En la discoteca

Soy un tipo de 40 años, nada del otro mundo. Siempre me han
gustado los chicos jovencitos, son mi debilidad y para ellos siempre estoy
dispuesto.

Sábado por la noche. Había pasado la noche con los amigos,
divirtiéndonos por los locales de Chueca. Pero como casi siempre pasa, si estás
a divertirte con los amigos, no sueles ligar con nadie. La verdad es que estaba
muy caliente. Pensé en ir a algún sitio donde poder intentar ligar con alguien.

Serían más o menos las tres de la mañana, cuando decidí irme
solo a una discoteca madrileña de moda. Un local hetero, ya que es lo que más me
gusta, currarme a los chavales salidos que lo mismo les da una cosa que otra con
tal de satisfacer sus instintos sexuales.

Después de mucha bebida y bailoteo, me entraron unas ganas de
mear enormes, por lo que me fui rápidamente a los servicios. Cuando entre, vi a
dos chicos, de unos 20 años que debían pretender tomarse unas rayas. Cuando me
vieron se metieron en un servicio y cerraron la puerta para estar en intimidad.
Meando estaba cuando entra otro chico que se coloca en un meadero a cierta
distancia de mí. Se sacó el rabo y comenzó a mear también.

No lo pude evitar y miré hacia donde estaba el chico. Se
colocó a cierta distancia sin arrimarse mucho al meadero, lo que me permitió
observar su picha. Me quedé de piedra. Estaba flácida, pero mediría más de 12
cm. Se me caía la baba. Como soy tan descarado y no me corto un pelo cuando me
pongo cachondo, no le quité la vista de ese cacharro. El chico me vio mirándole
y sonrió. Se guardo su rabo pero en lugar de irse, se metió en un servicio
animándome a entrar con él. Desde luego no me hice de rogar.

Cuando entré, el chico cerró la puerta con el cerrojo y me
sentó en el inodoro. Se bajo el pantalón, el calzoncillo y me dijo: “Esto es lo
que mirabas, cómetelo”. Desde luego que lo hice, se la agarré y me la metí en la
boca aún en flacidez. ¡Que buena estaba!. Aquello empezó a crecer hasta que
llegó a los 22 o 23 cm. El chico gemía como un poseso con la mamada que yo le
estaba propinando. Yo, inmerso en lo que estaba haciendo no me di cuenta de que
los chicos de la coca, estaban asomados por arriba del servicio, seguramente
alertados por los gemidos del mamado, que reculo sacándome la polla de la boca
al darse cuenta de que nos miraban.

Así estábamos los dos, él de pie y yo sentado, los dos
mirando hacia arriba. En esto que los otros dos chicos le preguntan al otro:
“¿Qué tal la chupa?” el chico les contestó: “De puta madre”. Los mirones le
dicen al chico: “¿Podemos ir también a que nos la chupe?, Y el chico acepto. Los
dos se bajaron, salieron de su servicio y entraron en el que ocupábamos. Yo solo
pensé: “menos mal que es amplio”.

Uno de los recién llegado me levantó del inodoro y se sentó
él diciendo que estaba un poco cansado. El otro me agacho la cabeza para que se
la comiera a su amigo que ya se había sacado el rabo. No me corté un pelo.
Comencé a comérsela mientras el amigo hacia el movimiento del sube y baja con su
mano. El primer chico parece que no quiso quedarse sin su goce, por la llegada
de los otros dos, me bajó los pantalones y comenzó a tocarme el culo. Me metió
los dedos ensalivados por el agujero y se decidió a follarme. Acercó su polla a
mi hambriento culo y me la metió. ¡Joder que gustazo!. Lo que más me gusta, una
polla en el culo mientras tengo otra en la boca. Me culeó unos minutos mientras
yo seguía mamando como un desesperado. El chico que estaba libre, le dijo al
otro que también me quería follar. El chaval saco su polla y se retiró un poco.
El otro se puso detrás y me traspasó de un solo golpe. Al minuto, mas o menos,
me la sacó, dejándole espacio al otro que ocupo su lugar y también me la clavó
de un golpe. Estuvieron turnándose en mi culo cada medio minuto aproximadamente.
El otro chico seguía sentado y recibiendo la mamada de su vida según el, y yo,
de pie en ángulo recto y recibiendo polla por los dos lados.

Pasó algo más de 15 minutos, cuando los que me follaban
estaban ya a punto de correrse. Uno le preguntó al otro: “¿Dónde le damos la
lefa?. A lo que el otro le contestó: “¡Dentro de su culo! A estos maricones les
gusta que les llenen el culo de leche”. El que por su turno me estaba follando,
pegó un grito y se corrió dentro de mí. Sentí como me llenaba con su semen.
Cuando terminó, le dejó al otro y me la metió hasta vaciarse también en mí. En
esta ocasión no sentí nada, ya que en ese preciso momento el que estaba siendo
chupado por mi, me sujetó la cabeza con fuerza y con todo su rabo dentro de mi
boca, se corrió, haciendo fuerza para que no me retirara, aún que yo no pensaba
hacerlo y me la comí toda.

Los tres se vistieron y se marcharon sin decir nada, no me
importó, ya que lo que quería de ellos ya lo tenía. Salí del cubículo después de
vestirme y allí había un grupo de tíos que me miraron alucinados. Seguramente se
dieron cuenta de los que pasaba al escuchar los gemidos de mis tres folladores.
Yo me marché fuera y continué la noche bebiendo y bailando.

Ya sabéis, si sois jovencitos y machos, yo siempre estoy
dispuesto.

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