¿Es bueno mezclar trabajo y sexo?

Otra vez volvía a pensar en Montse, como me podía atraer de tal manera esa mujer. Esa doble personalidad que tenía, por un lado, mujer seria, amante esposa y excelente madre. Por otro lado, esa mujer que se trasformaba volviéndose totalmente sensual, sexual y desenfrenada, pero seguía habiendo algo que no lograba ver, algo me decía que me quedaba mucho por descubrir. Tratar de sonsacarla a ella en frio era totalmente imposible, cuando estaba caliente si se abría más, pero yo quería saber. Me había dado cuenta que por teléfono o chateando se soltaba mucho, así que trataría de tener esa conversación por chat.

El domingo por la noche nos pusimos a chatear y fui llevando la conversación al tema que yo quería. El detonante fue cuando le pregunte por la cena y lo que no era la cena de la noche anterior. En un principio ella era suave y comedida en sus comentarios. Pero utilizando las palabras precisas ella se fue animando. Hasta que me confesó que había sido muy excitante. No dijo nada más, pero a mi pregunta de qué fe lo que más la excito, me dijo sin tapujos, como domine yo la situación, como las domine a las dos y sobre todo ver a esos dos, refiriéndose a sus maridos, siendo unos corderitos, dos hombres que se comen siempre el mundo.

También me comento que le excito mucho ver como su amiga la deseaba de una manera tan bestial. Pero sabía que había algo más, por eso insistí, hasta que después de un buen rato, me dijo que lo que más le puso, fue cuando dominamos a Marialis y le follamos el culo, dijo que sintió como si fuera ella quien le daba las arremetidas, que ver su cara le hizo casi tener un orgasmo, que, si llega ella a tardar un poco más, lo hubiera tenido sin tocarse.

Luego como preocupada me conto, que le daba un poco de miedo la deriva que llevaban ellos (refiriéndose a Juanma y ella) porque cada día quería cosas más atrevidas, que, aunque ella mucha de ellas no se atrevería a hacerlas, si las tenía como fantasías. Quise saber que fantasías eran y ella desviando la conversación, me resumió que eran todas con cosas que yo le hacía, muchas de ellas en contra de su voluntad. Pero no quiso especificar más y yo tampoco quise forzar más la situación, no fuera a ser, que se encerrara en sí misma y no me confiara más cosas.

El martes por la mañana y debido a un cumulo de casualidades, a las 10 de la mañana finalizaron las clases. Aproveché y fui a mi casa, a recoger bastante material que ya tenía preparado para el bufete de Juanma y me dispuse a llevarlo, para no dejarlo todo para el ultimo día. Una vez que llegue lo descargue todo en la entrada del despacho. Nadie sabía dónde podía dejarlo. Quise hablar con Juanma, pero me informaron que estaba en los juzgados. Me vio Nicolás, que me saludo muy efusivamente y cuando se enteró del problema, dijo a una de las secretarias que me abrieran la sala de juntas pequeñas y que lo dejara allí. Una vez finalice, dejaría unos papeles que traía con unas modificaciones para que lo viera Juanma, pero como había que explicar algunas cosas se lo dejaría a Montse y así de paso nos veríamos.

Mientras Nicolás, hablándome para que yo fuera el único que le entendiera, me dijo, que necesitaba que le arreglara el ordenador a Marialis, que podía ir cualquier noche a cenar y lo veía, diciéndome también, que el arreglo que le hice la última vez, no quedo bien del todo. Se le notaba mucha más soltura que a Juanma, parecía como si fuera natural en él. Mi contestación fue que eso tenía fácil solución, que les llamaría. Y luego me fui hacia el despacho de Montse.

Cuando llegué al despacho me encontré con la infranqueable secretaria Begoña. Una mujer de unos 30 años como máximo. Muy bien vestida, como el resto de las personas que trabajaban allí. Ella en concreto llevaba una falda negra un poco por encima de las rodillas, muy ajustada y que realzaba su culo, por cierto, un culo que se intuía muy bonito. En la parte de arriba una blusa de color rosa pálido y que llevaba abierto varios botones, los suficientes para no ser excesivamente provocativa y los justos para vislumbrar lo que se sospechaban serian un buen par de tetas. Solo veía algo excesiva en ella y era el maquillaje, yo creo que un poco menos le sentaría mejor, pero bueno eso va a gustos.

