Historia de Lily

Supongo que habrán escuchado o leído este tipo de historias antes – la historia de una mujer joven y sexy felizmente casada que desea a un atractivo semental y que eventualmente sucumbe a sus propios deseos.

Bueno, me ocurrió a mí. Y lo que es interesante (al menos para mí) es que antes de que todo esto ocurriera, habría apostado lo que fuera a que siempre sería fiel. Ese es el quid del asunto.

Verán, he descubierto que el deseo sexual es al menos 50% psicológico. Cuando una idea te alcanza, se queda allí y crece y crece lo quieras o no, como malahierba en el jardín.

Me casé con el cuarto hombre que me llevó a la cama. Era perseguida (porque soy atractiva) por muchos, pero cuando salía con alguien, lo hacía seriamente – siempre pensando en relaciones a largo plazo.

Aunque siempre he sido muy abierta en el sexo con mis novios, y en todo lo referente al sexo en general, nunca tuve sexo casual – ni siquiera una vez. Nunca me fui de un bar o un pub con algún tipo. Nunca tuve ninguna clase de relación de una sola noche. Francamente, nunca he encontrado sexy esa idea. El sexo siempre fue algo íntimo – para compartir con alguien por quien sintieras algo.

Soy alta, voluptuosa y tengo el cabello corto y rubio. Tengo 36 años pero me conservo en estupenda forma y me gusta vestirme sexy para mi esposo. Como ya dije, tengo la mente muy abierta en todo lo referente al sexo. Pero no voy por allí vistiéndome sexy para otros hombres. Nunca he querido la atención de alguien que no fuera el hombre con el que estoy. No digo que no me guste ser vista y admirada. Sólo aclaro que esa nunca fue una meta. Mi hombre siempre ha sido suficiente para mí. Y quiero dejar algo absolutamente claro: No había tenido ninguna queja acerca de la vida sexual con mi esposo.

Me doy cuenta que lo que me pasó fue un fenómeno psicológico. Me obsesioné con una idea. Y simplemente no pude arrancarla de mi mente. Me quedé estancada en esa idea.

Comenzó en una fiesta. Un grupo de mujeres estábamos hablando en una esquina del salón mientras la música llenaba todo el ambiente. Jessica le dijo a Sara que su nuevo novio estaba buenísimo. Yo ni siquiera sabía de quién se trataba, ya que en aquella fiesta había varios tipos que no conocía.

Sara se río divertida y dijo “Sí, supongo que está bien. Es grande donde importa que lo sea.”

Todas nos reímos de aquello. Pero como si hubiera sido golpeada por un rayo, me excité inmediatamente – a pesar de que no había ningún hombre en mi mente o al que estuviera viendo. Fue la idea de un tipo que era “grande donde importa que lo sea.”

Otra chica del grupo bromeó, “Entonces el tamaño importa, ¿no?” a lo que siguieron más risas. Sara respondió, “Tiene sus ventajas.”

En ese momento, algunos tipos se nos unieron y preguntaron de qué nos estábamos riendo. Alguien dijo “De los hombres. ¿De qué más?”

La conversación continuó. Pero las palabras habían quedado impresas en mi cerebro – “El tamaño importa.”

La fiesta siguió su curso. No fue sino hasta una hora después que me las arreglé para averiguar quién era el nuevo novio de Sara. Estaban juntos y él tenía su mano en el trasero de ella. Estaba, como Jessica había dicho, buenísimo. Bastante bueno.

Intenté ser discreta, pero no pude evitar mirar la parte delantera de sus pantalones. Y luego a su entrepierna. Y vi su bulto. El bulto. De hecho, me di cuenta de inmediato que lo tenía muy grande y que yo nunca había experimentado algo así con ninguno de mis cuatro novios.

Supongo que nunca había pensado en eso antes. Realmente no sé porque tuvo tal efecto en mí. ¡Pero estaba realmente excitada! ¡De hecho estaba azorada! No es que no hubiera escuchado el término “bien dotado” antes. La diferencia era que esta fue la primera vez que personalicé la idea – nunca había estado con un tipo bien dotado – se trataba de mí, de algo muy personal.

La fiesta eventualmente terminó. Sabía que nunca sería infiel. Y sabía que aún si estuviera soltera, nunca me metería con el novio de otra mujer. Pero el resto de la noche no sé cuántas veces me sorprendí a mí misma mirando la entrepierna de aquel tipo.

