La despedida (completa) *extra

Capítulo 1: Reunión de conocidos

A finales del 2002, Juan terminaba su tercer año de la carrera de abogacía, en una de las universidades privadas más prestigiosas del país. Juan había aprovechado su tiempo libre para mezclarse en el mundo político de la universidad. Formó un grupo universitario y ganó las elecciones de consejo estudiantil, ante el asombro de sus competidores, los cuales eran de niveles superiores y tenían mayor experiencia.

Juan trabajó arduamente en su plan electoral y campaña, sus proyectos fueron un absolutamente novedosos y de gran aceptación. Como parte de su plan de trabajo realizó una incansable búsqueda de alianzas, con diferentes grupos interdisciplinarios de la universidad. Una de aquellas alianzas en especial, le permitió asegurar la victoria.

Contactó a uno de los grupos más importantes y poderosos en la universidad. Dicho grupo estaba compuesto por aquellos estudiantes hijos de distinguidas y acaudaladas personalidades del país. La agrupación presentaba una fachada principalmente religiosa, pese a que Juan no profesaba ninguna religión, le pareció que una asociación de este tipo podría ser una jugada muy inteligente. Esto debido a que la universidad, en la que estudiaba, tenía claras inclinaciones religiosas. Sin duda, la asociación de aceptarse, podría significar entre el triunfo y la derrota.

Juan fue capaz de convencer a la organización estudiantil, pese a que él era prácticamente un desconocido en estos medios político. La única condición, que puso el grupo, fue que ellos escogerían el candidato para presidente. El resto de cargos se repartirían, entre Juan y su equipo. Esta idea disgustó por completo a Juan, pero al final dejaría de lado completamente sus intenciones de ser presidente. Aceptó la propuesta por dos razones: primero porque aún le quedaban un par de años de estudio; dos porque escuchó rumores que la candidata elegida por la organización sería Fernanda. Una hermosa e inteligente mujer, a la cual Juan admiraba y deseaba demasiado. Las posibilidades eran innumerables teniéndolo a él como vicepresidente.

El problema vino después, cuando el grupo religioso, eligió a Mario como su candidato, un estudiante excepcional, pero no a la altura de la situación, según pensaba Juan. De nada sirvió sus observaciones y argumentos. El grupo, había tomado una decisión y a Juan le tocó tragarse todo su orgullo y dejar a Mario tomar el control.

Juan quedó completamente decepcionado y se negó a trabajar con Mario, especialmente por su posición absolutamente religiosa y conservadora. Después de haber ganado ampliamente, Juan terminó alejándose del grupo político y Maria ejecutoria todos los proyectos que Juan había diseñado.

Un año pasó, y contra todo pronóstico la presidencia de Mario fue por demás exitosa, sobre todo por el plan de trabajo y los contactos que Juan había dejado. La asociación de estudiantes terminó su año de funciones y era momento de posesionar a la nueva directiva.

Ese día se había programado una reunión de lo más formal, en la cual se entregaría simbólicamente los cargos. Para su sorpresa Juan fue invitado, aunque no tenía muchas ganas de ir, por las continuas discusiones con el presidente de saliente. Aun así, Juan decidió ir, aguantarse la mala cara de Mario y los regañíos de su novia, quien se negó rotundamente a acompañarlo.

La reunión se realizaría a puerta cerrada, en la Universidad, en una sala conocida como paraninfo. El lugar era parecido a un teatro, pero mucho más pequeño, con butacas acomodadas en un semicírculo. En el centro no hay un escenario, más bien una especie de juzgado con un mueble muy alto y largo parecido a una mesa. Por detrás un grupo de sillas cómodas, donde estarían ubicados los invitados más importantes.

Juan arribó al lugar, algo atrasado pues tenía muy pocas ganas de asistir. Cuando llegó, la puerta, estaba cerrada, golpeó suavemente, si nadie le abría, se retiraría sin ningún remordimiento. Para su desdicha, cuando estuvo a punto de dar vuelta, la puerta se abrió sorpresivamente y lo recibió un chico bajito a quien no conocía, este le hizo pasar:

– Sigue, sigue está a punto de empezar – le dijo el muchacho con un tono de lo más cordial y una sonrisa, como si lo conociera de toda la vida

Juan pasó, a primera vista, no había mucha gente, podría contar unas quince o veinte personas no más. Encontró un sitio en la primera fila, quería estar justo al frente de Mario y escucharlo hablar de todas aquellas hazañas, que no habría logrado de no ser por él.

Mientras caminaba estudiaba a los asistentes en su mayoría hombres, entre las pocas chicas que pudo identificar a las gemelas, como él las conocía, ellas habían ganado las elecciones del nuevo año, ambas lucían ropas muy formales y de estilo refinado.

Otras de las mujeres que pudo identificar, nunca le llamaron la atención por lo tanto eran difícil de recordar sus nombres. A Juan le pareció muy raro que ninguna autoridad estaba presente ¿Quizás llegó muy temprano? Justo en frente de los espectadores, había un gran espacio con una alfombra roja muy elegante, parecía un improvisado escenario, en forma de media luna.

Un micrófono mal sincronizado emitía chillidos mezclados con palabras incomprensibles. Una mujer acomodaba un cable, que iba a terminar en un micrófono metálico, en manos de un chico de nombre Daniel.

Juan lo reconoció, fue su compañero pero nunca estableció una buena relación con él. De pronto, el silencio se hizo, justo cuando Juan se acomodaba en la butaca de la primera fila. Luego se escuchó voces sin amplificación, conversaciones, de presupuestos, gastos, fiesta.

Juan se acomodó, sobre el mueble, cansado y aburrido por lo que parecía un informe económico, muy raro que lo hicieran con tan poco público, pero quizás eran estupideces que a él ni a nadie le interesaban.

Juan prefirió ignorarlo y recordar la excitante noche que había tenido con su novia. Había pasado su primer aniversario y Juan. Él se había esforzado por complacer al máximo a su novia. Por alguna razón la amaba cada día más. Estos recuerdos sin duda eran mucho más agradable que escuchar a estos tipos hablando de informes financieros y toda clase de estupideces.

Juan se acomodó, otra vez, relajando su cuerpo, cerró los ojos, decidió ignorar todo por lo menos hasta que la gente realmente importante llegara y diera inicio la ceremonia.

Un chillido del parlante, me hizo recobrar la atención hacia el delgado hombre que intentaba comunicarse con los asistentes. Me pareció una completa falta de respeto hacia los asistentes, dejar a un tipejo como este dirigirse al público, más aun en esas fachas. Daniel al frente, parloteaba insensato, mientras yo, trataba de entender lo que estaba explicando.

Entonces escuché como ponían seguro a las puerta probablemente ya no dejarían entrar a nadie más. Me pareció extraño pues no había autoridades, luego escuche unos golpes, pero la puerta no se abrió, sino hasta mucho después. El chico frente a mí, decía algo como:

– En todo este año hemos tratado de velar por todas, todas sus necesidades, pero más importante hemos tratado de impulsar una nueva forma de trabajo, una nueva forma ver las cosas. Una forma tan abierta, liberal y hasta libertina, si quieren verlo así, que no hemos invitado a Mario (ex presidente de la asociación) pues ustedes lo conocen y saben que siempre ha representado, una barrera antes que una ayuda en nuestra forma de trabajar

Wow, no puedo creer los que está diciendo, mejor no lo hubiera dicho yo. Empieza a agradarle un poco más Daniel después de estas palabras. Mario no se estará en la reunión, ya me sentía más relajado. Sin embargo, algo no cuadraba del todo ¿Qué sentido tenía una reunión como esta sin él, presente? las respuestas llegarían pronto. Continúa Daniel:

– Como ustedes saben, la gran mayoría, ya nos ha acompañado a varios de los eventos, que hemos organizado – los cuales yo no había asistido porque nunca me han invitado- yo creo, que han disfrutado mucho, todos y cada uno de los que se encuentran aquí. Sin embargo hemos recibido ciertas quejas – Algo que no me sorprende – según nos dices, faltó organización, bien o no han estado las personas que quisieran. Hoy compañeros, haciendo eco de sus quejas, hemos organizado un evento inolvidable para ustedes

Bla bla bla bla bla…., estaba empezando a aburrirme, estos tipos eran realmente buenos para hablar sin decir nada. Son los típicos nertz, que prefieren un zumo en lugar de un buen vino o cerveza.

Hasta ese momento fue que me percaté, el sitio estaba un poco decorado, unos globos por allí, guirnaldas, unos adornos por allá. El sitio lucia como si estuviera preparado para una fiesta o algo así. Yo tenía hambre, y dado que el sitio parecía preparado para una fiesta, esperaba que pronto pasen con unos bocaditos, algo de picar, mi apetito se incrementó aún más cuando mencionaron algo de comer.

Pero vaya que estaba equivocado, de pronto dejé de divagar en mis pensamientos, escuché algo acerca de unas chicas. Entonces miré a mi alrededor había algunas mujeres que ya había identificado y otras mas no sé de donde salieron. Se supone que la puerta estaba cerrada. Sin embargo, algo me llamó la atención faltaban esas espectaculares mujeres que conocía. Aquellas que siempre provocaban un suspiro con solo verlas. Esas que por alguna razón, siempre estaban ayudando a estos tipos, en cualquier evento o reunión que organizaban.

Los envidiaba, lo único que siempre extrañé, de mi corto paso por la política, fueron justamente ellas, las hermosas chicas. Siempre recordaré, lo bien que se sentía estar rodeado de tantas mujeres lindas. Aun así, lo poco que llegue a conocerlas, tuve la impresión que esas chicas, eran casi tan hipócritas como el mismo Mario, pues pertenecían al mismo grupo religioso.

Entonces escuché a Daniel decir, algo que me llamó la atención:

– Todas estas preciosas damas, que todos conocemos por su labor y por sus cualidades físicas, hoy nos acompañan. Y han venido aquí para demostrar, de que están hechas, para que no haya más quejas… Si señores, aquí están, todas van a desfilar con un exquisito traje de baño. Para que ustedes, puedan deleitar su vista. Ellas nos presentarán una pequeña coreografía, que han organizado con mucho empeño solo para ustedes. Disfrútenlas.

¡Dijo en traje de baño! Esto es inaudito, en todos mis años de estudio, jamás he podido ver a alguna de ellas en traje de baño. No estaba seguro de que mujeres hablaba Daniel. Sin embargo, parece que la situación mejora considerablemente. Esto definitivamente se va a poner bueno. Entonces, me acomodé mejor en la butaca, estaba en primera fila, esta posición me favorecía. Continúa Daniel

– Pues bien, nuestra primera belleza, ya todos la conocen, es muy trabajadora y estudiosa. Aunque no siempre consigue lo que busca, ja ja ja, solo una pequeña broma. Hoy ha querido dejar sus ocupaciones y por primera vez, está aquí para mostrar otras de sus habilidades. Aquí esta… Ariana, la grandiosa Ariana que todos conocemos

¡Ariana! No era una de las hermosas chicas que esperaba. Ella no es una chica que me llame mucho la atención. No es fea, es más bien delgada, sin mucho por arriba y ni por abajo, según mi criterio diría que es una chica, solo lo normal.

Traía un traje de baño de dos piezas, color rojo, no había mucho que cubrir. Lo que me impresionó, su piel muy limpia y delicada, según notaba desde mi posición. Traía su cabello agarrado en un moño, lo cual dejaba ver una espalda muy limpia y perfilada.

A pesar de lo delgada, su figura estaba bastante bien formada, ni sobraba, ni faltaba. Aunque a decir verdad, yo si prefiero algo más de curvas, me gustan las mujeres con cuerpos exuberantes. De todas formas, no podía quejarme, esto es algo que no se ve todos los días. Y lo mejor, si seguía observando, quizás luego algo bueno podía encontrar.

