Inicio de nuevas “amistades” y que… “amistades”

Después de la estupenda noche del viernes, el sábado y domingo fueron de absoluto relax. Durante estos dos días y con la excusa de que me cambiaria de escalera, ya que la vivienda estaba en la otra parte, estuve tanteando a mi tía por los vecinos. Ella no salía de que eran todos buena gente, que a los que menos conocían era a unos franceses que llevaban menos de un año viviendo allí, pero que se les veía también buena gente. Poco más le pude sacar.

Llego el lunes y según me dirigía al trabajo iba pensando cómo reaccionarían mis amigas. Porque nunca se sabe, anteriormente me había pasado de todo, lo que fuera no me pillaría de sorpresa. Una vez entre en ese grandísimo hall, Neus me hizo una seña con su mano y tratándome de usted me llamo. Me acerque tranquilamente y mientras lo hacia ella se fue hacia el extremo del mostrador, separándose de sus compañeras. Me enseño una hoja con algo escrito, mientras me soltaba una perorata de algo que no tenía sentido para mí, hasta que leí la nota que decía… “A LAS 11 SALGO A DESAYUNAR” no pude más que sonreírme y decirle que me parecía bien, que estaba de acuerdo.

No era mala señal el lunes empezaba bien. Para que luego digan que los lunes es el peor día de la semana. Subí a mi planta y me puse a trabajar, aunque yo más bien diría a vegetar. No me acababa de sentar y ya estaba pensando en Neus, que era mejor que pensar en mi anodina jornada laboral Algún comentario con algún compañero de trabajo y poco más. Me pasaba más tiempo mirando la hora, esperando que dieran las 11. Ya estaba cerca el momento de irme, cuando veo que, a varios compañeros y compañeras de trabajo, los que estaban más cercanos a la puerta de entra, que era una puerta de cristal, que se podía ver perfectamente los 6 ascensores, les cambio la cara, dejaron de charlar y se pusieron de tal manera, que parecían que trabajaban de forma exagerada.

Por la puerta aprecia Mónica la directora, una mujer más de unos 35 años muy bien vestida y no era guapa, pero con buen cuerpo, con ellas llegaban cuatro hombres, pero llamaba mucho la atención un hombre alto, espigado, pelo canoso, buen porte. Con voz potente y se le noto cuando dio los buenos días. Nosotros seguimos trabajando y yo intuí que sería alguien importante, Porque hasta Mónica estaba como en un segundo plano. Se veía que unos y otros iban haciendo gestos, indicaciones, pero lo que si se pude oír fue que hablaban de algunas reformas y de ubicar parte del personal en otras plantas.

Este hombre al que me he referido antes, cuando llegaba a alguno de mis compañeros, lo saludaba, a algunos le preguntaba por la familia y cosas de ese tipo. Era un hombre muy serio. Yo veía que según se acercaba a la parte que estaba yo, me miraba como de reojo, imagino que, porque yo no entonaba allí, todos eran bastante mayores que yo. Cuando llego a mi mesa, se dirigió a mí y me pregunto… “Y tu… ¿Quién eres?” Me extraño que me tuteara porque a todo el mundo lo había tratado de usted. Yo me limite a indicarle el día que había empezado a trabajar en la empresa. El hombre me replico y con no muy buen tono… “Si, pero… ¿Por qué se te ha contratado? ¿Qué especialidad tienes, que estudios, de dónde vienes?” ya algo nervioso, le conté como me seleccionaron, lo que había estudiado y donde.

Yo veía que me miraba fijamente según yo iba respondiendo, hasta que me interrumpe y me dice… ¿Y qué coño haces en este departamento?” tarde un poco en contestar, esperando que Mónica dijera algo, pero como vi que no abría el pico, le dije como fue mi primer día y quien me mando allí. Se giró miro a Mónica y con enfado le dijo… “Cojones Moni otra vez me la lías, a este chaval se le selecciono por algo en concreto y deje bien claro a donde tenía que ir. Que parte es la que no se me entendió. Moni… soluciónalo ¡YA! Ni mañana ni pasado” había un silencio sepulcral por parte de todos los demás. Y este hombre dirigiéndose nuevamente a mí me dijo, “Discúlpame por lo de chaval y Doña Mónica en un rato arreglara este mal entendido”

Una vez que salieron por la puerta la gente hacia todo tipo de comentarios. Yo pregunte que quien era y todos me dijeron que D. Miguel, el director general. Un hombre estricto pero justo. Comente que buena bronca se llevaría Mónica y todos casi al unísono, me dijeron que era su esposa. Ya eran más de las once, mi desayuno se me había fastidiado y no me atrevía a irme, porque no sabía cuándo me llamarían. No me llamo nadie, apareció Mariona la secretaria. Diciéndome que recogiera mis cosas y llevándome a otra planta. En esa planta a la gente se le veía más alegre, siendo la edad más variada, aunque por lo que pude ver yo era el más joven, eso sí, sin saber cómo serían los que estaban almorzando. Pase a un despacho en el que había un hombre de unos 50 y algo de años, que me recibió muy amablemente, me explico mis funciones y dijo que ya era hora de que le mandaran a alguien con la especialidad mía.

