Follando por venganza

El día que descubrí que mi novio me fue infiel por casi todo un año con su ex novia, mi mundo cayó a pedazos. Siempre tuve mis sospechas, le decía lo celaba le dije mil veces que no me parecía que siguiera siendo su amigo y el muy infeliz me negó todas y cada una de las veces que hubiera algo más entre ellos. Pero un buen día descubrí todo, todas las fotos y mensajes que se enviaron durante ese año, videos de ellos follando y fotos, quede tan herida y devastada que sólo desee morir; pues nada más aliviaría mi sufrimiento. Durante toda nuestra relación, fui la novia perfecta, la de mensajes cursis y calientes, la que dedica poesía y siempre está al pendiente de su novio, sí, ésa era yo estúpida y servicial.

Pero ése día las cosas llegaron a un chirriante alto, nunca había amado tanto y nunca me habían herido así, después de una serie de situaciones que fueron de peor a peor, llegamos a la decisión que si queríamos salvar lo que quedaba de nuestra rota relación, lo mejor era que empezáramos de nuevo en mi ciudad, por lo que después de discutirlo se mudó conmigo a mi apartamento.

Los primeros días fueron un tanto raros, una mezcla de amor y odio, sobre todo un resentimiento que me mataba por dentro mientras le sonreía y lo besaba. Un ir y venir de emociones y dolor. Un par de veces comenté lo sucedido con algunos amigos hombres y mujeres para tener su punto de vista y ser más objetiva y de todos obtuve la misma respuesta:

“eres o te haces la tonta, ése hombre no va a cambiar, te condenaste a vivir con un infiel, sácalo de tu vida de una vez”

Era lo que escuchaba una y otra vez de ellos, no se hicieron esperar las invitaciones a salir de ésos chicos que siempre supe que les molaba, no sabía que era tan popular hasta ése momento y me gustó la atención, me gustó sentirme deseada y que anhelaran salir conmigo.

El primero con el que accedí a salir era mi vecino, un chico de unos 18 años, con sonrisa encantadora y cuerpo de muchacho, no tenia marcado el abdomen y sin embargo parecía lucir atlético. Un buen día, por fin correspondí a sus mensajes con un “nos vemos en la cena” aprovechando que mi novio sale hasta tarde del trabajo, apenas llegue al apartamento y me puse ropa para salir una mezcla extraña de sensaciones se apoderaba de mí, me sentí como la primera vez que tenía una cita.

Por fin llegó la hora pactada y salí con una blusa de tirantes y unos pantalones ajustados con zapatillas, no muy bien maquillada pero si con un peinado bonito, ahí estaba él, aún con su camisa de la escuela y su barba de 3 días sin rasurar, su sonrisa que conseguía sensaciones en mí que yo misma desconocía.

La noche pasó sin más ni más, platicaba y sin mesura trataba de tomarme la mano y mirarme a los ojos, me paralicé cuando tocó mi cara para quitarme el cabello que caía en mi frente y sonreí nerviosamente. Lo siguiente terminó de electrificarme el resto de la noche. Justo al despedirnos, Oscar se inclinó sobre mí, y tomándome suavemente por la nuca, me atrajo hacia él y me besó muy suave y tiernamente. No me lo esperaba y en otras condiciones le hubiese puesto un alto y alejado de una buena vez, pero me dije -¿acaso tu noviecito merece ése respeto? Yo creo que no.

-¿acaso tu novio alejó así a la zorra de su ex novia? No lo creo

Al diablo tu novio, juega su juego y gánale. Y así lo hice, me dediqué a disfrutar su beso sin culpabilidad de tipo alguno, abrazándolo y dejándome hacer, sentía cómo mi joven amigo se estremecía con mis besos, me acariciaba en algún punto me tocó el trasero y me pegó a él, pude sentir perfectamente su verga erecta contra mi abdomen. Fue delicioso.

Miré el reloj y me di cuenta que era un milagro que mi novio aun no llegara, por lo que me despedí rápidamente y entre a darme un baño para bajarme la calentura pero en el camino se me ocurrió algo mejor. Ese beso me había dejado muy pero muy caliente y sabía que no pasaría ni con 10 baños fríos, necesitaba follar y ya.

Así que entré a mi habitación y comencé a masturbarme con un dildo, regalo de mi novio infiel. No necesité mas estimulo que recordar lo ocurrido, me sentí sucia y pervertida, me sentí como él y hasta creo que lo entendí, tal vez yo también podría hacerme adicta a ésa poderosa sensación de adrenalina, tal vez yo podría pagarle con la misma moneda. Mientras tenia ésos pensamientos me di cuenta que abrían la puerta y ahí estaba mi novio, el cual sonrió de oreja a oreja al verme abierta de piernas y víctima de un orgasmo brutal que había mojado ya las sabanas.

