El Sesentón me inició

Por aquel entonces vivía en una ciudad de la costa mediterránea y mis padres tenían una casa a unos 16 km, donde íbamos a pasar los fines de semana, el verano, las pascuas, etc. Aquella era una zona con casas diseminadas pero sin llegar a ser una urbanización, entre cultivos y pinadas.

Yo era bastante solitario y, por mi juventud, muy introvertido y tímido. Salía a pasear sólo por el campo y también por mí edad sólo pensaba en masturbarme. Me hice un rincón en una zona de pinos bastante escondido a pesar de que a unos 30 m. pasaba un camino. Allí me preparé mi rinconcito, sin pinchos ni hierbas que me molestaran y me iba de vez en cuando a pasar un buen rato. Me bajaba los pantalones y los calzoncillos, me sentaba o tumbaba y en calma me masturbaba, luego así semidesnudo me quedaba un rato relajado.

Aquella tarde de verano me había bajado el bañador hasta los tobillos, me subí la camiseta y tumbado iba haciendo que mi pene, poco a poco, se pusiese bien duro y erecto y me masturbaba con calidez.

De pronto oí unos ruidos y nada más abrir los ojos vi a aquel hombre. Me miraba con cierta sorpresa, yo me senté, recogí mis rodillas tapándome todo lo que pude. Me invadió una sensación inmensa de vergüenza.

Él era un hombre mayor, de unos 65 años o algo más, con pelo canoso, más o menos como yo de alto, con ojos claros, piel bastante blanquecina. Me miraba, yo me quedé paralizado, me dijo:

-Hola. Espero no molestarte.

Yo no dije nada, pero pensé –no que va, no me has molestado, no te jode- Él siguió diciéndome:

-No te preocupes, no te voy a hacer nada y lo que estás haciendo no me parece mal.

-Eeehh- llegué a decir yo.

-Ya te he visto varias veces y al final me he decidido a acercarme. No es por nada, pero me gusta verte como te masturbas.

-Ya, ya, pero…-dije mientras me levantaba con una mano cubriendo mi pene, que en cuestión de segundos había perdido completamente la erección. Él se acercó a mí. Yo iba a subirme el bañador y se puso a mi lado diciéndome:

-No, no te lo subas. Me gustaría que siguieses.

-Pero yo.. .yo…no puedo.

-¿Quieres que te ayude?

-¿Quee?

-Que si quieres yo te ayudo. No me importaría

Estaba delante de mí, me cogió la mano con la que me tapaba mis genitales y me la apartó. Yo estaba muy asustado y no sabía qué hacer. Agaché la cabeza con mucha vergüenza. Él al verme me dijo:

-Eh, que no pasa nada.

Llevó su mano a mis genitales. Yo tenía el pene más encogido que nunca, más pequeño imposible.

-Mira te ayudo.

Puso su mano sobre mis huevos, que tenía bastante pelados de vello pues desde siempre he sido bastante imberbe, así que en mi sexo había poco vello. Empezó a acariciármelos con los dedos, los iba tocando suavemente.

-Ves, así te puedo ayudar.

Yo seguía callado, nervioso por la situación, avergonzado por la pillada que me había hecho. Luego con la mano derecha cogió mi pene y fue estirándomelo, retraía la mano y con ello mi piel, destapando mi glande.

-Mira así que bien- me decía.

Puso su mano izquierda sobre mis nalgas, yo me quedé inmóvil. Poco a poco iba moviendo su mano adelante y atrás, masturbándome. Yo ni dije ni hice nada y a pesar de mi vergüenza mi pene iba reaccionando a esos movimientos, aumentando de tamaño poco a poco, hasta que se me puso dura y erecta otra vez. Yo seguía sin poder mirarlo, miraba hacia el suelo y hacia aquella mano que sostenía y pajeaba mi pene. Tenía una rara sensación de vergüenza porque me había pillado y por lo que me estaba haciendo y que yo me dejaba hacer y a la vez una rara sensación de excitación, pues me estaba haciendo una paja una mano, la de aquel desconocido, que no era la mía. Poco a poco mi excitación fue aumentando y mi miedo desapareciendo, alcé la cabeza y le miré, el me sonrió. Yo tenía la polla dura y erecta, a mis 16 años no me quejaba, mediría unos 13 o 14 cm y era gruesa.

-Ves, tranquilo. Yo te ayudo, te gusta y a mí también.- me dijo

A mí sin quererlo me salió una ligera sonrisa. Y volví a mirar hacia el suelo, hacia mi pene y la paja que me estaba haciendo, me gustaba verlo. El seguía con los movimiento adelante y atrás, en un momento paró, se llevó la mano a la boca y dejo saliva, de aquí fue a mi pene, ahora se deslizaba entre su mano. Resbalaba y era más suave y me excitó más. Yo dejé de pensar en nada más y me concentré en la paja, el seguía y de pronto no pude más, aguanté la respiración y me corrí, tiré en ese momento el culo hacia atrás pero él me lo sostuvo y me salió un chorretón disparado, el seguía con la paja y me salía más semen, ahora cayó hacia su mano y al suelo. Siguió siete u ocho veces más y al final me la soltó, aún seguía bastante dura, se restregó el semen de su mano sobre mi polla y mis piernas y acabó limpiándose en mi camiseta. Yo respiraba fuerte y seguía callado

-Bueno, ¿te he ayudado o no?- dijo

-Siii, sii, claaaro.

-Ves como no venía a hacerte daño. Te he visto varias veces y hoy me he decidido a acercarme. La verdad es que no venía con la intención de masturbarte, pero se ha presentado la oportunidad y no la quería dejar pasar tampoco.