Y en el regreso a casa, con mi esposo manejando el auto, esa era la imagen que tenía fija en la mente.

Pasaron 6 meses. Es sábado en la mañana y mi esposo está arreglando el garaje. Corró escaleras arriba hacia la habitación y me siento en la mitad de la cama con mi espalda apoyada en la cabecera. Levanté mi faldita y llevé mis manos a mi tanga. He estado pensando en el enorme paquete del novio de Sara y ya no puedo más. Necesito algún tipo de alivio. Presionó uno de mis dedos índices contra mi clítoris. Luego hundo un par de dedos de mi otra mano en mi concha. Cinco minutos después alcanzó un poderoso orgasmo y necesito lavar mis manos.

He descubierto que esta es la única manera de sacar de mi mente la verga del novio de Sara. Su nombre es Andrés, pero sólo pienso en él como el novio de Sara.

Lo he visto varias veces, siempre con Sara. Cada vez me deja sintiéndome como una tonta a punto de babear. La última vez estuve seriamente tentada, cuando nadie estuviera mirando, de meterle mano en la bragueta y darle un par de meneos en la polla por encima de los pantalones. Quería sentirla.

Sé que estoy obsesionada. Pero saber que estoy obsesionada no evita que lo esté.

Las semanas pasaron y estoy en el trabajo. Acabo de regresar de almorzar con una amiga. Estábamos hablando y chismeando cuando me pregunta si he escuchado que Sara ha terminado con su novio.

Mi primera reacción fue sonreír malvadamente. Mi segunda reacción fue entrar en pánico. ¿Cómo lo iba a ver de nuevo? ¡Ni siquiera sé su nombre! Y no es que pueda ir por allí preguntándole a la gente – después de todo estoy casada – y además, a pesar que me gusta, sé que nunca seré infiel.

Le pregunto a mi amiga si sabía qué pasó entre Sara y su novio. Ella responde, “Sara siempre se quejaba de que estaba demasiado ocupado mirándose al espejo.” Quiero saber más, pero no insisto.

Así que estoy en el trabajo. Mi obsesión esta ahora desatada. Empiezo a pensar que debería hacer. Por un lado no quiero ser infiel. Por el otro, no quiero no volver a verlo de nuevo.

Llamo a Sara. Nunca hemos sido especialmente cercanas. Pero llamo para saber si está bien. Estoy esperando que me de alguna pista de dónde está su ex.

Resulta que Sara está bien, de hecho. Bromea acerca de como después de un tiempo se cansó de un tipo cuya única cualidad era ser bueno en la cama. Se queja acerca de que él prefería pasar los fines de semana en el gimnasio a estar con ella, así que ella decidió terminar.

Bromeé acerca de que yo también entreno, y luego hice mi jugada. Le pregunté donde entrena su ex. Ella me lo dijo y continuamos la conversación. Ella ni siquiera se da cuenta del hecho que le preguntara aquello fue muy raro.

Terminamos la conversación. Necesito alivio inmediato. Me voy al baño y pongo mis dedos a trabajar.

Es sábado en la mañana. Le he dicho a mi esposo que me voy a entrenar, luego de compras y que voy a almorzar con una amiga. Él se queda en cama y me dice que va a estar arreglando el garaje y limpiando el auto todo el día. Estoy usando mis jeans más ajustados y que terminan debajo de mi ombligo, y una camiseta también muy apretada que termina justo encima. En vez de ir a mi gimnasio, voy al gimnasio del ex de Sara. Me siento excitada porque aquí estoy deseando a este tipo todo este tiempo, y me he dado cuenta que ni siquiera sé su nombre. Ni por asomo.

Me doy cuenta que estoy obsesionada por él. Después de todo, estoy yendo a su gimnasio, pero sé que es muy probable que él no esté allí. Ni siquiera tengo membrecía para ese gimnasio.

Cuando llego allí, pido un tour por las instalaciones. De repente lo encuentre mientras voy por allí. Sin embargo, pese al tour, no tengo suerte. Me quedo y pregunto todo tipo de cosas, pero él no aparece.

Quieren ofrecerme una membresía, pero rechazo la oferta. No puedo decirles que tenía otras razones para visitar el gimnasio.

Camino un par de cuadras y entonces pienso que tal vez, después de todo debería conseguir una membresía – tal vez algo así como un mes de prueba. Tal vez, estaba pensando, me estoy rindiendo fácilmente.

