Intercambio con una pareja de amigos

Me llamo Juan, tengo 34 años, mido 1,90 y peso 85 kg, hago deporte habitualmente y tengo buena percha. Mi pelo es moreno y corto, he ganado en atractivo con los años. Soy ingeniero industrial y tengo un buen puesto en una empresa importante a nivel nacional. Estoy casado con Victoria, ella es una mujer guapa de 32 años, mide 1,70 y pesa 70 kg, está rellenita, es rubia, simpática y muy divertida. Llevamos juntos 7 años y nos llevamos muy bien. Tenemos un hijo de dos años que es fantástico y nos tiene locos, ahora nuestra vida gira en torno a él, así que apenas salimos los fines de semana, aunque tampoco nos importa demasiado.

Tenemos una pareja de amigos con la que nos llevamos muy bien y nos vemos con cierta frecuencia, se llaman David y María. Él tiene 35 años, mide 1,80, es rubio con los ojos verdes y bastante delgado, nos conocemos desde siempre y es uno de mis mejores amigos. Ella tiene 33 años, mide 1,70 y es morena, tiene unos ojos negros y grandes preciosos, es delgada y muy guapa. Ellas se conocieron por nosotros, pero hicieron muy buenas migas, y se llevan como amigas de toda la vida. Hacen muchas cosas juntas: van de compras, toman café, clases de sevillanas, etc…

Hace un par de semanas mi mujer y yo decidimos salir el sábado por la noche, ya que llevábamos varios meses sin salir. Le pregunté si se lo decíamos a David y María y aceptó. Así que le mandé un mensaje por whatsapp a David y le pregunté si se venían. Me dijo que estaban un poco mal de dinero, pero si queríamos podíamos ir a su casa a cenar, como habíamos hecho montones de veces. Le dije que sin problema, luego se lo comenté a mi mujer, a quien le pareció buena idea.

Llegó el sábado y dejamos al niño en casa de mi suegra, así no tendríamos preocupaciones y podríamos estar allí el tiempo que nos apeteciera. Llegamos a su casa puntualmente a las 21 y llamé al telefonillo:

– Abra la puerta, ¡policía! – le dije de coña

– Te has equivocado, ¡los que venden droga son los de al lado! – dijo David siguiendo la broma.

– Me da igual, abre la puerta joder – dije riéndome.

– Venga vale – dijo antes de abrir la puerta.

Subimos por el ascensor y nos abrieron la puerta directamente sin llamar. David iba vestido con vaqueros y camisa, igual que yo, María estaba con un vestido negro corto precioso, dejaba ver su escote y tuve que hacer un esfuerzo para mirarle a la cara y no darle un repaso de arriba a abajo, estaba radiante. Mi mujer Victoria iba con unos pantalones negros ajustados y una camiseta de tirantes verdes, a través de la cual se le notaban perfectamente las tetazas que tiene.

Pasamos hacia el interior y le di a David dos botellas de vino que había traído para la cena:

– ¡Joder! Puedes vamos a ponernos finos porque tenía preparadas un par de botellas que me ha regalado un compañero del trabajo – dijo David.

– Bueno, haremos lo que podamos. Si no podemos con ellas, las dejamos para otro día – contesté.

Las chicas se fueron a la cocina a terminar los preparativos para la cena. Mientras, yo me fui con David al salón a ver el final del partido que echaban esa noche, y a ponernos al día con nuestras cosas: trabajo, la mujer, etc… Mientras hablábamos vino María con un par de cervezas y unas aceitunas para nosotros.

– María, voy a ponerte un monumento. ¿Por qué te casaste con este y no conmigo? – le dije entre risas.

– Eso digo yo – dijo David mientras nos reíamos los tres.

– Pero que tontos sois- replicó María.

María volvió a la cocina, y Victoria salió al momento indicando que ya estaba la cena. Me asomé a la cocina a ver que había y la verdad es que había preparado una cena cojonuda, y así se lo dije.

Nos sentamos a la mesa y empezamos a comer. Todo estaba buenísimo, y junto al vino y las risas continuas que teníamos, lo estábamos pasando como nunca. Fueron pasando las horas, los platos e iban cayendo las botellas de vino. Cuando nos quisimos dar cuenta se terminó la cuarta botella.