-Ya, ya, hombre pero así… de sopetón, me he asustado y tenía mucha vergüenza, y desde luego yo tampoco pensaba que ibas a…. a… a eso a masturbarme.

-Nada tranquilo. Te he visto, eso no es nada. Pero estás en el campo, esto es abierto cualquiera te podía ver, pero a mí no me parece mal que lo hagas, de hecho ya te digo que me gusta verte.

-Ya, ya. Yo pensaba que este rinconcito estaba muy escondido.

-No te preocupes por eso, estás bien escondido. Bueno yo me marcho.

Y se iba, y le dije

-Gracias…. Por la ayuda.-No me salió otra cosa.

El se giró cuando ya estaba algo alejado y me dijo:

-De nada, ahora será nuestro rincón secreto y a la próxima me ayudas tú ¿noo?

-Ehhh, si vale.

-Adiooos.- y se fue.

Yo me tumbé, cerré los ojos llevé mi mano a mi polla para acariciarla y empecé a repasar todo lo que había pasado.

Al principio le daba vueltas a mi reacción, me tenía que haber ido de allí, luego pensaba que no, que no estuvo mal, que total simplemente me hizo una paja. Y seguí pensando y además me había gustado, notar otra mano sobre mi polla, y con qué suavidad me la había hecho. Y qué vergüenza me daba. Me sentía raro.

Y la próxima vez le tenía que ayudar yo. ¡¡¡¡ Yo ayudarle!!!! Yo le tenía que masturbar. Hostia, acababa de darme cuenta, ayudarle era masturbarle. A ese hombre. A ese sesentón. ¿Cómo sería su polla?, ¿cómo iba a empezar?, ¿se lo haría bien?, me preguntaba. ¿Conseguiría que se corriera? Qué vergüenza me daba. Iba a tocar una polla que no era la mía, iba a tocarle la polla a él, a pajearle. Y si nos veía alguien, y si me veía alguien masturbarle. Ufff!!! Suspiré y paré mis pensamientos. Tenía que relajarme, no pasaba nada, él me lo había hecho a mí y no pasó nada. Lo haría, rápido y ya está. Es una paja, es una ayuda.

Yo volví por mi rincón un par de veces más aquella semana y él no apareció, me masturbé aún pensando en aquel día, siempre con los ojos abiertos por si lo veía llegar.

A la semana siguiente, mientras estaba tumbado y empezaba mi sesión oí como llegaba, me levanté y me subí los pantalones antes de que me viese, aún tenía cierto reparo.

-Hola

-Hola-le dije

-¿Te ibas ya?

-No acabo de llegar también.

Se acercó a mi lado y me dijo:

-¿Estás bien, tranquilo y eso?

-Sí, sí.

-Ya sabes que no estoy aquí para hacerte ningún daño. Y si no estás tranquilo y no quieres nada, no pasa nada. Si quieres que me vaya sólo tienes que decirlo y me marcharé.

-No no, de verdad, estoy bien.

-Vale.

Se puso a mi lado, yo a su derecha, me sonrió, se bajó los pantalones y los calzoncillos hasta las rodillas, se levantó un poco la camiseta y asomó una ligera barriguilla. Yo miré hacia sus genitales, la polla la tenía encogida y bien colgante, al igual que sus huevos, bien colgantes y completamente depilado. Yo esperaba bastante vello, pero este hombre mayor se depilaba completamente, eso me sorprendió.

-Vale, ahora cógela que no muerde. Acaríciala como yo te hice.

Yo dirigí mi mano derecha a sus huevos y posé mi mano, eran gordos y colgaban como a los de un toro cuando salen en la tele en las corridas. Él me cogió la mano izquierda y la llevó a que la apoyara en sus nalgas. Que suavidad noté.

Le acariciaba los huevos, pasándolos entre mis dedos y sosteniéndolos en la palma de mi mano. Le hacía suaves caricias.

Yo no le miraba a la cara, sólo hacia su pene. Subí mi mano y le cogí la polla. Empecé a moverla adelante y atrás, saqué su glande y empecé a masturbarle. Aquella sensación de masturbar una polla que no era mía, me agradaba, era extraña pero gustosa. Manosear otra polla era algo excitante y nuevo para mí.

Le pajeaba poco a poco, como a mí me gustaba hacérmelo, aquel pene empezó a ir aumentando de tamaño y él de vez en cuando me decía:

-Así, así… bien, bien.

Yo continuaba callado, mirando hacia su sexo. Ahora ya la tenía completamente dura, erecta y era gruesa como la mía y algo más grande, de unos 17 cm. Desde luego con mi mano de referencia a mí me parecía enorme. Seguía masturbando aquel pene y me recorría una extraña sensación de hacerlo casi obligado y a la vez de hacerlo porque me estaba gustando. Yo había puesto aquella polla dura y bien dura con mi mano, una buena sensación era esa. Desde luego empezaba a gustarme sentir en mi mano aquella polla tan dura y moverla.

Él me paró la mano y me la llevó a mi boca:

-Ponte saliva- me dijo

-Ah sí, sí-contesté

La embadurné de saliva y continué mis movimientos adelante y atrás y me dijo:

-Acércate y dale un besito.

-¿Queeee?- dije yo algo desconcertado mientras le miraba a la cara.

-Es sólo un besito, en la punta y nada más. Anda va que no es nada.

-Perooo…

-Sólo un besito. No me digas que no te atreves.

-Sí, sí vale.

Me fui agachando. Me invadió un aroma que me agradó mucho, aquella polla desprendía un agradable y dulce olor. Veía aquella polla con la piel hacia atrás, el glande fuera, descubierto, de un color rosado-morado y muy brillante. Y acerqué mi cara, con mis labios apretados y le di un ligero besito, un mínimo roce y retiré enseguida mi cabeza de allí.

