Experimentando con una jovencita (4)

Rocío me besó en el pecho y se recostó sobre mí, sin decir nada. Estaba agotada. Yo también. Cogí mi móvil para mirar la hora y me llevé una sorpresa… Seis llamadas perdidas de mi mujer. ¡Joder! Lo había dejado en silencio y ella me había estado llamando al mismo tiempo que yo estaba experimentando con una jovencita.

Roció se dio cuenta de que la expresión de mi cara había cambiado, y yo me sentí obligado a darle una explicación.

-Es mi mujer, ha estado llamando y debe estar preocupada.

-Que oportuna… Voy a darme una ducha mientras tanto.

Sentí a Rocío un poco más flexible con el tema, como que ya no le afectaba tanto. Eso en parte me tranquilizaba porque no quería hacerle daño, pero por otro lado me inquietaba un poco, ya que había cambiado de parecer en un momento y parecía que nada le importaba, que simplemente quería follar y nada más. Aunque eso era lo que yo quería de ella ¿no?

Marqué el teléfono de mi mujer, y lo cogió enseguida. Debía de tener el teléfono en la mano para volver a llamarme.

-Antonio, ¿se puede saber qué estabas haciendo?

-¿Cómo que qué estaba haciendo? Pues con los chicos, teníamos la actuación ahora.

-Antonio no me mientas… Acabo de llamar a Fernando y me ha dicho que no estabas con ellos, que estaban cenando sin ti. ¿Dónde te has metido?

-Estoy un poco indispuesto cariño… Tengo el estómago revuelto.

-¡Venga ya! ¿Crees que soy estúpida? ¿Con quién estabas?

-Pero Ana por el amor de dios… Estoy solo en la habitación del hotel, ni siquiera he cenado todavía. Me encuentro mal cariño, de verdad.

-¿Seguro?

-Claro mi vida… -En este preciso momento me sentí fatal, estaba mintiéndole con una frialdad enorme a mi esposa.

-Perdóname Antonio. No estabas con ellos, no me cogías el teléfono y éste fin de semana lo poco que hemos hablado te he sentido más distante que de costumbre. Me he puesto en lo peor, me he montado mi propia película y me la he terminado por creer. Perdóname cielo.

-No hay nada que perdonar Ana… -Y tanto que no había nada que perdonar, estaba hecho un cabrón.

-Buenas noches Antonio. Recupérate.

-Gracias cariño. Nos vemos mañana.

-Te quiero.

Colgué sin responder… Ella jamás me decía ese tipo de cosas, y ahora que se olía algo, de repente actúa más cariñosamente, lo cual me hacía sentir como un traidor. Como un perro, un perro sucio.

Rocío salió de la ducha con el pelo recogido en un moño alto y con una toalla blanca alrededor del cuerpo, se sentó a mi lado y me dijo de bajar al restaurante del hotel a cenar, que no tenía muchas ganas de moverse, y la verdad, es que yo tampoco. Otra vez estaba dándole vueltas a todo en la cabeza, sintiéndome mal conmigo mismo y con ellas dos, pero Rocío no se merecía esto otra vez, y mucho menos de haberme acostado con ella. Así que disimulé y bajé con ella al restaurante.

Cuando bajamos, me encontré de frente con mis compañeros cenando todos juntos en una mesa. Iban ya por el segundo plato. No esperaba encontrármelos ahí precisamente. ¡Joder…! Y yo con Rocío… Ahora sí que no podía poner ninguna escusa, me habían pillado de lleno.

-¡Antonio! – Dijo César. – ¿Dónde estabas? ¿Por qué no habías venido a cenar con nosotros?

-Estaba en la habitación…

-¿Quién es? – Dijo serio mirando a Rocío.

-Es Rocío, está trabajando el verano en el bar de debajo de mi casa. –Se quedaron todos ojipláticos.

