El viudo se venga de su cuñada

En síntesis, viudo empieza a follarse a su cuñada hasta que esta le deja una vez se ha arruinado. En un golpe de suerte este conoce a una chica programadora informática con un atractivo proyecto entre manos. Hay muchas más cosas, pero para saberlas hay que leerlos. 😉

Todos los días salía de mi oficina a las seis de la tarde como un clavo, no perdonaba un solo minuto.

Cogía el metro en Alonso Martínez que me llevaba directo a casa de Pitusa a la que llegaba unos 40 minutos después. Habíamos quedado que yo prepararía el plan de negocio, presentaciones y todos los detalles de la puesta en marcha mientras ella seguía con las programaciones informáticas.

Al contrario de lo que se pueda pensar aquellas tardes en Aluche no era una orgia contante en la que mi polla pasaba más tiempo dentro de los agujeros de Pitusa que fuera. Todo lo contrario, nos dedicábamos a trabajar duro y si se nos pasaba por la cabeza ponernos a fornicar.

Cierto es que algún fin de semana en el que yo me trasladaba a su casa. Cuando ella volvía tarde de su trabajo como camarera de eventos, solía despertarme con ganas de bambo y bambo recibía. Era polvos salvajes que nos quitaban las tensiones y a ambos las telarañas. Como me esperaba Pitusa no cumplía con su promesa de no catarme de nuevo.

Me pedí el día libre la primera vez que tuve que presentar mi proyecto a dos amigos con pasta. Me puse mis mejores galas y me reuní con Pitusa antes de la reunión definitiva. Mi plan era levantar 100.000 euros a cambio de un 10% de la empresa y poner nuestro algoritmo a funcionar. La cosa no era tan sencilla como darle al botón y ya estaba. Necesitábamos contratar servidores, equipos, chorro de datos. No. nos valía una fibra normal, además de eso, necesitabamos unas oficinas y sobre todo tres meses de sueldo para ambos sin recibir ni un solo resultado.

Mis amigos nos recibieron en sus oficinas con todo sonrisas, era inversores profesionales y nos escucharon con atención. 100.000 euros era mucho dinero para jugarse a una carta por un modelo que no había sido realmente testado. Era invertir en un test que de funcionar se convertiría en oro, pero de no funcionar haría que se perdiese todo el dinero.

Uno, ósea yo, que basó su fortuna en sus dotes de negociación logró finalmente que mis amigos se arriesgasen a meter pasta en el negocio. Estuvimos horas encerrados discutiendo los pasos a seguir. Quedamos que de salir adelante el testeo, invertirían 10 millones de euros en la empresa, pero esta vez a una valoración de un 10% de manera que ellos se quedarían con un 19% y nosotros con un 41 y un 40 respectivamente. La segunda valoración fue la más complicada, después de arriesgar 100.000 del alá con muchas posibilidades de perderlos, los 10 millones en caso de tener que meterlos, deberían estar muy seguros. Ellos querían una mayor valoración, nosotros una menor valoración.

A punto de acabar la reunión Pitusa se fue al baño.

– ¿Ósea Cesar que no has podido encontrar una más mona que te programe el algoritmo?.

– No será muy mona, pero lista es un montón y además la chupa que no sabéis como.

– Que cabrón te la estas follando – y entró Pitusa en la sala imaginándose de que hablábamos, nosotros nos callamos.

Salimos a la calle, incrédulos. Teníamos el capital que necesitábamos y estábamos listos para empezar a darle fuerte. Pitusa me miraba como si fuese un genio, en una sola reunión había logrado cumplir con mi palabra.

Todo fue muy rápido. Alquilamos una oficina barata cerca de casa de Pitusa, esperábamos que fuese algo momentáneo por lo que no nos preocupo que fuese un edificio bastante vacío pero con unas vistas sobre el skyline de Madrid importantes. Casi todo el día los pasábamos ligeros de ropa pues Madrid ya tenía una temperatura muy alta y nos daba todo el solazo, por supuesto la oficina no tenía aire acondicionado.

Contratamos los servidores, volcamos el programa sobre el nuevo equipo. Pitusa programó todo y finalmente le dio al botón de “start”. Los dos nos quedamos mirando la pantalla.

– pues bueno, en tres meses sabremos si te has quedado sin amigos.

– Lo de los amigos no es lo que más me preocupa.

– ¿Y que es?

– Que funcione. Nuestro futuro va en ello.

Básicamente el sistema funcionaba solo chupando información de todos los medios de comunicación online del mundo y con ellos ir tomando decisiones que iban afinándose según se iba recibiendo más y más información. Pitusa quería poner solo noticias financieras, pero yo viendo las posibilidades que tenía le pedí también que chupase informaciones deportivas.

El sistema iba haciendo pruebas cada día. Tomaba decisiones, las comprobaba y apuntaba la perdida o ganancia que se hubiese tenido de haber sido algo real una simulación.

Todos aquellos datos se podían consultar desde una ordenador o Tablet.

– Cesar, ¿sabes lo que te digo?

– Pues hasta que me lo digas…

– Llevamos mucho sin follar y hoy es un día especial. Hoy quiero que me des por el culo.

La miré a los ojos.

– ¿necesitamos estar aquí presentes delante del ordenador mientras piensa?

– No que va, todo lo hace solo. Hasta si se va la luz, se pararía, nos avisaría y volvería a donde estaba al volver la corriente. Podemos estar en la playa o follando o haciendo lo que queramos, tenemos tres meses libres.

