La atracadora de bancos III (en el topless bar)

La cabina del camión era amplia, creo que hubiésemos cabido cuatro personas cómodamente sentados uno al lado del otro. En la parte de atrás había una muy amplia cama.

Como era de esperar el puñetero country volvió a sonar en la radio durante la mayor parte de la mañana.

Steve resultó ser un chico realmente majo, una conversación muy interesante. Se destapó como un gran conocedor de España. Me contó cosas de mi propio país que ni yo misma conocía. Steve estudiaba historia en la universidad de Portland State en Oregón y trabajaba de camionero seis meses al año para poder costearse sus estudios. Steve era un poco antisistema, lo que en España consideraríamos un poco perro-flauta y allí un liberal.

Después de cuatro horas de viaje paramos a tomar un café en un bar de carretera. Era muy curiosa la camaradería de los camioneros, sin conocerse hablaban entre ellos como si se conociesen de toda la vida.

– ¿De donde vienes amigo? – preguntó al conductor sentado al lado de él en la barra del bar.

– De Saint Louis – respondió. – ¿Y vosotros?

– Venimos desde Bostón.

– ¿Qué tal la carretera?, voy a Jersey y no sabes las retenciones que he visto en las últimas horas.

– Hasta aquí muy bien. ¿Qué tal lo tenemos nosotros más adelante?

– Pues chico, a unas 10 millas hay un control de policía realmente increíble. Según he oído en la radio se ha fugado una detenida que estaba siendo trasladada a California por carretera y se ha montado una muy buena.

– Estos cabrones de la policía, no saben que hacer para jodernos el trabajo.

– Desde luego.

Steve me miró. Sonrió y movió la cabeza.

Acabamos el café y mientras nos dirigimos hacia el camión, me soltó a bocajarro.

– Te buscan a ti. ¿Cierto?

– No sé de que me hablas – contesté.

– Mira chica, aquí pueden pasar varias cosas. La primera es que no te subas a ese camión y que sea lo que dios quiera. La segunda, es que te subas nos paren y te detengan y hasta allí has llegado. Y tercera, que subas al camión, te esconda y pasemos este y los controles que hagan falta – yo me quedé callada durante unos segundos.

– Esta bien, me buscan a mi.

– ¿Y que coño has hecho para que este toda la policía del estado detrás tuya?

– Bueno, poca cosa. Me mantuve mientras intentaba labrarme una carrera como actriz atracando bancos.

– Ja j aja. ¿Solo eso?, ja ja atracar a esos cabrones debería ser legal – me quedé boquiabierta – nada, nada, tengo el sitio perfecto para ti en el camión.

– ¿Con la carga?

– Naaaa, ahí es el primer sitio que mirarán. Déjame a mi.

Entramos en la cabina, pasamos a la parte de atrás, movimos el colchón, movimos una lamina de plástico y apareció una trampilla.

– Entra. Hay sitio de sobra y no te preocupes que entra suficiente aire. Podrías pasar horas allí – me metí en el agujero con la sospecha que cuando saliese seria con las manos en alto. El camión arrancó.

No habían pasado ni 15 minutos cuando el camión paró. Estuvimos más de media hora arrancando y parando. Era evidente que el control era a conciencia.

– Buenas tardes. Estamos buscando a una fugitiva huida hace unas horas. ¿Ha recogido usted a alguien?. ¿Ha visto usted algo raro?

– Pues no agente. Aquí estoy yo solo y como no se haya colado en la caja, creo que viajo solo.

– Veámoslo – y oí como Steve se bajaba del camión. Volvió a los 10 minutos.

Arrancamos

– Menudos cabrones. Han mirado hasta en el techo de la caja – yo salí de mi escondrijo

– ¿Han mirado mucho?

– Ya te digo, desde los bajos de motor hasta el techo del camión. Lo han mirado a conciencia. Afortunadamente no han mirado dentro. Tampoco hubiesen encontrado nada.

