Ilusiones de mujer

Santiago toma un trago del güisqui que le ha servido la azafata, está rica pero nada comparable con Yanina , la nena con la que se ha pasado follando su último día en Panamá.

– ¡ Culéame papacito! …Así…asiiií…duro…más duro….mi toro.

La tenía a cuatro patas, metiéndosela hasta que los huevos chocaban contra la boca del coño pequeño, totalmente mojado, una y otra vez. Movía las nalgas morenas con ritmo de cumbia. En el espejo se contemplaba jodiendo a aquella diosa y se excitaba aún más con el agitado va y ven de sus tetas duras pero grandes como melones. Era una cría, con sus 19 años y meses, por lo menos para él, más en los cincuenta que en los cuarenta .

Le estaba dando fuerte con toda la lujuria acumulada de una tarde de piscina. En bikini estaba inmensa, aun más en la cena con un vestido blanco que dejaba poco a la imaginación, mostrando su piel canela en los senos que querían escapar del escote y luego el baile, con el roce del cuerpo joven en el que la carnes se movían elásticas, turgentes, incitándole. Se había metido un viagra para no cansarse ante el regalo de placer que esperaba y ese regalo estaba siendo excepcional.

– Papito…papito…¡ que lindo!…¡ como le gusta a su bebita!…Así, así..sigue.

Y él había seguido, sin reparos, comenzó a darle nalgadas. La muchacha respondía como una yegua ante el estímulo, moviéndose más rápido, más deprisa, acentuando el ritmo de sus caderas, volviéndole loco.

– Métemela en el ojete….mi rey….quiero sentir como me rompes el culito.

Era más de lo que esperaba , se metió el índice en la boca y se le lleno de saliva con la que untó el esfínter de la chica, repitió la operación tres veces. Yanina se había parado, ansiosa, expectante. Santiago probó con un dedo, luego con dos, la mujer suspiró gustosa.

Retiró la polla enfundada y colocó su ciruelo en la puerta oscura. Sonrío , era de verdad oscura, el círculo del ano era casi negro, como le había dicho su amigo Pepe, la niña era un crisol de razas: china, negra, blanca y muy blanca y todo en proporciones para lograr aquella joya, que esperaba que la enculara. Y la enculó. Le costó no correrse en el estrecho canal, aguantó disfrutando del placer perverso de la sodomización. No podía más, la sacó , se quitó el preservativo y se quedó con la polla en alto esperando lo que sabía iba a ocurrir. Yanina se giró, se metió la verga en la boca y comenzó a chuparla. Cuando el semen salió, la muchacha se lo tragó todo mirándole con ojos golosos.

– ¡ Que lindo! ¡ Cómo me ha gustado!. Tenía razón Pepe que eres bueno en la cama….

Santiago se sonrió para sus adentros. Era una frase entre amigos: Lo bueno de una putilla , es que no tienes que esforzarte y ella siempre dice que eres un genio.

Él no la había pagado, pero Pepe algo debía haber hecho para que se pudiera llevar a la cama aquel pedazo de hembra. Era un regalo de despedida. Se lo había anunciado: se iba a casar con una chica colombiana, guapa , joven y rica. Quería trepar en la empresa y los solteros o divorciados solos no tenían posibilidad de desarrollo. A Cayetana Martínez de Biosca , dueña del 52% del chiringo, no le gustaban los hombres solos, creía que no era bueno para la “casa” y Pepe quería quedarse de capo en el Caribe.

Vuelve a mirar a la azafata, pide otro güisqui y repiensa en lo que su amigo, compañero y compinche le había propuesto:

– No eres un niño. La señora esa con la que sales, según tú , es guapa, buena persona, cariñosa , folla bien y encima tiene pasta. Quieren unir Argentina, Chile y Uruguay, tú eres el candidato pero…..estás solo. Por ahora con que estés en pareja vale. El puesto puede ser tuyo …. Piénsalo.

Y lo lleva pensando todo el vuelo. Avisan que van a aterrizar en Eceiza. Se ata el cinturón y toma una decisión.

No tarda en salir, la maleta facturada ha aparecido entre las primeras , así que la pone en el carro junto a la de mano y va hacia la aventura del futuro.

Marisa le espera fuera, está preciosa, elegante , atractiva con una blusa negra que marca sus senos y una falda escocesa con vuelo que deja ver parte de las pantorrillas enfundadas en unas medias negras que acaban en botines de taco alto.

Le abraza y le besa, siente como la lengua explora su boca y se deja llevar por el cariño de la mujer. No les importa que les miren.

– Tengo el coche fuera. Te llevo a casa . Tenemos todo el día y la noche para nosotros. Les he dicho a los chicos que no me esperen.

Lo ha soltado de un tirón , feliz de poder decirle que tienen tiempo para ellos. Santiago sonríe tranquilo, se ha tomado una pastilla para poder cumplir durante un buen rato , sabía que Marisa le iba a exigir sexo a fondo. Apenas salen de la terminal enciende un cigarrillo, le ofrece otro a su pareja. Durante el camino, ella le pregunta y el cuenta como le ha ido el viaje. Marisa quiere saber de Panamá, ella sólo conoce parte de Brasil y Uruguay, donde había ido de vacaciones con su difunto marido.

Por fin llegan al departamento. Deja el equipaje en el salón.

-Seguro que vienes agotado. Quiero hacer el amor con vos pero no me importa esperar. ¿Quieres que te prepare un baño con sales? Cómo si fuera una mamá que cuida a su nene que viene de un viaje largo.

– Me encanta tu propuesta y además…..me estoy cagando. El vuelo me ha movido el cuerpo.

– Usa el baño de invitados mientras yo voy poniendo bien el agua.

Santiago va a hacer sus higiénicas necesidades, sigue dándole vueltas a lo que le ha dicho su amigo Pepe. Con el esfuerzo de empujar se le pone la polla casi dura. Marisa le gusta, pero tiene que amoldarla, le parece un poco puritana, mujer mucho tiempo casada y muy madre. Cuando se limpia decide ir a buscarla como está, en camisa y calcetines, sin pantalones ni calzoncillos ni zapatos. La encuentra en el baño del dormitorio, la bañera está llena, humeante, esperándole.

– ¡Cómo me gusta esa vergota grande y dura!. Deja que te acabe de desnudar para que te puedas meter en el agua.

Sigue vestida , se pega a él, le abre la camisa, pasa las uñas por el pecho del hombre bajando hasta el miembro que se ha endurecido más por la caricia. Y se arrodilla para quitarle los calcetines. Aprovecha para darle un besito en la punta del capullo.

Cuando Santiago entra en la bañera y sumerge el cuerpo , ella se agacha para darle otro beso en la boca. Antes de que él la agarre, se levanta y parada ante él, se suelta la falda que cae al suelo. La braga es calada, negra, como las medias de red que acaban al final de los muslos. Se abre la camisa sacándosela y quedando con un corpiño a juego. El calado permite ver los pezones erectos. Levanta los brazos para que los pechos destaquen más poderosos , agita la melena, sonríe y le susurra:

– Espérame un instante. No te muevas de ahí..mi vida.

Vuelve enseguida, trae en la mano un vaso, Santiago se da cuenta que es un güisqui con hielo y un poco de agua. Se lo ofrece, da un trago corto, lo deja en el borde.

– Para bañar a mi rey mejor me desnudo, para no mojarme.

Le hace un lento strip- tease. Se suelta el sujetador, lo sujeta semitapando los senos, lo deja caer y se acaricia las montañas, luego gira, ante los ojos del hombre van quedando al aire las nalgas duras, redondas con el valle que las divide y que Marisa recorre con un dedo. Se baja la vedettina y al hacerlo los labios de su vulva quedan expuestos incitadores ante los ojos de Santiago, que contento con el show toma un trago de la bebida y le pide:

– Nena, ¡ que buena estás! y ¡ que buena eres!. ¿ Me puedes traer el tabaco para echar un pucho?

Marisa marcha y vuelve con un contoneo de pasarela, los pechos casi se meten en la cara del hombre cuando se inclina para darle el cigarrillo que ha encendido. Santiago da una calada y echa el humo a los pezones de la mujer, dos círculos blancos, como dos nubes quedan rodeando los picos enhiestos.

-Deja que me ocupe yo de todo- susurra Marisa mimosa mientras se llena las manos de gel y tira de un pie para sacarlo del agua y enjabonarlo, cuando acaba y deja que se sumerja , repite la operación con el otro. Está arrodillada, los senos cuelgan tras el borde de la bañera, Santiago sigue fumando y bebiendo el güisqui.

– Cariño, te importa ponerte de pie.

El hombre se levanta , tiene la pija erecta, dura. Ella se vuelve a poner gel y lava sus piernas, cuando las manos recorren los muslos, acariciando la piel , Marisa aprovecha para darle un besito en el glande.

-¡ Cómo me gusta el pollón de mi niño!

Se levanta y ahora acaricia mimosa el pecho y la espalda de Santiago que sonríe feliz, mientras acaba el cigarrillo. No sabe que hacer con la colilla. La mujer lo toma , moja la punta y lo arroja al bidé. Abre la ducha y empieza a enjuagar la piel del hombre.

El agua está algo más caliente que tibia, la mira, está hermosa, sensual, excitante, con la alcachofa en la mano lanzando el chorro contra él, al tiempo que con la otra mano acaricia su cuerpo mojado. Los pezones parecen querer estallar, tiene la tentación de pellizcar los, pero se contiene. Debe ser ella la que juegue y lleve la iniciativa.

– Mi vida, métete de nuevo en el agua. Cuando acabes el güisqui , te lavo la cabeza. –

Cuando lo hace Santiago aprovecha para acariciar los pechos que se mueven delante de él, con los ojos cerrados, como un ciego, para que no le entre jabón. Los pezones duros, la carne elástica, una delicia al tacto. El agua le quita el champú de la cabeza.

– Cariño, ahora sólo queda un poco y ….puedes salir, pero antes ponete de pie.

Se para ante ella, que le sonríe perversa mientras se pone gel en las manos y comienza a lavarle las nalgas, se entretiene en el valle entre ellas, con el dedo hace un círculo alrededor del ojo del culo. Luego los testículos y por último la verga dura. Va despacio volviéndole loco de deseo.

Marisa tira del tapón, la bañera empieza a vaciarse, la mujer usa la ducha para echarle agua por el cuerpo hasta no dejar sombra de jabón. Cuando Santiago pone los pies en la alfombrilla del baño, se da cuenta que la mujer cuidadosa, no ha mojado prácticamente nada del piso. Le envuelve en dos toallas y lo seca. Desnudo , empalmado, tiene que esperar a que ella le seque el pelo.

– Mi niño, deja que te cuide yo. Estate tranquilo. Acabamos enseguida.

Le divierte cómo le mima. Ya han terminado. Marisa le lleva de la mano a la cama, la ha abierto, hace que el hombre se tumbe. Se coloca con los muslos a cada lado del cuerpo de él, y se deja caer despacio hasta que la pija pétreaentra en ella hasta el fondo. No se mueve, se queda empalada, Santiago nota como la mujer aprieta los músculos de la vagina apretándole la verga.

-Mi rey, tu amor va a sacarte toda la lechita Vos sólo mira, yo te haré todo el trabajo, mi campeón agotado.- Le susurra insinuante, mientras comienza a acariciarse los senos y a oscilar adelante y atrás.

Es un placer verla, erótica, lasciva, lujuriosa, tocándose mientras le folla. Una mano desciendo al pubis, se inclina hacia atrás para dejar el clítoris al alcance de sus dedos, con la otra se pellizca los pezones al principio, retorciéndoselos a medida que se va calentando más y más, como muestran sus gemidos cada vez más maullidos de una gata en celo.

Santiago comienza a mover sus nalgas, sin dejar de estar clavado, para acercarse al culmen del placer. Pero sigue quieto, disfrutando de la hembra con la que está jodiendo, de su goce, de su entrega. Siente el orgasmo de la mujer, que cuando se acerca al tope, convierte la penetración en una cabalgada salvaje hasta que el hombre larga su semen en su interior.

Marisa está feliz, desnuda en la cama, pegada a la espalda del hombre, piensa que lo ha conseguido: Vuelve a tener pareja. Ya no es un lío, una pasión con fecha de terminación. Santiago le ha propuesto que vivan juntos. Ella es algo que necesita. Vivió feliz con su marido y la pareja es su vida. Le encanta su ligero ronquido , restriega su pubis con el culo del hombre.

Ha sido tan maravilloso. Antes de declararse le ha enseñado los regalos de sus hijos, y luego le ha dado los suyos. Dos vestidos de Carolina Herrera, uno largo, el otro corto, rosa y negro; un conjunto de la Perla, bikini completo, medias, liguero y un camisón corto y para acabar un anillo de platino con un pequeño diamante, al dárselo es cuando le ha pedido que viva con él.

Quiere abrazarlo, despertarlo, volver a hacer el amor , aunque ya lo han hecho tres veces cuando una sombra se le cruza en la mente. Algo que le surge en los últimos días desde que estuvo en la fiesta en casa de sus cuñados. Una sensación donde se mezcla el miedo, con el asco y el placer. Al principio pensó que era un sueño, ahora está segura que fue una realidad.

Está dormida o adormilada, alguien la desnuda y luego le acaricia suavemente haciendo que su piel vibre , que su sensualidad se dispare. Oye una voz de hombre, de Benito, su cuñado, que pregunta si le ha dado el somnífero. Es Raquel, su cuñada, la que dice que sí, y que la ha desnudado y acariciado para ponerla a punto. Y entonces una boca ansiosa le chupa los pezones , le abre las piernas y la penetra. Recuerda el mete y saca salvaje, posesivo del macho. Y como se derrama en ella. Luego la orden del hombre diciendo que la limpia bien, que no quede ni rastro. Y la lengua de su cuñada lamiendo su concha, entrando en ella, limpiando sus labios íntimos y por último haciendo que se viniera cuando se concentró en el clítoris.

Abraza a Santiago, que dormido no opone resistencia. Marisa sabe que no lo ha soñado, que ocurrió, la dificultad de dormir tras la muerte de su marido, hizo que tomara muchos somníferos, no le hacen todo el efecto que deberían.

Se separa del hombre, su mano busca su concha, comienza acariciarse, no puede olvidar el placer de la lengua de Raquel devorándola.

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A Daniela le gusta estar así, desnuda, abrazada en la cama, sudada tras hacer el amor con su novio que le pasa la mano, mimoso, por los grandes senos, todavía con los pezones erectos tras la tierna batalla. Ella acaricia con el índice el miembro viril. Lo adora, le vuelve loca. Es hermoso, largo , grueso, con las venas marcadas por las que corre la sangre que ayuda al músculo poderoso a volverse el tronco que la rompe y la lleva al más allá al penetrarla. Lo empuña y tira de la piel para ver su glande con el ojo que escupe la lava del placer. Le quita el cigarrillo a su chico, da una calada, luego se mueve hasta colocarse cerca de la verga y despacio lanza el humo contra la pija.

– Polla ahumada, lista para ser comida.- suelta con una voz en la que se mezcla el humor con la ternura.

Y devolviendo el tabaco desciende su boca hasta su blanco y con la lengua lame los restos secos del semen y sus flujos limpiando la verga. El arma se vuelve a levantar. Pablo se separa,apaga el cigarrillo, se baja de la cama y se arrodilla. Saca con disimulo una pequeña caja del pantalón tirado en el suelo:

– Por favor , siéntate en la cama. Creo que esto se hace así de rodillas y muy serio.

– ¿Me vas a comer la concha?.¡ Uau! ,,que delicia.

– No , mi amor. Te voy a hacer una pregunta que es muy importante en nuestras vidas. ¿ Quieres casarte conmigo?.

– ¡SIIIII ! …… ¡Dios mío! …¿Es de verdad? …Te adoro y Sí , sí y sí me quiero casar contigo.

El joven abre el estuche y ofrece un anillo a Daniela.

– Al aceptar ser mi esposa…acepta también este anillo de pedida.

La mujer le saca ,lo valora y se lo coloca en el anular derecho. No dice nada, tira de las manos de Pablo , le ayuda a levantarse y abrazándole emocionada, se pega a él, restriega sus senos turgentes contra la piel del macho, y se deja caer en la cama sin soltarle. El la besa apasionado, es ella la que coloca la punta de la pija en su concha ansiosa que se abre para dejar paso al arma del jóven.

Pablo nota la presión de la empapada vagina en su verga y comienza a moverse con la infinita ternura del amor . No tiene prisa , quiere que ese polvo dure toda una eternidad. Daniela se deja hacer, emocionada por la pedida de matrimonio, necesita que sea su hombre el que la transporte al más allá. Y lo hace, en una cogida larga, en la que los cuerpos se entregan con la sensualidad a flor de piel.

Daniela se deja llevar por la marea del placer mientras le devora la boca cegada en el orgasmo, es entonces cuando el joven acelera sus embestidas para descargar su semen en la mujer.

– Te amo.- lo han dicho los dos a la vez y al darse cuenta, se ríen felices.

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