– Y dinero.

– Y dinero.

– Pues si que va a ser un día especial y si te voy a dar por el culo, pero en Almería.

– ¿Almería? ¿y como piensas llegar hasta allí?

– En coche – y cogí a Pitusa de su mano la saqué de la oficina, la empujé hasta un taxi y de ahí a un local de alquiler de coches. Pitusa iba protestando y diciéndome que no llevaba ropa, pero para cuando se quiso dar cuenta estábamos ambos en un golf descapotable alquilado en ruta hacía Rodalquilar en el Cabo de Gato sin maleta, sin reservas y sin más intención que esa noche darle por el culo.

Por si no la conocíamos ya, nos volvimos a contar nuestras vidas, yo le hablé de Ana, de María, de Baiona, del Opus, de mis empresas. Ella de sus años universitarios, de lo marginada que se sintió en la universidad, de sus amantes, de sus novios, de su trabajo como camarera, de su programa…

Llegamos a Rodalquilar a eso de las once de la noche, que en horario Almeriense es como decir las 5 de la mañana en otro sitio. No había ni Dios en la calle. Un poco acojonado llame a la casa de una tía que alquilaba apartamentos y que vivía cerca del ayuntamiento. Evidentemente la desperté, pero ver que alquilaba el ultimo apartamento que le quedaba y que no le discutían el precio la hizo cambiar la cara.

Obviamente se sorprendió que no llevásemos maletas. Yo me quede en la puerta pagándola mientras Pitusa pasaba dentro. Cuando logré deshacerme de la vieja y entre en la casa, Pitusa me esperaba desnuda y a cuatro patas en la cama que íbamos a compartir.

– lo prometido es deuda, ya sabes que hacer.

Y recordando la anterior enculada procedí a chuparle su ano con todas las ganas mientras ellas se masturbaba como loca. Gemía como una poseída cuando se la enchufe sin miramientos y sin preocuparme si le dolía o no. Le dolió.

Sin sacársela se dio la vuelta, se cogió sus piernas aguantándolas con los brazos por las rodillas lo cual la dejaban en un ángulo perfecto para mis penetraciones. Me miraba con ojos encendidos.

– sin cuartel, llevo muchas horas esperando por esa polla en mi culo. Dale

Y le di, pero le di como un animal recién liberado. La follé duro para que supiese quien mandaba aquí. Creo que cogió el mensaje cuando se corrió como una cerda a gritos y con lagrimas en los ojos.

Nos pasamos siete días maravillosos. En realidad nos compramos algún bañador para poder pasear por el pueblo, es en la playa estábamos ambos en pelotas. Un poco de crema de sol, unas toallas y unas cuantas camisetas fue nuestra inversión para toda la semana. Follamos como descosidos y en los descansos entre polvo y polvo veíamos con preocupación que nuestro algoritmo no había dado una en sus siete primeras previsiones.

– tranquilo, hasta el día 75 no va a empezar a hacer plenos, folláme y no te preocupes.

Y yo se la metía y me la volvía a follar.

La verdad es que Pitusa no me atraía demasiado físicamente, era una muy agradable compañera de viaje, de tertulia, en la cama y como socia, pero no me atraía como para enamorarme de ella. Simplemente me gustaba follármela, creo que a ella también follarme a mi.

12 semanas son algo que pasa muy lento, realmente la única diversión que teníamos era esperar al final del día a ver como evolucionaba la prueba, siempre era un fracaso. Evidentemente follábamos bastante mientras esperábamos. Sobre todo al principio, nos propusimos ir a la oficina todos los días.

Tal y como Pitusa predijo, el día 75 todo cambio. En la prueba, el sistema había sugerido vender acciones del Banco Popular, como siempre no explicó la razón. Yo me desperté en mi casa y puse la radio, esta anunciaba una ampliación de capital del mencionado banco y que los mercados no se lo habían tomado demasiado bien, la acción caía un 20%. No le di importancia, pero si se la di cuando me llego el sms con la noticia que aquella había sido la apuesta del sistema y por tanto era el primer acierto. Inmediatamente después de sms del sistema llego un whatsapp de Pitusa.

– cógete un taxi y vente a la oficina.

Y eso hice, me puse una camiseta, salí a la calle, pare uno y disfrute del momento los 30 minutos que duró el trayecto.

Cuando entre en la oficina lo primero que vi fue a Pitusa desnuda a cuatro patas con el culo apuntando a la puerta.

– hoy es una noche especial.

Y sin decir ni mu, saqué mi polla de mi pantalón y arrodillándome tras ella se la metí de un solo golpe.

Pitusa emitió un largo gemido de placer y yo empecé a bombear su ano como si lo fuesen a prohibir. Nos corrimos a la vez entre escalofríos y gritos sin dirigirnos ni tan siquiera la palabra.

– que pasada.

– ¿el polvo o la maquina?

– El polvo. Estaba supercachonda y necesitaba celebrarlo.

– ¿Y la maquina?

– Pues te diría que no ha sido ninguna sorpresa, pero te mentiría, cada día que pasaba tenía más dudas, pero a ver que pasa mañana.

Nos vestimos y decidimos ir a celebrarlo. Cenamos por el barrio de tapas, después pasamos a las copas y acabamos la noche en su casa con ella desnuda botando sobre mi cipote.

Los siguientes días fueron un continuo suceder de éxitos. Éxitos que no pararon hasta el día 90 en el que teníamos que reunirnos con nuestros socios.

