El resultado de una apuesta

Me llamo Daniel, y tengo dieciocho años. Principalmente quiero que sepas que lo que pasó me lo busqué yo y que no me arrepiento. Desde siempre Lisbeth, mi mejor amiga, fue una de las chicas más inteligentes que conocía, pero le encantaba apostar, especialmente conmigo porque yo siempre perdía mis apuestas. Lisbeth es la menor de tres hermanos, y por el instituto se rumorea que son gays, y que hacen orgías entre ellos. Supuestamente al mayor, Elián, le gusta alguien del instituto, pero se niega a revelar quién es el ¿afortunado?

Déjame confesarte que estoy loco por Lisbeth, es guapísima, pero ella me ha mandado a la friendzone de una patada en el culo, y nunca mejor dicho. Me dijo que está enamorada de mi hermano. Eso duele.

-¿Estás completamente segura de que existen los pavos reales albinos?

No debí decir eso, Lisbeth se pica en seguida y yo no creía en la existencia de esos animales, pero ella sí y eso debió darme mala espina.

-¿Qué te apuestas?

-Lo que quieras, esta vez ganaré.

Fuimos a la biblioteca y se sentó frente a uno de los ordenadores, se metió en internet, buscó “pavo real albino”, y me enseñó la foto de un animal de color blanco, realmente precioso.

-A veces te odio.

-Ven esta tarde a mi casa a las cinco.

-¿Eso es lo que quieres?

-Sí, y más te vale venir.

Estaba tan feliz porque creía que iba a tener una cita con ella que no me paré a pensar en demasiadas cosas. Al llegar a casa me preparé bien, y de lo impaciente que estaba apenas pude comer. A mi madre eso le preocupó, pero no dijo nada. Soy muy puntual, así que toqué al timbre justo a las cinco. Quería impresionarla, así que me había vestido con unos vaqueros ajustados que me marcaban el culo que tanto le atraía a las mujeres, y a algunos hombres, y llevaba una camisa blanca que me quedaba como un guante.

En cuanto se abrió la puerta esperaba ver a Lisbeth, pero fue Carlos, el mediano de los cuatro, quien me abrió la puerta. Él es el típico chulo que pasa de todo, a quien le gusta que las mujeres le persigan, aunque pase de ellas por completo. Recé porque estuviese Lisbeth, no me hacía gracia quedarme con él, pero la fortuna no me acompañaba, porque también estaba Elián, el mayor de los cuatro, y Lucas, el hermano gemelo de Lisbeth.

Tenía que reconocer que eran bastante guapos, aunque la belleza masculina no me interesaba. Carlos tenía el pelo negro, un poco largo, y unos brillantes ojos verdes, Elián era más alto que Carlos, con los ojos castaños y el pelo casi del mismo color, y Lucas era idéntico a Lisbeth. De los tres Lucas era el más tímido de todos, y quizá por eso no llamaba demasiado la atención, al contrario que Elián. Quisiera ser él, todas las chicas le persiguen.

-¿Liss no está?

-¿Quién ha dicho que iba a estar? -entonces quise escapar, pero Carlos cerró la puerta-. Esta tarde nos pertenece a nosotros cuatro. Vamos a pasarlo muy bien, estar todo el día solo nosotros tres resulta bastante repetitivo.

-¿Y qué vamos a hacer?

-Por el momento jugar a la Xbox.

Les acompañé al salón, bastante preocupado por el resultado de esa tarde. Carlos era bastante fácil de cabrear, no en vano era un ariano, pero por suerte Elián sabía frenarlo, así que me senté al lado de él, algo que en un principio consideré buena idea. Normalmente Elián era bastante resuelto, pero esa tarde se le veía un tanto nervioso. No lograba comprender por qué, pero tampoco le di demasiada importancia. Nos pasamos un buen rato jugando, hasta que Lucas se aburrió. Entonces lo dejamos. Entonces Elián decidió romper su silencio, que resultaba bastante molesto.

-¿No te preguntas por qué Liss no está?

-Pues sí.

-Fuimos nosotros quienes la convencimos de que te trajese aquí y de que nos dejase a solas contigo. Al principio no le hizo mucha gracia, pero yo puedo ser muy persuasivo.

-¿De qué va todo esto?

La situación empezaba a ponerme nervioso. Si bien era cierto que me gustan tanto los hombres como las mujeres estar rodeado de tres tíos que eran gays -se les notaba un poco-, y que no se atrevían a confesarlo me dejaba bastante intranquilo.

-¿Se lo vas a decir? -Elián negó despacio-. Vamos, ya lo hemos planeado bien, lo tienes aquí.

-No es tan fácil.

-¿Se lo digo yo?

-No te atrevas.

-Elián está enamorado de ti.