-Beso, beso no ha sido-me dijo él.

Lo miré con cara de circunstancia y continué masturbándole, como no haciendo caso. Al poco me volvió a decir:

-Va, dame otro beso, pero ahora un beso de verdad, que sea largo, y que al menos lo note, note tus labios besándomela.

-Eh..

-Va, como antes pero más largo.

Suspiré y baje de nuevo mi cabeza, humedecí mis labios y le di un largo beso, apretando ahora si mis labios en su glande, note su glande en mis labios y le besé:

-Muuuuuuuuuuah!

-Ahora sí, buen beso ¿otro?, ¿me das otro?- me dijo

Volví a acercarme y ahora más largo. Mantuve mis labios sobre la punta de su polla, de pronto noté como me ponía la mano en la cabeza y me apretaba ligeramente

-Así aguanta un poco el beso.

-Muuuuuuuuuaa

Me apretaba y noté como empezaba a hacer más fuerza. La punta de su polla entre mis labios y poco a poco el empujaba y yo fui cediendo, por un lado porque él me aguantaba con fuerza la cabeza y por otro por una nueva excitación que fue recorriendo mi cuerpo. Mis labios se fueron separando y mi boca se abrió y entonces su polla entró, entró en mi boca y la noté sobre mi lengua. Luego él fue retrocediendo su cadera y de nuevo empezó a metérmela en la boca, poco a poco dejó de hacer presión en mi cabeza y se iba moviendo adelante y atrás, metiéndola y sacándola de mi boca. Yo no me retiré en ningún momento, no sé muy bien porque, pero me quedé quieto y chupándosela. No podía irme, tampoco quería, sentía un hormigueo extraño al tener su polla en mi boca. Me excitaba y me gustaba.

Finalmente me la sacó. Yo le miré.

-Tranquilo, no es nada, es como una paja pero con los labios, con la boca. A mí me está gustando mucho. Pero ya sabes que no quiero que hagas nada que no quieras hacer. Ahora ¿quieres seguir?

Yo continué callado, sin saber que decir.

-¿Qué me dices?

Lo miré extrañado, por un lado tenía cierto reparo pero por otro quería hacerlo, lo deseaba, deseaba saber que se sentía hasta el final, le respondí que si con la cabeza

-Pues ponte aquí de rodillas y cógela con una mano.

Así lo hice, me arrodillé, delante tenía aquella polla dura, erecta y que me atraía, con dos enormes huevos colgando. La cogí con la mano derecha y empecé a masturbarlo. Acerqué mi boca y me la metí poco a poco. Mi mano se quedó quieta.

-Cuidado con los diente y tranquilo, acompáñala con la mano, como pajeándome y te ayudas a meterla en la boca.

Miré hacia arriba, con su polla en mi boca, él sonrió y empecé a metérmela como me había dicho. Mi mano derecha le masturbaba y la empujaba y sacaba de mi boca, retraje los dientes lo que pude y me la pasaba por los labios.

-Juega con tu lengua sobre mi glande- me dijo

Continué chupando por primera vez una polla y curioso era que a él le excitaría mucho pero a mí también me excitaba hacer aquello.

Seguí chupando, jugando con mi lengua sobre su punta cuando entraba, chorreaba de saliva. Mi mano acompasaba y hacía que sus huevos se movieran al ritmo de la mamada.

Fui cogiendo ritmo, lo había visto en alguna película porno y chupaba y chupaba y de pronto noté como se puso rígido y en mi boca sentí un estallido, una descarga de líquido pastoso caliente y dulzón, su semen, se estaba corriendo en mi boca. Un hombre, aquel hombre se estaba corriendo en mi boca y yo seguía allí disfrutando. Yo fui tragando su semen y seguía chupándola en tres o cuatro movimientos más siguió él descargando semen en mi boca. Él jadeaba en voz baja. Yo me tragaba todo lo que dejaba en mi lengua y a decir verdad no me desagradó el sabor.

Seguía chupando y noté como iba perdiendo la erección, pero aún manaba algo de líquido que yo recogía con mi lengua. Luego él se retiró hacia atrás yo le miré y tenía una gran sonrisa en la cara, de satisfacción, a mí me salió una sonrisa cuando él me miró.

Se sentó y yo a su lado, me dolían las rodillas.

-Gracias-me dijo

-Nooo, hombre- dije yo

-Sí, si gracias por haber seguido, ha sido estupendo, me ha encantado ya lo has visto, me has hecho llegar. ¿No te habrá molestado que me corriese en tu boca?

-No no te preocupes. Tampoco pensaba que no lo ibas a hacer. Bueno en realidad no pensé en nada, ni sí ni no tampoco, no sé…

-A sí, me quedo tranquilo pues. Ha sido fantástico, de verdad. Sí que me has ayudado sí ¿tú qué tal?

-Pues, primero raro pero luego bien, muy bien, no puedo decir que no me haya gustado la verdad. No sé es raro. No sé como explicar la sensación.

-Me alegro

Se levantó y se fue. Girándose antes de irse para decirme:

-Otro rato nos vemos.

-Vale, vale.

Yo me quedé allí, me bajé los pantalones, me tumbé recordando lo ocurrido y pajeándome me corrí muy placenteramente.

Volví esa semana cada día, pero no lo vi. Uno de los días vi que había dejado una manta y una nota:

“Para que estés/estemos más cómodo/s. Disfruta”

Así que eso hice, la extendí y me tumbé, me desnudé completamente y me hice una gran paja.

Otro día al llegar vi que él estaba allí, nos saludamos y me dijo:

-Hoy te voy a hacer lo que me hiciste tú-

-Eh, sí, a sí.

-Sí, sí verás cómo te gusta.

