¿Jugamos? Enséñame (10)

Lunes, 20 de marzo de 2006

Sin querer hemos terminado almorzando juntas el resto de la tarde. La compañía de Anja me entretiene bastante y no dejo de pensar en la suerte de haber encontrado a una rusa como amiga tan lejos de mi país. Me quedo admirando sus delicadas facciones, cuando no se da cuenta de ello, literalmente parece una angelita de coquetos ojos pardos.

– Extraño el clima gélido y fresco de Rusia. El de acá es demasiado caluroso todo el día. – Menciona antes de dar otro bocado a los nuguets de pollo con salsa picante que pidió.

– Sí, es verdad. Pensé que yo era la única con esa extraña sensación de bochorno. – Aunque en realidad siento más calor al leer las cartas de Trece.

– ¿Cuánto tiempo ya llevas aquí en Nueva York?

– Dos semanas creo, desde que empezaron las clases. – Respondo pensativa. Tan poco tiempo y mi vida ha dado más de un giro inesperado. ¿Qué me puede estar esperando los siguientes meses?

– Umm eres casi una turista entonces. Yo ya llevo más de dos años bajo el intenso sol.

– Espero acostumbrarme pronto al ritmo de vida de aquí. Estaba acostumbrada a la apacible tranquilidad de mi cuidad.

– ¿De qué ciudad vienes?

Sus ojos se tornan curiosos y me examinan unos segundos. Intentando descubrir la respuesta en mi mirada. ¡Oh no! mis hormonas se alocan e intentan subir el color en mi piel. Con rapidez desvío mi atención hacia el vaso de Coca-Cola y bebo una buena cantidad, antes de contestar.

– Moscú. ¿Y tú? – Sus labios se curvan, se inclina un poco hacia el espaldar de la silla y con orgullo dice.

– De Nízhniy Nóvgorod. Ahora ya lo sabes, vengo de la verdadera Rusia jajaja. –

Su risa es contagiosa y la comparto con ella.

– No está muy lejos de Moscú, una hora en avión si no me equivoco. – Añado, al recordar el viaje de hace dos años que hice con mis amigas del colegio.

– Exactamente, seguro que visitaste el famoso Kremlin. Todos los turistas van a verlo, incluso los mismos rusos.

– Claro que sí. Tengo un sinfín de fotos en de los castillos. Qué suerte tienes de vivir alrededor de tanta hermosa arquitectura.

– De vacaciones voy a visitarla, paso una temporada ahí y regreso en verano para divertirme en las playas. ¿Ya las has visitado? – Sus ojos destellan expectativa, hasta creo que piden una negativa como respuesta.

– Todavía no he tenido la oportunidad. Pero inevitablemente el fulgor del verano me llevará a conocerlas.

Su lengua recorre todo el contorno de su labio superior, con lentitud y me quedo hipnotizada por tal hecho. Solo está saboreando la comida, pienso. ¿No es ninguna insinuación o sí?

– Avísame cuando y con gusto seré tu guía turística. – Debería decirle que tengo una enamorada que puede llevarme, pero lo omito.

– Pronto, muy pronto. – Bromeo. A decir verdad, percibo más libertad en mí misma junto a Anja que con Lexa. Me gustaría saber por qué. – Te has dado cuenta que la gente se nos queda mirando cuando pasan cerca de nuestra mesa.

– Sí, desde hace rato. Quizás porque te ves muy sexy con esa faldita rosa. – Menciona en un tono juguetón y por qué no decirlo, provocador.

No me esperaba un comentario así y lo he recibido con la guardia baja. Esta vez es imposible controlar enrojecerme por su “sutil” halago. Por lo que me limito a dar otro bocado a mi ensalada Waldorf, atrapo un trozo de manzana entre los dientes y el sabor agridulce me hace suspirar.

– Ya en serio, creo que es porque seguimos hablando en ruso jajaja. – La risa siempre es una buena salida para este tipo de momentos.

– Esa sería otra buena razón, pero también lo que dije es en serio. – Sus ojos pestañean con velocidad y sonríe para sí misma.

Susurro un gracias y mi cuerpo pide enfriarse de prisa. Tengo las mejillas encendidas y poseer la piel pálida no me ayuda en nada para disimularlo. Me acabo lo último de gaseosa en mi vaso y pido al mozo otro más.

– Mila, parece que te encanta la ensalada y la Coca-Cola. – Señala reclinándose un poco en la silla y causa que me vuelva a reír. Cómo disfruto estar almorzando con Anja. – Debo recordarlo si alguna vez aceptas visitar mi casa.

– Trato de cuidar mi figura. – En realidad tengo una enfermiza obsesión por el sabor y frescura de la Coca-Cola, pero no quiero asustarla con mis peculiares gustos.

