La chispa adecuada

De mi afición a la lectura de relatos eróticos en la web de todorelatos.com había pasado a hacer mis primeros pinitos escribiendo algunos de mi propia cosecha. Ha habido mucha gente que me ha felicitado por los relatos, y a pesar de que el reconocimiento público no es mi objetivo, siempre es agradable que te halaguen por tu trabajo. De entre todos los correos electrónicos recibidos hubo una pareja que se puso en contacto con nosotros comentándome que les había encantado mi último relato y que querían conocernos. Era una pareja de Málaga, Inés y Francisco.

Una noche después de cenar cuando ya estábamos tranquilos en el sofá le comenté a mi mujer que había una pareja que había leído mi último relato y que querían quedar con nosotros para conocernos, y la verdad, no le hizo mucha gracia. Tampoco quise insistir, realmente en los últimos tiempos había cedido bastante a mis pretensiones de quedar con otras parejas para “guarrear”, como yo lo llamo, así que me puse a leer un rato e intentar olvidar el tema antes de ir a dormir.

Al día siguiente por la noche, cuando ya estábamos relajados después de cenar, y sin decirle nada a mi esposa, le mandé un mail a la parejita de málaga:

De: La chispa adecuada.
A: Inés y Francisco.

“Hola chicos, somos Marta y Juan Carlos. Yo escribo los relatos (Juan Carlos), y quien os escribe este mail. Andamos algo liados y de momento no vamos a poder quedar, quizás mas adelante, en Agosto tenemos pensado ir a Málaga, estaremos allí el fin de semana del 6 y 7 de Agosto, para el concierto de Enrique Bunbury del Sábado día 6, ojalá nos podamos conocer. Os envío unas fotos nuestras para que nos pongáis cara”

Les envié algunas fotos, porque decían que querían conocernos pero no nos habían visto, solo habían leído uno de mis relatos, y claro, una imagen vale mas que mil palabras. Las fotos eran bastante explícitas, mostrando los pechos de mi mujer en una de ellas, otra de cuerpo entero totalmente desnuda justo después de salir de la ducha y otra mía con un primer plano de mi polla dura como una roca.
Pasaron dos días hasta que contestaron al correo electrónico.

De: Inés y Francisco
A: La chispa adecuada.

“Hola chicos, preciosas las fotos, es una pena que no podamos quedar antes, de todas formas cuando vengáis en Agosto nos dais un toque a ver si podemos conocernos, nuestro numero de teléfono móvil es 6xx.6xx.6xx. Un beso. (Inés).

Estábamos a finales de marzo, por lo que aún quedaban varios meses para el concierto, así que sin llegar a ser pesado de vez en cuando le iba haciendo comentarios calientes a mi esposa cuando hacíamos el amor. Le decía que se imaginase que nos estaban mirando mientras follábamos, y ella, a pesar de no decir nunca nada, daba muestras de excitación, porque su coño se humedecía más de lo habitual. Otras veces mientras me comía la verga, le pedía que se imaginase a otro hombre follándosela, que se imaginase dos pollas para ella. Todas estas insinuaciones, unidas a que de vez en cuando leíamos juntos relatos eróticos de intercambios, orgías, y tríos me hizo mantenerla durante estos meses en un estado inconsciente de curiosidad. A pesar de que ella no era partidaria de meter a otras personas en nuestras relaciones de tanto hablar del tema lo empezó a ver como algo no tan raro como ella creía.

Y llegó el día del concierto, el Sábado 6 de Agosto. Ese día nos despertamos tarde, a eso de las once de la mañana, queríamos ir descansados para estar con las pilas cargadas para disfrutarlo al máximo, así que desayunamos, hicimos la maleta y a las doce salimos dirección Málaga. Habíamos reservado una habitación para la noche del Sábado al Domingo en el Hotel Vincci, situado cerca del paseo marítimo y a la playa de San Andrés. Además del concierto podríamos disfrutar del sol y los ricos espetos de sardinas de Málaga, por lo que el fin de semana se presentaba de lujo.

Durante el trayecto, aprovechando una parada para comprar unas bebidas y estirar las piernas, le mandé un mensaje de whatsapp a Inés.

“Vamos de camino, nos quedamos en el Hotel Vincci, estaremos hasta mañana Domingo”.

Retomamos el viaje y curiosamente fue Marta la que hizo un comentario que me puso los vellos de punta.
– Oye, ¿no es de Málaga la pareja esa que te escribió un correo electrónico diciendo que le había gustado mucho el relato ese que escribiste?
Sí, son de Málaga, dije yo intentando que no se me notara el nerviosismo.
– ¿Como se llamaba?.- No me acuerdo muy bien. Francisco el chico y de ella no me acuerdo del nombre.
– ¿Te imaginas que nos los encontramos en el concierto?
– No creo, entre tanta gente supongo que sería como encontrar una aguja en un pajar.

Mi mujer no dijo nada más, continuamos el viaje cantando las canciones del CD de Bunbury que sonaban una y otra vez. De camino, pude escuchar el tono de mensaje de mi teléfono móvil, así que supuse que sería Inés respondiendo al mensaje que le había enviado, pero como la música estaba a un volumen elevado Marta no se percató. A las dos y media llegamos al hotel. Hacía una temperatura de treinta y cinco grados, así que tras pasar por recepción para confirmar la reserva subimos a nuestra habitación a dejar el equipaje. La idea era ponernos cómodos, almorzar y darnos un baño en la playa, para posteriormente volver al hotel a darnos una ducha y arreglarnos para el concierto. Esa tarde, mientras Marta se duchaba, pude aprovechar para mirar el teléfono móvil. Tenía varios mensajes, pero el que primero abrí fue el de Inés.

