Jugando a las cartas

Desde bien pequeños, mi primo Joselito y yo comenzamos a jugar a esa clase de juegos. Su polla era, ya entones, un poco más grande que la mía. Joselito tenía también bastante más pelo en todo el cuerpo, sobretodo en la zona del pubis y también debajo de los sobacos.

Nunca me cansaba de verlo desnudo, al contrario, verlo así me excitaba y no sabía todavía porque

La pubertad había corrido más con el que conmigo, a esa edad apenas unos meses de diferencia resultan un mundo.

Dos años muchísimo mas

-Vamos a escondernos y movemos nuestros pitos-me decía él con un ligero susurro en mi oreja

-Vale pero solo si me dejas que te la toque un rato; quiero ver si te ha crecido algo- Le decía yo

Cada día nos sacábamos la polla, el uno delante del otro. Llevábamos viéndonos desnudos desde pequeños por lo que no había rastro alguno de pudor.

-Primo, mira mi polla-Me decía él mientras se agitaba de un lado a otro haciendo que su endurecido rabo se balanceara ante mis ojos

-Mira la mía-Le contestaba yo quedando desnudo casi a la vez que él.

Nos tocábamos las pollas el uno al otro admirando lo duras que estas estaban, quizás comprobando si nos habían crecido algo y tocándonos sin descanso hasta lograr que nuestros penes se erizaran y comenzaran a producir algo que era parecido a un orgasmo pero que no terminaba nunca en eyaculación.

Éramos demasiado pequeños como para saber lo que era la leche.

Cuando su madre nos pilló y hablaron por separado con nosotros, para advertirnos que aquello que llevábamos tiempo haciendo no estaba bien, ya era demasiado tarde. Mi primo puede que no, pero yo ya me había convertido en un pervetido. Una puta salida que solo pensaba en eso.

★ ★ ★ [Cosas que también se comen]

Fui obligado a crecer, entonces, sin ninguna polla con la que comparar mi propia evolución. Así que me acabé obsesionando. No tenía la facilidad para acceder al porno que existe hoy en día por lo que vagaba sin rumbo por las calles de mi pequeño pueblo durante aquellas tardes en las que gracias al cambio de hora se hacía de noche después.

En casa no podía pajearme pues desde el incidente, con el primo Joselito, mama me vigilaba a todas horas. Entraba de improviso en mi cuarto y revisaba mis sábanas en busca de restos que me delataran.

-No debes tocarte ahí abajo ¡Nunca! – me decía

Yo por supuesto, no le hacía caso. Cada vez me daba más gusto hacerlo y cuando empecé a eyacular no veas lo estresados que andaban mis huevos con tanta paja

Por eso cuando ese coche azul oscuro, paró junto a mi lado para preguntarme si necesitaba que me llevaran a algún sitio me quedé mirándolo extrañado.

Era un hombre mayor, cuarenta o cincuenta. Del mismo pueblo, y dío la casualudad de que conocía al conductor porque creo que trabajaba en el mismo taller de mi tío.

Le dije que no, que solo iba andando, para dar una vuelta, pero como estábamos a las afueras me dijo que sería mejor que me montara con él en el coche pues se estaba haciendo tarde y es cierto porque empezaba a oscurecer.

Arrancó el coche y se alejó más del pueblo. Yo permanecí callado en el asiento del acompañante, pues no sabía ni cómo ni de qué forma podría terminar esa excursión.

-Voy un momento a un sitio y volvemos enseguida- me dijo al ver cómo en parte no decía nada pese a haberlo visto salir con el coche en dirección contraria al pueblo.

Cuando llegamos al monte y paró el coche en una arboleda bastante apartada, me dijo directamente:

-Tu tío nos ha contado cómo te pillaron tocándole la polla a tu primo hace unos años.

Avergonzado le expliqué que solo había sido un juego y que no pensaba repetirlo más, pero él me interrumpió antes de que terminara la frase.

-Te he traído hasta aquí para que puedas tocar la mía. Si te apetece, claro- me dijo sin dejar de sobar su paquete

Lo miré

Ese hombre seguía guardando silencio, pero no dejaba de tocarse en aquel lugar en el que, según los mayores no debíamos de tocar.

-No sé. Mi madre dice que esto que estaba haciendo con el primo estaba muy mal.

-Pero ¿a ti te gustaba hacerlo? – me preguntó

– ¡Mucho! -Afirmé con rotundidad

-Entonces no le diremos nada de lo que hagamos a nadie y ya verás cómo no hay problema

Miré hacia afuera del coche, comenzaba a estar algo oscuro, pero no me decidía a hacer nada.

-Mira, toca mi polla chaval.

Su mano agarró la mía y la llevó hasta su paquete. Estaba duro como una piedra. Por eso empecé a apretar con fuerza, notando sobre la tela el abultamiento que producía esa polla.

Lo sobé con insistencia. Llevaba puesto un mono de color azul a juego con el coche. Posiblemente era el uniforme de mecánico que usaba en el taller en el que trabajaba.

-Bájame la cremallera y sácame la polla- me dijo

Lo hice rápidamente, antes de que se arrepintiera

Apenas quedaba ya luz del día cuando comencé a sobar esa durísima y gorda polla.

Como la mía su piel era suave, pero era gordísima y estaba rodeada por una mata de pelos que me impresionó.

Sobé sus pelotas, peludas y gordas. Estaban muy calientes.

Él también, pues no dejaba de suspirar mientras lo pajeaban

El hombre sonreía, y se dejaba hacer la paja mirando hacia el exterior del coche.

Me dijo que estaba vigilando comprobando que nadie se acercara para interrumpirnos.

-Vale-Le dije yo sin dejar de meneársela como hacía con la de mi primo. Me sentía a gusto cometiendo ese acto prohibido y con la complicidad de ese mecánico salido.