Me acompaño fuera y me presento al resto de la gente, que me dieron también la bienvenida de forma muy agradable, aunque me di cuenta de que algunas personas cuchicheaban, algo normal, supuse que, por mi edad, mi físico, por saber algo más de mi… no le di importancia. Mi pensamiento estaba en no haber podido avisar a Neus, no me gustaba dejar a la gente plantada. Con una excusa me salí de la oficina y me fui a ver a Neus y explicarle cara a cara lo que había sucedido. Pero una vez que llegue abajo no hizo falta, estaban Iris y Neus riéndose descaradamente nada más verme, por lo que se ve ya se había corrido la voz de lo sucedido. Como vi que estaba todo perfecto, solo se me ocurrió, con la excusa de que estrenaba cas, invitarlas el fin de semana para que la vieran. Neus contesto enseguida y me dijo que por ella no había problema. Pero Iris, con cara de pena dijo que ella y se lo dijo más mirando a Neus, no podía escabullirse porque su marido la llamaba por la noche. Añadiendo pero que no nos preocupáramos por ella, que fuéramos los dos. Neus mirándome primero a mí y luego a ella le dijo… “Mujer seguro que, si nos invitas tu a los dos, Carlos no pondrá ninguna objeción” cambio completamente su cara y nos dijo que solo era cuestión de encontrar niñera. Eso sí, antes de irme las dos me dijeron que a partir de hoy tuviera mucho cuidado con el marimacho (refiriéndose a Mónica) porque me decían que, si la habían llamado la atención en público por mí, la culpa para ella seria mía.

Regrese de nuevo a mi sitio y pregunte si me podía cambiar a una mesa que tenía mejores vistas, pero me señalaron en las que no podía, porque ya estaban asignadas a personas que estaban de vacaciones. Una vez que me puse en mi mesa, la gente no espero nada, me preguntaban cosas, de temas profesionales y yo iba aclarando las dudas como podía, hubo un momento en que no daba abasto. Pero afortunadamente paro el aluvión, me pude relajar un poco y aproveché para dar un vistazo general, a las personas que serían mis compañeros y al lugar. Había de todo como en botica. Pero dentro de ese de todo, resaltaron más cinco mujeres muy vistosas, que entraban en mis gustos. Como siempre maduritas muy apetitosas.

Después del día de trabajo llegue a casa, cuando entre Carmencita me dijo que mi tía me esperaba en el piso. Dejé mis cosas y sin ni siquiera quitarme la corbata fui al piso. Encontrándome en el camino con Laureano el portero, que imagino que, por mi edad, empezó a tomarse unas confianzas conmigo que no me gustaban nada y haciéndome comentarios soeces, sobre lo que haría yo en ese piso, que se quería hacer el gracioso, pero no tenía ninguna gracia, mis contestaciones fueron monosilábicas y continúe mi camino, aunque por mi lo hubiera mandado a la mierda, pero no quería iniciar una guerra con nadie y menos con el portero.

Cuando llegue al piso llame al timbre y me abrió mi tía, que me recibió con una gran sonrisa diciéndome que ya tenía mi piso. Mientras hablaba en la entrada con ella oía a alguien trasteando dentro. Nos acercamos a mi habitación y estaba montada ya mi cama. Dolors (la mujer del portero) estaba dando los últimos retoques. Esta vez la bata que llevaba era totalmente de verano y cuando entramos estaba de espaldas a la puerta e inclinada terminando de hacer la cama, pudiéndose ver perfectamente los muslazos que tenía. Cuando la salude se giró me respondió al saludo y que ojazos. Ahora se la veía bastante mejor, un poquito rellena, pero ideal.

Miraba sus ojos, su escote, que dejaba entrever dos buenas “razones” ocultas. Cuando mi tía me saco de mis pensamientos, diciéndome que, si no me parecía mal, ya había acordado con Dolors, que me echaría una mano en la limpieza de la casa, además de en lavar y planchar lo que me hiciese falta, me pilló desprevenido, pero como no supe que decir, tanto mi tía como ella lo entendieron como un sí. No quise esperar a mas días y dije que iba a por mis cosas, me acompaño mi tía. Que me iba diciendo lo sola que se iba a sentir ahora y esas cosas, yo la consolé diciéndole que me tenía al lado, que cuando quisiera que nos viéramos que lo dijera. La verdad es que en estos días habíamos conectado muy bien, teniendo bastante complicidad, pero sin esperar nada más a cambio.

Mientras recogía mis cosas, solo pensaba en el culazo de Dolors, si no llega a estar mi tía no sé qué hubiera pasado, porque me entro ganas de todo. Como Dolors se había quedado dando los últimos retoques a la casa, estaba deseoso de volver, pero para mí mala suerte, mi tía decidió volver a acompañarme. Cuando llegamos Dolors seguía haciendo cosas y mi tía se puso a colocar en los armarios toda mi ropa. Era como una madre, lo mismo. Fui a la cocina a por agua y veo a Dolors agachada colocando menaje de cocina en los armarios, me pareció un poco forzada la postura, pero forzada o no, no me lo pensé, lo más que podía ocurrir es que buscara una excusa y no volver más. Porque el follón no lo montaría estando mi tía allí, así que como digo, sin pensarlo toque el culazo y dije… “Qué envidia me da alguno, teniendo esto tan cerca” se lo acaricie, manosee y palpe con gusto, deleitándome. Cuando ella se incorporaba, que por cierto no se dio mucha prisa, oímos como venía mi tía. La cual terminaba de dar instrucciones y consejos. Cuando termino de decir todo lo que tenía dentro, dijo… “Carlos, nosotras nos marchamos y ya te dejamos solo, para que te vayas haciendo a la casa” cuando se iban, Dolors aprovecho un momento de descuido para decirme… “No tengas tanta envidia que hay algunos que no saben aprovecharlo” y se marcharon. Ese último comentario no sabía si iba por su marido o por mí, por no haber tratado de hacer que ella se quedase.

De eso ya me ocuparía más adelante, ahora me fui a por las cajas donde venían mis equipos informáticos, me dedique a montar todo, ya que eso no podía esperar porque me hacía falta para mi trabajo. En una hora había montado más o menos todo. Fue cuando me di cuenta, que, desde esa habitación, se veía parte de la casa de mis tíos, viendo pulular a Carmencita y mi tía en varios momentos. Cuando fui a la nevera y la abrí, me dio hasta pena, había sido un gran fallo, no había nada dentro, por lo que sin pensarlo me bajé a comprar. Compre no mucho, lo básico, ya con más calma me haría una lista e iría a comprar de todo. Cuando llegue al portal, Laureano se me quedo mirando con cara rara, incluso llegue a pensar que la mujer le comento algo. Pero que va, se extrañaba de verme con bolsas del supermercado. Y con ironía me dijo si ya me había comido todo, añadiendo claro con ese cuerpo. Ahora el que le miraba extrañado era yo, porque no sabía a qué se refería. Entonces llamo a voces a su mujer, que apareció por el fondo del aparcamiento.

