La cuarta vez que desvirgo un culo

Hace unos días he vuelto a desvirgar un culito. Lo cierto es que me sorprende la cierta facilidad que tengo para que mis amantes accedan a tal salto sexual, pero es lo que es y me enorgullece que confíen en mi trato y experiencia para dejarse profanar tan sagrado y tabú agujero.

Ella es una chica de 27 añitos. Una chica preciosa: alta, esbelta, un poco entrada en carnes pero sin llegar a la gordura, ojazos azules, tetas muy sugerentes y duras, cintura estrecha y un culito pequeño, de los que a mí me gustan.

Llevamos unas cuantas semanas follando. Sexo fuerte y duro, como a ella le gusta. Debo de hacérselo tan bien que hasta ella misma se sorprende de la cantidad de flujo que suelta cuando follamos. Al principio lo confundió con sudor. Luego se dio cuenta que todo aquello que pringaba la cama y parte de su tripa era su propio fluido de lo caliente que andaba.

Me costó poco follármela. El primer día que nos conocimos estuvimos tomando algo en varios pubs. Muy típico todo aquello. Luego la llevé hasta su casa y antes de bajarse del coche nos comimos los morros con la promesa de vernos al día siguiente.

Ese día llegó y tras una tarde de cañas, la acompañé hasta su portal. Nos metimos dentro y nos empezamos a enrollar. Prácticamente casi la follo allí mismo, en las escaleras del descansillo. Pero me contuvo dado que no le parecía tan buena idea follar allí y menos con un tío que había conocido hace un día. Al menos me regaló una buena mamada.

Al tercer día volvimos a quedar. Ya no había más que hablar. Después de tomarnos unos vinos me invitó a su casa, donde la follé de todas las maneras posibles.

Como soy muy mío, pronto comencé con la sugerencia de metérsela por el culo mientras le follaba a lo bestia el coño; cosa a lo que ella se negó categóricamente dado que su ex-novio y otro noviete que tuvo hace años lo intentaron y apenas consiguieron meter un poco “la puntita”. Le dolía demasiado, y como todas aquellas amantes que he tenido y que lo intentaron en su día, les dolía demasiado. Ella quería placer, no sufrimiento.

Así pues, en formato dominante, hice lo que siempre hago con las amantes que no acceden a dejarse dar por el culo: convencerlas sutilmente. Esto consiste en un procedimiento sencillo pero a la vez quirúrgico.

Primeramente la comí el oído. Con un tono de voz suave y agradable la cuento tranquilamente como se lo haría y lo que va a sentir. Mis manos no dejaban de acariciarla en ningún momento, mientras mi polla entraba suavemente en su coñito. Muchos besos y muchas palabras de tranquilidad. Ella no bajaba la guardia en ningún momento, pero es aquí donde la meto la idea en la cabeza para que pase de negativo a positivo. Que nazca la duda.

Luego, le saqué la polla y bajé “al pilón” a comérselo tranquilamente mientras mis dedos jugaban con su coñito. Es aquí cuando furtivamente algún que otro dedo (el meñique, por ejemplo) aprovechaba para acariciarle el ano e incluso meter el dedo poco a poco. Al principio se negaba, pero con un tono dominante se dejaba hacer. Se quejaba por la molestia, pero yo aumentaba la velocidad de comida de coño para que se olvidase del otro intruso. Jugando poco a poco de esta manera, empecé a meterle ya el dedo índice y a seguir comiendo. Ella se revolvía e intentaba sujetarme… o no. Lo cierto es que no sabía que hacer porque le estaba confundiendo con tanto lengüetazo y tanto dedo, y dado que el placer que recibía era más grande que la molestia, al final asociaba esta molestia con el placer. Continué de esta manera hasta que se corrió como una loca con mi dedo metido hasta el fondo del culo.

Me subí a la altura de su cara y hablé tranquilamente con ella:

– ¿Te ha gustado? .- Le pregunté.

– Vaya que si. Ha sido raro. Me ha gustado pero a la vez me molestaba el dedo ahí.

– Ya, pero te has corrido y como ves… no duele.

– Si, es verdad… pero no se… es raro.

– Bueno. Mañana seguiremos con tu “adoctrinamiento”.

– Jajajaja, que malo eres.

– Oye, si no quieres nada.

– No sé. Ya veremos.

Y así fue como al día siguiente volvimos a quedar para follar. Para follar como animales, porque es así como lo hacemos: como animales salvajes. En este caso ocurrió algo así como el día anterior. Se la saqué de repente y baje a comerle el coño, pero esta vez alternaba con su culo. Me había subido sus piernas a mis hombros y tenía a mi disposición sus dos agujeritos. Ella, al igual que el día anterior, era un poco reacia, pero como le gustaba sentir mi lengua en su culo y se dejaba hacer sin problemas hasta que empecé con los dedos. Es aquí donde otra vez empezaba a revolverse con el “que no, que no”, punto en el cual aproveché para comerle el coño, que hacía que bajasen sus defensas y se dejase hacer.

