Es mi elección. Introducción

Yo sabía que él se estaba enamorando de ella. Lo comprendí cuando los vi hablando entre ellos, él trataba de incluirme en la conversación pero lo único que les podía aportar eran monosílabos, él se esmeraba en contarle nuestras historias, estaba contento pero no porque nosotros fuéramos felices, él no pretendía presumir de nuestra relación, simplemente quería que ella supiera todo de él, aun si eso me incluía.

Yo soy su esposa y ella es su jefa, a ella la admira por todo lo que yo dejé de ser cuando nos casamos y aquí estoy, en la reunión del aniversario de su empresa viéndolos hablar animadamente. Él es muy joven para ser directivo pero ahora está a sólo un peldaño de lograrlo y ella puede ayudarlo a lograr esa meta, veo el deseo que reflejan los ojos color miel de esa mujer, no lo ve con amor ni ningún otro romanticismo, lo ve como una presa, un pedazo de carne a devorar. Saúl es más joven que ella, de eso no cabe duda, pero no por mucho, es guapo, fuerte, varonil, inteligente y caballeroso, probablemente el único defecto que ella vea en él soy yo, de la misma manera en que su único defecto para mi es ella, es su falta de fidelidad.

De pronto una idea cruza mi mente: si yo me voy, todo seguiría igual. Así que dejó mi copa vacía sobre la mesa, me levanto y camino hacía la salida lo más discretamente posible, el gran problema es que nuestra mesa está en el otro extremo del salón donde se lleva a cabo la fiesta y es un largo camino por recorrer, sin embargo, él no ha notado siquiera mi ausencia, ella sí pero le conviene fingir lo contrario.

Hay un hombre, en otra mesa que si nota la situación, he visto a ese hombre un par de veces antes en eventos similares al de hoy, es un hombre llamativo e imponente, cabeza rapada y unos penetrantes ojos verdes que contrastan con su piel de ébano, vistiendo para la ocasión un elegante traje gris qué seguro costaría más que todo mi guardarropas junto, no recuerdo su nombre ni la posición que ocupa en la empresa para la que trabaja Saúl pero recuerdo su amplia sonrisa con un toque discreto de coquetería, del día en que lo conocí. Ese hombre se levantó también de su mesa y caminó hacía mi, alcanzándome en plena pista de baile, donde me detuvo tomando mi mano.

-¿Quieres bailar?- me preguntó, yo desvié instintivamente la mirada hacía mi marido, me estaba mirando sin expresión alguna y pensé que tal vez captaría un poco de su atención aceptando la oferta…

-Claro.- le respondí con mi mejor sonrisa mientras sentía la mirada del hombre recorrer mi cuerpo enfundado en un vestido corto color negro, sencillo pero elegante, mismo que vestía con la intención de seducir más tarde a Saúl… craso error.

-Disculpa la indiscreción pero, ¿cómo es que tu marido te deja ir sola?

-Él está… algo ocupado con su jefa- respondí a sabiendas que era clara la decepción y el despecho en el tono de mi voz.

-Esa mujer no deja títere sin cabeza.- contestó riéndose pero al notar mi incomodidad se quedó de golpe en silencio, hasta que acabó la melodía que bailábamos. –No entiendo porque tu marido lo permite pero creo que sé tus motivos para querer irte, si me permites, a modo de disculpa por mi falta de tacto, te puedo llevar a tu casa, ¿qué dices?- una vez más busque a mi esposo con la mirada, sólo que esta vez su intención volvía a ser acaparada por su jefa, por lo que sin pensarlo más y con la sangre hirviendo de coraje, acepte la propuesta.

-¿Me puede recordar su nombre, por favor?- pregunté mientras nos dirigíamos a su auto.

-Mi nombre es Jerome Santini, Jerome, por favor, no me agrada el trato de usted fuera de la oficina, además, soy superior de Saúl, no tuyo y tampoco soy mucho mayor que ustedes- dijo con su mejor sonrisa. Subimos al carro y viajamos en silencio hasta que aparcó frente a mi casa.

-Te ves hermosa hoy, siempre lo haces pero hoy te ves excepcionalmente hermosa

-Gracias- respondí ruborizada, haciendo notar aún más las pecas sobre mi pálida piel.

– Quiero proponerte algo pero no es mi deseo ofenderte de ninguna manera, es algo que deseo desde hace tiempo y creo que ahora podría ser provechoso para ambos.

-¿Qué es?- contesté curiosa ante la indecisión de ese hombre que solía ser del todo directo.

-Primero que nada, creo que eres consciente de que tu marido está a nada de engañarte con Estela, si no es que ya lo hace pero no tengo pruebas de ello- yo lo sabía, por supuesto, no soy tonta, pero eso no hacía más fácil escucharlo de alguien más, las lágrimas empezaron a brotar involuntariamente de mis ojos como fruto de esa simple oración y de lo presenciado durante la fiesta; Jerome tomó mi cara delicadamente con su manos y las secó al tiempo que me obligaba a mirarlo- Pero yo puedo detenerlo, o al menos ponerles difíciles las cosas si aceptas mi propuesta…

-¿Qué quieres a cambio?- cuestioné entre sollozos, impulsada por la rabia.

-Te quiero a ti- acercó su rostro al mío y me besó, primero suavemente pero al ver que no me oponía se volvió más pasional, más húmedo y caliente, sentía sus manos bajar lentamente por mi cuello, mis clavículas y deslizarse hasta mis senos, acariciarlos para seguir bajando por mi estómago y mis piernas, buscando ansiosamente el borde de mi vestido para poder subirlo. Me sentía deseada y excitada, mi entrepierna se estaba humedeciendo rápidamente con las suaves caricias de Jerome.- Déjame devolverte a tu marido y a cambio sé mi puta- me susurro entre caricias y besos.

Fue entonces cuando me di cuenta de lo que estaba pasando y lo separé de mi retirando su mano que ya estaba rozando la tanga que usaba aquella noche, la palabra “puta” retumbaba en mi cabeza, yo no quería ser eso, yo era una dama, una esposa fiel sin importar lo que Saúl hiciera, yo lo seguía amando a él, me reacomodé la ropa y salí del auto hacía mi casa sin decir nada más.

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Este es mi primer relato, espero que les guste, sé que no hubo mucho de erótico en esto pero sólo es la introducción a lo que se viene. Gracias.

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