Etiquetas 3: ¿seré heteroflexible?

Gus se vistió y salió de la habitación deseándome las buenas noches. No sé si respondí o si acaso pensé simplemente en algo debido al colocón que me había pillado por los porros y el orujo de Guillermo. Al despertarme al día siguiente sí que fue mi primera reflexión, pero tal como hice el día anterior preferí levantarme con la intención de acallar las voces que llegaran a mi cabeza. Atraído por el olor a café me dirigí a la cocina, pero acobardado ante la idea de que fuera Gus quien lo había preparado. Me equivoqué. Javi me recibió dándome los buenos días y ofreciéndome una taza que me ayudara a soportar la resaca.

-¿Y Guillermo? -le pregunté.

-Se ha ido al gimnasio.

-¿Y Gus?

-Creo que no se ha levantado.

La mágica bebida me fue espabilando llevándome a tener una agradable conversación con mi compañero de la facultad.

-Estaba pensando que igual nos podríamos matricular de las mismas optativas para tener el mismo horario e ir juntos en el coche -propuso Javi-. Yo vivo aquí al lado.

-Ah, pues me parece bien. ¿Has pensado en alguna?

-No sé, dicen que las de Ibarruri son fáciles.

-Sí, le tuve el primer año.

-Pues podemos ir a la facultad si quieres y miramos horarios.

Iba a aceptar su proposición cuando Gus apareció en la cocina. Nos saludó y se dirigió hacia donde yo estaba. Me aparté creo que de manera bastante brusca porque se me pasó por la cabeza que iba directo a darme un beso.

-Sólo voy a coger mi taza -puntualizó dejándome en el mayor de los ridículos-. Creo que la dejé en este armario.

Gus dio las gracias por el café.

-He oído que vais a la uni -deseé que no nos acompañara-. ¿Me podéis mirar una nota?

-¡Claro! -contestó Javi.

Nos dio los detalles y Gus se volvió a su cuarto sin apenas haberme mirado. Mis dudas eran si por lo ocurrido la noche anterior o por mi brusquedad al apartarme evitando cualquier roce cuando únicamente fue a coger su taza para beberse un inocente café. Javi y yo nos marchamos para la universidad en mi coche, trayecto durante el cual corroboré que el chaval me caía bastante bien.

-Me da palo decirte esto -me asustó por si iba a hablar de la noche anterior por habernos pillado o escuchado-. Ya me dijo Guillermo que tú no eres gay. Me pareces un buen chaval, y me da vergüenza pedírtelo, pero me gustaría que no dijeras nada sobre mí… Bueno, ya sabes.

-No te preocupes -me sentí aliviado.

-Al fin y al cabo Pamplona no es tan grande y yo vivo con mis padres, toda mi familia está aquí…

-Dentro del armario que decís, ¿no?

-Eso es. Tengo veintidós años, pero no me siento preparado aún.

-¿Por tus padres? -curioseé.

-Por todo; no sé cómo se lo tomarían. Pero es que… bueno, tampoco sé si esto es una etapa.

Su comentario despertó toda mi atención porque denotaba que tenía dudas, y eso a mí me podría servir de gran ayuda. Como confidente, Javi se me antojaba la mejor opción por su discreción, forma de ser, carácter y además parecía que era con el que iba a pasar más tiempo ya fuera en el coche o en la universidad.

-¿Crees que puede ser algo temporal? -inquirí.

-Ya te digo que no lo sé. A veces me imagino casado y con hijos, ¿sabes?

-Quizá seas bisexual o como se diga -Javi se rió.

-O heteroflexible que dicen ahora -matizó.

-O gayflexible -bromeé creyendo que había inventado yo ese término.

-Me parece que lo llaman homoflexibilidad -puntualizó-. Y a lo mejor es eso. ¿Y tú?

Me asustó que me preguntara por mi orientación sexual porque tampoco quería decirle tajante que era hetero por una repentina debilidad o quizá necesidad de poder hablar con alguien sobre lo que me estaba ocurriendo esos días: ver porno gay, el cruising, la mamada de Gus…

-Que si tienes novia.

-No, ahora no.

Llegamos a la facultad de Gus y comprobamos que había aprobado. Después a la nuestra donde nos encontramos con sendos compañeros de años anteriores. Nos tomamos una cerveza con un par de ellos, más conocidos suyos que míos, momento durante el cual Javi me pareció un tío de lo más normal. Tras haber estado en secretaría y tomado notas de las asignaturas nos marchamos.

-Si quieres comemos por ahí -le propuse.

-Qué va, tío. No puedo. He de comer con mis padres, que como además no he dormido en casa.

Me decepcionó su respuesta, pues aún no estaba preparado para volver a nuestro piso y enfrentarme a Gus.

-Nos vemos luego -se despidió.

Guillermo estaba en la cocina preparándose algo de comer. No me saludó muy efusivamente, así que no le di conversación y seguí mi camino. Iba a meterme en mi dormitorio cuando recordé que tenía que darle a Gus la buena noticia de que había aprobado. Lo celebró eufórico, ofreciéndome chocarle la mano como si nada hubiese pasado. Y al ver que él pretendía que todo fuese con normalidad, estipulé que sería lo mejor olvidándonos de todo y siguiendo como hasta ahora: compañeros de piso y amigos.

Durante los días que quedaban hasta empezar las clases nos emborrachamos un par de veces más en casa, pero no ocurrió nada. En una de ellas fantaseé sobre irme a la zona de cruising, pero a esas horas el centro comercial estaría cerrado. Pensé en Gus y su verga, pero se quedó sólo en eso. Ni yo le busqué ni él se insinuó de nuevo. Sí que salimos los dos varias veces a tomar algo, e incluso hicimos alguna excursión a pueblos cercanos, al campo, a la montaña. La verdad es que lo pasábamos bien. Sin embargo, cuando comenzaron las clases la mayor parte del tiempo la pasaba con Javi. Íbamos juntos en el coche, una semana en el mío y otra en el suyo, y recuerdo los trayectos como ratos muy agradables en los que hablábamos de cualquier cosa, incluyendo Guillermo, su pareja. Creo que me convertí en su confidente, si bien el chaval se mantenía prudente para no ponerme en contra del que era mi compañero de piso.

