La Cafetería

El cómo habíamos llegado a estos encuentros para, teóricamente, tomar un café a media mañana es algo que pertenece a otro relato. Ahora, lo que pasaba, donde pasaba y como pasaba, es en lo que voy a centrarme.

Mi compañera de café (la llamaremos R) acudía puntualmente siempre que ambos podíamos concertar esos encuentros, no tan a menudo como deseábamos. Yo siempre llegaba antes y esperaba cerca de la entrada a la cafetería, siempre he preferido esperar a que me esperen.

Si conviene en este punto, que me detenga y comente como es la distribución y peculiaridades del local donde tomábamos esos cafés. Ubicado en una calle principal y con mucho trafico, la cafetería ocupa un semisótano, la luz que llega de la calle no es mucha y desde fuera, salvo que te agaches, no ves el interior. Digamos que estás a salvo de la mirada distraída de los viandantes.

Así que quedábamos en la puerta, y entrabamos, íbamos a la barra, pedíamos y nos lo llevábamos a la mesa tras el murete que da acceso a la zona de los baños. Allí, salvo que alguien fuese al baño estábamos casi en la mas estricta intimidad. Desde la barra y desde las otras mesas podían ver nuestras cabezas mientras estábamos sentados tomando nuestro café.

R solía ubicarse mirando hacia el WC y yo de espaldas a los mismos, pero no dejábamos que la mesa nos separase físicamente. De ese modo, de cuello para abajo teníamos absoluta libertad de movimiento.

Era la tercera o cuarta vez que quedábamos allí, a la hora que quedábamos el público era como mucho de 2 personas y habitualmente en la barra o las mesas cercanas a la barra. R venía con un vestido muy fresquito, escotado, con falda a medio muslo. Yo unos vaqueros holgados y una camiseta de algodón, ambos muy accesibles para el otro.

Comenzamos a besarnos, como habitualmente hacíamos, con pasión, hambrientos, explorando, descubriéndonos en esa faceta. Al llevar un vestido no tenía acceso fácil a tocar sus pechos como en otras ocasiones que al llevar camisa o camiseta, sacársela de los pantalones me hacia fácil disfrutar de esa talla 110 que tan bien lucía R. Ella sin embargo si tenía acceso a mi torso y lo estaba acariciando, sus dedos se entretenían en mi vello, especialmente en el de mi pecho, el que rodea mis pezones. A ellos también les estaba dedicando sus caricias y pequeños pellizcos… mientras, mis manos acariciaban su vestido a la altura de sus pechos, pero yo necesitaba sentir su piel en la palma de mis manos, notar su pezones, pero no parecía posible. Bajé mis manos a sus muslos, acaricié sus piernas, por arriba, por el exterior, por el interior. La sentía suspirar mientras seguíamos besándonos, sus manos descendieron al vello de mi abdomen, se acercaron al primer botón del vaquero y lo liberaron. Mi erección era ya casi completa, eso sumado a la ausencia de bóxer hizo que mi glande quedase a milímetros de sus dedos que ya se acercaban al segundo botón del vaquero. Al desabrochar ese segundo botón, sus dedos lo rozaron. Ella sabía lo que había rozado, dejó de besarme abruptamente, se separó ligeramente y alejó mis manos de sus muslos. Subió un poco mi camiseta y abrió los 2 botones siguientes con una habilidad y velocidad pasmosas, mi miembro ya erecto y con el liquido pre seminal presente estaba a su entera disposición, cimbreándose desafiante ante sus ojos.

No lo agarró, ni siquiera lo sujetó, echó el trasero para atrás, moviéndolo con el taburete sobre el que estaba sentada y sujetando su pelo en las orejas mientras se agachaba, pasó su lengua entera desde la base de mi polla hasta la uretra donde estaba el sabor que ella ansiaba. Con la lengua se regodeó en mi glande, lo rodeo, lo asedió, lo lamió de izquierda a derecha y de arriba abajo. Al retirarse no pude por menos que mirar mi polla y ver como su saliva la hacía brillar más de lo normal. Sus labios estaban embadurnados de su saliva y mi liquido, entre abierta, tentadora… y ¡ay! Caí en la tentación, me acerqué a ella, agarré su cara con mis manos y nos volvimos a besar.