Me hizo quitarme los pantalones y calzoncillos y se arrodilló delante de mí. Me cogió la polla con su mano derecha y se acercó a besármela, por la punta, por el tronco, por los huevos. Yo miraba hacia abajo y mirando ya disfrutaba. Luego poco a poco fue metiéndose mi polla en su boca. Sólo sentir el roce de sus húmedos labios sobre la piel de mi polla hizo que tuviese una erección inmensa en muy pocos segundos. Me estiraba la piel hacia abajo con su mano, dejando mi glande al descubierto y me chupaba sólo la punta, pasando sus labios y su lengua con delicadeza, yo miraba y me veía la polla más gorda e hinchada que nunca por la excitación, luego siguió con un movimiento continuo de mete saca succionando con avidez mi polla. Luego paró y con su mano me la sujetaba apoyada sobre mi barriga y empezó a lamerla, a lamer el tronco y bajar hasta mis huevos, que lamía y chupaba y se metía en la boca, en algún momento me hizo algo de daño, yo no dije nada, siguió lamiendo y chupando recorriendo mi polla y llegó hasta el frenillo, empezó a lamer con rapidez con la punta de su lengua, era increíble, nunca imaginé que en el frenillo tuviera esa excitación. Yo suspiraba, jadeaba sin alzar la voz. Luego volvió a metérsela en la boca, se la metía completamente y notaba como su lengua jugaba en mi glande. Siguió chupando y pronto no aguantaba más, me puse recto, aguanté la respiración y en aquel instante me corrí, en su boca, el chupaba y tragaba mi semen, continuó tres o cuatro veces hasta que descargué del todo y luego pasó su lengua por la punta de mi pene, lamiendo las últimas gotas. A mí me temblaban las piernas, el se tumbó boca arriba y yo me dejé caer de rodillas y me tumbé boca abajo.

Estaba tan a gusto, él llevó su mano a mis nalgas y empezó a acariciármelas, luego me dijo

-¿Qué tal, que te ha parecido?

-Sensacional, increíble, fantástico.

-Me alegro

Yo alargue mi mano y empecé a acariciarle su paquete por encima del pantalón, el se lo bajó un poco y le pude coger la polla que tenía morcillona. Me gustaba tocársela, acariciarla. Se le puso un poco dura y me dijo:

-¿Sabes que me gustaría?

-No, el qué.

-Que me … que me entregaras tu culo, es precioso.

-¿Que te qué?

-Que me lo entregaras, tu… tu culo

-¿Que, como?

Se puso encima de mí, apoyando su polla medio dura sobre mis nalgas y empezó a moverse como si me follara

-Esto me gustaría, que me lo entregaras, si tú quieres claro.

-No, no sé…es que …

-Tranquilo, no ahora, no aquí, no si no quieres. Piénsalo.

Se apartó de mí, yo me giré un poco, le volví a coger la polla, se la puse dura. Que polla más gorda le veía así medio tumbados, que gusto me daba tenerla en la mano, masturbarla, sobarla, así que le hice una paja. Se corrió sobre la manta.

Luego se levantó y se iba, antes de marcharse me dijo:

-Ya me dirás algo, piénsalo bien

Yo no le contesté, me levante me acerqué a él y por impulso, sin saber porqué le di un beso en la boca, un pico y me aparté.

-¿Y eso?- me dijo

-Ehh, no sé, me ha salido de sopetón, por agradecerte lo que me has hecho, no sé. Un impulso.

Él se acercó a mí y me dio un morreo, sentí su lengua dentro de mi boca. Yo llevé mi mano instintivamente a su paquete. Me gustaba acariciárselo aunque fuese por encima del pantalón.

-Me ha gustado, ¿te estás enamorando de mí o de mi polla?- me dijo. Se giró y se fue.

Yo me quedé pensando porque le había dado un beso, lo que me había propuesto, lo que me había hecho. Todo era nuevo, fantástico y el beso me gustó dárselo y el morreo que él me dio aún me gustó más. ¿Me estaba enamorando? No lo sabía, no sabía que era enamorarse.

Me fui a casa pensativo, de lo ocurrido y de mi reacción final, pero es que había sido instintivo, sin pensar. Daba igual, estaba hecho. Pensaba en la mamada que me había hecho él. Si las pajas que me hacía yo me parecían lo más excitante del mundo, después de sentir su boca en mi polla aquello era excepcional, extraordinario, increíble el gusto.

Volvimos a vernos un par de veces en nuestro rincón, yo se la mamaba y él a mí o nos masturbábamos, según salía la cosa en el momento. Él no volvió a decirme nada de que le entregara mi trasero, aunque yo notaba que cada vez me acariciaba más mis nalgas, y eso al final me gustaba. Yo no sabía aún que decirle, le daba vueltas pero no sabía que responder, si pudiese haberle preguntado a alguien, pero claro, era imposible.

Un sábado fui y vi una nota sobre la manta de nuestras aventuras, que decía:

“Bueno como no te decides a mi propuesta de que me encantaría que me entregases tu…. Ya sabes, te propongo que vengas el martes a las 5 de la tarde a mi casa, imagino que sabes cuál es, la que está más arriba de todas, la de color naranja que hay entre los pinos. Si vienes entenderé que estás dispuesto a hacerlo, si no vienes no pasa nada, seguiremos como hasta ahora viéndonos en este nuestro rincón secreto.

Un beso.

P.D. Sólo hacerte saber que te gustará mucho, de verdad. Disfrutarás.”