-Chúpamela- acabó diciéndome justo cuando terminé de decir que aquel sitio estaba bien y no me importaría ir más veces hasta allí con él.

-¿Cómo? -pregunté

Lo miré confuso

No sabía que las pollas pudieran meterse en la boca y, es más. Tampoco pensaba que se podría obtener algo de gusto cuando lo hacías.

-Sí, chúpamela. Ya verás cómo te gusta hacérmelo

Dejé que su mano se colocará sobre mi nuca y fui forzado a bajar la cabeza.

Mientras ese hombre vigilaba por las ventanillas, yo empecé a mamarle la polla. Olvidándome por completo del mundo que nos rodeaba y deseando que aquello que estaba aprendiendo a hacer no se terminara nunca.

★ ★ ★ [Mi primer intento]

Después de hacer la mili, fui a verlo al taller. Pedro, el mecánico estaba esa tarde algo frio y distante conmigo. Me había prohibido que fuera a buscarlo donde trabajaba o que merodeara por su casa.

Cuando me necesitaba ya hacía por encontrarme

Contestaba con pequeñas frases a mis preguntas y sin dejar de mirar a sus compañeros. Quizás temía que alguno de ellos pudiera captar parte de la conversación que manteníamos.

La versión oficial es que había ido hasta allí para preguntarle si sabía de alguien que vendiera un coche. Pero en realidad cuando los demás no miraban me atrevía a preguntarle cuando podíamos quedar de nuevo para irnos juntos al monte.

-No puedo quedar contigo esta semana-me dijo

Antes de que me fuera a hacer la mili la cita en los asientos traseros de su coche era casi diaria.

Aprendía a mamar su polla y disfrutaba enormemente tragándome su espesa y caliente lefa. Lo hacía, cuando sin poder aguantarlo más, Pedro se corría entre gemidos de placer descargándose en mi boca.

-Eres un jodido vicioso. Una puta salida-me decía el mientras se guardaba la polla dentro del pantalón y se abrochaba el botón mirando como yo me limpiaba mi cara llena de babas y lefa

Por eso no entendía muy bien el porqué de esa negativa si llevábamos casi año y pico sin habernos ido juntos al monte.

No habíamos ido porque yo no estaba en el pueblo, no porque alguno de los dos no quisiera, de eso estaba seguro

– ¿Por qué? -Le pregunté casi a la desesperada

-Porque no puedo-volvió a decir

Poco tiempo después de haber tenido que pasar por una humillación semejante me enteré que durante mi ausencia se había ennoviado con una cincuentona, madre soltera y que tenía dos hijos pequeños. Pedro, el mecánico, parecía haber normalizado por fin su situación de eterna soltería.

Se terminaron casando, creo.

A la desesperada y antes de que me echara con sus constantes y reiterados silencios de ese taller le dije:

-Puedo dejar que esta vez me folles el culo.

Me miró alarmado mientras sostenía esa herramienta entre sus manos y después miró atemorizado al resto de los compañeros del taller. Por suerte ninguno parecía haberse percatado de ello y seguían con sus tareas.

-Yo no soy de esos- volvió a decirme mientras apretaba las tuercas que sostenían un motor.

-Pensaba que te gustaba lo que hacíamos-Le dije un tanto ofendido después de haber tragado tanta leche y recibir una bofetada como esa como recompensa.

-Me gusta como la chupas, pero tendrás que buscarte a otro para que te dé por el culo.

★ ★ ★ [“Chuchas” de plástico]

“¡Vaya mierda de vida!”-pensé

Volvía de la mili con un calentón de tres pares de cojones. Y descubría que no solo había perdido durante mi estancia en ella al tipo que alimentaba mis instintos depravados con su semen, sino que encima tenía que ver cómo era reprobado de nuevo por tener esa conducta.

Tenía casi veinte años y parecía haber sido condenado a ser virgen el resto de la eternidad.

En realidad, sabía que jamás me iba a estrenar con el coño de una tía pues a esa temprana edad ya tenía claro que no sentía ni sentiría atracción por ninguna de ellas, pero lo que no esperaba es que me fuera a costar tanto que alguien me estrenara a mí.

Por suerte ya existían los sex shop y en ellos me refugié. En la capital de mi provincia, todavía no se habían implantado esas modernuras que hay ahora en los sex shops, con cabinas, salas oscuras y toda clase de depravaciones. Os aseguro que hubieran hecho mis delicias en aquellos desesperados años.

En realidad, en ese al que con mucha vergüenza conseguí entrar, no había más que estanterías con películas porno y revistas. También hallé lo que buscaba. Penes de plástico que imitaban el tamaño y grosor de las pollas. En mi tierra, a las pollas, las llamábamos también “chuchas”

Ese primer consolador lo compré rojo como un tomate. No el consolador, me refiero a mi cara. Pero el dependiente parecía estar acostumbrado a vender esas cosas y me colocó al lado de la caja un bote de lubricante aunque yo no pensaba que me fuera a hacer falta.

-Debes esparcirlo bien por el aparato y en los alrededores del ano antes de la penetración- me explicó ese chaval de unos treinta y pico que recetaba cremas anales lubricantes con una soltura que ni un farmacéutico hubiera tenido

– ¡No es para mí! – me apresuré a decirle.

-Ya- me dijo el mientras tickaba el importe de los dos artículos en su caja registradora.

Le pagué y le di las gracias, pero antes de abandonar la tienda me advirtió:

-Pues explica, todo lo que te he contado, al tío al que le vayas a meter eso por el culo porque lo has comprado demasiado grande.

Lo hice en el monte, justo en el mismo lugar en el que antes me comía la dura y gorda polla de Pedro. Imaginando que ese cacharro de látex que se doblaba hacía todos lados era su polla.

Lo chupé un poco pero no sabía igual. El látex no tenía el mismo sabor que las pollas

Me costó introducirlo dentro de mi ano, pero siempre he sido un tío bastante terco, además la crema lubricante ayudó bastante.