Se acercó rápidamente y me percaté de su erección casi enseguida, se deshizo de su ropa y se abalanzó sobre mí de una manera brutal, me besó, me mordió el cuello, la cara, los senos sentí que me los arrancaba, estaba como poseso, me la clavó como si fuera un preso después de salir de 20 años de encierro. Gemí como loca y tuve un orgasmo majestuoso, pero él siguió taladrándome hasta que el orgasmo se hizo presente y sentí como vaciaba sus testículos dentro de mí. Cuando abrí los ojos, me di cuenta pícaramente que no era mi novio en quien pensaba en ése momento, sino en Oscar, mi amigo travieso comencé a preguntarme que tanto podía medir su arma y cómo haría el amor, comencé a fantasear con la idea de ser suya.

Las ideas duraron unos días más, pero su desesperación me exasperaba, me sentía perseguida por él y exhausta. Por lo que comencé a bloquearlo de mis redes sociales y excluirlo y por el mismo medio, comenzaron a surgir más prospectos para mi plan de venganza; entre ellos, un codiciado soltero, amigo mío desde que inicié la carrera, siempre muy amable conmigo y jurándome que si le diera una nueva oportunidad jamás me arrepentiría, que moría por probar mis labios y que mi novio era un completo idiota, que una mujer como yo basta y sobra para un verdadero hombre. Por supuesto que sus atenciones me encantaron sobre todo por el difícil momento que estaba yo atravesando y que a pesar de mis escarceos ocasionales con mi vecino, aun no completaba mi venganza pues mi novio se cogió a su ex durante todo un año, así que yo lo haría igual. Por fin una tarde me decidí a verlo, lucía tal y como lo recordaba alto, fuerte, musculoso, con la camisa arrollada en sus fuertes brazos, la barba abundante y perfectamente recortada y esa mirada de pervertido que con tan sólo verla me mojaba como ni siquiera una película porno lo lograba.

Nos tomamos un café, platicamos de la vida, el amor, mi decepción y cómo lo estaba sobrellevándolo. Me dijo –querida sabes cuánto te aprecio y que eres la chica más hermosa e inteligente que he conocido, eres la mujer maravilla y por eso precisamente no puedo entender cómo llegaste a esta decisión tan tonta!! ¿De verdad crees que por tenerte a un lado va a dejar de ser infiel? No, mi reina, los hombres así mueren siendo infieles. No hay vuelta de hoja, mejor acéptalo y quédate conmigo. Yo te daría todo lo que siempre soñaste.

Su mirada, sus ojos, su voz, su delicado tacto en mi mano, me tenían hipnotizada verdaderamente, tan sólo podía afirmar con la cabeza y sonreír impulsivamente. Me habló de lo mucho que le gustaban mis labios, que desde que nos conocimos soñaba con besarlos, de mi cuerpo que le parecía perfecto, de mis manos, en fin la letanía que un hombre te dice para llevarte a la cama. Se hacía tarde y mi novio estaba por llegar a mi departamento, por lo que insistí en ir de vuelta a él.

Cuando José Luis estacionó su auto frente a mi apartamento, inmediatamente sentí un impulso que bajaba hasta mi vagina y la hacía mojar y estremecer. Un momento perfecto. Me sentí como adolescente otra vez cuando el novio va a dejarte hasta tu casa y temes que te vean tus padres. José acarició tierna y torpemente mi cabello mientras me decía lo hermosa que le parecía y lo ciego que debía estar mi novio, sentí que el corazón se me saldría del pecho y cuando quise despedirme con un beso en la mejilla, él se movió quedando en contacto nuestros labios, sentí sus húmedos y gruesos labios rozando los míos, su barba rozando mi cara apenas, enseguida tomó el control y comenzó a besarme en serio, se apoderó de mis labios y me beso como sólo un experto sabe hacerlo, tal vez sea por sus casi 30 años, pero el tipo sabe lo que hace. Quedé atónita y mojadisima, si no supera que mi novio llegaría en cualquier momento, lo habría invitado a pasar y que me hiciera suya, pues no podía pensar en otra cosa quería ser poseída por él con todas mis fuerzas.