Durante el beso ella agarró con fuerza mi miembro y comenzó a masturbarme, yo intentaba sin existo llegar a sus braguitas, no me dejaba, se defendía… por segunda vez me apartó, pero sin soltar mi rabo. Lo miró, me miró y volviendo a ponerse el pelo detrás de una de las orejas, bajó sin prisa pero sin pausa a engullir aquel trozo de carne que parecía gustarle tanto. Esta vez nada de ensalivar con la lengua, esta vez tenía hambre. Yo solo podía notar la cálida boca de R acercándose cada vez más a mi zona pélvica. ¿Cuánto de mi podría meterse R? La respuesta llegó al instante, cuando noté su nariz sobre el ensortijado vello de mi pubis. “joderrrrrrr!!!!” murmuré a la vez que su nariz se alejaba de mi, como pude y sin molestarla en su aplicación de placer a mi polla, solté el botón que quedaba del vaquero, eso le dio acceso a mis rasurados huevos que pasó a acariciar con una de sus manos.

Iba a aguantar poco o nada si R seguía con aquello, yo miraba por el arco del muro que nos separaba del resto del local, el barman a lo suyo con el periódico y los clientes nos daban la espalda.

– “R, si no paras, me correré ahora mismo…”

Se detuvo, en ese momento no sabía si agradecerlo o maldecirla, me besó, me miró y poniéndose de pie me dijo…

– “Ni se te ocurra moverte de aquí… ni guardar esa delicia… 1 minuto…”

Con esas frases me rodeo y se adentró en la zona de los baños. En menos de un minuto, aunque a mi me parecieron varios, apareció. Aparentemente nada había cambiado, salvo que una de sus manos aparecía cerrada, crispada sobre algo. Se puso a mi lado, mirando hacia el arco y me indicó que me girase, que me enfrentase a ella. Yo la miraba sin comprender muy bien, entonces agarrándome del hombro con la mano libre me empujó suavemente hacia mi izquierda. Yo giré sobre el taburete y apoyé mis hombros y la cabeza en el muro, ella podía desde allí ver la sala. Se agachó, doblando su cuerpo y tragó mi miembro hasta la mitad… comenzó a subir la cabeza haciendo algo que yo no sabía que era exactamente pero que me daba mucho placer. Cuando soltó mi polla comprendí lo que había hecho, según subía por mi polla con su boca iba dejando que la saliva fluyese, mi polla estaba envuelta completamente en sus babas. Me miró satisfecha, abrió su mano dejando que viese que lo que llevaba era su tanga, se acercó separando los pies y subiendo el vestido y así, en un solo movimiento, con la mano del tanga como única ayuda, se clavó mi polla entera, hasta los huevos.

Se movió lentamente arriba y abajo sin permitir que mi rabo se le saliese un par de minutos como mucho, luego bajó de golpe quedándose quieta y me dijo, en un tono que jamás había escuchado:

– “Ahora cabronazo, vas a darme placer en el clítoris para que notes como se corre esta puta…”

Sin pensar ni reaccionar pasé mi mano, localicé su clítoris con mi pulgar y lo acaricié despacio

– “Así no, más fuerte cabrón”

Joder, como estaba R, naturalmente obedecí, aumenté la presión de mi pulgar y lo moví, ampliando a la vez el desplazamiento, al cuarto movimiento noté como se contraía, como me apretaban sus manos los brazos y su coño mi polla… y noté que algo caliente y abundante rezumaba sobre mi pubis y huevos. T no decía palabra, solo se corría en un espasmo tras otro. Acerté a decirle…

– “Me voy a correr…”

– “Córrete cerdo cabrón, hijo de puta… llena a tu puta de lefa de cabrón”

Oír aquello fue todo lo que necesité, sus espasmos ya hacían el resto así que comencé a correrme tan quieto como pude, uno, dos, tres, cuatro lefotazos pude contar. R debió contarlos también y poniendo su mano a modo de tapón en su sexo, se levantó, se acuclilló esta vez si, y engulló mi rabo para tragar lo que quedase… y vaya si quedaba, otros tres chorros noté salir y aún seguían saliendo, sin fuerza ya, pero llenando su boca.

Con su boca y su coño llenos de mi y mi miembro al descubierto, se levantó, sin soltar su mano taponadora, se inclinó y nos besamos, ella compartía mi esencia y peleaban nuestras lenguas. Nos separamos, me empecé a recomponer la ropa mientras ella se metía en el baño.

Al volver, su cara era de satisfacción, como la mía, nos sonreímos, terminamos nuestro café y nos dirigimos a la salida de vuelta a nuestros respectivos trabajos. Antes de salir completamente a la calle se acercó a darme un cándido beso de despedida en la mejilla y me dijo en un susurró:

– “Que gusto notar como se me va saliendo poco a poco tu semen… cuando llegue a la oficina pienso ir al baño… ya lo verás”

Con esa enigmática frase, nos despedimos. 20 minutos después tenía una foto en mi móvil que mostraba sus dedos embadurnados de mi.

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