Los tíos estaban con la boca abierta, Froilán, uno de ellos, incluso hizo unos cálculos sobre que se hubiese ganado si hubiésemos invertido dinero de verdad. Una autentica barbaridad. Ni pestañearon cuando dieron la orden a su banco de trasferir 10 millones de euros a nuestra cuenta y tomar con ello un 10% proveniente de una nueva ampliación de capital.

Pitusa se mosqueo un poco con el argumento de no necesitar ese dinero para crecer como las espuma, pero le recordé que los acuerdos había que cumplirlos.

No hicimos nada los siguientes días en relación a las inversiones. Cambiamos de oficina, cambiamos los equipos de localización y sencillamente dejamos que la maquina siguiese una semana más cogiendo datos.

Nuestra primera inversión fue de 500.000 euros. La maquina nos propuso comprar acciones de Zeltia, una farmacéutica que estudiaba medicamento a base de algas. Llevaba más de un año que ni subía ni bajaba, y al día siguiente la noticia del descubrimiento de un remedio contra el cáncer de colón hizo que las acciones se disparasen. La maquina nos aconsejo no vender hasta el tercer día en que las acciones bajaron un poco, momento en que nos aconsejó volver a comprar. Habíamos ganado 150.000 euros en la jugada y aun teníamos 500.000 euros de unas acciones que no dejaban de subir, a menor ritmo pero que no dejaban de subir.

Éramos ricos, bueno aún no, pero lo íbamos a ser definitivamente. Penetré el culo de Pitusa de nuevo como hacía cada vez que teníamos algo que celebrar.

En un mes habíamos ganado 1 millón de euros manteniendo una cartera 4 millones en acciones y sin haber tocado los otros seis. La maquina puntualmente nos daba consejos que nunca fallaban, evidentemente en ocasiones ganábamos una burrada de dinero y en otras ganábamos menos, pero siguiendo las instrucciones de la maquina siempre ganábamos.

Nuestros socios intentaron comprar nuestra participación por 100 millones de euros para cada uno. Evidentemente les ofrecimos la misma cantidad por su 18%, y evidentemente tampoco aceptaron.

Había pasado un año desde la puerta en marcha de Sober Interprise, las cuentas eran redondas, habíamos ganado más de 30 millones teniendo una cartera de 15 millones de euros en acciones y los famosos seis millones del banco sin tocar.

Pitusa y yo oficialmente éramos ricos después del primer reparto de dividendos. A mi me cayeron 12, 3 millones de euros, a Pitusa 12 y el resto a repartir entre nuestros socios. Evidentemente la vida cambio mucho. Yo recompré mi chalet en El Viso, Pitusa se fue a vivir a un piso de 400 metros cuadrados a Castellana, yo reinicie mi vida social, la cual había dejado por falta de dinero, Pitusa inicio una que nunca había conocido.

Me hizo gracia saber que se había echado por novio a un conocido actor que había conocido en una gala benéfica. Ambos sabían que el tío estaba ahí por su dinero, pero Pitusa, tan pragmática ella, disfrutaba de la situación y era empotrada contra el cabecero de su cama cada noche.

Lo que no me hizo tanta gracia como encontrarme a María en un coctel en la embajada de Italia a la que había sido invitado directamente por el embajador. Nuestro éxito era vox populi y no había sarao que se preciase que no nos mandase una invitación.

En la fiesta había dos clases de invitados, los A y los B. Por supuesto yo era de los A, que éramos los que teníamos libre acceso por una pulserita a la totalidad de la residencia del embajador, los B se tenían que conformar con estar en el jardín.

Yo no la vi a ella, pero ella si a mi.

– Cesar, Cesar – me gritó desde la cinta que separaba a unos invitados de los otros.

Me giré y la vi. Seguía estando tan buena como siempre, alguna arruguilla más, pero estaba igual de buena. Pensé en pasar de ella, pero me pudo más la curiosidad que el rencor.

– Hola María encantado de verte

– El placer es mío – yo sonreí – ya me he enterado de tu éxito, me alegro tanto. Te mereces lo mejor.

– Ya.

– Quería presentarte a mi marido, seguro que os caéis bien y te puede comentar algunos negocios de los que veníamos hablando en el coche.

– Mira María no tengo ninguna gana ni interés en conocer a tu marido. Hubo un momento en que me lo debías de haber presentado, y esto es en tu boda, pero le debí parecer poco – la deje con la boca abierta – ese momento ha pasado.

Me giré y entré en la recepción VIP. Dejé a María con tres palmos de narices.

Me encontré al embajador en nada más dejarla y le pedí un pequeño favor.

– Giovanni por favor, te podrías enterar todo lo que puedas de esa mujer – le dije señalándola.

Me quedé de piedra cuando me enteré que había puesto al servicio secreto italiano destinado en la embajada a realizar el dossier que me entregaron días después.

Esa noche me follé a una modelo italiana que trece meses antes no hubiese mirado para mi. Cuando agitando mi polla después de sacarla de su coño le llené toda su cara de esperma, me di cuenta el pequeño poder que tenía el dinero y que nunca antes había usado. La italiana insistió en quedarse a dormir y yo con buenas palabras la acompañé a un taxi.

Como digo recibí el informe. María 38 años, casada, tres hijos, miembro del Opus dei, casada, el marido era un putero, financiero en graves problemas económicos, casa en Santi Petri, Baqueira y La Moraleja a punto de ser embargadas. Sonreí.

