Escort veinteañero abusado por sorpresa

Aquellos dos maduros en la habitación lo tenían todo preparado. Ambos lucían sendas cabezas rapadas. El más grueso, con aspecto de tosco toro, era el más joven. Treinta y muchos. El delgado, alto y de expresión cruel en su cara tenía más de cuarenta. Pero ni uno ni otro estaban exentos de morbo.

En la habitación de hotel esperaban al joven escort de 22 años al que habían contratado para divertirse durante ese fin de semana sin sus esposas, solos los dos en Manchester, tras ir a ver su equipo favorito.

Cruzados de brazos, esperaban sobre la cama. Fue entonces cuando unos nudillos choraon contra la puerta.

El cuarentón fue a abrir y el joven escort pasó con cierto aire chulesco.

-Hola –saludó, extendiendo su mano.

-Hola –correspondió el cuarentón.

-¿Empezamos? –preguntó el jovencito. Habéis pagado por una hora de servicio y tengo otra cita después de ese tiempo. Y además sois dos.

-Tranquilo –sonrió con malicia el cuarentón, y se giró hacia su amigo, que esperaba sobre la cama.

-Túmbate –le dijo el treintañero, boca abajo, levantándose él.

El escort les hizo caso y se tumbó tras quitarse la chaqueta y descalzarse. Los dos hombres le arrancaron los calcetines, uno cada uno, y se agacharon a los pies de la cama, empezando a lamerle los pies. Sólo que eso era solo una cuartada. Desde debajo de la cama sacaron unas correas y le amarraron ambos por los tobillos sin que ni siquiera él se diera cuenta.

Cuando le tenían atado, el chico empezó a resistirse. El cuarentó saltó sobre sus lumbares y le bloqueó, mientras el treintañero corpulento le ataba rápidamente las manos a las cuerdas que ya tenían preparadas bajo la cama.

Ambos hombres empezaron a sobarle por encima de la ropa. Le sacaron todo lo que tenía en los bolsillos y decidieron que era el momento de empezar a divertirse.

Le bajaron el pantalón vaquero, dejando al aire aquel culito embutido en un bóxer negro de marca. Sus nalgas eran delgada y apetecibles. Lentamente descorrieron la tela del calzoncillo también y apareció aquel culito delicioso. Entre los dos maduros, separaron los cachetes y descubrieron algo de vello en aquella raja y alrededor de su agujero, entre rubio oscuro y castaño.

Usando unas tijeras, le cortaron la camiseta y el calzoncillo, destrozándole la ropa, entre quejas, blasfemias e insultos del joven veinteañero. Aquellos dos maduros empezaron a mostrarse más toscos y brutos con el chaval, que había sido despojado de sus cortadas y destruidas ropas.

El cuarentón sacó su fláccida polla por detrás de su culo y empezaron a escupirle entre las nalgas, mojándole la raja y empezando a introducirle dedos en su apretada esfínter. El chico se quejó, gimiendo, pidiendo que le dejaran en paz, que le liberaran. Pero eso no estaba entre los planes de los dos casados.

-Abre el culo, cabrón –le instó el cuarentón con rudeza.

Tras muchas metidas y sacadas el jovencito comenzó a darse cuenta que, en la situación que estaba, lo mejor que podía hacer era colaborar, sobre todo cuando los dos dedos se convirtieron en tres. El treintañero mantenía sus cachetes abierto y admiraba la escena con avidez.

Con el propio cinturón que había traído el veinteañero, le azotaron las nalgas y un momento después, el cuarentón se deshizo de su pantalón y calzoncillo y se ensalivó su blanca y larga polla sin cincurcidar. Penetró al chaval, y entonces el escort que iba a follarse a ellos dos por dinero estaba siendo follado gratis.

El cuaretón follaba como un toro, pero no tanto como su grueso amigo, que le tomó el relevo y que con su polla, algo más pequeña, empezó a entrarle y a salirle al chaval, que sólo gemía, jadeaba y cada vez se quejaba menos. Le estaban follando duro y en parte, aunque no era aquello lo que había buscado, estaba empezando a darle morbo al chico, mucho morbo. Aquellos dos cabronazos…

-Ahhhhh… ahhhhh… ¡Sí! –gritó definitivamente. –Sigue.

Los dos hombres rompieron en carcajadas. El treintañero grandullón era implacable follando. Sin detener las embestidas de sus caderas, con aquel culazo que tenía grande y algo gordito, adelante y atrás.

El cuarentón sacó una mordaza y taparon la boca del chico, que pronto vio sus gemidos apaciguados. Al tiempo, le pasó a su colega treintañero un consolador no demasiado grande. Se salió del culito del escort y le metió aquel dildo color carne por el culo, continuando follándole con él. Después, los dos se acercaron hasta la cara del chaval, sosteniéndole. Pusieron sus dos pollas contra su cara y se masturbaron como locos.

Finalmente, ninguno de los dos maduros tardó en reventarle y llenarle toda la cara de lefa al veinteañero.

Leave a Reply

*