Que tuviéramos tantas asignaturas en común impedía que yo me relacionara con mucha más gente como en cursos anteriores, pues nos sentábamos juntos y salíamos en los descansos juntos. En algunas clases sí que me acercaba a antiguos compañeros y él hacía lo propio con los suyos. Sin embargo, el hecho de compartir coche me cohibía a veces porque me surgían planes para quedarme allí a tomar algo o irnos a comer. Si era la semana que tocaba ir en el suyo no había problema, pero cuando conducía yo me daba cosa decirle que se volviera en autobús. Por todo ello, parecía que mi vida social se resentía un poco, y ya no salía tanto los fines de semana. Alguna vez me propusieron acompañarles a algún bar de ambiente, pero yo siempre declinaba porque excluían a Gus de la invitación, pero un fin de semana que Gustavo se había ido fuera de la ciudad acepté.

El primer bar al que fuimos era un garito relativamente normal. Acaso anunciaba su estilo alguna decoración, pero por lo demás no difería mucho de cualquier bar de copas. Eso sí, ver a tanto tío besándose me provocó una sensación algo extraña. No sabría definirla, quizá sólo sorpresa, o curiosidad, o incluso envidia. Me entraron un par de tíos: con el primero no tuve que decir ni hacer nada, pues Javi le anunció que yo “no entendía”. Al segundo le rechacé yo mismo con algún comentario. Y puede que al ver esto, una chica que bailaba en un grupo a nuestro lado se me acercó y me susurró al oído:

-No eres gay, ¿verdad?

-No -le respondí.

-Me lo imaginaba.

-¿Por qué? -pregunté casi aliviado-. ¿Las tías notáis esas cosas?

-No, hombre. Porque te he visto rechazar a chicos -sentí un poco de vergüenza por mi comentario.

-O sea que estabas mirándome -comencé con el tonteo.

Al final la chica y yo acabamos enrollándonos. Le propuse ir a mi casa, que estaba relativamente cerca, y aceptó con la condición de que la traería de vuelta después. Se lo hice saber a Javi, que se alegró por mí y me dijo que me esperarían allí hasta que volviese. Por tanto, el plan estaba claro. Al llegar a mi dormitorio nos besamos desnudándonos poco después. Era una chavala atractiva, de un metro setenta y con buenas tetas. Se las palpé y le chupé los pezones como preámbulo esperando a que ella tomase la iniciativa y me la comiera, pero no parecía darse por aludida. Le sobé el coño con mi mano húmeda mientras se retorcía de placer.

-¿Y los condones? -me preguntó.

-¡Hostia! -no tenía.

-Pues si no tienes…-insinuó que no me la follaría.

-Claro, claro. ¿Y si me la chupas? -me atreví a pedirle.

-Vaya cara, ¿no? -se ofendió.

-Espera.

Me levanté y registré en mi cartera y en la mochila, pero no hubo suerte. Fui a buscarlos casi con desesperación al cuarto de Gus, pero tampoco los encontré. La única opción era el ordenadísimo dormitorio de Guillermo, donde sólo me atreví a mirar en la mesilla de noche. Y tampoco, allí sólo vi un aparato con forma de pene de color rosa, pero en aquel instante no le presté demasiada atención.

-Lo siento, no he encontrado.

-Pues vaya -la chica se incorporó-. Lo dejamos, pues.

-¿En serio? Nos podemos toquetear -ella se rió.

-No, que ya me lo conozco. Al final esperas que te la mame y ya está. ¿A que sí? Y tú me tocas un poco las tetas y te crees que has cumplido. Llévame al bar, porfa.

-Puedo bajar a comprar.

-No, vámonos.

-¿Y me dejas así con el calentón?

-Seguro que algún tío del bar estará dispuesto a chupártela en el baño.

Durante el trayecto de vuelta hablamos poco, aunque a la chica no pareció importarle demasiado quedarnos a medias y comenzó a contarme sobre sus estudios y demás cosas aburridas que casi ni escuchaba. En el pub cada uno se unió a su grupo y ahí acabó todo.

-¿Qué tal? -me preguntó Javi ofreciéndome un trago de su cerveza.

-No tenía condones.

-¿Y?

-Pues que la pava no ha querido hacer nada más. Ha empezado con el rollo de que ya se conoce el cuento, que si ella me la chupa y yo a ella no sé qué. De verdad, qué complicadas son las tías.

-Supongo.

Apareció Guillermo.

-¿Nos vamos ya? -le preguntó a Javi.

-Hemos pensado ir a otro garito. Ese es un poco más “heavy”, pero anímate.

-¿A qué te refieres? -indagué.

-Tiene cuarto oscuro.

-¿Y eso qué es? -pregunté ingenuo provocándole una sonrisa.

-En el camino te lo contamos.

Me dijeron que era un bar en el que los tíos iban más a saco. Algunos se paseaban desnudos, tenían porno puesto en las pantallas, una jaula en mitad de la pista, camareros con el torso descubierto y… eso que llamaban cuarto oscuro. Salvo éste, nada más entrar pude corroborar todo lo que me habían explicado. Un camarero cachas nos sirvió las copas justo después de hacerlo a un tío que iba en calzoncillos que luego se perdió por la que me pareció la puerta de los aseos. La jaula estaba vacía, y detrás de ella un televisor con imágenes de una orgía de tíos vestidos de cuero utilizando artefactos que jamás había visto. Tras pagar nos acoplamos en un rincón cerca de la puerta de los aseos. Guillermo fue a saludar y Javi me explicó que por esa entrada se llegaba al cuarto oscuro.

-Te lo enseñaría, pero es que no les mola que entren curiosos. Puedes ir tú solo si quieres.

-¡Qué va! -rechacé la idea tajante.

-No te va a ocurrir nada que no quieras. Aunque si esa chica te ha dejado con el calentón, alguno habrá que te la quiera mamar.

-¡Anda ya! -casi me ofendí por su insinuación.

-Que es broma, hombre. No te mosquees.

-Pero, ¿es verdad que sucede así?

-Básicamente sí. Pero bueno, yo he entrado sólo un par de veces para curiosear más que nada. En una de ellas un tío se me acercó y me pidió que se la enseñara. Lo hice, la chupó un poco y con las mismas se fue.

-¿Y eso?

-No lo sé.

