La chica de la tasca V

Elizabeth…

Que delicioso es su olor, dormir en su pecho escuchando sus latidos, su respiración, compartiendo nuestros sueños era algo tan perfecto que a pesar de despertarme primero no me levante ni me moví, simplemente me aferre más a ella para que no desapareciera, me levanto de una manera tan tierna, el desayuno que exquisito definitivamente ella tenia poder e influencias, su apartamento es grande, lujoso pero muy sencillo tiene lo básico y una cocina hermosa, me imagino horneando postres y besándola, mi imaginación sí que sabe volar, le hablo pero pareciera que no estuviera ahí, me mira con su mirada siempre penetrante pero no me responde y eso me enfurece así que decido aventarle mi jugo y decirle algunas verdades, pero como siempre con sentir su cercanía toda yo cae a sus pies a esa elegancia y sutileza de sus palabras, movimiento y besos ¡DIOS! Sus besos me hacen estremecer y humedecerme deseando más, todo iba perfecto hasta que ella abre la puerta y veo a ¡Rafael! El es mi ex novio, pero él aún no lo acepta; terminamos hace varios meses, él es muy posesivo y yo me di cuenta que de me atraen las mujeres, sobre todo esa mujer confundida frente a la puerta, nos conocemos de hace tan poco que no hemos podido profundizar en nuestras historias y ahora viene el fantasma de un lejano pasado a arruinar mi hermoso presente, ahora siento que lo odio ¿Quién se cree para venir a reclamarme así?

–Lo que sucede machito, es que ella- me señalo y sentí odiarlo más cuando se refirió de esa manera tan despectiva de Andrea- Es mi novia y no voy a permitir que le envenenes la mente con tus ideas absurdas de mariconas.

–Primero estas en ¡MI CASA!- coloco su mano en el pecho de Rafael empujándolo levemente del lado fuera del umbral- Así que debes respetarme a mí y a las personas que están aquí, segundo vuelves a decirme algún termino de neandertal referente a mi sexualidad y no me va a importar partirte la cara- ellos son del mismo tamaño pero Andrea se ve más grande y amenazadora.-

–Tranquila Andre- susurré y respire muy profundo, me acerque la bese en la mejilla y le dije al oído- Te veo en la noche.

Y así salí de ese hermoso paraíso con Rafael, quería regresar a sus brazos y explicarle todo, dejarla así sola de esa manera y con semejante acompañante me partió el alma, pero debía hablar con el y dejarlo claro de una vez por todas que no existía ningún nosotros, fuimos hasta un restaurante cercano el como siempre pidió alguna clase de licor fuerte y yo un simple café.

–Me vas a decir ¿por qué te apareces así en mi vida?- no entendía como había durado 1 año junto a ese hombre.-

–Calma mi amor ¿no te alegra verme?- poso su mano en mi rodilla y de inmediato la aparte con un fuerte manotazo.

–No me toques y no, no me alegra verte- solo podía sentir repulsión ante este hombre su tacto parecía una gruesa lija comparada con las suaves caricias de Andrea y su olor a tabaco y licor solo me generaba náuseas.-

–Seguro estas confundida y aquella puta lesbiana te lleno la cabeza de tonterías- se acercó lentamente a mi rostro, no pude evitar removerme en mi silla y ponerme tensa de la incomodidad- Pero ella no tiene lo mismo que yo entre las piernas- nuevamente apretó mi pierna y esta vez le estampé una fuerte y sonora cachetada.

–Te dije que no me tocaras- estaba furiosa con él, pero sabía que si me buscaba era por algo- Ahora dime ¿por qué decidiste aparecerte en mi vida de nuevo?- si seguía con sus babosadas me levantaría y me marcharía sin pensarlo.-

–Bueno mi amor quería verte y revivir nuestras noches de romance- ¿romance? ¡JA! Si claro su idea de romance era malos besos seguidos un más que breve coito y luego irse a beber- Aparte se acerca el cumpleaños de mi padre y necesito una pareja para la fiesta.