Sentado en el asiento del acompañante y totalmente desnudo miré por el espejo retrovisor, para comprobar que no había nadie merodeando por los alrededores del coche.

Recuerdo perfectamente esos ojos al igual que recuerdo como me dolía el culo con semejante cacharro vibrando e intentando salir.

Agarré mi polla. Dura como nunca antes lo había estado y comencé a pajearme con esa cosa aún dentro.

-Dame por el culo. Oh siiiii, follameeeee-Le decía a esos ojos que me miraban en el espejo retrovisor.

Era como si una parte de mi cerebro estuviera disfrutando enormemente y quisiera verlo a través del espejo, celebrando de esa cochina forma, el haberme transformado.

Me habían advertido de que no me tocara y no les hice caso. Tampoco debía hablar con desconocidos y al final terminé comiendoles la polla. Poco a poco y con cada una de mis decisiones me iba transformando en toda una puta viciosa y salida.

Cuando me corrí guardé el consolador en el interior de la guantera, dentro de esa discretísima bolsa de color rosa y recuerdo que no volví a acordarme de ese instrumento hasta que el tío que le estaba pasando la ITV al coche abrió la guantera para contrastar si el número de bastidor que tenía apuntado en un papel coincidía con el de la documentación de mi vehículo.

★ ★ ★[Conversaciones entre hombres]

El tío José, padre de mi primo y misma persona que un día me había dicho que eso que hacía con su hijo no estaba bien vino a verme un día a casa.

Todavía vivía con mis padres y no tenía perspectivas de que eso pudiera cambiar en el corto plazo.

-Tu tía esta “mala” y necesita de alguien que se quede con ella durante las tardes y dos o tres fines de semana al mes.

Lo miré sin decir nada y el continuó:

-Tu primo dice que se quedará las veces que pueda, pero yo no me fio mucho y me quedaría mas tranquilo al saber que tu iras a hacerlo.

Mi madre ya me había hablado de ello, pero no pensaba que la cosa fuera tan grave y cuando me acerqué hasta su casa me costó reprimir las lágrimas.

Durante el servicio militar había hecho las prácticas en la enfermería. Por lo que en parte algo había aprendido. Al final y como no tenía nada que hacer en ese pueblo me puse a estudiar.

Entré en la universidad, después de hacer el examen para mayores de 25 años y acabé titulando como enfermero.

Trabajaba en el ambulatorio del pueblo por las mañanas y hacía algunas guardias los fines de semana. Lograba con ello ir engrosando el dinero ingresado en una cuenta corriente, que al vivir con mis padres no me daba tiempo a gastar

Le advertí al tío José, cuando nos salimos fuera de la habitación, que aquello no iba a durar mucho y el tío afirmó con la cabeza algo triste. En el fondo ya lo sabía.

Comencé a cumplir con esa rutinaria vida y recuerdo que estuve así, sin coincidir en la misma casa con el Tío José casi un mes.

Era sábado por la noche y no tenía por qué quedarme en la casa de la tía ya que el tío José había llegado a esta hace apenas unas horas, pero yo estaba pendiente de la tele para ver un reportaje de un programa bastante famoso en la época. Informe Semanal, se llamaba. El caso es que el reportaje que queria ver, lo iban a emitir casi al final del programa

El tío me saludó y agradeció el que hubiera cocinado un plato de sopa para él. Se acababa de duchar, pero iba completamente vestido. Se había puesto un pantalon de chándal y un jersey de punto. Todo ello muy bien combinado, al estilo de estoy en mi casa como me sale de los huevos.

Se sentó en la mesa enfrente de mi y comenzó a devorar la sopa sin dejar de mirarme.

-Está muy buena la sopa.

-Gracias

-No sabía que cocinaras también.

-No cocino solo sigo los pasos que mi madre me escribe en una libreta.

-Pues la sopa sabe de puta madre. Igual que si la hubiera hecho una mujer.

-Gracias- Le dije sin dejar de mirarlo.

No entendía el porqué estaba esa noche tan hablador conmigo si apenas habíamos cruzado más de veinte frases en todo el tiempo que lo conocía.

– ¿Cómo vas con lo tuyo? -me preguntó al final.

-Lo mío ¿y que es lo mío?

-Bueno ya sabes- dudó en si debía seguir hablando o dejarme mirando a la tele

Lo miré esperando que acabara esa conversación a medio hacer. Y finalmente soltó la bomba.

– ¿Tienes ya novio?

– ¿Cómo?

-Venga Javi, no te hagas ahora el inocente. Siempre lo hemos sabido. Lo único es que solo tú y tu madre no lo queréis reconocer.

– ¿Sabido el qué?

-Pues eso. ¡Que eres maricón!

Guardé un silencio sepulcral. El reportaje que esperaba ver comenzó a emitirse en el televisor, pero mi vista seguía puesta en el plato de sopa y sobre todo en ver como mi tío se lo comía.

-Tío, el que todavía no tenga novia. No quiere decir que deba de ser maricón.

-Ya. Pero yo solo sé que lo eres y punto.

– ¿Por qué?

-Porque eres enfermero. Estas rodeado de tías buenas en el centro de salud. Algunas de esas médicas y enfermeras están para pedirle un favor- me dijo mi tío mientras se llevaba la mano al paquete.

Pensando que con ello lograría evadir esa afirmación terminé diciendo:

-Si están muy buenas todas y la Dr. Sonia Úbeda tiene unas tetas que no veas.

– ¿Te la has follado?

-Pero si está casada, ¿cómo me la voy a follar?

-Pues fácilmente, le dices que está muy buena. Que te pone to burro y que cuando podéis quedar para tomar algo en algún sitio. Si quiere tema te aseguro que se le caerían las bragas a los pies.

– ¿Tan fácil es?

