Iniciando a Montse

Qué sábado noche tan grandioso con Montse. El domingo por la mañana baje para hacerme el encontradizo y ver si actuaban como la otra vez. Después de un rato tomando un café aparecieron, era como un déjà vu. Llegaron los niños se fueron a jugar, se sentaron, Juanma con cara de mala leche y ella con cara normal, la única diferencia con otras veces, es que me miro, me sonrió y me dio los buenos días. No me lo esperaba, pero le conteste con una sonrisa.

Estábamos frente con frente y nuestras miradas se encontraban continuamente. Jugué con mi lengua discretamente y ella solo sonrió. Reconozco que me había enganchado con esa mujer, algo que siempre me había dicho que tenía que evitar, pero era superior a mí. No hablaban entre ellos, estaban completamente en silencio, hasta que llego otra pareja y se sentaron con ellos, el silencio se rompió. Ya estaba bien de estar allí, mire hacia Montse y cuando vi que me miraba, disimuladamente le hice un gesto para que en algún momento me llamara por teléfono. Se limitó a sonreír y a hacer un discreto movimiento afirmativo de cabeza.

Me marche más contento. No fue como la otra vez. La note mucho más receptiva, lo de Juanma la verdad que me daba igual. Al día siguiente un poco antes de las dos de la tarde, recibí su llamada, lo primero que la pregunte era como estaba, ella me dijo que terminando unas cosas en el despacho, que no tenía mucho tiempo para hablar, que era solo para decirme que si sobre las cuatro, podríamos charlar por internet, que le daría menos corte. No puse ninguna pega y quedamos que a las cuatro nos conectaríamos, pero ella me dijo que mejor le diera un toque, por si estaba con gente.

Por ese motivo ese día me fui a comer a casa y a las cuatro en punto la di un toque. Ella atendió la llamada, diciéndome que esperase un momento. Pude oír más voces y que despachaba a la gente con la que estaba y diciendo que durante un rato no la molestasen. Luego ya se dirigió a mí y nos conectamos al ordenador.

– ¿Por qué no quieres por teléfono? Exactamente.

-Porque hay cosas que se, que me darían vergüenza hablarlas.

-A estas alturas no lo entiendo.

-Jajaja… talvez más adelante. Pero no es lo mismo cuando una está con la temperatura alta, que en frio. Seguro que me entiendes.

– ¿Qué paso con tu marido?

-Pues cuando llegue a casa, estaba durmiendo en otra habitación y no me hablo en todo el domingo, a excepción de palabras de compromiso. Pero esta mañana hemos estado hablando de todo.

– ¿Y?

-Se enfadó, bueno mejor dicho se disgustó. Por hacer lo que hicimos sin contar con él y por no parar, cuando lo dijo. Pero le he dicho que ya estaba en una situación de no poder parar, que ya no era yo, que la excitación pudo conmigo, que lograste romper mis defensas. Que no me lo esperaba.

-Que mentirosilla que eres. Si estabas loca porque te follara.

-Ya, pero no le iba a decir eso a él. Pero también me tiré un farol, diciéndole que sabía que se puso cachondo, que vi el bulto de su pantalón.

-Pues yo no le preste atención.

-Yo tampoco, pero lo conozco y seguro que se puso cachondo. Al final medio avergonzado me lo ha reconocido. Si me ha dicho que lo que le jode, es que tú, nos hayas logrado dominar de tal manera, que me jodieras el culo antes que él. Ese es todo su problema. Ha sido muy sincero y me ha contado todo lo que siente.

– ¿Cómo qué?

-No sé si debo…

-Debes.

-Que piensa en nosotros y se pone cachondo. Que no puede dejar de mirar tu pollón. Que le puso cachondísimo la situación. Todo me lo dijo bastante avergonzado, pero cuando le calme y le quite importancia, se tranquilizó. Quiere que volvamos a quedar, pero le da corte decírtelo y más por la espantada que hizo. Me ha pedido que quede yo contigo. Y le he dicho que vale.

-Pues no, dile que te da corte, que sea el quien me llame.

– ¿Por? ¿Qué más te da?

-Entre otras cosas, para que sepa, que quienes mandamos somos tu y yo. Tenemos que hacer de él, un cornudo muy sumiso y obediente.

-Eso es pasarse ¿No?