Seguimos nuestro viaje. Le conté tanto mis hazañas delictivas como mi vida en general. Como suele pasar cuando hay confianza hablamos bastante de sexo. Creo que le dejé acojonado cuando le conté poco a poco mis experiencia. La verdad es que estaba cogiendo mucha confianza con el chico.

Paramos en un área de servicio. Steve llenó el deposito. Fue al bar a encargar comida. Yo por precaución no bajé. Hasta ese momento había tenido suerte. El chico había sido leal, pero debía hacerlo fiel.

Steve entró. Ante su sorpresa me encontró desnuda en su cama masturbándome abierta de piernas, jadeando y con el coño muy mojado.

– Steve, necesito que me tomes, llevo mucho sin sexo. Hoy me has puesto mucho – Steve dejó la comida en el salpicadero y sin decir ni pio, saltó sobre mi coño y empezó a chupármelo.

Estaba cansada por no haber dormido, tenia el coño al rojo vivo de la noche anterior. Desde luego en condiciones normales no hubiese movido un dedo en busca de sexo, pero hoy tenía la obligación. A pesar de eso el chico mal no lo hacía.

Steve me comía el chocho y mientras con la mano tocaba una de mis tetas. Aquello no podía ser un “ven, móntame rápido y a dormir”, tenia que dejarlo impresionado por lo que tras correrme por primera vez y para aumentar el morbo, me separé, me di la vuelta y me puse a cuatro patas delante de él. Mi coño apuntaba a su cara y tal y como estaba mi ojete debía de estar perfectamente a su vista. Me tocaba mi sexo con la palma de la mano y empezaba a jadear como una cerda que era. Steve jadeaba fruto de la excitación.

Su lengua jugaba con mi ano, “este me va a dar por el culo” – pensé – “como de jodidos son los hombres, en cuanto ven un culo allí lanzan la polla”. Metió un dedo en mi ano, otro en mi vagina. Dos en mi ano, dos en mi vagina. Tres en mi ano, tres en mi vagina. Esperaba su polla de un momento a otro.

– Fóllame Steve.

Steve desabrochó su pantalón. Sacó sus dedos de mi coño y de un golpe de cadera me la metió. Me hubiese gustado decir me empaló por qué una no es de piedra y a esas alturas ya quería un buen polvo, pero no. Steve tenia una polla ridícula, seguramente la menor polla que he visto y sentido nunca. Gemí.

Steve empezó a darme duro, duro para él por que a mi me bailaba dentro.

– Métemela por el culo – gemí. Por lo menos algo sentiría, pensé.

Steve sacó su polla y me la metió de un golpe en mi culo. La sensación no mejoró pero yo grite de placer. Steve se corrió en menos de un minuto. “Joder que joya, picha corta y extra rápido que me ha tocado” pensé.

Steve cayó hacía atrás, yo seguía contoneándome y respirando agitadamente, lo cual no resulta fácil pero pone mucho. Me di la vuelta, su polla era más raquítica de lo que esperaba. Sonreí, bajé mi cabeza y me la metí en la boca. Aquél micropolla no respondía en mi boca. Agarré sus huevos con mis manos y empecé a frotarlos. La polla iba creciendo poco a poco. Nunca me había enfrentado a nada parecido en mi boca, pero creo que le dejé seco. Steve gritó de placer mientras se corría en mi boca. Para mi sorpresa se corrió de lo lindo llenándome la boca de caliente semen.

Cuando desperté ya llevábamos un tiempo en ruta. Había dormido como una niña solo me despertó la voz de Steve gritándome que me metiese en el zulo ya que teníamos otro control delante nuestra. Sinceramente me esperaba más controles pero desde luego no esperaba más controles hallándonos tan lejos del lugar de donde me fugué.

De nuevo y aunque en esta ocasión si subieron a la cabina, seguimos rumbo hacia nuestro destino.

