Encuentro de viejos amigos

Cuando tenía unos 18 años conocí a la hermana de un amigo del club y como todo varón de esa edad, los días pasaban y los eventos sucedían, pero veía en cada chica que se me cruzaba, a un potencial “filito”.

En esa época habíamos forjado una amistad en donde nos encontrábamos prácticamente todos los fines de semana y realizábamos diversas actividades. No solo íbamos al club, sino que por las tardes y noches, solíamos ir a recitales, parques de diversiones, negocios de comida rápida, simples caminatas por la ciudad, etc…

La hermana de mi amigo, a quien aquí llamaré Fabiana, era casi dos años mayor que yo. No era la única chica del grupo, pero ella había logrado fascinarme.

Este relato no tiene la finalidad de ser un racconto de anécdotas de mi infancia, y por ello, me limitaré a contar solo lo que estoy seguro que le interesará a quien aquí, se haya tomado el trabajo de leerlo.

En mi memoria quedó retratado el culo que tenía. Su expresión era siempre pícara, tenía una mirada profunda y una boca llamativa. Típica morocha argentina.

Poco a poco comenzó a gustarme y mi edad, sumada a mi inexperiencia con mujeres, me llevaba a realizar cosas que hoy pueden parecer simples o tontas, pero que en ese momento lograban producir un alza en mi temperatura interna. A modo de ejemplo, recuerdo que intentaba caminar o sentarme siempre a su lado para así lograr pequeños toques o choques de nuestros cuerpos. También intentaba saludarla con besos que rozaran la comisura de sus labios, e incluso, un par de veces, dajaba mi mano – como muerta- justo en donde ella se estaba por sentar para así lograr tocar su trasero.

La realidad es que puedo contar infinidad de situaciones de ese tipo ya que Fabiana era una chica que me motivaba y mucho. Sin lugar a dudas fue la musa inspiradora de mis distracciones solitarias de esa época. No sé por qué razón no intenté plantearle que seamos novios ya que su actitud hacia mi era muy buena. Al ser ella más grande yo suponía que ella se fijaría en chicos de su edad.

En fin, esas juntadas, por cuestiones de esos tiempos, duró poco ya que en menos de dos años dejamos de vernos y cada uno siguió su vida. Nunca más supe de ella ni de su hermano hasta que, gracias a facebook, de pronto, hace exactamente un mes, recibí la notificación de que la bendita Fabiana había vuelto a aparecer.

Fue una situación increíble. Ver que pasaron ya 20 años y que estaba prácticamente igual fue algo que me sorprendió. Obviamente comenzamos a contarnos nuestras vidas, y descubrimos que ya no vivíamos en la misma ciudad, y que ambos tenemos nuestras parejas e hijos.

Aquí hago un alto en la historia para contar que si bien llevo una vida familiar sumamente estable y que en lo laboral, tengo una sólida actividad profesional, durante estos años he adquirido un gusto por realizar diversos juegos sexuales. Suelo buscar la oportunidad de jugar casi en cualquier momento según cómo se den las cosas. Mi mujer, quien comparte gran parte de los juegos que le propongo, dice que para mi cualquier excusa es buena para organizar algo.

Volviendo al relato, la noticia acerca de que Fabiana me había encontrado me alegró muchísimo, pero sobre todo, hizo volar mi imaginación. Obviamente, las conversaciones – vía chat – comenzaron a ser desviadas hacia temas hot. Contrariamente a lo que esperaba, ella demostró estar poco propensa en cuanto a los juegos. Es decir, por un lado no me seguía mucho las cosas que le iba diciendo y, al mismo tiempo, sus respuestas lograron que recree en mi mente la imagen de una mujer normal que lleva su vida junto a sus seres queridos.

Así, día a día fui dejando atrás el recuerdo que tenía de ella de otras épocas y comencé a sellar en mi mente lo que me estaba reflejando ahora. Llegué incluso a pensar que se había vuelto una mujer aburrida.

Antes de seguir, quiero dejar en claro que no es que yo iba directamente al grano, sino que las charlas conmigo, si son largas siempre apuntan hacia el mismo lado y en sus respuestas jamás había encontrado ni siquiera un mínimo interés. Todo era normal. (además, como dije antes, acá no creo que les interese que cuente las charlas de otro tipo) Por ejemplo, ante mis preguntas contestó que jamás había hecho tríos, que no los haría, que no le gustaban las mujeres, que no se depilaba totalmente, que no usa ni tiene tangas, que siempre usa corpiño, que no usa ropas ajustadas ni provocativas, etc… Nunca lograba encontrar algo que me motivara en cuanto a mis gustos. De todas maneras mi amistad hacia ella no iba a variar, pero la realidad es que es como que esperaba otra cosa.