– Daviiiiid, ¿y tú querías despacharnos con dos botellitas? – le dije

– Es que os habéis pasado, joder. ¡Mira estas cómo van! – contestó

Ninguno somos de beber mucho, sólo lo hacemos cuando salimos o cuando nos juntamos con amigos. Así que tras bebernos las cuatro botellas, íbamos bastante contentos. A estas alturas, cualquier tontería que se decía era motivo de risas durante minutos.

Estábamos terminando el postre y vi que tenían el juego de trivial encima de un armario:

– ¡Anda tenéis ahí el trivial! Hace años que no juego, pero creo os ganaría fácilmente… – dije entre risas.

– Ya te gustaría – dijo María.

– Os lo demuestro cuando queráis, aunque antes se me daba mejor. Ya lo de historia, arte, etc… se me ha olvidado un poco…

– Anda cazurro, tú no aciertas ni dos – dijo mi mujer.

– ¡Si quieres sacamos el infantil para que aciertes alguna! – añadió María. Se empezaron a reir.

– A ver… tú y tú – dije señalando a Victoria y María, ¡a fregar! Haced lo que realmente se os da bien y dejadnos a los hombres jugar tranquilos – dije mientras David y yo nos tronchábamos de risa.

– ¡Bueno lo que ha dicho! – dijo María

– Esta noche te quedas sin mojar por listo – dijo Victoria, dándome con el codo en las costillas.

Verlas como se picaban nos provocaba que nos riéramos aún más, aunque sabían que lo decíamos en broma. Cuando nos calmamos un poco les dije:

– A ver chicas, para aclarar este tema y dejar claro que somos más inteligentes y cultos que vosotras, vamos a echar una partida de hombres contra mujeres, ¿qué os parece?

– Claro que sí, y cómo ganemos vas a fregar los platos un par de semanas por listillo – dijo mi mujer.

– Y tú también – dijo María mirando a David. Y además os vendréis a las clases de sevillanas un par de semanas

– ¡Qué va! Lo de las sevillanas es demasiado – dijo David. Los dos odiábamos bailar sevillanas.

– Pues entonces vosotras… – me detuve a pensar

– Vosotras para celebrar nuestra victoria, os tenéis que quedar en tetas y cantar oeeee,oeeee, oee, oeeee… – dijo David. Yo mientras me partía de risa.

– Si queréis podéis poneros un quesito del trivial en los pezones para tapar un poco… – dije entonces. El ataque de risa que teníamos David y yo era brutal.

– Vaya dos gilipollas – exclamó María.

– Es que me dan ganas de aceptar para cerraros la boca y que os jodáis dos semanas en sevillanas – dijo Victoria.

– Tía, vamos a jugar que los ganamos – dijo María. Además, su castigo es peor que el nuestro…. – añadió en voz baja.

Cuando escuché eso, sentí un latigazo en la polla. Había posibilidades de verle las tetas a María. Aunque no eran muy grandes, tendría una 80 o 85, las tenía bien puestas. Viendo la cara de David, supuse que también estaba deseando ver las tetas de mi mujer. Finalmente aceptaron, se notaban los efectos del vino.

Le dije a David que se sacara unos copazos para amenizar la partida. Al minuto volvió con 4 copas, hielo, refrescos y de alcohol ron y whisky. Mientras preparábamos las fichas se iban llenando las copas, una vez todo listo, comenzó la partida.

Poco a poco la partida iba avanzando y la situación iba muy pareja. A ambos equipos nos faltaba sólo un quesito, quien lo consiguiera antes ganaba la partida. Era el turno de los chicos, y caímos en la casilla de quesito amarilla, era el que nos faltaba, y la pregunta era de historia.

– A ver chicos… si acertáis ganáis… pero es de historia y fallareis, jajaja – dijo María

– Venga, dispara – le dije

– ¿A quién venció el rey Carlos I en 1571 en la batalla de Lepanto? – leyó María.

– Joder… – exclamé

– Me suena que fue a los turcos – me dijo David.

– Bueno, ahora que lo dices, sí puede ser… – le contesté.