-Yo no lo creo, pero te dejo la última palabra a ti. Si no quieres, le dices que me llamas tú, que quieres lo que yo quiero, que me llame él. Tu misma.

-A todo esto, que cosas mejores hay y que estás dispuesto a enseñarme.

-En el sexo hay cosas muy buenas, cosas por descubrir todos los días. ¿Para aprender?, solo que te pongas pocos límites. Pero que te aseguro que te iban a gustar.

-No sé, no se…

– ¿A que estas dispuesta?

-Yo que sé. En estos momentos no te podría decir, porque tampoco tenía intención acostarme con otro hombre y mira tú.

-Déjalo en mis manos y no te arrepentirás. Y ya me dirás quién me llama. Avísame antes.

-No hace falta que te avise, te llamara Juanma.

-Jajaja…

-Que pasa, sí, me gusta la idea de que sea un cornudo sumiso. Si lo logramos que bien lo vamos a pasar. Ya estoy deseando que llegue el sábado por la noche.

-Pregunto yo… y porque no el viernes noche también.

-Es que es mucho dejar dos días a los niños con los abuelos.

-Pues me conformare con el sábado, pero yo estaba dispuesto a el viernes también.

-Déjame que lo intente.

-Jajaja…

-Te dejo que tengo que seguir trabajando.

Yo estaba enganchado, pero me daba que Montse también lo estaba. Ya veríamos que sucedía. Pero había que tener cuidado. Ahora era cuestión d esperar la llamada de Juanma, porque no pensaba conectarme al chat, para que tuviera que llamar por teléfono. El martes recibí un mensaje de Montse por la noche, para que me conectara al chat, que su marido estaba esperando desesperado. Le conteste que no me iba a poner, que me tendría que llamar. Ella me dijo, que era muy “malo” pero que no se perdería oír la conversación. Al día siguiente por la noche recibí por fin la llamada, lo que le costó.

-Hola Carlos, es que he visto que no estabas conectado al chat y he dicho voy a llamarle, para saber cómo vas.

-Yo muy bien y no estaba conectado al chat, ya que lo hacía por chatear contigo. Pero después de la huida del sábado… para que conectarme. Si querías o queríais algo, ya llamarías. (Estaba dispuesto a provocar y tensar un poco la conversación, ya me contaría Montse)

– ¿Estas mosqueado?

-Yo no, en absoluto. Ahora si lo dices por lo que te acabo de decir… es que me gusta ser lo más sincero posible.

-Pues ya que no estas mosqueado, ¿Te apetece salir a tomar algo el viernes por la noche?

-Que quieres que te diga, para tomar solo una copa…

-Hombre… solo, solo no. Si surgiera algo, pues ya lo veríamos sobre la marcha, que yo no puedo hablar por los tres.

-En eso tienes toda la razón. Yo sé lo que yo quiero. Pero no sé lo que vosotros queréis. Pero TÚ, si puedes decirme lo que TÚ, quieres. (Recalcándoselo bien)

-Así en frio… no sé, lo normal en estos casos, imagino.

-Yo no imagino nada. Solo quiero que tú me digas. (Se notaba nervioso)

-Joder, tío. Pues que va a ser FOLLAR.

-Ves que fácil ha sido.

-Eres un poco cabrón, ¿No te parece?

-Que va, te quedas corto. Pero eso va a hacer que lo pasemos mejor.

-Y cuando se te ve por primera vez, a pesar de tu corpulencia, pareces un chaval normal, educado, respetuoso.

-Es que soy todo eso, pero en el sexo soy como soy.

-Ya, ya me he dado cuenta.

-Mi respuesta a lo del viernes es que sí, pero con una condición.

– ¿Cuál?

-Que quien mando soy yo.

-Vale (Le costó decirlo)

-Y ahora se sinceró, que es lo que más te gustaría ver que le hago a la zorrita de tu mujer. (Se quedó callado, no sabía si le había molestado lo de zorrita)

-Como le metes todo eso en el culo. (Lo dijo casi susurrando)

-Dímelo más alto que no se te oye.

-Joder cabrón, que quiero ver cómo le metes semejante polla en su culo. ¿Me has oído ahora?

-Perfectamente. Pues iremos el viernes a tomar algo y luego vendremos a mi casa.

-Me parece bien. Pues ya quedamos el viernes, para la hora y esas cosas.

Quedamos así. La cosa había ido bastante bien, no quise apretarle más, no fuera a mosquearse y acabar todo. Cuando me llega un mensaje de Montse, “No sé lo que tú le has dicho, pero yo con lo que he oído me he puesto caliente y el esta cachondísimo” mi contestación fue… “Es simple, tienes un marido más cornudo de lo que te puedas imaginar, lo vamos a pasar muy bien…”

Al día siguiente me llamo nuevamente Juanma, ya que los abuelos tenían una cena fuera de casa y les era imposible quedarse con sus hijos el viernes. Por lo que pospusimos todo para el sábado por la noche. Le dije que ya les llamaría yo el sábado para decirles como quedábamos, la respuesta de él fue que comían con los abuelos, que tratara de llamarles a partir de las cuatro, que podría hablar con más tranquilidad.

Yo seguía terminando de preparar lo que tenía pensado, no quería dejar ningún fleco suelto. Aunque todo dependería también de otra persona. Esa persona era Bárbara mi vecinita. Que seguíamos teniendo de tarde en tarde nuestros escarceos. Era una chica muy predispuesta a disfrutar de buen sexo, al igual que su madre, con la única diferencia que ella no estaba tan vigilada. Me hice el encontradizo con Bárbara y le expliqué mis intenciones para el sábado, ella lo único que quería saber, era quienes eran, pero yo le dije que era una sorpresa. Pero su contestación fue, que, si pudiera ser el próximo fin de semana, que sí, pero que este sábado había quedado ya. Le dije que no se preocupara, que ya encontraría a otra. Note como eso no le gusto y cuando nos despedimos, ella se giró y me dijo, lo arreglare cuenta conmigo y ahora nos fuimos riendo los dos.

El sábado por la mañana les mande un mensaje diciéndoles que a las ocho y cuarto de la tarde me recogieran, diciéndoles donde. Ya lo tenía todo más que estudiado, si salía todo como yo quería, sería una noche fabulosa. A la hora acordada pararon el coche a mi altura y me monte. Le indique para donde tenía que ir y para allí fuimos. Yo había quedado con Bárbara de que la mandaría un mensaje, que sería antes de las doce de la noche.

Llegamos al restaurante, una de sus peculiaridades, era que tenía el aparcamiento, cruzando la carretera, era de tierra y vigilado. Lo que haría que nos dejara a nosotros en la puerta y él se fuera a aparcar, ya que Montse con los tacones no podría caminar bien y así sucedió. Ese momento lo aproveché, además de para ver lo provocativa que iba ella, para darle una bolsita, le dije que era un regalo, pero que ahora no podía abrirlo, porque era una sorpresa. Ella puso morritos diciéndome que quería abrirlo, le dije que lo abriría, pero que fuera al servicio y lo viera allí, pero que era nuestro secreto, de momento. Me miro muy intrigada y cuando entramos en el restaurante, mientras nosotros nos íbamos a nuestra mesa, ella se fue al servicio.

Cuando ella llego a la mesa, venía con la cara colorada, sofocada. Se le noto tanto que hasta Juanma pregunto si la pasaba algo y ella como si no pasara nada dijo que estaba perfectamente. Pedimos la cena y hablábamos tranquilamente, bueno Montse no hablaba, ella estaba muy callada. Una vez que trajeron los primeros platos, a Montse se le escapo como un sonido, pero que cubrió rápidamente con una tos forzada. Juanma la miro extrañado, pero continúo hablando.

En un momento dado, Montse se puso como rígida, se mordió los labios y se tapó la boca con la servilleta, poniéndose roja como un tomate y luego se relajó un poco, recuperando la compostura, yo creo que Juanma se preocupó, porque pregunto en tono suave…

JUANMA-Montse… ¿Qué te pasa? ¿Estás bien?

MONTSE-Si (Muy suave y bajito)

JUANMA-Algo te pasa…

YO-Si no me equivoco, se ha corrido y se ha tenido que aguantar.

JUANMA- ¿Queeeeé?

YO-Que tienes una mujer muy cachonda.

JUANMA-Montse…

MONTSE-No me he podido aguantar y estoy otra vez a punto, Carlos si no paras no seré capaz de cenar.