“Nos vemos esta noche”.

Al mensaje lo acompañaba una foto de ella con una camiseta de la gira del concierto y una entrada en la mano. Era una chica muy guapa, de unos veintitantos años, rubia con el pelo corto, blanquita de piel, ojos marrones y labios finos, y una sonrisa muy bonita, tenía un piercing en la nariz y vestía con pantalones vaqueros ajustados y la camiseta de Bunbury pegada al cuerpo, que dejaba adivinar unos pechos redondos y firmes. Joder!, ¿que le digo yo ahora a mi mujer?. No quería estropear la noche, llevábamos mucho tiempo esperando este fin de semana y si le decía que me había estado mandando mensajes con Inés pensaría algo peor de lo que realmente era, y yo no quería cagarla, pero a la vez tampoco quería dejar en la estacada a Inés y Francisco. Les había creado unas expectativas de que nos íbamos a conocer y no quería quedar en mal lugar. Estaba con la cabeza hecha un lío. Poniéndonos en situación tenía en mente que mi mujer ni sabía que había contestado al mail de Inés y Francisco ni que les había enviado fotos nuestras bastante subiditas de tono, ni que había mandado mensajes a Inés, y por otra parte tenía a Inés y a Francisco con la intención de ir al concierto con nosotros, uff, la situación me sobrepasaba. Mientras mi mujer se duchaba y nervioso como un flan la llamé para explicarle la situación.
– Hola Inés, soy Juan Carlos.
– Hola Juan Carlos, !que contenta estoy de que nos podamos conocer por fin!
– Yo también Inés, pero hay algo que quería comentarte.
– Dime, ¿pasa algo?
– Bueno, pasa que Marta no sabe que os respondí a vuestro mail, ni que hemos quedado en vernos. Ha sido culpa mía, lo siento, supongo que debí pararlo antes de llegar a este punto, y ahora no se muy bien que hacer. Si le digo algo puede que se cabree y por mi culpa se eche el fin de semana a perder, ¿entiendes?.
– Vaya, que palo.
– Pues sí, por eso te llamo, no se que hacer, por un lado tengo ganas de conoceros, pasar un buen rato con vosotros, no necesariamente tiene que pasar nada, ya me entiendes, pero por otro no quiero darle el disgusto a mi mujer. Estoy echo un lío.
– Bueno mira, no te preocupes, tu ve al concierto con tu chica y no te preocupes por nada. Ya veré yo la forma de que coincidamos.
– Vale, pero por favor, no digas nada de los mensajes, ni del mail, ya veré yo la forma de comentárselo.
– Tranquilo, no diré nada. ¿A que hora vais a llegar al auditorio más o menos?
– Pues el concierto empieza a las diez, pero nosotros cuando vamos de concierto solemos llegar antes, para tomarnos una copas por la zona antes de entrar, así que supongo que sobre las ocho y media mas o menos estaremos por allí.
– Por allí no hay bares, así que mejor será que compres la bebida y el hielo antes, allí hay una zona donde la gente se pone a hacer botellona antes de los conciertos.
– Vale.
– Venga, pues quedamos en eso, y no te preocupes, que si no puede ser hoy otro día será.
– Gracias Inés, por ser tan comprensiva, ya sabes.
– Adiós tonto.
– Adiós, adiós.

La verdad es que me encontraba mucho mas tranquilo después de hablar con Inés, se lo había tomado mucho mejor de lo esperado, no se si Francisco se lo iba a tomar tan bien, pero bueno. A todo esto Marta seguía en la ducha. Aproveché entonces para entrar en el baño, su cuerpo desnudo a través de la mampara de la ducha hizo despertar a mi polla. Me desnudé rápidamente y me metí con ella en la ducha. Detrás suya comencé a enjabonarle la espalda, pasando a continuación a los pechos, que llenos de champú resbalaban y se me escapaban de las manos. Le pellizcaba un pezón con una mano mientras con la otra bajé acariciando su espalda, hasta llegar a su culo. Metiendo la mano por detrás llegué hasta su raja, metí un dedo en su coño y pude notar la humedad de su coño, y no porque estuviésemos bajo la ducha, sino la humedad interior de su cueva propios de la excitación. Seguía sobando el pezón, pellizcándolo a veces para ponerlo tieso, a la vez que le metía un dedo, y luego otro, la estaba follando con dos dedos y alargué otro hasta su raja, para rozar el clítoris, eso la puso a mil, contorneaba sus caderas para hacer mas profunda la penetración y empezó a gemir y a pedir más. Así llegó al orgasmo, y pasados unos segundos se giró, comenzamos a besarnos, apoyó una pierna en la bañera y dejó expuesto su coño bien abierto, me pidió que se la metiera. Busqué la postura adecuada para dejar mi polla a la entrada de su coño, le pasé la cabeza de mi capullo arriba y abajo de su raja varias veces para humedecerla con su flujo y cuando ya la tenía bien lubricada le metí la polla hasta el fondo. Uff, que bueno, decía mientras el agua de la ducha le caía por su cuerpo, estaba muy sexy, preciosa. Comencé un mete y saca acelerado, ella no paraba de gemir, oh sí que bien me follas cariño, dame, sí, me decía mientras se la metía lo mas profundo que me permitía esa postura. Ella comenzó a mover sus caderas, adelante y atrás, ahora me estaba follando ella a mí, puesto que yo permanecía quieto y mi verga entraba y salía a su antojo, en dos minutos se corrió y yo aceleré el ritmo, buscando mi propio placer. No tardé nada en llenarle el coño de leche. Nos quedamos un rato bajo la ducha besándonos y acariciándonos, para relajarnos después del polvo, nos terminamos de duchar juntos y nos arreglamos para el concierto.