Cuando Dolors llego su marido le pregunto si la señora (refiriéndose a mi tía) y ella no habían ido a comprar y cuando me vio con las bolsas, se echó la mano a la boca con cara de sorpresa. Diciéndome ella que tenía la despensa llena. Mi pregunta fue… “¿Qué despensa?” y entonces el marido le dijo anda sube con el chaval, ayúdale, que tú y la señora estáis… no acabando la frase.

Llegamos los dos a la casa y una vez que abrí la puerta ella fue lanzada a la cocina, yendo a la galería donde había un cuarto que era muy grande y había una despensa, casi todo estaba colocado, menos algunas cosas que estaban en una nevera más pequeña. Con las prisas no me lo explicaron.

La invite a sentarse en la misma cocina, al principio estuvo remisa pero luego dijo que solo cinco minutos y se sentó. Quedamos los dos cara a cara, a poca distancia, viendo esos muslos estupendos que tenía y ese escote, que daría cualquier cosa por desabrochar la bata y comprobar cómo eran esas dos tetas, que se percibían de buen tamaño.

Trate de sonsacarle cosas de los vecinos y me dio buen resultado. Pero tampoco fue muy detallista ni llegamos a las dos jovencitas rubias, que era algo que me intrigaba, de los que más me hablo fue de los vecinos de la otra escalera. Notaba que estaba nerviosa y que cada vez se iba poniendo más, imagino que por mis miradas. Y cuando le pregunte qué porque ese nerviosismo, ella me respondió por como la miraba. Le dije que no lo podía evitar, que desde que la vi el primer día… ella un poco ruborizada, me dijo que con las pintas que llevaba, no podía ser muy atractiva.

Yo sabía que eso lo había dicho para darme a mi pie a que siguiera diciendo cosas y lo aproveche. Estiré una mano, que no me hizo falta estirarla mucho y la puse en su rodilla, ella se quedó como paralizada, yo seguí hablando con ella, la lisonjeaba y veía que le agradaba. Mientras mi mano iba subiendo lentamente, de forma delicada, pero ella cero bien sus piernas para impedirme que siguiera. Agarrando luego mi mano y quitándola de sus muslos, creía que ya se había acabado, cuando ella me dijo, que desde la casa de mi tía se nos podía ver si alguien estaba en la cocina.

Ya me la iba a llevar a otro sitio cuando sonó el portero automático, conteste y era el marido, le dije que un momento y le pase a su mujer. Ella con total naturalidad le dijo que me estaba enseñando a usar la lavadora y el lavavajillas. Colgó el telefonillo y sin decir nada salió de la cocina, yo fui detrás y ella estaba en el pasillo apoyada a la pared y con sus manos detrás. Con cara de niña buena, pero a la vez con una cara de cachonda total.

La miraba atentamente, sabía que ella quería lo mismo que yo, pero quería saber hasta qué punto lo deseaba, así que me puse frente a ella y mirándola le dije que me excitaría mucho ver como se desabrocha la bata. Ahora si se puso más colorada, pero con bastante nerviosismo se fue desabrochando la bata, dejándola abierta y poniendo otra vez sus manos detrás, con la única diferencia que, al hacerlo, la bata quedo bastante abierta. Pudiéndose ver una ropa interior negra, la braguita de tamaño normal y el sujetador bastante grande.

Me acerque y sin desabrochar su sujetador se lo levante, quedando libres dos tetas muy grandes con unos pezones muy hermosos, aunque tal vez pequeños para ese tamaño de tetas. Me agaché y empecé a lamerlos, ella seguía en la misma posición, aunque se notaban sus movimientos. Cuando empecé a atraparlos con mis labios y con mi lengua los lamia, ella ya dejo de estar estática, me acariciaba la cabeza, con mucha suavidad, notaba sus dedos y sus uñas en mi pelo.

Sin dejar de hacer lo que estaba haciendo, llevé mi mano hacia sus muslos, acariciándolos una y otra vez, hasta que subí mi mano y mis dedos tocaron su coñito por encima de sus bragas, noté que era muy peludo. Ahí fue cuando se le escapo el primer gemido. Seguía acariciándola, pero sin retirar su braguita ni tampoco yendo directamente a su clítoris, mis dedos tocaban por todos los sitios más próximos, pero todavía no era el momento, quería que lo deseara, que estuviera muy mojada.

Cuando por fin aparte su braguita y mis dedos fueron más directamente a su coñito y su clítoris, el placer que debía estar teniendo, la llevaba a mover sus piernas como si estuviera a horcajadas, lo hacia una y otra vez. Ahora mientras notaba como mis dedos se empapaban, la bese en la boca, ella recibió mi lengua con ansias desbordadas, que manera de succionarla, como me la comía, era espectacular su entrega.