Los gritos, abucheos, incoherencias y hasta obscenidades, comenzaron apenas la chica salió. Todos parecían disfrutar el espectáculo, incluso ella, pues lucía una sonrisa muy marcada en su frágil rostro.

Entonces Daniel empezó a narrar las características de la siguiente chica:

– La siguiente chica, es más conocida por sus excelentes calificaciones, ya ha participado en otros actos de igual trascendencia. Sin embargo, no ha podido ser disfrutada por todos, pues siempre la veíamos acompañada su novio, a quien, en esta oportunidad no hemos invitado. Aquí viene, más atrevida que nunca, aquí esta…… Fernanda.

¿Dijo Fernanda? Eso sí tengo que verlo. Fernanda es una de las chicas más deseadas de mi universidad pero también una mujer muy recatada. Vaya, Vaya… un espectacular traje, de 2 piezas color amarillo. Una visión de ensueño, sobre todo para mí, porque nunca la había visto mostrando tanto.

Fernanda exponía orgullosamente un par de senos muy bien formados y unas caderas amplias, no está nada mal. Ella es una mujer blanca como la nieve cabello rubio y un rostro realmente cautivante. Ella parece tan inocente, tan ingenua, o al menos es como yo la percibía.

Su tez era tan blanca y fina, que no podría habérmela imaginado en una playa. Los griteríos continuaban, el grupo de morbosos detrás de mí, no dejaban de soltar todo tipo de obscenidades. Y lo peor, a ellas no parece importarles.

– Y ahora –Continúa Daniel – una sorpresa para todos ustedes. Muchos ya la conocieron, la gozaron y no exagero cuando digo muchos. Todos pensamos que habíamos perdido a uno de los mejores ejemplares, cuando se hizo público su noviazgo con Mario. Si señores, Mayra, la novia de Mario ha venido a demostrarnos que a ella aun le gusta la buena vida. Nos trae un chisme de lo más subido de tono ¿Quieren saberlo? –el griterío ensordecedor exigía una respuesta- Bomba señores, Mayra ya tuvo sexo con Mario. Si señores, no importa cuán hipócrita sea su víctima, aquí está la única mujer capaz de pervertir al más santo de la universidad. Mayra, la novia de Mario, nos mostrará hoy todo lo que tiene

Apareció Mayra, alucinante, ninguno de los presentes se lo esperaba. Yo me preguntaba ¿qué diría Mario al respecto? la verdad sea dicha, Mayra estaba como para comérsela. Tiene unas tetas espectaculares, las cuales amenazaban con salir de su top azul, llevaba una tanga de lo más atrevida, apenas cubría la parte delantera.

– A continuación señores… no podía faltar. Ella ha estado con nosotros, en todo acto que hemos organizado. Nuestra vicepresidenta de Bienestar… Mabel. , Conocida por algunos, como la más puta de la facultad, esta rubia se ha acostado con la mitad de los estudiantes. Y cuando hablo de la mitad, no solo se refiero a los hombres, ustedes saben a lo que me refiero. La verdad es que nadie los culpa ¿quién no querría follarse a una hembrita como esta? Con ustedes… Mabel

Me pareció que el tono empezaba a subir, las palabras con las que se expresaban rodeaban la vulgaridad. Y no es que yo me crea un santo, efectivamente todos los estudiantes conocían las andanzas de Mabel. Pero jamás, jamás, me hubiera esperado que este tipo de información, se divulgue en un evento público.

En este punto ya no estaba muy seguro del tipo de reunión en el que me encontraba. Lo que más me sorprendió, fue que a pesar de todo lo que se dijo, Mabel salió con una sonrisa impresionante, como si estuviera orgullosa por lo que acababa de escuchar.

Mabel es un verdadero bombón, cualquier hombre quisiera poseerla, lo que yo no conocía era su gusto por las mujeres, la bisexualidad, no era algo muy común hasta donde sabía.

Mabel es una mujer rubia, ojos claros, alta 1,9 metros. Un par de senos bien formados rígidos, unas piernas contorneadas, largas. Una mujer insaciable en la cama, según decían mis amigos y aquellos que habían tenido algún tipo de historia con ella.

– Bueno señores otra que es bien conocida, cambia de novio como cambiar de tanga y según sus propias confesiones a veces no la usa. Así es señores, con ustedes Sabina…. Ella quiere decirles unas palabras. Adelante lindura, al micrófono. Hey, Hey ese no es el micrófono, espera. – Sabina, completamente desinhibida, se acercó a Daniel, posó su mano sobre el pantalón del hombre. Justo sobre la zona, donde podría encontrarse su miembro viril. No conocía esta parte de la personalidad de Sabina, me quedé atónito.

– Perdón –habló coqueta Sabina, aclarando la voz- me confundí, pensé que te habías guardado un micrófono bajo el pantalón…. Solo quería decirles que hoy estoy dispuesta a todo, con todos. Además, hay algo muy importante que quiero compartir, hoy cumplimos un año con mi novio. Está sentado allá al final. Este es su regalo de aniversario, voy a cumplir su fantasía. Él quiere verme disfrutar con otros hombres y lo voy a hacer por él. Te mando un beso mi amor – ¿Pero qué es eso? un comentario completamente fuera de foco, ya no tenía la menor idea de donde me había metido.

– Bueno ya la oyeron, todos queremos ver al final esa tanguita roja, completamente destrozada, y a esta preciosura agotada y satisfecha. – Esto confirmaba que quizás estaba soñando o sufriendo alguna alucinación. Por mi mente, pasaban algunas ideas locas de lo que podría estar pasando. Pero nada concordaba con ese comentario, netamente sexual. Si las cosas seguían así, lo más seguro es que esto se llegara a convertir en un evento de una categoría, que solo lo habría podido haber concebido en mi más íntimo sueño.

– Y por último, no menos importante, otra de las chicas más codiciadas, de los niveles intermedios. Poseedora de un cuerpo espectacular, una belleza que hace honor a las chicas costeñas, aquí tenemos a… Carolina.

Aun no lograba encajar todas las piezas cuando pude ver a estas dos hermosas mujeres. Bajo mi escaso conocimiento, ellas jamás podrían haberse prestado para un evento como este. Pero quizás, yo vivía en otro mundo, quizás mi vida universitaria había sido una farsa.

<< ¿Cómo es que me había perdido este tipo de eventos antes?>> Pensaba, hace poco había escuchado de la existencia del mundo de las Scort o servicio de acompañantes. Un servicio especializado en satisfacción para millonarios. Sabía que era un negocio muy rentable, en donde se organizaba eventos de tipo sexual. Sabía también, que ese mundo estaba ligado a ciertas universidades, donde seleccionaban chicas que necesitaban dinero fácil.

Por lo que podía deducir hasta el momento, esta fiesta tenía claras connotaciones puramente sexuales. Lo que jamás me hubiera imaginado, es que en la universidad a la que asisto. Estas chicas, mis compañeras, se prestaran para esto, o quizás me estaba imaginando algo que no era.

No lo podía creer ahí estaba Carolina, a ella, le tengo ganas desde que la conocí, hace poco. Siempre usaba unos pantalones blancos, ajustados, que dejaban notar una gran figura. Ahora la miraba, semidesnuda, con su tanguita blanca, muy pequeña, no podía cerrar la boca, y menos podía reaccionar.

La imagen de ensueño, con todos esos culos y tetas, se movían frente a mí, como tratando de excitar a todos. El show que habían preparado, una danza por demás erótica, una canción de esas típicas de cabaret << ¡Por Dios! >> pensé. En eso se había convertido este lugar, un antro. Todas se movían como unas verdaderas putas, restregándose contra ellas mismas, sus culos, sus tetas. Otras se agarraban muy despacio los hilitos de sus tangas.

Capítulo 2: Inicia la fiesta

Lo realmente importante comenzó, cuando una a una las chicas fueron despojándose de la parte superior de sus trajes de baño, yo todavía no reaccionaba. De repente pasó un tipo alto y empezó a agarrar las nalgas de Mabel. Ella, al mismo tiempo, colocaba sus grandes tetas en la boca del chico. Entonces pasaron como tres o cuatro hombres más, ellos seleccionaron una de las putas y se dedicaron a manosearla.

No iba a quedarme ahí sentado, reaccioné de inmediato, me puse de pie y tomé del brazo a la que estaba más cerca. Esa era Carolina, para mi suerte, aún estaba sola. Ella dio la vuelta un poco asustada, pero con una sonrisa y le planté un beso, con mucha pasión. Metía mi lengua en su boca, jugaba con la de ella. Mis manos se desplazaban desde su espalda y bajaban muy lentamente, parecía que le gustaba, le dije:

– Te tengo ganas desde hace tiempo y no voy a dejar pasar esta oportunidad, vas a ser la primera que me voy a follar

– ¿Así?- respondió- entonces adelante estoy muy excitada, te aseguro que después de mi no vas a querer a nadie más

Cuando alcancé sus nalgas grandes, le indiqué con una palmada en ellas, que me siguiera, la lleve atrás del podio de las autoridades. No había nadie allí, mientras que en las butacas poco a poco iban tomando posiciones.

Al llegar, me tomó con desesperación, bajó el cierre de mi pantalón, metió su mano, tomó mi pene y cuando menos lo esperaba, me empujó a uno de los cómodos asientos. Ella se arrodillaba frente a mí, yo terminaba de retirar mi pantalón e interior.

Estaba ahí, desnudo desde la cintura hacia abajo, con mi pene tieso como una piedra y quien no, en una situación como esta. Ahora ella levantó su cuerpo, me besó provocadoramente, su lengua indagaba al interior de la mía, absorbía, chupaba, bebía mi saliva, cuando se sintió satisfecha, dijo:

– Lo que te voy a hacer ahora, estoy segura, tu novia jamás te hizo

Quise refutar, pero de inmediato se lanzó en dirección de mi pene. Empezó lamiendo mis testículos, muy lentamente, a veces introducía, mis bolas, completamente en su boca, otras veces sacaba su lengua y lameteaba toda mi tranca.

Subía lentamente, lamiendo mi palo hasta llegar al glande, miraba fijamente con unos ojos de lujuria. Luego sonreía, abría bien su amplia boca, metía mi falo poco a poco, sentía esos labios ardientes que tanto había deseado besar, ahora se ajustaban perfectamente todo el cuerpo de mi pene. Cuando casi toda mi tranca estaba adentro, podía sentir el inicio de su garganta. Su paladar ardía, quemaba mi pene. Mi verga parecía explotar dentro de su boca, ella se dio cuenta de eso, comenzó a succionar como si fuera un mamífero sediento de su leche.

Desde mi posición, podía ver prácticamente toda la orgía, que se había formado frente a mí, me sentía cada vez más excitado. Mabel estaba encargada de cinco hombres a la vez, todos la querían penetrar. Ella estaba en una posición parecida a un 69, bajo ella un tipo musculoso, lamía desesperadamente su vagina. Frente a ella, tres tipos con sus penes grandes y duros, alternaban introduciendo uno a uno en la boca de la muy perra.

A veces, su boca era follada por dos vergas al mismo tiempo. A ella parecía encantarle como sus labios se deformaban por la arremetida del par de trancas. Detrás, preparando el agujerito trasero estaba Daniel, lamía el huequito de Mabel y debes en cuando metía uno o dos dedos, sin duda eso lo estaba disfrutando.

Fernanda, estaba de rodillas frente a un tipo, con un pene espectacular, creo que es el más grande de todos los de esta sala. Ella lamía con una delicadeza única, como esperando que no se acabara. Por detrás, manoseando lamiendo y chupando sus jugos estaba Ariana. Ella parecía no poder encontrar compañía masculina, se había concentrado en la tarea de preparar, los anos y vaginas de sus compañeras, humedeciéndolas y chupándolas. Pasaba de una en una repitiendo el ritual, esto parecía gustarle.

