En la playa

Era martes cuando mi novia y yo fuimos a la playa. Íbamos pertrechados con todo lo necesario para pasar todo el día, incluyendo sangría bien fría para hacer más agradable el día de calor que hacía.

Al llegar a la playa vimos que estaba muy vacía, cosa que nos animó ya que no nos gustan las playas atestadas de gente. Buscamos un sitio que nos gustase y plantamos la sombrilla y la toalla, yendo enseguida a darnos un baño de bienvenida. Al salir del agua vimos que una pareja de unos 45 años se había colocado no muy lejos de nosotros, eso me fastidió porque tenía pensado aprovechar la tranquilidad de esa playa para convencer a mi novia de que hiciese topless y, además, poder acariciarla por todos lados sin que me dijese que parase por la gente.

La mañana se pasó volando y llegó la hora de comer, nos dimos un baño previo y dimos buena cuenta de la comida y de la sangría, que con el calor entró demasiado bien. Después nos echamos para dormir un rato y pasar el tiempo prudencial tras la comida, antes de bañarnos. Al despertarme vi que el hombre miraba de vez en cuando a mi novia cuando su mujer estaba con la lectura, lo cual entendía perfectamente, mi novia tiene un culo grande y bien puesto, que estaba realzado por el bikini tipo brasileño que llevaba. Los pechos no son muy grandes pero son redonditos y tienen unos pezones centrados que se abultan cuando se excita, rodeados por unas aureolas no muy grandes…que da gusto verlos, tocarlos y, más aún, comerlos.

Me senté porque estaba aburrido de estar tumbado y vi de refilón como nuestro vecino seguía mirando a mi novia que estaba tumbada boca abajo. Me volví a tumbar y le dije a mi novia que tenía un espectador admirándola. Ella me dijo que mirase lo que quisiese, que ya que a mí no me importaba, a ella menos. Esa respuesta y la forma en la que hablaba, como insinuándose, me mostró que la sangría le estaba afectando lo justo para que se desinhibiese. Ella no suele beber y en cuanto toma alguna bebida con alcohol le afecta enseguida.

Al poco fuimos a darnos un baño y, al pasar al lado de la toalla de nuestro vecino, bajé la mano que llevaba en la cintura de mi novia hasta su culo, asegurándome que él estaba mirando y que su mujer seguía inmersa en la lectura.

Cuando eran cerca de las 19:30, se fue la última pareja que quedaba en la playa cerca nuestra. Ya sólo quedábamos el vecino mirón con su mujer, mi novia y yo; el resto de la gente que había en la playa estaba muy lejos. Poco después, la mujer del vecino se quitó las gafas, guardó el libro que estaba leyendo y se fue a andar tras decirle algo al hombre. Ahí fue cuando ya el vecino, viéndose libre de la vigilancia de su mujer, miraba sin ningún disimulo a mi novia.

Le dije a mi novia que el hombre no paraba de mirarle el culo, que se notaba que le gustaba mucho. Ella no se movió y me dijo: “¿y a ti te gusta lo que se ve?”, a lo que le contesté que sabía de sobra que me encantaba su culo y me puse a sobárselo. Mientras estaba en ello, miré a nuestro vecino, comprobando que no perdía detalle de lo que pasaba en nuestra sombrilla. En eso que mi novia me pregunta si nos sigue mirando, y le digo que sí, que no se pierde detalle, de hecho se había sentado para poder ver mejor. Se ve que eso calentó aún más a mi novia pues su respiración se hizo un poco más fuerte. Yo también me estaba calentando y mi mente ya estaba tramando algo, y como vi que ella parecía bastante desinhibida, me arriesgué y le dije lo que se me estaba ocurriendo: que ya que no le importaba que le estuviese mirando y sabiendo, por haberlo hablado muchas veces estando en casa contándonos las cosas que nos dan morbo, que a ella le ponía la idea de que nos mirasen, estaba pensando en invitar al vecino a que viniese a nuestra sombrilla. Ella se quedó un segundo sin decir nada, y noté cómo se excitaba un poco más, cosa que me extrañó y me calentó aún más, porque esperaba que ella hubiese dicho que si estaba loco, pero lo que sí que no me esperaba es lo que me contestó al final: “Por mi vale, ¿serás capaz de hacerlo?”. Me puse como una moto, me estaba dando permiso para algo que nos calentaba a los dos pero que nunca había pasado de ser una mera fantasía en momentos de calentón mutuo. Le contesté que ahora iba a ver si era capaz, la besé, me senté de nuevo con una mano en su culo y le hice señas al hombre de que se acercase. Él se quedó extrañado, no se creía que fuese a él, miró alrededor por si estaba haciéndole las señas a otra persona pero al percatarse de que no había nadie más me preguntó que si era a él. Le indiqué que sí, que se acercara. Al principio con dudas, se levantó de su toalla, miró a la orilla por donde se había ido su mujer y, luego, se dirigió a nuestra sombrilla. Cuando estuvo casi en nuestra sombrilla le dije:

– Buenas, te he llamado porque he visto que se ha ido tu mujer a pasear y, como también he visto que no paras de mirar a mi novia, aquí vas a poder verla mejor. Espero que no te moleste.

– No…esto…la verdad es que al revés, me encanta que me hayas llamado, pero es una situación que no esperaba.

– Nosotros tampoco, es la primera vez que hacemos algo así. De hecho pensaba que ella iba a oponerse.

Mi novia no decía nada, seguía tumbada boca abajo con la cabeza girada a mi lado, pero se veía que respiraba un poco más fuerte de lo normal, estaba nerviosa y excitada.

– Ahora que la ves mejor, ¿te gusta lo que ves?