Estaba ya tan entregada, que por fin no se puedo aguantar y empezó a meterme mano, me bajo la cremallera de la bragueta y metió su mano, palpaba mi polla con desesperación y luego de forma acelerada trataba de sacarla, pero yo sabía que estando empalmado por ahí era muy difícil sacarla y le dije que desabrochara mejor el pantalón. Lo hizo y por fin la saco, la agarraba muy fuerte como con muchas ganas. Trataba de llevarla hacia sus piernas, para colocarla entre ellas. Al principio me molestaban sus bragas y ella se dio cuenta, en un momentin las dejo caer al suelo, cuando logro tener entre sus piernas mi polla, movía sus caderas de detrás hacia adelante, restregando bien su coño con mi polla, era muy morboso ver la cara que ponía, como estaba como congestionada, ver sus labios apretados y oír esos sonidos que trataba de evitar, era muy excitante. En el mejor momento se oyó el timbre de la puerta, nos paramos inmediatamente, yo me metí como pude la polla dentro del pantalón, mientras ella cogía sus bragas y se abrochaba la bata, cuando vi que se había metido en la cocina, abrí con total tranquilidad la puerta, era Laureano su marido. Le pedí disculpas, alegando que era muy torpe para entender lo de los electrodomésticos y el sin saber que los sabia utilizar perfectamente, me dijo… “Si es que eso es cosa de mujeres, que para una cosa que saben hacer…” pensé para mis adentros que era un troglodita.

Llegamos a la cocina y allí estaba Dolors manejando el lavavajillas, que decía que había que ponerlo una vez en vacío, que era bueno. Cuando se fue a poner a explicar lo de la lavadora le dijo al marido que mirara y de paso aprovechara para aprender. Fue como si le diera un sarpullido, dijo que se marchaba, que no podía dejar tanto tiempo el portal solo. Le acompañe a la puerta y una vez que cerré fue directo a la cocina, no me ande con tonterías, apoye a Dolors y cuando me di cuenta de que no llevaba puestas las bragas, sin perder más tiempo, no fuera que nos cortaran otra vez, me saque la polla y desde atrás se la metí. Entro bastante bien, ella protestaba por hacerlo en la cocina, pero como se notaba que tenía las mismas ganas que yo, le dio igual al final.

Cuando noto que la tenía toda dentro, solo decía que nos diéramos prisa, que su marido era muy celoso, que se podría dar cuenta. Ya lo tenía claro era un polvo de aquí te pillo aquí te… así que desde el principio empecé a follarla con fuerza, ella me decía que más lento, que no fuera tan fuerte, baje un poco la intensidad, pero no mucho, al rato era ella la que me pedía más fuerza, que se la metiera con más ganas hasta el fondo, me decía. Cuando vi que, aun constándola, estiro un brazo hasta coger un trapo de cocina, que se lo llevo a la boca y note como se corría, como gritaba y como el paño de cocina, amortiguaba totalmente sus gritos, hasta que se quedó apoyada totalmente en la encimera. Fui bajando el ritmo hasta prácticamente quedar parado, cuando me di cuenta que, desde la casa de mi tía, nos estaba viendo Carmencita, con cara de estupor. No me corte, me dio igual, una vez la saque de su coño le dije que ahora le tocaba a ella. Ella solo me contesto que sería un placer, agachándose y devorándome la polla. Era increíble como lo hacía, su marido tenía que pasarlo muy bien con ella.

Yo miraba de reojo de vez en cuando a la ventana de la otra cocina y veía que Carmencita no se movía de su sitio. Mis pantalones estaban en el suelo y Dolors se había cogido a mis nalgas y más que una mamada, parecía una follada en toda regla, pero con su boca. Aguantaba sin ni una pequeña arcada, lo que le hacía. Hasta que empecé a correrme, cuando solté el primer chorretón, fue automático, ella agarro fuerte mis nalgas y apretó más, de tal manera que mi polla le tenía que llegar hasta lo más hondo de su boca, tuve una corrida exagerada y muy deliciosa. Luego cogió el mismo paño de cocina y se limpió un poco de lo que le había caído por la barbilla. Se levantó y me dijo mirándome a los ojos… “No te imagina así, pero eres muy bruto” yo tratando de justificarme le dije, que otra vez me mediría más y ella me replico… “Que va, así mejor, eres un bruto adorable y muy interesante, pero ahora te tengo que dejar” no hubo ninguna despedida especial, ya que ella se encamino hacia la puerta sin esperar a que yo me pudiera subir los pantalones. Volví a mira a la ventana de la cocina de mi tía, pero ya no estaba Carmencita.

Una vez que me adecente me baje a la calle, mi intención era echar un vistazo a varios gimnasios que me habían recomendado. Cuando llegue al portal está el portero, que hablaba con mi tía y otra vecina. Cuando me vio se rio y trato de dejarme en ridículo diciendo… “Mucho universitario, mucha carrera, pero ya me ha dicho mi mujer que bastante torpe con la lavadora y el lavavajillas” conteniéndome para no decir una barbaridad y con una sonrisa fingida dije… “Es que so n es lo mío, pero ya aprenderé seguro”. Preguntándome a continuación mi tía que a donde iba ahora y le dije que a ver varios gimnasios que me había recomendado. Enseguida mi tía me agarro del brazo y me dijo, acompáñame que te voy a llevar al mío, ya verás cómo te gusta.

Estaba bastante cerca, una vez que entramos saludo a varias personas, tanto trabajadores de allí como a clientes. Reconozco que las instalaciones estaban muy bien. El horario era muy amplio. El precio era un poquito más caro que el de Alicante, pero también era normal. Me decidí por ese sitio y no quise visitar más. Cuando regresamos a casa me entere de que mi tía llevaba cinco años yendo al gym. La vi un poco apagada y le pregunté, pero me dijo que no le pasaba nada, que simplemente había sido un día complicado en el trabajo. Me lo creí perfectamente. Cuando llegamos al portal, como cada uno íbamos para un sitio distinto, solo me dijo que me esperaban para cenar, iba a decir que no, pero me vino a la cabeza la imagen de Carmencita y como quería ver su reacción dije que sí.