Otra que estaba gozando era Mayra. Ella ya estaba siendo penetrada por mi amigo Federico, apenas ahora lo había identificado en el lugar. Él estaba sentado en la butaca, ella lo montaba a horcajadas, mi amigo la penetraba sin compasión. Al mismo tiempo Mayra solicitaba a Leo que la penetrara por detrás. Leo es otro amigo, él es un tipo muy alto y un poco gordo. A los lados, dos tipos hacían turnos para que ella mamara sus penes.

Estaba inmerso en mis observaciones del entorno, mientras Carolina mamaba mi verga como una desesperada. Ella pedía que me concentrase en ella y solo ella. Pero con tanta escena increíble fácilmente desviaba mi atención. Para ser franco, era maravilloso sentir su lengua jugueteando deliciosamente con mi glande. De pronto, Carolina concentró sus labios en mi glande, mientras masturbaba mi palo con su mano izquierda. Sentí que no pude contenerme más y mi pene explotó, sin control, derrochando leche muy caliente. Ella recibió todo en su ardiente boca.

– Mientras mi leche iba saliendo, me retorcía, ella iba succionando todo, sin dejar escapar nada. Por la comisura de sus labios, brotó una pequeña gota de leche, pero cuando lo notó enseguida la tomó con su dedo jugueteo un poco, al fin se la metió nuevamente a la boca, de una forma muy sexy.

– Hmmmm que un placer extraordinario – me dijo

– ¿y aun no has visto nada? – respondí orgulloso

Carolina se incorporó dejando ver su monumental cuerpo. Su tanguita blanca dejaba notar que tras de ella había una húmeda vagina, deseosa de ser penetrada. De inmediato metió su mano en dirección a su vagina, ligeramente introdujo dos de sus dedos y sacó, de quien sabe dónde, la inconfundible pastilla azul de viagra.

– Aun tienes que darme mucho placer – me dijo

– No creo que lo necesite –indicando con mi dedo la pastilla- para satisfacerte aún no he comenzado – le contesté confiado

– No importa tómala por si acaso

Me tomé la pastilla enseguida, mientas Carolina mencionaba algo referente a líquido para pasarme la pastilla. La ignoré, pues a mi alrededor la visión era fantástica. Me llamó la atención el lugar donde estaba una de las gemelas, acompañada de Olivia. Ella había sido mi compañera de clase el semestre pasado, es una mujer de lo más de sexy, a quien no había identificado antes.

Ahora que lo pienso un poco, era ella, la mujer que estaba acomodando el micrófono. Recordé ese hermoso, redondeado y delicioso culo que tenía. Su carita la hacía ver ingenua o por lo menos aparentaba. En todo caso, parecía que realmente, estaba haciendo gozar a una de las gemelas.

La gemela, estaba completamente desnuda, no sabría decir cuál de las hermanas era. Lo cierto, es que separaba sus piernas, dejando completamente expuesta su conchita. Olivia introducía su lengua, hasta donde podía. Nunca me imaginé a Olivia en una reunión como esta, ella es muy tierna y romántica. Le gusta el buen sexo, lo sé por experiencia pero siempre es una mujer muy fiel, me consta.

Juan tiene buenos recuerdos de Olivia, sus primeros años en la universidad, los pasó a su lado. Ella es una chica muy tierna, comprensiva y siempre colaboradora. Tenía ciertos problemas con algunas asignaturas y Juan por supuesto se ofrecía a ayudarla.

Quizás Juan estuvo algo ilusionado de Olivia, pero ella siempre supo detenerlo antes de iniciar algo entre ellos. La razón, ella estaba profundamente enamorada de su novio de adolescencia, quien hace poco había viajado a Madrid y había prometido volver por ella.

Con el tiempo y como cualquier relación a distancia, terminó destrozando el corazón de Olivia. Juan esperó pacientemente que la mujer se recuperara. Casi un año después y con un poco de copas encima ocurrió el milagro entre Olivia y Juan, lástima que después de lo contenido ninguno de los dos vio futuro a esta relación.

Recientemente, andaba con un tipo, al que no podía ver en la sala, quizás por eso, se animó a pasarla bien. No importaba, lo realmente interesante, era ver desde mi posición, como bandereaba su lindo trasero, dejando a la vista un hermoso y dilatado ano. Lo hacía con tanta sensualidad, como si estuviera llamando o pidiendo ser penetrado.

Carolina seguía lamiendo mi pene, esperando que se endureciera de nuevo. Aunque no estaba del todo flácido, seguramente ella lo disfrutaría más si lograba la rigidez que tenía hace poco, le dije:

– Es hora de que goces tú también – Me miró con una cara de satisfacción

– A mi novio nunca se lo he chupado como a ti, ahora espero que tú, me des todo placer que necesito – Me detuve un momento intrigado y me atreví a preguntar

– ¿Por qué hablas de tu novio en una situación como esta? ¿Es algo como una fantasía? ¿Te produce morbo?- pregunte decidido

– No mi amor –se detuvo como buscando las palabras- te voy a confesar algo, mi novio es un tipo muy conservador. Hasta ahora, no me ha tocado ni un pelo. Yo soy una mujer demasiado ardiente, necesito pasión. Por eso estoy aquí, no me vayas a fallar, poséeme como tú quieras, hazme tu perra, quiero sentirme como una puta, necesito que me llenes con tu leche, hazlo favor, lo necesito

Esta confesión me sorprendió, me prometí para mis adentros, satisfacer completamente a esta bella mujer. Entonces la levanté y llevé hacia la mesa, retiré lentamente la tanguita blanca. Al fin pude ver la gloria, una vagina recién rasurada con una pequeña línea vertical de bellos oscuros. Los cuales apenas eran cubiertos su diminuta ropa interior. Su sexo estaba completamente húmedo, sus labios menores desfloraban como delicados pétalos cafés, que se abrían orgullosamente húmedos y rogando por ser penetrados.

– ¿Te gusta? – me decía casi delirando Carolina – ¿Porque no le das un beso? seguro te encantará su sabor, a mí me gusta

– Lo voy a hacer, en su momento- Completó Juan

Regrese a Carolina, para plantarle un ardiente beso en la boca, jugueteando con nuestras lenguas. Luego bajé hacia esos preciosos pechos, unos pezones firmes y duros apuntando al cielo. Me deleité besándolos, mordiéndolos y chupando esas deliciosas tetas.

Seguía bajando, Carolina levantó sus dos piernas hacia mis hombros, echó su cuerpo hacia atrás, como pidiendo que devore ese chorreante mar de placer. Los jugos escurrían desde su agujero principal, hasta llegar a sus nalgas, cubrían también su ano.

Cuidadoso como siempre he sido, no fui directo a su pozo. Más bien me entretuve con sus piernas y muslos, descubrí uno de sus puntos erógenos, cada vez que lamía sus muslos o los mordía suavemente Carolina respondía con suaves saltos de placer. Pasé ahí, un buen rato deleitándome con su hermosura.

A mí alrededor, se podían escuchar los primeros gritos de placer, orgasmos pronunciados de mis compañeros. Seguro, ellos estaban tan bien entretenidos que ni se fijaban en lo que hacíamos frente a ellos. Levanté mi cabeza, Carolina parecía poseída, una mezcla de perversión y excitación.

Al mirar sus hermosos ojos negros, podría jurar que ella me deseaba. Lo demostraba con toda su feminidad inundada. Me sentí tentado de introducir uno de mis dedos en aquel profundo lago, pero me aguanté, “es un mejor amante el que sabe darse un tiempo para disfrutar de los placeres.” Alguna perra me enseño eso y lo había quedado grabado para siempre en mi mente.

Cuando al fin estaba muy cerca de los labios mayores, podía percibir ese olor inconfundible, ese olor a sexo, olor de hembra en celo. Justo entonces pasé al otro muslo, repetí el procedimiento, le di la misma dosis de placer. Una y otra vez deslicé mi lengua lo más cerca de su vagina pero sin tocarla directamente. De pronto, sin previo aviso y cuando menos lo esperaba, planté un fuerte beso sobre toda su área húmeda, absorbiendo y mordiendo todo lo que podía.

Carolina dio un salto, levantó su cabeza y soltó un grito estremecedor, que terminó confundiéndose con los gemidos de todo el público presente. Luego del grito, en su rostro se dibujó una gran sonrisa, mientras sobre su cuerpo se extendían los típicos espasmos de un orgasmo largo.

Fue entonces cuando algunos de los invitados, se percataron que estábamos ahí, regresaron la mirada. Todos aprobaron con una sonrisa y siguieron su tarea, cualquiera fuera en la que se hallasen. Después de una larga serie de convulsiones rápidas, Carolina acomodó otra vez su cuerpo, recostándose completamente sobre la larga mesa, separando aún más sus piernas, pidiendo otra dosis.

Yo no podía negarme, continué saboreando el exquisito sabor de esta vagina, tragué todos los jugos que pude, la quería exprimir completamente, hasta la última gota, quería llevarme impregnado el sabor de su sexo en mis labios.

Al cabo de unos largos minutos, Carolina terminó con sus labios menores tan hinchados y sensibles que sobresalían por entre los mayores. Mostrando su contextura hermosa, carnosa. En medio de ellos una abertura que pedía a gritos ser llenada.

Carolina tomó sus piernas una con cada mano, las levantó y separó con flexibilidad envidiable. Con esta labor, su abertura se mostró en toda su expresión. Desde esta posición podía también observar un hermoso ano, intacto, parecía nunca haber sido atendido. Aproveché para bajar y lamerlo de vez en cuando, esto gustó a Carolina quien no dejaba de gritar incoherencias fruto del placer que sentía con cada rose de mi lengua.

Tomé un respiro, me incorporé, tratando de recuperar mis amortiguadas rodillas, busqué con la mirada, encontré frente a mí la gemela que antes no había visto, se hallaba en una posición sesenta y nueve con Sabina, mientras otros dos compañeros las penetraban. Uno por cada lado, alternaban entre la boca de la gemela y vagina de Sabina. Del lado contrario, Sabina saboreaba el pene de su amante, mientras esta introducía dos dedos en la vagina de la gemela.

<< Una buena posición >> me deje para mis adentros. Quizás pueda practicarla más adelante. Aquella visión estupenda me motivó, quería penetrar a la mujer espectacular que tenía debajo de mí.

Carolina que parecía leerme la mente, tomó con una mano mi pene, lo masajeó como una desesperada y para mi sorpresa, ya tenía mi miembro tan duro como el hierro. Sentía como un calor que me quemaba por dentro y me provocaba aún más excitación, quizás era solo me imaginaba, pero mi falo, hasta parecía más grande de lo normal. Era el momento perfecto, quería entrar por completo, quería perforar este húmedo sexo que no paraba de retorcerse frente mí.

Carolina excitada como nunca, usaba su mano derecha para acariciar sus hermosos y grandes senos. Nunca se había sentido tan excitada como en este momento, quizás era un efecto de la bebida que Daniel le había hecho tomar antes de empezar todo. No sabía que contenía esa bebida, pero lo había tomado sin dudarlo, de alguna manera necesitaba desfogar todo este estrés sexual acumulado desde hace tiempo.

El novio de Carolina era tipo mayor que ella, por unos 5 años, chapado a la antigua, muy conservador y religioso. Se había graduado hace algún tiempo y había conseguido una beca para una maestría en el exterior. El tipo era un verdadero genio y cuando regresó no solo que consiguió un trabajo estable en uno de las mejores empresas del país, sino que también conoció a Carolina y se enamoraron.

Él quería casarse casi inmediatamente después de conocerla, lo tenía todo, una casa lujosa, un auto del año y mucho dinero para derrocharlo en una gran fiesta. Pero Carolina le había dicho que solo se casaría cuando termine sus estudios.