Entonces saque mi mano y le enseñe a Juanma un mando que llevaba. Le explique que ella llevaba puesto un huevo vibrador y que lo manejaba yo. Abrió los ojos con cara de asombro. Baje el ritmo casi al mínimo, lo que hizo que Montse pudiera cenar con más tranquilidad, pero de vez en cuando subía la intensidad y ella era como si se congestionara. La única diferencia ahora, era que cuando yo creía que iba a correrse, paraba en seco. Más de una mirada me dirigió en desaprobación a mi parada. En los postres, Juanma me dijo que era una buena sorpresa ese regalo que le hice a Montse y yo le dije que tenía una sorpresa más.

Estábamos tomando un licor, cuando Juanma pregunto que a donde nos apetecía ir ahora a tomar algo. Mi contestación fue que el mejor sitio para ir a tomar algo, era en mi casa. La sonrisa y cara de deseo de Montse, lo decían todo. Juanma solo se limitó a mover su cabeza afirmativamente. Montse estaba otra vez a punto, pero pare yo creo que en el mismo momento que iba a empezar a correrse.

Salimos del restaurante y mientras Montse y yo esperábamos que viniera con el coche, yo me dedique a subir y bajar la intensidad del huevo, ella se tuvo que agarrar a mi brazo y todo. Verla así, con ese vestido de una sola pieza, con la falda ancha y como movía sus preciosas piernas, aguantándose allí en medio de la calle, me ponían muy cachondo.

Nos montamos en el coche y nada más empezar a circular, puse el mando al máximo, Montse esta vez no se cortó en nada y grito como una fiera en una corrida espectacular. Mientras se corría yo me había acercado a ella y por encima del vestido tocaba sus tetas, que tenía los pezones durísimos.

Baje la intensidad, pero no lo apague. Quería mantenerla totalmente cachonda. Le deje relajarse un poco, mientras mandaba el mensaje a Bárbara, diciéndola que en 15 o 20 minutos estaríamos allí, ella no sabía con quién iba. Pero sabía que Montse le gustaría. Una vez que llegamos y aparcamos nos dirigimos para mi casa. Una vez en el ascensor aumente un punto la intensidad y delante de su marido la bese, note como su beso fue muy apasionado.

Nada más salir del ascensor, se quedaron un poco parados, porque vieron a Bárbara, que iba con un pijamita muy provocativo, que se veía que no llevaba nada debajo y que estaba pegado a mi puerta, como si estuviera llamando, no eran más de las 11,30 de la noche. Ella se giró al oírnos y se hizo la sorprendida, nos dimos las buenas noches. Ella me dijo que estaba llamando para recoger los CDs. Yo les dije que era la hija de mis vecinos de puerta.

Abrí y entramos todos, le dije que los buscara ella misma, que se me olvido y no los deje preparados. De toda la colección que tengo, ella iba mirando y separando, lo hacía muy bien, hasta yo me creí que era verdad. Lo mejor era cuando se agachaba, como se le marcaba ese culito que tenía.

Tanto Montse como Juanma estaban muy cortados, sin saber qué hacer. Mientras yo estaba sentado, ellos se quedaron de pie. Tenía que romper el hielo, le dije a Juanma que pusiera algo de beber, me miro desconcertado, pero se acercó dónde estaba la bebida y sirvió dos copas. Le dije que la cubitera estaba dentro de la nevera, con el hielo preparado, se acercó a la cocina y lo trajo. Ahora era mi momento, porque sabía bien, que Bárbara actuaria estupendamente.

Subí la intensidad del huevo y Montse dio como un saltito, su mirada era de lujuria total. Suponía que estaba deseando que Bárbara se fuera. Pero no se podía imaginar lo que esa cría sabia en el tema sexual, se iban a quedar sorprendidos. Volví a subir la intensidad y Montse se acercó para sentarse, pero le agarre del brazo jalándola y haciéndola sentar encima de mis piernas, ella una vez que reacciono, quiso levantarse, pero no la deje.

Juanma desde donde estaba, miraba incrédulo y luego miro hacia Bárbara, que nos miraba. La bese cachondamente y ella se resistió en un principio, pero al final se rindió y note como metía su lengua dentro de mi boca. Metí mi mano por debajo de su falda y ella abrió las piernas, tenía sus braguitas chorreando, era increíble cómo estaba.

Bárbara se acercó a nosotros dos, acaricio la cabeza de Montse, que seguía besándome. Yo creo que ella no era consciente de que quien la acariciaba era Bárbara. Yo la acariciaba por todos los sitios, pero sin dejar ese beso intenso que nos dábamos. Logre desabrochar toda la parte trasera de su vestido, dejándolo caer hasta su cintura, con la inestimable ayuda de ella, que saco sus brazos, para dejar toda la parte de arriba al descubierto.