Subí rápidamente a mi recámara y después de darme un relajante baño, mi novio llegó cansado y de mal humor contándome su día, de pronto ya no me parecía tan atractivo –que tonta, pensé de qué me estuve perdiendo en mi rutina de novia perfecta mientras mi novio se revolcaba con sabrá dios cuanta wila-

-¿en qué piensas? Me dijo Luis, mi novio mientras me miraba tímidamente. – en la escuela, mentí esquivando su mirada. Había apenas comenzado mi infidelidad y no podía verlo a los ojos, él se folló tantas veces como pudo a ésa estúpida y aún se atrevía a decirme celosa y neurótica y a exigirme que confiara en él. Esto de la infidelidad no es para todos, pensé. Pero si él pudo, yo también lo hare.

En ése momento sonreí como quien parece tener todas las respuestas y lo besé.

El momento de la verdad.

Después de esos días decisivos, me retraje un poco entre mis obligaciones en casa y la escuela, preparar la comida, mis trabajos, mis exámenes y demás y dejé de lado un poco el tema, aunque mis nuevos “novios” no tenían la misma disposición. Eran tan insistentes que me desesperaban y no respondía sus llamados, pero un día haciendo un trabajo salieron las fotos de mi novio con su ex, recordé el día que no llego a dormir porque estaba en una fiesta y lo raro que fue para mí que no me invitara, las fechas, todo coincidía, sentí nauseas al ver como la perra ésa mamaba ésa verga que tantas veces me comí, la ira se apodero de mi y sin pensarlo más acepte la invitación de José Luis a cenar. Me puse guapa y pasó por mí, en el camino y aún con el estómago revuelto, le envié un mensaje a mi novio diciéndole que iría a tomar unos tragos con mis amigos y llegaron un poco tarde, que la cena estaba en el congelador y que no me esperara despierto.

Por fin, calmé mis nervios y conseguí sonreír sin pensar más en las circunstancias. José se veía divino, llevaba una camisa pegada al cuerpo que dejaba ver su pecho perfecto, su vello corporal, su voz me enloquecía y toda esa situación me tenia caliente como moto. Tomé su mano mientras manejaba y no paraba de decirme lo perfecta que lucía esa noche. Llegamos a un pequeño e íntimo bar del centro. Era un ambiente agradable y cálido, el empleado se hizo cargo de mi abrigo y bolso y José se encargo de mi asiento, había olvidado los detalles que un caballero debe tener con una dama, mascullé.

-soy un caballero dispuesto a todo por ti, princesa. Me dijo, besando mi mano. Me sentí como en un cuento. Como en algún relato que le pasaría a cualquiera menos a mí. Era mi momento de vivir.

La cena pasó tranquila y sin preocupaciones una vez que dejó de importarme lo que mi novio enojado me escribiera al celular. –es mi turno, pensé y eso es todo lo que importa.

Después de unos cuantos tragos, me sentía un poco mareada y muy pero muy caliente, José sabía perfectamente cómo manejarme y llevarme suavemente al compas de la música suave del lugar, era un ambiente romántico para las personas que se amaban, para mí, era un lugar que me provocaba hacerle el amor sobre la mesa a mi amigo de una vez.

Cuando calculó que había bebido lo suficiente me pregunto lujurioso qué quería hacer ahora. A pesar de mi estado, la pregunta me dejó helada, sabía lo que significaba esa pregunta y aunque mi cuerpo pedía a gritos sexo desenfrenado, la razón y conciencia aún intentaban mandarme.

Me arme de valor y contesté un apenas audible – lo que tú quieras, guapo.

Vi su mirada lasciva, muy pasional y su manera de llevarme del brazo hacia su auto. Yo sonreía expectante. Estuvo conduciendo un rato que sentí eterno y finalmente llegamos a un motel, a orilla de carretera, uno que siempre quise conocer por lo lujoso que se veía. Entramos y eligió una habitación. Me sentía tonta, la única vez que había pisado un motel era con mi novio, pero con él tenia confianza, a pepe apenas lo conocía. Pero se encargó de guiarme dulcemente, comenzamos a besarnos como la primera vez, aunque él enseguida aposto por besos más audaces que me excitaron inmediatamente, también notaba su excitación, sus latidos, su respiración y por su puesto su terrible erección que amenazaba con romper su pantalón, mientras suavemente me tomaba por los brazos, la cintura cadera, me acariciaba las nalgas, me llevaba a la cama, me senté y José enseguida me tomó como si fuera yo una muñeca de trapo, me quitó la ropa lenta y cadenciosamente mientras yo luchaba con la culpa y el morbo que la situación me provocaba.