–¿Y eso que tiene que ver conmigo?- mi mano aún me hormigueaba por la cachetada- Tu y yo no somos ni siquiera amigos y francamente no tolero tenerte cerca.

–Bueno si no es por las buenas será por las malas- sentí un frio recorrer toda mi columna vertebral, si bien Rafael era un completo idiota su dinero podía conseguirle socios muy siniestros- Si no aceptas estar conmigo puedo causarle mucho daño a la dañada de Andrea- mi mundo se paralizó al escuchar su nombre y el pánico me invadió.

–Ni se te ocurra si quiera tocarle uno de sus cabellos o te juro que- un gran nudo se hizo dueño de mi garganta no pude completar la frase y las lágrimas amenazaron con salir de mis ojos.-

–Calma nena, tú has lo que yo te pido y no le pasara nada a nadie porque como viste, se todo de ti y puedo encontrarte a ti o a ella cuando me plazca- sabía que sus palabras no eran broma.-

–Está bien- me resigne pensando en el bienestar de Andrea- T e acompañaré a la fiesta pero no tendré una relación contigo ni nos besaremos ni nada.

–¡Claro! Suponiendo que te resistas a este galán- esbozo la sonrisa más lasciva y sádica que puedan imaginar- El viernes a las 7 pm paso por ti nena.

Dejó un par de billetes en la mesa y se marchó, ¡Dios mío! Como detestaba a ese hombre, Rafael y yo nos conocimos hace 5 años yo estaba cerca de mis 18 años y llevaba una vida perdida, me la pasaba en antros baratos y tenía malas compañías, una noche un curioso chico flaco pero notablemente más alto que yo se me acerco muy dulce y algo nació entre nosotros ese era Rafael en esa época un poco más decente el media aproximadamente 1.70 tenía 24 años para ese entonces, él es blanco como la leche, cabello negro azabache que te hace dudar si es natural o teñido, ojos marrones muy oscuros y sombríos en ocasiones parecían negros, siempre usaba camisas de seda con pantalones de vestir que le quedaban un tanto holgados por su complexión física, era un fumador, bebedor y apostador empedernido, lo que me atrajo de el era su seguridad (claro teniendo dos gorilas de casi dos metros y 100 kilos cuidándolo cualquiera se sentiría confiado) lo que nunca había entendido era de donde sacaba dinero, claro que tampoco le pregunté ya que vivíamos en un torbellino de alcohol y sexo, al cabo de un año pasé por la terrible experiencia de un aborto espontaneo, ni si quiera sabía que estaba embarazada eso fue un campanazo en mi infantil mente, ese suceso marco un cambio de 360 grados en mi vida, me aleje de ese mundo de locura, me reconecté con mi familia a pesar de que me fui a una ciudad diferente a estudiar y deje a Rafael, al principio el no lo tomó muy bien peor yo estaba decidida a no perder mi vida como él lo hacía, el año siguiente el iba y venía del país siempre buscándome cuando llegaba y cuando se iba para “darnos una digna despedida” las primeras veces accedía con la errónea idea de que lo amaba y con el tiempo me di cuenta que lo único que nos unía era el exceso de alcohol; ahora 4 años después viene a fastidiarme la vida y vaya de qué manera, ahora debía pensar como hablar con Andrea y explicarle toda la situación sin hacerla sufrir pero no conseguía una respuesta, decidí irme donde mi mejor amiga.

–¡Eli! ¿Qué te paso?- creo que mi cara expresaba el mar de emociones y pensamientos que estaba atravesando.-

–¿Podemos hablar?

Al terminar la última palabra me derrumbe en sus brazos a llorar, eran demasiadas emociones y tan distintas por las que había pasado estos últimos dos días, ella solo me abrazo y nos dirigió al sofá, eventualmente deje de llorar y procedí a explicarle todo, ella ya sabía más que de memoria mi tumultuoso pasado y de mi creciente ¿mi creciente qué? ¿Relación? No sabría darle nombre a lo mío con Andrea, Silvia solo me abrazaba y acariciaba mi cabeza a pesar de tener la misma edad ella era como una hermana mayor para mi ya que soy hija única.