– Sí, tiene un buen culo. – No apartaba la vista del culo de mi novia y empezaba a notársele un bulto en el bañador.

– Ven, hombre, no te quedes ahí de pié, siéntate en ese hueco. – La toalla que usamos mi novia y yo es de 2×1’8 metros, y sobraba sitio al otro lado de mi novia.

Él miró a mi novia y se sentó en el sitio, aunque estaba muy nervioso.

– No te preocupes que si veo a tu mujer te aviso pero espero que no se dé cuenta de tu movimiento.

– No se ha llevado las gafas, así que no ve nada de tan lejos.

Había vuelto a quedarse embobado mirando el culo de mi novia y, para provocar más, me puse a acariciárselo en sus narices.

– Me encanta el culo de mi novia, siempre se lo digo, pero ella cree que soy un exagerado, dice que lo tiene demasiado gordo. ¿Tú opinas como yo?

– Sí, me encanta el culo que tiene. Mi mujer casi no tiene nada de culo y no he estado con más mujeres, pero siempre me han gustado los culos como éste.

– ¿Ves cariño como no soy un exagerado? Encima es que cogerlo así, tan gordito y a la vez redondo y bien puesto…

– Sí, es un culo para no parar de acariciarlo.

– ¿Quieres tocarlo? – él me miró con los ojos muy abiertos, mi novia se quedó un momento sin respirar, pero no objetó nada.

– ¿Puedo?

– Ella no ha dicho que no, así que entiendo que no pone pega alguna.

Él empezó a acariciar suavemente la nalga izquierda con su mano derecha, momento en que mi novia dejó escapar el aire en un leve suspiro. No podía creérmelo, estaba dejando que le sobasen el culo y se estaba excitando. Yo seguí masajeando la otra nalga, recorriéndola entera. Él también fue imprimiendo más fuerza y seguridad en el magreo que le estaba dando al culo de mi novia. Ella estaba respirando un poco más fuerte y cada vez se le notaba la piel más caliente, así que aproveché y le metí la mano por debajo de la braguita del bikini, acariciando lo poco que ésta tapaba. Nuestro vecino vio lo que hice y me imitó, lo cual hizo que mi novia se calentase aún más.

Al momento, él se giró para ver si venía su mujer y le dije:

– No te preocupes que en cuanto la vea te aviso.

– Ya, el problema es que tiene que estar a punto de volver, no suele andar mucho, sólo lo hace por estirar un poco las piernas. Los paseos largos los da cuando vamos juntos.

– ¿Te está gustando lo que estás viendo y tocando?

– Muchísimo.

Yo tenía un par de cosas en mente para poner peor a mi novia, no sabía si ella pondría pegas, en condiciones normales no dejaría ni siquiera que hubiese llegado la situación a cómo estaba en ese momento, pero tal y como iba la cosa…

– Pues creo que es mucho mejor si lo ves con menos estorbo…- momento en el que recogí los bordes de la braguita del bikini, dejándola como si fuese totalmente un tanga. Él se quedó embobado y siguió acariciándolo todo. Mi novia ya no podía aguantar los suspiros que se escapaban con nuestras caricias, y menos, cuando nuestro vecino, envalentonado por lo que yo hice, se aventuraba a acariciar incluso por donde estaba metida la braguita. Mi novia, lejos de oponerse, me sorprendió separando levemente las piernas, con lo que facilitaba dichos movimientos.

– Mi mujer tiene que estar a punto de llegar – dijo, pero no dejaba de sobar el culo de mi novia.

– Ok, pero para que haya merecido la pena el riesgo, creo que deberías probar a cogerlo con las dos manos, aunque mejor que desde tu lado es que lo hagas poniéndote aquí sobre sus piernas, así tendrás una visión perfecta.

Ya en el punto que estábamos y viendo lo excitada que estaba mi novia, tenía claro que no iba a poner ninguna pega. Así que nuestro vecino se colocó en posición, miró el culazo de mi novia y, relamiéndose, empezó a acariciarlo con las dos manos. Me di cuenta que se había colocado de forma que su paquete estaba en contacto con la pierna de mi novia, quien estaría notando la erección que él tenía. Al poco, mi novia dijo:

– Creo que para que merezca la pena de verdad es mejor así. – Y cogió la braguita del bikini con una mano por cada lado, levantó un poco el culo y se la bajó, dejando totalmente al aire ese culazo que nos tenía locos a nuestro vecino y a mí.

Nuestro compañero, ensimismado como estaba con la visión privilegiada que mi novia le había regalado, se centró por completo en recorrer con sus manos el culo que tenía totalmente a su disposición. Durante el masaje que le estaba propinando, aprovechaba de tanto en tanto para abrir las nalgas de mi novia con lo que vería sin problemas la entrada de su culo y los labios que debían estar bien mojados, estando cada vez más caliente. Pero unos minutos después, miró en la dirección en la que se había ido su mujer y dijo:

– Muchas gracias por todo, ha sido increíble. Siento mucho tener que dejaros pero mi mujer creo que es esa que se empieza a ver.

Se reclinó sobre el culo de mi novia, le besó las dos nalgas, se levantó y fue a su toalla. Una vez allí, no perdió detalle de lo que aún podía ver en la distancia ya que mi novia aún no se había colocado la braguita del bikini y yo estaba recorriendo todo el culo que él había estado tocando momentos antes. Cuando vi que la mujer se acercaba, le subí la braguita y me acerqué al oído:

– ¿Te ha gustado que otro hombre te haya estado tocando, eh?

– Sí, me ha gustado, sobretodo, porque se ha calentado mucho.

– ¿Ves como tengo razón cuando te digo que tienes un culo increíble? – Besé a mi novia y fuimos a darnos un baño.

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