Cuando llegue a casa de mis tíos y llame a la puerta, sabía que quien me abriría la puerta seria Carmencita, estaba preparado para decir algo, el nivel de sutiliza estaría en la cara que le viera. Pero cuando abrió, me quede sin saber que decir. Carmencita siempre iba con un uniforme rosa o azul, con falda hasta la rodilla, pero con delantal blanco. Pero esta vez venía con un uniforme completo, de color naranja y en vez de falda llevaba pantalón. Muy parecido a los que llevan el personal de hospitales, casi del mismo estilo. El pantalón le quedaba justo, resaltando su culo, que estaba bastante bien, por lo menos la forma que le hacía. Luego la parte de arriba era como una camiseta-blusa (no sé exactamente como definirlo), sin botones con una abertura en pico, que a ella le quedaba bien y tenía claro que cuando se agachara por algo, la visión tenía que ser muy buena.

Llego mi tía y fue lo primero que me menciono, si me gustaba el nuevo uniforme de Carmencita, que los había comprado en varios colores. Yo le dije que eran más bonitos y que le quedaban muy bien, que los otros eran demasiado… conservadores por decir algo. Mi tía seguía con mala cara y se lo dije de nuevo, ella y esta vez sí noté que lo decía para salir del paso, me dijo que se le había puesto una jaqueca muy grande. Como mi tío no había llegado, no pare hasta que me hizo caso de echarse un poco, hasta que estuviera la cena. Yo me quede en la cocina con Carmencita, que se puso a pelar patatas y me daba la espalda. El pantalón que le quedaba como dije ajustado, hacía que se le notase un culo “interesante” y no se notaba ninguna marca de que llevara ropa interior, por lo menos abajo. Para no perder el tiempo, fui directo al grano…

-Sabes que no es de buena educación espiar a nadie. (Paro unos segundos de pelar patatas, dudo un poco y luego de un pequeño silencio)
-Yo no espió a nadie.
-Y entonces lo de esta tarde… ¿Qué?
-Ha sido algo accidental y que me ha pillado de sorpresa.
– ¿Te gusto lo que vistes o me vas a venir ahora con lo de la moral?
– ¿Moral por qué?
-Como ella está casada…
-Sois adultos y sabréis lo que hacéis. Pero, además, con el cerdo que tiene por marido, como comprenderás me da igual, se lo merece.
– ¿Y eso?
-Porque el guarro, esta todo el día acosándome, pero como n le hago caso, se inventa osas y se lo dice a la señora (por mi tía) menos mal que lo conoce y no le hace caso.
-Pero no me has contestado si te gusto lo que viste.
-Que pregunta más infantil y más tonta, es lógico que me gusto, si no, no me hubiera quedado mirando. (Me corto un poco la respuesta)
-No me importaría que un día pasaras por mi casa y estuviéramos los dos solos un rato.
-JA y JA. Eso no lo verán tus ojos. (Muy seria lo dijo y con cierto tono de chulería)

En vista del “existo” obtenido hice una retirada momentánea, sin decir nada más. Cuando oyó que me levantaba de la silla y me iba, se medió giro, por primera vez en todo el momento que estuve allí y se quedó con ganas de decirme algo, pero no le di pie. Eso sí, me fije que se le marcaban los pezones, no mucho, pero si algo más que cuando llegue. Me fui para el salón y encendí la televisión, justo estaban las noticias y mi tío sin llegar. Mi tía me debió de oír, porque a los pocos minutos estaba allí y su cara seguía igual, como me volví a preocupar por ella, al final me dijo que no me lo podía contar que era muy joven, pero ante mi insistencia me dijo que otro día y en otro sitio lo mismo me lo contaba. Decidí no insistir más. Llego mi tío y a él le noté como siempre, el trato con mi tía de lo más correcto, por lo que pensé que como era evidente que no estaban enfadados, deduje que era algo de tipo laboral, de su negocio.

Durante la cena mi tía me dijo que me iba a preparar un tupper para que me llevara comida, que le había dicho a Carmencita que hiciera de más, que así no tendría que andar preparándome la comida a toda prisa. Me hizo gracia, parecía mi madre. Pero rápidamente empecé a pensar cómo hacer para que se me olvidara y con suerte me lo tuviera que llevar Carmencita. Pero tenía que cenar rápido, porque Carmencita recogería todo rápido y se iría, que era el día que tenía la noche libre. Cene a toda velocidad, parecía que llevaba sin comer un mes. Algo que llamo la atención a mi tía, que me decía que me sentaría mal, le dije que me había acordado de una cosa del trabajo y que tenía que ir a casa para mandarlo sin falta, excusándome por no quedarme a tomar el postre. Salí escopetado.

Estaba esperando el ascensor cuando vi llegar a las dos rubitas, la que se veía más jovencita, me miraba con total descaro y mientras bajaba el ascensor, me dijo que ya era hora de que hubiera gente joven en el portal. La mayor la miro con cara muy seria diciéndole algo en un idioma, que ni entendí ni sabía de donde podía ser. Para luego dirigirse a mí y me pidió disculpas en nombre de su hermana pequeña. El caso es que, por su acento y dominio del idioma, nadie diría que fueran extranjeras. Dentro del ascensor la más joven, me seguía mirando con el mismo descaro y su hermana le dio un codazo. Antes de que pudieran salir aproveche para presentarme y ellas dijeron su nombre muy rápido, sin poder llegar a quedarme con los nombres.

Cuando llegué a mi casa, no encendí ni la luz del pasillo ni la de la cocina, para poder ver mejor y sin ser visto. Pude ver como Carmencita iba deprisa metiendo todo en el friegaplatos. Se notaba que llevaba prisa. Luego vi que mi tía entraba en la cocina y hablaba con ella, nada más terminar de hablar, ella dirigió la mirada hacia donde yo estaba, pero era imposible que pudiera ver nada con la oscuridad. Tuve que dejar mi sitio cuando sonó el teléfono, era mi tía que me decía que se me había olvidado llevarme el tupper, con toda tranquilidad, pero fingiendo contrariedad, le dije que no se preocupara que mañana pasaría a recogerlo, que ahora ya me había puesto a trabajar. Pero ella me contesto que no me preocupara que Carmencita cuando se fuera, pasaría en un momento y me lo llevaría. Me lleno de felicidad.

