bajé mis manos hacia sus nalgas e hice que su cuerpo se pegara al mío. Fue evidente que ella sintió la dureza de mi miembro ya que ella dirigió una de sus manos para masajearlo. Seguimos así unos momentos que me parecieron gloriosos. Dejé de besar su boca y pasé a besar su cuello mientras desabrochaba los botones de su blusa. Tuve unas ganas tremendas por cogérmela otra vez. Ella me ayudó a desbotonar su falda y en segundos ella quedó en ropa interior. Quité su pañoleta del cuello y el brassier, no dejé de besar múltiples veces sus dos tetas, mordía suavemente sus pezones erectos, mi mano ya se encontraba acariciando su vulva a través de la diminuta tanga que llevaba. Ella daba pequeños y suaves gemidos.

Sin decir nada, ella se retiró un paso de mí. Metió sus manos entre los resortes de mi pants y shorts deportivos y los bajó al mismo tiempo que se hincaba. En silencio, metió mi verga erecta en su boca. Comenzó a mamarla despacio, sus manos estaban posadas en mis nalgas. Poco a poco la fuerza de su mamada fue aumentando, era firme y suave. Levantó su mirada hacía mí. Sus ojos estaban medio cerrados disfrutando el falo en su boca. Unos segundos después se puso de pie, se quitó la tanga mientras caminaba hacia mi cama, quedó de espaldas a mí. Sus manos se posaron sobre el colchón, colocó sus rodillas separadas en la orilla de la cama y agachó su cuerpo hasta dejar la mejilla de su cara en la superficie de la cama. Miró hacia atrás, siguió sin decir algo, sólo miró a mis ojos y cerró lentamente los suyos. Me quedé absorto mirando la posición en que ella se puso. La sangre pulsaba en mi cabeza. Que hermoso culo y sexo de mi sobrina. Sus hinchados labios vaginales estaban rodeados de pelos empapados y vellos más finos se prolongaban hasta su culo alrededor de sus estrías anales. Se veía fabulosa, su estrecha cintura hacia ver sus caderas más anchas. Sin pensar más, me hinqué frente a su sexo, abrí sus glúteos y penetré con mi lengua en su vagina jugosa. Lorena lanzó un gemido intenso, y abrió más sus rodillas. Yo seguí lamiendo su sexo, con especial atención a su clítoris y ojete del culo. El olor y sabor de su sexo eran muy excitantes, muy dulces. Bebí la mayor cantidad de sus jugos vaginales, con mi lengua los recogía y lamía desde su clítoris hasta su ojete. Mis manos acariciaban sus macizas nalgas y las separaban para meter más mi cara en su sexo. Lorena levantaba más su cola para que le comiera mejor su clítoris. Metí el dedo pulgar en su vagina mientras los demás dedos acariciaban su clítoris y mi lengua el área entre su vagina y el ano. Giré mi pulgar dentro de la vagina y lamí con desesperación su sexo. Los gemidos de mi sobrina fueron más fuertes y en pocos segundos pude sentir como su cuerpo se tensó y sus nalgas se movieron muy rápido debido al enorme orgasmo que estaba en curso. Yo succioné su clítoris mientras ella se venía. Los gemidos se transformaron en lamentos muy sensuales. Al fin habló:

Así tío, así…no pares- siguió gimiendo moviendo en círculos su sexo sobre mi boca.

En medio del orgasmo que no parecía terminar me puse de pie con el único deseo de penetrarla. Rápidamente me puse de pie detrás de ella. Mi verga estaba durísima, abrí un poco los glúteos de Lorena y la penetré hasta el fondo. Ella, al sentirla la verga adentro, solo dio un grito muy leve y me dijo:

Métela toda, hazme tuya otra vez…lo necesito! – dijo Lorena muy cachonda.