Para ir al concierto decidimos tomar un taxi, en una tienda del paseo marítimo compramos whisky, hielo y refresco y en quince minutos ya estábamos a las puertas del auditorio. Inés tenía razón, por allí no había donde tomarse una copa, y todo el mundo se agolpaba en un escampado frente al auditorio a hacer botellona. Eran las nueve y cuarto y llevábamos ya dos whiskys y estaba en cuclillas echando el tercero cuando una voz detrás de mi hizo que un escalofrío me recorriese todo el cuerpo.
– Disculpa, ¿me podéis hacer un favor? Es que me mi móvil se ha quedado sin batería y he perdido de vista a mis amigos. ¿Podría usar el vuestro para hacer una llamada?
Toma, puedes usar el mío dijo al instante mi mujer. Yo, sin levantar la cabeza mientras echaba el hielo en los vasos, ya sabía que se trataba de Inés. Me giré un poco y de reojo pude ver como esos pantalones vaqueros ajustados que ya había visto en foto escondían unas piernas esbeltas y un culo redondo muy apetecible. Inés marcó un número, se mantuvo un instante con el teléfono al oído y se lo devolvió a mi mujer.
– Nada, apagado. Con toda la gente que ya hay aquí seguro que me paso una hora buscándolos. Con las ganas que tenía de tomarme algo antes de entrar.
Bueno, tómate algo con nosotros si quieres, aunque solo tenemos whisky, dijo Marta. Yo me incorporé con dos vasos de whisky con Coca-Cola, le dí uno a mi mujer y le ofrecí otro a nuestra invitada.
– Por cierto, soy Inés.
– Encantada, yo soy Marta.
– Yo Juan Carlos.
Nos dimos unos besos en la mejilla como presentación.
– ¿Sois de Málaga?
– No, somos de Sevilla.
Yo me agaché a ponerme un cubata, se me estaba secando la boca, no se si mi mujer estaba encajando las piezas o estaba achispada con la bebida y andaba corta de reflejos, pero esta situación hacía que me temblasen las piernas. Bien pensado Marta no tenía porqué sospechar nada, hacía meses que nos habían enviado ese mail y ni siquiera recuerdo haberle dicho los nombres de ellos a mi mujer, así que de momento no tenía que pensar nada raro, aunque eso no era excusa para que yo estuviese nervioso por la situación.
– ¿Que te pasa cariño?¿Estas nervioso?
– Sí, ya sabes como me pongo los días de concierto de Bunbury, no sé estoy impaciente por verlo actuar, ya sabes cuanto me gusta.
Nos tomamos esa copa, mientras charlábamos los tres, las chicas entre ellas mas que yo, la verdad sea dicha, parece que congeniaron bien. Marta tiene familia en Málaga y le contaba a Erika lo bien que lo había pasado durante muchos años veraneando allí. Me disponía a servir otra ronda de cubatas cuando nuestra invitada sacó una cajetilla de tabaco y de ella un porro.
– ¿Os apetece? Yo no suelo fumar salvo en ocasiones especiales, y esta lo es. Es marihuana, me lo ha echo un amigo que tiene una planta en su chalet.
Bueno, unas caladitas le damos ¿no? dije yo mirando a mi esposa con una sonrisa en la cara. Nos fumamos el cigarrito “aliñado” entre los tres, llevábamos ya un puntito curioso cuando miramos el reloj y eran las diez menos diez. El concierto estaba a punto de empezar, así que nos dirijimos a la puerta de acceso al auditorio.
– ¿Os importa que me quede con vosotros? Es que en todo este tiempo no he visto a ninguna de mis amigas, ya si las veo dentro me voy con ellas, pero me caéis bien.
Claro, vente con nosotros, dijo Marta. El auditorio estaba medio lleno cuando entramos. Antes de buscar sitio fuimos a los aseos para evacuar liquido. Yo terminé primero y me quedé a la salida de los baños esperando a que saliesen las chicas, la primera que salió fue Inés.
Bueno, qué, al final no ha salido tan mal el encuentro casual ¿no?, dijo con una sonrisa en la boca.
– No, la verdad. Por cierto, no me dijiste que Francisco no venía al concierto. Cuando me mandaste el mensaje diciendo “nos vemos en el concierto” pensé que te referías a él y a ti.
– A Francisco no le gusta Bunbury, es mas, le tiene un poco de tirria.
– Bueno, él se lo pierde.
– Pues sí, porque su novia está dispuesta a disfrutar mucho esta noche. Por cierto, os he reconocido por la foto de tu mujer en la ducha, porque la tuya no se centraba en tu cara precisamente.
Inés se acercó a mí, tanto que pude notar su pecho sobre el mío, unos pechos redondos, firmes, no se si fue que estaba alterado con la bebida, el porro o lo que me estaba diciendo aquella chica que mi mano se posó en su cintura, para a continuación bajar hasta su culo, lo palpé, lo agarré con fuerza, incluso le metí mano por detrás hasta la entrepierna, pudiendo notar el calor de su coño. Ella mantenía la sonrisa, no le había disgustado mi atrevimiento, pero en seguida me aparté. Al momento Marta salió del baño. Será mejor que vayamos a la barra a pedirnos unas copas antes de buscar sitio, dije yo. Nos fuimos los tres a la barra, nos pedimos unos cubatas y nos dirijimos a la parte central de la pista, que a pesar de estar llena aún quedaban huecos.
A las diez y cuarto de la noche salió Bunbury y su banda “Los Santos Inocentes” al escenario. He de decir que tanto Marta como yo somos grandes seguidores de Enrique Bunbury desde su etapa de Héroes del Silencio, los días de concierto disfrutamos muchísimos y son días especiales para nosotros. Desde el principio cantábamos todas las canciones, aplaudíamos y coreábamos su nombre entre canción y canción. Marta y yo más adelantados e Inés a veces al lado de Marta, a veces detrás.