–Bueno Eli desde mi punto de vista tienes dos opciones- alcé mi rostro y la mire confundida- puedes caer en el juego de Rafael que sabemos bien que luego de un rato se cansará y se largara y alejar a Andrea de tu vida- la sola idea de no verla más me destrozaba- O puedes contarle toda la verdad de inmediato y juntas hacerle frente a ese patán.

–Lo que me asusta es que ellos dos ya se conocen- Silvia me miró con cara de signo de interrogación- Sí cuando el apareció en su casa ambos se reconocieron.

Seguimos debatiéndonos sobre qué era lo más prudente y se nos hizo de noche, recordé que mi pobre cachorro estaba en el apartamento con Andrea y que yo le dije que la vería en la noche, pero me aterraba que Rafael supiera que había vuelto a su casa y le hiciera daño, así que mi buena amiga Silvia se fue a buscar a Gerundio al apartamento y extra le entregó a Andrea una carta que escribí velozmente. Y así paso mi semana desdichada pensando en Andrea que seguramente me odiaba sumado a eso estaba agobiada por los exámenes finales y mi temida “cita” la semana pasó volando y sin darme cuenta ya era viernes y Rafael me había enviado el vestido con el que debía ir a la fiesta y era hora de irnos, solo esperaba que la noche terminara rápido y que el perdiera su renovado interés en mí.

Andrea…

Creo que nunca en mi vida había hecho tanto ejercicio tan fuertemente por tanto tiempo, pero tenía que drenar toda mi rabia, tristeza, impotencia e incertidumbre de todo lo que había pasado en la mañana con mi niña mimada y el imbécil del hijo de mi jefe, hasta el cachorro estaba estresado, caí exhausta en el centro de mi cuarto de ejercicio sonaba fuerte linkin park, la música siempre ha sido mi fiel compañera en todos los instantes de mi vida me ayudaba a despejar la mente perdiéndome en las notas, los acordes y las letras, cuando presto atención me doy cuenta de que ya estaba oscureciendo y sonó mi puerta, me levanté de un salto con el corazón lleno de ilusión de que la persona que tocaba la puerta fuera mi tierna Elizabeth.

–Hola- suspiro una tierna chica de cabello castaño claro casi rubio de ojos verdes con las mejillas muy ruborizadas, su rostro me era familiar pero no daba con su nombre.-

–Hola, dime ¿en qué puedo ayudarte?- acaba de percatarme que solo iba de top (sostén deportivo) negro y short muy corto, ahora entiendo su rubor.-

–Vengo a buscar al perrito de parte de Elizabeth- bueno ahora sabía que no era una ex amante, era Silvia la amiga de mi niña.-

–Sí claro pasa- me hice a un lado y ella paso rápidamente a recoger las cosas del canino- ¿Y ella donde esta?

–Mira perdón por decirlo así pero solo vine por el perro y a darte esto- se sacó un pedazo de papel doblado del bolsillo entregándomelo- Así que no me preguntes porque no puedo decirte nada- tomó al cachorro y se detuvo en el umbral antes de irse soltó- Peo acá entre nos… Yo te prefiero a ti- y sin más se largó dejándome en un apartamento aún más vacío y con un misterioso papel en las manos.

Cerré la puerta de un golpe y me desplome en mi sofá, desdoble con cuidado el papel y me dispuse a leerlo.

Perdóname por haberte dejado de esa forma esta mañana,

pero si no me marchaba con el las cosas podrían haberse puesto feas,

seguro me esperabas esta noche en lugar de mi amiga

pero espero entiendas que todo esto lo hago por ti,

ignoro de donde se conocen Rafael y tú pero no puedo hacer más

que pedirte que por favor no me busques en los próximos días,

en lo que sea oportuno te explicaré todo;

esto no es fácil para mí ya que tu presencia caló profundamente en mi cuerpo y mi mente, por favor no me busques.

