Encajada en el baño

Tuve que ir inmediatamente a expulsar su semen de mi coño y lavar mis bajos. El problema era que el pequeño baño estaba comunicado con el pasillo de un lado y con el dormitorio donde Anna y Frank jodían a gritos y la verdad es que era un corte.

Después de un momento de vacilación, me dije “que les jodan, esta es mi casa” y cruce el umbral de la puerta con una mano tapando mi agujero lleno de esperma.

Un rápido vistazo al cuarto y la cama me permitió ver a Anna, que era empalada por su amante. Anna gritaba encima de Frank mientras un pollón guiado por pelvis le atravesaba su pequeño cuerpo. Su pelo rojo, que yo siempre había envidiado, se balanceaba mientras ella se movía de arriba a abajo. Él gemía salvajemente mientras sus grandes manos apretaban sus pequeñas tetas. La escena me excitaba un montón, decididamente soy una cerda, acabo de echar el polvo de mi vida y sin embargo no puedo evitar excitarme viendo a otros follar.

Sin cerrar la puerta del todo y después de que ambos me viesen desnuda y con la mano tapando mi coño, me senté en la taza del wáter y cogiendo agua del bidé primero dejé que la lefa cállese para a continuación refrescar mi raja.

A través de la puerta contoneada, seguía viendo a Anna y Frank que continuaban su caliente lucha… Sentía las palabras y gritos de ambos, mis pezones ya calmados de mi propio polvo volvían a resurgir endureciéndose. Mi coño volvía a mojarse por mi vista. La cama crujió alarmantemente cuando entró Mario el baño.

Me gusta follar con tíos de gran tamaño, no puedo decir que Mario sea una excepción, es más Mario es una bestia. Jugador de rugby, centro de mele, pelado, con el cuerpo siempre lleno de golpes y una polla que me hace ver el cielo cada vez que me la endiña.

En el pequeño baño en la que estábamos era demasiado pequeño para los dos, dado el tonelaje del deportista. Nos encontramos pegados el uno al otro, vientre contra vientre.

Su gran polla le caía entre sus piernas

– Tengo que lavar mi … – me susurró

– Veo, veo – le dije mientras le hice sentarse en el bidé para lavárselo, me encanta lavar pollas y ver como poco a poco vuelven a crecer entre mis manos

Yo estaba de rodillas junto al bidé, encajada en la pared de azulejos, me incliné y lo llevé a mi boca ante las risas de Mario. Me gustan limpiar los pájaritos que me acaban de dar placer y sentir el olor del macho.

Como podía, empecé a lamer aquel tronco que poco a poco iba creciendo en mi boca, olvidándome por completo del bidé y del agua, Mario no decía nada simplemente me dejaba hacer y usar mi curioso método de limpieza.

Estábamos encajados por lo que accidentalmente con mis piess abrí un poco más la puerta.

Mario desde su posición podía ver claramente como Anna y Frank jodían sin parar, yo podía oír el crujido rítmico de la cama y a Frank gritar esas palabras que en medio del sexo son música celestial para mis oídos

– zorra, perra, perra – y así sucesivamente y a Anna responder con un “siiiiiiiiii”, hasta que se hizo el silencio.

Mario había logrado llegar a todo su esplendor con lo que llenó mi boca y casi me impedía respirar. Cambié mi técnica girando la lengua alrededor del glande y subiendo y bajando mi abierta boca por el tronco del pelado. Él permaneció en silencio. La cama dejó de sonar y en esos momentos solo se dejaba sentir el sonido de mi pequeña mamada… me sentía como si lamiese un helado caliente …

La puerta se abrió de repente y me golpeó en la espalda, acabé en el suelo, mientras que Mario, desequilibrado por el tirón de polla que le di al caer, cayó desde el bidé con el culo en el suelo. Anna encendió la luz y se rió – ha sido Frank.

– ¿Qué demonios está pasando? – exclamó Mario, tratando de levantarse con dificultad por el espacio confinado y su gran cuerpo.

Mario tenía aun la polla mirando al cielo, a pesar del golpe no se le había bajado.

Anna, enrojecida, con la cara a juego con su pelo y los ojos que tiene toda mujer después de tener relaciones sexuales satisfactorias intentaba entrar en el baño a arreglar el destrozo.

Mario se volvió a sentar en el bidé como pudó y después de que Frank me ayudase a levantarme dolorida como estaba, sin decir una palabra Anna entró en el baño y poniéndose de rodillas se metió el falo de mi amante en su boca.

Me dolía demasiado la espalda como para fijarme en lo que pasaba a mi lado, y no me percaté hasta que Frank me tocó con descaro mi mojado coño introduciendo en él un par de dedos. La verdad es que no me disgustó y casi por inercia mire hacia mi amante para asegurarme que no le importaba. Ni lo pensé ni me extraño cuando vi como Anna con el culo al aire, subía y bajaba su cabeza sobre la pelvis de Mario y este cerraba los ojos como si no hubiese un mañana. Abrí mis piernas para facilitar la entrada de los dedos que Frank me ofrecía y con mi mano empecé a masturbar la resucitada polla del amigo de mi amiga.

Mario gemía, Anna se atragantaba, yo gemía, Frank resoplaba.

Frank me dirigió hacía la cama y tumbándome con las piernas abiertas incrustó la segunda polla de la tarde en mi abierto coño. Evidentemente la polla de Frank era más pequeña y delgada que la de Mario, pero desde luego este sabía como metérsela a una dama, en ese caso yo.

Fran me jodía duramente mientras en el baño y a través de la puerta podía ver como mi amiga movía su desnudo culo mientras le aplicaba lengua a la polla de Mario.

Yo iba y venía de un orgasmo a otro mientras Frank me daba más y más. El cabecero de la cama golpeaba la pared y los muelles y maderas de la misma chirriaban ante nuestras envestidas. Notamos como Anna se posaba en la cama y como Mario la hundía cuando se tumbaba sobre ella y con su gran nabo le desgarraba el coño de una sola envestida.

Ambos estaban especialmente calientes. Mario por la mamada recibida y no finalizada, Anna por la mamada recién realizada y esa gran polla incrustada en su vagina. La cama parecía que iba a estallar.

Los cuatro empezamos a gritar de placer. Estábamos a punto de corrernos los cuatro y así lo dejábamos saber al mundo.

– me viene

– estoy a punto

– dame fuerte

– ya estoyyy

Un gran estruendo inundó la habitación y la cama se rompió en pedazos. El mueble cayó los dos palmos de altura golpeando fuertemente el suelo, lo que provocó que ambas pollas se desencajase de nuestros coños.

Nos quedamos parados mirándonos en silenció.

Nadie dijo nada hasta que una carcajada de Mario inundó la habitación contagiando la risa entre el resto de nosotros.

Entre la risa y los golpes no pudimos acabar el polvo, pero bien es cierto que el resto de la tarde y parte de la noche y una vez acabada la risa tonta, nos cobramos lo no acabado follando sin parar, sin romper nada en esta ocasión.

Anna, Frank, Mario y yo hemos vuelto a follar en múltiples ocasiones juntos. Desde luego nunca los cuatro en una misma cama.

Leave a Reply

*