A pesar de no estar pendiente de ella, noté como Inés durante un instante le cogió el culo a Marta, fue un instante, ni siquiera mi mujer creo que lo notó o al menos no comentó nada ni hizo gesto alguno que diese a entender que lo había notado, pero yo me dí cuenta que lo hizo en varias ocasiones. En otra ocasión fui yo el que notó que me cogían el culo, miré hacia atrás y entonces Inés me guiñó un ojo, menos mal que Marta no se dio cuenta de nada. Hubo un momento en el que Inés quedó junto a nosotros, entre Marta y yo. Sonaba La Chispa Adecuada…“no se distinguir entre besos y raíces, no se distinguir lo complicado de lo simple y ahora estás en mi lista de promesas a olvidar, todo arde si le aplicas la chispa adecuada..”. No se que me pasó por la cabeza, pero mi mano se posó en el culo de Inés, la mantuve ahí, en su nalga izquierda, pero mi sorpresa fue que noté una mano posarse también en el culo de Inés, no podía ser, ahora era mi mujer la que le estaba tocando el culo a nuestra amiga, en realidad éramos los dos, cada uno un cachete, y cuando nuestros dedos se rozaron miré a Marta, que me guiño un ojo y me sonrió. No me lo podía creer, o a mi mujer le había sentado el porro de puta madre o yo estaba soñando. Pero si eso no era bastante, Inés, que estaba entre nosotros, giró la cabeza mirando a mi esposa y le plantó un beso en los labios, fue un pico, un beso corto, pero lo suficiente como para que a mi se me quedase la cara a cuadros. Entonces vi como le decía algo a Marta al oído, y mi mujer asintió, se giró entonces mirándome a mi y me dio un beso, también en los labios, también breve, y me dijo al oído: “que bien me lo estoy pasando con vosotros esta noche, me alegro de haberos conocido. Marta es una mujer increíble, tienes suerte de tenerla como esposa”, comentó con un tono de voz dulce. Miré a mi mujer, que se vino hacia mí y me dio un beso, éste mas prolongado, húmedo, entrelazando las lenguas con pasión. Ahora era Inés la que nos cogía el culo a ambos, se acercó a nosotros y dijo:
– Será mejor que lo dejéis, que se vais a perder lo que queda de concierto y a mi me estáis poniendo cachonda perdida.
Empezamos a reír los tres, estábamos muy a gusto, la verdad, la noche estaba resultando a pedir de boca. A partir de ese momento entre canción y canción se cruzaban las miradas, incluso hubo algún que otro toqueteo entre nosotros, no solo entre Marta y yo, sino también entre Inés y Marta. El concierto había ido genial, terminó a eso de las doce y media de la noche. Se creó una complicidad entre nosotros difícil de conseguir para habernos conocido hacía unas horas. Nos dirijimos a la parada de taxi mientras charlábamos de lo bien que lo habíamos pasado. Inés, ¿tienes pareja?, preguntó mi mujer mientras íbamos camino a la parada.
– Sí, está en casa, se llama Francisco. Por cierto, me dijo que lo llamase cuando saliese del concierto.
– Toma mi teléfono. Nosotros teníamos pensado cenar algo ligero cerca del hotel. ¿por qué no le dices que se apunte?
– Mejor vamos a un bar que está debajo de nuestro piso, no está muy lejos del hotel y tiene una comida muy rica.
– Vale, pues ve llamando a Francisco y dile que vamos para allá.
En veinte minutos paró el taxi delante de un bar. Había un chico en la puerta, alto, moreno, de pelo corto y que nos hizo un gesto cuando nos vio salir del taxi, era Francisco. Inés hizo las presentaciones, tomamos asiento en una mesa y nos pedimos algo para comer. Estaba hambriento, necesitaba reponer fuerzas y serenarme. Durante la cena charlamos alegremente de todo un poco, de música, de nosotros, de ellos, de todo. Inés y Francisco resultaron una pareja con mucha conversación, divertidos, y simpáticos. Estuvimos hasta las dos y media en la terraza del bar charlando. Cuando terminamos y nos disponíamos a despedirnos de ellos Inés comentó de tomarse una copa en su casa.
– Está justo aquí arriba, venga, que me habéis invitado a mí hoy desde que nos hemos conocido y quiero invitaros a una copa, vamos, no podéis rechazar la invitación, que estáis en mi ciudad.
Y cogiendo a Marta de la mano la llevó hasta el portal de su casa. Subimos los cuatro en el ascensor y nos plantamos en su piso. Mientras Inés y Francisco preparaban las copas mi mujer y yo nos acomodamos en la terraza. Daba al mar, hacía una temperatura estupenda, y se estaba muy fresquito allí. Cuando llegaron con las copas Inés le preguntó a Marta si quería darse una ducha. Mi mujer, por no molestar dijo que no, pero ella insistió. Venga, no seas tímida, yo te presto unas braguitas y una camiseta, así te refrescas. Inés, tirándola del brazo consiguió que Marta se levantase, se perdieron las dos por el pasillo camino del baño, y quedé yo con Francisco charlando tranquilamente en la terraza.
Entraron las dos chicas en el baño. Inés comenzó a desvestirse. ¿Te vas a duchar tu primero? dijo Marta.
– Nos vamos a duchar juntas, que es mas divertido, ¿no te parece?
