El viejo zapatero me remendo mi conejito

Tras unos gloriosos 30 días con mi marido y mi tío Mario, este tuvo que partir para Uruguay no sin antes prometer que en unos meses regresaría, si bien nosotros no íbamos antes a conocer aquella tierra.

Al tercer día de la partida una ya andaba echando en falta aquellas fogosas atenciones de mis dos macho, pues Mario tras la marcha de su compinche parecía haberse tomado un pequeño paréntesis en el sexo para retomar fuerzas, pues salvo un amago de polvo en la ducha que quedo solo en eso, no lo habíamos vuelto a hacer esos días posteriores, dejándola una descansar pues el ritmo que había soportado era difícil mantener más tiempo.

Decidí salir de compras y a llevar unos zapatos de tacón que le tenía mucho cariño a un zapatero que me habían recomendado, pues la noche anterior al salir del restaurante se metió el tacón en un agujero de alcantarilla y lo partí.

Tras una laboriosa búsqueda de dicha zapatería, pues estaba en un barrio que desconocía, por fin la encontré, por lo que aparque y decidí intentar que me lo reparara al instante, pues no pensaba volver allí con el trabajo que me había costado encontrar el sitio y el aparcamiento.

Entre, y sentado allí trabajando me encontré al dueño que sin parar de faenar en su laborioso trajo me pregunto qué quería.

No sé qué me hizo fijarme en él, pero un hilillo de inquietud me recorrió el cuerpo cuando levanto la mirada y comenzó a hablarme.

Era un hombre ya mayor de unos 65 años más o menos, pelo blanco medio desaliñado aunque corto, con barba también blanca de dos o tres días así como el matorral espeso que afloraba por su camisa medio abierta; corpulento con fuertes manos y brazos, que destacaban por lo poblado de estos con la misma tonalidad del vello que el resto.

Quede aturdida un instante, por lo que volvió el a preguntarme a la vez que me dijo si me sucedía algo…. Una medio ruborizada le dije no, no, perdón pero es que me costó trabajo encontrar el sitio y venia medio agobiada.

Le conté lo que quería y me dijo se los dejara que para la próxima semana los tenia reparados…

Huy, le respondí, pensé me lo iba a hacer ahora mismo, pues mintiendo un poco, le volví a decir… una amiga me dijo usted era muy rápido y bueno en su trabajo y que lo hacía muy bien sobre la marcha.

Bueno riéndose el picaronamente ante el juego de mis palabras, me respondió:

–Ya no lo hago todo tan rápido y bien como antes, aunque me esmero en ello, pues la edad me ha hecho perder fuelle, pero intentare hacerle un buen trabajo .. Haciendo una pausa y volviendo a decir, por supuesto le dejare en buen estado estos zapatos claro..

Me di cuenta, pues una no es corta en este tema que el había jugado con mis palabras y había empleado una respuesta picara, pues haciendo alusión a la reparación me había dejado un picante recado.

Lo atribuí al argot de su trabajo, pero realmente me sentí agraciada por esa respuesta con doble sentido a interpretar cada una a su manera.

Entonces no me lo va a hacer ahora mismo, con la ilusión que me hacía verlo como lo hace

Ahora era yo la que empleaba el doble sentido para intentar camelarlo y que me lo reparara sobre la marcha.

Bueno tratándose de quien me lo pide, (mientras me dio un repaso con la vista ya sin ningún reparo en ello), haremos ese favor y la atenderemos como se merece… anda siéntese aquí al lado y espere mientras le hago el trabajillo.

Me puse sobre un taburete casi a su lado, viéndolo como allí sentado arreglaba mi zapato, por lo que en agradecimiento y para que estuviese animado, con sumo cuidado y tacto y sin ser muy descarada abrí un poco mis piernas para que por mi faldas que previamente había subido con delicadeza, viera el interior de mis muslos.

Y así hizo pues sus ojos pronto buscaron con disimulo el fondo de estos, si bien una no sabía si llegaría a ver el rojo purpura de mis bragas.

Ahora la que lo miraba era yo, pues me estaba fijando que entre sus piernas abiertas, aparte del aparato de metal en forma de zapato que tenía donde metía estos a reparar, había un bulto con una consistencia que hacía albergar una esperanza de que allí debajo de aquel pantalón se escondía una buena tranca.

Me la imagine gorda con unas enormes pelotas peludas blanca, que me hizo medio mojar mis bragas.

Abrí con disimulo un poco más mis piernas y sus ojos fueron rápido buscando más adentro, sorprendiéndome su pregunta que hizo casi al instante.

Esta usted casada me dijo…

Si le respondí, porque lo pregunta le dije yo ahora..

Ahh nada solo era una pregunta, me dijo el —como la vi venir sola, pensé era de las muchas mujeres que ahora se separan que parece eso de los divorcios una fiebre…

Yo soy viudo desde hace unos cinco años. Dijo él..

“ Afortunado su marido”, de tener una mujer tan guapa y atractiva si me permite la indiscreción y mi atrevimiento.