-No te habías duchado, ¿o qué? -bromeé.

-No creo que fuese el motivo.

-Pues por el tamaño entonces -seguí en tono de burla.

-Sería por eso -sonrió, pero no respondió a mi provocación dando lugar a que me imaginara cuál sería el tamaño de la polla de Javi, probablemente nada que ver con la de Gus, pues no hubiera espantado al maromo que se arrodilló para comérsela.

Me quedé con las ganas de saberlo y de conocer el cuarto oscuro. Fui al baño una vez, y mientras esperaba se abrió la puerta de ese lugar misterioso y apenas pude distinguir un sofá y el reflejo de las imágenes de lo que sería la pantalla. Llegaba mi turno y mientras entraba un hombre quiso acompañarme. Le increpé y me dijo que había dos urinarios y que podíamos mear los dos. Me recordó la escena de los aseos del centro comercial, ya que el otro me echó un par de miradas examinándome de arriba abajo. Sólo faltó que se asomara para ver cuánto me medía. Pero acabé antes y salí espantado.

-¿Qué te pasa? -Guillermo y Javi notaron algo-. Te han entrado, ¿no?

-Creo que sí.

-Es normal, ven una cara nueva y se echan encima. No será el único, ya lo verás.

Noté muchas miradas, aunque puede que sólo fuera mi imaginación, pero el caso es que allí todos examinaban a todos. Cada vez que se abría la puerta gran parte de los tíos se giraba hacia ella, esperando savia nueva o nuevos objetivos, tal como había apuntado Javi. A mis amigos -más a Javi que Guillermo, pues éste pasaba un poco de todo- les serví como entretenimiento esa noche, pues se metían conmigo diciéndome “a ese le gustas”, “ese te ha guiñado un ojo”. Incluso me retaron a que fuera solo a la barra para pedir. No me amedrenté y me dispuse a pedirle al camarero semidesnudo un par de cervezas y un Red Bull cuando otro tío de unos cuarenta con el pelo rapado y sonrisa viciosa me quiso invitar. Si hubiera sido un chupito quizá me lo hubiese planteado, aunque hubiese supuesto crearle falsas esperanzas… O bueno, quizá no, ya que me planteé seguirle el juego para vengarme de mis colegas en plan “me voy a que me la mamen” y dejarles boquiabiertos, pero con el sieso de Guillermo me pareció fuera de lugar.

Con el paso de los días, y entre las explicaciones de Javi y las de Gus, me estaba convirtiendo en un erudito de todo lo gay, pues me contaban -por separado- qué era eso de ser activo, pasivo, oso, loca y demás términos raros. Sin embargo, no puse nada en práctica, pues durante semanas no fui al centro comercial ni sitios similares. Conocí a una tía con la que follé un par de veces hasta que se le cruzó el cable y me pidió que no la llamara más sin dar muchas explicaciones. El resto de mis relaciones no iban mal, aunque la cosa se fue enfriando con Javi, sobre todo en el segundo cuatrimestre en el cual no compartíamos tantas asignaturas y cada uno optó por ir en su propio coche. A casa tampoco venía ya tanto, quizá por haber sido época de exámenes o simplemente que su relación con Guillermo no iba del todo bien, o quizá que Gus se quejara de verle tanto tiempo allí… Con éste mantenía mi particular relación de amistad. Él iba a clase por las tardes y yo por la mañana, así que no nos veíamos mucho, pero si mantuvimos lo que parecía casi un ritual, que era cenar juntos, ya que Guillermo lo hacía más temprano y se metía en su cuarto hasta el día siguiente. Yo preparaba la cena para que estuviese lista cuando llegase y nos sentábamos mientras apreciaba lo bien que cocinaba y nos contábamos el día.

Sin embargo, la cosa cambió cuando Gus se echó novio. Ya no volvía a casa tan temprano, por lo que cocinar y sentarme yo solo a cenar no tenía gracia. Ya lo hacía así al medio día, porque tampoco coincidía con Guillermo. De esta manera, la soledad se estaba acomodando alrededor de mí casi sin darme cuenta. Fue entonces cuando retomé la idea del cruising en el centro comercial. A veces sin éxito y a veces me volvía a casa con una mamada hecha por cualquier tío, pues llegó un punto en el que no me importaba cómo fuese. Tanto es así, que me planteé dar un paso más y así fue como descubrí los chats. Había mucho tío que decía ser bisexual buscando sólo sexo con gente discreta. Me centré en ellos, pero resultaba difícil dar con alguien que me transmitiera seguridad. Algunos me invitaban a su casa, lo que no me entusiasmaba por temor a lo que me pudiese encontrar. Yo tampoco les podía invitar a la mía, así que la única opción era quedar en algún sitio poco frecuentado de las afueras.

Sólo lo logré dos veces. La primera fue bien, el chaval no era gran cosa pero dejamos claro que sólo me la mamaría y si te he visto no me acuerdo. El segundo quería penetración, la cual rechacé. Quizá si hubiese llevado condones me lo habría planteado, pero sin ellos follarme a ese tío o a cualquier otro no era una alternativa posible. Me aseguró que no tenía ninguna enfermedad ni nada, pero no me fié guiado por los comentarios tanto de Javi como de Gus. Y es que, cuando te planteas usar goma con las tías sólo se te pasa por la cabeza el factible embarazo, pero cuando se trataba de hacerlo entre dos hombres me metieron el miedo en el cuerpo con enfermedades y demás historias, no sólo el famoso y temido SIDA. Por todo, no transigí en follarle, ni tampoco acepté su insinuación de que se la chupara yo a él. “Creí que quedó claro por el chat”, le dije. Al parecer no, y se marchó.

Esta experiencia me sirvió para ser más selectivo en el chat, hablando sólo con hombres que me dieran buena impresión, cosa difícil a través de una pantalla, pero tantas horas perdidas me ayudaron a descifrar un poco cómo iba la cosa. El Puente de San José se acercaba y Gus avisó de que se iría fuera con “su chico”. Guillermo también tenía planes relacionados con el esquí, snowboard o algo así. Por tanto, tendría la casa para mí solo durante tres días. Yo me excusé argumentando que la Semana Santa estaba cerca y que ya me esperaba a ella para irme a Albacete. Y además me inventé una novia que igual se venía a casa a estar conmigo.