Luego Bárbara le quito el sujetador, quedando sus tetas libres, con esos pezones duros como nunca. Deje de besarla para girarla, de tal manera que quedara con su espalda pegada a mi pecho. Le lamia el cuello y los hombros, intercambiando esas lamidas con moriscos suaves. No hizo falta decirle nada a Bárbara, que se agacho y acaricio sus tetas, lamiéndolas y luego mordisqueando sus pezones.

Montse estaba fuera de sí, pero en un momento dado recupero su cordura y quiso dejarlo, se giró un poco y me dijo… “Esto no está nada bien, es muy jovencita y a mí no me gustan las mujeres…” interrumpí lo que me estaba diciendo, con un nuevo beso en su boca. Se quiso quitar para terminar lo que estaba diciendo, pero como insistí con mi morreo, volvió otra vez a responder como su cuerpo deseaba.

Ahora mientras volvíamos a la misma posición y Bárbara dejo sus tetas para levantar su falda y meter su cara entre sus piernas. Si había alguna posibilidad de que Montse se fuera, en ese momento desaparecieron. Me fije un momento en Juanma que miraba fijamente y se veía que tenía una erección importante. Bárbara le había quitado las braguitas y estaba comiéndole el coño. Bárbara era muy buena y viendo que se iba a correr, se levantó y sin decir nada, nos cogió las manos y nos fuimos a mi habitación. Montse mientras íbamos a la habitación miraba a su marido, como esperando oír algo, pero no único que hubo fue silencio.

Bárbara termino de desnudar a Montse, era fascinante verlo. Como una jovencita tenía a su merced a una madurita impresionante. Mientras yo me desnudaba, sin dejar de mirarlas, Bárbara hizo que se tumbara en la cama y acto seguido, se quitó el pantalón y la camiseta, quedando desnuda completamente. Se tumbó a su lado y mientras le comía las tetas, no paraba de hacerle una paja. El silencio se rompió con los leves gemidos de Montse, que intentaba que no le saliesen, pero estaba demasiado excitada.

Me acerque a la cama y Montse que me vio agarro mi polla, se la llevo a la boca. Me la comía despacio, saboreando lo que hacía. Bárbara mirándome me dijo… “Menuda puta esta echa, viéndola por la calle, jamás pensé que fuera así…” mientras oíamos esto, me di cuenta de que a Montse no la disgustaba, porque hizo que me la comiera con más furia.

Bárbara se agacho de nuevo y volvió a comerle el coño, estaba tan caliente Montse que se sacó mi polla de la boca, pero la seguía agarrando, se oían más fuertes sus gemidos, gire mi cabeza y allí estaba cerca de la puerta, pero en el pasillo Juanma, que se estaba haciendo una paja, amparado por la oscuridad. Montse le grito a Bárbara que no parase que siguiese y a continuación, vi como cimbreaba todo su cuerpo en una corrida espectacular.

Pero Bárbara no se paró y aunque protesto un poco Montse, por esta muy sensible su coñito, se dejó hacer al final. Menuda jovencita, le encantaba comerse un coño y doblegar a una mujer con su “arte”, ya Montse estaba rendida del todo, acariciaba la cabeza de Bárbara, para que no parara. Yo mientras besaba cachondamente a Montse, que respondía con su lengua de una manera feroz. Se notaba como estaba. De pronto oí como Bárbara decía… “Eh, tu, sin tocar… solo me toca Carlos… tu dedícate a mirar y pajearte, mientras nos follamos a la zorra que tienes”

Me gire y mire, por lo que se veía Juanma se acercó y toco a Bárbara, cortándole el rollo. Juanma se retiró como avergonzado y se quedó junto a la puerta. Ahora se subió Bárbara y comía un pezón de Montse, yo me fui al otro, nos comíamos sus tetas a la vez, gemía como si estuviera poseída. Luego Bárbara se acercó y le beso en la boca, cosa que a Montse no le debió de hacer mucha gracia, porque muy disimuladamente retiro su cara. Pero eso a Bárbara no la paro, cogiéndola por la barbilla, giro nuevamente su cara, volviéndola a besar, me fijé y muy poquito después vi como Montse respondía ya al beso de Bárbara, se comían bien comida la boca.