Siempre tuya la chica que disfruta ver su desayuno en tu ropa.

Sin permiso ni aviso las lágrimas empezaron a emerger de mis ojos como hace tiempo no salían y estas ardían a medida que descendían por mi rostro, pero pude notar que el papel en que fueron plasmadas esas desconcertantes palabras se había mojado, eso significaba ella lloró mientras escribía todo eso, imaginármela escribir entre lágrimas me hacía sentir aun peor, pero ¿por qué no debía buscarla? Y ¿Cuál era su historia con Rafael?

El lunes llego rápidamente y esta semana debía preparar la gran fiesta del jefe por sus 50 años, aparte de todas mis responsabilidades por ser la gerente de toda la zona, así que esta demás decir que seria una semana tortuosa y como agregado especial no dejaba de pensar en mi niña, me volvería loca, en las horas de almuerzo me escabullía hasta su universidad a ver si conseguía “verla por accidente” pero no había señales de ella por ningún sitio, me deje absorber por la oficina ni si quiera había tenido oportunidad de hablar con las chicas y así me llego el viernes por la noche, había conseguido el mejor salón de fiesta a las afueras de la ciudad con un estilo colonial, la comida serial francesa-italiana la favorita del señor Paul una banda en vivo, en fin era el evento del año y me había matado junto con una organizadora de eventos (con la que me había ligado antes) perfeccionando hasta el más mínimo detalle para que todo estuviese de punta en blanco.

Esa noche opte por un vestido vino tinto de espalda escotada y ceñido al cuerpo con caída que se hacía más holgada a medida que bajaba hasta mis tobillos, con mi cabello suelto y maquillaje bastante sutil.

–bonita espalda- sentí una mano subir desde mi escote hasta mis hombros haciéndome sentir incomoda.-

–¡Ha! Gloria eres tú, de haber sido otra estarías tendida en el piso de una sola cachetada- volví mi atención al gran salón.-

–Huy pero que carácter, no recuerdo que fueras tan fría la ultima vez que compartimos una noche- se poso junto a mi en la baranda de la planta alta para también observar como el gran salón se iba colmando de gente elegante.-

–Deja tus babosadas no estoy de ánimos para eso- pude notar de reojo su decepción y no puedo negar que a pesar de tener sus treinta y tanto esa mujer sabia resaltar sus atributos.-

–No perdía nada con intentar- me guiñó un ojo y se alejó de mi para hacer su trabajo.-

Yo seguía sola en aquella planta alta observando a todas esas hermosas mujeres en sus elegantes vestidos y a sus esposos presumiéndolas, sonreí amargamente al recordar que le había dado unos momentos de buen sexo a más de una de esas doñas recatadas y bien vestidas; cuando mis pensamientos son interrumpidos nada más y nada menos que por mi jefe.

–Hija mía ¿qué haces aquí tan sola?- colocó su mano en mi hombro y me estrecho hacia el cómo haría cualquier padre.-

–Feliz cumpleaños señor Paul- pose mi cabeza en su hombro y así nos quedamos unos instantes, a pesar de que él era uno de los hombres más acaudalados e influyentes en varios países era muy honesto y sencillo, para mí el era como un padre, de hecho cuando descubrió de mis preferencias sexuales nada cambio al contrario nos unimos un poco más.-

-Gracias mi niña, todo lo que has organizado es maravilloso me encanta- notaba cierta amargura en su voz.-

–¿Pero?- sabía que algo venia y honestamente no estaba de ánimos para más sorpresas.-

–Me preocupas, generalmente estas a mi lado apaciguando los comentarios y discusiones de los demás viejos ricachones cuando no andabas seduciendo a sus despampanantes esposas- lo último me saco una media sonrisa- Pareces el vivido retrato del fantasma de la Ópera sola aquí arriba y con la máscara puesta y mirada triste- olvide mencionar que era una fiesta de máscaras, pero elegante no de esas de antifaces de cartón con ligas de goma.-

