La actriz de teatro

Sonia entró en el viejo edificio apresuradamente. Había estado ensayando hasta el último momento y ahora llegaba tarde. Como perdiera la oportunidad por unos minutos no se lo perdonaría nunca. Sonia era una actriz de teatro aficionada. Había participado en varias obras y buscaba trabajar en una que le abriera las puertas de círculos más profesionales. Había conseguido una audición para la nueva obra de José Benavente. Este director era uno de los más respetados dentro del círculo de aficionados y si conseguía un papel con él, estaba segura de que su nombre sería más conocido y podría optar a algo más.

Cerca de la entrada del teatro había un pequeño mostrador. Sonia se acercó a la secretaria y le preguntó dónde se estaban realizando las audiciones. La mujer le contestó que en el escenario pequeño y tras indicarle por dónde podía ir, Sonia fue corriendo por los pasillos.

Estaba casi sin aliento, más por el temor a llegar tarde que por la carrera, cuando encontró la puerta lateral del auditorio. Enfrente había una chica con una carpeta en la mano.

– Perdona, ¿es aquí donde están haciendo las audiciones? –preguntó Sonia.

– Sí. ¿Tú nombre?

– Soy Sonia.

– Llegas justito. Cuando termine la prueba actual es tu turno.

– De acuerdo. ¡Gracias!

Soltando un suspiro de alivio, Sonia se tranquilizó. Se llevó la mano al pelo y se peinó. Con la carrera, su melena rubia se había alborotado. Repasó mentalmente las líneas de la prueba y esperó a que llegara su turno.

Al cabo de unos minutos la chica le comunicó que era su turno y Sonia entró al auditorio. La puerta daba directamente a un lateral del escenario. Avanzó unos pasos hasta situarse en el centro. Vio que en la primera fila estaban tres hombres sentados. Uno de ellos era el director, José Benavente, a los otros dos no los conocía pero imaginaba que serían responsables de la obra.

– Buenos días. Tú eres Sonia, ¿verdad? –preguntó José desde su butaca.

– Así es.

– ¿Te presentas para el papel de la protagonista?

– Sí. En efecto.

– Perfecto. ¿Qué edad tienes?

– Tengo 25.

– Muy bien. Puedes empezar cuando quieras. El actor que hará del protagonista y que comparte la escena de la prueba no está disponible. En su lugar te dará la réplica María. Ella es la que interpretará a la madre de la protagonista.

Sonia se fijó en ese momento en una mujer que estaba en el lado opuesto al escenario por el que había entrado. María se acercó a ella y tras saludarse empezaron con la prueba. Sonia recitaba de memoria el texto y María leía las respuestas. La escena era bastante intensa, el personaje de Sonia admitía por primera vez sus sentimientos por el personaje de María, una persona bastante mayor que ella y cuya relación no estaba bien vista por su familia.

Al acabar la escena, los tres hombres intercambiaron brevemente unas palabras entre ellos que Sonia no pudo escuchar.

– Fantástico. Lo has hecho muy bien Sonia –le felicitó el director.

– ¡Muchas gracias! –respondió satisfecha la chica tras pasar el momento de tensión.

– Tan sólo una cosa más. Supongo que verías en los requisitos del papel al que optas que en la obra hay una escena de desnudo. Entiendo que no tienes ningún inconveniente con ello.

En efecto, Sonia había visto ese detalle. Al principio le había echado para atrás. Ella era bastante tímida respecto a su cuerpo y ni siquiera hacía topless en la playa. Pero la oportunidad era demasiado buena como para dejarla pasar y se había apuntado de todas formas. Después de ese momento, no había vuelto a pensar en el tema hasta ahora.

– Eh… No, si es fundamental para la obra no tengo problema –contestó dubitativa.

– Por eso no te preocupes. El desnudo está justificado y ayuda a dar realismo a la escena donde se produce –le aseguró el director.

– Ningún problema entonces –respondió más aliviada Sonia. Si tenía que quitarse la ropa, al menos que fuera por una razón y no como en esas películas para adolescentes donde aparecen mujeres en tetas porque sí.

– Perfecto. Entonces para terminar la audición, desnúdate de cintura para arriba si no te importa, por favor.