Aunque el tipo estaba profundamente enamorado de Carolina y la deseaba enormemente prefirió no tener relaciones sexuales antes casarse con ella. Carolina también estaba muy enamorada. Le había prometido que se mantendría pura para él, pero no había podido cumplir esa promesa. Llevaba casi ocho meses de abstinencia, desde aquella aventura con su vecino del departamento. Este día, Carolina no aguantaba más. Había llegado a esta fiesta, gracias a una amiga que le había contado, como seria esta reunión y ella aceptó sin dudarlo, con la única intención de saciar su libido incontrolable.

Carolina necesitaba conocer a alguien, necesitaba satisfacerse, necesitaba el placer, no importaba donde, no importaba con quien. Si no hallaba un improvisado amante que la saciara, iría en busca de otro y otro más de ser necesario, lo que no entendía era porque este muchacho, se tomaba tanto tiempo, demoraba en poseerla mientras su cuerpo se estremecía con cada roce de su piel.

Yo seguía mirando a los alrededores, algo obsesionado con la rigidez de mi miembro, sin duda había hecho efecto aquella pastilla de viagra. Era momento de probar el efecto completo. Introduje fuerte mi tronco en la ardiente y húmeda cueva de mi compañera. La abertura cedió sin dificultad, sus líquidos lubricaban por completo, mojaban mi falo facilitando el trabajo.

Carolina recibió la envestida con sorpresa, aun cuando lo deseaba, no lo esperaba, especialmente porque entre de un solo golpe, sin aviso. Inicialmente, creo yo, debió haber sentido algo de dolor, pues reaccionó incorporándose rápidamente sobre sus nalgas y abrazando fuertemente mi espalda.

Carolina mordía sus labios fuertemente, sus manos recorrían mi espalda arañando con mucha fuerza. Pegó fuertemente sus pechos a los míos, los grandes senos de Carolina lucían completamente aplastados y deformados por la fuerza del abrazo. Yo no dejaba de envestirla, cada vez con más fuerza, luego Carolina se relajó un poco, rodeo sus piernas a mis caderas.

Me hallaba en el paraíso, tomé con ambas manos las enormes nalgas de la mujer. Despegué los glúteos de la mesa, en donde había estado sentada. Recibí todo el peso de esta extraordinaria mujer sobre mí, procedí a levantarla, para luego dejarla caer por acción de la gravedad. Recién ahora veía los beneficios del tiempo que había gastado en el gimnasio, pude efectuar esta posición con gran destreza. Carolina no podía gritar, ahogaba sus gemidos, abriendo bien su boca y echando su cabeza para atrás como buscando el aire que le faltaba.

Carolina gemía con una cadencia de-sincronizada, parecía estar ahogándose. Me preocupó un poco, no quería que llegara a desmayarse, entonces bajé el ritmo pero de inmediato Carolina regresó su cabeza y me recriminó:

– No vayas a parar, sigue – con voz entrecortada – sigue dándome este placer, tan grande ¡Ahhh!

Cerró los ojos, mordió sus labios, al poco rato llegó un orgasmo largo, lleno de convulsiones que estremecían todo su cuerpo perfecto de mujer.

Yo no paraba, parecía una fiera hambrienta, deseaba dar más placer, no podía detenerme. Quizás era el viagra, quizás la situación tan excitante, lo que fuera, me tenía sin control.

Carolina parecía exhausta, quería descansar, pero yo tenía otro plan. La bajé delicadamente sobre el suelo, planté un beso apasionado, en sus labios. Antes que pudiera reaccionar la volteé, en cuatro sobre la alfombra, siempre había deseado esas nalgas grandes y bien distribuidas, siempre me quedaba mirando desde lejos ese culo, esperando el momento de poseerlo. Ahora lo tenía para mí solo, para mi deleite, en una posición espectacular. La oportunidad era única y no iba a dejarla pasar.

Carolina casi no podía mantenerse firme, en sus cuatro extremidades. Yo aprovechaba para manosear completo ese culo espectacular. Usaba ambas manos, recorría su piel húmeda y de vez en cuando introducía suavemente alguno de mis dedos en sus agujeros.

Luego, separé levemente sus piernas, sin aviso la penetré vaginalmente, ahora por atrás.

Carolina seguía en la gloria disfrutando de las envestidas, alejada completamente del mundo. Aproveché este descuido para lubricar mis dedos con saliva. Luego tomé un poco de los fluidos que se regaban por la vagina empalada.

Entonces lubriqué su agujero anal. Ella parecía no percatarse de esto o quizás realmente lo estaba esperando. Aproveche para introducir mi dedo pulgar en ese agujero, sin dificultar lo lubriqué y pude sentirlo ajustado.

Luego saque mi miembro, el cual goteaba líquidos, lo puse en la entrada del deseado ano. Parecía como si este agujero nunca había sido explorado o si lo fue no tenía la experiencia suficiente. Empujé suavemente, lo sentí tan apretado que quizás mi pene en otras circunstancias no habría entrado tan fácilmente, pero no ahora, tenía mi pene más duro que nunca y este pasó abriéndose camino.

Cuando Carolina tomó conciencia de lo que pasaba, era demasiado tarde, de nada sirvieron las suplicas y gritos para que no siguiera destrozando su agujero, ya estaba hecho. Había entrado por completo. Después de un rato, Carolina parecía resignada comenzó a frotarse su clítoris con ambas manos provocándose placer.

Yo empecé a envestir, primero suavemente, luego lo hice con más fuerza hasta que la hice gozar. Ella gemía y respiraba fuertemente. Cuando hubo suficiente dilatación, procedí a alternar mis movimientos entre vagina y ano.

Carolina alcanzó otro orgasmo aún más largo que los anteriores. Sentía que no podía más terminé llenando el dilatado agujero trasero con abundante leche. Cuando retiré mi pene, aun esparcía semen, de inmediato lo introduje en la vagina. La penetraba nuevamente, mientras el agujero anal empezaba a expulsar el líquido blanquecino.

Entonces di por terminada la faena chocando fuertemente la palma de mi mano contra una de las nalgas de Carolina. Ella se sintió aliviada, cayó en el suelo, recostada boca abajo con las piernas abiertas y sus brazos estirados.

La chica permaneció inmóvil en el suelo por un buen tiempo mientras, yo me tomaba un respiro. Entonces y por primera vez, se acercó un tipo completamente desnudo mostrando orgulloso su tranca algo decaída “¿puedo?” me preguntó, señalando con su dedo el cuerpo inconsciente de Carolina.

El venía con la firme intención de que la chica mamase su pene semi-flácido, había estado observándonos hace rato y esperaba una oportunidad. No me importó, lo dejé acercarse. Pero cuando ella notó su presencia, lo rechazó diciendo que había tenido suficiente por ese día. El chico se alejó sin decir nada.

Yo estaba de pie, frente a la mujer, sudando por todos mis poros pero con mi pene aun duro como una roca. Quizás para mí no había sido suficiente, quería más y me disponía a buscar otro buen sexo ya que Carolina estaba cansada.

– Así que ya tuviste suficiente, – Dije mientras me masturbaba, mirando alrededor, no obtuve respuesta, me dispuse a moverme a otro lugar

– Espera –aclaró Carolina recuperándose – de ti no he tenido suficiente, te quiero solo para mí, acércame ese delicioso pene quiero comérmelo otra vez

Lo hice y ella comenzó a devorarlo otra vez, no con tanta fuerza como antes, pero igual me gustaba mucho. Lo disfruté tanto que a los pocos minutos parecía estar a punto de terminar otra vez en su boca, me contuve. Carolina se preocupó un poco, pensó que algo estaba mal.

– ¿Quieres eyacular otra vez? me encantó sentir tu semen en mi boca, en mi cuerpo ¿te digo algo? Llegaste a satisfacerme… no esperaba que puedas hacerlo… soy un poco… insaciable, no se lo digas a nadie pero a veces pienso que puede ser malo

– Jamás me lo hubiera imaginado, lo que si sé, es que siempre te he deseado. Desde el primer día que te vi en el salón de clases pero siempre me pareciste una chica inalcanzable para mí. Me encantaría repetir esto, muchas veces más, si es que puede claro

– ¿Lo dices en serio? – Carolina parecía feliz – entonces no me arrepiento de haber venido. Lo disfruté mucho, lamento no haberlo hecho antes, pero tú sabes que tengo novio. La verdad es un poco difícil que nos volvamos a ver, tu sabes cómo son las cosas, además aunque quiero, ya es hora de salir, mi novio me viene a buscar y es muy celoso, imagínate si me ve en una situación como esta

– Claro, entiendo – respondí muy serio, aunque no entendía su manía de hablarme de su novio

– No te pongas celoso, él nunca me ha tocado. Si lo hubiera hecho quizás jamás habría venido, tal vez… podemos hacer algo. Te puede parecer loco lo que te voy a decir pero quisiera que seas mi amante. También quisiera repetir esto muchas veces más, ahora no sé cómo, pero no te preocupes… algo se me ocurrirá yo te aviso, ahora me tengo que ir

Rápidamente se incorporó y entró al lugar por donde había salido. Unos cubículos parecidos a unos camerinos. Trajo consigo una maleta pequeña y se vistió frente a mí. Mientras lo hacía, daba más escusas para no quedarse y ofrecía repetir el encuentro.

Yo moría de ganas por seguir con ella, pero esta se colocó rápidamente la blusa y una mini falda negra, tentadora que no dio tiempo a nada. Buscó por todas partes su ropa interior hasta que encontró su tanguita. Me miró fijamente al rostro, lo pensó por un momento, finalmente desistió de ponérselo, se acercó y colocó la prenda en mi mano en señal de agradecimiento.

– Es para que me recuerdes, cuando no esté contigo – entonces tomó con la otra mano mi pene, para su sorpresa seguía erecto, se acercó y le dio un gran beso en el glande – Mejor guárdalo ya, no quiero que estas putas gocen de este palo, lo quiero solo para mí.

– Claro – le dije

Se dio la vuelta y caminó hacia la entrada contorneando todas sus curvas sin vergüenza alguna. En la puerta se encontró con el chico que me recibió, luego me enteraría que era el novio de Sabina. Este no había participado en la fiesta, estaba sentado, solo, en los últimos asientos del salón, había sacado su pene y parecía estar masturbándose. Disfrutaba de lo que observaba, supongo, pero sin ser parte. Miraba especialmente lo que hacía su novia parecía divertirse de esa manera.

Carolina cruzó unas palabras con el tipo, este miro el reloj y luego negó con la cabeza. Entonces dio vuelta, me miró con una sonrisa. Entendí enseguida, fui tras ella prácticamente corriendo, ella bajó unos escalones de regreso. Cuando nos encontramos le planté un beso apasionado.

– Tengo unos minutos – Dijo Carolina – si quieres podrías hacerme feliz por última vez en este día

Carolina no esperó mi respuesta, me dio las espaldas, levantó su falda y colocó sus manos sobre una de las butacas. Como era obvio, no llevaba nada por debajo, levantó su gran trasero y lo movía frente a mí. Con una de sus manos comenzó a frotarse el clítoris por delante. Me incliné un poco, empecé a lamer todo el redondo trasero haciendo círculos hasta llegar al ano, estaba algo desgarrado y adolorido.

Carolina sentía cierta molestia cada vez que mi lengua pasaba sobre agujero, pero no me importaba pensaba, solo en el placer. Yo recorría desde su vagina hasta el agujero trasero. Podía continuar degustando ese delicioso sabor, pero sabía que mi amiga tenía prisa, me incorporé y de nuevo inserté mi miembro, primero por su agujero mayor.

Carolina se estremeció yo continué envistiendo con fuerza, entonces me incliné un poco y rodee con mis manos a la mujer buscando adelante. Noté que ella mismo había desabotonado su blusa y sacó sus senos al aire. << Nada más excitante que penetrar a una mujer por detrás y agarrar sus grandes senos por delante >> pensé.