Esa iba a ser la última noche con Steve. De nuevo lo esperé desnuda cuando volvió de comprar comida. De nuevo Steve me penetró con esa micropolla. Gemí como si Nacho Vidal me estuviese empalando aunque no me atreví en alabar esa birria de polla pues hasta él debía de ser consciente de la ridiculez de la que hablamos.

Se volvió a correr cuantiosamente en mi boca.

Steve me dejó en un motel donde cogió una habitación a su nombre. Hubiese continuado con él pero volvía hacia la costa este y ahí era donde era buscada por lo que no podía arriesgarme. MI idea era desplazarme hacia Nevada y de allí cruzar la frontera con Canadá en Sweet Grass. Probablemente un pueblo de mierda en un estado de mierda y que me llevaría una provincia de mierda en Canadá. Lo importante era huir.

Realmente no sabía que hacer, estaba en una situación muy comprometida, pues aunque ya estaba lejos de donde me buscaban aun estaba toda la policía del país alerta por lo que debía dejar pasar el tiempo antes de intentar pasar la frontera. Después de una birrica noche de sexo en el motel Steve sugirió que me contratase en un topless de camioneros que él conocía.

– ¿Estas loco?, ¿como me voy a meter a puta?. No hay nada más ilegal en este país.

– Bailar en un topless no es ilegal, no es prostitución.

– ¿Seguro?

– Del todo.

– Pero no esta toda la vida la policía yendo y viniendo de esta clase de sitios.

– No, la policía no suele ir. Esta gente se juega su licencia por la que suelen tener un buen servicio de seguridad para evitar problemas por lo que no creo que haya problemas para ti.

A la mañana siguiente Steve salió del motel volviendo dos horas después.

– ya tienes trabajo. He ido al topless y te he conseguido un trabajo. Empiezas esta noche.

– ¿Y los papeles?

– Eso esta arreglado. Le he dicho que eres ilegal y se le convencido diciéndole que cobraras la mitad.

Steve partía de nuevo después de comer. Debía pasar por la empresa donde iba a cargar la mercancía y de allí salía en ruta. Se la chupé por última vez y agradeciéndole enormemente todo lo hecho por mi.

El ambiente en el topless era de lo más casposo. Borrachos, viejos, estudiantes universitarios y algún que otro ejecutivo que no quería ir a su casa. En mi vida había bailado en una barra, pero visto el nivel de mi competencia en menos de una hora llevaba el tanga prestado por la empresa rebosante de billetes de dólar. Estaba claro que esos paletos no habían visto una tía como yo más que la en la tele. Bailé durante seis horas. Estaba muerta pero con dinerito en el bolsillo. Tuve que darle al dueño el 75% de mi recaudación. El 50% era lo normal, pero de mi 50% tenía que pagar la mitad de acuerdo con lo pactado con Steve.

Apenas tenía más que para pagar el motel y algo de comer pero iba a ser poco tiempo, por lo que creía que aguantaría al menos un mes en esas condiciones. Hacía un frio que pelaba, del topless bar me dirigí directamente andando hacia el motel, en mi camino pasé delante de un banco y me sonreí.

Llevaba ya tres semanas enseñando mi pedazo de tetas a cuanto paleto vino por el bar. Creo que mi fama estaba corriendo como la espuma pues el bar cada día estaba más concurrido y cada día mas pueblerino deseaba que le hiciese bailes privados por los que pagaban generosamente para no poder tocarme. A partir de esa tercera semana y sabiendo que mi búsqueda se había relajado empecé a entablar conversaciones con mis clientes y los chicos que se acercaban a mi para ligar durante mis descansos.

Como digo después de mi tercera semana bailando en el topless la cosa cambió un poco. Estaba corta de dinero y necesitaba financiación para la huida. En teoría no estaba permitido que nos acostásemos con clientes, ni gratis ni por dinero. El dueño no quería problemas de prostitución ni habladurías con su muy rentable negocio, pero en la practica era habitual que las chicas acabasen follando en los coches o cabinas de los camiones de los clientes una vez cerrado el local.