-Con algunas tías sí. ¡Las mujeres son muy putas!

– ¿Tú haces eso? ¿Les dices esas burradas y ya está? -Le pregunté.

-No, yo soy fiel a tu tía. Y mientras ella este en este mundo no pienso probar otros coños…

Hizo una pausa antes de terminar diciendo, muy en silencio y sin que lo escucharan en la habitación de al lado:

-Ni otros culos.

Lo miré sin saber, mientras veía como terminaba de pelar la naranja que tenía entre sus manos y le dije:

-Tengo que irme.

-Muy bien, ya seguiremos hablando algún día de esto ¿no?

-Si

Apagué la tele y me empecé a poner la cazadora pues en aquella casa poco quedaba ya que contar.

Me subí al coche y pensé en bajarme para terminar de una vez por todas con aquella farsa. Me bajaría y llamaría a la puerta que acaba de cerrar con un portazo y empezaría contándole al Tío José que llevaba razón que era maricón perdido y que me moría de ganas por que me follaran, pero decidí callar.

En lugar de eso me fui al monte saqué el consolador de la guantera y comencé a introducírmelo mientras no podía apartar en mi cabeza la forma en la que me había mirado mi tío mientras pelaba esa naranja.

★ ★ ★ [Un estreno por todo lo alto]

-Dice tu tío José que deberías ir a recoger no sé qué agujas que te dejaste allí cuando ibas a pincharle a la tía.

-Tiene que llevarlas a la farmacia-Le dije a mi madre mientras seguía comiendo pipas y viendo la tele.

Habían pasado casi dos meses desde la muerte de la tía y no me apetecía nada el tener que pasarme por una casa donde mi tío me volvería a contar lo feliz que había sido con ella y toda eso que no paró de decirme mientras estábamos sentados juntos durante el velatorio.

-Ah vale, yo se lo diré entonces, pero como me ha dicho que te lo dijera-insistió mama

-Ya

-También me ha dicho que andas tonteando con una doctora en el centro de salud.

Miré a mama sin saber si aquello era una especie de código en clave o si ella también quería saber definitivamente si su hijo era maricón o no, por eso le pregunté:

– ¿Ha dicho eso?

-Bueno, no exactamente, hemos hablado de ti un poco de pasada y me ha dicho que no me preocupe mucho que seguro que pronto te doy una sorpresa.

Me sonrió con algo de malicia, por lo que estuve mas que decidido a ir de una vez por todas a aclarar las cosas con el tío José

Cuando abrió la puerta y lo saludé me sonrió. Es posible que no me esperara tan pronto como terminé acudiendo.

– ¿Vienes a por las agujas? -me preguntó

-Si bueno, mi madre me ha dicho que estaban aquí.

La vecina que barría la puerta justo enfrente de nosotros se metió en casa pues entendió que no había nada extraño en que un tío y un sobrino se vieran para hablar de la difunta e ir poniendo todo poco a poco en orden

-Pasa, creo que están en el mueble que tenemos en el comedor.

Lo seguí decidido y a mitad del pasillo se volvió para preguntar.

– ¿Quieres tomar algo?

-No, solo quería recoger las agujas

-Puedo sacar unas cervezas del frigorífico- terminó diciendo mientras se sentaba en el sofá

-No gracias, no me gusta la cerveza.

Afirmó con la cerveza y sonrió:

– ¿Por qué sonríes? -Le pregunté

-No por nada, porque también intuía eso

-Eso, ¿el qué?

-Que como buen maricón que eres no beberás nada de alcohol.

– ¡Ya empezamos! Tío no me gusta la cerveza porque me sabe muy amarga, pero bebo otras cosas… Whiskey, Ron, Vodka

– El semen de mi hijo, ¿no te sabía amargo?

Nos miramos en silencio durante unos segundos, después hablé para matizarle:

-Tío al primo solo le estaba haciendo una paja cuando nos vieron. Nunca hubo nada más. Jamás le chupé la polla

-Pero, ¿si has probado otras pollas?

Dudé en si debía irme o no, pero me senté en el sofá y mirándolo directamente a los ojos decidí enfrentar la situación.

-Solo una-dije

-Muchas veces ¿supongo?

-Si- Le contesté mientras bajaba la cabeza algo avergonzado.

– ¿Y te gustaba? -me preguntó

– ¿Pero porque cada vez que me siento a hablar contigo tenemos que terminar hablando de esto? -Le dije yo al ver que no pensaba variar el tema de la conversación

-Porque soy tu tío y me gusta que me cuentes estas cosas.

-No sé para qué.

-Porque me preocupo por ti y no quiero que nadie te haga daño.

-Se lo que soy, tío. Nadie me ha hecho daño ni dejare que me lo hagan.

-Pedro, si lo hizo.

Lo miré de nuevo

– ¿Cómo sabes tú…?

-Cuando te vi hablando con él en el taller, supe que algo extraño pasaba allí. Me quedé después de cerrar para hablar con él. Como no colaboraba le di dos ostias y me lo terminó confesando todo. Me explicó cómo te había llevado al monte para que le comieras la polla y entendí, cuando me dijo que lo habíais dejado, porque estabas tan desesperado mientras hablabas con él esa tarde. Pedro es mala gente, hiciste bien en dejarlo con él-terminó diciendo

-No lo dejé yo. Me dejó él

– ¿Quieres que te folle yo entonces?

El golpe había sido directo así que me quede noqueado delante de mi tío que sentado en el sofá no dejaba de mirarme.

– ¿Porque quieres hacer eso?

-Porque yo ahora mismo estoy tan caliente que podría partir piñones con mi nabo… y tú, … no sabrás definitivamente si eres maricón o no, hasta que no te hayan dado por el culo y veas que eso te gusta.

– ¿Y cómo sabes que nunca me han dado por el culo? -Le pregunté ofendido.