Aquello me dejó muy pensativo. No me decidía, pero si no iba, ¿de verdad sería todo igual que hasta ahora?. Yo me quedé algo parado y sorprendido, pero con el tiempo que llevábamos viéndonos a escondidas, disfrutando ambos del sexo, casi no me lo pensé, tenía mucho morbo en ir a su casa, en estar tranquilo y en definitiva tampoco es que lo pensase mucho más, estaba decidido a seguir disfrutando y claro que iría, seguro que el martes iría a su casa, eso me hacía sentir cierto cosquilleo, cierto nerviosismo y aquella tarde disfruté de una gran paja allí en solitario.

Llegó el martes y a su casa me fui, aquella tarde hacía calor, y la cuesta hasta su casa no ayudaba. Llegué a su entrada, llamé al timbre y oí que dijo que ya venía. Miré entre los barrotes de la puerta y vi como al acercarse se quitó el bañador y se dirigía a la puerta completamente desnudo, su polla bailaba al ritmo de sus pasos, que excitante era ya sólo eso para mí.

Me abrió y pasé casi sin poder dejar de mirarle a su polla. Entré

-Hola- me dijo

-Hola- contesté yo

Me acerqué hacia él y le di un pico y mi mano fue directa a acariciarle su colgante y flácida polla. El se acercó más a mí y me dio un beso, un morreo.

-Como me alegro de que hayas venido, no creas que lo tenía claro.

-Bueno, al final he pensado que no fue mal plan lo que me propones, así que…

-Bueno pues pasa que te enseño la casa.

Era un chalet chulo, bonito, un jardín con césped bien cuidado, una piscina bastante grande con agua transparente, la casa con un porche techado y una gran cristalera hacia el jardín, al entrar un gran salón con una enorme chimenea y dos sofás delante, mirando hacia el televisor de una gran pantalla plana, luego una cocina bastante grande y aseada, un baño enorme con una gran bañera y su habitación con la cama más grande que he visto nunca, de 2×2 m., y otra habitación algo más pequeña, también unas escaleras al piso superior donde habían varias habitaciones pero que, según me dijo, él nunca gastaba.

Salimos al porche y nos sentamos en unas butacas de mimbre, sacó unas cervezas y estuvimos hablando. Luego fuimos a bañarnos a la piscina, al acercarme a ella, él venía detrás, me paró, me cogió de la cintura y me dijo:

-Esto te sobra- mientras con sus manos me bajaba el bañador y me acariciaba las caderas, las nalgas y las piernas. A mí se me erizó la piel y me quité la camiseta. Nos fuimos al agua y la note muy fría al principio, poco a poco me adaptaba a ese frescor. Él entro después y más lentamente. Yo sentía una libertad absoluta al poder estar en el agua desnudo completamente. En el chalet de mis padres no podía hacerlo y ahora era una sensación de libertad. Notaba sobre mi sexo el agua fría y a pesar de tenerla completamente encogida por la temperatura, la notaba suelta y libre sobre el agua, una sensación muy agradable.

Al principio era una sensación extraña pues ¿podría vernos alguien?, no, yo pensaba que no, seguro que no, miré alrededor y todo eran pinos, la casa era la más alta y los muros impedían que se viese nada desde fuera. Me quedé muy tranquilo y me sentí muy libre, muy a gusto y desinhibido.

Nos acercábamos y abrazábamos, nos íbamos dando picos y algún morreo. Cuando nos juntábamos y nos morreábamos yo aprovechaba para acariciarle la polla y él me cogía de las nalgas y me acariciaba el culo. Luego él se sentó en el borde, yo seguía nadando y me acerqué a él, salí del agua entre sus piernas y delante de mi cara tenía su polla, morcillona, no pude resistirme y me acerqué a saborearla, me la fui metiendo en la boca mientras la sostenía con una mano. Que fresca estaba, poco a poco se fue irguiendo y endureciendo, yo la lamía y chupaba, me encantaba, hasta que él me dijo:

-Para, para un poco y deja algo para después.

Yo le di las últimas chupadas y continué con el baño.

Luego salimos y fuimos de nuevo al porche, nos tomamos otras cervezas y al cabo de un rato de charla se levanto se acercó a mí, me extendió la mano y me dijo:

-Vente conmigo.

Yo le di la mano, me levanté y le seguí. Entramos en la casa y del salón fuimos a su habitación, a los pies de la cama me abrazó, me cogió con las manos de las mejillas y empezó a besarme, primero besos suaves, luego más intensos, morreos y poco a poco me iba mordiendo con suavidad y sensualidad los labios, los atrapaba entre los suyos, los lamía, los mordisqueaba, los besaba. Aquello a mí ya me encendía, me ponía caliente, mi polla empezaba a reaccionar ante esa excitación. Él me soltó la cara pero seguíamos besándonos. Sus manos empezaron a descender por mis brazos, mi espalda y fue descendiendo hasta mis nalgas. Yo tenía los brazos extendidos y las manos sueltas y las llevé a sus caderas, para juntarnos más. Noté su pene sobre el mío.