Marta, quizás porque aun seguía con los efectos de la bebida sonrió y se quitó la camiseta y el sujetador, dejando al aire sus grandes tetas talla cien. Inés se quitó también la camiseta y el sujetador, dejando a la vista unos pechos redondos y firmes, y se acercó a Marta hasta que quedaron sus pezones rozándose con los de su invitada, que comenzaron a endurecerse por la excitación. Fue Inés la que desabrochó el pantalón a Marta y se lo bajó hasta los tobillos junto con las bragas, para a continuación quitarle los zapatos y desvestirse ella rápidamente. Se metieron juntas en la ducha, y comenzaron a enjabonarse la una a la otra. Inés, se ubicó detrás de Marta, apretaba sus pechos a la espalda de su amiga, le cogía los pechos y se los magreaba, entreteniéndose con sus pezones, haciendo círculos alrededor y jugueteando hasta ponerlos tiesos, para a continuación pellizcarlos. Marta se contorneaba y restregaba su culo contra Inés, gemía, a pesar del agua fría sobre su piel notaba el calor en su cuerpo. Su respiración entrecortada fue el detonante para que Inés se lanzase a por ella, desde detrás, mientras con una de sus manos le magreaba las tetas, con la otra bajó hasta su entrepierna, le abrió suavemente los pliegues de su sexo, para dejar que un chorro de agua le recorriese la raja. El frío del agua hizo estremecer a Marta, que suplicó a Inés que la follase. Inés introdujo un dedo en el coño de Marta, y luego otro, y comenzó un movimiento rápido con sus dedos hacia dentro y hacia afuera del coño de su amiga, Marta gemía, oh síí, fóllame vamos, me tienes cachonda. Inés, a la vez que follaba con sus dedos a Marta, dejó de tocarle los pechos con la otra mano para buscar su propio sexo, y comenzó a meterse también los dedos en el coño, dos, como los tenía en su amiga. Inés, detrás de Marta, estaba pajeando con una mano a su amiga, mientras que con la otra se pajeaba a si misma, con un ritmo frenético, con el mismo ritmo para las dos. Sus cuerpos estaban unidos en un rítmico baile de placer. Marta buscaba sus pezones, la paja que le estaba haciendo Inés pronto le llevaría al orgasmo, y quiso acentuarlo masajeándose las tetas. Los dedos entraban y salían, entraban y salían. La misma frecuencia para los dos coños. Pasaron así varios minutos, el agua caía entre sus cuerpos, hasta que estallaron de placer, gritaron a la vez, habían llegado al clímax juntas, gemían, suspiraban, y ese ritmo frenético dejó paso a la calma de dos mujeres exhaustas. Marta se giró, quedando frente a Inés, se fundieron en un beso tierno, buscaron sus lenguas, sus labios, había sido un momento fantástico y lo sellaron con un beso apasionado, cálido y a la vez íntimo, como si se conociesen de toda la vida. El resto de la ducha lo pasaron entre caricias, jugando entre ellas, descubriendo el cuerpo cada una de la otra, sus curvas, risas, besos.
Francisco y yo a pesar de la diferencia de edad teníamos cosas en común, en la música el gusto por el rock, estuvimos charlando un buen rato de distintos grupos musicales, la charla iba girando cada vez más a conversaciones más picantes, en el sexo nos apasionaba el morbo, las situaciones eróticas, el probar lo desconocido, lo nuevo. Las chicas tardaban, pero ni siquiera nos dimos cuenta, la brisa del mediterráneo nos refrescaba allí en la terraza, tomándonos unos whiskys tranquilamente escuchando las olas del mar, el tiempo pasaba rápido. La primera en salir fue Inés, solo llevaba unas bragas blancas de algodón. Cuando la vi, mis ojos se clavaron en sus pechos, firmes, con unas aureolas rosáceas y pezones redondos. Francisco, al ver mi cara, me comentó:
– No te preocupes, Inés normalmente viste así de cómoda en casa durante el verano. Hace calor y en realidad es como hacer topless en la playa, a mi no me importa. No te sientas incómodo, por favor.
– Vale, vale, por mi no hay problema.
No hay problema, pero mi verga comenzó a hincharse cada vez más. Me estaba empalmando y parece como si de pronto la brisa hubiese cesado y todo el calor entrara de golpe en mi cuerpo. Ahora viene Marta, dijo Inés mientras se sentaba junto a Francisco y tomaba un trago de su copa con total naturalidad. Marta no tardó en llegar, apareció con una fina camiseta de tirantes de color blanco que dejaba poco a la imaginación, se le marcaban los pezones aún excitados por lo que acababa de pasar en el baño. Inés le había prestado unas braguitas, también blancas, tipo culotte, que marcaban los labios de su coño y que hicieron que mi polla terminase de ponerse dura como una barra de acero. Creo que me voy a dar una ducha fresquita con vuestro permiso, dije yo. Al levantarme, se me notaba el bulto en el pantalón, y mi mujer se acercó a mí y me lo agarró, me dio un beso en la boca y me dijo: veo que estás animado ¿eh?. No tardes, hoy no respondo de mis actos.
Le pedí a Francisco que por favor me dejase unas bermudas suyas para cuando saliese de la ducha ponerme ropa limpia, me dirigí al baño y me metí en la ducha, dejé que el chorro de agua fría resbalase por todo mi cuerpo, estaba siendo un día lleno de emociones y aun no había acabado, necesitaba relajarme un tiempo.
Mientras tanto Francisco, Inés y mi mujer decidieron entrar al salón. Se sentaron los tres en el sofá, quedando Francisco en medio. Las chicas seguían con la calentura, y Francisco, rodeado por las dos mujeres medio desnudas, comenzaba a empalmarse. Inés acarició el bulto de su novio por encima del pantalón, lo sobaba para ponerlo caliente.