Otro año pasó en el que nuestra fortuna creció de manera exagerada, sinceramente ni Pitusa ni yo sabíamos que hacer con tanto dinero.

Yo seguía follándome modelos y Pitusa a sus artistas diversos. A veces cuando era una noche especial y teníamos algo que celebrar aún le daba por el culo con ganas, pero ya casi nunca había una noche especial porque todas los eran. Seguimos viajando juntos en muchas ocasiones, disfrutábamos de nuestra común compañía.

Por medio del embajador Tomatessi, el famoso Guiovanni, me llegó una actualización del memorándum del dossier de María. Por lo visto cansada de pillar una y otra vez a su marido en renuncios se había separado de él.

Dos meses después de la separación el opusino había dejado de pasar su pensión alimenticia y literalmente se había quedado en la calle cargado de deudas. Las casas se las había llevado el banco, incluida en la que vivía María con sus hijos. Según me indicaban ante esta situación sus amigos del Opus habían dado el apoyo acostumbrado, esto es ninguno. En todo caso habían recibido el desprecio a modo de apestados que este tipo de gente daba a los caídos en desgracia. Escuchas, por supuesto ilegales comentaban que María estaba planeando llamar a un viejo amigo forrado para que le ayudase con su situación.

– Esta dispuesta a todo menos trabajar – pensé en voz alta.

Efectivamente no tardó nada en que María llamase a las oficinas de Sober. Mi secretaria tenía orden de putearla. Cada vez que llamaba la tenía a la espera más de 20 minutos para finalmente decirle que había tenido que salir. Llegó incluso a venir a mi oficina para oír de mi secretaria que estaba ocupado mientras a través de la cristalera veía como leía el Marca con los pies encima de la mesa.

Finalmente fui yo la que le mandé un sms al teléfono que tantas veces había dejado.

– a las 11 de la noche mañana en mi casa. Conoces la dirección, seguramente hasta tienes llaves. Úsalas.

Como cada día, el día paso de una manera muy tranquila. A pesar de lo acertada que había sido nuestra maquina, en Sober Interprise no tomábamos riesgos ni metíamos todas las manzanas en un mismo cesto, no queríamos ver como la maquina fallaba y lo perdíamos todo.

Llegué a casa a las ocho de la tarde después de pasar en la oficina más de una hora charlando con Pitusa. Le puse al día de lo que iba a suceder esa noche en casa.

Me duché, me puse una copa, puse música, cené algo y me puse a leer mientras esperaba.

El sistema de luces del jardín me avisó que alguien entraba. Cogí mi teléfono y apreté el botón de enviar a un mensaje que previamente había dejado escrito.

– estoy en el cuarto de la música.

Oí la puerta de la casa y unos segundos después vi que María entraba en el cuarto. Hay que reconocer que la tía estaba buenísima. A sus 38 años la verdad es que aun estaba de infarto, desde luego no tenía esa belleza perfectas de las modelos que me follaba, pero tenia algo.

– siéntate por favor – le dije, aunque no me levanté como muestra de amabilidad.

– Gracias

– ¿Quieres tomar algo?

– Lo mismo que tu.

– Pues ve a la cocina y póntelo – la tía se quedo a cuadros por mi falta de atención.

María se levantó y contoneando su culo salió del cuarto. Volvió minutos después con una copa en la mano.

– ¿Y bien? – dije

– Pues nada Cesar, quería verte para darte la enhorabuena por tus éxitos empresariales. La gente no para de hablar de ti y yo estoy especialmente orgullosa de poder decir que somos de la misma…

– A ver María, por favor, no me insultes. Corta el rollo y dime que quieres – María trago saliva, se quedó callada y me miró un rato.

– Esta bien. Necesito ayuda. Tengo tres hijos, mi marido, bueno mi exmarido no nos pasa un duro, principalmente porque no quiere. Me he tenido que ir a vivir a Fuencarral pueblo gracias a la ayuda de mis padres, que sabes que no les sobra. He tenido que sacar a mis hijos de sus guarderías y no consigo plaza en una publica, la gente me da de lado y no se que hacer.

– ¿Y?

– ¿Y?, ¿me preguntas y?, pues que va a ser. Necesito tu ayuda para llegar a fin de mes. Necesito que entre algo de dinero en casa y no se que hacer.

– ¿Trabajar?

– En que no se hacer nada

– Hombre algo si sabes hacer.

– ¿El qué?

– Comer pollas

– Y las comería si no tuviese más remedio

– Esta bien saberlo.

– Pero no querría llegar a tanto.

– Bueno, déjame analizar. ¿Te das cuenta que la última vez que nos tocamos físicamente fue cuando mi polla salió de tu culo, el día que te fuiste?

– Bueno, esos son cosas del pasado.

– No, del pasado, del presente. Me dejaste tirado en el segundo peor momento de mi vida. Y eso no lo perdonare.

– Lo siento.

– Pero en honor a la memoria de tu hermana te voy a ayudar, pero no te va a salir gratis.

– Haré lo que sea.

– Perfecto. Te ofrezco 1.000 euros al día – a María se le iluminaron los ojos.

– Me parece genial.

– Espera, aún no te he dicho que quiero a cambio.

– Lo que sea.