Él fue besándome por el cuello, descendiendo hacia mis pechos y lamiendo y succionando mis pezones, me los puso erectos. Y siguió bajando por mi barriga, se arrodilló ante mí besándome las ingles. Mi polla estaba ya bastante dura, no del todo pero no era ya morcillona, estaba casi a punto. Empezó besándome la punta, retrayendo la piel y descubriendo por completo mi capullo, lo besaba y poco a poco fue metiéndosela, con suavidad y llenándose los labios de saliva, llenándome la polla de saliva. En unos segundos la tenía dura completamente, él la chupaba, se la sacaba y aguantándola con la mano y pegándola a mi barriga, empezaba a lamerme los huevos, el tronco, se metía mis huevos en su boca y, cierto es que, en algún momento me dolió el ímpetu con que los succionaba, siguió lamiendo desde los huevos al glande. Me la chupaba con gran suavidad, me llenó de saliva y eso hacía que resbalase entre sus labios, se deslizaba como un patinador sobre el hielo. Me miraba con cara de lujuria mientras tenía mi polla en su boca. Hizo que me sentara en la cama y de rodillas entre mis piernas siguió chupándomela, yo llevé mis manos a su cabeza, para pedirle que parara, que estaba a punto de correrme y se me pasaría totalmente ese punto de excitación que te pone a mil, cachondo y que parece que estás fuera de ti mismo por el placer. Él lo entendió y paró, fue subiendo por la cama sobre mí, me besó y note en su boca el sabor de mi polla, eso me encendió un poco más, le metía la lengua en su boca todo lo que podía, como para atrapar aquel sabor. Él siguió subiendo en la cama, me tenía debajo, paró en el momento justo en que su polla llegó a mi cara. Yo empecé a lamerla, a pasarle la lengua por aquella polla medio flácida, a besarla. Al final se tumbó a mi lado boca arriba, yo me incorporé y fui ascendiendo acariciándole las piernas, dándole besos, llegué a su sexo, dejé mis manos en sus piernas e hice fuerza para que las separase y me abalancé sobre su polla. Empecé a besarla, a absorber aquel aroma a sexo que desprendía y que me embriagaba de pasión. Llevé mi boca, mi lengua a la punta y empecé a succionar. Me llevaba la punta a la boca con delicadeza, sólo me metía la punta y jugaba con mi lengua sobre el glande. Poco a poco notaba como iba creciendo, como la sangre bombeaba los vasos sanguíneos por la excitación y su polla se iba endureciendo. Que satisfacción me daba sentir como su polla se ponía dura en mi boca.

Se la cogí con la mano derecha, guiándola hacia mi boca, le lanzaba miradas con cara lasciva, el me sonreía. Yo chupaba y chupaba, me caía la saliva, la baba, entre mis labios y aquella enorme polla, aquella apetitosa y dulce polla. Se le llene de saliva, estaba completamente empapada de saliva, brillante y resbaladiza. Yo estaba caliente y disfrutando al mamar aquel pollón. Al saborear la polla de aquel hombre que me encendía, me ponía cachondo y casi sin saber reaccionar cuando estaba en ese momento de éxtasis sexual.

De vez en cuando me la sacaba de la boca y la lamía como un perro se lame una herida, con dulzura y delicadeza, oía como él suspiraba. Se la volví a chupar un rato hasta que me dijo:

-Vente aquí.

Yo me subí hacia él, encima de él, llegué a su cara y empezamos a besarnos con dulzura, con cariño, besos sensuales, nuestras lenguas se entrecruzaban, jugaban, nos pasábamos las saliva y el sabor de su polla.

Yo notaba como mi polla se resbalaba entre la suya, como se juntaban. Él llevó sus manos a mi espalda y fue bajando hasta mi culo, a mis nalgas, las acariciaba, masajeaba, apretaba, separaba y magreaba mientras me besaba. Me gustaba todo lo que me hacía y me excitaba. Yo le agarraba la cara con mis manos para besarle con fuerza.

-Ahora ponte de rodillas, aquí- me dijo

Me puse a su lado de rodillas, a cuatro patas, él se fue acercando hasta ponerse detrás de mí. Noté como acercaba su mano a mi polla, entre mis piernas y me la pajeaba y fue acercando su cara a mi culo, me empezó a besar las nalgas luego con sus dos manos me separó las nalgas y noté un beso largo justo en mi estrecha entrada

-Muuuuuuah. Muuuuuuuuuah.

Después empecé a sentir su lengua deslizándose en mi ano, lamiendo con delicadeza, como si lamiese un helado. Yo notaba como jugaba con la punta de su lengua en la entradita, como me iba llenando el ano de saliva, como me lo mojaba, me notaba el culo húmedo. Poco a poco iba notando como presionaba con la punta de su lengua y me metía un poquito dentro. Yo nunca había sentido una excitación así en mi culo, que sorprendente. Él lamía y acariciaba mi culo, a mi me gustaba. Luego se incorporó, se acercó a su mesita y sacó un botecito que según me dijo era lubricante.

-Así entrará más suave y no te hará daño.

Yo no dije nada, me quedé quieto, él volvió a ponerse detrás de mí, y note como dejaba caer algo de líquido, lubricante, que notaba fresco sobre mi piel y empezó a refregarlo sobre mi ano con un dedo suyo. Dejó el bote en la cama y notaba como con su dedo iba haciéndome círculos, acariciando con dulzura mi agujero. Luego note una pequeña presión y como casi sin notar nada más me metió un dedo, lo dejó quieto y luego empezó a moverlo, me sentía raro, que aquel hombre tuviese un dedo en mi culo era curioso, yo pensaba que eso no era sexo, que sexo sólo era con la polla, pero me excitaba sentir como ese hombre me cuidaba y preparaba.

-Ahora separa un poco las piernas, deja caer un poco las caderas, para estar a mejor altura- me dijo.

Yo separé un poco más las piernas, abrí algo más mi culo, agaché la cabeza y la apoye un poco sobre mis brazos y la almohada, para estar más cómodo. Le ofrecí mi culo. El cogió de nuevo el botecillo de lubricante, me tiró un poco más, luego creo que se puso sobre su dura polla, aunque esto no lo vi, lo intuí, y dejó el bote de nuevo en la cama.

Oía ruido de cómo se meneaba la polla, me giré un poco y vi como si se estuviese haciendo una paja, repartiéndose bien el lubricante por todo el tronco. Luego me cogió con cada mano una nalga, las separó y empezó a pasar su polla sobre la ranura que dejan mis nalgas, restregándola toda por mi culo, por mi agujerito. Se movía hacia adelante y atrás, refregando su polla sobre mi piel. Yo me mordía el labio inferior, me gustaba.

