Hoy quiero dos vergas, mi amor. Parte 2

Ahí estaba. Cabalgaba durísimo a Raúl, Santi se acercó y metió su miembro, casi a la fuerza, en mi boca. Dios, que bien se sentía. Comencé a gemir. El plug anal hacía su trabajo de maravilla, me sentía dilatada, lista para recibir a cualquiera de los dos en mi recto. Ansiaba el momento de tener dos vergas penetrándome. Qué suerte que Santi aceptó mi propuesta.

–Hoy quiero dos vergas, mi amor.

–Me encanta que seas así de zorra–me contestó mientras metía dos dedos en mi vagina–. Seguro que esto te gusta.

Con su mano libre abrió su portafolio y sacó un plug anal. Lo puso en mis labios. Sabía qué debía hacer. Lo lubriqué con mi boca. Sacó sus dedos de mis entrañas. Empezó a insertármelo por el ano. Estaba tan excitada, que no fue complicado, en tres intentos ya estaba dentro de mí. Llegó el mesero, nos dejó la cuenta. Se fue.

–Y si llamo a Raúl, y me cogen como la otra vez.

–Ok, le marcas mientras vamos a la caja a pagar.

Saqué mi celular. Sentía delicioso caminar con ese objeto bien metido en mi culo. Sonó el primer tono. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, me doblé de placer. Santi activó el plug con un control mientras pasaban su tarjeta. Raúl me contestó. Lo primero que escuchó fue un gemido.

–Veo que ya empezaste la fiesta sin mí.

–El precopeo querrás decir, la fiesta será en tu casa, vamos para allá–Santi aumentó la velocidad del vibrador–. Ahhhh mmm.

–No puedo esperar para cogerte.

Tomamos un uber. Santi aceleraba y luego bajaba la velocidad del plug. Estaba mojadísima. Seguro que el conductor notó mis gemidos y después se daría cuenta de las manchas en su asiento trasero. Ya no traía tanga y mi lubricación había traspasado la minifalda. Llegamos. Tomamos el elevador al sexto piso. Prácticamente, nos comimos mientras subíamos. Me arrodillé, le saqué la verga y se la mamé riquísimo. Se abrieron las puertas del ascensor, no había nadie. Me paré, Santi se iba a guardar la verga pero lo impedí. Lo besé, le di la espalda, lo tomé por el miembro y empecé a caminar, guiándolo hasta el departamento. Toqué el timbre. Raúl abrió.

–Así me gusta, siempre listos.

–Listos para ti, papi.

Con mi mano libre, tomé la mano de Raúl y la puse en mi coño para que notara mi excitación. Inmediatamente, me besó. Yo masturbaba a Santi. Entramos, la luz era tenue, nos besamos en la sala. Nos fuimos sacando la ropa. Sólo me quedó mi liguero y a ellos sus licras. Raúl era dominante, y con toda razón, tenía un vergón grueso, largo y con venas marcadas. Me gustaba más que la de mi novio. Se le marcaba delicioso en la licra blanca. No pude resistirme, me arrodillé ante él y se lo besé por encima de la tela. No dejaba de jalársela a Santi. Cuando liberé el enorme pene de Raúl, salió disparado y me golpeó en la mejilla. Lo perdí todo, mi atención estaba en ese falo. Instintivamente, lo metí en mi boca, no me cabía, pero eso me prendía aún más. Santi veía el espectáculo: su mujer rendida ante la verga de otro hombre. Yo lo miraba a los ojos, con cara de niña buena. Raúl tomó mi cara y empezó a cogerme por la boca. No dejaba de ver a Santi, me excitaba, y él no dejaba de apreciar la verga que me estaba comiendo, la suya estaba completamente erecta y escurriendo de líquido preseminal. Le hice una seña para que se acercara, puso su miembro cerca de mi boca. Moví mi cabeza en negación, y con mi mano toqué el suelo. Se sorprendió pero lo venció su excitación. Se arrodilló junto a mí. Me saqué la verga de la boca y se la ofrecí. Lamió la punta, se notaba nervioso, así que le ayudé. Empujé su cabeza lento, y el miembro de Raúl se fue perdiendo en su boca.

–¿Te gusta, mi amor? Verdad que la tiene riquísima. ¿Ahora me entiendes?–solo asintió y gimió en afirmación–. Me gusta que compartamos todo.

Lo besé amorosamente en la mejilla, y me fui acercando a su boca ocupada. Se la saqué. Comenzamos a comernos, con esa verga en medio. Era delicioso. La recorríamos, cada quien de su lado. Tomábamos turnos para metérnosla completa. Sin siquiera tocarse, Santi comenzó a eyacular. Rápido me agaché, su semen cayó en mi barbilla y lengua. Seguimos besándonos alrededor del miembro, pero ahora compartiendo semen también. Raúl no soportó, chorros de leche inundaron la boca de Santi y la mía. Un poco cayó en mis senos. Raúl tomó los restos con su pene erecto, y nos lo dio para que lo limpiáramos. Noté que Santi ya estaba empalmado otra vez.

–Ahora me toca a mi–caminé hacia el cuarto y me puse en cuatro sobre la cama, paré lo más que pude mi culo–. Los quiero a los dos adentro.

No tardaron nada en acercarse. Ahora fue Santi quien tomó por la verga a Raúl y lo condujo hacia mi. Como flecha, sentí su pene entrar en mi vagina, me llenaba por completo. Comenzó a bombearme. Sentía sus testículos rebotando en mi clítoris. Santi se colocó debajo de mí en posición 69, así Raúl alternaba entre mi vagina y su boca, a veces Santi le lamía los testículos.

–Que bueno que la parejita disfrute de una buena verga–sacó su miembro de mi vagina y se acostó.

Ahí estaba. Cabalgaba durísimo a Raúl, Santi se acercó y metió su miembro, casi a la fuerza, en mi boca. Dios, que bien se sentía. Comencé a gemir. El plug anal hacía su trabajo de maravilla, me sentía dilatada, lista para recibir a cualquiera de los dos en mi recto. Ansiaba el momento de tener dos vergas penetrándome. Qué suerte que Santi aceptó mi propuesta. Se puso atrás de mí y sacó el plug. Sentí su pene palpitando en mi ano. Estaba a punto de pasar, me sentiría completamente llena. Empujó, y sin esfuerzo, se resbaló dentro. Qué placer. Ambos se movían rítmicamente en mi interior. Yo gemía como loca, mi vagina y mi ano estaban siendo perforados de forma salvaje. Me sentía sucia, toda una puta. Mi orgasmo se gestaba rápido mientras sentía como chocaban ambas vergas en mis entrañas. Nadie aguantaba más. Eyacularon dentro de mí. Chorros de semen impactaron brutalmente contra mis paredes internas. Me corrí como jamás en la vida, grité como nunca y caí rendida en el pecho de Raúl. Nuestro sudor se mezclaba.

–¿Te gustó?–preguntó Raúl en mi oído.

–Me encantó amor– nos besamos apasionadamente, aún con el sabor a semen en mi boca.

Sus penes perdían su erección aún dentro de mí. Nos dejamos caer de lado Santi y yo. El de Raúl se salió, junto con su leche, que escurría por mi muslo derecho; pero el de Santi se quedó adentro. Me encantaba sentirlo así, me abrazaba por la espalda, su miembro aún palpitaba dentro de mi ano. Así nos quedamos dormidos. Por esa noche había terminado, pero sabía que había iniciado algo que difícilmente pararía. Los quería a los dos y no parecía molestarles.

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