-Bueno es fácil. Me cuentas que al primo ni se la chupaste… Luego me dices que solo te has comido una polla y como a Pedro por mas palos que le di solo confesó que únicamente había dejado que se la chuparas…

Hizó una pausa y dijo:

-2+2=4 ¿no?

-Podrían haberme follado sin que les chupara primero la polla, ¿no crees?

-Es difícil de creer, pero podría darse el caso. Pero no, de haber pasado eso ya ¿estarías ahora mismo un sábado por la tarde en una casa para recoger unas agujas, que no te hacen ni falta, o te habrías buscado ya a un tío para que te follara?

Lo miré y agaché la cabeza. Miré después hacía el televisor y este estaba apagado. Quizás en estos momentos hubiera sido una buena vía de escape el habernos puesto a ver cualquier peli aburrida del sábado tarde, pero en lugar de eso le pregunté:

– ¿Tu estarías dispuesto a darme por el culo?

-Si a ti te apetece, ¿Por qué no?

-A mí no me apetece. ¡Eres tú el que ha sacado el tema!-Le dije más enfadado que dispuesto a dejarme convencer

-Pues entonces será mejor que te vayas, porque si me saco la polla ahora mismo del pantalón es para acabar follando. ¡No veas la de tiempo que hace que no lo hago! -me confesó

Ahora el que sonreía era yo.

– ¿No era tan fácil? Porque no vas y le dices a alguna tía que quieres follártela. Seguro que se les caen las bragas a los pies. -Le reproché parafraseando sus propias palabras.

-Lo he intentado, pero no veas la cara que me han puesto.

-La misma que yo supongo. Tío, es que no puedes ir por ahí pidiendo esas cosas. La gente antes de ponerse a follar, hablan, se conocen, …-comencé a decir

-No, Tú me has puesto otra cara diferente. -me interrumpió

-Tío tú no estás bien-Le dije

-Tú eres el que no te has visto. Los ojos, cuando te lo he dicho, se han salido de tus órbitas, pero después me has mirado al bulto y eso quiere decir que no te desagrada mucho la idea. Por eso sé que hoy voy a follarte.

– ¡Eres un burro!

-Sí y tu un mariconazo que estas deseando que alguien te folle

-Soy tu sobrino

– ¡Déjate ya de ostias y chúpame la polla ya!

Solo se había levantado un poco el jersey dejando al descubierto una barriga llena de vello que empecé a acariciar.

– ¿De verdad quieres que te chupe la polla?

-Tendremos que empezar de alguna forma, ¿no?

-Sí, pero es que se me hace un poco raro todo esto.

-Ah vale. ¿y cuando pajeabas a mi hijo o se la chupabas al hijoputa del Pedro no se te hacía raro?

“No le faltaba la razón”-pensaba mientras con mi mano sobaba un bulto bajo su pantalón que no paraba de crecer.

Llevaba casi diez años sin hacer eso sobre el cuerpo de otro tío y puede que esta fuera la última oportunidad que tendría de poder estrenarme

Un hombre, jodidamente caliente, a juzgar por cómo se le había puesto el rabo, estaba dispuesto a darme por el culo y no podía dejar que mis propias dudas me lo impidieran.

Tampoco estoy tan mal ¿no?-me preguntó

-No, no lo estás-Le dije

-Y si no lo contamos nadie tiene porque enterarse-siguió autoconvenciéndose

El tío José me agarró de la barbilla y llevándome hasta sus labios comenzó a besarme.

No tenía ni idea de que aquello pudiera ser tan excitante y me entregué por completo al devenir de su lengua.

Ni me di cuenta cómo nos habíamos incorporado en el sofá y sin dejar de besarme, el tío, aprovechaba para desprenderse del pantalón.

Cuando miré de nuevo hacia abajo solo el slip ocultaba su dura polla de mis ansiosos ojos.

-Me da un poco de corte todo esto- me contestó con una sonrisa

-No te preocupes, sigo yo-Le dije

Caí de rodillas rozando con mis manos su barriga llena de oscuro vello y tiré del calzoncillo hacía abajo.

Su nabo saltó como un resorte y dio dos sacudidas en el aire. Lo miré a los ojos mientras veía como me sonreía. Agarré su polla y empecé a pajearlo.

-Haz lo que quieras con ella. ¡Es toda tuya! – me dijo animándome para que se la chupara de una jodida vez

Lamía la punta de ese pollón circuncidado y lo vi vibrar de expectación con las caricias de mi lengua.

Continué sin dejar de pajearlo mientras alababa el tamaño de su miembro

– ¡Menuda polla tienes! -dije

– ¿No está mal, ¿no- Me preguntó el algo inocente

– ¡Está muy bien! – murmuré antes de engullirme con gran dificultad el gordísimo capullo.

Deje que fuera el quien me marcara el ritmo, pero sin dejar de controlar la situación. Me la sacaba en cuanto lo veía erizarse de placer y poco después volvía a engullírmela una vez lograba que su excitación se le bajara un poco.

-Me tienes loco, mariconazo. Nunca me la han comido así- me decía él.

– ¿Cuántas veces te la han chupado? -Le pregunté

-Tíos, …unas tres o cuatro veces. Mujeres una vez que me fui de putas, pero no tenía ni idea la pobre.- Me contestó mientras se rascaba la cabeza

– ¿A alguno de esos tíos de los que hablas, te lo follaste? -Le pregunté centrándome solo en esos hombres con los que el vicioso tío José ya había tenido algún escarceo.

-Sí a uno, era el hermano de un amigo mío. Comenzó chupándonosla a ambos y después nos dejaba que le diéramos por el culo. Hacíamos turnos el uno al lado del otro y no veas lo que nos reíamos cada vez que su hermano, el maricón, nos pedía a alguno de los dos que le diéramos, por el ojete, pero que al hacerlo fuéramos un poco más despacio porque le dolía.