– Yo también, aunque no lo creas y me estés viendo consumir un platillo lleno de calorías. Prefiero comer lo que sea y nivelarlo con horas de ejercicio.

Le doy una mirada rápida a todo su cuerpo y tiene razón. Es bastante esbelta, pero sin dejar de poseer unas bonitas curvas que se realzan en los jeans oscuros ceñidos a sus bien cuidadas piernas y la blusa blanca pegada a su alba piel.

– Adivina cual es mi actividad extracurricular favorita.

– ¿Practicar algún deporte quizás?

Con una soberbia y sensual sonrisa responde.

– Bailo ballet y déjame decirte que soy muy buena en ello.

Mientras habla, sus brazos bajan hasta su diminuta cintura formando un óvalo. Luego se abren con lentitud, el derecho se curva hacia adelante y el otro se alza hacia arriba y también se curva un poco. Sigo con fascinación todos sus movimientos y me quedo prendida ante la belleza que se desprende de todo su ser. Se nota que le encanta bailar, sus ojos están cerrados y su expresión es de puro deleite mientras realiza los delicados movimientos. Apostaría lo que sea, que, si le pido que baile, lo haría aquí mismo en medio del restaurante.

– ¿Te gustó? – Pregunta al abrir los ojos y nuestras miradas se encuentran. No trato de apartarla, al contrario, la mantengo más tiempo de lo pensado.

– Wow. Sí y déjame decirte que me encantas… me refiero a tus movimientos.

Añado con las palabras atropellándose entre sí mismas. “Muy bien hecho Mila, eres una maestra demostrando sutileza y luego preguntas porqué te pones roja como un tomate”. Desearía tener un subconsciente menos sarcástico.

– Jajaja entonces aceptarías una invitación en primera fila, para mi próxima presentación. –Sus ojitos pardos se entrecierran un poco y gritan un sonoro SÍ. A los cuales me es imposible negarme.

– No me lo perdería. – Automáticamente mis dedos buscan un mechón suelto de mi cabello y se le dan vueltas entre ellos. Que el nivel de mi voz esté como un murmulló es la primera señal y jugar con mi cabello es la segunda de que estoy nerviosa debido a la presencia tan coqueta de Anja.

– Ya estaba bastante contenta por recibir el papel principal, pero ahora que irás a verme lo estoy mil veces más. He mandado a confeccionar hasta Milán el tutú negro que llevaré. No sabes las ansias que tengo que llegue esa noche de mayo. – Habla en un tono dulce y soñador.

¡Oh my gosh! (llevo poco en Norteamérica, pero ya estoy copiando las frases cotidianas que oigo en la universidad). La imagen mental de Anja vistiendo solamente con un escaso tutú. Bailando con tanta elegancia y pasión, especial y solamente para el deleite de mis ojitos. Reaniman a la engreída llama en mi interior y por enésima vez, mis pómulos se encienden como ardientes brasas. Esta vez no puedo ocultar la extraña mezcla de sentimientos que alborotan a mi cabeza y se desata entre mis labios una sonora e incontrolable risa.

Por suerte Anja también decide acompañarme en este momento que se ha tornado de cierta forma alegre y ridículo. Puesto que no tengo ni la más remota idea, de la causa de tanta carcajada. Mis ojos lagrimean y el vientre me duele por tanto reírme. Me aliso el cabello cuando por fin tengo control sobre mí misma de nuevo y absorbo todo el aire que puedo antes de poder dar alguna palabra con sentido.

– Debes estar pensando… cómo has terminado… por almorzar con una loca… – Dios, la risa no quiere dejarme de fastidiar y apenas logro hablar.

– No exactamente. En realidad, estoy cuestionándome, por qué me he tardado tanto en conocerte Mila. – Sus palabras cargadas de sinceridad por fin han logrado calmarme y mi corazón regresa a tomar el ritmo de setenta latidos por minuto.

Respiro el momento, una y otra vez.

Una voz pide aclararle que tengo novia desde hace unas horas y no estoy disponible. Pero la parte maliciosa que ha nacido desde mi jueguito en la biblioteca, la está silenciado. Y vaya que buen trabajo está logrando.

Me siento amorosamente abrazada por la encantadora sonrisa que desprenden sus sonrosados y perfilados labios de princesa. Extiende su mano para tomar una servilleta, la dobla en dos y la acerca hasta mi rostro. La desliza debajo de mis ojos, llevándose las últimas gotas de las más alegres lágrimas que he experimentado. Esa rica percepción de electricidad que recorre mi cuerpo, se desata en el roce que se produce entre mi piel sensible y sus dedos.