Escucharla provocó más excitación, si es que podía haber más. Claramente veía como la cabeza de mi verga salía y se hundía en el hermoso sexo de Lorena. Tomé con mis manos su delgada cintura y jalé hacia mí sus nalgas una y otra vez. Cómo gocé limando mi verga dentro de su vagina. Estiré mis brazos hasta alcanzar sus redondas tetas, las acaricié jalado hacia mí su cuerpo. Así estuve hasta que mi sobrina comenzó a mover en círculos su cadera, solté sus tetas y puse mis manos en mi cintura para arquear mi cuerpo y dejar que ella se metiera la verga a su gusto. Lorena alternaba movimientos circulares y hacia delante y atrás. Por la forma como se movía no tenía yo duda que necesitaba ser cogida. En eso sentí como la mano de ella tomó mis testículos y los frotó contra su clítoris. Yo dejé la verga adentro porque ya sentía las contracciones de su vagina presionándola. Lorena nuevamente comenzó a mover sus nalgas de la misma forma que cuando se vino la primera vez, eso provocó mi eyaculación. Tomé sus caderas con mis manos e impulsé mi verga lo más profundo que pude, Lorena masajeaba muy rápido su clítoris. Sentí una descarga eléctrica recorrer todo mi cuerpo justo antes de comenzar a eyacular. Lorena no dejaba de gemir y frotar su clítoris.

Me vengo – le dije.

Mi sobrina dejó de moverse y apretó sus nalgas esperando la eyaculación. Jalé su cintura para meter mi verga lo más profundo y descargué todo el semen dentro de ella. Que rica venida, duré viniéndome y sentía como chorro tras chorro la cantidad de semen era cada vez menor. Dejé mi miembro dentro hasta que disminuyó su erección. Al sacar mi verga una gran cantidad de semen salió de su vagina. Lorena desfallecida se recostó en la cama boca abajo. Yo miré como seguía saliendo semen de su sexo. También me recosté a su lado. Besé sus hombros y cuello, ella correspondió dándome un beso amoroso en la boca. Nadie dijo nada, quedamos en silencio unos minutos. Me levanté para ir a ducharme, ya que seguía con el sudor del ejercicio del gimnasio.

Unos minutos después mi sobrina abrió la cortina del baño y me dijo que tenía que asearse. Miré a sus piernas y parecía que se había orinado por la gran cantidad de semen que le escurrió desde su vagina. Tomé su mano y la jalé para que quedara bajo la regadera. Puse jabón líquido en mis manos y procedí a lavar todo su cuerpo. Ella se dejó hacer. Sus tetas estaban turgentes, sus pezones se pusieron duros cuando pasé mis manos varias veces sobre ellos. Me hinqué para poder lavar sus piernas, fui subiendo desde sus pies hasta sus muslos, Lorena abrió sus piernas, yo puse más jabón en mi mano y la dirigí a su sexo para lavarlo. Con cuidado lavé lentamente sus labios vaginales, me puse de pie a un lado de ella; con mi mano izquierda lavaba su clítoris mientras la mano derecha aseaba su culo. Así estuve unos minutos, mi sobrina tenía cerrados los ojos y su cuerpo estaba muy flojo, levantó una pierna para dar más acceso a mis manos. Casi de manera natural metí un dedo en su vagina mientras otro dedo masajeaba su ano. Lorena tomó con las manos sus tetas y comenzó a gemir suavemente, otra vez estaba caliente. Como añoré los años de mi juventud, porque bajo esas circunstancias ya tendría mi verga muy erecta. Ahora ya no es así.

Cógeme tío, cógeme otra vez – me dijo susurrando al oído.

No dije nada. Ella tomo mi verga con su mano y al sentirla flácida comenzó a masturbarla. Mi verga no reaccionó. Mi sobrina puso jabón en su mano haciendo que la masturbación fuera más rápida. Ella se puso en cuclillas frente a mí, con una mano me masturbaba y con la otra acariciaba mis testículos. Tras unos minutos mi verga se puso semi-erecta, pero no lo suficiente como para penetrarla. Lorena con calma siguió con su trabajo. Hizo lo mismo que yo, me masturbó con una mano y con la otra masajeó mi culo. Poco a poco introdujo un dedo en mi ano, yo me sorprendí porque esa sensación me gustó, logró que tuviera erección. De hecho cuando un pedazo más de dedo entró en mi culo hizo que mi verga se pusiera completamente erecta otra vez.