–Bueno no creo que mis delirios homicidas afloren esta noche señor Paul- le respondí esbozando el intento de una sonrisa- Pero no se preocupe por mí, esta es su fiesta así que vaya a disfrutarla- lo aparté de mí y con mis brazos le indiqué que se marchara.-

La noche no tuvo gran transcendencia por lo menos para mi persona, pero los invitados que ahora abarrotaban el gran salón y el cumpleañero se notaban bastante entretenidos, eso me causaba bastante satisfacción y a medida que me paseaba por la fiesta captaba una que otra mirada lujuriosa por parte de las acompañantes de alguno de los caballeros asistentes a la fiesta, al cabo de un rato un olor extraño pero familiar inundó el aire de mis pulmones, desesperada intenté ubicarlo peor me fue imposible hasta que la observe abriéndose paso entre la multitud una hermosa rubia en un vestido azul eléctrico que hacía resaltar sus aún más azules ojos el vestido se veía bastante elegante con detalles en plateado que combinaba perfectamente con su máscara de rostro casi completo, me quede helada no podía ni respirar, lentamente y sin notarlo la despampanante mujer y yo nos acercamos, tomé su mano y plante un tierno y casto beso en ella, al mirarla a los ojos una corriente recorrió mi espalda había algo muy familiar en ellos y en ese olor pero no sabía de quien se trataba.

–Disculpe mi atrevimiento señorita, pero ¿le apetece bailar conmigo?- no le solté la mano ni un segundo el roce de nuestras pieles, sus manos tan suaves y perfectas me causaban una cosquilla bastante coqueta en mi entrepierna.-

La guie hasta el centro de la pista de baila y acerque su cuerpo al mío tomándola de la cintura y empezamos a bailar al ritmo que marcaba aquella banda, pude percatarme que muchas personas a nuestro alrededor se apartaban y miraban con desaprobación y francamente me interesaba un chícharo estaba hipnotizada por aquella despampanante rubia, sentía un deseo incontrolable por ella aunque su olor y sus ojos me recordaran a Elizabeth, su exuberante figura me instaba a desnudarla y follarla de manera tal que solo podría descansar al desmayarse en medio de un orgasmo.

–Sabes bailar muy bien- subió sus manos hasta mi cuello y las entrelazó en mi nuca no pude evitar tener un escalofrió-

La música cesó y nos quedamos ahí, paradas estáticas mirándonos fijamente a los ojos como si el resto del mundo hubiese desaparecido, debo admitir que me sentí en una jodida película de princesas de Disney solo que en esta versión no había príncipe azul y no sería solo el beso del “vivieron felices por siempre”

–Tengo la ligera sensación de que se terminó la canción- sonreí mientras ella se mordía el labio.-

–Creo que tienes razón ¿podemos ir a buscar algo de tomar?- había algo en sus ojos que no terminaba de comprender.-

–Claro bella dama- le ofrecí mi brazo y ella lo acepto de la manera más elegante posible- Por acá.-

Fuimos por un par de tragos a la barra ella pidió una soda y yo un cuba libre, caminamos en silencio hacia el jardín que se encontraba fuera del salón, repentinamente ella me empujo hasta ponerme contra una de las columnas, eso me calentó pero ante la luz más natural del jardín y con algo más de aire fresco pude reconocer a la impactante rubia.

–¿Elizabeth?- sus labios me hicieron darme cuenta que si era ella y su olor no lo reconocí porque venía ligado con el aroma del tabaco y su voz estaba un poco ronca- ¿Eres tú?

–¡Claro! ¿O es que pretendías ligarte a alguien más en esta fiesta?- definitivamente era mi niña su forma altanera de hablar era inconfundible.-

–¿Se puede saber dónde has estado metida?- fruncí mi ceño que era medianamente visible ya que yo llevaba una máscara negra que cubría el lado izquierdo de mi rostro.-

–Perdón- fue lo único que alcanzo a decir antes de apretarse contra mi percho, la tenaz rubia no era más que mi hermosa niña en traje de mujer, ¡vaya que podía ser sexy!