-Compra condones -me recomendó Guillermo casi bromeando, faceta totalmente desconocida-, no te vaya a ocurrir lo de la otra vez.

Recordé cuando fui a buscarlos a su habitación y me vino a la cabeza el consolador que tenía en su mesilla. Me sugerí a mí mismo que esos días que estaba fuera cotillearía un poco. Todo esto viene porque me propuse que podría traer a alguien del chat a casa, por lo que mi objetivo esa semana era encontrar a un tío que me encajara y hacer planes para el finde, si bien los nervios y el miedo por meter a un desconocido me frenaban un poco. Sentí cierta ansiedad porque no lograba encontrar a nadie, y el viernes estaba a la vuelta de la esquina. Quise buscar al chaval con el que quedé la primera vez por la seguridad que me daba el haberle conocido. Tampoco tuve suerte hasta el jueves por la noche cuando conocí a Fernando, un chico de mi edad que aparentemente buscaba lo mismo que yo. Nos dimos el Messenger y hablamos por allí citándonos para concretar nuestra quedada al día siguiente.

Cuando me levanté ya no había nadie en casa, y esa soledad que llegó a preocuparme semanas antes ahora se me antojaba muy necesaria y apetecible. Encendí el ordenador y abrí el Msn esperando que Fernando me contactara. Subí el volumen a tope para oír su señal desde cualquier parte de la casa, pero lo primero que sonó fue el telefonillo.

-Hola, soy Javi -escuché a través del interfono.

Si lo llego a saber no contesto, si bien quizá me hubiese llamado al teléfono teniendo que haberme inventado cualquier excusa.

-Hola, ¿estás solo? ¿Interrumpo algo?

-No, pasa.

-¿Y tu chica?

-Vendrá más tarde -improvisé-. Creo que comía con su familia.

-O sea que no tienes plan -concluyó.

Ahora sí pensé bien la respuesta.

-¿De verdad que te pillo bien? Si lo prefieres me voy.

-Qué va -dije sin mucho entusiasmo.

-Te noto raro.

-Sólo es que no te esperaba.

-Es que mis padres se han ido a casa de mis tíos y no me apetecía el plan. Pero bueno, que si quieres estar solo o tu chica va a venir pronto, me largo -insistió.

-¡Que no! ¿Una birra?

-Perfecto. Escucha, que cuando quieras que me vaya me lo dices con confianza, ¿ok?

-Ok, pesao.

Nos sentamos en el salón a tomarnos la cerveza mientras hablábamos del novio de Gus y los planes de Guillermo.

-¿Cómo que no te has ido con él? -inquirí.

-El esquí no es lo mío.

-¿Y no te molesta que se vaya sin ti?

-Para nada. Si nos vemos todos los días. Bueno, ahora casi todos.

-¿Y eso?

-No sé. Creo que no atravesamos nuestra mejor época.

-Esas cosas pasan. Pero, ¿seguís juntos?

-Creo que sí.

-¿Lo crees?

-Sí, supongo que sí.

-No te veo muy entusiasmado.

-Ya, tío. Pero es como te empiece a contar no voy a parar…Y no te quiero aburrir.

-No te preocupes.

-Sólo te digo que si hubiese sido yo quien se va a esquiar un fin de semana él se hubiera mosqueado.

-¿Celoso?

-No sabes cuánto. Pero es que él no se comporta así, ¿sabes? Porque salimos a un bar -bueno, ya te diste cuenta cuando te viniste- y se pone a hablar con unos y con otros. Pero si lo hago yo…

-No le pega.

-¿Por?

-Parece muy seguro de sí mismo, y dicen que los celos se padecen por falta de seguridad.

-Todo apariencia. Y luego está el tema del sexo, pero quizá te resulte violento que te lo cuente.

-Lo que quieras.

-Pues que está obsesionado. En septiembre se quedó en mi casa una semana mientras mis padres estaban fuera y quería hacerlo a todas horas.

-¡Joder! -reconozco que sentí envidia.

-Pues sí, tío. Y estando ya en este piso lo mismo. Cada vez que Gustavo y tú salíais, nada más cerrar la puerta quería tema. ¡Pero es que incluso con vosotros aquí!

-Ya, la noche de la borrachera os escuchamos.

-Pues lo siento. Esa noche hicimos ruido porque íbamos pedo. Pero otras tantas han sido en silencio. Bueno, en realidad casi todas las noches que me he quedado a dormir.

-Nunca creí que un gay se quejara por tener demasiado sexo -bromeé.

-No caigas en tópicos, anda. Eso de que los gays son…Bueno, somos…promiscuos no es verdad.

-Te has corregido -puntualicé.

-Da igual. Pero tanto sexo ya te digo yo que cansa y no me refiero físicamente.

-En eso él no tiene problema siendo deportista.

-No, si él nunca tiene problema con nada.

-Muy sociable no es.

-Sólo con quien quiere.

-Conmigo desde luego no.

-Ya; estará celoso o algo.

-¿De mí?

-Claro, porque tú y yo hemos pasado mucho tiempo juntos.

-Pero si le dije el primer día que yo soy hetero.

-Le da igual, es un paranoico.

-Y además ya tuvimos un enfrentamiento antes de conocerte yo a ti.

-Claro, es su forma de imponerse por lo que pudiera pasar.

-Me estás dejando de piedra. Con Gus no se comporta así -maticé.

-Porque Gus no es una amenaza.

-Pero él sí que es gay.

-Ya, pero a mí la pluma no me va y Guillermo lo sabe.

-Eso es un poco…No sé… ¿Discriminatorio? ¿Vanidoso? -Indagué porque una vez pensé igual y me interesaba conocer su opinión al respecto-. Porque físicamente Gus tampoco está tan mal.

-No es eso. Pero a mí un tío con pluma no me pone.

-No lo entiendo.

-¿A ti te pone una tía que no sea femenina?

-Nunca lo he pensado, la verdad.

-Pues piensa y me lo dices. Imagino que no te acostarías con todas, ¿no?

-Por supuesto que no, pero yo me fijo en el físico en sí: las tetas, el culo…

-Bueno, no te lo sé explicar -trató de zanjar el tema-. ¿Otra cerveza?