Desde el momento en que me sentí más segura empecé a seleccionar quien me iba a pagar por sexo al acabar mi jornada laboral, pero eran muchas las noches que acababa siendo montada en el asiento de atrás de un coche o en la cabina de un camión.

Aquella noche había recibido un montón de billetes en mi tanga por bailar en la barra, había hecho una gran cantidad de bailes privados y estaba a punto de retirarme.

– ¿cuánto cobrarías por visitar la cabina de mi cambión preciosa?

– 300 dólares.

– ¿300 dólares?, ¿de donde eres con ese acento?

– Soy francesa, estoy de paso, y solo me acuesto con alguien si realmente me gusta, como tu y el dinero vale la pena.

– ¿Y si además nos acompaña a la cabina mi amigo Matt?

– ¿Por ti y tu amigo a la vez?

– Si

– 1000 dólares.

– ¿1000 dólares?, ¿estas loca?.

– Si, 1000 dólares, y es un si o un no, pero no tengo tiempo que perder. En este pueblo, digo en este estado, no hay muchas mujeres con mi cuerpo, y te aseguro con mi coño. Segundo dos catetos como vosotros en la vida os habéis imaginado follaros a la vez a una hembra como yo. Por lo que si queréis, las fantasías, hay que pagarlas.

– Un segundo – el camionero se dirigió hacia su amigo al que le fue cambiando la cara de sorpresa a deseo.

– ¿qué? – le dije mientras se acercó hacia mi.

– De acuerdo. ¿Vamos?

– Dime el color de tu camión y la matricula y media hora después de cerrar esto yo subiré a la cabina.

– De acuerdo.

Aún tuve hora y medía más de trabajo. Estaba agotada, me hubiese ido a casa, pero cada noche no lograba más de 80 dólares y aquellos dos paletos iban a arreglarme la semana.

Hacia un frio del carajo, localice el camión. Otras chica se dirigían a otros camiones, lo mío no era lo raro.

Como sabéis no era la primera vez que me subía a una cabina, por lo que abrí la puerta y me subí. Los dos paletos me esperaban en pelotas. Antes de cerrar la puerta me subí mi mini falda y les enseñé el coño. ¿Para que ponerme bragas si estos cazurros me las podían romper?.

Mi interlocutor, Jason, se acercó.

– espera cowboy, deja que me desnudé yo- Me desprendí de mi ropa, ellos babeaban – a ver esos pollones chicos – Las pollas eran una birria, evidentemente no estaba teniendo suerte últimamente con las pollas que me iba topando.

Me agaché y empecé a chupar. Mientras le chupaba la polla a uno el otro recibía mi mano arriba y abajó de su minguilla. Era increíble pero los dos cazurros están gimiendo como putas solo con lo que les estaba dando. Cambiaba uno por otro gimiendo yo también a ver si les hacia correr y la cosa iba rápida, pero evidentemente estos dos se conocían y me pararon cuando intuyeron que se iban a ir.

– Ponte ahí que te vamos a follar uno tras otro.

Me tumbé y abrir mis piernas dejando mi apetecible chocho a la vista. Saque mis dos grandes tetas que tan bien ya conocían. Los dos idiotas empezaron a discutir sobre quien me la metía antes. Yo vi la luz. Creó que esta noche acabo rápido.

– chicos un sándwich, me encantaría que me rompieseis entre los dos. Darme uno por delante y otro por detrás, lo necesito – esto encendió a los dos mozos, como era de esperar los dos me quería romper el culo y hacerme ver las estrellas.

Tumbé a Jason en la cama de la parte de atrás. Me subí sobre él y me encaje aquella pena de polla, empecé a cabalgar y gemir para hacer a los chicos pensar que sus 1000 dólares valían la pena. Matt se acercó por detrás y tal cual estaba me la metió. A pesar de la mierda de polla que tenía me dolió. Este debía de haber dado poco por el culo ya que ni se le ocurrió dilatarlo.