– Venga, pues decimos esa: a los turcos – contestó David.

María dio la vuelta a la tarjeta y vio la respuesta. Apretando los labios miró a Victoria frunciendo el ceño.

– ¿Está bien? – pregunté.

– Siiii – dijo María con desgana.

– ¡Tomaaaaa!¡Siiiiiiiii! – David y yo lo celebramos como el gol de la final del mundial

Después de un par de minutos de celebración. David y yo nos miramos con una sonrisilla picarona y después miramos a las chicas.

– Cuando queráis – les dije. Mi polla ya estaba despertándose sólo de pensarlo.

– ¿Con o sin quesito? – preguntó David, mientras que volvíamos a explotar en carcajadas.

– Mejor métetelos en el culito, majo – le dijo su mujer.

Hubiera sido gracioso que se los pusieran pero no estaban por la labor de hacer la gracia, además eran demasiado pequeños…

Las chicas se miraron con cara de “para qué coño nos hemos metido en esto”, pero entre el buen ambiente que había y el alcohol que estaba haciendo efecto, la verdad es que no tardaron en lanzarse. Mi mujer, Victoria, se quitó su camiseta verde quedándose en sujetador, que era de color blanco y le realzaba las tetas. María, como llevaba vestido, supuse que iría a ponerse algún tipo de pantalón corto o algo así, pero mi sorpresa fue mayúscula cuando se comenzó a quitarse el vestido directamente quedándose en tanga y sujetador.

Las dos se miraban y se reían a carcajadas. Yo tenía la polla como una barra de hierro, y David también, porque vi como tenía que colocársela bajo el pantalón. De repente David le dijo a Victoria que ya que su mujer iba en tanga, ella podría hacer lo mismo. Mi mujer, ni corta ni perezosa y ante mi sorpresa, dijo que sin problema, así que se bajo las pantalones, mostrándonos su tanga blanco.

Las dos se quitaron el sujetador a la vez. David miraba las tetazas de mi mujer sin pestañear. A mí me pasaba lo mismo con María. Estaba excitado como nunca lo había estado. Me estaba controlando mucho para no saltar sobre alguna de ellas y follármela allí mismo.

Ellas seguían riéndose y meneando las tetas, pagando su apuesta. David y yo ya no estábamos para risas, y queríamos follar a toda costa… al menos yo sí.

Las chicas cogieron los sujetadores y se los pusieron. La apuesta estaba pagada. Mientras se vestían comenté:

– Bueno, creo que es hora de irse – dije en voz alta.

– Sí, es un poco tarde – contesto Victoria.

– No sé si aguantaré hasta casa sin bajarte las bragas y echarte un polvazo. Yo creo que va a ser en el coche – dije. Todos nos reíamos, aunque lo decía en serio.

– No vais a coger el coche tal como vais ni de coña – dijo María. Os quedáis aquí a dormir, en el cuarto ese que tiene cama.

– No, que no queremos molestar – le dije. Pedimos un taxi.

– No, no, no. Os quedáis aquí. – dijo Victoria. Puedes hacer lo que quieras que no te diremos nada, me dijo sabiendo que quería irme para follarme a Victoria.

– Quédate tío – dijo David. Que a estas horas no hay ni taxis, y no puedes coger el coche.

Así que decidimos quedarnos. Entre los 4 recogimos las cosas en 5 minutos y cada pareja de fue a su cuarto.

En cuanto cerré la puerta, me acerqué a Victoria bajándome los pantalones y le acerqué mi polla a su boca. No le había dado ni tiempo a quitarse la ropa pero el hecho de ver las tetas de María me había provocado una excitación como nunca había tenido. Mi mujer sonrió y me dio un lametazo desde los huevos hasta el capullo, estaba que me moría de gusto. Comenzó a chupármela jugando con su lengua, me encanta que pase su lengua por mi glande de todas las maneras posibles. Mientras me acariciaba los huevos con los dedos. Estaba en el cielo.