Carolina era muy sensible en sus pezones y cada vez que rozaba mis manos contra ellos gemía de placer. De vez en cuando los pellizcaba, esto le encantaba ella respondía moviendo con más fuerza su trasero. Jugamos así, hasta que pareció desmayarse. Cayó sobre la butaca con las manos caídas, no dejaba de quejarse, de moverse como una loca atacada por esos espasmos incontenibles, que no la dejaban hablar, solo gemir, solo abrir más su boca.

Esta vez, no iba a tener compasión de ella, esta vez no. Saqué mi pene rápidamente y de inmediato lo inserté en el hueco más próximo, entonces Carolina dejó escapar un grito, seguido de otros con más fuerza aun.

– Adelante, dame más, mételo todo, no quiero que lo saques, esto es delicioso, adelante estoy casi muerta de placer, sigue, sigue, si, siiiiiiiiiiiiiii – Gritó hasta no poder más. Explotó con innumerables espasmos, pero no se detenía parecía insaciable. Yo también gemía, estaba a punto de terminar.

– Termina en mi boca – Gritó Carolina – por favor. Nunca me cansaré de tu ardiente semen

Así lo hice, saque mi verga de su culo para llevarla a su boca. Apenas rocé mi falo en sus labios exploté otra vez, algo que parecía imposible. Carolina recibió mi leche pero apenas pudo contenerla, parte se regó en la blusa y las grandes tetas. Una vez tragó el líquido en su boca, tomó mi pene con una mano y se lo restregó en la cara, cuello, tetas. Finalmente, se lo llevó hasta su vagina, jugó con él, frotándose en su clítoris entretenida, como si fuera una despedida.

Carolina se divirtió, hasta que los residuos de semen, se habían secado sobre su piel. Yo caí rendido sobre una butaca cercana, mientras miraba como Carolina, algo angustiada, acomodaba sus ropas, mirando algunas veces el reloj.

– Esta vez sí me voy mi amor – limpió como pudo la blusa ya abotonada, bajó su falda y salió apresurada, limpiando algo de semen reseco en su rostro

Capítulo 3: Histeria colectiva

El muchacho de la puerta esta vez no habló, se limitó a abrir la puerta, parecía que la había tenido lista. Carolina pasó como un rayo por la puerta semi abierta, el muchacho curioso, se quedó mirando a la mujer con la puerta entreabierta, yo hice lo propio.

Mientras Carolina se alejaba pode ver, por la pequeña abertura, como sacaba unos chicles de su bolso y se los echaba a la boca. Intentaba seguramente, disimular su aliento a sexo masculino y semen.

Caminó unos pasos, bajando el ritmo con el que había salido, casi de inmediato apareció el imbécil de su novio. Un tipo delgado, de bigote, siempre estaba vestido de corbata y traje, se notaba que tenía dinero y buen gusto.

Lo que él no sabía, es el tipo de hembra tenía a su lado, yo no entendía cómo podía ser tan estúpido y no darse cuenta lo que su novia había estado haciendo. Estaba muerto de rabia, me acerqué a la puerta y me quedé mirando apenas escondido. Carolina besó rápidamente la boca de su novio, lo tomó de la mano y casi lo jaló en la dirección opuesta, se alejó rápidamente, como tratando de escapar.

Tenía ganas de salir corriendo tras la mujer, arrebatarla de las manos de ese tipo. Contarle todo lo que su novia había estado haciendo y el tipo de hombre que ella necesitaba. Estuve a punto de hacerlo, pero algo incomprensible me detuvo, una de las pocas veces que me detuvo a pensar. Esta experiencia parecía haberme cambiado, sentía algo por esa chica, tenía ganas de estar con ella, traté de consolarme con sus palabras, sus promesas, pero no funcionaba, lo único que pensaba es que para ella esto solo fue una aventura y bueno que más podría ser.

Con todo el enojo encima, me acerque a una de las ventanas y removí despacio las cortinas, buscando con la mirada a Carolina. No la encontré, pero si algo que me llamó la atención. En las afueras, de pie como esperando a alguien, una de mis compañera de salón, Carmina.

Juan conoció a Carmina, este último año de estudio. Los dos años anteriores había pertenecido al grupo de Fernanda, lo cual provocó más de un momento tenso, cuando apareció en nuestro salón de clases. Algunas de las chicas la consideraban una espía del otro grupo. Fue realmente complicado, tratar de acercarse y establecer una amistad con ella.

Con el tiempo, todos descubrimos que Carmina no tenía ninguna intención poco fiable. En realidad, es una chica tierna, muy linda persona, fácil de tratar. Cuando desaparecieron las reservas que le teníamos, se incorporó fácilmente al grupo y nos hicimos buenos amigos.

Físicamente también es una mujer muy atractiva. Mide alrededor de un metro setenta, piel blanca, facciones delicadas, un cuerpo más bien delgado, con una cadera amplia y cintura apretada.

Lo que realmente llamaba la atención, era su pequeño pero bien formado trasero. Siempre usaba pantalones muy ajustados, que dejaban ver esas hermosas nalgas bien entalladas. Sus senos de tamaño mediano, casi siempre los tenía muy ocultos, pero se veían deseables.

A mí siempre me gustó esta chica, pero nunca me atreví a acercarse, pues mi amigo Leo desde siempre estuvo enamorado de ella, la seguía por todas partes. La rabia que traía encima, no me dejaba discernir lo bueno de lo malo. Mi mente funcionaba a mil por hora, especialmente cuando maquinaba alguna maldad. En pocos segundos concebí, un astuto plan para traer a Carmina a donde estaba. Caminé rápidamente, fui donde estaba el novio de Sabina, le pregunté en tono amigable:

– ¿Cómo van las cosas por aquí?

– Bien –respondió – pero parece que están necesitando ayuda los muchachos, estas mujeres son insaciables, están acabando con todos, son pocos los que aun aguantan

– ¿Y porque no les ayudas? – Pregunté – tú podrías disfrutar de alguna de estas zorras

– Ja ja ja – sonrió – Si, pero mi novia me pidió que no interviniera, a ella no le gusta que tenga sexo con putas, como ella les llama – interesante concepto, me pareció, sobre todo porque su novia, era una de ellas – Sabina prefiere que la observe mientras ella goza con otros, ella me ofreció más tarde una sorpresa que no olvidaría nunca

– Entiendo, pero no te da ni un poquito de ganas de cogerte alguna

– Claro hombre, no soy de piedra, he pasado masturbándome desde que empezó, ya he terminado como tres veces y aún estoy muy excitado – reía a carcajadas

– Hagamos algo –solté en tono misterioso- ¿Qué te parece si resuelvo tu problema? Escucha… Sabina te dijo que no tuvieras sexo con las perras de esta sala y lo has cumplido, pero mira, mira fuera – El muchacho observó por la ventana y dijo sorprendido

– ¡Carmina!

– Así es

– Pero… a ella no le gustan estas cosas, incluso dicen que es virgen

– ¿Por qué no lo averiguamos? aquí esta Leo, son muy amigos y también es tu amiga ¿no? Yo hablo con Leo, seguro va a estar de acuerdo ¿Qué te parece si salen los dos y la invitan a pasar?

– Podemos intentarlo, ahora lo llamo

De inmediato, bajé las gradas a donde estaba Leo, le dije que había algo importante que teníamos que charlar, no lo dudó ni un momento y me siguió a donde estaba el novio de Sabina.

Leo y Juan somos amigos desde el inicio de nuestros estudios en la facultad. Leo es un tipo genial, le gusta relacionarse con todo el mundo, él fue una de las grandes ayudas que Juan tuvo en su campaña electoral. Como se le hacía más fácil relacionarse con las personas fue el encargado de establecer los nuevos contactos.

Cuando Juan tuvo las discrepancias con Mario, él siempre se mantuvo neutra y cuando termine alejándose. Él fue el único de su equipo, que se quedó trabajando con Mario, fue casi una traición pero con el tiempo lo perdonó, porque sabía lo importante que era para él ese trabajo.

– Vamos a hacer lo siguiente. Los dos se van a vestir y van a salir a buscar a Carmina que está afuera. Tienen que ser rápidos y muy convincentes, tienen que persuadirla de entrar. Tienen que hacerle creer que la necesitamos aquí. Si se niega, oblíguenla, usen la fuerza si es necesario, para eso van los dos. Muy importante, antes de entrar deben vendar los ojos de Carmina. Las mujeres se excitan con las sorpresas. Pero no se apresuren, fuera de aquí, no intenten propasarse, sean muy respetuosos. Parece que espera a alguien, antes de nada pregunten eso, para saber de cuánto tiempo disponen, de ser posible tráiganla por las buenas, eso sí, como fue mi idea yo me la tiro primero ¿Que opinan?

– Excelente idea – Dijo el novio de Sabina

– Yo voy con mucho gusto – respondió Leo

Enseguida Leo y su amigo fueron a buscar sus ropas para vestirse. Al poco rato ambos salieron del salón a cumplir su misión, mientras yo los seguía con la mirada desde la ventana. En ese momento mi pene parecía estar recobrando la normalidad, bastante flácido y relajado. Decidí dar una vuelta por el lugar, sabía que los muchachos, podrían demorar un buen rato hasta convencerla.

La mayoría de hombres estaban rendidos. O bien acostados en el suelo, o sentados en alguna butaca. Los pocos que aún quedaban de pie. Se repartían entre Mabel y Sabina. Ambas parecían unas lobas insaciables, exprimiendo los penes con sus bocas o con alguno de sus huecos.

Sabina lucía su cuerpo todo lleno de semen, no había lugar sin residuos, su ano, senos, rostro manos, chorreaban el inconfundible líquido blanco. En algunos lugares empezaba a secarse. Me preguntaba cuántos hombres habrían terminado sobre ella para lograr este efecto.

Cuando pasé cerca de Sabina, ella me miró con ganas, me guiñó uno de sus ojos. Parecía querer más, no le importaba la enorme tranca que tenía clavada en su boca.

El resto de chicas debido a la falta de hombres, habían comenzado a darse placer entre ellas. Encontré a Olivia haciendo un sesenta y nueve perfecto con otra mujer. Cuando se percató de mi presencia, trató llamar mi atención desde su posición.

– Hola Juan, no te había visto por aquí ¿Te gustaría participar? ¿Te gustaría llenar mi culito? como la vez pasada ¿recuerdas? Hmmm… Mi huequito está hambriento ¿Te atreves? – recordé la fascinación de esta mujer por el sexo anal y mi corta historia con ella. Con solo dar un vistazo, pude percatarme de sus desesperados intentos por saciar su libido, ambas mujeres no solo saboreaban sus sexos, sino también introducían sus dedos, penetrando sus orificios traseros de una manera casi salvaje tratando de provocarse placer

– ¿Por qué no? – Respondí – tengo buenos recuerdos de tu delicioso culo – Y realmente me sentía tentado a probarlo otra vez

– Aquí está, lindo – soltó Olivia con un suspiro, mientras levantaba sus hermosas nalgas y separaba sus glúteos – tu segunda oportunidad… aprovéchala

– Está bien, pero empieza mamando mi pene, si lo haces bien, te premiaré.

Al oír eso, La otra mujer, la cual estaba debajo de Olivia, regresó la mirada con una cara de fastidio. Estaba recibiendo una buena dosis de sexo oral, antes de ser interrumpida, le estaba quitando el caramelo de su boca y no tenía intenciones de quedarse sin placer, se deslizo con delicadeza pero firme, se incorporó y finalmente se retiró, seguramente buscando placer en otro lado, no volví a encontrármela en toda la noche, o quizás no le presente la suficiente atención, no recuerdo siquiera su rostro.