– Bien. Vas a pagar con tu cuerpo ese dinero. En una palabra, serás mi puta, en una palabra, dispondré de tu cuerpo para hacer lo que quiera. Firmaremos un contrato que tengo aquí – con una mano señale una carpeta en la mesa – y podre hacer contigo a nivel sexual lo que quiera. Tu podrás decir basta cuando quieras, pero entonces será la última vez que recibas la pasta. Quiero disponer de tu cuerpo y tu mente. ¿Estas de acuerdo? – María se quedo callada un rato

– De acuerdo, ya lo hice contigo antes gratis, no veo por que no lo voy a hacer ahora por dinero.

– Nunca lo hiciste gratis y la palabra conmigo es muy limitada. Firma si quieres – y abriendo la carpeta le pasé el contrato que mi cuñada firmó.

– No sabes como te lo agradezco.

– Ya veremos. Ahora quiero que vayas a mi cuarto, abras la cama, te desnudes y te pongas a cuatro patas.. Dilátate el ojete porque lo vas a usar.

– ¿Sería posible ir poco a poco con mi culo?, ¿no prefieres que te la chupe aquí?

– Clausula 16 del contrato. Obedece sin rechistar – y María salió de la salita.

Fui a la cocina, me puse otra copa y me dirigí a mi habitación. Me senté en mi sillón desde el que tantas veces había contemplado a María masturbarse para mi. La tía seguía estando buena en pelotas, un poco más de barriguita, pero seguía estando cañón. Su tetas colgaban mientras con un dedo se lo pasaba apuradamente por su esfínter. Tenía los ojos cerrados como si quisiera quitar de su cabeza donde estaba y como estaba.

– abre los ojos

– si

– Y ahora me vas a explicar porque te fuiste.

– Lo siento, no podía depender de un hombre que no pudiese permitirse el lujo de mantenerme.

– ¿Y lo decidiste así?, ¿con mi polla en tu ano?

– Si, pero tenía claro que no podía irme sin correrme una última vez.

– Ya. ¿Y que tardaste en volver a correrte?

– Con una polla al menos un año. Volví a la comunidad del Opus donde iba a poder encontrar un tio con posibles. No fue hasta que mi ex me pidió la mano que accedí a acostarme con él.

– ¿Y que tal fue?

– Una mierda. La verdad es que me follaba a lo misionero y ya esta. Yo tenía que completar yo con mi dedo. No había forma de llegar al orgasmo.

– ¿Y tu noche de bodas?

– Igual que las noches anteriores, solo que no me desnudo, le daba morbo follárme vestida de blanco. Cinco minutos de mierda, de mete y saca y se corrió en mi coño quedando muerto a mi lado.

– ¿Y a partir de ahí?

– Lo mismo durante todos los años siguiente, polvos cutres.

– Pues chica eso es lo que recibe la mayoría de la gente durante toda su vida.

– Peor yo, había conocido antes otra cosa.

– Tu renunciaste a ella.

– Tenía que renunciar, pero Cesar por dios métela de una vez que necesito una buena polla, llevo demasiado sin follar.

– Bueno, te la van a meter, de eso estate segura, pero creo que yo no voy a ser esta noche – María me miró con cara de sorpresa.

Apreté un botón y apareció en la habitación Joao. Me gustaría decir que Joao era un semental negro con un cuerpazo de morirse que había contratado para la ocasión, pero no Joan que si que era negro, era un buen tío con el que me había tomado muchas cañas cuando vivía en el barrio de Valdezarza y ahora trabajaba para mi ocupándose de las cosas que yo no podía. Joao no tenía ningún cuerpazo, más bien era un poco barrigon, pero si tenía un pollón como para ponerse a aplaudir.

Siguiendo mis instrucciones, se puso detrás de María y de un solo estacazo le clavó aquel monumento al falo en las entrañas de mi cuñada, la cual soltó un grito desgarrador que inundó la casa.

A María los ojos se le salían de las orbitas, su boca gritaba sin cesar, yo estaba seguro que en ese momento se estaba replanteando todo lo hablado y pedirme que parase el negro y renegar así de mi ayuda económica.

Aunque sus pezones estaba duros como el acero no creo que el dolor y el seguro desgarro le estarían provocando ningún tipo de placer. Simplemente aguantaba como una bestia mirándome con cara de ¿por qué me haces esto?. Yo tenía la polla como un tótem, pero me negaba a metérsela o que me viese masturbarme.

Joao se corrió en su culo de manera cuantiosa, tanta leche sacó que se le escapaba por las comisuras de su culo y le chorreaban por las piernas. María quedó destrozada sobre la cama mientras mi amigo se levantaba y se metía su tranca dentro del calzoncillo. Me levanté y le acompañé hacia la puerta.

– María vístete y vete. Te mandaré un sms cuando quieras que vuelvas. El dinero esta encima de la mesa de la entrada.

No me la cruce cuando volví de acompañar a Joao, me metí en la sala de música y puse a los Stones un rato. Cuando volví a la habitación María había hecho la cama y se había ido.

Pensé en llamar a alguna amiga para follármela, pero simplemente me masturbe.

Pitusa me esperaba en la oficina mas nerviosa que otra cosa. Tenía la necesidad que le contase como había ido todo.

– ¿Ósea que firmasteis un contrato?

– Si señorita

– Jo, es como si tuvieses una esclava

– Es un contrato mercantil

– Que fuerte, yo querría uno así para mi. Uno que yo ordene y él obedezca

– Ya lo tienes, cualquiera de los actores, pintores o músicos que te llevas a la cama son así.