Entre disculpas y abrazos me explicó toda la situación con Rafael (bueno a medias porque no termino de decirme como se había juntado con semejante joya) me invadió la ira al imaginarla a ella vulnerable frente a él y que se sacrificara así por mí solo me termino de dar la seguridad de que esa niña me había enamorado con su actitud y un par de ojos azules, mientras más me contaba más se alteraba, sus ojos empezaban a llenarse de lágrimas y su labio empezaba a temblar así que no lo contemple más tiempo tome su rostro entre mis manos mordí suavemente su labio inferior, ella soltó un pequeño gemido pero antes de poder profundizar nuestro beso alguien la aparta de mi muy bruscamente haciéndola caer de culo en el piso.

–¡AY ANIMAL!- chilló ella de la impresión más que de dolor.-

–Te dije que no quería verte con esta maldita perra lesbiana- sus palabras más que herirme solo me provocaron más furia, pero lo dijo con una calma y serenidad que me confundió.-

–Ok Rafael aquí me tienes ¿Cuál es tu problema conmigo?- me quité la máscara y extendí mis brazos retándolo.-

–Te sugiero que no me provoques.

–¡TÚ NO ME PROVOQUES A MI!- le grité interrumpiéndolo.

Adopte mi posición de defensa, después de todo el mejor ataque es una buena defensa, él se aflojo un poco su corbata y tiró su palto al piso, no me interesaba que fuese el hijo de mi jefe y que seguramente perdería mi trabajo pero ese hijo de la verga me las iba a pagar todas y cada una por haberme alejado tanto tiempo de Elizabeth y por tratarla tan mal, nos mirábamos fijamente midiéndonos el uno al otro y justo antes de que alguno hiciera cualquiera movimiento llego el señor Paul.

–¿Pero que creen que hacen los dos ahí parados como niños malcriados con los puños en el aire?- parecía que ambos nos habían pasado alguna especie de interruptor nos paramos en seco casi firmes y bajando la mirada hacia el señor Paul.- Rafael hazme el favor y te acomodas esa corbata y levanta tu palto del piso y tu Andrea ponte de nuevo tu mascara y ayuda a la señorita a levantarse y los veo adentro en 2 minutos para mi brindis. Me sentí muy apenada, me regañaron cual carajita de colegio.-

–¿No te golpeaste muy duro con la caída?- le pregunte a mi niña mientras la ayudaba a levantarse.-

–No mi vida todo en orden, vamos- me beso la comisura de mis labios y me dirigió dentro del salón.-

El primero en hablar fue Rafael contando sus hermosos recuerdos de la niñez con su padre, casi, casi me hace creer que es buena persona, luego fue mi turno fui especifica resaltando los atributos de mi jefe haciendo un esfuerzo sobre humano por no llorar, yo no soy sentimental pero ese buen hombre me dio una oportunidad, creyó en mi cuando nadie más lo hizo de verdad apreciaba a este hombre, para finalizar el señor Paul agradeció a todos por asistir y los invitó a seguir festejando y nos hizo señas a su hijo y a mí para que lo siguiéramos así que asumí que se avecinaba una buena jalada de oreja.

–Aun no entiendo cuál es el bendito problema entre ustedes dos- sentencio azotando la puerta tras de él, casi golpeando a Elizabeth dejándola del lado fuera de la habitación.-

–Viejo ella es una- el señor Paul alzó la mano impidiendo que su hijo terminara su frase.-

–Si lo que vas a decir son insultos entonces mejor te vas de mi presencia- nunca había visto a ese hombre tan molesto-

–Pero viejo ella es una torcida, lleva una mala vida acostándose con mujeres.

–Si porque tú eres tremenda joya Rafael- me hervía la sangre- Amenazando a niñas con hacerles daño solo para que hagan caso.