Le dije que quería hablar con Montse y ella con voz displicente, con un movimiento de cabeza, me señalo a varias personas sentadas en una salita de espera y que esperaban hablar con ella también. Yo no conforme con su actitud y con lo que me dijo, me tire el farol diciéndole que Montse me había dicho que cuando llegara le avisaran. Ahora cambio un poco su actitud y me dijo que no le habían dicho nada, pero que en el momento que saliese la visita que estaba dentro se lo diría, que me sentara ahí mismo a esperar. Yo insistí para que se lo dijera ya y ella me dijo muy seria, que a doña Montse nadie podía molestarla cuando estaba con una visita y no se apeó de lo dicho, así que me senté a esperar.

Mientras esperaba, observaba detenidamente a la secretaria y de forma descarada, de tal manera que ella se dio cuenta y con voz de chulería, me dijo… “¿Ya has visto bien mis piernas o me levanto y doy una vuelta?” yo no me corte y le respondí que sería buena idea. Ella solo dijo entre dientes… “IMBECIL”

Termino la visita y entro la secretaria, salió al poco tiempo y me pidió disculpas, muy nerviosa y apurada, diciéndome que pasara. Cuando entre y sin que Begoña hubiera cerrado las puertas, Montse empezó a decirme… “Hola Carlos, disculpa, pero hoy voy muy liada, que estoy atendiendo también las citas de Juanma” una vez que se cerró la puerta, se levantó. Y vino hacia mí, llevaba un traje pantalón chaqueta, de color gris marengo, con una blusa blanca. Cuando llego a donde estaba me dio un beso corto en los labios, sin lengua y regreso hacia su mesa, viendo su encantador culo.

Fui tras ella y por detrás agarré su cintura. Mordisqueándole y lamiendo su cuello. Pude notar como su piel se erizaba. Pegando mi boca al oído le susurre de forma provocativa, que lo próximo que tendría que hacer, seria seducir a su secretaria para follárnosla los dos. Ella ronroneando me dijo…

-Busca a otra, primero trabaja para mí y lleva solo 7 meses casada… sería muy difícil…

-No me puedo creer que no seas capaz de seducirla… seguro que tu amiga Marialis lo lograría. Pero que sepas que si quieres que te folle otra vez… ya sabes lo que toca. (Mordiéndole el lóbulo de la oreja)

-Que tonto que eres, claro que puedo conseguirlo. Si tengo que hacerlo para que me folles… (Con voz totalmente excitada)

Fue oírla decir eso y calentarme de tal manera, que en la posición que estaba desabroche a toda velocidad el pantalón y se los baje tirando de las bragas también, hasta las rodillas más o menos. Le empujé sobre la mesa y ella quiso protestar, pero ya me había sacado mi polla totalmente dura y sin dudarlo ni un segundo, la coloqué en la entrada de su coño, que todavía no estaba lo suficientemente mojado, pero me dio igual.

Se la fui metiendo sin parar hasta tenerla toda dentro. Note algo de dolor al igual que ella, pero no me impidió embestirla fieramente, con el peligro de que alguien pudiera entrar y pillarnos en esa posición. Pero Montse ya no protestaba, se limitaba a morderse un puño para mitigar los gemidos que daba. Ahora si se notaba que estaba toda mojada, entraba y salía con mucha soltura. Se quitó la mano que se mordía y la apoyo en la mesa junto a la otra, por las culadas que empezó a darme note que se empezó a correr y de qué manera.

Se la saque y me senté en su sillón, no hizo falta decir nada, tal como estaba se agacho y empezó a comerme la polla, no sé si era por el sitio y la situación, pero se superó con esa mamada, hasta que al final le llene la boca, no dejo escapar nada, todo se lo trago, que maravilla de mujer. Se levantó y se empezó a arreglarse.

-Ahora llamas a Begoña, le dices que vendré a instalar todo y que colabore conmigo. Pero también dile algo que deje ver que me apreciáis todo mucho, ya sabes… es que antes se pasó un poco conmigo, pero no fue nada de importancia.

-Vale, déjame recuperarme unos segundos y que piense algo.

Yo también me arregle y cambie de asiento. Montse se sentó en el suyo. Luego llamo a su secretaria. Cuando entro Begoña pregunto que necesitaba, contestándole Montse, que yo vendría más a menudo para unos temas informáticos, que colaborara en todo conmigo, que yo podía hacer y deshacer lo que quiera. Que advirtiera al resto del personal de todo, pero que sobre todo que no se les olvidase que para ellos era como de la familia y esto último lo recalco mucho. Lo que hizo que Begoña se pusiese blanca, imagine por lo sucedido en mi espera y se marchó del despacho.