– Cariño, estás a tope, y nuestra amiga y yo tenemos ganas de polla.
Francisco miró a Marta, que le guiñó un ojo y se relamió el labio superior de su boca, dando muestras de que estaba dispuesta a probar su rabo. No dudó ni un segundo y rápidamente se deshizo de su camiseta y bajó sus pantalones y sus calzoncillos, dejando a la vista un nabo erecto con la punta brillante por el líquido preseminal que ya había empezado a salir signo de la excitación. Inés la cogió por el tronco, subía y bajaba lentamente agarrándola con fuerza, tirando hacia abajo cada vez con mas fuerza hasta que sacó a relucir el capullo. Francisco se echó hacia atrás, dejándose caer sobre el respaldo del sofá, estaba a merced de dos hembras y se dejaría hacer. Marta se inclinó entonces, quedando su boca a escasos centímetros de la polla de Francisco. Sacó la lengua y la pasó por el glande, la besó, la chupó, su lengua jugueteaba con el capullo. Al mismo tiempo Inés lo pajeaba lentamente, arriba y abajo, arriba y abajo. Estuvieron así un rato hasta que las mujeres intercambiaron los papeles, ahora era Marta la que cogió el nabo de Francisco para pajearlo mientras Inés se lo chupaba. No tardó mucho Francisco en alcanzar un grado de excitación tal que le iba a ser muy difícil aguantar mucho más tiempo.
– Inés, estoy a punto de correrme cariño. No aguanto más.
Casi no le dio tiempo a terminar la frase cuando ya estaba soltando varios chorros de lefa sobre la boca de su novia. Inés seguía chupando, el semen le rebosaba por la comisura de los labios, resbalaba por el tronco hasta las manos de Marta, que seguía pajeándolo ya con mas suavidad, y que lo recogió entre sus dedos para posteriormente llevárselo a su boca.
– Inés, la leche de tu novio sabe muy rica.
Marta, que jugueteaba con los grumos de leche entre su boca se acercó a Inés y le dio un morreo, compartiendo con ella la simiente de Francisco, que tumbado en el sofá, contemplaba perplejo la estampa de las dos mujeres jugando con el semen en sus bocas mientras retorcían sus lenguas en un húmedo beso. Hacía calor, y la temperatura del salón subía por momentos. Marta se deshizo de su camiseta, dejando a la vista de Francisco sus magníficas tetas. Éste, exhausto por lo sucedido hacía unos instantes abrió los brazos, llevándolos al culo de cada una de las mujeres, y comenzó a acariciarlos, a magrearlos.
Inés necesitaba un rabo con urgencia dentro de su coño, la humedad en sus bragas de algodón ya era notable, y como Francisco aun no se había recuperado buscó detrás de uno de los cojines del sofá y sacó un dildo de silicona, de esos realísticos que imitan a la perfección una polla de verdad, con venas, glande y testículos, de unos veinte centímetros de largo, se bajó las bragas, y se lo acercó a la vulva, lo movió arriba y abajo por la raja para lubricarlo con sus propios flujos y cuando notó que ya estaba listo se lo introdujo en el coño, lentamente, poco a poco, hasta el fondo. Soltó un gemido de placer, resopló, y una vez recuperada de ese primer instante de placer, empezó a meterlo y sacarlo de su cueva, con un ritmo lento al principio y mas rápido después. Marta, viendo que su amiga se estaba dando gusto por su cuenta, se quitó las bragas, y apoyando los pies en el sofá abrió las piernas para dejar su coño bien abierto a la vista de Francisco.
– Por favor Francisco, cómemelo que estoy caliente como una perra.
Francisco, se arrodilló delante de Marta, y acercándose lentamente le pasó su lengua por la raja, estaba húmeda, caliente, hacía círculos alrededor del clítoris, y de vez en cuando le chupaba la pipa, le daba pequeños mordiscos, lo lamía, lo relamía, y movía frenéticamente la punta de su lengua sobre el clítoris. Marta gemía por el placer que le proporcionaba la comida de coño que le estaba haciendo Francisco, gemía, suspiraba y se magreaba las tetas para aumentar la sensación de placer. Inés también gemía, seguía follándose con su juguete, había aumentado el ritmo y el consolador entraba y salía de su coño a una velocidad exagerada. Para aumentar el placer mientras con una mano metía y sacaba a su “amigo” de su chocho con la otra se introducía un dedo por el culo. Esa doble penetración la llevó al clímax, arqueó la espalda, se retorció, gritó de placer. El flujo resbalaba por sus muslos, respiraba entrecortadamente, resoplaba. Una vez se repuso de su orgasmo pudo observar con mas detalle como su novio le comía el coño a Marta. Ésta estaba a punto de llegar a la cumbre del placer, Francisco aceleró aún mas sus movimientos con la lengua alrededor de la pipa del coño, Marta iba a estallar, agarró la cabeza a Francisco por la nuca y lo atrajo aún más a su entrepierna, empujándolo hacia su coño, presionando la pipa de su coño contra la lengua de Francisco.
– Ohh sííí, chupa, chúpame el coño, me corro, me corroooooooo, sííííííí.
Marta presionaba la cabeza de Francisco contra su vulva, soltaba sus fluidos y ronroneaba tras alcanzar su orgasmo. Francisco, fue apartando la cara lentamente de la entrepierna de Marta, quedó enfrente de ella arrodillado a sus pies, con la cara húmeda de los jugos de Marta, y una sonrisa en la cara, satisfecho de haber provocado semejante momento de gusto a esa mujer.
Salí de la ducha muy relajado. Los chorros de agua fría sobre mi cuerpo me habían despejado y estaba más tranquilo, aunque solo en parte, porque mi nabo parecía que iba por su cuenta, a pesar de no estar totalmente armado se me notaba un bulto considerable cuando me puse las bermudas de Francisco. Eran bastante mas estrechas de las que yo suelo usar y el relieve de mi miembro se marcaba en la tela. Decidí salir solo con las bermudas, sin camiseta, para así disfrutar del frescor de la brisa marina. Anduve por el pasillo en dirección al salón, cuando llegué a la puerta que daba a donde estaban los tres la imagen me impactó. En el sofá estaban Inés con las bragas por los tobillos, las piernas abiertas y un consolador entre ellas, justo a la entrada de su coño. El juguete estaba brillante, por lo que me imaginé que nuestra amiga se había divertido de lo lindo. Mi mujer, sin bragas y los pies apoyados en el sofá estaba sudando, y tenía una sonrisa que me resultaba familiar, era la sonrisa que tenía en la cara justo después de tener un orgasmo. Arrodillado a sus pies se encontraba Francisco, que me imaginé que se había pegado un festín con el chocho de mi mujer.
– Vaya, ¿no podíais esperar a que terminase de ducharme?.
– Cariño, ¿no es esto lo que querías?¿que disfrutase y me dejase llevar por las emociones?. Pues lo he hecho, y mira, al final tenías razón, no hay nada de malo en ello, nos hemos divertido mucho, y estoy súper a gusto.
– Muy bien querida, así me gusta, que te diviertas y lo pases bien. Te quiero.
– Ven aquí, Francisco me ha dejado el coño encharcado, me lo ha comido como un campeón, y tengo ganas de polla.
Me acerqué a mi mujer, Francisco se apartó para dejarme sitio y delante de ella me quité las bermudas. Mi verga estaba ya empalmada a tope. Joder Juan Carlos vaya pollón, dijo Inés. Si tío no veas, dijo Francisco. Yo, algo “resentido” por haber empezado la fiesta sin mí quise jugar un poco con ellos.
– ¿Te gusta Francisco? ¿Quieres tocarla?
– Bueno, no se. Nunca he tocado antes una que no fuera la mía.
– Venga, siempre hay una primera vez. Si no te gusta pues lo dejas y ya está, no pasa nada, de aquí no sale esto, no te preocupes. Además, dijiste que querías probar cosas nuevas. Que sepas que para mí sería la primera vez también que me la come un tío.
Francisco, que continuaba arrodillado, se giró hacia mí poniéndose a la altura de mi verga. Marta e Inés no quitaban ojo de lo que lo que estaba sucediendo. Entonces Francisco, con su mano derecha agarró mi polla por el tronco. La palpó. Yo notaba como apretaba para sentirla en su mano, parecía un niño con un juguete nuevo. Una vez que se acostumbró al tacto y a la dureza comenzó a mover su mano a delante y atrás, de una forma lenta. Con cada movimiento hacia atrás el capullo de mi nabo se hacía cada vez mas visible. Continuó suave, hasta que una de las veces que me la meneaba hacia atrás la piel de mi verga cedió y me dejó el capullo totalmente a la vista. Unas gotas de líquido aparecieron en el glande, y sin dejar de moverla lentamente a delante y atrás, con la otra mano esparció las gotas de líquido por la cabeza de mi nabo, dejándolo brillante y bien lubricado. Alzó su mirada y me miró, tenía una leve sonrisa en su cara.
– ¿Quieres chuparla?
No respondió, pero dejó de mirarme y se centró nuevamente en la paja. Seguía moviendo mi verga entre sus manos hacia delante y hacia atrás, lentamente, pero sin pausa, hasta que se acercó mas a ella y sacó la lengua, pasándola por el glande. Me hacía cosquillas. Dejó de menearmela, y sin dejar de agarrarla se acercó y se metió el capullo en la boca. Empezó entonces a chuparme el capullo. Le dije que pensase en como le gustaba a él que su novia se la mamara e intentara hacer lo mismo. Comenzó entonces a metérsela en la boca mas profundamente, ya tragaba mas de media polla. La sujetaba por la base y chupaba y chupaba, y de vez en cuando pasaba su lengua por la cabeza. Yo miraba a las mujeres, que en el sofá estaban pendientes de la escena.
– Chicas, no os cortéis ahora que me he unido a la fiesta ¿eh?.
Inés, por favor, méteme el cacharro ese, tu novio me ha dejado el coño encharcado, y le he pedido a mi marido que me folle pero al parecer ha preferido que se la chupe tu novio, dijo Marta. Inés cogió el dildo y se acercó a Marta, que se giró en el sofá para quedarse abierta de piernas frente a su amiga. Inés introdujo el consolador en el coño de Marta de una vez. Marta tenía el coño chorreando y entró fácil. Además, el consolador era de un tamaño y grosor similar a mi polla, así que sabía que mi mujer iba a disfrutarlo. Inés comenzó entonces un mete y saca del consolador, mientras mi mujer se tocaba con una mano el clítoris haciendo círculos alrededor de él y con la otra mano se cogía una teta y pellizcaba el pezón. Ohh,siiii, que gusto me das por dios, decía Marta mientras Inés metía y sacaba el consolador de su coño. Inés aprovechó también para con la mano que tenía libre llevársela a su raja y buscar su placer. Con dos dedos en su coño comenzó unos movimientos circulares alrededor de su abultado clítoris, mientras con la otra mano continuaba follando a Marta con el consolador. Dentro y fuera, dentro y fuera. Mi mujer explotó en un orgasmo, momento que aprovechó Inés para sacar el consolador del coño de mi esposa y abalanzarse sobre su raja, para comérsela, larmérsela y recorrer con su lengua todos los rincones de la vulva de Marta.