Lleve mi mano al coñito de Montse y me encontré con la mano de Bárbara, que la aparto un poco para que yo tocara también, estaba toda mojada, no podía negar que estaba cachondísima, sabía que era hora de meter mi polla en ese agujero tan deseado por mí. Me tumbe boca arriba y mi polla estaba mirando al techo en todo su esplendor. Le agarre y la hice que cambiara de posición, ella no tardó en hacerlo y abriendo sus piernas, coloco cada una a un lado de mis caderas, sentándose poco a poco sobre mi polla, según se la clavaba se le escapaban suspiros.

Bárbara se levantó de la cama y se fue al armario donde tengo los “juguetitos” sexuales, apareció al rato con un arnés colocado, ese arnés era el mediano, con un consolador de buen tamaño. Vi también como se lubricaba la mano y luego noté como jugaba con el culito de Montse, que ya no ponía peros a nada. Montse se movía con lentitud, disfrutando del momento, la expresión de su cara y sus pezones tiesos, lo decían todo.

Ahora se movía con un poco más de rapidez, se levantaba un poco y se dejaba caer para notar bien dentro mi polla, cuando se dejaba caer, no lo podía evitar y se le escapaba un suspiro, que cada vez eran más fuertes. Bárbara además de prepararle el culito, no dejaba con la otra mano de tocarle las tetas y de comerle el cuello, besándose entre las dos de vez en cuando.

Bárbara le pregunto… “¿Alguna vez te han follado el culo y el coño a la vez?” Montse se limitó a negar con la cabeza. Y Bárbara le dijo… “Pues putita prepárate que ha llegado ese momento, así que túmbate un poquito encima de Carlos y ya verás…” lo dicho Montse estaba entregada totalmente, se agacho un poco hacia mí, luego la cogí y la acerqué más y nos fundimos en un beso profundo. Aprovechando Bárbara la postura para empezar a follar el culito de Montse, que según notaba que iba entrando, me mordía los labios de una forma caliente.

Una vez que Bárbara la penetro hasta el fondo, nos pusimos a follarla los dos a la vez. Notaba la vibración del consolador, sobre mi polla también. Y oía como Montse desencajada nos pedía que la folláramos con más ganas. Bárbara la daba unas buenas embestidas, no tenía piedad, se le notaba muy excitada también y tenía agarrada desde atrás las dos tetas de Montse, apretándole con ganas los pezones, que en algún momento Montse trato de quitarle las manos, pero Bárbara no se dejó, hasta que Montse de manera explosiva se corrió gritando…. “SIIIIIII, JODER… FOLLARME MAS FUERTE… SI, NO OS PAREIS AHORA…” se quedó apoyada con sus manos sobre mi pecho, con la respiración fuerte y entrecortada, como si hubiera corrido un maratón.

Bárbara se quitó rápidamente el arnés e hizo que Montse se quitara para ponerse ella y se sentó sobre mi polla metiéndosela toda, se colocó de espaldas a mí y le dijo a Montse que le comiera las tetas, al principio le costó un poco, pero al momento ya estaba amorrada a las tetas de Bárbara, notaba como Bárbara cada vez se movía con más ganas, ya la conocía lo suficiente, para saber que estaba entrando en la situación de no retorno, para correrse. Pero incompresiblemente se paró en seco, moviendo suavemente su culito.

Cogió a Montse y le beso en la boca, para luego decirla que le comiera el coño mientras yo me la follaba, eso sí que la freno del todo, pero no a Bárbara, que viéndola dubitativa, le agarro del pelo y la empujó hacia su coñito, apretando su cabeza contra él, que bruta que era, pero luego le soltó la cabeza y ya estaba Montse comiéndole el coñito sin ningún tipo de problemas. Por cómo se movía sabía que estaba la cosa muy cerca, por eso agarre bien sus caderas, para que mis embestidas fueran profundas, hasta que por fin note y oí como se corría la jovencita Bárbara.

Bárbara se quitó y no se relajó, inicio una mamada bestial, que mi polla agradecía e invito a Montse a que lo hiciera también. Era excitante ver a las dos comiéndose mi polla, que estaba a punto de reventar. Como sus lenguas recorrían todo mi tronco, como se comían mis huevos. Como de vez en cuando sus lenguas se entrelazaban entre sí. No las avise y justo cuando Montse era la que estaba más cerca de la cabeza de mi polla, empecé a eyacular de forma importante. Llenando la cara y la boca de Montse, ella rápidamente se metió la polla en la boca y termine de correrme en ella, pero la cara le quedo llena pringosa.