Intenté ponerme en su lugar trasladándome a mi propio pueblo, donde a mí me parecería impensable salir con alguien como Gus al igual que no lo haría con una tía gorda o fea por vergüenza ajena y propia, por lo que dirían los vecinos, mis amigos… Javi sí que era un tío al que le presentaría a mis colegas, sabedor de que él no diría nada de su homosexualidad, heteroflexibilidad, bisexualidad o como lo quisiera llamar. Claro que a lo mejor en esa situación se cambiaban las tornas por sentirse a salvo y seguro en una zona lejana a su hogar en la que no podría ser “pillado” por ningún conocido. Mientras volvía de la cocina me fije en su aspecto: moreno con el pelo lacio, delgado, metro ochenta; en esos días una perilla que le hacía parecer más mayor y que medio escondía unas facciones muy marcadas en la parte de la mandíbula que, junto a su nariz, eran los rasgos que más personalidad le daban.

-¿Tienes el Messenger abierto? -me interrumpió.

-¿Qué? -contesté aturdido.

-Que creo que te ha sonado el Messenger.

“¡Fernando!”, pensé para mí. Me disculpé ante Javi y fui a ver el mensaje. El chaval quería quedar esa noche y no supe qué responderle, pues desconocía las intenciones de Javi por quedarse, marcharse… Le escribí que no estaba seguro de si podría ser porque había recibido una visita sorpresa, pero que en cuanto lo supiera le escribiría. No se lo tomó a mal y en eso quedamos.

-¿Quién era? Ups, qué cotilla soy; perdona.

-Silvia.

-¿Silvia?

-La chica esta que iba a venir.

-¡Ah! Vale, pues me voy si quieres. ¿Viene ya?

-No, esta noche.

-Oh, vaya. Yo que te iba a proponer salir a tomar unas copas…

-Es que… -me interrumpió.

-No te preocupes. Me apetecía salir por el ambiente sin Guillermo. Pero bueno, otra vez será.

-Mañana si quieres. Le digo a ésta que voy a salir contigo y ya está.

Se lo propuse sin pensar, aunque reflexionando podrían ocurrir dos cosas: por un lado, que con Fernando me fuera bien y quisiera repetir aprovechando la soledad de mi casa, o que simplemente fuera normal, se me bajara el calentón y no tendría la necesidad de repetir o buscarme a otro.

-Genial. Pues esta noche me quedo en casa, que no están mis padres y así desconecto de todo. Y si quieres mañana cuando se vaya… ¿Silvia?

-Sí.

-Pues eso, que cuando se vaya Silvia me avisas y me vengo a pasar el día contigo como hoy si te parece.

-Perfecto.

Preparé algo de comer y pasamos la tarde los dos igualmente. Jugamos a la Play de Guillermo, vimos un poco la tele, nos fumamos un porro, me pidió otro para llevarse y se marchó. Yo comenzaría con los preparativos para la llegada de Fernando. Dudé en si bajar a comprar condones o no, aunque en principio le había dado entender que me la chuparía y ya está. La excitación de pensar en la mamada me llevó a querer tenerlos por si acaso. “¡Mierda!, hoy es fiesta”, creyendo que los negocios estarían cerrados. Bajé a la farmacia de mi calle para ver cuál era la de guardia y precisamente estaba abierta. Parece que tuve mala suerte, pero hubiese preferido comprar preservativos en una en la que no me viesen a menudo. Pero bueno, mejor que coger el coche y perderme en Pamplona buscando otra. Los guardé en la mesilla, me duché, me vestí un chándal y me senté a esperar que el telefonillo sonase.

Fernando estaba apreciablemente nervioso, tanto como yo lo hubiese estado en su situación. En mi casa resultaba más cómodo, pero no me evitaba sentirme algo inquieto. Le ofrecí algo de beber y me pidió una Coca cola. Al principio nos costó comunicarnos, pero rompimos el hielo con las preguntas típicas.

-¿Y sueles entrar mucho al chat?

-No mucho, ¿tú?

Creo que los dos mentimos, porque yo me había pasado la semana entera buscando una cita para ese viernes. Y él imagino que igual.

-Pero esto no sueles hacerlo, ¿verdad? -le pregunté.

-Un par de veces, ¿tú?

-Es la primera -confesé.

-¿En serio? -se sorprendió-. Pero si me dijiste por Messenger…

-Me refiero a que es la primera en mi casa -le interrumpí-. Al centro comercial habré ido un par de veces también.

-Ah, ok. Entendí mal. Pues vaya dos, ¿no?

-¿Por qué lo dices?

-Porque estamos aquí parados…-pero no se movió.

-¿Quieres que vayamos a la habitación?

-Sí, mejor.

Allí intentó besarme, pero le aparté.

-Disculpa -traté de no sonar brusco-, pero ya te dije que besos no.

-Ok, ok. Era una forma de calentar…

Menos mal que supo reaccionar pronto y empezó a sobarme la verga por encima del pantalón. Ésta reaccionó pronto sintiendo cómo se endurecía ante sus caricias. Se arrodilló y comenzó a lamerme sobre la ropa, notándola cada vez más dura. Con sus manos la estiraba hacia un lado intuyendo su forma por debajo de la felpa. Así mismo la mordisqueaba al tiempo que se lo agradecía con un leve sollozo, siendo la primera vez que no tendría que amortiguar los gemidos por temor a ser pillado. Tampoco se amortiguó mi polla al ser liberada de la ropa, pues salió disparada y tiesa apuntando a la cara de Fernando. “Mm, qué rica”, comentó, y comenzó a chuparla justo después. Esperaba que lo hiciera con calma, lamiéndome el capullo, lengüeteando el cipote… Pero no, imagino que al ver que estaba ya erecta se la tragó casi de golpe. Sin embargo, se detuvo cuando la tenía entera dentro de su boca y la fue sacando poco a poco ayudándose de su propia saliva para deslizar los labios. Repitió el movimiento unas cuantas veces antes de aligerar el ritmo. Pero de nuevo paraba y se la sacaba. Entonces sí se detenía en el glande jugando con su lengua, que luego deslizaba por el tronco hasta sentirla en mis huevos. También los empapó de saliva y se los comió para luego seguir toqueteándolos cuando volvía a mi polla.

-¿Prefieres que me tumbe? -le pregunté.