– ¿Qué? ¿Ahora? –Sonia no se esperaba que tuviera que desnudarse en la propia audición.

– Sí. Tenemos que asegurarnos que no tienes problemas en hacerlo. Además, el aspecto físico tiene que encajar con el personaje. En este caso, no sólo es tu rostro o figura sino también cómo se ven tus pechos.

Sonia comprendía los motivos del director y que en su profesión un aspecto físico determinado formaba parte de los requisitos de los distintos papeles. Pero aún así no se había preparado mentalmente para desnudarse delante de desconocidos. Además, si sus pechos tenían que conseguirle ese papel, lo llevaba claro. Eran pequeños y no tenían demasiado volumen. Normalmente no atraían muchas miradas.

– Si te lo pedimos es porque tienes grandes posibilidades de que te demos el papel -insistió el director al ver las dudas de Sonia. –no pienses que es por verte desnuda. Simplemente queremos asegurarnos que tu cuerpo cumple los requisitos del personaje.

– Sí, lo entiendo. Estoy un poco nerviosa -se justificó Sonia.

– Tranquila. Es comprensible.

Sonia respiró hondo y decidió hacerlo. Se lanzaría de golpe a la piscina. Si no podía quedarse en tetas delante de estos tres hombres y la chica con la que había hecho la audición, no podría hacerlo en un teatro lleno de gente. Se llevó las manos a los botones de la blusa y empezó a desabrocharlos poco a poco. El sujetador blanco que llevaba empezó a ser visible por la abertura del escote.

«Ni siquiera me he puesto algo sexy. Traigo el sujetador más básico que tengo», pensó amargamente mientras terminaba de quitarse la blusa y la dejaba con cuidado en una silla del escenario.

Sonia miró al director y vio cómo le hacía un gesto con la cabeza para que terminara de quitarse la ropa. Se llevó la mano al cierre del sujetador y liberó sus pechos. Sus tetas eran pequeñas y aunque un poco respingonas podrían cubrirse fácilmente con la palma de una mano. Tenía unas areolas pequeñitas y rosadas coronadas por unos delicados pezones. Sonia dejó la prenda en la silla y tuvo la tentación de cruzar los brazos sobre el pecho para tapárselos. En su lugar los colocó sobre su cadera.

Los tres hombres la miraron y juntaron las cabezas para susurrar algo entre ellos. Sonia se sentía extraña, vestida de cintura para abajo con sus vaqueros y sus zapatos pero desnuda de cintura para arriba con sus pechos al aire. Además, estaba dejando a varios desconocidos que le vieran las tetas que incluso estaban comentándolas delante de ella. Sin embargo no se sentía incómoda, incluso le daba algo de morbo que por una vez alguien estuviera interesado en mirar cómo son sus tetas.

Tras la deliberación, el director volvió a dirigirse a Sonia.

– Muchas gracias Sonia. Puedes volver a vestirte. De momento eres nuestra mejor candidata. Aún tenemos alguna audición más que hacer pero al final del día te llamaremos para comunicarte nuestra decisión.

– De acuerdo –contestó Sonia. Tras ello, recogió su ropa y fue a un rincón a volver a vestirse.

«En el fondo no ha estado tan mal», pensó satisfecha.

Segundo acto

Sonia entró al teatro donde había hecho las audiciones el mes pasado. El director la había llamado ese mismo día y le había dicho que el papel era suyo. Hoy tenían por fin el primer ensayo. Cuando llegó al escenario comprobó que estaban ya todos los actores esperando. Al entrar Sonia, José empezó a realizar las presentaciones.

– Bien, ahora que ya estamos todos, es hora de que os conozcáis. Ella es Sonia e interpretará a Sara, la protagonista –comenzó a enumerar el director-. Estos son Luis y Carmen e interpretarán a sus padres. Este chico es Sergio y su papel es el del mejor amigo de Sara. Finalmente, ella es María e interpretará a Inés, el romance prohibido de Sara.

Sonia tarda unos instantes en reaccionar. En la audición le habían dicho que María interpretaría a su madre. ¿Qué estaba pasando?

– Esto… ¿Pero María no hacía de mi madre? Pensaba que ya teníais un hombre para el papel –preguntó Sonia.

– Sí, así era. Pero después de ver tu audición y comprobar la química que había entre vosotras, decidí cambiar el personaje. Además, la sinopsis decía simplemente que era un amor prohibido por lo que no especificaba si se trataba de un hombre o de una mujer –le explicó José-. Se ha tratado muchas veces el tema del hombre mayor con la chica joven pero muy pocas la mujer mayor con una chica joven. Creo que es lo mejor para el éxito de la obra. Supongo que no tendrás problemas en actuar con una mujer.

– Bueno no sé…-dudó Sonia-. Supongo que no.

– ¡Excelente! Comencemos a ensayar desde el principio.

A lo largo de la mañana estuvieron ensayando la obra desde el principio. Los actores iban recitando sus diálogos y el director les hacía correcciones de cómo interpretarlo y sus movimientos por escenario hasta alcanzar la imagen que José tenía en la cabeza. Sobre el mediodía, habían alcanzado la escena en la que Inés y Sara, los personajes de María y Sonia, se besaban por primera vez.

En el escenario, María apoyaba sus manos en los hombros de Sonia y le retiraba un mechón de pelo de la cara. Tras intercambiar unas breves frases de diálogo, María acercaba su cabeza para besar a Sonia. Sin embargo, en el momento en el que la joven actriz sintió los labios de María sobre los suyos retiró la cara por reflejo.

El director mandó repetir de nuevo la escena. En los siguientes intentos el resultado era el mismo. Sonia era incapaz de devolver el beso a María. En el momento en el que sentía sus labios se bloqueaba y no podía actuar apasionadamente.

– ¡Mal, mal! –volvió a insistir José-, ¿Tienes algún problema Sonia?

– Lo siento. Lo intento pero no consigo sentirme cómoda besando a una mujer. No sé que me pasa, pensé que no tendría problema y sin embargo… -intentó explicar Sonia con un nudo en la garganta.

– Lo siento Sonia pero si no vas a ser capaz de representar el papel es mejor que lo digas ahora. No puedo permitirme buscar sustitutos cuando quede poco para el estreno.

– Señor director. –interrumpió María-. Yo creo que el problema de Sonia es que no tiene confianza conmigo. Dénos hasta mañana, ya verá como en el próximo ensayo sale como usted quiere.

– Está bien María –concedió José ya que deseaba poder mostrar la química entre estas dos mujeres en el escenario-. Pero mañana es la última oportunidad. ¡Lo dejamos por hoy!

Tercer acto

María invitó a pasar a Sonia. Tras el ensayo habían charlado y le había convencido para que la acompañara a casa. María aseguraba que si se conocían mejor, Sonia no tendría problemas para interpretar su papel en la obra. La condujo hasta el salón y la invitó a ponerse cómoda.

– ¿Quieres tomar algo? –ofreció María.

– Una cerveza estaría bien.

Tras unos instantes en la cocina, María volvió con dos cervezas bien frías, le tendió a Sonia la suya y las dos mujeres comenzaron a charlar. María era una mujer muy agradable y Sonia enseguida se sintió a gusto riéndose con las anécdotas de teatro que le contaba. Sonia a su vez le explicó a María los motivos que tenía para participar en esta obra y cuáles eran sus sueños.

Después de una hora de conversación y un par de cervezas, María cambió el tema al ensayo del día siguiente.

– Bueno Sonia, mañana tenemos que demostrarle a José que puede contar con nosotras para la obra. ¿Cómo te ves?

– Ufff… -resopló Sonia-. La verdad es que estoy bastante nerviosa. No pensé que me iba a costar tanto cuando me enteré esta mañana del cambio en la obra.

– Es todo mental –le dijo María mientras se señalaba la cabeza-. No importa que estés besando a una mujer, en tu cabeza puedes pensar en otra cosa y disimular que te está gustando.

– ¿Tú ya habías besado a otra mujer antes?

– Sí, me ha tocado hacerlo en alguna que otra ocasión –confesó María.

– Perdona que te pregunte, pero… ¿eres lesbiana? –a Sonia le sorprendía la naturalidad de su compañera respecto al tema.

– Jajaja, no no. –María señaló una foto de una repisa del salón mientras se reía-. Mira, esos son mi marido y mi hijo. Simplemente te acostumbras a interpretar que te gustan las mujeres.

– Espero que tengas razón.

– Si quieres, podemos ensayar para mañana. Mi familia no vendrá hasta la noche, puedes tomarte el tiempo que necesites.

– ¿Lo dices en serio? No quiero ser una molestia –contestó apurada Sonia.

– Claro. ¡No te preocupes! Yo también quiero que esta obra vaya bien. Nos va a dar mucha proyección. Y tengo la sensación de que puedes bordar el papel. –le animó María mientras se levantaba y se sentaba junto a ella en el sofá-. Aquí no tienes la presión de José y los demás mirando. Hazlo poco a poco, según vayas cogiendo confianza. Mira, yo me dejo hacer. Bésame cuando estés preparada.

María se recuesta un poco, invitando a Sonia a hacer con ella lo que quiera. Ésta se acerca tímida y casi con precaución junta sus labios a los de su compañera. El beso dura poco pero Sonia lo siente por primera vez como algo natural. La confianza que tiene ahora con María ha ayudado y no tarda mucho en volver a atreverse a rozar sus labios. En esta ocasión el beso dura más y es más intenso. Si el director hubiera estado ahí habría aplaudido entusiasmado.

Durante varios minutos las dos actrices continúan besándose y poco a poco el resultado es más natural como si fueran dos amantes que están disfrutando de un momento íntimo. Sus bocas no se limitan a rozar los labios sino que las lenguas participan y cada chica hace turnos para comerse a la otra. Finalmente, tras un buen rato Sonia se aparta de María con la respiración agitada.

– Vaya Sonia, parece que por fin te has soltado. Eso ha sido… intenso.

– Yo… creo que al final me he sentido cómoda –responde Sonia muerta de vergüenza.

– ¿Ves? Sólo necesitabas estar en confianza.

– ¡Muchas gracias María!

– Si te sientes con ganas podemos seguir ensayando la escena. Puedes tocarme las tetas si quieres. –le dice María haciendo un gesto hacia sus grandes pechos como invitándola a acariciarlos.

– Yo… esto… –Empezó a tartamudear Sonia con cara de horror.

– ¡Jajaja! Ya sé que no quieres tocármelas pero no hace falta que pongas esa cara de espanto. Te lo decía porque en la escena tendrás que acariciármelas. Es como en el beso si quieres podemos practicar para que mañana te salga más natural.

– Sí, sí, claro. Te entiendo. Sólo es que me ha cogido desprevenida.

Sonia alarga la mano ligeramente dubitativa y la apoya sobre el pecho de María. Bajo su palma siente el calor y las formas de los atributos de su compañera. Nunca había tocado unas tetas que no fueran las suyas y desde luego nunca unas tan grandes. María no dice nada y deja que Sonia vaya cogiendo confianza. Ésta poco a poco empieza a mover la mano por el pecho sintiendo cómo se bambolea bajo su presión. Además de la textura de la blusa, Sonia comienza a ser consciente del sujetador de María, de tejido irregular probablemente debido a que tenga encajes. De pronto algo duro se clava en su palma. La actriz se da cuenta de que el pezón de su amiga está empezando a endurecerse. Muerta de vergüenza cambia de pecho y empieza a tocar la otra teta. Aunque sea una reacción natural no se había planteado que las caricias que debían hacerse por motivos de guión pudieran ser placenteras.

María continúa dejándose hacer y Sonia cada vez coge más confianza. Sus caricias ya no se limitan a posar la palma sobre los pechos de la actriz sino que también los agarra y aprieta. Durante un rato Sonia se dedica a amasar las tetas de su compañera de reparto hasta que los movimientos le salen tan naturales como si los hiciera sobre sus propios pechos. Tras ser recordada por María que en la obra debe dejarla desnuda de cintura para arriba, Sonia comienza a desabrochar la blusa de su amiga. Con cada botón que va soltando van descubriéndose más los grandes pechos de la actriz. De ser sólo el canalillo visible a dejar al descubierto un sujetador azul marino con encajes en la parte superior de la copa. Los pezones endurecidos se marcan en la tela de la prenda como queriendo atravesarla.

Una vez que la blusa ha quedado completamente desabotonada, María se la quita quedándose cubierta únicamente con el sujetador. Sonia la mira y con timidez acerca la mano y toca por primera vez la piel del pecho de su compañera. La chica siente la suavidad de los atributos de su amiga y siente cómo el pecho se mueve bajo su presión. Sonia dirige sus manos al broche del sujetador y tras un par de intentos consigue soltarlo. María se desprende de la prenda directamente y sus tetas caen ligeramente agradeciendo ser liberadas de la presión del sujetador. Sus grandes pechos están coronados por unas oscuras areolas. Los pezones endurecidos y puntiagudos destacan en mitad de ellas.

Sonia se queda mirando los pechos de su compañera durante un momento. La actriz recorre el contorno de las tetas con los dedos empezando por la curvatura exterior y terminando en el centro donde se forma el canalillo. Coloca la mano en forma de cuenco y agarrando un pecho desde abajo lo sostiene momentáneamente para a continuación dejarlo caer. Sus manos recorren cada centímetro de piel de esas tetas, acarician los pezones duros como piedras y trata poco a poco a acostumbrarse a tocar con naturalidad las tetas de su compañera de reparto.

– ¿Ves como no era para tanto? –le dice María con una sonrisa mientras se deja hacer.

– Sigo sintiéndome rara –le responde Sonia- aunque menos.

– Al principio es normal, luego te das cuenta que no dejan de ser otra parte de mi cuerpo y podrás tocarme las tetas con la misma naturalidad que si me tocaras un brazo.

Las dos chicas continuaron conociéndose durante algunas horas más. María desnuda de cintura para arriba sentada en el sofá con naturalidad. Sonia a su lado charlando durante largos ratos y de vez en cuando tocando los expuestos atributos de su compañera e intercambiando algún beso para practicar.

Cuarto acto

Tras muchos ensayos y duro trabajo por fin había llegado el día del estreno. El pequeño teatro estaba bastante lleno para ser un espectáculo de aficionados y el director les había asegurado que alguno de los espectadores era algún agente buscando nuevos talentos que apadrinar en el circuito profesional.

La obra llevaba transcurrido buena parte del segundo acto y estaba yendo todo perfectamente. Al público se le notaba atento e interesado por el argumento y se reía en los momentos oportunos. Sonia se encontraba de cara a los espectadores y mientras interpretaba que su personaje estaba meditando con la mirada absorta aprovechó para observar la sala. Tal y como les había dicho el director había una buena entrada para ser una obra de aficionados. Entre los asistentes vio que en una de las primeras filas estaba su grupo de amigos. Siempre iban a verla y a apoyarla en sus actuaciones. Normalmente no les contaba detalles del argumento para que disfrutaran de la obra y en esta ocasión tampoco les había dicho nada, mucho menos que iba a desnudarse en el escenario. Se imaginaba la cara de sorpresa sobre todo de los chicos ya que nunca la habían visto en topless. Una fila detrás de su grupo de amigos reconoció al marido de María y se preguntó que sentiría al ver a su mujer medio desnuda siendo mirada por tanta gente mientras se enrollaba con una chica. ¿Quizás se excitaría?

Sonia no pudo seguir buscando gente conocida porque María se acercó por detrás y tras abrazarla le besó en el cuello.

– ¿Estás bien Sara? Te noto ausente

– Sí Inés, es sólo que… -comenzó Sonia mientras apoyaba sus brazos sobre los de María que estaban bajo su pecho- ¿está bien lo que hacemos? Mis padres no lo entienden.

– Sara, tú no eres tus padres. Puedes tomar tus propias decisiones –replicó María mientras continuaba besándola en el cuello. – ¿Acaso tu cuerpo no te dice que esto es lo correcto? ¿O quieres que pare?

– No, por favor… No pares.

María dirige sus manos a los botones de la blusa de Sonia y empieza a soltarlos uno a uno. Sus pechos comienzan a quedar a la vista tapados tan sólo por un sujetador rosa y sencillo. Al estar enfrente a los espectadores estos no tenían problemas en contemplar toda la piel que quedaba expuesta. Una vez desabrochados los botones María le quita la blusa a Sonia y la deja caer al suelo. Los besos de la actriz pasan de su cuello al hombro y sus manos se dirigen a las copas del sujetador, acariciando los pequeños pechos de Sonia por encima de la tela.

Sonia continúa dejándose hacer y durante unos momentos María sigue besando y acariciando a su compañera. Después sus manos con un rápido movimiento desabrochan el cierre del sujetador de Sonia y la prenda cae al suelo dejando sus tetas a la vista de todos. Sus pequeñas areolas rosadas resaltaban con unos pezones puntiagudos y endurecidos por las caricias recibidas. La chica mira por un instante la reacción de sus amigos y la mayoría de ellos están con los ojos muy abiertos sin perder detalle y con cara de incredulidad. No se imaginaban que la amiga que nunca hacía topless fuera a quedarse con las tetas al aire delante de todo el teatro. Incluso alguno de los chicos del grupo estaban cruzando las piernas intentando ocultar una erección.

La joven se pone de perfil al público y agarra por la cintura a María, cuando la tiene delante se miran fijamente a los ojos y se funden en una apasionado beso. Sus labios se comen los unos a los otros y las lenguas se tocan y entran alternativamente en las bocas de las dos chicas. Las manos de las actrices tampoco están quietas y mientras las de María acarician los pechos desnudos de su compañera las de Sonia recorren la espalda de su amiga. En una de estas caricias sus manos agarran la parte inferior del top de María y lo levanta hasta sacárselo por la cabeza. La actriz luce un sujetador verde que mantiene puesto durante poco tiempo. Para dar al momento más intensidad la prenda tiene el cierre en la parte delantera de forma que Sonia agarra las copas y las estira hacia los lados dando la apariencia de que está tan excitada que le ha arrancado el sujetador a su compañera. Los grandes pechos de María botan al ser liberados repentinamente y quedan expuestos a la vista de todo el público. Sonia agarra las tetas de la actriz y las acaricia y juega con ellas, subiéndolos y dejándolos caer para que boten. Al estar las chicas de perfil los espectadores no tienen ninguna dificultad en comprobar el gran tamaño de las tetas de María al ver cuánto sobresalen respecto a la silueta de su plano vientre. En el teatro no se escucha ningún ruido, las actrices sienten las miradas de todos los espectadores clavadas en ellas. Miradas que aprovechan esa oportunidad única de voyeur para observar a dos chicas medio desnudas tocándose y quitándose la ropa. Sabiendo que en otro lugar sería maleducado quedarse mirando fijamente y aquí forma parte de la obra el no apartar la vista de las tetas de esas mujeres.

Una vez que las dos chicas están desnudas de cintura para arriba se vuelven a juntar en otro apasionado beso. Esta vez las manos permanecen agarradas a la espalda de la compañera y se acercan tanto que sus tetas se aplastan entre ellas. Las chicas pueden sentir los pezones de la otra clavándose en sus sensibles pechos. Junto a las actrices hay una cama ya que el escenario representa la habitación del personaje de María. Esta empuja ligeramente a Sonia quien cae sobre ella boca arriba. María inmediatamente se sube encima y se inclina sobre ella. Al estar la cama también a lo largo del escenario el público no tiene ningún problema en ver cómo las tetas de María cuelgan y se mueven por la gravedad hasta que se aplastan una vez más contra los pechos de Sonia. Las chicas se besan de nuevo mientras se cierra el telón dando por finalizada la escena.

Las dos actrices se felicitan por la escena pero no tienen tiempo que perder porque deben prepararse para el siguiente acto. Mientras aún están con las peras al aire los ayudantes de escenario pasan al lado suyo cambiando el decorado. Uno de ellos se acerca y les da los sujetadores y resto de ropa que estaba por el suelo. Sonia se da cuenta que el chico no puede evitar mirarles las tetas pero la joven ya no le da importancia. Mientras se están poniendo los sujetadores de nuevo sus compañeros de reparto se acercan a felicitarlas por la complicada escena. El director les recuerda que aunque ya haya pasado el momento de desnudo aún tienen dos actos que hacer perfectos para que la obra sea un éxito.

Epílogo

La obra tuvo grandes críticas en el círculo de teatro de aficionados y fue el primer paso para la gran carrera de actriz de Sonia. Desde entonces siempre que le han preguntado por sus inicios tiene grandes palabras de cariño para María por ayudarla a superar sus miedos y para el director José Benavente quien le dio el papel que le abrió todas las puertas.

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