Esto empieza a hundirse hasta el fondo. He llegado al punto en el ahora estoy caminando por la carretera en dirección a querer ser una esposa infiel.

Empiezo a caminar de regreso. Tengo mi primer ataque de conciencia acerca de si debería o no ser infiel si de alguna manera me las arreglo para encontrarme con este semental. Me doy cuenta que con cada acción que estoy tomando me abro más a esta posibilidad.

Una sensación de angustia y culpa me invade. Pero entonces me doy cuenta que los últimos meses he estado totalmente obsesionada por el pene de otro hombre, y que no veo otra manera para dejar de pensar en eso. Y entonces empiezo a pensar que realmente, de verdad, la única manera de terminar con esta obsesiva fijación es complacerme al menos una vez. Ya saben, es muy posible que no vaya a gustarme. Es muy posible que descubra que el tipo es un cretino. Pero hacerlo, sólo una vez, es lo que voy a necesitar para terminar con esto – y está única aventura me permitirá regresar a mi estado normal.

Ahora estoy caminando de regreso a la entrada del gimnasio. Dudo en entrar. Me siento un poco avergonzada. No hay señales de este tipo. No sé si alguna vez se entrenará aquí. Ni siquiera sé su nombre. Y aquí estoy dispuesta a gastar algo de dinero en un gimnasio que no es conveniente para mí sólo por la esperanza de que nos encontremos, liguemos y follemos una sola vez.

Me avergüenzo de que mi fijación me haya llevado a esto. Con la mochila del gimnasio en la mano tomo una decisión y me alejo del gimnasio. Por primera vez, siento que estoy empezando a sentirme mejor de aquella fijación. Me siento un poco tonta. No puedo inscribirme en un gimnasio que rara vez usaría. Mi sentido común por fin encuentra el camino.

Llena de este nuevo sentimiento y segura de mi decisión, doy la vuelta y me alejo del gimnasio, contenta conmigo misma. Decido ir de compras, como le he dicho a mi esposo ya que sería muy extraño que regresara a casa tan temprano.

Y entonces lo vi. Y él me vio. Demasiado para mi recién tomada decisión. Nos saludamos como viejos amigos. Puso sus manos en mis hombros y me dio un beso en la mejilla y me preguntó si también entrenaba en su gimnasio. Le dije que me daba gusto verlo de nuevo, que sólo estaba visitando el gimnasio porque una amiga me había hablado de él, que escuché acerca de su rompimiento con Sara.

En respuesta él me dijo que esperaba que me uniera al gym porque sería excelente entrenar juntos, pensó que no me volvería a ver, que las cosas no funcionaron con Sara por alguna razón, y luego añadió que ahora me puede decir lo bien que luzco sin tener que preocuparse en lo que Sara podría pensar.

En ese instante supe que me acostaría con ese hombre.

Le pregunté si iba a entrenar en este momento y me respondió que sí. Me propuso que entrenemos juntos y que luego almorcemos. Dejó en claro que había estado viéndome.

Sin embargo, yo necesito resolver esto ya. Le dije que el gimnasio no me convenía, pero luego añadí que estaba libre en ese momento y hasta las 2 p.m. porque mi esposo había salido a jugar fútbol con unos amigos. (¡Qué mentirosa soy!)

Él mordió el anzuelo. Me dijo que podríamos pasarla juntos un rato, y luego almorzar. Accedí de inmediato. Me pidió que lo esperara mientras dejaba su mochila del gimnasio en su locker – para entrenar más tarde ese mismo día.

Parada afuera del gimnasio me di cuenta que todavía no sabía su nombre. De verdad era sólo un objeto sexual para mí. No le pregunté qué significaba “pasarla juntos”, pero sabía que si eso significaba sexo, estaba dispuesta a romper mis votos matrimoniales.

Me recordé a mí misma que estaba vestida para matar y me di una rápida mirada para asegurarme que lucía perfecta.

Él no demoró nada. Apenas empezamos a caminar puso su mano en mi espalda y luego la deslizó hacia mi trasero. Fue un toque muy suave y yo quería más. Pero no tuve el coraje de ser agresiva.

No sabía hacia donde estábamos caminando. Empezamos a hablar trivialidades. Me dijo que el fútbol no era su deporte favorito, y que no había forma de que estuviera pateando una pelota en el grass toda la mañana, si en casa tuviera a una mujer tan sexy como yo.

Sabía lo que estaba haciendo. Estaba tratando de meterme en sus pantalones. Y a pesar de que sólo habíamos estado caminando unos pocos minutos, claramente se daba cuenta que tenía oportunidad.