De pronto, hará unos quince días atrás, ante un comentario mío sorpresivamente me dijo que, en cuanto a la lectura, le gustaba la trilogía de Megan Maxell “Pídeme lo que quieras”. De inmediato busqué el primero de los libros y debo confesar que me lo devoré en solo dos días. El grado de erotismo y de acción sexual que tiene es fabuloso.

Sin embargo, ahí me surgió una duda. ¿Cómo es posible que a una mujer tan normal le puedan gustar esos textos?. En ese momento, la chispa interna volvió a encendérseme y comencé a gestar un plan.

La realidad indica que no podemos ser novios ya que ambos tenemos nuestras familias armadas, pero…. ¿por qué no jugar un poco?.

Lo que sigue lo cuenta Fabiana:

Lo que él contó es cierto. Sin embargo, no soy la mujer que se imaginó. Como toda mujer “normal” tengo mis gustos sexuales pero también soy consciente de que soy madre y esposa. No puedo andar por la vida con – o sin – las prendas de vestir que a él le gustan. En fin…. hombres…..

La semana pasada me envió por facebook un mensaje diciéndome que dos días después vendría a la ciudad en donde vivo por un día y que le parecía un momento oportuno para que nos reencontrásemos en persona. Por supuesto que le dije que sí, pero que tendría que ser en un horario temprano y no por mucho tiempo ya que mis actividades y los celos de mi esposo no me permitirían ausentarme por mucho tiempo. No tuvo inconvenientes.

Las charlas durante ese día y el día siguiente como siempre terminaban en temas sexuales y ahí él me sugería que a la reunión vaya sin corpiño, con minifalda, con vestido transparente, etc….. Decía que quería verme en bolas. Debo confesar que todas esas proposiciones no solo que me gustan sino que también me calientan bastante, pero no me imagino saliendo de mi casa así vestida.

Solamente accedí a darle el gusto de ir a depilarme totalmente pero la realidad es que lo hice sin saber si iba a pasar algo o no. Es una persona a la cual no veía desde que era chica y la realidad es que nunca engañe a mi esposo. Sin embargo, esta era una situación que no pensaba dejar pasar.

Él no lo sabe, pero cuando eramos chicos yo siempre esperé a que él me dé un beso o que se me declare. Su personalidad era más bien tímida, pero sus charlas eran por demás interesantes y siempre tenía una sonrisa. No puedo decir que estaba enamorada pero sí que me gustaba.

Por eso es que ante esta posibilidad, sabiendo ya que era muy probable que el encuentro termine en una cama es que preferí ir preparada.

Quedamos en que cuando saliera hacia la ciudad me mandaría un mensaje. Así, llegado el día, se contactó de esa manera a las 12 del mediodía. Me avisó que estaba por salir y me dijo que me llevaría a un bar que se encuentra dentro de una especie de quinta en la Provincia. Me dijo que era un lugar muy bueno para que pudiéramos vernos en privado y que era muy seguro. Que además, la gente que allí va suele ir por las tardes/noches, y que durante el día prácticamente no hay nadie.

Así, quedamos en encontrarnos en una esquina a las 14 hs. Me pidió puntualidad. La verdad, estuve por ir vestida de alguna de las maneras que él quería ya que justo ese día mi marido había viajado sorpresivamente y volvería muy tarde. Pero, después de todo lo que le había dicho, me daba vergüenza y me daba la sensación de que estaba desesperada para que pasara algo.

Así, simplemente fui vestida con una pollera de jean, una remera básica blanca, y zapatillas. Obviamente con ropa interior debajo.

Nuestro encuentro finalmente se concretó a la hora y en el lugar señalado. A las 14 horas, llegué y vi parada una camioneta azul con las luces encendidas, tal como me lo había advertido. Subí y nos saludamos con un caluroso abrazo y un dulce – pero fugaz – beso en la mejilla. Tras el saludo, comenzó la marcha.

Durante el recorrido hablamos de diversos temas. Tanto él como yo demostrábamos estar muy nerviosos. Sin embargo, brotaba en el aire la misma química que sentía cuando era chica.