-Como quieras, aunque preferiría ponerme yo abajo.

Yo no, porque supondría demasiado contacto. Reposó su cuerpo sobre el colchón y yo me coloqué a horcajadas sobre su pecho regalándole de nuevo mi polla. En esta situación sí que aligeró el ritmo él mismo. Noté sus manos sobre mi culo sin saber qué se proponía, temiéndome tener que rechazarle de nuevo por si se disponía a meterme algún dedo o algo. Pero no, lo que pretendía era que me moviera para empujar mi polla dentro de su garganta. Así, agité mi pelvis con fuerza embistiéndole la boca y dejándole casi sin respiración. Sentí como a veces necesitaba sacársela para tragar saliva o coger aire, pero Fernando resultaba insaciable pues se la metía sin mucha demora. Él conservaba todavía su pantalón, y me di cuenta que comenzó a tocarse su verga por encima de él. Dejándome llevar por el momento, me giré un poco y se la sobé como tratando de compensarle por no haberle besado. No llegué a tocarla directamente, pues cuando se deshizo de la ropa recuperé mi posición. Sí que me fijé en cómo era, quizá algo más pequeña que la mía, siendo lo llamativo que estaba circuncidada.

Me apartó otra vez anunciándome que necesitaba un respiro; siendo egoísta no quise que parara, aunque por otro lado no hubiese tardado mucho en correrme.

-¿No me follarías, no? -se atrevió a preguntarme.

-Pensaba que lo habíamos dejado claro en el Msn.

-Ya, ya. Pero como me la has tocado antes… -supe que tocar mi primera polla ajena, aunque no fuera directamente, me acarrearía problemas.

En realidad no lo eran, ya que de hecho me lo llegué a plantear cuando barajé la posibilidad de comprar condones.

-Si lo hacemos, que sepas que será mi primera vez.

-Bueno, la mía no, así que no tendrás problema.

-¿A qué te refieres?

-A que tengo el culo bien abierto.

Reflexioné un segundo y me aventuré. Saqué un preservativo del cajón y me dispuse a desenvolverlo.

-Veo que estabas preparado -observó.

-Me acuesto con tías -le dije sin mucho afán.

-Mm, eso me pone más.

-Bueno, ¿cómo quieres que me coloque?

-Empecemos con lo sencillo.

Fernando se puso a cuatro patas sobre la cama ofreciéndome su culo. Tuve que masajearme un poco ya que se me había bajado, pero ante aquella estampa no tardó en recuperarse. Me puse el condón y situé mi verga en la punta de su ano. Al notarla me pidió que se la metiera sin miedo, y así lo hice. No sé a qué llamarían tener el culo abierto, pero al principio me pareció difícil que mi polla entrase por allí. En mi opinión nada tenía que ver con un coño, que se me antojaba bastante más flexible. Se la introduje despacio y comprobé que estaba equivocado, pues entró con suma facilidad. Aun así, que estuviera tan prieto hacía que mi verga friccionase mejor, provocándome un inmenso placer que desembocó en un sonoro gemido. Más cómodo y confiado, mantuve un ritmo de mete y saca relativamente estable. Fernando agradecía mis embestidas sollozando, y yo de vez en cuando emitía un quejido más resonante cuando él movía su pelvis de forma circular, momento en el cual noté que nos proporcionaba más placer que la dejase dentro de su culo unos segundos.

Me gustaba esa postura pese a que mis rodillas comenzaban a quejarse. Decidí reclinarme un poco hacia atrás apoyándome con las manos en el colchón. Fernando me acompañó sin despegarse de mi verga repitiendo de vez en cuando esos movimientos que tan bien hacía y que tanto placer me originaba. Comenzó a pajearse sujetándose con una sola mano, pero al poco nuestras fuerzas flaquearon ante la falta de estabilidad. Me dejé caer completamente en la cama, y aquí ya Fernando tuvo que moverse. De nuevo de espaldas a mí, se puso de cuclillas y se la clavó. Imagino que para él tampoco era la postura más deseable, pues no se pajeaba de manera continuada. Le animé a que se diera la vuelta con una intención oculta, que no era más que poder verle mientras se masturbaba como hice con los demás tíos que me la chuparon, confirmando así que aquello me gustaba más de lo que me esperaba y deseaba.

Noté su culo sobre mis piernas mientras cabalgaba de nuevo. Ahora sí se la machacaba sin intermitencias perdiendo su mirada por el dormitorio, aprovechándome entonces para observar su verga disimuladamente. Era una situación de lo más excitante que me hizo avivar el ritmo. Elevaba mi pelvis cada vez con más furia al tiempo que Fernando gemía con más fogosidad. El tiempo que mi resistencia me permitía, le follaba con movimientos ágiles y enérgicos, y cuando decaía era él quién volvía a hacer círculos con mi polla dentro. Le avisé de que no tardaría en correrme, pero él lo hizo primero. Trató de que su leche no fuera a parar muy lejos e inevitablemente cayó sobre mi vientre, lo que reconozco me dio cierta aversión sin llegar a ser asco. Fernando se quitó de encima, hice lo propio con el condón y con apenas dos sacudidas eyaculé yo también. Mis trallazos salieron con mucha fuerza, juntándose con su leche en mi propio vientre y alcanzando mi pecho, culminando con un grave gemido hasta que me desplomé.

-¿Qué tal la primera vez? -me preguntó.

-Bien -dije sin más.

-A mí me ha gustado -concluyó.

Me preguntó por el baño y le indiqué. Yo me fui al otro para limpiarme mientras cavilaba sobre lo que pasaría después, en si se quedaría o se marcharía. Me lo puso fácil, pues al volver a mi habitación le encontré vistiéndose anunciando que se iba.

-¿Vives lejos?

-No mucho.

-¿Quieres que te acerque en coche?

-Pues si no te importa.

-¿Te molesta si me esperas en el portal? -no sé por qué preferí que no nos vieran salir juntos.