-Vaya tela, ¿no? -Le pregunté yo mientras me incorporaba y comenzaba a bajarme los pantalones para dejar mi culo al aire.

-Bueno si- me dijo sin dejar de pajearse el rabo mientras veía como me desnudaba delante de él con cierta curiosidad en su mirada.

-¿Os lo pasarais bastante bien con él?-Pregunté

-Era un maricón perdido, supongo que todavía lo seguirá siendo. Pero al final su hermano y yo nos echamos novia y dejamos de pedirle que se viniera con nosotros. Lo hacíamos todo siempre a oscuras, donde están las viñas. Por eso nunca he visto a otro tío desnudo.- Me explicó dándome a entender con ello el porqué me miraba de esa forma

– ¿Entonces sabes cómo hacerlo? -Le pregunté mientras me ponía culo en pompa apoyando las manos en el respaldo de su sofá.

-Bueno hace ya tiempo de todo eso, pero supongo que sí.

Debía demostrarme su pericia, por eso se colocó detrás mío y comenzó a empujar con su durísimo nabo, sobre mi cerrado ojete.

Con cierto esfuerzo logró que este se abriera y empezó a empujar.

– ¿Ves? ya empieza a entrar-me dijo

Sabía que el trance era en un principio no demasiado fácil, pues al principio mis experiencias con el consolador habían sido placenteras y a la vez un poco dolorosas, pero en esos instantes aquello me estaba jodiendo a rabiar.

-Para, joder-Le dije.

– ¿No sé por qué no entra? Con el hermano de mi amigo, parecía más fácil.-dijo un poco extrañado

-Porque seguro que tendría el culo harto de que se la metieran-Le dije mientras me incorpora y comenzaba a rascarme el ojete intentando ver al tacto que no me hubieran roto nada

Miró al techo como pensando; quizás no podía ni imaginar que ese joven con el que hizo sus primeras incursiones en el coito anal, pudiera dilatar más fácilmente. Por eso acabó afirmando:

-No creo que su hermano se lo hubiera follado muchas veces antes que yo.

-Pues lástima le tengo al pobre zagal- le dije mientras comenzaba a vestirme

-Entonces yo la tenía más pequeña- afirmó

– ¡Sería eso! -Le dije yo mientras terminaba de ponerme el jersey.

★ ★ ★ [Probar de nuevo]

– ¿Te vas? – me preguntó mientras decepcionado se sentaba en el sofá y se agarraba el rabo para mantenerlo duro.

-Si quieres sí.

-No, se. Pensaba que iba a ser más fácil. Solo es eso. Pero por lo menos chúpamela antes de irte, no vayas a dejarme así.

Lo vi agitar en el aire su endurecida polla y sentí algo de lástima por eso acabé diciendo:

-No, salgo al coche a por una cosa y vuelvo, pero si quieres que me vaya me voy.

– ¿Tú tienes algo mejor que hacer esta tarde? -me preguntó

-¿Yo?. No, irme a casa a ver la tele y eso.

-Yo es que tampoco. Si me la chupas antes de irte, bien, porque así no tendré que hacerme una paja. Dejarás que por lo menos me corra en tu boca, ¿no?

-Espera un momento- Le dije yo, viendo que de seguir así iba a tener que esperar otros treinta y dos años para que me la metieran por el culo, …o al menos lo intentaran

Cuando salí a la calle y abrí mi coche para mirar en la guantera, la vecina que había en la casa de al lado, no tardó en salir.

Agarré el bote que había en el interior de esa bolsa de color rosa y lo guardé en el interior de mi cazadora. Después cogí una baraja de cartas que usábamos en el centro de salud las noches que teníamos guardia para entretenernos un rato y enseñándosela a la vecina- Le dije:

-Íbamos a jugar a las cartas y el tío no tiene ni baraja

-Si es que desde que le falta ella, está hecho un desastre- dijo la vecina mirando al suelo de su puerta con cierto desprecio.

La cotilla vecina estaba más preocupada porque nadie barría la puerta de enfrente de su casa que por lo que ambos pudiéramos estar dispuestos a hacer allí dentro.

Conociendo como conozco a las ancianas, pues había sufrido a muchas de ellas en mi rutina diaria del centro de salud. Terminé diciéndole:

-Dentro está bastante limpio, pero si quieres barrer su puerta seguro que no le importará. Este hombre no ha caído en eso.

– ¿De verdad? – me preguntó ella todo ilusionada

-Claro mujer, ya le digo yo que no te importa. Si es que me dijera algo.

– ¿Qué hablabas con esa bruja? -Me preguntó el tío José mientras volvía al comedor completamente desnudo y llevando un bote de cerveza en la mano

Su polla estaba algo morcillona y se balanceaba de un lado a otro mientras caminaba.

-Nada, cosas de viejas.

– ¿Vamos a jugar a las cartas? ¿A por eso has ido?-Me preguntó extrañado al ver cómo dejaba la baraja en la mesa

-No he ido a por esto-Saqué el bote de lubricante del bolsillo de mi cazadora y mientras se lo entregaba comencé a desnudarme de nuevo.

Lo miró extrañado mientras lo giraba entre sus manos.

– ¿Lub nature? -Se auto preguntó intentando traducirse un inglés que ni el mismo entendía

-Es para que me lo pongas en el culo antes de metérmela.

-Ahhhhhhh

Abriendo el bote y cogiendo una gran cantidad, lo olío un poco. Después lo extendío en sus dedos mientras decía

-Parece vaselina pero no huele igual

Culo en pompa lo miré y al ver que a mi no me importaba mucho la composición del producto comenzó a restregarlo por mi ojete con cierta brusquedad.

No tardó mucho en ver como el resbaloso producto comenzaba a lograr que los gruesos dedos empezaran a deslizarse con cierta facilidad en mis profundidades.