– Ya, pero es distinto. ¿Y cuando vas a volver a convocarla?

– Ni idea ¿por?

– Por participar.

– Ja ja. El próximo día que sea un día especial la llamamos y nos la follamos.

– Bueno, por mi perfecto. No te olvides.

Pasó una semana desde mi conversación con Pitusa. Acababa de llegar a casa sin demasiado que hacer. Puse algo de música, abrí una botella de tinto y me puse a leer un libro. La verdad es que el libro era un poco subido de tono y poco a poco me fui poniendo cachondo. Pensé en machacármela, pensé en llamar a una de mis fijas discontinuas y cuando estaba a punto de coger el teléfono me di cuenta de la opción de María. La idea no era una tontería, con ella no tendría que andarme con mamonadas de tomarme unas copas, follármela y después hacer que se fuese, María seguiría mis instrucciones, de acuerdo que me costaría 1000 euros, pero el dinero para mi no era problema.

Mande un whatsapp.

– En media hora te quiero aquí, no quiero que hables, simplemente quiero que me la chupes y luego te pongas en posición para que te folle.

En unos minutos llego un mensaje de vuelta

– en media hora estoy ahí, pero por favor por el culo no, lo tengo en carne viva gracias a tu amigo.

Sonreí.

Deje los 1000 euros en la mesita de la entrada y seguí con el libro.

María entró a la hora acordada. Yo seguí con mi libro. Ella se puso de rodillas delante mía, abrió mi pretina y sacó mi duro nabo metiéndoselo inmediatamente en la boca.

Me la estuvo chupando durante más de 10 minutos, desde luego no había perdido la practica de mamar. La aparté pues quería penetrarla, la hice ponerse de pie y desde mi posición le baje los pantalones y las bragas de encaje todo a la vez. Tiré de ella y la hice sentarse en mi polla.

María empezó a moverse y a gemir, esta vez de placer. Su coño estaba apretado y la verdad era una gran sensación ver como abrazaba mi polla con él.

Empezó a botar como una loca, y poco a poco se fue quitando la camisa que llevaba y el sujetador. Seguía teniendo unas tetas de escandalo, muy parecidas a las tetas de su hermana, aunque un poco más caídas. Yo le mordía los pezones presa de la lujuria y ella respondía con sonoros lamentos de placer. Le di la vuelta y la tumbe en el sofá.. Desde esa posición se veía su cuerpo mucho más espectacular. Me llamó la atención su cicatriz fruto de una cesaría, no me había fijado la vez anterior, era una pena esa marca en un cuerpo tan perfecto, pero me imagino que estas son cosas de la vida.

María se retorcía gracias a mi ariete que entraba y salía coño con fuerza de su abierto.

No pude resistir la tentación de metérsela en la boca cuando estaba a punto de correrme. Le llené la boca de blanca esperma. María no sabía si tragárselo o escupirlo. Hizo lo adecuado, se lo trago, el cliente debe de quedar satisfecho.

Vístete y lárgate.

No me dijo nada más.

Pasaron dos semanas desde mi último polvo, la verdad es que era un día bastante bueno a nivel laboral. La maquina del diablo, como ya empezábamos a llamarla había recomendado comprar literalmente acciones de la empresa con peor valoración en la bolsa de Francia. Desde el momento que compramos 2 millones de euros en acciones hasta el cierre de los mercados, la acción se había revalorizado un 87%, eso significaba que nuestro paquete pasaba a valer 174 millones de euros, un autentico pelotazo. Nos pasamos el día mirando a la maquina por si nos sugería vender, cosa que no hizo. Estaba claro que ese era un día especial.

– hoy es un día especial – me dijo Pitusa.

– Hoy no puedo. Tengo una cena programada desde hace mucho.

– Pues perfecto, mañana entonces.

Mandé un mensaje a María convocándola para el día siguiente a las 23 horas en mi casa.

La segunda cosa curiosa que paso ese día fue que recibí un mensaje de los padres de Ana, por tanto los padres de María. Mis suegros. Me invitaban a comer al día siguiente a su casa, no era algo habitual y solo lo habían hecho unas cinco a seis veces en todos esos años. Acepté.

Volví pronto a casa de mi cena, no era cuestión aparecer en casa de mis suegros con resaca.

Llegué cuando mi suegra aun estaba en la cocina y me senté a hablar con mi suegro en el salón. Me felicitó por mi éxito y me comentó que iba a venir María a comer. Me explico, yo ya lo sabía, que María había estado muy alejada de ellos porque a su marido no les gustaba que no hubiesen rechazado públicamente a su sobrino Juan Luis, gay salido del armario. Para el tarado y putero opusino era una inmoralidad no quemar a los gays, y pecado mortal, al que el no quería verse abocado, tratar con esa chuspa. Me explico que desde su separación la chica había vuelto a tener relación con ellos e incluso le ayudaban con lo que podían. Me dio las gracia porque había sabido que yo ayudaba también a su hija – si tu supieras como se gana la ayuda – pensé.

María llegó cargada de niños. Es alucinante ver a la gente pija sin dinero como llevan de emperifollados a los niños. Según me dijo el padre de Ana eran mis sobrinos, lo cierto es que si no me lo llega a decir jamás los hubiera visto así.

Todo fueron todo atenciones hacía mi por parte de todos, incluso los niños me cantaron una canción.

Me despedí de todos a media tarde con un “a ver si nos vemos pronto”.