Por fin dejó mis pechos expuestos y se adueño de ellos, nadie los había tocado en años además de mi novio y ahora un extraño estaba comiéndomelos literalmente, era tan excitante y delirante aquello que no podía más, comencé a gemir sin quererlo y desear que me penetrara de una vez. José acariciaba y besaba cada rincón como si la vida se le fuese en ello, se deshizo de mi ropa sin darme apenas cuenta y él estaba en bóxer, podía apreciar su bulto y me volvía loca aquello. Qué sensación, toco mi clítoris y me quedé impávida, hizo movimientos circulares desde mi monte de Venus hasta mi botón del placer y de regreso mientras seguía comiéndome las tetas y diciéndome que eran las mejores tetas que había comido en su vida, que podría comerlas para siempre, yo me derretía de placer y aún no consumábamos el acto. Su dedo fue bajando llegando a mi entrada toda mojada por tanta excitación y entro sin apenas trabajo, ya dentro de mí, comenzó a moverlo y excitarme tanto que los gemidos se hicieron más fuertes, se levantó un poco y colocó su pene justo en mi entrada, era el momento, sentí cómo se deslizaba lenta pero firmemente hacia mi interior, su glande abriéndose paso, era a verga más grande y gruesa que me había atravesado, no sentía el fin de aquello, era simplemente una gozada. Finalmente, sentí sus testículos chocar contra mis nalgas y me sentí mas llena que nunca, después de un breve momento empezó el mete saca tan trillado como delicioso, aumentando la velocidad y la excitación de ambos, olvide por completo a mi novio y sus aventuras, me dedique a sentir, a ser egoísta y disfrutar, a sentir y dar placer, escuchar a José gemir fue probablemente el detonante para que aumentaran mis contracciones y comenzara a sentir el orgasmo venir, José se perdía entre mis caderas y yo gozaba como desesperada. Finalmente me dio la estocada final y bañe su verga con mi orgasmo profundo y prolongado como sólo una buena sesión de sexo puede terminar, mientras sentía como mi interior se bañaba con su cimiente, parecía que tenía un rato sin acción, pues sentía su leche escurrir por mis nalgas y llegar a mi espalda y aún no terminaba de desahogarse jeje.

Terminamos rendidos yo en su pecho grande y fuerte sintiendo su respiración y latidos sin control, imaginé lo alterado que estaría mi novio y sonreí perversa. – sólo fue una por tantas que tú me hiciste, dije para mis adentros, mientras José me mimaba y acariciaba parecía enamorado de mí, aunque yo sabía que no lo estaba.

Después de seguir besándonos, lo volvimos a hacer de una manera más tierna y suave, el orgasmo vino lento y largo. Después de esto, nos quedamos dormidos en un profundo sueño sin imágenes.

Por la mañana me encontré aterrada al despertar en el cuarto de un motel junto a un hombre con el que no debería estar , desnuda y aun sintiendo en mi interior el escozor de aquella follada y su leche pegajosa en mis genitales, me gustó y aterró la sensación nueva.

Me levanté sigilosamente y entré al baño, me bañaba como intentando borrar “mi pecado” lavando bien mi cuerpo, cuando sentí una fuerte y grande mano en mi cintura haciéndome dar media vuelta y descubrir a José desnudo con su cuerpo perfecto y su miembro erecto. Sonreí y nos besamos un largo rato, me acariciaba y enjabonaba mi cuerpo, yo hacía lo mismo sin más culpa, mientras el agua nos bañaba lentamente. Comenzamos a besarnos más cadenciosamente y a tocarnos, cuando sentí su miembro luchando por entrar en mí de nuevo. No nos acomodábamos debido a mi estatura (1.55) y la suya (1.93), pero me pidió que apoyara mi peso en la pared mientras me levantaba una pierna y acomodaba su glande en mi interior, fue una follada igual de rica que las anteriores pero diferente, éramos dos animales en celo victimas de nuestros instintos y placer, entregados el uno al otro, sentí sus penetraciones mucho más profundas que las anteriores y su pene chocando con mi cérvix, lo que me llevaba al límite, comencé a gemir mientras él me apretaba las tetas y la cintura y levantaba mas mi pierna, me sometía y eso me encantaba. Finalmente y sin avisar me dio el ultimo lechazo en mi interior y sentí por gravedad como escurría su semilla de mis labios vaginales rojos e hinchados. Terminamos el baño y nos vestimos rápidamente pues los dos íbamos muy tarde a nuestras obligaciones. Llegue al departamento a darme un baño rápido por si me quedaba una gota de semen de aquel semental y a cambiar mi atuendo tan sospechoso. Mi novio aun dormía y no tenía intención alguna de despertarlo. Lo miré desde la puerta y sólo pensé – ahora estamos a mano. Mientras sonreí maliciosa al sentir mi vagina abierta y muy bien cogida. Ésa fue sólo la primera vez de muchos encuentros clandestinos con José y finalmente con Oscar, pero ello se los confesaré en otro relato. Espero les guste. Hasta pronto.

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