A los 5 minutos, la tumbé sobre la cama y levanté sus piernas. Eché el tanga a un lado y metí mi lengua en su coño todo lo que pude. Ella soltó un gemido. Comencé a lamer su clítoris a gran velocidad mientras metía mis dedos índice y corazón en su coño. A los pocos minutos comenzó a mover sus caderas arriba y abajo, síntoma de que se iba a correr en breve. Rápidamente me levanté y se la metí de una embestida. Ella dio un pequeño grito, que seguramente oirían nuestros amigos. Empecé a bombear rápidamente mientras con el dedo pulgar masajeaba su clítoris. Estaba a punto de correrse, porque cada vez se movía más y me apretaba con las piernas cada vez más fuerte. De repente empezó a emitir pequeños jadeos, estaba teniendo un orgasmo brutal.

Yo también estaba a punto de caramelo. Dejé su clitoris, puse mis manos en sus muslos y empezar a bombear con más rapidez y fuerza. Sólo se escuchaba el golpeo de mis caderas contra su culo y piernas y sus jadeos. Ella apretó su vagina, y al notar la presión, comencé a correrme sin control. Empecé a soltar chorros de semen como si llevara un mes sin eyacular. Poco a poco mis embestidas fueron decreciendo y se veía como rezumaba mi semen por su coño. Cuando la saqué le restregué mi polla a lo largo de su raja, que estaba llena de semen. La muy zorra se retorcía como una lagartija.

Me incorporé y me senté en la cama.

– Te ha gustado, ¿eh? – le dije a mi mujer.

– Ha estado bien – me dijo sonriendo. Ya he comprobado que tenías ganas…

– Estaba que reventaba desde que os habéis desnudado – contesté.

Tras descansar un par de minutos, me entraron ganas de mear. Así que me levanté y le dije a Victoria que iba a mear y a limpiarme.

Cuando salí de la habitación, podría escuchar como sonaba la cama de mis amigos. Por lo que deduje que ellos también estaban de fiesta. La verdad es que me dieron ganas de asomarme, pero la puerta estaba cerrada, así que ni lo intenté.

Fui al baño y me limpié la polla y los huevos, que estaban llenos de semen y flujo reseco. También me enjuagué la boca. Iba a beber un poco de agua, pero no estaba fresca así que fui a la cocina. Una vez allí, busqué un vaso y saque botella de agua de la nevera.

Bebía a tragos pequeños mientras me recuperaba todavía del polvo. Mi polla no estaba totalmente erecta, pero con la excitación que llevaba aún estaba durilla, así que iba a follarme otra vez a Victoria.

Cuando terminé el vaso de agua, abrí al nevera para dejar de nuevo la botella. Me detuve unos segundos en ver lo que había en la nevera, a ver si podía picar algo que me gustase. No vi nada y cerré la puerta. Al cerrarla noté que había alguien junto a mí y me llevé un susto, era María.

– Joder María, vaya susto me has dado – le dije en voz baja

– Ya, perdona – me contestó

– He venido a beber agua. Perdona por venir así, pero creía que estabais en la habitación – le dije. Hay que recordar que estaba desnuda y en semierección.

– No te preocupes, yo bebo agua y me voy ya.

Se puso delante de mí, para abrir la nevera. En ese momento rozó mi polla con su culo.

– ¡Uy perdón! – dijo

Yo no dije nada, pero mi polla dio un bote si se puso mirando al techo. Abrió la puerta, y con la luz de la nevera pude ver que ella también estaba desnuda. Cogió la botella de agua y comenzó a beber directamente de ella. Yo mientras admiraba su espectacular cuerpo. Tenía unas caderas y un culo espectacular. Las tetas ya las había visto, pero me quedó embelesado mirándola.

Me acerqué un poco a ella, volviendo a rozar su culo con mi polla. Ella no decía nada, así que empecé a mover ligeramente mi polla a lo largo de su culazo. De repente se agachó, como si buscara algo en la nevera, encajando totalmente mi polla entre sus nalgas. Yo ya estaba poseído por la lujuria, así que la sujeté de las tetas y la incorporé. Le di un beso en la mejilla, ella se giró y me besó en los labios.

Nuestras lenguas jugueteaban mientras que bajé su mano al coño y comencé a pasar mi dedo a lo largo de su coño. Ella gimió un poco en voz baja. Se dio la vuelta mientras cerraba la puerta de la nevera y me empujó sobre la encimera. Se acercó y metí su lengua en mi boca. No hagas ruido – me dijo.