-No me digas que no estás pensando ya cosas.

-Estoy cachondísima, sobre todo por ese culo tan pequeñito que tiene y pensando como entrara tu pollón. Buffff….

– ¿Lo ves entonces factible?

-La verdad que no lo sé. Es cierto que lleva solo siete meses casada, pero lleva desde los 14 con el mismo hombre. Eso es una ventaja. Te lo digo yo… jajaja… pero nunca se sabe.

– ¿Qué años tiene?

-28, bueno exactamente 27 y en el verano cumple los 28. Te lo digo porque ahora va a hacer 10 años con nosotros.

-Ya sabes lo que tienes que hacer si quieres más…

-No me lo tienes que repetir, empezare la seducción nada más irte, no pienso perder ni un segundo. Pero no le digas a nadie nada y mucho menos a Marialis.

-Tranquila no diré nada y te dejo ahora que tienes mucha gente esperando.

Nos despedimos con un beso muy caliente y salí del despacho. Nada más verme Begoña y tratándome de usted me pidió si podía hablar un momento con ella, yo lógicamente le dije que sí, pero antes hizo pasar a otras de las visitas.

Cuando nos quedamos solos, ella no hacía más que frotarse las manos, muy nerviosa y no sabía cómo pedirme disculpas. Imagino también, que tratando de averiguar si yo le había dicho algo a Montse. Me supo fatal verla tan nerviosa. De forma instintiva, con una de mis manos, que ya sabéis que son grandes, cogí las suyas, que eran pequeñas y le dije que no se preocupara por nada, que antes de entrar al despacho se me había olvidado todo. Automáticamente su cara cambio apareciendo una gran sonrisa, que dejo ver su blanca dentadura.

Pero le dije que manos tan frías tenia y ahora si con doble intención le dije, si para todo eres tan fría… ella un poco azorada y con una sonrisa solo me respondió… “para todo, todo… no” volviéndose a reír. Me despedí de ella y me marché. Cuando ya estaba en la puerta de la salida, que volví a encontrar con Nicolás, su “insistencia” me dejo mosqueado, porque con anteriores encuentros con parejas, el marido siempre se encontraba como “afectado” al principio y a este lo veía muy suelto, lo que me hacía pensar que no era su primera vez. Al final además de por salir de dudas, también por estar nuevamente con Marialis, acepte ir al día siguiente a cenar. Lo que le puso muy contento, se le podía ver en su cara.

Al día siguiente por la mañana, siendo casi las dos de la tarde y después de salir de la última clase, encendí mi teléfono y me sorprendí porque tenía diez llamadas perdidas de Montse. Entendí que sería algo urgente o tal vez ya había logrado seducir a su secretaria, aunque pensándolo bien, me di cuenta que sería improbable, no la veía yo tan lanzada. Cuando llegue a casa y ya con total tranquilidad la llame.

-Cuéntame preciosa, ¿Qué pasa?

-Espera que me salgo un momento, no cuelgues. (Oí como se disculpaba ante alguien) Ya, es que estoy en una comida, así que seré rápida. Ya he tanteado a Begoña.

– ¿Ya te la has…?

-Tranquilo… jajaja… no, no ha sido eso. Hemos hablado de ti y ya de paso de su matrimonio.

-Pues vaya, yo creí que sería algo más interesante.

-Si aprendieras a escuchar y no interrumpir. Le has gustado mucho y dice que estas que te “rompes”, cuando se enteró de tu edad además dijo que parecía increíble. Yo dije que no me importaría… y ella riendo me dijo que a ella tampoco, que por lo menos rompería la monotonía. Pero cuando le “pique” un poco más, me dijo que no sería capaz que solo conocía a su marido como hombre. Pero sus gestos y otras cosas me han dicho que la pones mucho.

-Si tú lo dices…

-Yo lo digo, que soy mujer y sé que me digo. Por eso se me ha ocurrido que algún día de los que vayas estando cerrado, que sea ella la que este allí para abrirte y para lo que necesites, ¿Qué te parece?

-Ni bien, ni mal. Lo que quiero es que seas TÚ la que la seduzcas.

-Ya, ya… pero es para debilitar sus “defensas”

-Si es para eso, me parece bien.

-Pues ya te diré más cosas, ahora vuelvo a la comida. Esta noche hablamos.

-Esta noche me será imposible, que quede con unos amigos.

