Fin de semana especial III y final.

Es conveniente haber leido anteriormente los otros dos relatos.

Como ya estaba yo bastante cachondo se me ocurrió pedir al recepcionista una botella de champagne bastante fría y que la trajese a la habitación abierta para que ellas no oyesen nada, y dejé la puerta abierta. Una vez que llegó el joven de la recepción le hice pasar y vio el espectáculo, dos mujeres con los ojos vendados a cuatro patas encima de la cama y desnudas de cintura para abajo.

Juan y yo nos acercamos a la cara de cada una de ellas, yo la de su novia y el a la de mi mujer y empezamos a bajarnos los pantalones sacándonos las pollas que estaban a mil. La polla de Juan era mas larga que la mia, unos 20 cm y mas delgada, y se la fue acercando a la cara de mi mujer, era la primera vez que veía a mi mujer con una polla de otro tio tan cercana. Al principio se lo pasó por los labios sin abrir la boca, y enseguida sacó la lengua para lamer sin saber de quien era la polla.

Por su parte yo hice lo mismo con Lucrecia, no sin antes sacarle las tetas por encima del sujetador y de la camiseta. Tenía unas tetas bastante grandes en proporción a su altura y con unos pezones grandes y marrones oscuro, casi negros. Le acerqué la polla y empezó a chupar. No se si sabían a quien le estaban chupando las pollas pero lo hacían con bastantes ganas.

Mientras el joven de recepción sintiéndose apurado no hacia nada, pero me señalaba su reloj dando la sensación de que se tenia que volver a recepción. Le dije que se acercase con la botella de champan y que mojase nuestras pollas con el, asi las mujeres chupaban `polla con sabor a champagne.

En esa situación le pregunté a las mujeres si podíamos jugar con sus culos, al principio no dijeron nada, y yo insistí, recibiendo un si corto y jadeoso. Mientras ellas estaban esperando que dejásemos sus bocas sin las pollas, el joven de recepción se acercó a los culos de las dos y empezó a jugar con ellos. Eso hizo que ellas se diesen cuenta que había otra persona mas en la habitación. Empezó a echarlas champagne por sus culos y con las dos manos les hacían círculos alrededor del ano. Ellas estaban gimiendo de manera exagerada, y probablemente se oía en las habitaciones de al lado. En esos momentos no nos importaba a nadie.

El joven recepcionista se le veía con bastante experiencia, y mientras estaba tocando el ano de las mujeres, empezó a meter un dedo en el coño de ellas y con otro dedo fue intentando penetrarlo en el culo, cosa que resultaba costosa. Cada vez que intentaba penetrar con el culo mas profunda se metían la polla de Juan y mía en sus bocas. El recepcionista descubrió el vibrador y sin contar con nadie se lo metió en el coño de Lucrecia mientras intentaba dilatar su ano con uno de sus dedos. Con mi mujer tuvo la misma intención, pero no tenia mas vibradores, con lo que le hice un gesto señalando la botella de champagne, así que la utilizó como vibrador y se la fue metiendo por el coño. No se si María se imaginaba lo que le estaban metiendo, pero estaba tan mojada que entro sin dificultad.

La imagen era espectacular, y a día de hoy todavía me pongo cachondo mientras escribo esto. El recepcionista tuvo que irse con una cara de pena que no os podeís imaginar.

Tanto María como Lucrecia estaban agotadas, así que se dieron la vuelta y se quedaron tumbadas en la cama, momento que aprovechamos Juan y yo para desnudarlas ya completamente. Juan no tenia mucha iniciativa, y prefería repetir con mi mujer lo que yo hacia con su novia, así que empecé a comer el coño de Lucrecia. Mi mujer al ver eso, y pensando que Juan fuese a hacer lo mismo con ella, se levantó y abierta de piernas puso todo su coño en la cara de Lucrecia, que sorprendida no se lo esperaba. Mi mujer estaba experimentando un sexo oral que ningún hombre le había dado hasta entonces.

Juan se quedo un poco cortado y fuera de lugar, así que mi mujer le pidió que se acercase para seguir comiéndole la polla. Con el subidón que teníamos todos, mi mujer se acerco a mi odio y me dijo “así que te gustaría darme por culo eh???”, yo no dije nada, se volvió a poner a cuatro patas y le pidió a Lucrecia que le follase el culo con la lengua, de nuevo Juan y yo nos sentíamos desplazados del juego.

Lucrecia comenzó a chupar el culo de mi mujer, intentando meter la punta de su lengua lo más profundo que podía, se veía todo el ano de mi mujer lleno de saliva, era un beso negro espectacular. Yo no aguantaba esa situación así que me puse detrás de Lucrecia y empecé a acercar mi polla a la entrada de su coño. Ella parecía no darse cuenta porque seguía comiéndole el culo a mi mujer. Mientras tanto Juan, se acerco a la cara de mi mujer y empezó a besarla comiéndola toda la boca, y pidiendo ella polla como una descosida.

Mientras estaba follando por detrás el coño de Lucrecia, pude acercarme a coger el vibrador rosa que tanto juego estaba dando esa noche de sexo. Lo empecé a escupir y se lo acerque al ano de Lucrecia. Ella seguía sin hacer caso de lo que yo hacia, así que me lance e intente penetrar su culo con el vibrador. En ese momento si se quejo se echo para adelante y vi que no le gustaba. Yo insistí comiéndola y chupándola la oreja derecha, e intente de nuevo. Cuando estaba ya metido por la mitad, empezar a follar su coño de la manera mas bruta que podía. Entonces si se olvido del culo de mi mujer y empezó a gemir como una loca, hasta el punto de acercar una se sus manos al vibrador y meterlo ya hasta el fondo del culo. Acabe una corrida bestial dentro de su coño.

Mi mujer al darse cuenta de mi corrida, fue rápido al coño de Lucrecia y pidió que le echase todo mi semen en su boca, e hizo lo que nunca había hecho que es tragárselo, con lo que tenia en la comisura de los labios se lo limpió Lucrecia con su propia lengua.

María estaba fuera de si, nunca la había visto así de salida. Empezó a decirnos que ella quería sentir lo mismo que había sentido Lucrecia, pero sin vibrador, que para eso había dos pollas en la habitación. Así que se acercó a Juan y de la manera mas cachonda que podía le pido que le follase. Juan se tumbo en la cama y ella se puso encima. Empezaron a follar como animales, y enseguida María empezó a sacar el culo en pompa. No pude mas, y comencé a trabajarme su ano. Empecé con un dedo, pero debido a su excitación enseguida se dilato, con lo que acerque la polla y el propio culo lo absorbió. Esa doble penetración fue genial, como nunca, los gritos de placer de mi mujer sonaban por toda la habitación.

Al final de esa estupenda noche acabamos agotados. Juan y Lucrecia volvieron a sus casas y María y yo dormimos en una cama deshecha y con olor a sexo.

Al día siguiente nos levantamos y nunca más hemos vuelto a hablar de ese día. A veces me dan ganas de hacer algo parecido con ella, y seguro que a ella también le apetece, porque no………

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