Que Lucas dijese todo eso de golpe hizo callar a Carlos y dejó a Elián algo sonrojado. Por mi parte no sabía que pensar de eso. Era cierto que Elián me ponía mucho, pero siempre lo había visto más como un hermano. Por desgracia nunca me di cuenta de que a él le gustaba.

-Bocazas.

-Tú no ibas a ser capaz de decírselo.

-Sí pero eso era cosa mía.

Yo no sabía ni dónde meterme, estaba bastante cohibido por la situación. No debí apostar con Lisbeth, eso me había dejado en manos de tres hermanos más salidos que el pico de una plancha. Además de que uno de ellos estaba colado por mí.

-¿Vas a hacer algo o te tengo que obligar?

Nunca habría pensado que Lucas, siendo el más tímido de todos, sería también el más impetuoso de los tres. Las apariencias engañan, y en lo que a Lucas tocaba se notaba a leguas. Elián no quiso esperar, y aprovechando un momento de despiste me besó. Una cosa tengo que reconocer, besa de lujo. Más tarde me enteré de que ese era su primer beso, y de que dármelo a mí había sido lo que más había deseado desde que me vio por primera vez.

-Sé que quieres a mi hermana, pero hoy no te dejaré escapar.

Me lo temía, esa tarde iba a ser la más larga de mi vida. Por entonces no sabía hasta qué punto me gustaban los hombres, así que me daba un poco de miedo. Elián siempre fue más fuerte que yo, y entre él y sus hermanos me dejaron en pelotas mucho antes de lo que pude darme cuenta. Se suponía que estando entre tíos no debería avergonzarme, pero uno de ellos estaba colado por mí y eso hacía que estar desnudo delante de él me sonrojase. Debí defenderme de que me quitasen la ropa, pero eran bastante más fuertes que yo y tengo que reconocer que el beso de Elián me había dejado cachondo perdido, así que cuando prácticamente me arrancaron la ropa yo ya la tenía dura.

-¿Es tu primera vez con un hombre? -asentí.

En realidad era mi primera vez, sin más. Adoraba a Lisbeth y no quería hacerlo con nadie que no fuese ella. Ahora esos tres probablemente me desvirgasen en todos los sentidos.

-Carlos, deja que Elián vaya primero.

-No hace falta que vuelvas a decírmelo.

-Ya conocemos todos al penitente.

¿Ya habían hablado de esto? ¿Realmente habían planeado follarme entre los tres? La verdad era que no me sorprendía, los rumores que corrían sobre ellos se extendían como la pólvora. Los tres eran bastante salidos, pero Lucas logró que Carlos se apartase y me agarró de los brazos para que no me escapase. No iba a hacerlo pero parecía que a Elián le ponía que me resistiese.

Lo primero que hizo fue lamerme desde las pelotas hasta la punta, antes de meterla entera en su boca. Se le daba jodidamente bien, los rumores parecían ser ciertos. Elián me hizo gemir como loco, y eso los excitaba a los tres. En menudo lío me había metido. Aun así la mamada que me estaba dando era deliciosa, hacía que me derritiese por dentro.

-Para -pero no lo hizo- joder Elián, estoy a punto de correrme.

Le dio exactamente igual, siguió mamándomela un poco más rápido, y por más que intenté aguantarme acabé corriéndome en su boca. Se tragó toda mi lefa, pero luego fue incapaz de mirarme a la cara. Se sentía avergonzado y no me sorprendió.

-Eli -el mediano se acercó a él-. ¿Estás bien?

-No -estaba llorando-. No debimos pedirle esto a Liss. Tengo la polla a punto de explotar y todo esto me hace sentir como un cerdo -tardó en calmarse-. Deberías irte.

-Ni de coña.

Le besé sin decir nada más, y él acabó por ceder. Era un beso apasionado, con sabor a lefa y a sus lágrimas. Me amaba y entre los tres habían planeado violarme, pero él no quería hacerlo, al menos no de ese modo.

-Lo siento.

-No tengo nada que perdonarte.

-¿Podemos volver a la acción? Si sigo viendo esto acabaré por vivir en una telenovela.

Elián era el que peor estaba, y habían acordado empezar él, pero ahora ya no se trataba de lo que tenían planeado, era yo quien quería que Elián fuese el primero en follarme. Lucas tenía la sensación equivocada de que iba a querer escaparme, así que mientras Carlos se ocupaba de dejar a su hermano como su madre lo trajo al mundo el pequeño me agarraba. Tenía más fuerza de la que parecía.

-A por él.

Cuando Carlos dijo eso miré a Elián. Hacía mucho ejercicio, así que tenía un cuerpo perfecto y con algo de músculo, y sin un solo pelo en todo el cuerpo. No pude evitar mirar su polla, estaba como un toro y era bastante grande.

-Lucas suéltalo. Si volvéis a agarrarlo os parto la cara.