Volví a casa. Leí un poco. María llego a su hora, siguió fielmente las instrucciones recibidas. Camisa ajustada sin sujetador, falda abierta y zapatos de tacón. Tal y como le indicaban las instrucciones pasó directamente a mi cama se tumbo y se ajusto unas correar que salían del cabecero de la cama y que más tarde ajustaríamos.

María esperó con la respiración acelerada más de 10 minutos. Ante su sorpresa una desconocida para ella, Pitusa, entró en la habitación y se la quedó mirando. Ajustó las correas hasta dejar los brazos de mi cuñada en tensión por encima de su cadera y poniendo una correa en cada uno de sus tobillos abrió sus piernas dejándolas fuertemente atadas a las patas de la cama – ummm un día tengo que probar yo esto – pensó mi socia.

Pitusa le rasgó la camisa.

– no pongas esa cara, con los 1000 extras que te voy a dar yo te podrás comprar un ajuar entero.

Y pellizcó uno de los rosados pezones de mi cuñada, esta se convulsiono. A continuación le dio una larga lamida al mismo pezón, acabó con suave mordisco en él. Pitusa se elevó y se sentó en la cara de mi cuñada. Esta empezó a lamer la raja de mi socia y amiga.

No lo debía de hacer mal, pensé al entrar en la habitación pues los gemidos de Pitusa se oían desde el jardín. La escena era extremadamente excitante. María con la falda abierta y sus bragas con una mancha en medio de ellas fruto de su flujo y Pitusa agarrada al cabecero gimiendo como una descosida. Era un día especial y así lo habíamos acordado.

No tuve que dar más de tres chupadas a su ojete para que este se abriese como la cueva de ali-baba. Apoyé mi glande en su agujero negro y de un golpe de cadera introduje todo mi falo hasta el fondo.

Pitusa gemía por dos placeres distintos pero muy satisfactorios, a mi me estaba poniendo a cien volver a tomar posesión de aquel culo que de alguna manera me pertenecía a la vez que martirizar la cara de mi cuñada con un intenso abofeteo de mis huevos en ella.

Me corrí como un crio en el ano de mi socia mientras ella seguía siendo mamada. No se apartó de la boca de mi cuñada hasta mucho después. Para cuando se corrió y se apartó, toda la cara y pecho de María estaba recubierto por el semen que había huido de su ano y había bajado por la raja de su culo.

María estaba a cien, no se atrevía a pedirlo pero quería polla. Pitusa la desató y la puso a cuatro patas. Evidentemente su culo estaba más que curado por lo que solo gimió cuando introduje mi ya recuperada polla en el ano de mi cuñada. María gritaba de placer mientras yo la montaba con fuerza. Pitusa se abrió de piernas delante de mi familiar y agarrándole la cabeza la hizo volver a meterla entre su peludo coño. Pitusa se unió a la sintonía de gritos y jadeos.

Saqué mi colla de aquel coño y fui a poner una copa. Cuando volví con la bebida en la mano Pitusa y María realizaban un muy animado 69. Me senté en el sofá a ver el espectáculo. No sabía si unirme y acabar con todo aquello o hacer algo diferente. Tenía el día tonto.

Salí de la habitación y fui a buscar las cosas.

En medio del salón puse una silla de madera de estas con brazos. Busque en el armario de los juguetes. Cogí un vibrador de esos en forma de mazo. El tipo que es una barra con una cabeza vibradora. La coloqué en el asiento amarrado con cinta americana. El interruptor quedaba mirando para arriba.

Volví a la habitación con un antifaz y se lo puse a María. Pitusa me miró y sonrió.

Cogí a mi cuñada del hombro y la dirigí hasta el salón procurando que no chocase con nada. La senté en la silla de manera que la cabeza del masturbador quedaba en medio de su coño.

Até sus piernas a las patas de la silla y sus muñecas a los brazos de la misma. Encendí el vibrador a la máxima potencia. Pitusa me miraba con curiosidad.

– la vas a matar de gusto.

– Ya te digo. Tu túmbate en la alfombra y abre las piernas que te voy a follar el coño que hace mucho que no te lo follo.

Pitusa se tumbó y abrió sus piernas. Se pasaba un dedo por su raja mientras esperaba mi penetración. Le quité el antifaz a María que ya tenía su cara desencajada de gusto. Estaba claro que las chupadas de coño de Pitusa le habían dejado el chichi hipersensible.

María nos miraba con ojos de placer mientras yo me follaba duramente a mi socia la cual movía su cadera al compas de mis penetraciones y se pellizcaba los pezones gimiendo sin parar.

Mi cuñada gritaba victima de un orgasmo tras otro, yo atizaba el coño de la informática sin cesar.

Creo que María estaba en las puertas de un ataque cardiaco cuando eyaculé en la barriga de Pitusa.

La hubiese dejado un rato más con el vibrador funcionando pero Pitusa me dijo que parase el aparato que la chica estaba reventada.

Cuando la desatamos estaba cubierta en sudor y un charco liquido quedaba en la madera donde había apoyado el culo y el chumino, aquello era recuerdo de los múltiples orgasmos de la chica.

Con toda la dignidad que pudo María se vistió y salió de la casa no sin antes coger su sobre con 1000 euros.

Disfrute de la compañía de María tres o cuatro veces al mes a lo largo de los siguientes años. Realmente no sabía gran cosa de su vida fuera de mi casa, ni lo sabía ni lo quería saber, simplemente me interesabna de ella sus agujeros. A veces pensaba que me quedaba sin ideas sobre que hacer con María.

