El trato

Estaban los dos ahí, sentados en el borde de la cama. No sé cuánto habríamos bebido pero cuando me asomé a la puerta y me acerqué me costó mantener una línea recta. Ellos parecían estar iguales, pues no dejaban de mofarse de mi forma de andar.

-¿Qué hacéis aquí? -les pregunté.

-Hicimos un trato, ¿no lo recuerdas? -me inquirió Ella. Sus profundos ojos oscuros me miraban de forma provocativa.

-Pues la verdad es que no me acuerdo de mucho…

-Quien ganara tendría derecho a una noche… una noche especial con los dos que perdieran… -me explicó Él. No terminaba de entender a qué se refería.

-Tú ganaste -continuó Ella-, te pedimos una hora para prepararnos. Me asombra que no te hayas dormido.

-Ah… -dije sin parpadear- ¿y en qué va a consistir exactamente esa noche?

Él se levantó. Me sentí pequeña, pues me sacaba una cabeza; sin embargo, al momento se inclinó para estar a mi altura y me cogió la cara con las manos. Su pelo marrón claro casi le tapaba sus ojos verdes que cada vez se acercaban más a los míos. Me reí. No pude hacer otra cosa, pero Él insistió y siguió besándome con suavidad, sin prisas, rozando su lengua contra mis labios. Al poco tiempo no pude aguantar más y le seguí la corriente, entrelacé mis dedos en su corta melena y le devolví el beso.

De repente, una mano me rozó el hombro. Al separarme de Él me encontré con Ella, que también se acercaba a mí. Me besó y me pareció asombroso lo suaves que eran sus labios. Mientras, vi con el rabillo del ojo cómo Él se iba desprendiendo de su camiseta y dejaba ver su pecho casi sin vello. Aquello me puso de los nervios, lo cual hizo que aumentara la presión de los labios con los de Ella. Al poco se separó y empezó a desvestirse también. Yo iba a hacer lo propio pero Él me lo impidió.

-Espera- me dijo.

Ella se quitó la camiseta y los pantalones cortos que traía, enseñando el conjunto de lencería roja que llevaba bajo la ropa. Tiró la ropa bajo la cama y me besó el cuello mientras me quitaba la camiseta que yo llevaba. Él bajó hasta mis piernas y empezó a recorrerlas con su lengua, haciéndome cosquillas en la parte anterior de las rodillas. Me quitó la falda y dejó ver las braguitas rojas que traía, nada que hubiera preparado para una situación así.

Y allí estábamos, los tres en ropa interior, borrachos y calientes como nunca antes. Él se entretuvo con mis piernas y pies un rato más, dando lengüetazos y haciéndome cosquillitas por todos lados. Entretanto, Ella me quitó el sujetador con tanta delicadeza que casi no me di cuenta, enseñando mis pechos a ambos. Él sonrió ante tal visión, y aún más cuando Ella se deshizo del suyo también. Me mordisqueó el cuello y después la clavícula y cuando llegó a los pechos me besó todo alrededor antes de meterse el pezón derecho entre sus labios. Me estaba volviendo loca. Él se recostó en la cama y fue besándome cada vez más arriba. Noté su caliente aliento entre mis muslos y no pude evitar retorcerme de placer. Se rió un poco y me quitó las braguitas. Casi pude escuchar su sonrisa de satisfacción cuando vio lo húmeda que estaba. No fue tan paciente como Ella y metió con parsimonia su lengua entre mis piernas. Su recién afeitada barba me raspaba pero poco me importaba. Gemí. Ella vio cómo disfrutaba y lo hizo parar.

-Quiero jugar a una cosa…

-¿De qué hablas?- pregunté con toda la naturalidad posible.

Se levantó de la cama con dificultad y fue hacia un cajón para sacar un pañuelo de seda negro.

-Así no podrás saber quién te hace qué.

Vi cómo ambos sonreían complacidos mientras me hacían tumbarme de nuevo. Él se acercó para ponerme el pañuelo.

-Voy a hacerte mía.- me susurró al oído. Su respiración en mi oreja y sus palabras me estremecieron y me hicieron suspirar.

Ambos se levantaron de la cama y por un momento me sentí sola en la habitación, pero de repente empecé a sentir besos en el abdomen y caricias en el pelo. No entendía qué estaba pasando y me encantaba. Los besos del abdomen fueron bajando cada vez más y volvieron adonde lo habían dejado momentos antes. Supuse que era Él pero tampoco estaba segura porque ya no notaba su pseudo-barba. Quizás estaba teniendo cuidado simplemente. Lo corroboré cuando Ella se puso encima de mi cara, ofreciéndome su vulva y todos los jugos que venían con ella. Le lamí de arriba a abajo y luego en zig-zag, le metí la lengua lo más profundo que pude y por último jugué con su clítoris. Escuchaba cómo gemía y ello me hacía gemir más. Ella se había inclinado hacia delante y mientras Él jugaba con mi anatomía ella me rozaba el clítoris con sus finos dedos.

Paró en seco. Ahogué un gemido de desesperación. Ella seguía encima así que usé mis dedos para explorar dentro de ella. De repente noté algo caliente justo en la entrada de mi vagina. Imaginé lo que iba a pasar a continuación y sonreí. Él debió verme porque al momento introdujo su pene dentro de mí y yo me corrí al instante. Siguió con pequeñas embestidas mientras aumentaba el ritmo progresivamente. Notaba que iba a explotar de placer. Ella se quitó y se puso encima de mi abdomen para besarme y tocarme las tetas, esta vez con mucha más fuerza que antes. No pude reprimirme y me quité el pañuelo, no quería perderme aquellas vistas por nada. Vi cómo Él nos observaba con gusto, así que decidí deleitarle y tocarla a más no poder. Me gustaban sus cuerpos. Los de ambos, podría haber muerto mirándolos y habría muerto feliz. Él fue cada vez más y más deprisa, Ella se frotaba contra mí y yo me sentía inundada hasta que grité. Después quedó humedad y calor.

Lo siguiente que recuerdo es a nosotros tres tumbados en la cama, uno al lado del otro conmigo en medio.

-Bueno, no vendría mal darse una ducha, ¿no?

Leave a Reply

*