-Encantada… -Respondió ella tímidamente mientras se iba presentando a todos uno por uno con dos besos.

Se formó un silencio largo e incómodo. Rocío y yo seguíamos de pie mientras los chicos nos observaban a la espera de alguna explicación.

-Si te parece voy al baño un momento mientras hablas con ellos lo que tengáis que hablar, ¿vale? Si viene el camarero, pídele una ensalada para mí- añadió Rocío.

Ella se marchó, y mientras tanto ellos seguían mirándome en silencio. Me senté con ellos, comencé a leer la carta, levanté la mirada y seguían a la espera de que dijese algo. No pude soportar más la presión…

-Me he acostado con ella.

-¡Lo sabía! – Dijo Fernando.

-Que cabrón… – Añadió César con tono risueño.

Álvaro y Javi simplemente se miraron entre ellos con una ligera torcedura en sus labios sin decir nada, y después me miraron y ambos negaron con la cabeza.

-Llevo quedando con ella esta semana… Y bueno… No habíamos llegado hasta el final, pero hoy ha pasado. Ha venido hasta aquí para verme, habíamos tenido una discusión, una cosa ha llevado a la otra y me la he subido a la habitación y me he acostado con ella. ¡Ah! Y si vais a preguntar por la edad, sí, le saco veinte años.

-Que cabrón… -Volvió a repetir César.

-Pero… ¿Y Ana? – Preguntó Fernando.

-Ana obviamente no sabe nada, pero algo sospecha. Acaba de llamarme hace muy poco y estaba preocupada, me ha preguntado que dónde estaba, con quién y qué estaba haciendo. Me he sentido un poco mal, pero la verdad es que no estamos nada bien. No estamos bien, y a mi ésta chica me atrae, me ha apetecido acostarme con ella y punto. Ya soy mayorcito para saber lo que hago y lo que no.

-Bueno Antonio, nosotros somos además de compañeros, amigos. No te vamos a juzgar por ello ni nos vamos a meter en tu vida. Tú sabrás lo que haces como bien dices. Nosotros seremos discretos con el tema y nada más.

-Gracias Fernando… Te lo agradezco.

Rocío salió del baño y sonriente se colocó de pies detrás de mí.

-¿Ya lo saben?

– Eh… – Joder, qué directa, pensé.- Sí Rocío… Ya lo saben.

-¡Genial! Entonces puedo dejar de disimular y de sentirme estúpida. ¿Cenamos?

La verdad es que estuvimos muy a gusto, mis compañeros se portaron genial con ella, y ella causó sensación, especialmente en Javi. Notaba un rollo extraño entre ellos, Javi reía todas sus gracias y ella no paraba de piropearle. La verdad que Rocío tenía esa personalidad, era una chica muy directa y sincera, y siempre andaba piropeando a la gente, pero era su forma de ser, no tenía por qué malinterpretarla. Pero lo cierto es que llevaba muchas cervezas encima y ahora había pasado a copas, y Javi más de lo mismo. La verdad es que estaba sintiendo un poco de celos… Pero no tenía por qué sentirlos, confiaba en ambos, y más en Javi, estaba cansado y era muy sensato.

-Rocío, creo que dejarías dejar de beber. –dije preocupado.

-Déjala Antonio, la chica va bien. – Respondió Javi.

-Esto es el colmo… Me voy. – Dije mientras me levantaba de la mesa.

-Muy bien, déjame la tarjeta de la habitación y luego subo yo. –Añadió Rocío.

Mi cara se descompuso en cuestión de milisegundos. No me podía creer la situación. Cogí la tarjeta y se la tiré a la mesa enfadado. No daba crédito.

Cuando llevaba más de tres cuartos de hora en la habitación, Rocío apareció con Javi. Se sentaron en la cama a mi lado y se disculparon, aclararon que no querían malos entendidos, que sólo estaban riendo y pasándoselo bien y que también querían pasarlo bien conmigo.