Suspiré complacido mientras dejaba que mis manos se agarraran con fuerza al respaldo del sofá

-Inténtalo ahora, pero hazlo despacito.

Casi gritó como un niño pequeño cuando vio como el efecto era el esperado.

-¡Te entra, te entra!.

-Ya, ya- Le decía yo mientras me mordía los labios y me agarraba con más fuerza al sofá.

-¿esto no picara luego?-Me preguntó al ver como al sacar su rabo para embestirme de nuevo parte del sobrante de crema se pegaba a su dura herramienta.

– ¿A ti te pica ahora? -Le pregunté mirándolo algo molestó con tantas pegas.

No pensaba que para que me follaran el culo me fueran a ocasionar tantos quebraderos de cabeza.

-No, pero como se resbala hacía adentro que no veas no puede ser muy normal

-Es que lo que estamos haciendo no es muy normal que digamos. Tío, las pollas normalmente se meten por otro sitio- Le dije en plan docente

-No ya… ¿a ti te gusta?-me preguntó

-Un poco- Le mentí de forma vil.

Si le confesaba a mi tío que aquello que me estaba haciendo me estaba volviendo completamente loco. Seguro que podría haberlo asustado por ser demasiado maricón.

-A mi también un poco. Da gustirrinín, no te creas

El hijo de puta también mentía como un bellaco. Aquello le estaba gustando tanto que no tenía la mirada puesta en otro sitio que no fuera mi culo para ver como este se iba poco a poco comiendo su nabo.

Cada vez que su rabo se deslizaba y se metía un poco más mi polla daba una sacudida. Yo la tenía dura como un mástil. Pero más dura aún estaba la suya.

-Si ves que no entra puedes ponerte un poco mas

Estaban rompiéndome por dentro, con esa polla de veintidós centímetros acoplándose con cada pliegue interior de mi ano, haciendo que ese lento roce hiciera que mis piernas comenzaran a flaquear.

-No si ya casi esta ¿ Qué tipo de grasa le pondran a esto para que deslice tan bién?- preguntó en voz alta dejando que su profesión de mecánico lo distrajera durante unos instantes de su cometido actual

-Ni idea, pero seguro que es algo natural.- Le dije para no preocuparlo mucho

En el taller usamos vaselina, pero solo con algunas tuercas-aclaró

Sin dejar de mirarlo afirmé, haciéndole saber que aunque me estuviera haciendo ese favor no debía preocuparse, que él era muy macho

-Usamos un bote de 5 kilos, tal vez deba traérmelo. ¿ Estos botecitos cuestan mucho dinero?

– Un huevo- Le dije yo mordiendome el labio

-Entonces me traeré yo uno

Seguimos, lento. Mirándonos de vez en cuando para regalarnos una sonrisa cómplice. A ambos nos gustaba aquello

José rodeo con su abultado brazo mi pecho, haciéndolo pasar por delante de mi cuello y dejando caer sobre mi cuerpo todo su peso. Su rabo se coló por fin hasta los huevos. Entonces me dijo:

– ¿Menuda inyección te estoy poniendo? -Me preguntó con malicia ese hombre que cierto día me pidió ayuda porque no era capaz de pincharle en el culo a su mujer.

-Sí, fóllame, no pares ahora. Pero me duelen algo las rodillas.

– ¿El culo no? -me preguntó mientras corríamos desnudos hacía el dormitorio.

Después de echarme en la cama y rozarme con la punta de los dedos mi ojete. Le contesté:

-No mucho, pero si no te gusta lo dejamos.

– ¿Qué vamos a dejar ahora?¡Ya que hemos empezado habrá que acabarlo!

Colocó mis pies sobre sus hombros y el cipote apuntó de nuevo al ojete que vibraba pidiendo más de ese pollón. Empujó colándose hasta los huevos y de pronto:

– ¡Zas!, ¡Zas!, ¡Zas!

– ¿Qué es eso? Preguntó con toda su polla dentro de mi mientras miraba hacía la ventana extrañado.

-Tu vecina, que habrá barrido tu puerta y ahora le está quitando el polvo a las persianas-Le dije yo suspirando de gusto.

– ¡Zas!, ¡Zas!, ¡Zas! -Escuchamos de nuevo, pero esta vez aprovechó para acompasar las metidas del rabo con el ruido que se oía fuera.

-Pues espero que no tarde mucho en terminar porque esto se acaba sobrino.

– ¡Zas!, ¡Zas!, ¡Zas! -escuchamos de nuevo

-Déjala que disfrute un poco la pobre. ¡Que se la ve más sola! -Le dije yo mientras me agarraba mi polla para pajearme a la vez que me enculaban.

– ¡Zaca!, ¡Zaca!, ¡Zaca! – comenzó a producir mi polla

– ¡Zaca! … ¡Zas! ¡Zaca!… ¡Zas! ¡Zaca!… ¡Zas! -se comenzó a oír en la habitación

-Aghhhh, siiii, aghhhh- Fué lo siguiente y de pronto el silencio.

Sudando, abrazados y sonrientes permanecimos en silencio durante unos minutos, dejando que nuestra suciedad varonil nos manchara a ambos.

Mi semen se pegaba en su pecho velludo, pero no parecía molestarle y me seguía abrazando. Besándome con una cara de felicidad impropia en alguien que debería sentirse culpable.

Yo por mi parte seguía notando como mi culo se estremecía con esa polla aun dentro. El calor que me inundaba me indicaba que la corrida había sido abundante, tremendamente caliente y espesa.

Por primera vez en mi vida, había usado el semen de otro hombre, no para alimentarme, sino para notarme recién preñado.

-Puedo venir otro día, y seguimos…hablando- maticé

-Por mi estupendo. Soy de los que se hacen una paja al día- me dijo sin dejar de besarme.

-Vale, vendré entonces.