Créeme, meterse con Elián es la peor idea del mundo, especialmente si aprecias en algo tu integridad física. Lucas me soltó y esperando que me escapase se quedó cerca, pero estaba tan cachondo que no lo iba ni a intentar. Se lamió los dedos, verle hacer eso me hizo pensar en tener de nuevo mi polla en su boca, eso excita a cualquiera. Cuando dejó de lamerlos se puso detrás de mí y metió el primero muy despacio en mi trasero. Eso me dolió, nunca antes me habían metido un dedo en el culo, pero en cuanto me acostumbré sentía más placer que otra cosa. Ni me enteré de que metía otro dedo hasta conseguir aflojarme. Tenía la polla bastante grande y gorda. Eso me daba miedo, y también a él, que no quería hacerme daño. Cuando pudo mover sus dedos con soltura los sacó y se acercó a mi oído.

-Ponte a cuatro patas. Llevo dos años deseando follarte.

Por puro capricho le hice caso y él me la metió despacio. Dolía, eso era algo que no podía evitar, pero tampoco paró. Estaba muy cachondo y si realmente llevaba tanto tiempo deseando follar conmigo no podría parar aunque quisiese. Me la metió hasta el fondo, pero no se movió hasta que me acostumbré a tenerla dentro. Cuando estuve preparado asentí como diciéndole que empezase. Se apoyó con un brazo en el sofá y empezó a moverse, primero despacio, pero el deseo le ganó y no pudo contenerse. Acabó por moverse rápido, gimiendo cada vez que me la metía, y eso me encantaba. No podía evitar gemir, me derretía de placer.

-Eli, déjanos hacer algo, me estoy poniendo muy cachondo.

-Haz lo que te dé la gana, pero su culo es mío.

Creo que eso no lo habían hablado, hasta a Lucas pareció molestarle, pero su hermano mayor era quien mandaba y quien más me deseaba, no me dejaría escapar tan fácilmente.

-Podemos darle los dos a la vez.

Elián paró de golpe, y yo le miré con deseo, pero él me devolvió una mirada que me decía que, pasase lo que pasase, iba a protegerme.

-¿A ti te falta un tornillo? ¿Tienes idea de lo que le dolería eso?

-Tampoco hace falta enfadarse.

-Vuelve a decir algo así y lo que menos te preocupará será que esté cabreado. Al próximo que se le ocurra decir algo así se larga de aquí. Daniel es mío.

A Elián le asustaba cualquier idea de hacerme daño, le asustaba incluso que estuviese haciéndome daño solo por follarme, lo sentía en su voz y en el modo que tenía de actuar. No podía dejar que se sintiese así, le besé entre el deseo y el querer calmarle.

-Sigue -dije mirándole-, y no se te ocurra volver a parar.

No se lo pensó ni un segundo, volvió a darme fuerte, haciendo que me estremeciese de gusto. Me di cuenta de lo pasivo que era y de lo mucho que me gustaban los tíos, especialmente Elián.

-¿Puedo unirme?

-Mientras sigas mis normas sí.

Carlos asintió sin pensarlo, a pesar de mostrarse contrariado. Lucas en cambio no dijo nada, se mordía el labio impaciente por pasar a la acción y estaba muy cachondo, pero temía pedirle permiso a Elián, y él lo vio. Se sentó en el sofá y a mí sobre él, y al caer de golpe gemí muy fuerte.

-Lucas, puedes hacerlo.

Elián parecía conocer muy bien a sus hermanos, y en cuanto le dijo eso el pequeño no tardó ni tres segundos en lanzarse a mi polla y empezar a comérmela. Tenía ganas de correrme y a Lucas mamarla se le daba incluso mejor que a Elián. Me lamía el tronco y los huevos haciendo que me derritiese, pero la verdad era que gran parte del placer que sentía era gracias a Elián, que seguía follándome duro. Se le veía en la cara que estaba disfrutando como nunca, parecía estar en el cielo, y no sabía si era por follarse a alguien o por ser yo. Sin embargo tenía un podo de saberlo. Le besé con pasión, y él me correspondió abrazándome a él, como si no quisiese que nadie nos separase. Era por mí, aunque no entendía por qué me compartía.

-Me voy a correr dentro de tu culo.

Sinceramente yo tampoco aguantaba demasiado, y poco después de que Lucas hiciese que me corriese como loco sentí que Elián terminaba dentro de mí, pero no me dejó escapar, seguía teniéndola muy dura. Había esperado mucho para follar conmigo y no me dejaría escapar tan fácilmente.

-Deja al menos que me la coma.

-Está bien -se notaba que dejar que otro me tocase le molestaba mucho-, pero no seas muy bruto.

Carlos la tenía algo más pequeña que Elián y tampoco era demasiado gruesa, así que a lo mejor podía tragármela y aprender un poco, pero a diferencia de Elián y Lucas, el mediano era muy bruto y me la metió de golpe hasta la campanilla. Me dieron arcadas y quise alejarme de él.