Afortunada fue también su mujer me parece a mí, pues también tuvo un marido muy guapo y atractivo– le respondí también como agradecimiento a su cumplido.

Bueno algo viejo ya y en desuso, pues quien va a querer ya a este desaliñado viejo gruñón.

No tan viejo me parece a mí y además le vuelvo a repetir que más de una le quisieran aun en su cama, pues parece usted como digo muy atractivo.

Me di cuenta me había pasado en el cumplido, pero ya no tenía vuelta atrás y sería peor rectificar.

Gracia es todo un placer le sea atractivo a una señora y dama como usted., que pena está casada , si no seguro la invitaba esta noche a cenar a una velada romántica ..Me respondió..

— ¡Ya romántica de primeras!, veo usted no se anda con pequeñeces, va directo al grano, le respondí yo.

A mi edad cielo ya no puedo perder tiempo, si nos gustamos después de una cena lo mejor es ir al catre y dejar rienda suelta que quizás mañana ya no se pueda.

Aquello iba tomando un ritmo frenético y este se acrecentó cuando ante mi sorpresa me dijo, anda ven aquí y echa una mano y sujeta el zapato por aquí mientras yo le pongo el tacón nuevo.

No sé si fue una artimaña de el para seguir con el juego erótico, pero dio resultado, pues mi posición ahora era más forzada y frente a él, ahora sí que mis bragas estaban en su punto de mira.

Se tocó su paquete disimuladamente a la vez que se levantaba y volvía a sentarse como si estuviera incómodo y cambiara de posición, aunque lo que realmente hizo fue enderezar y poner hacia la derecha aquel bulto que comenzaba a despertarse.

Pues eso ha pensado siempre mi marido e al igual que una, siempre decimos, “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, y pájaro que no vuela a la cazuela, no sea mañana levante el vuelo y se vaya a otro nido”.

Jajajaja se rio el a la vez que volvía a tocarse disimuladamente.

–Que suerte tiene tu marido, pues sin conocerlo es un afortunado que seguro está tratando como se merece a esta guapa hembra, volvió a reiterar.

Ya note empleaba términos más directos, por lo que una decidió pasar también al ataque.

–Para serle sincera,( le dije): ciertamente es un buen marido y cumple bien en cama, pero tras un agotadora racha, ahora parece haberse tomado un descanso y me tiene algo descuidada.

Pues si algo puede ayudar este viejo aparte de reparar tu zapato, no tienes más que pedirlo, no sea este pajarillo mañana no pueda levantar el vuelo, mientras se tocaba ya descaradamente su bulto a la vez que reía picaronamente.

Ahí por lo que veo no hay pajarillo hay parece hay un buen pajarraco que esta enjaulado y quiere salir ya, le respondí echando ya el resto una.

—Acertaste tesoro, me respondió—y viendo eres una experta en aves, dime si esto es un halcón o gavilán, mientras ya sin miramiento abría la portichuela del pantalón y sacaba con su ruda mano un pollon que me hizo estremecer nada más verlo.

Su mano libre se metió como un resorte por mis muslos hasta llegar a mis bragas, que tras moverlas hacia un lado con los dedos comenzó a tocar mi mojado conejito.

Suspire y me lance como una posesa a comérsela , cuando dijo, espera que puede entrar alguien y nos pilla aquí en medio, espera me volvió a repetir pues yo no quería soltar aquella rica polla.

Se levantó y poniendo un cartel de “vuelvo en media hora” cerró la puerta y me paso al interior de la sala.

Dijo- ven tesoro ven aquí que tú necesitas atención y de la buena, mientras me llevaba a su alcoba, liberando la cama de la corcha que había sobre ella de un tirón.

Se puso frente a mí quitándose su ropa apresuradamente a la vez que resoplaba, dejando al descubierto un cuerpazo para su edad que sino fuese por el blanco de su abundante vello, diría que tendría muchos menos años.

Y no era para menos lo que de allí colgaba, pues aquellos aproximadamente 20 centímetros de gruesa y gorda polla ya apuntaban hacia mí descaradamente.

Pensé se lanzaba sobre mí, pero ante mi sorpresa me desvestía lenta y delicadamente, besando cada centímetro que dejaba al descubierto, sintiendo como su rudo barba de varios días rozaba y excitaba mi piel.

Alabo mis pechos y mis tiesos pezones a los que dedico un largo periodo, comiéndolos como pocos lo habían hecho antes, pues un orgasmo prematuro delato me tenía en ascuas.

Echo mano a mi supurante y abierto conejo a la vez que me miraba fijamente, mientras sus dedos jugaban dentro de él, observando como mis ojos se entornaban ante tanto placer.

Me beso tras pasar una mano por mi nuca atrayéndome hacia su boca, que ahora avasallaba la mía con pasión y ardor.

Yo estaba mojada como una colegiala en puertas a su primer polvo, cuando con delicadeza me poso sobre la cama con sus rudos y fuertes brazos, abriéndome de piernas y bajando a comer mi conejo como un experto degustador.