Luego, una vez más tranquila, volvía a comerle el culo y embadurnárselo bien de mi saliva. Estaba dispuesto a aprovechar a ver qué tal se comportaba con mi polla ese agujerito. Como algunos ya sabréis, la tengo demasiada gorda, cosa que hace que en principio asuste un poco, pero no hay nada como el saber hacer para que entre sin queja. Me subí y apunte la punta de mi rabo a la entrada de su culo. Ella clavo la mirada en la mía y me dio como cierto permiso no sin antes acordarlo de palabra:

– Despacio, eh. Que va a doler.

– Que no, tu tranquila que te lo hago bien.- le dije para tranquilizar.

Escupí en mi mano y lo esparcí por la punta de mi capullo. Empecé ha hacer presión poco a poco. Ella a su vez iba poniendo las manos para asegurarse de que entraba hasta donde ella quería. Fue muy, muy difícil conseguir algo dado que estaba muy cerrado. Cuando ocurre esto, me tumbo encima de mis amantes y las voy tranquilizando al oído mientras hago presión en su ano con mi polla. Poco a poco.

Se quejó un poco pero yo seguí empujando mientras la sujetaba la mano para que no se revolviese mucho. La pobre sudaba, y eso que apenas se había dilatado un poco la entrada. Era más el miedo psicológico que el factor físico en sí. Me volví a erguir y me la volví a mojar en saliva. Además, comencé a comerle el culo para comprobar cómo se iba haciendo de grande y que aceptase el placer. Aquello parecía que iba a ser complicado pues apenas se veía progreso. Pero la insistencia es el camino al triunfo y finalmente después de cuatro o cinco intentos, la cabeza del capullo iba consiguiendo dilatar la entrada un poco. Como se empezó a quejar de la molestia, paré y dejé de hacer presión.

La postura no era la mejor, tengo que reconocer. Pensé que iba a ser más fácil dado lo cachonda que estaba, pero estaba claro que ella tenía ese instinto reflejo del daño recibido por las otras veces que se lo intentaron hacer y que terminaron fatal. Llegado a este punto, la siguiente estrategia era hacer “la cuchara”: yo detrás de ella, tumbados de lado. Esta postura deja el cuerpo totalmente relajado y el ano no hace tanto esfuerzo. La penetración es más placentera y la chica está más tranquila dado que tiene más facilidades de parar la faena si comprueba que algo no anda bien.

Vuelto otra vez a los mismo de antes. Saliva y más saliva. La punta de mi polla presionando la entrada de su ano. Su mano controlando la penetración mientras yo embestía poco a poco. Movimientos pausados sin sacarla. Que entrase poco a poco. Que notase como iba invadiendo su culo, cada vena de mi polla, mientras con la otra mano le acariciaba el coñito. Agujero, por cierto, que estaba empapado. Como ya me estaba poniendo muy burro, quise terminar con el asunto rápidamente y la sujete fuerte los brazos para que no pudiese moverse mientras mi polla le iba penetrando con firmeza. Caso omiso a sus quejas, que eran más por miedo que por un supuesto dolor que realmente no existía.

Comencé a penetrarla ya con decisión hasta que se dejó hacer. Al final conseguí metérsela entera hasta el fondo ante gritos de placer e incredulidad. No se lo creía. No le cabía en la cabeza que tremendo trozo de carne estuviese metido hasta dentro de su culo.

– ¡Cacho guarra! Hace dos días no me dejabas metertela en el portal de tu casa y hoy ya te estas dejando dar por el culo ¡Cerda!

– ¡Ah! ¿que dices? ufff, ufff.

– ¡Que eres una guarra!.- mi mano se acerco otra vez a su coño. Este estaba empapado. Exageradamente lleno de flujos. – Te gusta que te trate así mientras te reviento el culo ¿eh?

– Si, si…- jadeaba.

– Esto te va a encantar.

Le seguí acariciando con mi mano el coño cada vez mas rápido, hasta que su orgasmo le inundó por dentro mientras mi polla no dejaba de perforarla el culo con un lacito de bienvenida al mundo real que le regale al oído:

– ¡Puta!

Cuando se tranquilizó. Le saqué la polla del culo a lo que asintió:

– Ufff, que alivio.

– ¿Te ha gustado? .- le pregunte.

– Si… no… No sé…

– ¿Te ha dolido?.- insistí

– No… Era un poco molesto, pero no me ha dolido. No sé… me ha gustado. Ha sido raro.

Siempre es lo mismo. Se sienten confusas ante el nuevo placer descubierto. Un dolor que no es tan dolor y que al final lo mezclan con el placer. Una nueva conquista. Otro culo roto.

– Anda, venga. Baja y termina de comerme la polla. Creo que me lo he ganado.

He de decir que esta chica es una auténtica experta comiéndome el rabo. Mientras la mayoría me hacen daño con los dientes debido al grosor, ella solo sabe darme placer. Mucho placer.

Al día siguiente volvimos a quedar para follar. Ella ya se sabe bien el papel y tras su primer orgasmo, esta vez ella misma se dio la vuelta pidiéndome que se la metiese por el culo como había hecho el día anterior. Volvimos a probar “la cuchara” para abrir terreno, y terminé tumbándola boca abajo ofreciéndome su culo para que se lo follase como yo solo sé hacerlo.

Una buena corrida en sus entrañas y hasta el próximo día.

– Creo que esto me empieza a gustar.- Me dijo antes de irme.

Y así es como desvirgué mi cuarto culo.

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