Soltó su mano derecha de mi culo, se agarró la polla y noté la punta, con el lubricante fresco, justo en la entrada de mi estrechito ano.

-Vamos allá.- dijo él

-Vale, cuando tú quieras….- dije mientras suspiraba, esperando que vendría.

Noté como hacia presión poco a poco, y mi culo parecía más cerrado que nunca, parecía que no quisiera que entrara.

-Relájate un poco, no hagas fuerza, no aprietes- me dijo

Yo suspiré, si hacia fuerza apretando mi culo era de manera inconsciente. Respiraba fuerte, me intenté relajar mientras él continuaba haciendo presión. Poco a poco noté como con la presión iba ganando terreno y noté como mi ano iba cediendo, mi culo iba dejando paso a esa polla, a esa preciosa polla a la que yo estaba entregando mi culo. Me dolía pero creo que más porque mi culo se estaba abriendo sin quererlo, algo lo presionaba. Notaba como su polla iba resbalando con suavidad hacia mi interior, poco a poco iba ganando centímetros. La verdad es que notaba que entraba con mucha suavidad, aunque hiciese que mi culo tuviese que abrirse como nunca lo había hecho. En ese momento noté como volvió a poner su mano derecha sobre mi nalga, acariciándome. Me dijo:

-Así, así. Ya ha entrado la punta, ahora más suave y más fácil.

-Uf, Uf- suspiraba yo al notar como mi culo estaba muy abierto y apretando su polla.

Siguió poco a poco, cogiéndome de las caderas para ir haciendo más fuerza y presión. Mi culo ya estaba abierto del todo, el grosor de su polla estaba ya en mí. Iba metiendo un poco y sacando un poco y cada vez que metía, el recorrido era más largo, me metía un poco más de su polla. Yo notaba dolor, pero a la vez estaba muy excitado, respiraba con fuertes suspiros, notando un nuevo placer. Siguió con su penetración, hasta que noté que sus piernas tocaban las mías, ya estaba toda, ahora entendí que me la había metido toda, completa. Se quedó quieto y empezó a acariciarme el culo, la espalda, llevó su mano a mi barriga y llegó a mi pene, estaba medio duro por la excitación, me lo acarició, me acarició los huevos, empezó a pajearme un poco y yo seguía notando su enorme polla dentro de mí, de mi culo, dejando que se acostumbrara al tamaño, a estar tan abierto y a disfrutar de la penetración. Me relajé dejando libre mi culo, sin hacer ya presión sobre su polla, aunque tampoco podía hacer ya mucha presión, él la tenía toda metida. Él fue de nuevo sacando y metiendo, yo notaba un cosquilleo recorrer mi cuerpo, mi barriga, que llegaba a mi polla y hasta la punta cada vez que me la metía. Su ritmo fue en aumento, poco a poco, disfrutando al follarme el culo.

En ese momento noté como lentamente se iba hacia atrás, lentamente la iba sacando de mi culo, se tumbó ligeramente sobre mi espalda, me besó el cuello, la sacó del todo, sentí como mi culo se cerró, como un ¡plop!, pero sin oír el ruido claro, me acariciaba la espalda, recorrió mi barriga, mis huevos y mi polla, luego acariciaba mi culo y restregaba su polla por la ranura que separaba mis nalgas y de nuevo noté la presión y mi culo se abrió para dejar entrar a esa maravillosa polla que tanto me estaba haciendo disfrutar.

Me cogía de las caderas, se iba hacia atrás y de nuevo hacia adelante, yo suspiraba y acabé gimiendo caí sin querer, pero es que me salían gemidos al notar cómo me penetraba, me estaba dando mucho gusto, mucho placer sentir su polla entrar sin ningún obstáculo, sin presión, sin esfuerzo, ahora se deslizaba hacia mi interior y ese placer no lo había sentido nunca, era como cuando yo estoy haciéndome una paja y estoy a punto de llegar al final, a correrme, en el clímax, pero en este caso no acababa, no llegaba al final, el volvía a metérmela y sentía de nuevo ese placer. Era delicioso notar ese gusto de forma tan seguida. Siguió con más ritmo, con cada embestida hacía que a mí me saliese el aire de mi estómago más fuerte y gemía más, el jadeaba, suspiraba. Yo apoyé mi cabeza en la almohada disfrutando del momento, sentí en la punta de mi polla un hormigueo de placer. Él ya con mucha fuerza se cogía de mí y empezó a moverse con rapidez, yo notaba fuertes embestidas, fuerte penetración, me pegaba golpeteos a mis piernas con fuerza, yo gemía y gemía, era espectacular el gusto, me sentía extraño al disfrutar así del sexo anal, hasta que noté que empezó a ir muy, muy rápido y se puso rígido paró un poco y sentí la primera descarga con fuerza en el interior de mi culo, noté el líquido disparado dentro, caliente, luego otra embestida y otra descarga, luego ya no lo notaba pero imaginaba que iba descargando poco a poco todo su semen. Fue parando el ritmo y después de unas diez o doce penetraciones más, y jadeando mucho, noté como iba saliendo de mí. Se tumbó a mi lado, yo estiré mis piernas y me tumbé boca abajo, notaba palpitaciones en mi culo, en mi ano y notaba un gusto, un placer en mi interior. Me giré a mirarlo, estaba recuperando la respiración, yo no pude más que sonreírle, estiré mí mano y le acaricié los huevos y con la punta de las yemas su polla mojada, él al verme también sonrió y dijo:

-Fantástico, ha sido fantástico, maravilloso, sensacional.

Yo no dije nada y eso que pensaba lo mismo.