Me puse a chillar, esto encendió a la pareja que me daba con fuerza y me estaba machacando las tetas sobándomelas a cuatro manos.

El que me daba por el culo fue el primero en correrse. No había aguantado ni 5 minutos. El de delante aguantó mucho más, se corrió dos minutos después. Dos campeones, pensé sarcasticamente.

Se la chupé a los dos de nuevo sin tan siquiera conseguir que se empalmasen del todo. Por supuesto de correrse ni hablamos.

Me pagaron mis 1000 euros, les regalé un poco los oídos diciéndoles que hacia mucho que no me había dado tan bien y seguí mi camino.

Llevaba ya dos meses allí. Entre los 80 dólares que ganaba al día, seis días a la semana y los 4 o 5 que me follaba al acabar mi jornada ya tenía guardados unos 15.000 dólares y tenía que pensar en continuar mi huida hacía Canadá.

Me imaginaba que un día conocería a un pollo que me dijese que se dirigiría a Montana en su camión y a él me apuntaría después de echarle uno gratis. Sinceramente me sorprendió que fuese un comercial de neumáticos quien al día siguiente continuaba su camino desde allí. Un viaje que iba a hacer en dos días pues pretendía parar en Wyoming a ver a un cliente. El chico me había echo mucho caso a base de billetes durante mis bailes, el reto de la noche fui yo quien le dedique mi tiempo en mis distintos descansos.

– ¿en que motel te hospedas? – le dije muy coquetamente.

– Braddy’s creo que se llama – me dijo.

– Ummm, acabo en una hora. Por que no me dices el numero de tu habitación y te veo luego – creo que al chaval casi le revienta el pantalón por el evidente empalme que le surgió.

Me despedí de las chicas en el que esperaba que fuese mi ultima noche en el topless. Uno de los guardias de seguridad me llevo amablemente hacia el motel. La habitación 114 era mi destino, llamé a la puerta y Brad me abrió. Yo abrí mi abrigo y mostré mi cuerpo desnudo.

Follamos como conejos toda la noche, me dio por todos lados. El chico no era nada malo en la cama, he de reconocerlo. Me sorprendió y mucho cuando arrancó de mi cuerpo un magnifico orgasmo y más aún cuando vi que era yo quien buscaba su polla para chupar no por compromiso sino por ganas. Nos corrimos los dos a la vez mientras Brad me tenía a cuatro patas y agarrando mi coleta con fuerza. Caímos rendidos. La primera vez en meses en la que había tenido un buen polvo. El viaje iba a prometer.

– Me ha encantado Brad, me ha gustado mucho. Ha valido la pena venir.

– Si, la verdad es que ha estado genial. ¿Cuánto te debó?

– ¿Me debes?, me ofendes, ¿cómo puedes pensar que esto era de pago?. Una cosa es mi trabajo y otra que me guste un chico. No cobro por sexo – y puse cara de ofendida.

– Perdona, perdona, perdona. Lo siento. Pensé que…

– No te preocupes cielo. Trabajó en un topless por que es lo único que he encontrado para seguir mi viaje por América.

– Insisto, lo siento.

– No te preocupes cielo. ¿No me llevarías hasta Montana?, ¿no?

– ¿Montana?, por supuesto, pero ¿qué coño quiere hacer en Montana?

– Bueno, creo que aquí ya he estado suficiente y me gustaría hacer un trekking por el norte de Montana antes de pasar a Canadá y seguir mi viaje hasta Alaska.

– Sois muy extraños los europeos. Desde luego que me encantará llevarte.

Dormimos hasta tarde, se la chupé por la mañana, esta vez más por compromiso que por ganas y después de pasar por mi motel a recoger mis cosas. Pagué mi cuenta. Me despedí de aquel agujero en el mapa.

Continuará…

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