Ni si quiera besando a Lexa, he vivido y sentido tanta emoción. Menos que un pequeño, pero audible gemido de placer se me escape. Como lo estoy haciendo ahora.

Que pasaba si el primer día de clases Anja ocupada el sitio a mi lado y no Scott. Qué tanto hubieran cambiado las cosas hasta este día. Prefiero no pensar en las posibilidades que no fueron ni serán. Y vivir el ahora.

– O tal vez ya nos conocíamos desde antes y no aún no nos enterábamos. – Dice con una astuta sonrisa que trata de ocultar al llevar su vaso con jugo a la boca.

– Eso suena más probable. – Trece –

Ojalá no esté cayendo en una gran equivocación. Sin embargo, Anja encaja en el perfil de Trece. Ha sido muy cuidadosa para dejar las cartas, nunca la noté en clase. Arantxa no es de su agrado y en especial hoy ha sido mucha coincidencia conocernos justo después de la escenita en la biblioteca y la nota que me dejó. La forma en que me desviste con la mirada, todo toma un solo sentido hacia ella. Y en realidad estoy feliz, en cierta forma esperaba mucho de Trece y vaya que la rusa lo es y más. Aunque en vez de aclarar todas mis dudas al supuestamente descubrirla, me he llenado de más incógnitas.

¿Qué es lo que, en sí, me quiere enseñar? ¿Seguiremos jugando con las cartas o me dirá de una vez quién es?

– En qué piensas, Mila. – Exclama al terminar toda la comida de su plato. Me muerdo el labio inferior, nerviosa, ¿le pregunto o no?

– Soy rusa, pero no leo mentes. – Bromea y coloca sus codos sobre la mesa, para descansar su rostro entre las palmas de sus manos. A la espera paciente de mi respuesta.

– Pues, en que me ofrecí a ayudarte con finanzas, pero hasta ahora no hemos tocado el tema para nada. – Buena escapatoria a una complicada pregunta.

– Jaja esperaba no tocar el tema hasta el postre, pero creo que ya es hora. Además, ya va a anochecer.

– Anja, ¿Qué carrera estás estudiando? – Pregunto curiosa. Hemos hablado de cien cosas, pero nada relativo a lo académico.

– Administración Hotelera. Sueño con viajar por todo el mundo y disfrutar de ello. Por eso la elegí. – Menciona con mucha emoción. – ¿Y tú?

– Administración y negocios empresariales. Por lo que imagino debemos coincidir en más de una asignatura.

Los siguientes quince minutos comparamos nuestros horarios y no podemos evitar reírnos de que pese a llevar cuatro de las seis asignaturas en los mismos salones, nunca cruzamos ni media mirada.

– Creo que hemos sido como el agua y el aceite este par de semanas. Ni una coincidencia Mila.

– Muy cierto, pero bueno ya somos ¿amigas? – Formulo la pregunta con falsa inocencia.

– No. Somos las mejores amigas.

Casi a las ocho de la noche regreso a la tranquilidad de mi departamento. Cuando cruzo la puerta, deseo no tener más sorpresas. ¡Ya han sido suficientes por un día! Me siento muerta de cansancio, no solo en lo físico sino también en lo mental.

Un delicioso y reconfortante baño en el jacuzzi (que por cierto aún no lo había estrenado) en mi balcón, me irá más que bien. Abro las llaves de agua caliente, al minuto los cristales de la puerta están empañados. Mientras se va llenando, me voy desvistiendo en el dormitorio. Nunca antes le di importancia a mi cuerpo, hasta ahora. Me admiro desnuda frente al espejo y realmente soy extremadamente preciosa. Un poco de maquillaje no me iría para nada mal. Pintura en las uñas, brillo en los labios, sombra en los ojos y pestañas rizadas. Simplemente pararía corazones con solo regalar miradas al caminar con la sensualidad que desprendo de forma natural.

Me río un poco ante la expectativa, que pronto espero hacerla realidad. Me coloco un albornoz de seda y tomo una toalla. Este día ha sido grandioso, pese a sorpresa tras sorpresa que me he llevado. El agua está en su punto, las burbujas cubren toda la superficie. Solo hace falta añadir las sales marinas y los aceites aromáticos. Opto por los de aroma a menta refrescante y rosas.

Una sensación magnífica es el impacto de mi piel contra la ardiente agua. Realmente está caliente, pero me gusta el dolor de escozor que se extiende por mi cuerpo hasta que me acostumbro a ello. Las fosas nasales se me inundan del dulce olor del agua. Cierro los ojos y me recuesto boca arriba. Así paso unos minutos, hasta que anhelo más relax, extiendo la mano hasta el panel del jacuzzi y activo los chorros de agua para el hidromasaje

¡Qué delicia! Es lo primero que cruza por mi mente. Los segundos pasan, y poco a poco me dejo llevar por la lujuria que mi corazón desea experimentar esta noche. Necesito satisfacerme, claro que lo necesito y mucho. Todo por las palabras de Trece, aún las tengo escritas en la mente. Ojalá me hubieses comido a besos el cuello, hoy en la biblioteca.