Al sentir la dureza de mi miembro Lorena se levantó y sin soltar la verga me llevó hacia la cama. Yo me recosté esperando que ella se montara en mí, sin embargo, ella se montó para hacer un 69. Lorena metió mi verga en su boca mientras ponía su sexo en mi boca. Desde luego que inmediatamente le comencé a lamer su vulva. Con mis manos abrí sus nalgas y pude observar cada detalle de su sexo. Sus labios vaginales hinchados en forma de alas de mariposa, su ano rodeado de finos vellos, todo era hermoso. Estiré mi cuello para darle un beso en el ano y después en sus labios vaginales. Repetí los besos múltiples veces. Su aroma de mujer había cambiado por el olor del jabón, pero el dulce sabor de sus jugos aún se mantenía. Ella seguía mamando y masturbando mi verga alternadamente. Sentía como tomaba mi miembro con las dos manos y lo masturbaba, a ratos chupaba solo la cabeza de mi verga. Yo sabía que moviendo mi lengua sobre su clítoris ella se excitaba sobremanera. Eso hice. Cuando inició su orgasmo, Lorena se movió hacia mi miembro para introducirlo en su vagina, ella quedó de espaldas a mí. Ya con la verga dentro, mi sobrina se inclinó, tomó con sus manos mis tobillos e inició a mover su cadera de forma fenomenal. Yo veía como mi verga entraba y salía de su vagina, con mis manos abrí sus nalgas para ver mejor la penetración. Que espectáculo tenía frente a mis ojos, Lorena hacía círculos con su cadera o la subía y bajaba sobre mi verga, yo veía como su ano se abría y cerraba al mismo ritmo de su cadera. Ella se desahogó con mi miembro dentro, fue un momento que disfruté mucho a mi sobrina. Yo sentía la apretura de su vagina en mi miembro. Con una mano abrí una nalga y puse un dedo de la otra mano sobre su ano, lo moví queriéndolo meter en su cola. Mi sobrina gimió más fuerte.

Me vas a hacer venir otra vez – dijo entre jadeos.

Al escucharla por instinto metí mi dedo en su ano, sólo entro poco pero eso desencadenó su orgasmo. Ya no pude continuar con el dedo dentro de su culo porque el movimiento tan rápido de sus caderas hizo que el dedo saliera. La tomé por la cintura para que clavara toda la verga. Sus movimientos hacia delante y atrás con sus glúteos tensos incrementaron mi deseo de eyacular, yo cerraba y abría a cada rato mis ojos para verla cómo se estaba viniendo. Por los movimientos lentos supe que Lorena terminó de venirse, yo aún no terminaba. Ella respiraba rápidamente recuperándose del esfuerzo realizado, tuve temor que al dejar de moverse mi erección terminara. Ahora me toma más tiempo una segunda eyaculación.

Te falta mucho – me preguntó.

Ya poco – le respondí – ayúdame con tu mano.

Lorena se desmontó y se puso hincada al lado mío, para masturbarme. Yo estiré mi brazo para alcanzar su seno y acariciarlo. Me masturbaba tan rápido que en poco tiempo sentí que eyacularía.

Ya voy a venirme – le dije.

Ella inmediatamente metió la cabeza de mi verga en su boca, ahí descargué toda mi leche. Lorena siguió succionando aún después que había terminado de venirme. ¡Se tragó toda la leche!

Me quedé acostado agotado por la cogidota que me había dado Lorena. Mi sobrina se recostó al lado mío diciendo en voz baja:

No había cogido desde como cuatro meses antes de que me divorciara de Héctor. Ya lo necesitaba – confesó Lorena.

Yo le acaricié su rostro y cabello, pensando lo afortunado que era en que me permitiera tirármela.

Cuando quieras puedes visitarme – le respondí.

No tio – me dijo – esto fue una locura, ya me estoy arrepintiendo de haberlo hecho otra vez contigo.

¿Otra vez? – le pregunté.

¡No te acuerdas! – respondió inmediatamente.

No, no me acuerdo y esta vez tampoco pasó – le respondí sonriendo – tu simplemente eres mi sobrina consentida y jamás te pediré que estés conmigo.

Ella sonrió, comprendió que yo jamás mencionaría lo que ocurrió entre nosotros ni le exigiría algo. Miró la hora y vio que tenía que irse a trabajar ya. Se vistió muy rápido y salió corriendo, no sin antes darme un beso en los labios y decirme que llamaría después.

Por la noche, mi esposa que comentó que Lorena había llamado para agradecer las explicaciones de la TV, y que cuando la comparara me llamaría para ayudarla a instalarla. Eso hizo tres semanas después, pero eso es otra historia.

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