Empezó a restregar su pubis y coño lleno de pelos por mi polla, me encantan los coños así. Lo tenía sucio por los flujos resecos y eso me la puso más dura todavía. No aguanté más, así que la cogí en vilo, la senté sobre la encimera y le metí la polla en su coño. Empecé a bombear despacio, poco a poco fui incrementando la velocidad. El choque de caderas hizo un poco de ruido y ella nerviosa me sujetó del estomago para que parara:

– ¡No hagas ruido por favor! – dijo susurrando.

Sin decir nada, se la saqué, le bajé de la encimera y le di la vuelta. Ella se reclinó sobre la encimera y se la metí por detrás. Empecé a bombear rápidamente teniendo cuidado de no hacer ruido. Sabía que no iba a durar mucho. Pasé una mano por delante y empecé a acariciarle el clítoris con una mano, mientras le agarraba una teta con la otra.

No me podía creer que me estuviera follando a semejante hembra, con su marido en una habitación y mi mujer en la otra. Noté que mi orgasmo era inminente. Acerque mi boca a su oído y le susurré:

– Voy a correrme dentro.

– No, dentro no, sácala antes – contestó.

– Para una vez que te follo lo voy a hacer a lo grande, ¿o no te gusta? – le dije

– Ahh….mmmmm – ella estaba llegando también

– Prepárate que me corro en tu coño – le dije mientras aceleraba aún más.

– Venga, córrete cariño. Córrete dentro por favorrrrrr… – dijo gimiendo

Al oír esas palabras no aguante más y me corrí dentro como un puto caballo. Le daba unos empujones que se ponía de puntillas en cada embestida. Eso fue demasiado para ella también, y comenzó a jadear y correrse de una manera brutal, cogió un trapo de cocina que tenía a su lado para morderlo y evitar gritar del placer que estaba sintiendo.

Poco a poco fui parando, y se la saqué. Hilos de semen quedaban colgando de coño y se le pegaban en las piernas. Acababa de pasar la mejor hora de mi vida.

Le pregunté a María si tomaba medias anticonceptivas. Me dijo que no, pero que no estaba en ovulación.

Nos limpiamos un poco en la cocina, y nos fuimos por el pasillo a nuestras habitaciones. Cuando pasamos por la habitación donde yo iba a dormir oímos ruido, la puerta estaba cerrada. La abrí despacio para no hacer ruido y nos asomamos, pudimos ver como David se estaba follando a cuatro patas a Victoria. Entramos en la habitación sin que se dieran cuenta y nos quedamos de pie junto a la puerta mirando sin decir nada.

Podíamos ver cómo David sujetaba a mi mujer por las caderas y la embestía a lo bestia. De repente David empezó a jadear y de un salto se levantó situándose junto a la cara de mi mujer. Apoyó su polla en la cara de Victoria y se la meneaba como un loco. A los pocos segundos comenzó a eyacular a lo bestia sobre el moflete derecho y el cuello de mi mujer.

Tras terminar, se incorporaron y al mirar hacia la puerta nos vieron ahí de pie.

– ¿Qué tal? – les dije

– Estooooo, mejor hablamos mañana- me contestó. Nadie dijo nada porque ellos se imaginaban perfectamente que nosotros habíamos estado haciendo lo mismo.

David y María se fueron a su habitación, mientras que yo fui a la cama y me tumbé junto a mi mujer.

– ¿Te follas a mi colega sin decirme nada? – le dije.

– Cállate que se que te has follado a María en la cocina, cabrón – me contestó

– ¿Y cómo lo sabes? – pregunté.

– Porque os hemos escuchado y David ha ido a mirar y os ha visto – contestó

– Bueno, entonces estamos en paz – le dije mientras me colocaba encima de ella buscando de nuevo su coño con mi polla

Comenzamos a follar de nuevo. Estábamos excitados como adolescentes descubriendo el sexo y me encantaba esa sensación. Esta fue la mejor noche de mi vida. Con nuestros amigos hubo más encuentros de este tipo, pero ya queda para otra historia

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