Follándome a mi marido

Tras la Boda la frecuencia en tener sexo había bajado de manera drástica. Con los años habíamos pasado de follar todas las tardes en casa de su madre (con el morbo consecuente de ser pillados) a un par de veces por semana a una vez a la semana y recientemente una vez cada dos semanas. Siempre sexo oral o pajas, ya no le follaba el culo a mi marido como cuando era un novio deseoso de que la metiese a todas horas. Los problemas, la rutina y la sensación de tenerme bien atado había que hecho que mi marido dejase de suplicarme que me corriese en la boca o me buscase en sitios públicos para que le follara ante la mirada de desconocidos.Ahora el sexo se reducía a cuando él tenía deseo y me calentaba una vez estando yo dormido, lo cual me hacía tener un sexo poco espabilado y un tanto perezoso.

Todo comenzó un día en el que pilló mastubándonme leyendo relatos eróticos, me miró y me preguntó que qué leía, le enseñé la pantalla del móvil y pudo leer “sodomizando a mi novio”. Sin decir más me dejó terminar que me masturbara yéndose al salón. “vaya puta mierda, follo menos que un hetero” pensé mientras me hacía la tercera paja de ese día. Estaba en una racha en la que me masturbaba 2 o 3 veces al día y aún así iba falto de sexo. Me llegó a preocupar estar obsesionado con el asunto.

Aquella misma noche, tras cenar, estando en mi despacho escuché cómo me llamaba mi marido “ven, cariño, que tengo algo para tí”. Al entrar al salón, donde se encontraba, estaba mi marido con el culo en pompa enseñándome su ojete “ven, que tengo ganas de que me lo comas”. Lo sabía, el muy cabrón sabía que me encantan los culos, comérmelos y hacer que el otro se corra mientras meto mi lengua hasta el fondo para notar el calor que emana del paraíso de los hombres. Le di un palmetazo en el culo, le separé los cachetes con las manos y me puse manos a la obra. A los dos minutos sentía cómo aquel ano perdía su resistencia y mi lengua ganaba terreno dentro de mi marido. Estaba gimiéndo, tocándose el pene y jugueteando con sus pies con el mío.

Tras un buen rato de comerle el culo y notar su respiración entrecortada me levante, agarré del cuello a mi marido, que estaba con el culo en pompa, y le dije al oído “te voy a dar bien por el culo para compensar estos meses de sequía” a lo que me contestó “sé que te he descuidado, desquítate”. Dicho y hecho, me subí al respaldo del sofá y le ofrecí mi polla, que es de un tamaño promedio pero muy gruesa y ví cómo la engullía. Notaba mi glande luchando por introducirse más en su garganta, bajé la vista y me encontré con sus ojos, suplicantes pero a la vez ávidos de un buen macho, deseosos de que como marido le diera lo que era suyo y no había tomado desde la boda.

La follada de garganta duró un buen rato, mientras veía cómo se introducía dedos en el culo, sabía lo que me gustaba: follármelo solamente lubricado por sus babas de puta. Y así fue, le cogí bien de la cadera, presenté mi glande en su agujero y le fuí introduciendo, poco a poco, hasta el último milímetro, la señal inequívoca eran mis huevos chocando contra su redondeado culito. Empecé la penetración poco a poco, dejándole tiempo para que se relajara, mientras masajeaba con una mano su pene y con la otra le agarraba del cuello forzándole a besarme girando la espalda… “escúpeme” y así lo hice, le escupí en la boca, vi su cara de cerdo agradecido mientras recibía mi escupitajo en la boca… “Ahora, fóllame sin piedad”. Y así lo hice, le bombeé bien por atrás, notaba cómo arqueaba su cuerpo pidiéndome más, estaba supercachondo pero quería disfrutar la enculada, no sabía cuánto iba a pasarme sin poder follar.

Le saqué la polla, le di la vuelta y boca arriba me lo follé en el sofá mientras me deleitaba besándole los pies, poco a poco, estaba tardando más a posta para quedarme bien satisfecho largo tiempo. “Por favor, lléname de tu leche, te prometo que te daré más culo” y como un “ábrete sésamo” procedí a recostarme, sin sacarla y empezar una brutal follada acompañada con gritos y súplicas de “dale la leche a tu puta” “márcame, mi marido” “fóllame, cabrón”. No terminé ahí, no quería premiar a quien me había privado de sexo tanto tiempo así que se la saqué, me senté sobre su pecho y le di biberón hasta que me corrí, no se la saqué de la boca hasta que me cercioré de que se lo tragó todo. “Trágatelo todo, venga putón” mientras tanto el se empapaba de semen el vientre con una eyaculación espasmódica. Observé cómo me relamía y recordé todos aquellos días de novios en los que mi osito se llevaba una ración de leche antes de dormir calentito…

Pero esa historia ya os la contaré

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