— ¡A callar los dos joder!- nuevamente era una niña regañada.-

–Lo siento señor Paul, pero su hijo nunca ha sido irrespetuoso conmigo desde la primera vez que nos vimos y la joven rubia que estaba con nosotros fue amenazada por su hijo para que se alejara de mí y estuviera con él en contra de su propia voluntad- trate de no comenzar a golpearlo al recordar las palabras de Elizabeth- Y aunque pueda perder mi trabajo si usted no le pone preparo a él lo hare yo, porque no voy a permitir que lastime a Elizabeth así me cueste la vida.

–¡Por favor!- dijo Rafael riéndose- Tú no puedes ni mantenerte sola y sólo buscas el dinero de mi padre maldita arrastrada.

–¡Ya basta Rafael!- el señor Paul lo abofeteo fuerte- Todavía me costaba creer todo lo que me decían de ti, esperaba que enderezaras tu camino pero ya veo que estaba equivocado- las lágrimas brotaban de los ojos de mi jefe se notaba su profundo dolor.-

–¿De qué hablas viejo?- aparte de imbécil bruto- Yo soy tu hijo tu trabajo es cuidarme- su descaro no tenía limites- ¿Vas a preferir a esta antes que a mí?

–Márchate a la casa, busca las cosas que puedas tener allá y vete a vivir al país que elijas, yo te comprare la casa, vehículo y velare por ti los primeros meses mientras te instalas, pero a partir de hoy tú no eres más mi hijo ¡vete!

Las palabras del señor Paul fueron tan dolorosas como duras, hasta yo me sentí mal y eso que el destierro no era conmigo, no entendía bien, mi jefe había preferido desheredar a su propio hijo antes que despedirme a mí y olvidar todo el asunto. Rafael salió batiendo la puerta tras de él y empujando a Elizabeth, el señor Paul rompió en llanto, yo solo pude abrazarlo intentando consolarlo.

–No puedo creer que mi hijo tomara ese rumbo en su vida- decía entre sollozos- Todo es mi culpa siempre le di todo y sus problemas se los resolví con dinero ¡MALDITA SEA!- golpeo fuertemente el piso.-

–Pero señor Paul el seguro recapacitara y se enderezará- ni yo me creía esas palabras pero solo intentaba reconfortarlo a su edad no quería que sufriera algún infarto o algo por el estilo.-

–El no cambiara nunca y si no lo alejaba de mí solo dios sabe qué clase de cosas haría y yo seguramente buscaría ayudarlo y solo agravaría la situación- no sabía que decirle-

El señor Paul se levantó sacudió su traje secó sus lágrimas me besó la frente y salió de nuevo a su fiesta como si nada, su capacidad de fingir tan bien me causo cierto miedo que pronto se disipo al ver a mi exuberante rubia caminar hacia mí de una manera muy provocativa y lenta cerrando y asegurando la puerta tras de sí, colocándose a solo milímetros de mí podía sentir su calor saliendo de su cuerpo, sus pezones se notaban por sobre su vestido y su mirada solo reflejaba pasión no entendía ese gran cambio en ella pero me agradaba.

–Hola- susurró ella mientras mordía su labio-

–Hola tú.