Tras aproximadamente una hora de viaje, llegamos a la puerta de una quinta que ocupaba toda una manzana. Su perímetro tenía una reja alta cubierta por una tupida ligustrina que impedía observar hacia adentro. En el punto de acceso, él se identificó con un guardia mostrando una especie de tarjeta o credencial y de inmediato el enorme portón de hierro se abrió. La primera imagen del lugar era de absoluta pasividad pero también de buen gusto. había una casa en el centro y todo el espacio restante estaba rodeado de una vegetación cuidada a la perfección. (por razones obvias no puedo dar aquí el nombre del lugar pero les aseguro que es muy recomendable)

Mientras avanzamos lentamente con la camioneta, me explicó que por las noches se realizan fiestas y que incluso hay un autocine. Llegamos hasta la casa, en donde descubrí que se trataba de una confitería. Un mozo de raza negra y vestido con un traje negro corto (bermudas negras, camisa blanca de mangas cortas y corbata finita negra) vino a recibirnos. Sin que digamos nada nos saludó y nos guió hasta una mesa que estaba ubicada dentro del bar. Tal como él me lo había dicho, salvo el mozo, estábamos solos. El lugar era muy tranquilo. Se escuchaba una música suave de fondo. Habría unas diez o quince mesas, todas muy prolijamente listas.

Pedimos un café y comenzamos a hablar de nuestras vidas. En un determinado momento, sorpresivamente, él se acercó y me dijo que tenía ganas de besarme. Incluso me dijo que era ahora o nunca ya que en menos de una hora tendríamos que volver, y que por lo tanto no quería perder tiempo. Si bien lo dijo con una sonrisa que me mató, debo admitir que tiró el romanticismo a la basura. Así entonces me acerqué como para besarlo pero posó su dedo índice en mis labios y me dijo que esperara. Me quedé muy sorprendida, pero rápidamente me explicó que tras una puerta que había allí, había un lugar mejor y que era bien seguro.

Dicho ello llamó al mozo y mientras le habló al oído, puso en su mano un dinero a modo de propina. Luego éste se retiró y traspasó esa puerta. Era evidente que fue a preparar el lugar. Mi cabeza imaginó que sería un lugar que se utilizaría como reservado y que el mozo lo habría ido a acondicionar. Tras unos dos o tres minutos, abrió la puerta y con un gesto nos indicó que cuando quisiéramos podríamos entrar.

Así, nos paramos y mientras caminabamos me tomó del hombro y me dijo que quería que fuera algo especial. Que le había dado unos pesos al mozo para que no nos molestara nadie y que le pidió que pusiera música fuerte y bien hot. Pero no solo eso, me dijo que quería que lo sintiera de una manera diferente. Que para “normalidades” ya tenía a mi marido. Que si me parecía bien jugaríamos a un juego. Él me pondría una venda en los ojos como para que mi atención sólo se fije en él y en lo que me hacía. Que si yo no quería hacer algo simplemente tenía que decírselo y de inmediato me podía destapar los ojos. Tras un segundo de pensamiento, accedí.

Así, me puso una venda en los ojos. Era una venda realmente buena ya que estaba bien ajustada y no me permitía ver nada y ni siquiera entraba luz.

Dimos unos pasos, en donde tuve que tomarme firmemente de su cuerpo para guiarme y no caer ni chocar con ningún obstáculo. De inmediato sentí que él estiró uno de sus brazos y abrió la puerta. Rápidamente comencé a escuchar que sonaba “Out Of Touch” de Uniting Nations. La sensación fue la de estar entrando en un boliche bailable, lo que me hizo recordar mis viejos tiempos en “Dimension”. Podría afirmar que hasta el aroma del lugar parecía ser el de un boliche y debido al volúmen que tenía la música, parecía que el lugar estuviera lleno de gente. A partir de ese momento para hablar con él tenía prácticamente que gritar e incluso así, me costaba escuchar cuando él me hablaba.

Por suerte en ningún momento me había soltado de sus brazos. Dimos así unos pasos y nos sentamos en una especie de sillón. Era un asiento bien acolchado pero no tenía respaldo. Ahí, él se acercó a mi oído y me dijo que era una especie de sillón – colchón con forma de corazón. Tras esas palabras sentí como sus labios se acercaron a los míos y cuando estaban a punto de tocarse, se detuvieron. De pronto sentí que con la punta de su lengua me daba pequeños golpecitos en mis labios, lo que me provocó una sensación de estremecimiento de todo el cuerpo.