-¿Qué acabo de decir?

-Perdona hermanito, esto me ha puesto muy cachondo.

-Por mí como si explotas. Vuelve a hacer eso y te doy una hostia.

Carlos le tenía un poco de miedo a Elián, así que fue un poco más despacio, pero tampoco era como si pudiese contenerse, así que se follaba mi boca sin medir demasiado las consecuencias. Por suerte tenía a Elián para protegerme, así que tampoco era exagerado.

Algo tengo que decir, la escena era de lo más excitante, Elián se había recuperado por completo y volvía a follarme como loco, Lucas me hacía una de las mejores mamadas de mi vida y Carlos se follaba mi boca, aunque tenía que controlarse un poco. No tardé en correrme de nuevo, estaba demasiado cachondo como para controlarme, y Lucas se tragó toda mi lefa.

-Elián, deja que me folle.

-Ni de coña.

-¿Tienes idea de cómo estoy?

Se calló durante un rato, realmente se lo estaba pensando. No quería que otro me tocase, aunque ya fuese un poco tarde para eso, pero Lucas era su hermano y sería capaz de suplicarle a Carlos que le diese duro, cosa que le iba a dejar destrozado.

-Está bien.

Lucas era realmente sumiso, y él mismo se la clavó. Acabamos los tres a cuatro patas, follando como locos, y Carlos dándole a mi boca. No tardó en correrse, aunque por entonces no era demasiado bueno, y me obligó a tragarme toda su lefa.

-Elián, te toca.

Nada más oír a Carlos decir eso algo en mi cabeza se negó en redondo a ello. No quería que Elián volviese a mamársela a otro, ni quería que se lo follasen ni que estuviese con otro. Algo egoísta, lo reconozco, pero no pude evitarlo.

-Ni de coña -hasta Elián se sorprendió-. No vuelvas a acercarte a su boca.

-Así me gusta -me besó el cuello suavemente-. Tú eres mío Daniel, y yo defiendo lo que me pertenece. Me alegra que hagas lo mismo.

Me sentí feliz al oírle decir algo así, y Carlos acabó por usar la boca de su hermano pequeño. Algo tengo que reconocer, Lucas es probablemente el tío más sumiso que he visto en toda mi vida. Elián marcaba un ritmo muy fuerte y eso le afectaba también a él, y además estaba devorándose la polla de Carlos con mucho vicio. Eso me ponía mucho y entre las embestidas del mayor y la escena en sí, yo gemía como loco. No quería que parasen nunca, pero todo tiene que tener un final, y en cuanto Elián se corrió no duró mucho más. El mayor de los tres se movió lentamente hasta vaciar sus huevos por completo, y la verdad era que yo estaba a punto de correrme por cuarta vez en toda la tarde, y tampoco pude aguantar mucho. Carlos volvió a correrse y no dejó escapar a su hermano, que tampoco duró demasiado. Eso sí, acabó por limpiar hasta su propia corrida con la lengua.

No habían pasado ni diez minutos desde que habíamos terminado cuando Lisbeth llegó a casa y nos encontró a los tres en pelotas y medio mareados por el placer. Se quedó sin habla un momento y luego explotó.

-¡Elián! ¡Prometiste que no lo harías!

-Se me fue de las manos.

-Y que lo digas -suspiró-. Vestíos los cuatro antes de que lleguen papá y mamá -entrecerró los ojos-. Esta es la última vez que te salvo.

Nos costó un poco terminar de vestirnos, los cuatro parecíamos marionetas, especialmente Elián. Pensaba que era por la follada tan brutal de esa tarde, pero Liss sabía que era algo más y le obligó a hablar.

-Tengo que pedirte perdón Daniel, no era así como quería que pasase. Lo entenderé si no quieres volver a verme.

-Si no quiero volver a ver a mi novio sería todo un desastre.

Creo que eso los sorprendió a todos, incluso a Lisbeth, que me conocía mejor de lo que yo mismo pensaba.

-Ya era hora. Sabía que mi hermano te gustaba, no podías mentirme.

Los padres de los cuatro llegaron a casa solo quince minutos después, y me encontraron abrazado a Elián. Estuvo a punto de soltarme, sus padres no tenían ni puta idea de que le gustaban los hombres, y más aún de que estaba colado por el mejor amigo de la pequeñaja de la casa.

-¿Se puede saber qué ha pasado aquí?

-Solo estoy abrazando a mi novio -al final no quiso soltarme-, no creo que sea tan malo.

Así fue como descubrí que soy gay, y a día de hoy Elián y yo seguimos juntos, y de vez en cuando nos juntamos los cuatro, aunque mi novio jamás permite que otro me dé por detrás.

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