Cuando regrese para poder ver que, hacia Carmencita, ya no estaba y la cocina tenía la luz apagada, vi que en su habitación había luz, me cambie de sitio y fui a mirar, veía como tenía el armario abierto y miraba el interior, cogió ropa y la puso sobre su cama y luego echo las cortinas, una pena. Era cuestión de esperar. Mientras yo iba pensando como entrarla. Lo primero que tenía que lograr era que entrara en la vivienda, luego que aceptara tomar algo, el resto ya sería mi poder de seducción y convencimiento. Como siempre yo tenía mucha confianza en mí mismo, pero no siempre las cosas salían como yo quería, pero si lograba controlar la situación desde el principio, todo sería coser y cantar.

Oí el timbre, un sonido corto. Estaba pegado prácticamente a la puerta, me hice de rogar un poco y abrí. Nada más hacerlo, allí estaba Carmencita, con una minifalda verde oscura ajustada, que hacían que sus caderas parecieran más impresionantes y un suéter con un escote en pico, que dejaban ver que tenía dos buenas razones debajo de él. Reaccione cuando ella me dijo… “Me vas a invitar a pasar, o te vas a quedar mirándome las tetas toda la noche” me rehíce de mi atontamiento y la invité a pasar. Nada más hacerlo me dio la bolsa que traía para que lo guardara en la nevera. Luego se fue directamente hacia el salón, diciéndome por el camino que ella tomaría una “Notaris” con limón, sin mucho hielo. No tenía ni idea de que me pedía. Se dio cuenta y me dijo que mirara en la despensa de fuera. Guardé los tupper en la nevera y me fui a la despensa, efectivamente encontré una botella con ese nombre, por lo que se ve era ginebra holandesa, si no recuerdo mal, que cuando fue a comprar con mi tía ella se encargó de meterla en la cesta de la compra.

Llegue al salón con la bebida y ella estaba sentada, con las piernas cruzadas, que, al llevar esa minifalda, los muslos y lo que no son los muslos, quedaban bien expuestos, para mis ojos golosos. Pero he de decir que me tenía algo desconcertado la situación. Ella bebió lentamente y sin dejar de mirarme, se sabía dueña de la situación. Cuando dejo de beber y sin soltar el vaso, me dijo… “Ya he oído a tu tía decirte más de una vez, que no sabía cómo seguía soltera y esas cosas… pero es que yo soy muy especial y no me vale cualquier hombre, al margen de que me gusta volar libre, pero me puedo pasar meses sin estar con uno o una, porque no vale cualquiera” mi mirada era de no comprender y de esperar a donde quería llegar. “Por eso ahora te contestare a la pregunta de esta mañana. (Yo ya ni me acordaba de la pregunta) si, si me gusto lo que vi” no especifico más, pero lo entendí al momento, lo que hubo de particular, es con la fuerza que me follé a Dolors, supuse que por ahí iba la cosa. Pero sería cuestión de averiguar hasta donde quería ella.

Se la veía muy chulita como dominando la situación. Mi polla me decía que a por ella sin contemplaciones, pero mi cabeza me decía que tranquilo que revirtiera la situación y dominara yo. Quería quitarle esa cara de satisfacción, porque estaba desafiándome con su actitud y con mucha chulería. La gota que colmó el vaso fue cuando me pregunto… “¿Qué pasa, a ti es de los que hay que hacerle un plano o tocarle las palmas para que se decida y se animen? Porque no tenemos toda la noche, que yo tengo solo hasta la una, norma de tus tíos” mi contestación fue… “Mira, hace un rato me dijiste algo así como que mis ojos no verían algo… y la verdad, aunque estas muy buena, eso es indiscutible, no creo que folles mejor que Dolors u otras amigas que tengo, por lo tanto, para que esforzarse”

El rictus de su cara lo decía todo, se había podido esperar cualquier respuesta menos esa, tampoco era extraño, porque estaba espectacular. Pero supo aguantar el tipo. Eso me gusto. Diciéndome que, si no me importaba, se acabaría la bebida y se volvería a casa, para hacer tiempo y no tener que estar por la calle. Yo no le conteste y me limite a ponerle otra copa.

Estuvimos haciendo de todo y mientras aproveche para sonsacarle sobre mis tíos. Algo que fue muy fácil, el resumen que se llevaban bien pero que pasión había poca. Que mi tío era un poco más serio y mi tía una buena mujer que siempre estaba dándole consejos. Pero opinaba como yo, a mi tía se la veía tristona. Pero ella me dijo que era el síndrome de nido vacío, todo debido a la marcha de mis primos a estudiar fuera. Podía ser por su carácter, que conmigo hacía de madre.

Mientras hablábamos yo no había quitado los ojos de ella, pero lo hacía con mucha discreción y ella se sentaba ahora de tal manera que se veía menos. Miro el reloj y dijo… “Me voy ya que son las 12,20 buena hora para irse” se levantó y lo primero que hizo fue colocarse y estirar la minifalda para abajo. Yo me levanté también, con los tacones que llevaba se la veía muy alta y al ir hacia la puerta, pude verla bien por detrás, glorioso culo que se gastaba. Mientras iba andando, me decía que por favor a mis tíos nada de que se había tomado una copa conmigo. Ni la conteste, porque ahora era mi momento.

Agarre su cintura y la atraje para mí, que poco falto para que se cayera. Una vez que se estabilizo y cuando fue a decir algo, levante su minifalda, cosa que no me costó mucho, porque, aunque era ceñida, era de las elásticas. Llevaba un tanga pequeñísimo por lo que podía notar, ella trataba de resistirse, me decía que era un bruto, que me estuviera quieto, que además era muy tarde ya…, no paraba de decir cosas, era como si estuviera nerviosa y no pudiera parar de hablar. Le dije que se callara de una puta vez. Pero ella seguía maldiciendo y no paraba de quejarse, no era la de antes. Ahora sería cuestión de probar en cuanto me equivocaba o acertaba. La apoye contra la pared y con la palma bien abierta, azote tres veces seguidas su culo. Ella me llamaba cerdo, que me iba a denunciar… varios azotes más, fue bajando el tono y note como se contenía para no soltar ningún gemido.