Yo no me quedé atrás y respondí de la misma manera, por lo que nuestras lenguas comenzaron a cruzarse, jugando a entrar y salir. Sus manos comenzaron a buscarme. Me dijo que me quedara tranquila ya que estábamos solos y con la luz apagada.

Continuamos jugando así durante unos minutos que parecieron segundos. Los dos disfrutábamos mucho y mis bajos instintos comenzaron a humedecerse. Su mano inquieta comenzó desabrochándome el corpiño, luego lo arrancó, luego pasó a mi entrepierna, y así sucesivamente. Mis manos tampoco se quedaron atrás, solo que no di tantas vueltas. Como si estuviera manejando, fui directo a la palanca. Se sentí bien duro, cosa me me hizo volar de calentura.

Tras un rato de esos juegos, me dijo al oído que quería darme unos besitos pero ahí abajo. Con sus manos me recostó sobre el colchón dejando mis piernas flexionadas tocando el piso. Lo que siguió después fue una sesión de sexo del mejor. Comenzó frotando su lengua con mi clítoris a la vez que muy hábilmente presionaba mi punto g con dos de sus dedos. El ida y vuelta de su lengua y sus dedos produjeron que en tan solo cinco minutos tuviera como dos orgasmos. Fue de locos, mi cuerpo no podía con tanto placer. Luego, me puso boca abajo y con sus manos hizo que me parara pero que me inclinara hacia adelante. Sentí un lejano sonido a plástico lo que me dio la tranquilidad de que se colocó un preservativo. Así, y sin más protocolo, me tomó por la cintura y me introdujo su miembro. Guaaaaauuuuuuuu. Era interminable. Si en ese momento me decía que me estaba metiendo un matafuegos, me lo creía. Era muy ancho, muy largo y muy duro. Sentía como que me iba a reventar. Tras unos dos o tres minutos de galopar así, sentí que dos de sus largos y gruesos dedos se introducían en mi culo. Previamente, noté como los lubricó con los líquidos que salían de mi. Fueron unos 5 a 10 minutos increíbles. De pronto, sentí que salió de mi y me soltó, produciendo que me cayera exhausta sobre el colchón. A los pocos segundos, se inclinó y me dijo al oído que había llegado la hora de irnos, por lo que me ayudó a levantarme y me ayudó a vestirme nuevamente. Me dijo que mejor no me sacaba la venda para que así perdiera las sensaciones que había tenido, tanto del encuentro sexual como también del ambiente.

Una vez vestidos, volvimos a caminar hasta la puerta y al traspasarla me quitó la venda. Aún estaba toda transpirada, pero muy feliz. El lugar seguía vacío. Nos dirigimos hasta la caja y él le pidió al mozo la cuenta y al momento de pagarle, el mozo le entregó un sobre. Cuando llegamos a la camioneta le pregunté qué era lo que le había dado y me dijo que ese reservado tenía una cámara de seguridad con visión nocturna y que le pagó para que una vez que nos fuéramos le entregara una copia para dármela a mi. Que como yo había estado todo el tiempo con una venda, si quería, podía ver más tarde lo que habíamos hecho y además, para que me quedara tranquila de que la única copia de esa imagen la tendría yo. Perfecto.

Luego de eso volvió a llevarme hasta el mismo lugar en donde nos encontramos y nos despedimos con un dulce beso en los labios. Quedamos en seguir hablando por chat.

Al llegar a casa, como aún estaba muy caliente, decidí darme un baño de inmersión y jugar con mis manos al mismo tiempo que vería el video en la macbook.

Una vez llena la bañera, me sumergi, puse play en el video y comencé a frotarme lenta pero firmemente la entrepierna. El video comenzó justo en el momento en que entramos en la habitación. Pude ver bien el sillón con forma de corazón y me causó gracia. Mis dedos comenzaron a jugar con mi clítoris al mismo tiempo que veía cómo nos besabamos y que él jugaba con sus manos.

De pronto se vio como él me recostó pero….. Algo pasó!. En la imagen pude ver que tras acostarme él se paró y se sentó en otro sillón que estaba enfrente y en la imagen apareció el mozo. Estaba desnudo y fue el mozo quien siguiendo las señas que él le daba, me practicó el sexo oral y luego me penetró con su inmenso miembro. Él, en todo momento se masturbaba mientras miraba la escena.

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