Su ruda cara con barba de dos días rozaba mis labios vaginales, dando más placer si cabe junto al trabajo de su experta lengua que hacia mi cadera subiera y bajara como un resorte ante la sabia y maestra intromisión.

Mi segundo orgasmo le sorprendió fuese tan rápido, por lo que en un pequeño paréntesis me dijo –“veo estas mas falta de lo que decías,de un buen macho” ¿de verdad tu marido te trata y te cubre como una hembra así se merece?…

–Fui a responder que sí que lo hacía y que era muy bueno, cuando apenas me dio tiempo pues se incorporó para besarme a la vez que con su mano dirigió su gordo y duro rabo a las puertas de mi cueva.

Lo froto contra ella fuertemente con su dura y gorda cabeza mientras su lengua casi ahogaba la mía arrinconándola en el fondo de mi boca, cuando note que retiraba su mano dejando la cabeza en la puerta de mi gruta y sujeta por mis palpitantes labios que le pedían entrara y degustara de los jugos de su interior.

Fue una clavada seca y certera hasta el fondo de una sola estocada, demostrando el poderío de aquel macho que ahora me cubría como hembra en celo, siguiéndole una larga sesión de fuertes culetazos, haciendo que aquella cama sonara como hacía tiempo seguro no se oía.

Pues el chasquido de los muelles con falta de engrase, no eran capaces de silenciar mis largos y placenteros gemidos que me hacía sacar aquel semental.

Su cuerpo sobre el mío con mis piernas ahora sobre sus hombres hacía la clavada aún más profunda y placentera, dándole rápidamente mi tercer orgasmo, motivando aún más si cabe aquel monstro del sexo y placer.

Su cuerpo olía a macho y a piel curtida con la que él trabajaba y reparaba el calzado, haciéndome excitar más aun hasta llegar a un clímax difícil de explicar con palabras.

Retiro sus labios de los míos para volver a mirarme fijamente a la vez que aceleraba su respiración y sus brazos apoyados sobre la cama separaban un poco su tronco del mío, mientras su cadera castigaba gustosamente la mía con fuertes embestidas.

Su masculinidad se reflejaba en su ronca respiración junto a su mirada dura pero a la vez entrañable, notando como sus ojos ahora se perdían un instante en el vacío , a la vez que una agitada respiración y unos golpes secos ( por no llamarlos pollazos en toda regla) delataban me estaba llenando de su jugosa y pastosa nata que mi conejo bebía y tomaba con ansia.

Fue larga y cuantiosa su corrida, pues parecía tenia allí reservado lo de los años a la espera de un sediento conejo.

Quedando al final tumbado sobre mí, que como premio a tan buena labor, una le había regalado mi último orgasmo largo y profundo casi al unísono del suyo.

Lo tenía abrazado fuertemente y no quería soltarlo, pues no deseaba perder el encanto de ese momento donde su fuerte respiración hacía de su masculino pecho un muro de placer para mis pezones.

Él se sentía macho que había follado bien a aquella hembra en celo, pues sus palabras y movimientos eran de una masculinidad que hacían de mí una sumisa.

Sin levantarse y aun con su rabo morcillón dentro de mí, me volvió a mirar y con tono más cariñoso me dijo: ¿te quedaste bien servida o vas a necesitar otra sesión antes de irte con tu marido?.

Servida y más que servida estoy, le respondí cariñosamente.. Pero si después de una reconstituyente ducha contigo donde me voy a recrear en degustar y comer como nunca te lo hicieron en este enorme apéndice que dios te ha dotado, si te quedan fuerzas te pediré me vuelvas a montar con la pasión que me lo acabas de hacer, a ver si me dejas con tan pocas fuerzas que vas a tener que llamar a mis esposo a que venga a recogerme a tu cama.

Resoplo como un toro ante mis palabras y dijo-: Tesoro, hoy tú te aquí te vas follada y requetefollada y mañana vas a volver a que vuelva a cubrirte como hembra en celo que busca su macho la monte y la satisfaga, y si quieres que tu marido nos vea mejor que mejor y así aprende como se da placer a una dama.

Ummm le dije, quiero tus palabras en hechos y espero así sea, pues mi esposo es liberal y cuando le cuente que he encontrado un machote que sabe meterla bien, seguro se apunta a la fiesta y veras como entre los dos me hacéis ver el paraíso, aunque tú solo ya te vales…

Y sin perder más tiempo pasamos a la ducha donde yo solo vi una manguera y ¡que manguera¡, pues parecía aquello forjada en acero , atendiendo tanto mi boca como mi castigado conejito al que volvió a darle de beber hasta saciarlo y casi ahogarlo.

Lo que sucedió después y al día siguiente se los contare en mi próximo relato, agradeciendo y esperando vuestros amenos y gratificantes comentarios que me hacen ponerme a tono y animarme a contarles mis vivencias.

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