Pareció entenderlo y me uní a él poco después. Durante el trayecto hablamos de nuestros estudios y la música que sonaba. No me permitió llevarle hasta su puerta, imagino que por el mismo motivo que le pedí que no bajásemos a la vez. Se despidió con un apretón de manos convocándome a seguir hablando por Messenger algún día. De regreso me planteé si quería volver a verle. Y la respuesta fue afirmativa, por la misma razón que esa semana busqué en el chat a uno de los tíos con los que ya había quedado: tener a alguien a quien recurrir, que fuese conocido y que me inspirase confianza, aunque también aprecié el morbo de ir encontrándome con extraños. Me fijé en la hora, y al ver que no era muy tarde le envié un mensaje a Javi por si aún tenía ganas de salir. Ya en mi calle, esperé unos minutos dentro del coche, pero su respuesta no llegó.

No lo hizo hasta la mañana siguiente, pidiéndome disculpas por haberse quedado dormido tras fumarse el porro de marihuana que le di. Me preguntó si nuestro plan seguía en pie. Confirmé y al medio día se presentó en casa con una bolsa de plástico.

-Le he robado un par de botellas de vino a mi padre. ¿Te apetece?

-Gracias, aunque había pensado en invitarte a unas cañas por ahí.

-Pues genial, hace buen día. ¿Qué tal anoche? Se fue pronto, ¿no? Creí que se quedaría a dormir.

-Y yo -mentí.

-Si lo llego a saber te espero despierto.

-Ya, yo tampoco lo sabía.

-La verdad es que hubiese sido raro esperar a un colega sabiendo que mientras está follando -bromeó.

-Quizá es que te cuento demasiado.

-No, hombre. Yo te conté todo sobre Guillermo. Bueno, a ver si un día nos la presentas.

Sabía que ese día no iba a llegar, así que hice cualquier comentario sin poner excusas, pues ya habría tiempo de inventarlas. Empezamos con una caña en el bar de abajo mientras decidíamos dónde ir. Al final acabamos en el centro, una zona con mucho ambiente de todo tipo, pero sobre todo gente joven. Nos cruzamos con algún conocido de la universidad, pero acabamos en un restaurante un tanto pijo que tenía fama de ser muy bueno, pero caro.

-Tus padres te cuidan bien, ¿no? -apuntó cuando le dije que pagaba yo.

-Me sé administrar.

-Pues yo he pensado en ponerme a trabajar este verano para sacarme unas pelas y no andar pidiendo a mis padres.

-¿De qué?

-Pues no lo sé -se echó a reír-. Supongo que en alguna tienda o algo. Guillermo es socorrista, pero paso de pedirle que me enchufe.

-¡Pero si es tu novio! -me di cuenta de que alcé la voz. Suerte que no había mucha gente.

-Lo sé, lo sé. Es que es muy rarito. Pero bueno, no te voy a hablar de Guillermo otra vez.

Pagué y nos marchamos.

-Ahora me toca invitarte a una copa o algo.

-No hace falta, hombre.

-¿Si no qué hacemos?

-Ni idea.

-Te acuerdas que te dije que quería ir al garito ese de ambiente.

-¿El del cuarto oscuro?

-No, el otro en el que estuvimos antes. Es que abre por la tarde. ¿Nos la tomamos allí?

-Vale -acepté con moderado entusiasmo.

A esas horas pasaba como una cafetería normal si no fuese por el público: todo gente joven, la mayoría gays y lesbianas por las pintas, y algún que otro señor más mayor sentado en la barra puede que esperando cazar a alguno o quizá por pura curiosidad. Nos pedimos un par de mojitos y nos sentamos al fondo.

-Aquí vine por primera vez con diecisiete años -Javi oteó el lugar.

-¿Ya lo sabías por entonces?

-Creo que no; vine con una amiga para cotillear.

-¿Y si se lo contaba a alguien?

-Fue idea suya. Yo acepté sin más.

-¿Y cuándo te diste cuenta?

-En la universidad, creo. Sabes que empecé Magisterio de Educación Física, ¿no? Pues ver tanto musculito me nubló la mente.

-¿Habías tenido novias?

-No muchas. De adolescente era muy feo.

-¡Anda ya!

-Es cierto. Tenía muchos granos, llevaba un pelo horroroso… Menos mal que cambié y los años me sentaron bien -se burló de sí mismo.

-¿Y qué pasó?

-¿En la uni? Pues nada, que me di cuenta de que en los vestuarios me fijaba en los tíos. Creí que era por complejos, ¿sabes? Porque como te digo en el instituto no triunfaba, y aemás era un esmirriado. Y ver a esos tíos cachas… El caso es que empecé a masturbarme fantaseando con ellos.

Su historia no distaba mucho de la mía, así que Javi captaba toda mi atención para ver si llegaba a comprenderme a través de su experiencia.

-Pero conocí a una tía y empecé a salir con ella. Pasaron semanas hasta que tuvimos sexo. Recuerdo esa primera vez como un desastre.

-¿Por?

-Por varias cosas. No me empalmaba cuando me tocaba. Probó a chupármela pero me dijo que no le gustaba. El caso es que decidimos repetir ayudados por una revista porno para que se me pusiera dura y penetrarla directamente. Cuando ojeaba la revista noté que me fijaba mucho en las pichas de los tíos, lo que me sirvió de gran ayuda. Al final conseguí que se me levantara y me la follé. La verdad es que me gustó el acto en sí, pero imagino que por el placer que sentí más que por otra cosa.

-Pero la tía no te ponía, ¿no?

-La verdad es que no lo sé. La siguiente vez no tuvimos revista, pero sólo pensar en follármela me bastó para que cobrara fuerza. Y nos besábamos, y eso. Le tocaba las tetas, aunque otras partes -bajó la voz- nunca las llegué a probar.

-¿Y te hubiera gustado?

-Pues es la duda que tengo, que no lo sé. ¿Y si ahora lo pruebo y me gusta?

-Puede ser. La bisexualidad que hablábamos el otro día.

-Quizá. Una vez escuché a mi padre decir que no entendía eso porque vio a no sé quién en la tele. “O te gusta la carne o el pescado”. Y Guillermo piensa lo mismo cuando lo hemos hablado alguna vez. Quizá por ello es tan posesivo, pues igual se piensa que me voy a volver hetero o algo.

-¿Tú crees que te quiere?

-¿En plan amor? Lo dudo. Sólo se quiere a sí mismo.

-Es duro decir eso, ¿eh?

-Bueno, igual no. Tampoco le veo como el tío que se acuesta con alguien que no le gusta. No lo sé.