Observé mi verga, erecta, no tan fuerte como antes, pero suficiente para hacer gozar a esta perra, la boca de Olivia estaba haciendo bien su trabajo. Yo el momento, para colocar las piernas de Olivia sobre mis hombros. Olivia esbozó una sonrisa cómplice, introduje mi miembro en su vagina, sin ninguna dificultad y objeción de su parte.

Hace casi dos años Juan aún era un desconocido en su facultad, pero pudo familiarizarse con algunas chicas, las cuales eran bastante amables, una de ellas Olivia. Le parecía una mujer, muy atractiva, pero ocupada, enamorada hasta los huesos, de quien decía era el amor de su vida, el único novio que había tenido desde el colegio.

A Juan le parecía hasta absurdo y ridículo la forma como ese par expresaba su amor. Luego de unos meses, encontró a Olivia hecha un mar de llanto, pues su novio había conseguido un trabajo en España y partiría próximamente.

Juan tuvo que aceptar que quizás nunca tendría nada con esta mujer pues ella, aun con su novio lejos, lo recordaba y hablaba de él en cada instante. Juan tuvo que conformarse con la amabilidad de su amiga, pero nunca esperar más.

Hasta que un buen día, en una fiesta de la universidad después de haber consumido mucho alcohol, ella termino buscándolo y reprochándole porque jamás intento nada. Finalmente terminaron teniendo una infortunada aventura en los mismos pasillos de la facultad, donde ambos desfogaron todo su deseo y placer.

Para sorpresa de Juan, Olivia seguía siendo lo que ella misma solía llamar, una virgen fiel, con necesidades. Según su propio criterio guardaba su virginidad para su novio, para cuando el regresase, pero mientras tanto, se satisfacía con otros amantes quienes le brindasen, cualquier tipo de satisfacción, siempre y cuando este no incluya sexo vaginal.

Mi verga se deslizó fácilmente con lubricación y dilatación que tenía. Me sentía holgado, llegue a pensar que en ese agujero, fácilmente cabria una mano completa, lo cual me resulto bastante sorpresivo. Esta es la segunda vez que poseía a Olivia, pero la primera vaginalmente, nunca la había visto tan excitada como ahora, aparte rápidamente de mi cabeza la imagen virginal que tenia de la mujer.

Sin duda esta mujer, su sexo tenía mucha más experiencia de la yo hubiera esperado. Vino a mi recuerdos de como la conocí y realmente no reconocía a la mujer frente a mí. En el pasado después de una decepción amorosa llegue a pensar, que había cambiado su preferencia sexual, pues siempre la veía rodeada de hermosas mujeres, hasta aquella una noche, cuando llegue a tener una improvisada aventura con ella, en los pasillos de la universidad.

Debo reconocer, que la mujer además el grado de dilatación que tenía, también lubricaba extraordinariamente. Entonces, me pareció un buen momento recordar viejos tiempos, coloqué mi glande, en la entrada anal de Olivia. Eso era lo que me interesaba, introduje suavemente, el agujero estaba bastante apretado, parecía una tarea complicada. Esta era la segunda vez, que intentaban penetrarla analmente, pero parecía la primera. Me imagine que le iba a doler pero no puso objeción, estaba tan excitada, no le importó.

Metía y sacaba muy despacio, así le gustaba, no fuerte pues decía que le lastimaba. Olivia no es una chica de gritos fuertes, es más bien recatada y prefiere ahogar sus gemidos mordiendo sus los labios. Eso me indicaba que lo estaba disfrutando.

Pase un buen rato embelesado pero manteniendo el ritmo de embestidas. Me di cuenta que Olivia se estremecía por un fuerte orgasmo. Ella agarraba sus pechos pequeños pero firmes, con ambas manos, los estrujaba y jalaba con gran fuerza. Aproveche el momento para masajear la pelvis de Olivia, sobre su clítoris, lo cual incrementaba el orgasmo de la mujer. Ella no dejaba de quejarse, retorciéndose, disfrutando de esa cualidad tan deslumbrante que tiene las mujeres, una vez que han llegado a su orgasmo, pueden continuar y continuar disfrutándolo.

Yo no quería parar, no tenía por qué hacerlo, seguía abriéndome paso en el perforado trasero de Olivia. Seguramente hubiera continuado por un buen rato, de no haber sido porque en ese preciso momento se abrió la puerta con un fuerte golpe.

El ruido sorprendió a todos en el salón, se hizo el silencio, era Carmina, según mis instrucciones entraba vendada los ojos. De cada lado mis dos amigos, sujetándola del brazo. Entraron lentamente, haciendo la señal para que no se haga ruido, todos quedaron sorprendidos sin entender, mientras Carmina decía algo que nadie alcanzaba a escuchar.

Los tres bajaron escalón por escalón con mucha delicadeza, la pusieron al frente de todos. Carmina no sabía lo que estaba pasando o quien estaba frente a ella. Sonreí para mis adentros, era tiempo de comenzar la fiesta, mi propia fiesta. Dejé a Olivia, no sin antes pedirles que me ayudara, era algo especial que quería hacer. Ella acepto gustosa, se incorporó y me siguió hacia donde estaba Carmina ese momento.

Capítulo 4: Acoso

Carmina en una mujer muy linda, muy inteligente. No es precisamente un genio, pero siempre se ha destacado por sus buenas calificaciones. Su cuerpo delgado, cabello largo y ondulado, contrastaban con su blanca, ligeramente bronceada piel. Desde mi posición, su tez, se advertía algo gris debido a la iluminación del lugar. Los que la conocían, a esta hermosa mujer, decían que era exageradamente delgada.

A mí en cambio, siempre me pareció la mujer perfecta, una excelente figura que a mí, me encantaba. Carmina es alta, no demasiado, unos senos que aparentan ser grandes y firmes. Pero lo mejor de todo, era su redondo, respingado trasero. En la universidad, todos los hombres, la reconocen por esa peculiar zona de su cuerpo.

Su fisonomía completa, no es demasiado exuberante. Por ejemplo, el pequeño culito de Carmina estaría en desventaja, si se compara con el de Carolina. Su cuerpo tampoco es rebosante de curvas pero en lo que si se destaca, a diferencia del resto, tiene un trasero bastante levantado y redondeado. Unas nalgas perfectamente despuntadas, gracias a su estrecha cintura. Para ser franco, Carmina tiene un trasero bastante especial, pequeño, pero muy bien formado, redondo, de glúteos amplios y perfectamente separados, como dije antes, exquisitamente bien parado. Ella es la envidia de las chicas.

Carmina es la digna sucesora del mejor culo en la universidad. Todo esto según un secreto ranking, que manejamos todos los hombres de la facultad. Nosotros calificamos las mejores nalgas imparcialmente, sin dejarnos llevar por tamaño o gustos personales. Carmina encabezaba la lista, puesto que la última ganadora había egresado ya de la universidad hace más de un año.

Carmina tiene novio y muchos pretendientes, yo me incluía entre ellos, pero según se dice por ahí, ninguno ha logrado nada serio con ella. Los rumores llegaban hasta el punto de afirmar, que es virgen. Era conocida por haber dejado a unos cuantos, con los calzones abajo y sin ningún resultado concreto. Quizás por eso no me he atrevido a conquistarla directamente, y también por mi novia, ella no estaría muy contenta con acción tan desleal.

Carmina estaba en medio de salón, todos los asistentes empezaban a acercarse discretamente. Se la notaba ciertamente asustada, podía percibir algo extraño en el ambiente, quizás un olor no conocido por ella, un olor a sexo. Todos en la sala se habían acostumbrado a él, pero seguramente Carmina podía diferenciarlo claramente, pero no asociarlo.

En cuanto me puse frente a ella, supe que debía hacerme cargo de la situación, antes que otro se me adelantara. Me dirigí a todos a mí alrededor, parecían un grupo de zombis a punto de lanzarse a comerla:

– Bueno –dije aclarando la voz- ahora yo, traje una pequeña sorpresa, espero les guste tanto como a mí. Hago esto para agradecerles a todos, por haberme invitado a esta grandiosa fiesta. Creo que todos conocen a Carmina, nuestra compañera, muy linda y seguramente todos la desean, tanto como yo. Quisiera que ella formara parte de este grandioso grupo de amigos, quisiera que todos pasemos un buen momento con ella ¿Qué les parece?

Todos sin excepción, asintieron, murmuraron contentos y aplaudieron mis palabras, les encantó la idea. Lo que no sabían era como debían comenzar. Entonces tomé nuevamente las riendas de la situación. Mientras tanto, Carmina se revolvía nerviosa sin saber que pasaba.

– Que les parece si comenzamos, con las mujeres que se encuentran aquí, porque no le dan una gran, gran bienvenida a nuestra amiga.

Entonces sí que entendieron, de inmediato todas las chicas presentes dejaron lo que estaba haciendo. Comenzaron por acercarse una a una, juntándose tanto como podían. La única que no parecía compartir mi idea, era a Mayra. Ella había estado jugando con dos penes que tenía incrustados en su parte trasera. Seguramente estaba gozar, y no tenía intención de dejarlo. Cambio de opinión cuando las demás mujeres la llamaron, perezosamente, se levantó, dejando a los dos chicos agotados, se acercó lentamente.

La primera en llegar fue Olivia, puesto que siempre estuvo a mi lado. Tímidamente llegó con su sonrisa habitual e inocente, Fernanda. Ella se puso junto a las otras chicas, se acomodaron haciendo una circunferencia en el orden siguiente: primero Fernanda, Olivia luego Mayra, Mabel, Ariana las dos gemelas y cerrando el círculo junto a Carmina al otro extremo Sabina.

Sabina continuaba con su cuerpo bañado en líquido seminal, pocas zonas de su figura tenia residuos secos. Todo indicaba refrescaba frecuentemente su loción humectarte, especialmente en su rostro, el cual lucía completamente lleno, de semen fresco.

Las chicas comenzaron por quitarle la venda de los ojos. Carmina después de recobrar la vista, se dio cuenta, de quien estaba a su alrededor. Sus ojos se abrieron como platos cuando descubrió el estado en el que se encontraban. Carmina era la única que llevaba ropa encima, las demás mujeres, no tenían nada que las cubría, aun así parecían, no preocuparse por ello.

Sin duda era una vista enloquecedora, Carmina no entendía que pasaba en ese lugar. Sus compañeras de clase desnudas, con sus cuerpos sudorosos. Un olor fuerte que inundaba por completo el salón, y que además parecía, impregnado en la piel de todas las mujeres a su alrededor.

Para todos los presentes, la situación era por demás excitante, excepto para Carmina. Ella no sabía cómo actuar ¿que debía hacer o decir? Los hombres en cambio sentados desde las butacas tomaban sus penes y comenzaban a masturbarse. << “¡Por Dios! ¿Qué tipo de perversión era esta? Esta gente estaba loca” >> pensó.

Carmina tenía su rostro desencajado, como si algo malo le fuera a pasar. Intentaba alejarse, retirarse, pero estaba rodeada por las chicas, ellas no la dejaban pasar. Tras ella, la mesa de autoridades, evitaba un posible escape. Carmina no tenía a donde huir.

Todas las chicas, excepto Mabel se acercaron a Carmina, moviéndose lentamente y rozando sus cuerpos desnudos entre sí. Mabel fue la única rezagada, al final decidió quedarse en su lugar, sin moverse. Ella parecía no interesarse, en lo que estaba a punto de pasar. Fernanda tomó la iniciativa, habló con ternura, dirigiéndose a Carmina:

– Ten calma linda, no te va a pasar nada malo, al contrario, eres muy afortunada, te hemos invitado para que disfrutes un poco de nuestra fiesta. Míranos… aquí todas estamos muy felices. Esto… lo mejor que se nos ha ocurrido hacer y por supuesto es la mejor despedida que podríamos dar. Calma Carmina, vas a ver que te gustará

Carmina parecía no entender nada, se replegó en un rincón agachando la cabeza cohibida, aparecieron algunas lágrimas temiendo lo peor.