-Vale pues nada más, adiós (con voz de disgusto)

Me hizo gracia esa despedida, no pudo ocultar su disgusto, seguro que luego eso le remordería, porque siempre quería aparentar que nada le afectaba y que le daba igual. La tarde transcurrió con total normalidad y cuando llegaba la hora de irme, me duche y me arregle para la cena. Llegue como siempre con puntualidad.

Busqué el portal y cuando lo encontré llame al portero automático, me contesto Nicolás y me abrió. Cuando llegue a la puerta de casa, no me hizo falta tocar el timbre, porque él ya había abierto la puerta. Me extendió la mano y nos saludamos, veía a un hombre seguro de sí mismo, totalmente tranquilo, nada de nerviosismo… todo lo contrario de Juanma, que, ya habiendo tenido bastantes contactos, se seguía cortando.

Entramos y cerró la puerta, me indico donde entrar y era una sala de estar. Nada más entrar vi a Marialis, que estaba sentada con las piernas cruzadas sobre el sillón donde estaba, lo que hacía que el minivestido que llevaba permitiera que en esa posición se le vieran perfectamente las braguitas, distinguiéndose también perfectamente que no llevaba sujetador. Estaba vestida desenfadadamente, cómoda, para estar en casa y no esperando visita.

Cosa que certifiqué cuando vi su cara al verme. Ella lo primero que hizo fue colocar sus piernas bien para que no se le viera nada, luego con mirada desconcertada y con voz podría decir temblona, pregunto por mi visita. Yo me di cuenta de que ella no tenía idea de nada y por eso no supe que decir, pero su marido sí. Con tono firme dijo… “Le he invitado para que se folle a la puta que tengo en casa, para que sea todo para ti y no tener que compartir con nadie, para disfrutar viéndote” yo ante esa situación, me hice a un lado y me senté a ver lo que sucedía. Marialis enfadada o por lo menos con disgusto le contesto con varios exabruptos y enfadada, resumiendo le vino a decir que se creía, que pensaba, que lo del ultimo día fue por culpa de la bebida que le puso, etc… a lo que Nicolás de forma menos enérgica, pero imponiéndose le replico… “Seguro que, si no me has puesto antes los cuernos, seguro que lo has pensado, que te conozco y eres muy cachonda” ella se puso en pie yo esperaba una réplica contundente, pero de pronto apretó sus labios, aguantándose decir nada y con mirada de furia se marchó de la sala dando un buen portazo.

Ahora el que se quedó descuadrado fui yo. No sabía si reírme, si llorar, que decir. Pero después de un prolongado silencio por parte de nosotros dos, le dije a Nicolás que no me había parecido nada bien todo esto, que me había utilizado y no me gustaba nada. El con menos rotundidad que antes y ahora si apareció un poco de nerviosismo, me conto que supo desde el principio mi relación con Juanma y Montse, que él se lo había contado todo con todo detalle y que lo mismo lo hizo mal, que tenía que haber consultado antes conmigo. Que había querido jugar el rol de hombre duro, dominante y que estaba claro que no le pegaba eso.

Yo se lo confirme y le explique cómo iba normalmente las cosas. Pero que con lo sumiso que fue en la casa de Juanma, ahora era muy difícil ponerse gallito. Que allí ya quedo claro de que pie cojeaba. Según le iba diciendo las cosas, el movía la cabeza afirmativamente. Para que ahora no se viniera abajo, quise animarle diciéndole que lo que tenía que hacer era hablar francamente de todo con su mujer, que al final seguro que ella lo entendía y adoptar el rol que corresponda a cada uno. Y ahora con seguridad y afirmándolo, para dejarlo claro y para saber si era lo que yo pensaba le dije… “Porque está claro de que te gusta ver a tu mujer haciéndote cornudo y eso no es nada malo, es una opción más y eso no quiere decir que os améis menos” tardo un poco, pero me dio la razón.

Oímos como se abría la puerta y Marialis entraba a la sala. Se había cambiado de ropa. Encendió varias luces más y se sentó. Traía una blusa totalmente transparente y se podían ver sus pezones erectos, también traía una minifalda que cuando se sentó dejaban ver su coñito. La expresión de su cara era de completa normalidad. Ella se dirigió a su marido y le dijo… “Veo que lo de Juanma es contagioso, ¿Quieres que otro hombre me folle y haga que me corra? …” Nicolás que se recuperó un poco solo dijo un monosílabo… “SI” y ella más altiva, con más decisión… “¿Sabes que hoy te tocara hacerte nada más que pajas, porque no me vas a follar?” el volvió a contestar con el mismo monosílabo. Ella estuvo unos segundos pensativa para luego decirle… “Pues que sepas que te voy a hacer más cabrón de lo que Montse le hace a Juanma”

Yo no decía nada, me limitaba a mirar cómo se desarrollaba todo y a mirar también el cuerpo de Marialis. Hasta que ella mirándome me dijo que era muy mal educado, que había llegado y no le había dado dos besos de saludos y era verdad. Así que me levante y me acerque a ella, dándole dos besos en las mejillas.