-¿Conmigo? ¿Cómo que conmigo? –Pregunté.

A lo que ellos, sin responder comenzaron a besarse. ¡A BESARSE! ¡EN MI CARA! Cuando fui a incorporarme enfurecido de la cama, ella paró y puso mi mano en mi entrepierna.

-He dicho que quería que lo pasáramos bien. Los tres… -dijo Rocío con una mirada de ninfómana que me superaba.

Acto seguido comenzó a besarme a mí, al mismo tiempo que sobaba sin parar el miembro de Javi sobre el pantalón.

-No… No, no, no… Rocío… No. ¡Joder es que esto es surrealista! – dije apartándome.

-Tú mismo… – dijo Rocío mirándome con mala cara.

¿Quería que hiciera un trío con ella y mi compañero de trabajo? No me lo podía creer. Era más que evidente que las copas a Javi le habían afectado más de la cuenta. Aquello era impropio de él.

Rocío se puso sobre Javi en la cama y le arrancó la camiseta, comenzó a besarle por todo el pecho y abdomen, y ya iba bajando a zonas más íntimas. Lo cierto es, que me excitaba verla ahí cachonda con mi amigo. Era raro, y es un concepto que jamás creí que podría entrar en mi cabeza. Pero algo despertó en mí y me impulso a hacerlo.

Me quité la camiseta de golpe y me puse a un lado de la cama, aparté a Rocío de Javi y la desnudé por completo. Ella se puso sobre mí, cogió mi mano y la puso directamente en su sexo. Yo comencé a masturbarla sin parar, ella, mientras tanto le quitó los pantalones a Javi y comenzó a hacerle una felación.

Los gemidos de Javi me incomodaban un poco, pero las vistas de Rocío a cuatro patas y los gemidos que le provocaba mi mano, ahogados por el miembro de mi compañero, me ayudaban más que de sobras a excitarme por completo.

Rocío se apartó de mí, le ordenó a Javi que la follara a cuatro patas y a mí que me desnudara por completo, y así lo hice. Javi sin pensarlo dos veces se puso de pie, chupó dos de sus dedos y se los metió y sacó rápidamente a Rocío, y nada más sacarlos la penetró con dureza. Ella gritó al instante. Fue un grito entre dolor y placer, porque la verdad, Javi, por lo que pude apreciar, tenía un pene bastante grande tanto en longitud como en grosor.

Yo me desnudé y me puse en la cama recto, apoyándome sobre las rodillas, colocando mi ombligo a la altura de la vista de Rocío. Ella entre gemido y gemido, agarró mi polla y comenzó a masturbarme muy fuerte. Llevaba mi piel de un lado a otro. Nunca me había masturbado de esa forma. Después, se la metió toda entera a la boca, y cuando se la introducía hasta el fondo, abría un poco más la boca y se escuchaba su garganta ahogada contra mi glande, escapándose un gemido fuerte por las embestidas que estaba recibiendo al otro lado.

Era raro, pero excitante. Ahí estaba Rocío a cuatro patas, siendo penetrada por dos orificios totalmente extremos de su cuerpo. En la habitación se podía apreciar el sonido del traqueteo de los testículos de Javi contra la vagina empapada de Rocío, los gritos de placer que no podía soltar ella al tener la boca llena y algún que otro gruñido de nosotros.

Rocío se cambió de posición, ahora quería que fuera yo el que la penetrara mientras probaba el sabor de Javi. Y así lo hice. Estaba muy abierta, cada embestida que le proporcionaba se la daba más y más fuerte. Creo que le hice daño, pero en aquel momento no me importaba en absoluto. Quería ser posesivo y duro con ella. Quería hacerle sentir el mayor placer posible y quería metérsela hasta llegar al cuello de su útero. Cuanto más gritaba, más fuerte le daba. Más fuerte la sostenía de sus caderas y más fuerte empujaba su culo hacia mí.