Le dije que estaba de acuerdo con él. Agregué que no había forma de que me quedara en casa mientras él estaba afuera jugando. Me sonrió.

Un minuto después estábamos en frente de un pequeño edificio de apartamentos. Sin que me lo diga, yo sabía que era donde vivía. Me lo confirmó un instante más tarde. No mostré ninguna duda cuando él me hizo entrar.

Me abrió la puerta y entré. Cuando lo pasé, su mano se posó en mi trasero e insertó un dedo en el bolsillo trasero de mis jeans. Cuando la puerta se cerró, me atrajo hacia él y me besó en la boca. Yo le correspondí.

Mis labios se separaron para aceptar su lengua. Puse mis manos en su cintura al tiempo que él me ponía contra la puerta. Sus manos acariciaron todo mi cuerpo. Había estado fantaseando acerca de su verga por tanto tiempo que no podía esperar más. Moví mi mano derecha hacia su entrepierna y le metí mano en la polla. Lo deseaba demasiado.

Estaba loca de lujuria. No sólo quería que éste hombre me satisficiera, también yo quería satisfacerlo a él. Deseaba su esperma. Quería sentir como se corría dentro de mí. Quería entregarme por completo a este hombre. Cualquier sentimiento que pudiera tener por mi esposo, se había desvanecido por completo, por ahora. Necesitaba unirme a este semental.

Nuestras bocas permanecieron unidas mientras yo continuaba meneándole la polla. Rompí el beso y le dije cuán grande podía sentirlo. Quería que supiera que estaba loca de lujuria por él. Me dijo que le quitara los pantalones para que pudiera verlo.

Hice lo que me dijo. Me puse de rodillas y tomé el cierre. Le desabroché la bragueta mientras palmeaba su erección. Luego desabotoné sus jeans y su verga de inmediato convirtió a sus bóxers en una tienda de campaña. De verdad tenía una polla enorme. Sin temor a exagerar, seguramente mediría cerca de 25 cm, pero todo lo que sé es que era larga, gruesa y que la quería para mí.

Empecé a jalar sus bóxers hacia abajo sobre su glande. Y entonces allí estaba – el objeto de mi deseo – la verga con la que había estado obsesionada todos estos meses; la tranca por la que me había estado masturbando mientras soñaba con ella; la polla que había estado imaginando cuando mi esposo me follaba.

Había una gota de fluido en la punta. Lo lamí, y entonces me la metí en la boca. Él puso sus manos firmemente en la parte posterior de mi cabeza para asegurarse que me quedara con su verga clavada en la boca. Me estabilicé envolviendo mi brazo izquierdo alrededor de su pierna, y extendí mi mano derecha y empecé a tirar de sus bolas.

Estaba completamente perdida de lujuria. Este hombre, cuyo nombre todavía no conocía, me poseía. Poseía mi mente. Me había arrebatado, aún sin tratar, de mi esposo.

Mientras mi cabeza se movía hacia atrás y hacia adelante en su verga pode saborear su liquido pre-seminal. Él estaba diciendo “Sí, chúpala” a intervalos regulares.

Después de diez minutos devorando su verga, y a pesar de la presión de sus manos en mi cabeza, la retiré de su polla, para lamer y succionar sus grandes bolas en el acto. Veía su magnífica verga como una máquina de esperma y sentía este deseo intenso de tener su semen dentro de mí – y ahora. Se lo dije.

El hizo que me levantara y me guio a su habitación. Se sentó en el borde de la cama y me dijo, “quiero ver a una mujer casada desnudarse.” Me quité la camiseta, luego mis pantalones, mientras lo miraba contemplándome.

“Perfecta,” fue su único comentario.

Me puso de espaldas a la cama y nos besamos de nuevo. Le dije que necesitaba que me follara muy duro, que me reventara. Él se colocó entre mis piernas y puso su enorme verga contra mi concha mojada.

Pero en vez de meterla, sólo la movió frotándola ida y vuelta contra mi clítoris. Gemí con fuerza.

Me dijo, “Ahora quiero ver a una mujer casada rogar por que la follen.” Y así lo hice. Empezó a penetrarme con lentitud deliberada. Estaba tan mojada que una fuerte embestida no habría representado un problema aún con su grosor.