Le hice follar con hombre y mujeres en mi presencia. La utilicé en orgias, gangs bangs e incluso un bukkake en el que no participé pero lo disfrute mucho junto a Pitusa a través de una pantalla en el salón de la música. Realmente estas cosas eran excepcionales y procuraba no abusar, lo normal es que me la follase yo solo o acompañado de mi socia, que alguna vez la disfruto ella en exclusiva.

Pitusa y yo habíamos cogido como costumbre follárnosla el primer martes de cada mes. Nunca fallábamos.

María nunca se quejó, nunca puso mala cara.

Me quedé de piedra cuando recibí una invitación a una nueva boda de María. Invité a mis suegros a comer a casa para que me contasen.

No pude evitar una ligera sonrisa cuando mi suegro se sentó en la silla de madera que tantos orgasmos había hospedado a su hija.

Mis suegros me comentaron que María llevaba más de un año con un hombre del Opus Dei, un hombre bien situado económicamente y que al igual que su hija se vio obligado a divorciarse de su mujer que finalmente resultó no ser lo que se esperaba de ella, por lo visto la pillaron acostándose con su jefe.

– por lo menos esta chica no se iba de putas como el sinvergüenza del padre de los niños – refiriéndose a sus nietos.

Los padres de María me comentaron que aunque no les gustaba un pelo el casarse pues a los ojos de dios ya estaban ambos casados, pero habían decidido ser pragmáticos y legalizar su situación, única manera que ambos, tan conservadores ellos, pudiesen hacer una vida en común.

No me pude resistir una semana antes de la boda.

– en media hora te quiero en casa, te voy a dar por el culo – mandé por whatsapp.

– Allí estaré, será la última vez, espero que lo entiendas – me contestó inmediatamente.

María llegó puntual. Como de costumbre no dijo nada, mirándome a los ojos se desnudo, se puso de rodillas, apoyó sus manos en la madera del suelo y separó un poco sus piernas mostrándome su rosado coño y su oscuro ano.

Saqué mi polla de su escondite y después de jugar con mis dedos en su ano introduje mi nabo en su no tan cerrado culo.

Me encantaba darle por el culo. Desde el primer momento que se la metí hacía ya muchos años de eso, me volvía loco. No solo era un tema del morbo que representaba darle por el culo a mi propia cuñada, ni el morbo de darle por el culo a una tía tan conservadora que luchaba en esa perdida batalla entre su placer y sus convicciones. La principal razón es que la tía tenía un talento natural para le sexo anal y con pocas mujeres he tenido más placer que sodomizando a mi cuñada.

Le agarraba de las caderas dándole fuertemente.

– ósea que te casas.

– Si, espero que vengas

– ¿desde cuando lo conoces?

– Salimos desde hace un año.

– ¿Y que tal con él en la cama?

– No me ha tocado aún

– ¿Y entonces por que te casas?

– Necesito un hombre a mi lado, necesito un padre para mis hijos.

– Y pasta

– Y una situación económica acorde con lo que yo me merezco.

Le di con saña por última vez, María se sobaba el clítoris mientras mi polla entraba y salía de su dilatado ano hasta que ambos nos corrimos a gritos y espasmos.

Por ultima vez María recogió su dinero sin despedirse y salió por la puerta de casa.

Intenté convencer a Pitusa que me acompañase, le dio pereza, en su lugar llevé a Ibonna Kovacic, la modelo croata mas conocida del momento al haber sido la imagen de Wonderbra en los últimos años.

Si mi presencia de por sí ya generaba un revuelo, que Ibonna viniese conmigo impresiono a todos los presentes, bueno a todo el mundo no, a María no.

Esa noche jodí a la croata mientras pensaba como sería la segunda noche de bodas de mi cuñada, no fue hasta que me corrí en la boca de la modelo cuando quité el previsible aburrido polvo de María de mi cabeza.

El primer martes del mes dudé en ofertarle a Pitusa que viniese a casa a follar. No hizo falta proponer nada, un mail de mi socia me quitó las dudas.

– me voy a casa, a las nueve en la tuya como siempre.

Preparé algo para cenar, abrí una botella de vino, puse música y esperé a Pitusa.

Pitusa llegó puntual como siempre, me sonrió mientras se quitaba la ropa.

– lo siento chato, no tengo tiempo para cenas, por un lado vengo caliente de cojones, ya sabes tres semanas sin follar, y además a las dos de la mañana tengo que estar en casa.

– ¿Y eso?

– Viene mi hermana en coche desde Huelva y se queda en mi casa. Llega sobre esa hora.

María se puso a cuatro patas.

– ¿hoy ha sido un día especial?

– Podemos decir que si.

Y la penetré hasta el fondo de su ano.

Pitusa gemía como una loca ante la sensación que mi polla le producía en su culo. No era el culo de María pero desde luego no me podía quejar.

Pitusa gritaba de placer mientras con una mano se tocaba el coño. Nos quedamos ambos parados cuando por mi espalda apareció María desnuda y se tumbó abierta de piernas mostrando su cuidado coño enfrente de la cara de mi socia.

– ahora que ya no dependo económicamente de vosotros, permitiréis que me siga uniendo a vuestras fiestas – dijo mi cuñada ya tumbada y con una mano abriendo sus labios y con otra dirigiendo la cabeza de Pitusa hacía su coño.

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