Javi se incorporó a mí, y mientras Rocío continuaba chupándosela, comenzó a meterle un dedo por el ano, mientras yo seguía penetrándola por la vagina.

Ella gritó y sus gemidos se agudizaron. Estaba llena por completo por todas partes. Parecía muy satisfecha.

Tras varios minutos así, ella suplicó que paráramos. Se puso de rodillas en el suelo, y agarró nuestros miembros y comenzó a masturbarnos al mismo tiempo. Ahí estábamos de pie, uno a cada lado de ella. Nos masturbaba a una gran rapidez, yo sentía que el frenillo iba a desprenderse de mí en cualquier momento. El pene me ardía.

Rocío nos masturbaba al mismo tiempo, después cambiaba y masturbaba unos segundos a uno y luego a otro, después volvía a masturbarnos rápido, de nuevo cambiaba y se lo hacía rápido a uno y lento a otro y viceversa.

Cogió mi polla y comenzó a chupármela muy despacio, a pasar su lengua lentamente por la punta, al mismo tiempo que no paraba de masturbar a Javi con la otra mano. Me la agarraba fuertemente y se pasaba la punta húmeda por sus pezones, de nuevo se la metía a la boca. Hasta el fondo, después por los laterales, luego la besaba… Me daba placer de mil formas distintas con su lengua. Después pasó a meterse en la boca la de Javi, ella mientras seguía masturbándome.

Mientras me la sacudía, yo miraba cómo se metía el rabo de mi compañero por completo a la boca. Dios… No entendía el por qué, pero me excitaba verla. Me excitaba comprobar la capacidad de engullir que tenía, le cabía prácticamente toda. Ella mientras lo hacía le miraba a los ojos, los cuales estaban rojos y llorosos del esfuerzo que estaba haciendo al introducirse todo aquello. Pero ella no se rendía, se la chupaba deprisa y hasta el final, en un sinfín de repeticiones.

Javi la cogió de la cabeza y comenzó a empujarla más hacia él. El sonido de su garganta crecía, hasta que al cabo de unos segundos ella no puso más y paró. Se levantó y se dejó caer agotada a la cama y dijo abriendo las piernas: “Folladme… Folladme los dos”.

Nos acercamos a ella, sosteniendo cada uno una pierna, y comenzamos a penetrarla por turnos. Se la metía una vez yo, después otra él, luego dos veces, tres… Así infinidad de veces, como un juego.

Ella se dio la vuelta, se puso de pie, cogió nuestras cabezas y nos las llevó hacia la suya, terminando aquello en un beso únicamente de lenguas entre los tres. Seguidamente se puso de nuevo de rodillas en el suelo y dijo:

-Voy a chupárosla a la vez, y quiero que ambos dos os corráis en mi boca.

Y así lo hizo, colocó nuestros penes juntos y se los intentó meter ambos a la vez en la boca, pero no llegaba del todo, así que fue lamiendo los laterales de éstos, jugando con su lengua a hacer movimientos rápidos sin ningún orden ni control sobre nuestros glandes, al mismo tiempo que nos masturbaba rápidamente.

No pude aguantar más su ritmo y finalmente eyaculé, eyaculé abundantemente sobre su boca, y, Javi, cuando ya había terminado de correrme y estaba Rocío limpiando con su lengua las gotas que quedaban sobre mi glande, eyaculó seguidamente sobre su boca, escapando un poco de su semen sobre su mejilla.

Al eyacular ambos, nos apartamos de ella mientras se limpiaba los restos de semen de su cara y se los introducía en la boca.

Quedé agotado, no daba crédito a lo que acababa de suceder, pero cuánto había disfrutado… Una experiencia nueva para mí. La verdad es que, desde que conocí a Rocío no paraba de disfrutar el triple a lo que lo había hecho anteriormente, y estaba experimentando un sinfín de cosas que me encantaban y las que todavía me quedaban por experimentar…

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