Yo quería ver más de cerca la escena y de paso, enterarme que pasaba con Mabel. Ella se quedó inmóvil, unos pasos atrás, parecía estar concentrada, pensado en algo, distraída. Me acerque despacio, me encontraba a más de dos o tres pasos de su posición, entonces pude deleitarse de una visión espectacular.

La silueta de Mabel, una mujer alta, esbelta, de piel blanca bronceada. No tenía ninguna marca o señal, como aquellas que quedan cuando usan un bikini. Lo más impresionante, en todo su cuerpo no había ni una señal de imperfecciones, ni siquiera de aquellas que consigues cuando eres niño.

Al parecer se cuidaba mucho, su piel se apreciaba tersa y suave. Su cabello completamente rubio caía sobre sus hombros y espalda, dándole una postura aún más sensual. Mabel tiene una cintura delgada y manejable.

Su única imperfección, por así decirlo, era su trasero, una mala jugada del destino. Es grande, sin duda, pero con facciones no tan curvilíneas. Líneas más bien toscas, y menos estéticas que sus compañeras. Y sin embargo, esta característica, no la hacía menos popular, al contrario, tenía la fama de ser una amante única y sin pudores. Y por esa razón, me sorprendió que no participe en el juego, como lo hacían sus compañeras.

Me coloqué frente a ella, la abracé, puse mis manos sobre sus nalgas, las acaricié cariñosamente y le expuse mi inquietud.

– ¿Qué pasa? – Pregunté- No te gustó mi sorpresa – Giró suavemente recostando ligeramente su cuerpo en el mío

– No es eso, es solo que… no me gusta mucho esos jueguitos, prefiero más bien algo rápido, duro y fuerte. Me encanta ser poseída con fuerza y no estás travesuras de niñas. Me excita el sexo, si hay un hombre dentro de mí, eso me hace gozar

– Vaya, que me dices de toda tu fama, pensé que disfrutabas de tu bisexualidad, ¿Es mentira acaso esa fama?

– A sí, eso – Sonrió sorprendida – no es mentira, me ha costado mucho conseguirla. He fornicado muchos con hombres y mujeres a la vez, he participado en tantas orgías que no tengo memoria. Me encanta el sexo, sobre todo con mucho alcohol, debo confesarte, gracias a eso he llegado acostarme casi con cualquiera. Cuando tomo unas copas comienzo a sentir un calor por dentro, insoportable, y siento la necesidad de tener sexo. Llego a desnudarme poco a poco, a bailar como una loca, eso provoca efectos en los que están a mí alrededor. Yo dejo que me toquen hasta calentarme mucho. Algunas veces, en conciertos, con amigos, con alcohol y buena música. He terminado tan ebria, que ni siquiera recuerdo a que hice o donde he ido. Despierto junto a hombres y mujeres, que no conozco, a mi lado, pegados junto a mí. En esos estados de excitación y ebriedad no me fijó en hombres o mujeres, el sabor del sexo es el mismo y me complace igual

– Vaya – Dije sorprendido – nunca me imaginé que tu vida fuera así, me hubiera gustado compartir más contigo o salir a tomar unas copas – reí.

– Claro cariño, aun estas a tiempo, no se ha dado antes las circunstancias, tú no has compaginado mucho con mi grupo de amigos, pero si lo hubieras hecho te aseguro que ya me hubieras conocido mejor. Además acabo de ver como poseías a esas perras – Mabel estiró su mano y tomó mi pene, lo acarició – parece que todavía aguanta, me gustaría sentirlo dentro

– Por supuesto, tú me excitas mucho, me encantaría poseerte, ahora que no estás tan ocupada

– A mí también, me gustaría mucho me encanta un pene así de duro – Mabel comenzó a masturbar fuertemente mi tranca mientras yo acariciaba sus nalgas hurgando entre sus agujeros

– Ya veremos, pero ahora, deseo poseer a Carmina, dicen que es virgen y ya sabes cómo son las vírgenes

– Si ya sé, pero no me iras a dejar con esta excitación, tócame más estoy mojada, solo ver esa erección me ha excitado

– Espérame un momento.

Me acerque a Carmina, ella forcejeaba con el resto de chicas, ellas intentaban desnudarla. Carmina lloraba, gemía, intentaba sostener parte de la ropa, la cual era arrancada por las mujeres. Entonces di una señal, a los dos únicos hombres cerca, para que ayudaran a sostenerla. Ellos sujetaron los brazos de Carmina, mientras las chicas sostenían las piernas.

Las mujeres completamente fuera de control, separaban las piernas de Carmina mientras la recostaban sobre la mesa grande. Cuando apartaban las ropas de la mujer, pude discernir entre sus piernas, los primeros indicios de vello púbico. Leo colocaba algo en la boca de Carmina, para evitar que gritara demasiado. La mirada de Carmina, era de un animal aterrado, sabía lo que se venía y tenía mucho miedo.

Carmina nunca esperó perder su virginidad, con un grupo de sus compañeros de clases. Empecé mi tarea, primero masajeando aquellos deliciosos senos, blancos y firmes. Pude comprobar que estos jugosos senos eran más grandes, de lo que se podía aprecia cuando llevaba topa encima. Tomé una teta con cada mano, jugué con ellas, apretándolas, pellizcando sus pezones, lamiendo, chupando.

Si los rumores eran ciertos, si en realidad era una virgen, entonces era el primer hombre en sentir estas ricas tetas. Una delicia, poco a poco iba bajando hacia su pelvis, retiré sin mucho esfuerzo, lo que quedaba de su tanguita celeste. Dejé descubierto un sexo velludo, no muy grande, a la medida. Con vellos lacios, desordenados, abultados, unos vellos castaños, que dejaban ver tímidamente unos labios rozados que comenzaban a florecer.

Me detuve a pensar un momento, esta hermosura iba a conocer placeres nuevos. De hoy en adelante, nada sería igual, su sexo conocerá el placer, su sexo disfrutará de una experiencia carnal y luego esperara el próximo encuentro. Su vagina abierta, también dará apertura a nuevas ansias. Esos hermosos labios menores, pronto serán capaces de recibir tantos amantes como quiera, todo el placer y disfrute que le depare su futuro. Algún día, me agradecerá a mí por este momento, me recordará como su primer amante.

Comencé acercar mis labios a su pelvis, lentamente. Carmina movía su cadera como podía, gemía como un animal moribundo. Luego pasé mi lengua sobre la maraña de vellos, bajando hasta mojar su sexo. Repetí varias veces el trabajo, sin detenerme. Sus labios mayores, comprimidos, ocultando una entrada por demás estrecha. Será difícil introducirme en ella, pero tenía que hacerlo, era la misión que había aceptado.

Tomé las piernas de la mujer, las separé. Carmina dejó de moverse al fin, solo esperó. Dos de las mujeres levantaron las piernas y las caderas, yo baje nuevamente. Posé mis labios en su sexo y saboree, esta vez me extendí más. Lamía, chupaba, desde su ano hasta su clítoris. Su ano, apenas un asterisco que empezaba a gozar, empezaba a dilatarse, un sabor especial impregnó mi boca.

Decidí que estaba lista para la penetración, me pare frente a ella. Sin darme cuenta Mabel se había acercado a mí por atrás. Ella me rodeó con sus brazos mientras con la mano derecha tomaba mi pene lo masturbaba ligeramente. Lo preparaba para semejante trabajo. En esa posición, me ubique frente a la pequeña abertura, de colocarla en el lugar correcto, se encargó Mabel. Luego me empujó desde atrás, con el ritmo que ella elegía.

Primero despacio, hasta que entrara la punta de mi pene. Como adivinando estar en el lugar correcto, rodee con mis manos la cintura de Carmina. Comencé a empujar, más fuerte, sentí como su piel erizaba, encontré un obstáculo debía ser su himen. Empujé hasta que me abrí paso, con un sonido acuoso. Ese delicioso agujero, ahora apretaba mi pene. Carmina desfallecía, se movía, tratando de evitar la penetración, pero era tarde, estaba empalada.

Al rato, Carmina dejó de moverse, sintiendo seguramente el dolor que causaba mi desfloración. Yo había sido amable hasta ese momento, pero una vez dentro de ella, era hora de acostumbrar su vagina al traqueteo para el que fue diseñada.

– Es hora de follar – dije – empieza el mete y saca, despacio, lento, muchas veces. Esto es lo que te espera, de ahora en adelante. Declaro libre a este agujero y lo entrego a disposición de cuanto amante desee entrar

Al ver mis acciones, las chicas festejaron como un triunfo de ellas. Lo hicieron besándose entre ellas, con su pareja de alado algunas de ellas tocándose las nalgas. Sabina abrazo a Ariana y le metió sus dedos en la vagina. Ariana aprovechó para lamer los restos de semen en el rostro de Sabina.

Yo me excité mucho con esa imagen de mujeres devorándose. Procedí a castigar con más fuerza a Carmina. Noté como su sexo, comenzaba a humedecerse, al fin empezaba a disfrutar. Pedí entonces que la desataran y la dejaran moverse libremente. Carmina no intento huir, sabía que no podría hacerlo, en lugar de eso se quedó acostada, resignada, sollozando sobre la mesa. Yo seguía bombeándola, cada vez con más fuerza, que delicia inimaginable un huequito así de ajustado, era difícil de aguantar y sentía que me iba a correr.

Mabel seguía en su puesto empujando, al mismo tiempo que yo, entonces sucedió lo inesperado. Carmina se incorporó, primero pensé que quería escapar, pero luego entendí que era víctima de un orgasmo, su primer orgasmo. La erizó, la azotó, la obligó a sentarse al filo de la mesa, justo frente a su violador. Me miró con furia incontenible, pero sin decir nada. Pegó su cabeza a su hombro mientras rodeaba sus brazos a su espalda. Sentí como ella mismo trataba de moverse, por sí sola, primero por efecto del orgasmo, luego por sí misma.

Se movía si ritmo, de una manera casi primitiva, pero insoportable para mi pobre verga que estaba a punto de explotar. De pronto Carmina me dice al oído – Mételo por atrás, por favor. << Mierda, que diablos estaba diciendo esta puta >> pensé, se supone que es una inocente virgen.

Mi pene no aguantaría mucho, me apresuré, lo saque del mojado agujero, levanté las piernas de Carmina, hacia mis hombros. Ella cayó otra vez sobre la mesa, yo encontré su agujero. Quise meter un dedo, pero me di cuenta que estaba bastante dilatado, entonces metí mi tranca en su huequito posterior. Para mi sorpresa este era mucho más holgado que el delantero.

En ese momento no quería hacer conclusiones aceleradas, ese delicioso ano era un placer penetrarlo. Comencé a bombearlo, calculo que por unos cinco minutos mientras ella se retorcía de placer sobre la mesa. Al principio pellizcaba ella mismo sus pezones rozado-oscuros. Luego Fernanda se percató de mis acciones, dejó lo que estaba haciendo, se acercó y besó frenéticamente, a Carmina, en la boca.

Las dos chicas se tocaban las tetas, alguien estaba lamiendo la concha de Fernanda por debajo de la mesa, no recuerdo quien era. Sin duda era una escena digna de una película porno y una muy buena. Mabel no quería quedarse sin su premio, me dijo al oído, – termina en mi boca por favor. Esta puta no merece que le llenes su ano de tu leche. Fingí no oír y seguí moviéndome sin parar, hasta que al cabo de 8 minutos más, estaba a punto de vaciar mi semen.

Estaba a punto de eyacular dentro del ano de Carmina, casi había lo había olvidado. Reaccioné sacando mi pene, Mabel se abalanzó sobre él, embutiendo en la boca y soportando una carga grande de mi leche. Ella me miró esbozando una sonrisa, mientras hacía esfuerzos por tragarse todo mi líquido.

Así quede cansado, absorto, agobiado por las contracciones de un orgasmo pleno, siendo devorado por una verdadera ventosa, la boca de Mabel. Me retiré un poco y luego tome asiento sobre uno de los sillones cercanos. Carmina siguió disfrutando, al principio las chicas lamieron todo su cuerpo mientras ella se retorcía en un orgasmo largo. Luego pude ver como el novio de Sabina tomó la iniciativa penetrando por delante a Carmina. A ella parecía ya no importarle nada, la excitación era mucha. Se confundía la escena, entre manos tetas penes una masa deforme de Gente desnuda.

Todos disfrutando o haciendo disfrutar a Carmina, en su iniciación. Vi luego a Leo, al fin entró en la mujer, su amor platónico. Lo hizo, por detrás, penetrando el orificio anal, Carmina en medio, el novio de Sabina por delante. Carmina gritaba desesperada. No estoy seguro ¿esto era dolor o satisfacción? ¿Esta era primera doble penetración que recibía o quizás no?

Las casi interminables escenas de sexo duraron cerca de 15 minutos. Uno a uno, los hombres iban penetrando a Carmina, respetando el turno, por cualquiera de sus orificios libres. Luego descargando grandes gotas de semen, que las demás chicas limpiaban rápidamente con sus lenguas. Yo estaba agotado completamente, solo miraba. Mis ojos cansados casi se cerraban

Capítulo 5: Amistad

Juan abrió sus ojos, asustado… << ¿me quedé dormido acaso? >> pensó. O Quizás seguía dormido, le era difícil discernir, sus ojos cansados concebían imágenes algo borrosas. Frotó sus ojos displicente, con lo que parecía sus puños. Algo extraño pues todo él se sentía adormecido. Bostezó sin control <> pensó

Estaba cerrando los ojos cuando << ¡Mierda! De donde salió tanta gente >> El podio de autoridades estaba lleno de personas que no había visto hasta ahora. La gente a su lado, parecían diferentes. << ¿A qué hora se vistieron? >>

Ahí estaba Carmina sentada al frente, escribiendo algo en una portátil, parecía una secretaria. Parpadeo varias veces, la imagen cambió.

Carmina ahora está montando a Daniel, mientas con sus manos acariciaba una verga grande, la más grande que he visto. Seguro me estaba quedando dormido de lo cansado que estaba pero, esta imagen es más real, no importaba lo falso que parecía aquel falo. Entonces Carmina tomó algo con su otra mano, lo chupa, debe ser un falo.

La imagen cambia otra vez, es un vaso con agua << ¿y otra vez esta vestida? ¿Cómo lo hizo? Mierda estoy desvariando >> pensó para sus adentros. Cerró nuevamente sus ojos, se concentró, debía despertar, debía volver al excitante lugar en el que estaba. Alguien habla por el micrófono, puede escucharlo perfectamente, pero es difícil entender al principio

– Amistad, amistad, es lo que nos ha traído hasta aquí

De pronto, mis sentidos son invadidos por deliciosas sensaciones, siento la deliciosa lengua de Mabel, una vez más, lamiendo mi flácido pene, regresan los gritos de Carmina y todo parece volver a la normalidad. A excepción de esa voz que parece dictar un discurso, no sé quién es, parece una grabación. ¡Dios estoy tan cansado! Sigue hablando de amistad. No importa, me concentraré en lo que estaba haciendo.

Vuelvo a disfrutar la fantástica orgia frente a mis ojos. Sobre la mesa, Carmina recibe a todos los amantes, en cualquier forma que ellos lo soliciten, no importa si son hombres o mujeres, muchos o pocos. Todos desean a Carmina.

El tiempo pasa y algunos minutos después, todos están cansados, todo parece a punto de acabar, los hombres se retiran. Entonces, se acercó Fernanda, se sentó a mi lado, agotada.

– Hola – nos dijo, refiriéndose a todos lo que estábamos en esa fila – ¿Agotados? – preguntó

– Claro que sí, no es para menos – Respondí

– ¿Crees que nuestra amistad, ha mejorado hoy? – preguntó muy segura de lo que decía, a mí me sorprendió escuchar esa palabra “amistad” por todas partes

– Si, si ha mejorado mucho me parece – respondí convencido

– Entonces, tengo que hacerte un reclamo – soltó un poco enojada Fernanda, la aseveración también sorprendió a Mabel, quien dejó de chupar mi verga

– ¿Y cuál es la queja? – pregunté, tratando de hallar una razón

– Me he enterado que eres un excelente amante – sonreí mi autoestima se fue al cielo – me lo ha dicho Olivia, y yo me pregunto ¿Por qué no me has follado aun?

– ¿Qué dices? –respondí algo sonrojado- creo que Olivia exagera, y bueno no hemos tenido la oportunidad, pareces muy ocupada

– No creo que exagere – habló otra vez parecía enojada – estuve lamiendo su concha, noté lo dilatada que estaba. Le pregunté quien había causado ese efecto, me respondió que fuiste tú – sonreí para mis adentros, su vagina estaba muy dilatada antes de yo entrar en ella, pero no tenía ganas de decirle eso a Fernanda

Yo no sabía que responder, mi pene realmente no soportaría otra cogida. Era alrededor de las 7 de la noche. Quizás nadie se había dado cuenta de la hora, pensé que esto estaría próximo a terminar.

Traté de cambiar el tema de conversación, preguntándole por la hora en que tendríamos que salir de este lugar.

– Pues, la hora exacta no lo sé – me respondió Fernanda

– ¿Lo dices en serió? – Mabel regresó a ver con sus ojos bien abiertos y saltó una carcajada

– ¿Cómo que no lo sabes? –Gritó Mabel increpando a Fernanda – tu organizaste la fiesta

– ¿Saber qué? – Pregunté

– Tenemos toda…-aclaró Mabel- la noche, alquilamos el lugar para el día completo, mañana lo entregamos a medio día. La fiesta de verdad, aún está por empezar. ¿Tú que creías? A eso de las 9 pm, vienen algunos invitados especiales, este solo es el comienzo

– Es cierto – agregó Fernanda – casi lo había olvidado

Eso sí me preocupó << ¿Como que el comienzo? >> dije para mis adentros mi pene no está como para follar más este día.

– Está bien – me dijo Fernanda finalmente, algo resignada – veo que estas exhausto, descansa un poco. Tendrás que dedicarme un momento luego, ahora lo que mejor podemos hacer es beber un poco de alcohol. ¿Qué se les apetece? – preguntó en voz alta- tenemos cervezas heladas, Wiski y no sé qué mas

Fernanda alzó la voz y llamó a todos a un merecido descanso. Los únicos que seguían en la faena eran Carmina y Leo. Ella ahora en cuatro, soportaba el pene de Leo por atrás.

Todos se acercaron a refrescarse, excepto pareja que mencione antes. Todos se ubicaron haciendo un círculo amistoso, hablando de lo ocurrido.

Yo hice lo propio, me ubique junto a Mabel, Ella no quería despegarse de mí. Recostó su cabeza en mi hombro por un momento, de una forma bastante romántica. Cuando Fernanda se dio cuenta, se acercó inmediatamente a nosotros. Entonces Fernanda se acomodó sobre mis piernas, mientras conversaba con uno de los chicos.

Mabel frunció el ceño, molesta, no le gustó nada esa actitud de Fernanda, pero no dijo nada. Yo rodee a Mabel con mi brazo izquierdo, para que no se sienta relegada. Ella me respondió con una sonrisa, pareció gustarle mi actitud y aprovechó para pegarse más a mi cuerpo desnudo.

Empezaba una lucha entre estas dos mujeres y rivales. Una lucha en la que yo era el nuevo juguete y por el cual debían pelear. En parte me sentía alagado, porque estas dos chicas lindas querían algo conmigo.

La conversación se volvió de lo más amena, cuando las chicas cayeron en cuenta, los penes de todos los presentes, no podían más. Empezaron a burlarse y hacer bromas, aduciendo que ellas si, aguantarían toda la noche. La charla era muy curiosa, pues aunque todos estábamos desnudos, ninguno mostraba vergüenza o trataba de ocultarse.

Un dato interesante que salió a flote, es que las mujeres estaban completamente desnudas, en cambio los hombres, conservábamos los zapatos o calcetines puestos. Excepto uno de los chicos, nunca supe su nombre, había perdido uno de sus zapatos, de cerveza en cerveza el ambiente se puso lo más de alegre.

Pasó como una hora, algunas chicas se habían puesto ya sus ropas íntimas. Otras se exhibían de un lugar a otro felices, de mostrarse sin ropa. La vista, era simplemente formidable, lamentaba saber, que quizás mi aparato no reaccionaría más esa noche, parecía muerto. Debes en cuando parecía despertar, pero era muy corta la sensación.

Nadie estaba follando ya, pero se habían formado algunas parejitas. Por ejemplo Carmina y Leo, en un rincón alejados de todos, se besaban frenéticamente. Me alegré por él, su sueño se cumplió. Ahora parecían una pareja común, no dejaban de besarse. Cerca de nosotros estaba Sabina y su novio, el sentado en una silla y ella sentada sobre el rodeando a horcajadas, muy juntos sus sexos, pero no creo parecía haber penetración, ni siquiera una erección.

En el grupo en el que estábamos, el alcohol seguía haciendo su efecto, se incrementaban las risas y chistes. Las mujeres agradecían por las cogidas, otras se quejaban, otras contaban alguna de sus anécdotas. Fernanda pareció caer en cuenta, regresó su mirada hacia mí, muy seria, soltó su reclamó:

– ¿No habrás olvidado lo que te pedí? ¿o sí?

– No, no Fernanda, como crees – respondí algo preocupado, no me gustaba el mal genio de esta chica

En ese momento, tocaron muy fuerte la puerta, nos asustamos un poco. Fernanda se levantó como un resorte de mis piernas, preguntó la hora, eran casi las 9 pm.

– ¡Maldición! – gritó Fernanda – es casi la hora, ya deben estar llegando los invitados, vamos todas tenemos que prepararnos – dijo mirando su cuerpo desnudo

Capítulo 6: Invitados de último momento

Alguien se acercó a la ventana, miró, se volvió a todos, negando con la cabeza. Entendí que no eran las personas a quienes todos esperaban, que lastima, habíamos interrumpido tan amena charla sin motivo aparente.

Entonces el muchacho en la ventana gritó:

– Son unas chicas, creo que quieren divertirse ¿debo dejarlas pasar?

El muchacho no esperó autorización, removió los seguros y las chicas entraron enseguida. Las reconocí de inmediato, me sorprendí y alegre mucho pues, una de ellas era Carolina, había regresado, aunque ya había follado con ella, aun le tenía muchas ganas.

La sorpresa para mí, fue Gaia, amiga de Carolina, la conocía pero no éramos amigos. Las acompañaba Xiomara, una de las gemelas, quien conformaba la nueva asociación de estudiantes. No me percaté, en que momento, salió de la sala, al parecer ella fue quien gestionó su entrada. Entraron las chicas, saludaron a todos.

Gaia, es una chica costeña al igual que su amiga Carolina. Gaia siempre muy abierta y muy parlanchina. Físicamente, muy linda, no muy alta, un cuerpo muy curvilíneo, resalta sobre todo su buen trasero de caderas pronunciadas. Las piernas de Gaia lucen contorneadas y firmes, siempre se ve espectacular con aquellos vaqueros ajustados, que suele usar.

Gaia es una chica muy sexy y casual. Por lo general siempre lleva escotes aunque sus senos parecían no muy grandes, pero si, bien formados. Gaia es de tez muy blanca, hermoso cabello negro, largo y ensortijado, que resalta su hermoso rostro y ojos verdes. