La amiga de mi mujer

Ana estaba llorando y no dejaba de berrear. Ana era la amiga de mi mujer, se conocían desde pequeñas, desde el colegio. Era una mujer de 35, bajita, algo regordeta, de pelo negro, piel blanca y cara redonda. Nunca había pensado en ella como que este buena o me atrajera. Pero ahí estaba yo, abrazándola y escuchándola.

– ¡ es que es un cabrón!- decía esto mientras sorbía las lagrimas.

La verdad que me sentía incomodo, había hablado con ella algo, pero no la había tratado apenas. Después de todo era la amiga de mi mujer y yo la trataba poco, había hablado con ella, cuando venía a casa y le preguntaba por cortesía, pero vamos poco más. Mi mujer se mosquea si soy poco sociable y hacia mi papel.

Pues ahí estaba yo, cagándome en todo y desesperado por que llegara mi mujer, me dijo que tenía una reunión y que tardaría unas horas en llegar, que por favor ayudase a su amiga.

– !es que el cabrón, encima me la estaba pagando con una vecina!- y vuelta a llorar.

– !además era una con la que hablaba y tenia buena amistad- y otra vez lloros.

– ¿te preparo un café o quieres algo de comer?- le dije, para intentar apartarme, ya me estaba cansando.

– no- vuelta a llorar-.

Ya me estaba cansando, coño que no la conozco apenas, que espere a mi mujer, pero no, tuvo que venir a mi casa y cuando no está mi mujer.

Pues estaba yo pensando en esto, cuando me doy cuenta que mi mano, había bajado de su espalda y ahora estaba en su culo. Primero pensé en retirarla rápidamente, pero luego me dije, que ya que estaba tragando con este mal rato, mejor, aprovechar lo que pudiera.

Pues estaba yo abrazado y con mi mano en el culo de ella, cuando me dice:

– !… y lo peor de todo es que me tenia pasando hambre¡- yo que estaba concentrado a lo mío, no sabía de qué iba el tema .

– ¿cómo?- estaba perdido en la conversación.

– te decía que llevábamos casi 3 meses sin hacer “nada”- me dijo mirándome a los ojos.

Yo que no quería saber por dónde iba, me hice el que no se enteraba.

-mmmm-

– que sí, que no habíamos follado ángel, ¡parece mentira, que no lo cojas- me dijo sonriendo

– estas sonriendo- le comente. Me da que aquí había algo más.

– veras…., yo siempre he sido….., digamos muy ardiente- me dijo Ana.

Vale, dios, ahora me viene con intimidades.

– ah, y ,¿cómo lo llevas?- me dije, que esta no me va a avergonzar. Si quiere guerra se la voy a dar.

– pues veras, resulta que soy muy ardiente en la cama, vamos que soy una cachonda de tomo y lomo, no llego al punto de ninfómana, pero necesito un polvete o magreo cada pocos días- me suelta sin más.

Como no me quería achantar, le comento.

– ¿como estas ahora?, después de 3 meses tienes que ir con las bragas mojadas- Me digo, toma, que no se diga.

Me mira, se empieza arreglar la ropa se coloca la falda, la blusa y se arregla el pelo. Se pasa el dorso de la mano por la mano por las mejillas y el índice medio retraído por los ojos, a la altura de las pestañas.

Coño, esta tía esta coqueteando conmigo, pero no estaba peleada con su marido.

A ver hasta dónde quiere llegar.

Después de unos minutos y sin decirme nada, me dice:

– veras estoy tan caliente, que realmente no llevo bragas- seguidamente abre las piernas, despacio, y se levanta la falda poco a poco, mirándome a la cara. Le aparecía una sonrisa mientras me miraba.

Yo me estaba empalmando, a ver, no era una tía buena, pero no me negaba a meterla. Esta mujer no estaba mal y parecía querer guerra.

Acerque mi mano al muslo que se veía poco a poco y a fui viendo, que en realidad no tenia bragas.

– pues es verdad- le dije.

Se mordió el labio inferior mirándome.

Yo le empecé a acariciar los muslos interiores y poco a poco le fui acariciando su sexo.

– ¡estas mojadísima! – le comente, mientras notaba que todo su coño estaba empapada, el sillón donde estaba sentada, tenía una mancha de humedad.

La acosté en el sofá y me agache a comerle el coño. Solo con un par de lamidas, ya estaba gimiendo y en apenas unos minutos se estaba corriendo a tenor de sus gritos, dios como gritaba. Esos gritos de placer eran increíbles, menos mal que me casa está aislada, el vecino mas próximo esta como a 50 metros y con terreno por medio o hubiera aparecido la policía para ver a quien estaban matando.

Como ya tenía un buen empalme y ella parecía que se había corrido, me baje los pantalones y me puse a horcajadas sobre su cuerpo para dejar mi polla a la altura de su cuerpo.

Empezó a lamerme la polla.

– dios que bien la chupas – le decía.

Ella no decía nada solo chupaba y me hacia una mamada impresionante. Termino levantándose del sofá y dejándome a mi sentado y ella de rodillas chupando y con sus manos en mi trasero. Se metía la polla hasta el fondo de su garganta, se la metía y sacaba, creí en más de una ocasión que vomitaría, ya que parecía que le daban arcadas a veces, pero ella era la que lo hacía todo.

– para que estoy a punto de correrme- le dije, pero no paraba.

Tuve que apartarla de mi polla, prácticamente apartarla a regañadientes.

– noo- me dijo.

– espera- dije yo.

Con la misma la levante y la hice sentarme en mi polla. La agarre por las caderas y la hice sentarse poco a poco.

– oooooh.- exclamo.

Al final se la metió hasta el fondo, se sentó totalmente sobre mi miembro. Bajo la cabeza y se apoyo en mi cuerpo. Se quedo un tiempo quieta, como disfrutándolo y luego se empezó a mover. Empezó a subir y bajar con mi polla dentro. Literalmente me cabalgaba, dios, que buena era la tía, y como es que el marido no le daba la caña que ella le pedía, pero si lo hace todo.

Empezó a gritar de nuevo, gemía y gritaba.

– !cabrón, dios …. como me haces correrme.¡ – gritaba ella.

Al cabo de unos minutos debió de correrse, porque me tenia los bajos, empapados y gemía y gritaba como una posesa. Yo estaba casi apunto y me palpitaba la polla apunto de correrme, y pase de avisarla, por lo que cuando estaba a punto, la apreté las nalgas y me corrí dentro de ella.

Ella se apoyo en mi y se quedo recuperando el resuello, yo la abrece y nos quedamos un tiempo así en el sofá.

Después de un tiempo se levanto y se dirigió al baño, supongo que a lavarse, yo me puse los calzoncillos y me coloque los pantalones.

Cuando salió del baño se fue hacia la cocina y empezó a prepararse un café.

– ¿quieres café? – me dijo mientras preparaba una cafetera.

– no gracias.

Estuvimos un tiempo esperando a mi mujer, hasta que llego.

No dijo nada de lo que paso, pero el resto de la noche no lloro mas y estaba más risueña.

Mi mujer me pregunto qué le había pasado ya que no estaba igual que cuando hablo con ella por teléfono.

Le dije, que solo estuve escuchando su charla y lo malos que éramos los hombres.

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