-Hombre, con ese cuerpo se podría liar casi con quien quisiese, ¿no?

-Sí, aquí no paran de entrarle tíos.

-¿Piensas que ha sido infiel?

-Qué va. Y además, ¿cuándo? Si no me da tregua.

-¿Te puedo preguntar algo? -curioseé.

-Prueba -sonrió.

-¿Quién es el pasivo y quién el activo?

-Ja, ja. Sabes que no sólo hay extremos, ¿no?

-Me imagino. Versátil lo llamáis, ¿no?

-¿Cómo sabes tanto? -se echó a reír.

-Gus me cuenta estas cosas.

-¿Y eso por qué?

-Pues… -dudé mi respuesta para no delatarme y no comprometerle a él-. Pues que le hace ilusión al chaval, porque se pone así en plan interesante y yo le dejo que hable.

-¿Y qué más te cuenta?

-No me cambies de tema, aunque interpreto que no me lo vas a decir, ¿verdad?

-Verdad. ¿Pedimos otro?

-Se te calienta el pico, ¿eh? -me burle.

-Si estás deseando que te lo cuente, mamón.

Apareció con otros dos mojitos y, efectivamente, siguió narrándome su historia.

-¿Por dónde iba? Ah, sí. Conocí a Guillermo. Tampoco es que me cayera bien al principio, pero tenía algo en su carácter que me atraía.

-Ya me dirás qué -me sorprendí.

-No es su soberbia, ni que vaya por la vida como algún ser superior. Ni mucho menos el rol de macho dominante que pudiera parecer. El caso es que nos hicimos amigos -es cierto que no tenía muchos en la facultad debido a su carácter- y me empezó a traer a sitios como este.

-O sea que te dijo que era gay.

-Sí, ya antes de venir.

-¿Y?

-Pues un día le conté que tenía dudas, pero no se las creyó.

-¿Por qué?

-Supongo que se pensaría que era mi forma de ligar o algo así.

-Ya hay que ser retorcido.

-No te creas, los gays son muy malpensados; y muchos están siempre a la defensiva. El caso es que sí admití que era virgen cuando nos enrollamos.

-¿Así sin más?

-Sí, yo quería probar y él estaba dispuesto, así que nos acostamos.

-¿Y qué tal?

-Bastante bien, porque ya llevamos tres años o algo así.

-Joder, entonces ha sido el único tío.

-Bueno…

-¿Has sido infiel? -Javi asintió.

-Pero negaré haberlo dicho llegado el momento.

-Claro, claro. No diré nada.

-¿Con muchos?

-Tres.

-Y era mentira que los gays sois promiscuos, ¿verdad? -maticé en tono de broma.

-No todos, ja, ja.

-¿Y crees que a lo mejor no quieres seguir con él por seguir probando?

-Pues si te digo la verdad esa es la principal razón. Estoy en la época para hacer eso. Conocer gente, salir, y esas cosas. Las ataduras ahora mismo me aprietan mucho.

-Te entiendo.

-Por ello me daba miedo venir a este garito o salir esta noche al otro. ¿Y si descubro que me lo paso mejor así?

-Debes contar con esa posibilidad.

-Ya.

Nos tomamos otro par de mojitos, y atraídos por la idea de fumarnos un porro nos fuimos para casa. Abrimos una de las botellas de vino del padre de Javi, así que la borrachera estaba asegurada. Y como ocurre en estos casos en los que tu sangre transporta una ingente cantidad de alcohol, a uno se le suelta la lengua y empieza a hablar.

-Pues yo creo que soy heteroflexible -solté en un momento en el que nos habíamos callado, animado por lo sincero que había sido Javi y por lo mucho que me había sentido identificado. Eran ya varios meses los que había llevado todo en secreto, y sentía una imperiosa necesidad de contarlo en voz alta. No se me ocurría una persona mejor que él.

-Venga ya, ¿y eso?

-He hecho cruising de ese.

-¿En serio? -no pudo evitar reírse-. ¿Dónde?

-En el centro comercial de las afueras -su cara cambió. En ese instante se dio cuenta de que lo que contaba era cierto.

-¡Joder, otro más! -su semblante se puso serio.

-Bueno, si no quieres escucharlo no te lo digo y ya está.

-Que no hombre. Me sorprende simplemente, pero no me queda otra que entenderte, porque supongo que habrás pasado por lo mismo que te he contado.

-Más o menos. Por eso te lo he dicho. Necesito hablarlo; no sabes cuánto.

-Sí, sí lo sé. Me alegra de que lo hayas hecho.

Entonces le conté desde el chico de la playa, hasta las fotos porno del ordenador, los vídeos, el centro comercial, la otra zona de las afueras y sobre el chaval de la noche anterior.

-¡Qué fuerte! ¿Y qué piensas? ¿Cómo te sientes?

-La verdad es que hasta ayer fueron sólo mamadas, lo que no difiere mucho de hacerlo con una tía. Pero sí que me excitaba verles cascándosela.

-Ya es algo.

-¿A qué te refieres?

-Que al menos reconoces eso.

-Y ayer fue la primera vez que me follé a un tío.

-¡Exclusiva calentita! -trató de quitarle hierro al asunto.

-Pero nunca he tocado una polla, ni por supuesto la he chupado. Ni tampoco he besado a otro.

-¡Pero qué me estás contando! ¿Ni en el momento clave?

-No.

-Joder, ¿y eso?

-Pues que no sé si me gustaría. Ayer el chaval se corrió encima de mí y me pareció un poquito repugnante.

-Bueno, quizá porque es un desconocido.

-Quizá.

-Es raro, porque en esas zonas de cruising los tíos besan mucho. Y no te creas que son menos machos por ello, ¿eh?

-Pues no lo sé. Quizá sea el siguiente paso, ¿no crees?

-Hombre, ya no te quedan muchos por dar. ¿Quieres que te bese? -ante mi estupor, adiviné que lo decía completamente en serio.

-Anda ya.

-Sí, hombre. Así ves si te da asco o no.

-Pero contigo es diferente porque te conozco; eres mi colega.

-Pues mejor. Si te da asco con un colega, mal vamos. Si te gusta, ya podemos ir acotando.

-¿Lo dices en serio?

-Que sí. Ven.

Y esa fue la primera vez que besé a un hombre.

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