Marialis le dijo a su marido que le pusiera una copa y yo pedí una cerveza sin alcohol. Una vez que le puso la copa, tuvo que salir a por la cerveza. Lo que aproveche para darle un buen morreo a Marialis. Note su excitación, sobre todo por la manera de besar, pero también por cómo se erizo su piel. Le levante en volandas e hice que se sentara sobre mis piernas, mirándome de frente, por lo que quedo con las piernas abiertas, de rodillas sobre mis muslos. Note como se estremeció al colocarla así.

Sin dudarlo desabroche su camisa, quedando sus esplendidas tetas al aire, a mi disposición. Lo primero que hice fue besárselas y lamer sus pezones. Luego le miraba a los ojos, mientras mis dedos se apoderaban de sus pezones, acariciándolos. Su cara era de calentura total, su boca medio abierta. Vi entrar a Nicolás, que no dijo nada, se quedó allí mirándonos, yo no sabía si ella se había dado cuenta, pero la verdad es que me daba igual.

No pude contenerme más, metí una de mis manos entre sus piernas y era bárbaro como tenia de mojado el coñito. Cuando noto mis dedos, dio un profundo e inesperado gemido, para luego ella agarrarme la cara con sus dos manos y besarme con desesperación. Cuando paramos de basarnos y al haber tanta luz, pude comprobar que sus pezones habían crecido bastante más y es como si se hubieran oscurecido todavía más. Yo no dejaba de tocar con mis dedos su clítoris, de meter mis dedos dentro de su coño y me encantaba, porque la notaba desesperada.

Ella me tocaba por encima del pantalón, pero la postura que tenía no le permitía hacer mucho más, pero no me preocupaba. En un momento dado ella con voz entrecortada, me dijo que parara, que si seguía así se correría. Como cabía de esperar, no me parece, todo lo contrario, intensifiqué mis caricias, has que agarrándome el cuello s echo hacia atrás, corriéndose convulsamente y gimiendo de una manera extraordinaria.

Se puso de pies y me dijo que fuéramos a un sitio más cómodo, llevándome a una habitación, que intuí que no era la de ellos. Se lo pregunte y efectivamente tenía razón. Entonces le dije que, de eso nada, que quería follarmela en la cama de ellos, sonriendo me dijo… “Que cabrón y malo que eres… pero tienes razón, vamos” esta vez sí fuimos a su habitación. Encima de la cama estaba la ropa que llevaba cuando llegue, la tiro hacia un lado y se arrodillo en la cama, dejando el culo en pompa y el resto apoyada sobre el colchón.

Mientras me desnudada ella movía provocativamente el culo, que se veía brillar su coñito de lo mojado que lo tenía. Me acerqué y en la posición que estaba, metí varios dedos en su coñito y mi dedo pulgar en el culito, dando un suspiro tremendo. Así estuve un rato hasta que me dijo que a su concha le encantaba que le dieran lengua, que necesitaba una buena mamada.

Quise complacerla y en esa posición le metí la lengua dentro de su coñito, ella solo decía exclamaciones, algunas las entendí y otras no, pero aun así imaginé lo que quería decir. Mientras le follaba con la lengua, mis dedos “martilleaban” su clítoris y ella cada vez se movía mas. Pare un momento y le dije que me encantaba lo puta que era, que ganaba a Montse. Esto debió de ser muy excitante para ella, porque fue oírme, apretar un poco más su clítoris y tener una abundante corrida.

En parte era verdad, porque esta no se cortaba, gritaba, gemía, decía lo que quería, le gustaba, aunque no lo decía, pero se le notaba mucho, mis “insultos” mis palabras fuertes. Por eso una vez que se corrió le dije que ahora me tenía que hacer una buena mamada y ella me dijo que me haría la mejor del mundo. Le daba igual que estuviera su marido, que por cierto estaba sentado en una silla y con la polla en su mano.