La gire para que se pusiera de cara a mí y lo primero que me llamo la atención, fue como se le marcaban los pezones. Entonces ella con voz suplicante, me dijo que la dejara, que no podía llegar tarde, que eso no estaba bien. Esta vez mis manos agarraron sus pezones y se los apreté los dos a la vez, para luego hacerlo alternativamente. Ella cerraba los ojos y abría la boca, levantando un poco la barbilla, como si mirara para arriba. Una de mis manos fue hacia sus muslos, mi intención no era tocar su coñito, era acariciar sus proximidades, pero me di cuenta que el canto de mi mano, en un momento estaba empapada.

Yo sabía que estaba rendida, por eso di otro paso y le dije que si quería que se fuera. Ella dudo un poco, pero volvió a estirarse la minifalda, se colocó el pelo e indecisa se fue hacia la puerta. Iba como si esperase que yo se lo impidiese. Lo único que hice fue quitarme el cinturón y agarrarlo con mis dos manos, haciendo un leve sonido con él. Una vez que llego a la puerta, cogió la manilla para abrirla, pero antes se dio la vuelta para despedirse y me di cuenta de que miraba el cinturón, sin moverme del sitio donde habíamos estado. Soltó la manilla de la puerta, coloco sus manos detrás y se apoyó en ella. Yo seguía haciendo ruido con el cinturón y ella miraba como hipnotizada. Era una pena no haberme traído mis “juguetitos” de Alicante, pero seguro que en Barcelona tendría más variedad.

No dije nada, simplemente me di la vuelta y me fui para mi habitación. Me fui desnudando con tranquilidad, cuando apareció ella solo con la tanguita. Y sin decir nada se subió a la cama que había estado esta tarde preparando y se puso de rodillas de espaldas a mí y con el culo en pompa. Cogí el cinturón y me acerqué a ella, que tenía su cabeza pegada a sus manos que reposaban sobre la cama, ella no podía verme. No apague la luz, antes de hacer nada me dedique a observarla bien, era una autentica preciosidad, tenía muy buen cuerpo. Empecé a acariciar su culo, tenía una piel muy suave, daba gusto tocárselo. Pero ella no lo apreciaba mucho, por lo menos en ese momento.

Era hora de pasar al siguiente nivel, me eche un poco para atrás y para un lado, deje caer el cinturón y cuando calcule que estaba en la distancia correcta, lo agite dando en ese preciado culo, impactando en sus dos nalgas. No fue muy fuerte, fue más bien suave, pero ahora si vibro más que cuando la acaricie, pero tampoco fue algo de otro mundo. La siguiente fue más fuerte y al comprobar que contra mas fuerte le daba más se agitaba, mas gemía y me decía que la castigara. Hasta que le di dos muy fuertes y se corrió de una forma que nunca antes había visto, no me paso nunca.

Como si estuviera hechizada, se tumbó quitándose la tanguita casi de un salto y diciendo métemela, follame has reventarme, venga no esperes, vamos cerdo si lo llevas deseando hace mucho, venga… ella estaba tumbada boca abajo y mi polla entro en su coñito desde atrás, lo hizo como un cuchillo caliente en mantequilla, entro como si nada, era tal la lubricación que tenía que resbalaba como si nada. Los movimientos de ella eran desorbitados. Se volvió a correr y lo hizo tan bestialmente, que me llego a hacer algo de daño, pero era excitante y súper caliente verla así.

No se relajaba quería mas, se veía o que era inagotable o que llevaba mucho tiempo sin follar. Se la notaba tan excitada que pensé que era la mía y que ese culito estaba pidiendo a gritos una buena follada. Ella continuaba con sus movimientos y vi como aumentaba nuevamente el ritmo. Me ensalive bien un dedo y suavemente le toque su ano, pero ella sin parar de moverse, me dijo que por ahí lo olvidara. Que podía hacer con ella lo que quisiera, que la podía azotar, pellizcar, morder, dejarle marcas, pero en sitios no visibles que le daba igual, pero que el culo se lo dejase tranquilo, que era muy pequeñito su hoyito y que no entraba nada por él, pero que mucho menos el pollón que yo tenía. Mintiéndola como un bellaco, le dije que tranquila que no se preocupara, que no era mi intención.

Estuvimos un rato como notaba que a ella le gustaba y de vez en cuando le sacaba toda la polla de su coñito, ante sus protestas y se la pasaba desde abajo, casi desde el clítoris, hasta arriba de la rayita de su culo, así una y otra vez. Pero cuando note que estaba “despistada” y teniendo mi mano izquierda de antemano acariciando su nuca, apunte con mi mano derecha la polla a su culo, la logre encajar un poco pero no pude metérsela, porque ahora sí que no fingía, se puso echa una energumena. Lo quería evitar a cualquier costa, pero la tenía bien inmovilizada, de su boca salía todo tipo de improperios… “HIJO DE PUTA, CABRON… TE VOY A MATAR, CABRONZADO NI SE TE OCURRA…” eso me ponía más cachondo y al final logre meter como se suele decir la puntita, la verdad que si estaba apretado, ella culeaba intentando sacarla y lo consiguió un par de veces, así que la siguiente vez que conseguí meter la cabeza de mi polla, en vez de esperar, di otro pequeño empujón, entrando una buena parte de mi polla.