Francisco continuaba con la mamada, lo hacía bien para ser la primera vez, además pude observar como se había empalmado mientras me la chupaba, y mientras con una mano agarraba por la base mi polla para que no se le escapase mientras me la comía, con la otra se estaba tocando suavemente su propia verga, que ya estaba tiesa.
– Francisco, ya que le has comido el coño tan bien a mi mujer…¿por que no terminas la faena y folláis?, seguro que después del pedazo cacharro de goma que se acaba de meter está deseando de una polla de verdad.
– Sííííí, necesito una de verdad, el juguete éste está bien, pero necesito sentir una polla de carne dentro.
Francisco se apartó de mí, se levantó y se sentó nuevamente en el sofá, en el centro, quedando a la izquierda Marta y a la derecha Inés. Mi mujer se levantó, me dio un beso en la boca, para a continuación sentarse a horcajadas encima de Francisco. Le cogió la polla, se la llevó a la entrada, y de un movimiento rápido se la metió entera en el coño.
Comenzaron a follar como locos, Marta subía y bajaba, encajándose la verga de Francisco con fuerza, estaba caliente, tenía ganas de follar y se le notaba por el vigor de sus movimientos. Ohhh, sííííí, dame fuerte, métemela hasta el fondo, decía mi esposa. Francisco, mientras mi mujer botaba sobre su polla, aprovechaba para magrearle las tetas, chuparle los pezones, y ponerla más caliente aun. Inés se relamía los labios viendo como follaban su novio y mi mujer, se estaba poniendo caliente por momentos. Marta gemía, Francisco aumento el rimo y comenzó a taladrarla literalmente con su polla, que entraba y salía del coño de mi esposa a un ritmo frenético. Joder Francisco, que bien me follas cabrón, le decía Marta entre suspiros. Mientras tanto yo masajeaba mi polla, disfrutando de la escena de ver a mi esposa follando con otro hombre. Inés también se estaba acariciando la raja, dirigiendo sus dedos directamente a su clítoris, con unos movimientos suaves, mientras veía como su novio le estaba dando gusto a otra hembra. Se le notaba inquieta, pero mas bien por envidia sana de ver como estaba disfrutando Marta con la polla de su novio. No eran celos, su calentura le hacía contornearse a la vez que se tocaba la pipa, estaba deseosa de polla.
– Juan Carlos, no deberíamos desaprovechar esa magnífica erección, viendo a estos follar me están entrando unas ganas que no me aguanto.
Inés, se puso a perrito mostrándome una imagen perfecta de su precioso culo, era toda una invitación. Me situé detrás, y acerqué mi polla a la entrada de su cueva, se la froté por la raja para mojarla con sus fluidos y se la metí de un tirón. Sí que estaba caliente, podía sentir su calor abrazando mi verga. Cuando la tuvo entera dentro resopló, parece que no esperaba que le llegase tan profunda.
– ¿Te duele? ¿Quieres que pare?
– Como la saques te mato. Quiero que me folles, estoy caliente perdida.
Mi rabo empezó entonces a entrar y salir de su coño, follándomela profundamente, mis huevos golpeaban contra ella en mis embestidas, dentro, fuera, dentro, fuera. Ella gemía, y pedía más.
– Joder Juan Carlos, me estás matando de placer. Síííí, fóllame, asííí, asííí.
En la habitación se respiraba sexo, respiraciones entrecortadas, suspiros, mi mujer gritaba con cada embestida de Francisco, Inés resoplaba cada vez que la penetraba. No pude aguantar más, exploté en un intenso orgasmo a la vez que Inés llegaba al clímax. La inundé de leche caliente. Me mantuve dentro de ella durante unos segundos, exhausto por la excitación del momento. Mientras tanto Francisco, continuaba zumbándole a mi mujer, ahora la tenía a cuatro patas a perrito. Igual que antes hacía yo con su novia ahora era él el que golpeaba sus huevos contra ella en cada embestida.
– Dios, que gusto, sííí, asííí, dame, sííí.
Francisco estaba casi a punto, sacó la verga del coño de mi esposa y ella se arrodilló para recibir su corrida. Apuntó su polla a la boca de Marta, y lanzó dos chorros de leche directamente en la boca de mi mujer. Marta mantuvo la leche en su boca durante un rato, jugaba con ella moviéndola con la lengua de un lado a otro, hasta que de un golpe se la tragó. Mirando a Inés comentó:
– Chica, voy bien servida hoy con tu novio, dos veces se ha corrido y dos veces que me la he tragado.
– Así le gustan a él, viciosas y tragonas, jajajaja.
Nos quedamos los cuatro sentados en el sofá, en silencio. Había sido una noche muy intensa. Marta y yo nos volvimos a duchar antes de dejar a nuestros amigos en su apartamento. Nos despedimos de ellos y pedimos un taxi que nos llevase a nuestro hotel. Eran casi las seis de la mañana. Ya en el hotel mi mujer me confesó que cuando estuvo en la ducha con Inés, ésta le había contado como habíamos planeado nuestro encuentro “casual”, pero al contrario de lo que me imaginaba, solo tuvo palabras de cariño hacia mí, se ve que mereció la pena. Hicimos el amor. Estaba a punto de amanecer y aún nos quedaba el Domingo por delante.

Con cariño para “Inés” y “Francisco”.
Espero que disfrutéis leyéndolo tanto como yo he disfrutado escribiéndolo.

…todo arde si le aplicas la chispa adecuada

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