Follamos por media hora. Se sintió… perfecto. Era un completo semental. Me daba cuenta cada vez más de su verga mucho más grande y de su ajuste perfecto en mi concha. Me sentí completamente llena. Era muy atlético y fue capaz de sostener la potencia del polvo.

Susurré en su oído esas palabras que dejan a un hombre saber que a quién le perteneces. Fueron las palabras más infieles que jamás había dicho. Me corrí tres veces en esa media hora. Nunca me había corrido tres veces en un día – mucho menos en treinta minutos.

Y ahora era su turno. Le dije que era un semental. Le dije que quería su semen en mí. Él gimió y dijo, “Ahora voy a reventarte.” Aumentó el ritmo y realmente me estaba perforando la concha. Alcancé sus glúteos con mi mano izquierda y luego descendí hasta sus bolas hinchadas. Le dije, “necesito tu esperma ya.”

Fue todo lo que necesitó. Lo sentí llenándome. Gimió algunas veces. Me había abierto bien la vagina, así que se sintió un poco raro cuando sacó su polla.

Por el gesto presumido en su cara podía decir que estaba pensando que no sólo acababa de follarse a una mujer – la había conquistado. Me deleité con esa idea. Me di cuenta que había sido conquistada aún antes de tener sexo. Fue la idea de su verga la que me conquistó.

Me preguntó sí había disfrutado más que con mi esposo. Le dije, “Creo que ya sabes la respuesta, semental.” Me dijo que eso no era suficiente, quería escucharme decirlo. Así que le dije que había sido aún mejor que lo mejor que mi esposo podía ofrecerme y que nunca había sentido tanta necesidad de ser follada.

Después de besarnos un rato con las bocas abiertas, Andrés se levantó y fue a lavarse. Regresó apenas un minuto después, con su verga semi-dura bamboleándose cerca de mi boca. Se quedó de pie junto a la cama y yo me acerqué y empecé a besar su verga.

Succioné, chupé y mordí su tranca con ansias, fue una mamada larga y pausada. Fui mucho más consciente de cuanto tenía que abrir la boca para poder acomodar su tranca. Después de un rato me eché sobre la espalda, él se movió cerca de mi cabeza y yo empecé a lamer sus bolas. Desde esa posición estaba perfectamente posicionada para succionar cada testículo mientras pajeaba su miembro con mi mano.

Continué succionando sus bolas hasta que con una voz ahogada él me dijo, “Estoy a punto.” Con prisa, rodé sobre mi estómago de nuevo y atrapé su tranca entre mis labios. Estaba sorprendida de que fuera capaz de aguantar tanto. Los tipos con los que había estado no tenían esa fortaleza.

Él gimió de nuevo y dijo, “Chúpala…sí…Métela entera en tu boca…voy a correrme.” Seis o siete gruesos chorros de semen inundaron mi boca. Seguí chupándole y succionándole la verga hasta dejarla limpia. Le apreté ligeramente el nabo y un poco de esperma apareció en la punta. Asegurándome de que estuviera viendo, saqué la lengua y muy lentamente lamí los restos de semen. Eso lo impresionó.

El día no había terminado. Veinte minutos después, logré arrancarle otra erección y me folló de nuevo. Seguía y seguía incansable y me dijo que quería asegurarse de que no pudiera follar con mi esposo en la noche. Era terriblemente egocéntrico. Pero por alguna razón, eso me excitaba.

Más tarde dejé su apartamento y arrastré mi cuerpo devastado de regreso a casa con mi esposo. Todavía no sabía su nombre. Me dijo que me llamaría y lo dejé así.

Para mi sorpresa, no sentí remordimientos o culpa. El hecho era que mi vida es increíblemente buena. Estoy en una relación estable con mi esposo. Soy una mujer muy sexy y atractiva. Y tuve la capacidad y el tiempo de ocio suficiente para acostarme con este semental, sin que mi esposo supiera.

Me doy cuenta que soy una esposa infiel. También me doy cuenta que ahora no soy una persona de fiar. Pero al mismo tiempo no estoy hiriendo a nadie, y ahora sé que es posible tener sexo tan increíble que harías lo que fuera para conseguirlo. Sé también que el tamaño importa y que soy una mujer con la suficiente suerte para conseguirlo. Me doy cuenta que el tipo es egocéntrico – pero yo voy a alimentar ese ego – un hombre así lo merece. No quiero casarme con el tipo, sólo quiero ser capaz adorarlo como un semental entre los hombres. Verán, ahora desde mi perspectiva, ser fiel sería un poco estúpido.

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