Me dijo que me pusiera como se había puesto ella y le hice caso. Nada más hacerlo, Marialis se puso detrás de mí y empezó a comerme el culo, mientras me hacia una paja. Reconozco que era una autentica experta. Me costaba no decir nada y al final, le decía a Nicolás, que menudo zorrón tenía por esposa, que como me estaba comiendo el culo, que era una fiera. Ella según lo decía, me hacia todo con más ganas, se notaba como se aceleraba y Nicolás, se hacia la paja más rápida también, sabían disfrutar el momento.

Ella cambio de postura, para meterse entre mis piernas y comerse mi polla, aunque la posición era un poco incómoda para mí, se me pasaba viéndola con que ganas se comía mi polla. Le hice parar diciéndole que ahora tocaba follarmela. Ella recupero un poco la compostura, imaginaba que por estar su marido allí, viéndonos. Me dijo que tenía que usar un preservativo. Yo pegué dos risotadas y le dije que me la follarias así, sin darle mas opción, le cogí por detrás y se la clave hasta el fondo, de una sola embestida. El marido no se daría cuenta, pero yo si me di cuenta de que ella colaboro para que entrara a la primera, aunque se hiciese la sorprendía.

Lo único que hizo Nicolás, fue acercarse para ver mejor como penetraba sin compasión a su mujer. Dándome cuenta que, si a él le ponía cachondo verla, a ella le ponía más cachonda ver como su marido miraba. No le ocurría como a Montse, ella miraba directamente y descaradamente a su marido, hasta el punto de decirle… “Esto es una polla y no lo que tienes tú, mira bien como follan a la puta de tu mujer, mira bien porque me va a follar cuando quiera, disfruta…” Nicolás era oírla y cambiarle la cara, poniéndosele una cara de depravado total.

Ella empezó a aumentar su ritmo de respiración, sus jadeos eran más intensos y sus movimientos también aumentaron, hasta oírla decir… “No pares, no pares… mas, mas, maaaasssssssss…” Corriéndose nuevamente. Bajamos el ritmo y pude ver la cara de satisfacción de ambos. Pero todavía me quedaba a mí por correrme y la verdad que no tardaría mucho.

Saque mi polla toda empapada y sin darle un respiro, apunte hacia su culito, ni aceite, ni lubricante, solamente con sus líquidos. Nicolás me miro con sorpresa, como no creyéndoselo. Una vez colocada, ella miro a su marido y con voz trémula, le dijo… “lo siento, yo no quería, pero…” no le deje acabar y se la fui metiendo. Ella se quejó un poco y agacho la cabeza, pero recibió estoicamente mis embestidas, hasta que la tuve toda dentro.

Me moví con fuerza y ella pedía más, que no me parara, diciéndole a su marido que eso era maravilloso y como lo gozaba. Alcé la vista y pude ver que de nuevo Nicolás se pajeaba, pero esta vez con más “furia” con más ganas. Hasta que yo empecé a correrme dentro de su culito y ella que llevaba haciéndose una paja, a la vez que el follaba el culo, se volvía correr. Fue un placer inmenso para todos, por lo que pude ver. Nos dejamos caer en la cama y ella me beso varias veces, la boca y la cara.

Me levante al momento para asearme y para dejarles solos, era su momento. Yo me metí en el baño y me aseé, mientras les oía hablar. No había ningún reproche, todo lo contrario, se decían lo bien que lo habían pasado y que habían tenido unas corridas indescriptibles. Por lo que decidí salir del baño, era tontería esperarme más, todo estaba bien.

Cuando salí del baño, les pude ver abrazados con ternura o complicidad, no sabría qué decir. El primero en hablar fue Nicolás, que dijo que lo había pasado muy bien, sobre todo para ser la primera vez y viendo lo “puta” que podía ser Marialis. Que esperaba que repitiéramos otro día, para añadir que siempre que estuviéramos todos de acuerdo, yo dije que por mi fantástico y ella riéndose, solo nos miró y nos dijo que su respuesta era obvia y se volvió a reír.

Quise ver hasta donde estarían dispuestos y solo se me ocurrió decir… “pero si lo que quieres es que tu mujer sea más “puta” aun, solo me la tienes que dejar que ya verás lo que soy capaz de conseguir”

Por la cara de ambos dude en si había sido acertado, pero Marialis riéndose otra vez dijo que ella estaba dispuesta a aprender, que el saber no ocupa lugar. Nicolás se rio también y solo dijo que siempre que se fuera discreto… a lo que yo dije que eso lo daba por entendido.

Me despedí de ellos y me marché, pensando ya en nuevas situaciones para esta pareja tan maravillosa.

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