Ella en un par de movimientos se había deshecho de su vestido quedando solo con la máscara y una panti azul eléctrico de encaje, casi se me desencaja la mandíbula ante semejante vista, su piel blanca adornada con uno que otro lunar en su cuerpo, sus senos no eran nada del otro mundo tenían el tamaño perfecto estaban levantados y con los pezones erguidos llamándome a que los lamiera, sus piernas se veían largas y esbeltas a pesar de su baja estatura, observar semejante espectáculo me hizo excitar y sentía como mi entrepierna se iba mojando, extendí mi mano retire su máscara y tomé su rostro, mientras que con la otra sujetaba su cintura haciéndole caricias en círculos, ella metió sus manos en mi cabello anulando la distancia entre nuestras bocas, fue un beso intenso fuerte, necesitado, pasional y caliente, nuestras lenguas empezaron su lucha en la boca de la otra entrelazándose succionando y explorando, comencé a acariciarla desde el cuello por su espalda hasta su pequeño pero firme trasero, ella hizo lo propio ayudándome a deshacerme de mi vestido para igualar condiciones, pase de su boca a sus mejillas, mordisquee el lóbulo de su oreja y baje por su cuello besándolo, lamiéndolo y mordiéndolo suavemente ella solo gemía y gruñía dependiendo de mi intensidad, noté que sus piernas empezaban a flaquear así que poco a poco la conduje hasta tumbarla sobre un sofá coloque mi pierna entre las suyas y pude sentir su humedad, continué mi camino de besos y mordidas a sus pechos blanco de aureolas claras y pezones duros como piedras, los bese y mordí sin llegar a su pezón y ella con sus caderas buscaba el roce de mi pierna, quería hacerla mía pero primero iba a volverla loca de placer, pasé la punta de mi lengua sobre su erecto pezón y ella tuvo un pequeño espasmo, de golpe metí todo su seno en mi boca movía mi lengua circularmente, lo succionaba y mordía su sabor y textura eran algo sublime tan suaves, tan exquisitos, con una mano jugaba y pellizcaba su seno libre y movía mis caderas al ritmo de mis caricias sobre ella, con mi mano libre acariciaba su abdomen bajaba a sus muslos y volvía a subir, sus gemidos eran cada más fuertes y le costaba respirar deslice mi mano por la parte interna de sus muslos y toqué su sexo por sobre su panti ya empapada por sus flujos, cambien de seno y repetí mi labor en el otro, bajé su panti ágilmente y pose mi mano sobre su depilado y muy húmedo sexo ella pujo sus caderas hacia mí mano yo hice lo propio y removí mi panti también el olor a sexo inundaba la habitación, alineamos nuestras caderas de manera que nuestros clítoris se tocaron y sentí una deliciosa sensación de corriente que me estremeció, empecé a estimular su clítoris con mis dedos mientras yo seguía bajando con mis besos hasta su sexo me detuve a admirarlo era hermoso rosado con los labios hinchados y un clítoris palpitante que suplicaba ser besado, no lo pensé dos veces y comencé mi labor trazando una línea con la punta de mi lengua entre sus labio haciéndola gemir profusamente jugaba con mi lengua llegaba a su entrada pero no me metía subía bajaba y hacia círculos ella fijo su agarre en mi cabeza y apretándome contra su sexo que tenía un olor y un sabor salinos pero también dulce demasiado exquisito no quería parar nunca, con mi dedo indicé empecé a trazar círculos en su entrada y lentamente deslicé un dedo y luego dos en su interior penetrándola suave pero insistentemente sus caderas adoptaron mi ritmo su cuerpo empezaba a tener pequeños espasmos sabía que se acercaba a su clímax así que volví a su boca para besarla profundamente mientras aun la estimulaba con mi mano sentí como ella con un ágil movimiento posó su mano en mi sexo eso encendió aún más mi cuerpo y me hizo soltar un gran ¡HAH! Mientras se acomodaba en mi interior imitando mis movimientos dentro de ellas nuestras caderas se movían cada vez más rápido interrumpí nuestro beso para observarla ambas con la boca medio abierta intentando respirar cada vez con más dificultad, nuestras penetraciones se hicieron más intensas tipo embestidas una más rápida y fuerte que la anterior todo mi cuerpo empezó a temblar y su cuerpo se tensó por completo soltando un gran extenso y sonoro gemido ella llegó a su descomunal orgasmo clavándome parte de sus uñas en mi espalda yo con un par de movimientos más conseguí llegar al orgasmo más intenso que había tenido en mi vida, no me gusta presumir pero alcanzar un orgasmo de esa magnitud al mismo tiempo y en nuestra primera vez era algo sin precedentes para mí; caí rendida sobre ella con la respiración aun agitada y agotada, conseguimos acomodarnos en el estrecho sofá ella sobre mi pecho, me encantaba tenerlas de esa manera, así podía acariciar su espalda y observar su hermoso trasero ella me dio un corto pero muy tierno beso en el pecho justo sobre mi corazón.

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