Ella se quedó quieta y muda, por lo que yo también me relaje un poco. Ya no me hacía falta tenerla sujeta como la tenía, ahora teniendo bien agarrada sus caderas me valía. Acariciaba sus nalgas que están congestionadas de la sesión de cinturón, se notaba que estaban más sensibles. Ella ahora tratando de convencerme, me decía con voz muy suave que se la sacra con mucho cuidado que ya estaba. Le dije que si era lista que se metiera una mano por debajo y se acariciara el clítoris, que le ayudaría y le sentaría mejor. Eso hizo que se diese cuenta de que no iba a cejar en mi empeño, su voz empezó a ponerse otra vez mas subida de tono.

Mientras yo hacía movimientos muy leves, pero lo suficiente para que ella lo notara, no decía nada ya, solo emití algún pequeño quejido. Empecé a sacarla un poco, para luego volver a metérsela, pero cada vez se la metía un poco más, pero con más suavidad y tranquilidad que la primera vez. Esta vez en vez de protestar, vi como metía su brazo derecho debajo de ella y note como se tocaba, por fin me había hecho caso, ahora iría todo mejor.

Yo seguía con suavidad, pero notaba como ella lentamente iba entrando en “situación” hasta que me chillo… “VAMOS CERDO… ACABA DE UNA PUÑETERA VEZ LO QUE HAS EMPEZADO…” no me provoco, pero si era lo que ella intentaba le daría el gusto de que se lo creyera. De una sola embestida le metí el resto que no era poco. Se quedó como paralizada, pero fue un espejismo, porque ahora movía de un lado a otro sus caderas. Ella ahora solo me decía… “Coño, como escuece, como me quema, Ahhhh, uffff… pero sigue ya está, vamos…” mis embestidas empezaron a ser suaves, pero poco a poco y según notaba su agitación, su cachondez, aumente el ritmo hasta llegar a unas embestidas brutales, era algo colosal mis embestidas y como ella las recibía, empinando un poco el culo, para que fueran más profundas. Perdí la cuenta de las veces que se corrió, no sabía que me pasaba me estaba costando más de lo habitual, hasta que rompí en una corrida inconcebible y única.

Pocas veces me había costado correrme de esa manera, estaba sudando y me quede tumbado al lado de ella. Que le pasaba exactamente como a mí, también porque era una noche calurosa y se me había olvidado poner el aire acondicionado. Me levanté y le traje otra bebida fresca, lo que ella me agradeció con un beso muy húmedo. Así que este es tu secreto le dije y ella mirándome intensamente me dijo que si con la cabeza. Para añadir que un par de veces que se lo dijo a algún tío, la llamaron enferma y que una vez puso un anuncio en contactos saliendo escaldada de lo que se encontró. Luego miro el reloj y se le puso cara de preocupada, eran más de las dos de la mañana, le dije que no se preocupara que yo tenía la solución.

Como suele suceder en las familias que tienen personal de servicio, si en el mismo edificio existen otras, algún secretillo se suele contar. Y yo había visto en el edificio a varias chicas de servicio. Fui directo al tema y le pregunté por las dos chicas rubias. La información que me dio no fue mucha, pero sí muy orientativa. Era una familia de Europa, no supo decirme el país. Que eran los padres, las dos chicas y un niño. Que llevaban mucho en España, que cuando ella llego hace siete años a trabajar a casa de mis tíos ya vivían allí. Y luego me pregunto si no había visto a la madre, cuando le dije que no sabía, ella riéndose me dijo, que seguro que no, porque si la hubiera visto le hubiera preguntado por ella y no por las hijas.

Quise saber la edad y no la sabia con exactitud, pero me dijo que la mayor que ella supiera estaba en la universidad y que la mediana suponía que debería estar también en la universidad, pero que sabía que era mala estudiante y había repetido curso. Y que el niño tendría unos 9 años. Me alegro saber que por lo menos eran mayores de edad. Eso cambiaba completamente mis intenciones. Corto el tema de conversación y preocupada me pregunto cómo la iba a ayudar. Mi contestación fue, que fuéramos a la ducha y le contaría. Ella dijo que para ser la primera vez ya estaba bien. Fuimos a la ducha y nos duchamos rápido, ella se sentó sobre el bidet para secarse mejor, me acerque a ella y mi polla que estaba flácida, quedaba cerca de su boca, se le escapo una sonrisa y el deseo pudo más. Se la metió en la boca. Notaba como su lengua “castigaba” mi capullo, como succionaba y sobre todo como se iba poniendo cachonda, según notaba crecer mi polla dentro de su boquita.

Una vez con mi polla durísima, cogí su cabeza y le hice lo que a Dolors, eso que también le gusto. Le follaba literalmente la boca, alguna arcada daba y le salía saliva a chorretones por la comisura de los labios. Pero ya no se cortaba mientras yo le hacía eso, ella se hacía una paja muy intensa. Me agache un poco para tirar y pellizcar sus pezones, eso le hizo ponerse desbocada corriéndonos esta vez los dos prácticamente al mismo tiempo. Nos terminamos de vestir y mientras ella acaba yo me acerque a la cocina, viéndome ella coger algo y preguntándome. En mis manos grandes lo escondí bien y bajamos hasta el portal. Abrí la puerta del portal, metiendo varios mondadientes en la cerradura y partiéndolos. Le dije a ella, ahora solo tienes que decir a mis tíos, que, por no molestarles, estuviste esperando en la calle, hasta que al final te decidiste a llamarme a mí por ver luz en la ventana, que ya diré yo que estaba trabajando. No se pudo contener y de forma muy efusiva me dio un buen beso, saliendo luego a correr a su ascensor y despareciendo.

Cuando por la mañana salí a trabajar, me encontré con el portero, que maldecía por que le habían fastidiado la cerradura, que le había llevado más de una hora arreglarla porque habían metido una llave y la habían roto… pensé para mí, encima mentiroso. Cuando vio que salía otro vecino, me dejo a mí y se fue a contarle la misma historia.

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