Nos quedamos un poco tumbados, él me dio una palmada en el culo y dijo:

-Me voy al salón, a beber y recuperarme, que me has dejado seco, ¿te vienes?

-No, no, me quedo aquí un poco. Ahora iré.

Se fue, yo me quedé tumbado en la cama sin cambiar de postura, notaba mi culo ardiendo y las palpitaciones de mi corazón justo en la entrada, me llevé una mano a mi agujerito, estaba mojado, metí un dedo y no opuso ninguna resistencia, entró muy suave, me notaba el culo algo abierto y notaba un placer extraño y especial en mí, en mi interior, en mi entrada. Me saqué el dedo y no pude resistirme a llevármelo a la boca, noté un sabor a semen a humedad de mi interior, otro sabor que no me desagradó.

Pensaba en lo ocurrido, en que curioso un placer que no esperaba, un placer que ni me había imaginado, ni me había acercado tan siquiera a pensar que se podría obtener con el sexo anal. Y eso era, nunca había pensado, ni se me había ocurrido ni pasado por la cabeza que con esa parte de mi cuerpo, que al principio me dio reparo cuando me lo dijo, iba a obtener tanto placer, que me iba a gustar tanto y que iba a disfrutar así. Sentía en mi interior un cosquilleo de placer y gusto que no se me pasaba.

Estuve así, pensando en la cama unos diez o quince minutos, me decidí a levantarme, al hacerlo noté que parte de la humedad del interior de mi culo, esos fluidos resbalaban un poco hacia mi pierna, me la limpié con la mano, y noté un dolorcillo en mi culo, en mi ano, no era fuerte pero me dolía ligeramente al andar.

Salí al salón y allí lo vi, sentado en el sofá viendo la tele, me fui hacia él por detrás, me agache acariciando con mis manos su cuello, bajando hacia sus pechos y su barriga, su polla flácida y aún así apetitosa descansaba hacia un lado, acerqué mi cara a su oreja y le susurré:

-Me ha encantado.

Él se giró y nos dimos un besito, luego un morreo.

-A mí también- me contestó- me ha encantado y me ha gustado que me entregaras tu tan preciado tesoro.

-Pues eso….. ya sabes…… te lo he entregado así que…. tuyo es, sólo tuyo y todo tuyo- le contesté mientras le iba dando piquitos en los labios.

Él me sonrió, yo me fui apartando acariciando su cuerpo.

-Voy a darme un baño, a ver si relajo algún musculo trasero, que falta me hace- dije mientras me dirigía al jardín y a la piscina.

Fui entrando en el agua, la iba notando fría y se me ponía la piel de gallina. Me tiré y sentí la libertad al notar el agua sobre mi sexo libre. Nadé un poco y me tumbé sobre las escaleras con la cabeza apoyada sobre el borde. Estaba bien relajado, notaba aún el frescor del agua en mi cuerpo, sobretodo en mi culo que me ardía. Me llevé una mano a mi ano, me lo toqué y acaricié, estaba cerrado, bastante cerrado, el agua fría había hecho su efecto. Estuve un buen rato en el agua. Él salió de casa con unas cervezas:

-Vente que tomemos algo.

-Voy.

Salí y fui dejando que el aire y el sol me secaran, él mientras me contemplaba desnudo. Luego me senté a su lado, en uno de los sillones de mimbre, estuvimos bebiendo y hablando de cosas banales y como no, de sexo, de nuestro sexo. De pronto se levantó se acercó a mí y se arrodilló:

-Te toca un poco de alegría- me dijo.

Arrodillado empezó a besarme los muslos y acercándose a mi sexo. Empezó a besarlo, a acariciarlo, me cogió la polla con la mano derecha y empezó a chupármela. Yo lo miraba, que sensacional, me puso la polla durísima, me la chupaba y yo veía como se la iba metiendo en la boca, acompañando el movimiento con su mano y completamente mojada con su saliva. Yo me retumbé bajando un poco el culo hacia el borde del sillón y me abrí todo lo que pude de piernas. Era espectacular ese sesentón me hacía una mamada mientras estaba cómodamente sentado mirando al horizonte y con una cerveza en la mano, ciertamente era exquisito. De tan caliente que estaba desde que me había follado el culo y de verlo como se la metía en la boca no aguanté más y me corrí, me corrí en su boca mientras él succionaba y lamía mi semen. Fue genial.

Se levantó, se volvió a sentar y continuamos hablando un rato. Poco después me levanté, me fui hacia él y le di un morreo:

-Me tendré que ir- dije y fui a buscar mi ropa y me vestí.

Me iba hacia la puerta y él me siguió.

-Bueno, ya nos veremos- dije yo

-Muy bien, por allí abajo o si no ya quedaremos aquí en mi casa- me dijo él.

Yo me giré me fui hasta él y le di un pico, luego un morreo, un largo beso jugando y entrelazando nuestras lenguas, mientras acariciaba sus enormes huevos, luego me agaché, saqué su glande y le di varios besos y un par de chupadas, me levanté diciéndole:

-Que polla más preciosa tienes.

Y me fui hacia la puerta, mientras la abría me dijo:

-Ahora me doy cuenta de que no estás enamorado de mí, estás enamorado de mi polla.

Yo me giré, le guiñé un ojo y con cara lasciva le mandé un beso al aire. Cerré y me fui.

Bajaba aquella gran cuesta hacia casa de mis padres con una gran sonrisa en mi cara, debía disimularla si no seguro que me notarían algo. Pero yo notaba un cosquilleo en mi estómago, unas punzaditas en mi culo al andar y un placer inmenso por el rato que habíamos pasado, no podía evitarlo, me había encantado, me había gustado mucho y no podía quitarme la sonrisa. Estaba feliz.

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