Una caliente imagen de mi Trece se torna nítida en mi imaginación. Pero no tiene nada que ver con Anja, sino con mi profesora. La tengo aquí mismo, en el balcón. Viste una escasa lencería negra como la noche. Sus bragas son capaces de producirme un orgasmo con solo verlas, son transparentes excepto la parte del encaje que cubre a su monte de venus. Arantxa sabe perfectamente lo que me gusta, lanza una de sus miraditas dominadoras y sensuales. Me estremezco por completa al verla entrar al jacuzzi. Solo se deshace del sujetador, sus senos son del tamaño perfecto y están más que duros de excitación. Casi como los míos, los tengo muy sensibles y con el simple bamboleó del agua contra ellos, gimo.

Arantxa se recuesta sobre mí, por instinto busco con desesperación a su boca. Pero ella coloca un dedo índice contra la mía, desea que espere. Nuestros cuerpos se saludan, se tocan uno con el otro. Sus labios saborean a plenitud mis hombros, mordisquean cada centímetro de mi cuello y atrapa entre sus dientes a mi labio inferior. Su lengua lo dibuja en todo su contorno, antes de fundirnos en el más apasionado beso que puedo soñar. Lanzo mis manos hacia sus caderas y las presiono con fuerza, la oigo gemir ni nombre bajo el beso. Tiro hacia abajo sus bragas y masajeo a su firme clítoris.

No quiero menospreciar mi primer beso con Lexa, pero aún espero probar la pasión que desata Arantxa con solo mirarme o hablarme. Quizás no sea algo tan irreal que una alumna mantenga una relación con su profesora.

Esta vez sí puedo tocarme con todas las ganas que arden bajo las yemas de mis dedos. Nadie puede descubrirme, solo estoy yo y mi Arantxa idealizada. Presiono un seno con mi brazo y el otro queda atrapado bajo el poder de mi izquierda. Se mueven al mismo tiempo ambos, mi clítoris no deja de moverse al ritmo de mis hábiles deditos. Ummmm como sería sentir su lengua ahí abajo, que me tocara con sus manos o… que su sexo se deslice contra el mío, mientras nos besamos.

Por segunda vez en el día, mi vientre estalla en un interminable clímax que me saca un excesivo grito de placer. El orgasmo aletea como una mariposa y me ha dejado con la mitad del cuerpo fuera del jacuzzi. Masturbarme con Arantxa de musa lujuriosa ha sido excesivamente placentero, hasta me da miedo de no volver a sentir algo así.

Ahora sí estoy rendida, no tengo fuerzas más que para caminar desnuda con el cuerpo aún mojado hasta mi cálida camita. Ahí donde mi profesora me ha visto dormir. Espero soñar con ella y me gustaría estar muy equivocada sobre Trece.

Antes de quedarme dormida, hago un esfuerzo por sacar el celular de la cartera. Lo he tenido en silencio todo el día. Han llegado una docena de mensajes, todos de Lexa. Con los ojos entrecerrados los leo cada uno, van desde “¿Qué estás haciendo, cariño? ¿Pensando en mí?” hasta “Seguro sigues estudiando, si puedes me marcas. Te amooooooooo muchoooooo Mila de mi corazón 😀 ”.

Podría leerlos todo el día y buscarle muchos significados, pero no me causarían más que una sonrisa amorosa. Lamentablemente, acabo de darme cuenta que mi vida desea aprender sobre la pasión y diversión de jugar.

– “Te amo Lexa” – Envío esas románticas palabras, que no te dejarán dormir de emoción.

En serio la amo, pero no creo que sea lo suficiente para que nuestra relación dure por mucho tiempo, sin que alguien salga lastimada.

“Tanto es pedir que seas Trece, Arantxa. ¡Ya quiero que me enseñes a jugar!”

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Hola, primero que nada, les pido una disculpa a las lectoras que les dije que publicaría el siguiente capítulo este fin de semana. Surgió un imprevisto y no estuve de ánimos el viernes ni el sábado para escribir algo por así decirlo “alegre”. (En cambio pude empezar a escribir una parte del capítulo final)

Con este capítulo ya hemos llegamos a la mitad de la historia; y bueno el siguiente creo que es el tan esperado por muchas y en especial por Mila. Al fin conocerá a Trece!!

Muchas gracias por el tiempo que se toman al leer y opinar.

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