No deje que se limpiara y le dije… “Ves a darle un beso a tu marido” ella tal como estaba se fue hacia Juanma que estaba mirando fijamente y lo beso, el al principio estaba como contenido, pero luego la morreaba con desesperación.

Dije de ir al salón a tomar algo y allí nos dirigimos. Le dije a Juanma que hiciera el, los honores de servir las copas. Sin rechistar se puso a poner las copas. Montse se disculpó diciendo que se iba a lavar un poco la cara, que la tenía pringosa. Hice una seña a Bárbara y esperaba que ella entendiera que no tenía que dejar venir a Juanma. Y me fui para el baño, estaba Montse lavándose la cara y me coloque detrás de ella, al sentirme, levanto la cabeza y me vio reflejado en el espejo diciéndome… “Ya sabía que vendrías…. Y sonrió”

Acariciaba sus tetas desde atrás, estaba en la posición y en el sitio que más me gustaban, viéndonos por el espejo. Le dije que me daba la sensación de que se cortaba mientras follábamos y no sabía si era por algunas de las cosas que le decía, por si le parecían fuertes. Ella sonriéndome otra vez, me dijo que, de eso nada, que oírlas le ponían muy cachonda y no sabía porque, pero que le cortaba todavía tener a Juanma mirando. Que si no ya me iba a enterar.

Todo eso y los movimientos de su culo sobre mi polla, hicieron que se me pusiera dura otra vez, se la metí en el coño y de un solo empujón. Ella mirando al espejo me dijo… “Menudo pollón que tienes, me encanta la sensación de que me vas a romper a pollazos, dame bien fuerte” la embestía con fuerza, pero sin ser brusco, ella con la cara toda mojada por el agua me decía… “Un día tenemos que follar sin Juanma…” yo cada vez estaba más cachondo y ella para que contar, estaba totalmente desinhibida, hasta el extremo que cuando estaba a punto de correrse, se paró y me dijo… “Es una pena tener el culito tan preparado hoy y dejarlo así… ¿No te parece?”

Menuda cachonda que estaba echa. Le saque la polla y ella, coloco el culo en mejor posición, dándome todas las facilidades, empecé a metérsela suavemente, pero ella me animaba a que fuera más rápido y así lo hice. Una vez dentro, ella me pidió que le hiciera lo del ultimo día, que le hizo correrse como nunca. Me agache lo suficiente para coger sus labios vaginales y atrapar su clítoris con ellos, mientras ella era la que movía el culo de manera frenética, yo le hacia el sándwich a su clítoris. No tardo nada en correrse y esta vez me decía… “Nadie folla como tú, me tienes que follar todos los días, hare todo lo que me pidas…. SIIIIIIIIIII…. AAHHHHHHH…” corriéndose como nunca. Yo me corrí detrás de ella llenándola bien el culo, fue una autentica gozada.

Nada más sacarla de su culito, ella se dio la vuelta y me beso apasionadamente, para decirme luego… “Te lo he dicho en serio, quiero que me folles más veces y estoy dispuesta a hacer lo que sea. Que por lo que veo llevo perdido mucho tiempo” yo le sonreí y nos volvimos a besar.

Cuando llegue al salón, Bárbara tenia puesta ya la ropa y Juanma bebía de la copa que tenía en la mano. Hablamos de un par de tonterías y luego apareció Montse vestida completamente. Se bebió de un solo trago lo que su marido le había preparado y le dijo que cuando quisiese se iban para casa.

Juanma se levantó, dio dos besos a Bárbara y la mano a mí. Cuando nos dirigimos todos a la puerta, Bárbara me dio un beso en los labios a mí para despedirse y otro a Montse. Pero la despedida de Montse fue tremenda, se me acerco y delante de su marido y Bárbara, me metió la lengua hasta la garganta, sobándome la polla a la vez. Y dijo que esperaba que nos viéramos muy, muy pronto, sonriéndome. Había sido muy fácil la iniciación de Montse, pero tenía que tener cuidado de no “engancharme” de ella. Pero seguiría poniéndola en situaciones muy excitantes, solo era cuestión de idear las nuevas situaciones.

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