-Si quieres puedo esperar a que llegues tú. Mañana por la tarde hay fútbol, podemos escucharlo juntos

-Bueno ya lo vamos viendo-Le contesté yo al ver cómo me acababan de estrenar y ya querían dejarme el culo hecho un colador.

★ ★ ★ [Y mama sigue sin enterarse]

Ocho años ya viviendo y disfrutando con el Tío José y mama sigue pensando que algún día le daré una sorpresa.

– ¿Cómo lleva lo del lumbago? -Me ha preguntado hoy cuando he ido a verla un rato para evitar que ante la falta de visitas por nuestra parte decida venir a vernos a los dos

-Bien, de vez en cuando tengo que inyectarle algún calmante pero desde que se prejubiló en el taller, lo lleva mejor.

-Si es que los hombres en este pueblo son tan burros que no paran de trabajar hasta que se terminan rompiendo por dentro-dijo ella.

A mi me habían, no solo roto sino tambien desgarrado y dilatado pero ahora gozaba enormemente cuando esa polla me horadaba las entrañas casi a diario

-Es que pasaba demasiadas horas ya en ese taller- Le dije.

-Si menos mal que te teníamos a ti en el ambulatorio y para arreglar todo lo de la pensión y eso- Mama de esta forma me contaba veladamente lo mucho que me agradecía el hecho de que su hermano viudo no se hubiera convertido en un problema para ella.

Pudó seguir viviendo su vida mientras a mi me clavaban el pollón que calzaba un hombre que se había aprovechado de mí y también del estado para vivir del cuento.

Su baja no era tal. Sus dolores, no eran reales y los pinchazos y calmantes me los inyectaban a mí en el interior de esa casa.

-Por cierto- comenzó a decir mientras me miraba como dispuesta a preguntarme por lo que verdaderamente había iniciado esa conversación.

-Dime-Le dije:

-El otro día me encontré en la plaza con la vecina de enfrente. Esta la pobre que no rige muy bien, pues ya tiene un porrón de años.

-Creo que noventa y pico-Le dije haciendo alarde de lo bien que se me daba el trabajar en el ambulatorio y a la vez conocer a nuestros clientes habituales

-El caso es que me dijo que el otro día durmieron en vuestra casa. Bueno en la casa del tío José, porque tu solo vives con él.

La miré extrañado sin saber muy bien porque daba tantas vueltas.

-Bueno, que eso que me dijo que el sábado por la tarde entraron dos hombres mayores, y no se fueron hasta el domingo ya bien entrada la tarde.

-Claro, tú los conocerás pues uno de ellos era amigo de tu hermano, vamos del tío José cuando era joven.

-Me ha dicho que no eran del pueblo

-No uno de ellos vive en Minaya. El otro es de Munera

-De Minaya solo conozco al Juan el de la Luisa. Pero no se si sera ese.

-No ese no. Se llama Tino, creo y el otro es su hermano. Más pequeño, pero no hablé mucho con él. Ni sé cómo se llama. – Le contesté mientras levantaba la tapa de la olla para ver qué estaba cocinando

– ¿Serían amigos de cuando él era bien joven?

-Sí creo que si, porque cada vez que van se lo pasan todo el rato hablando de eso, de lo otro, de cuando se iban a las viñas. Yo no les hago mucho caso con eso, la verdad.

-Si eso me ha dicho que no era la primera vez que van pero que esta vez me lo dice porque se quedaron a dormir.

-Si alguna vez he estado con ellos y otras veces se han quedado ellos solos mientras yo me voy a trabajar. Le hacen bastante compañía al tío, ya que a veces casi ni se puede levantar de la cama.

-Y de que hablarán durante tanto rato, ¿allí metidos y sin salir a la calle siquiera?

-A veces juegan a las cartas. No solo están allí sin hacer nada. Yo alguna vez he jugado con ellos y la verdad es que se pasa bien.

– ¡Esos están allí para quitarle el dinero y emborracharse a su costa!

-Me parece que Tino también está Jubilado, así que no creo que vaya para robarle la paga.

– ¿Y tú juegas a las cartas con ellos?

-Si la verdad es que desde que estoy con el tío me he picado bastante con el juego del “truque”. Ellos creo que siempre están jugando a eso también.

-El “truque” no se juega de tres en tres se juega por parejas o en plan uno contra uno-Afirmó mi madre bastante curtida en los juegos de cartas, pues en mi familia siempre se dió, la tradición de que los hombres finalizaran las comidas perdiendo el tiempo en ese juego.

-Ahhhhh. Yo es que no sé muy bien que juego es. Solo me explicaron las reglas y cuando me apetece me pongo. Unas veces juego solo con él y otras nos ponemos por parejas, pero no sé realmente como va eso-Le dije

– ¿Cuándo juegas usáis el siete de oros, el as de bastos y la espada, como cartas principales y os hacéis señas para deciros lo que lleváis?

-No se mama. Solo sé que al caballo le gana el rey y al rey el tres y luego a todos el basto. Así con todos los palos. Luego se cuenta y el que lleva mas puntos es el que gana

-Ah bueno. Entonces a lo que jugáis es a la “brisca”

-Sera a eso, por eso se ríen de mi porque dicen que apenas se jugar- le dije yo mientras abandonaba la casa de mis padres después de hacerle la visita de rigor.

Mientras me montaba en el coche me auto-agradecía mentalmente el que en todo ese tiempo hubiera aprendido por lo menos a jugar a un juego de cartas.

-¡Si es que siempre has sido un pardillo y no te enteras de nada!- murmuró mi madre mientras me veía cerrar la ventanilla del coche.

-Ni tu tampoco, mama- murmuré mientras arrancaba el coche.

Con la conversación mi cuerpo me pedía a gritos irme donde el tío José y dejar que me metieran el “As de bastos” hasta los cojones…

Ya, si se terciaba, y si tenía visita, me meterían algún palo más.

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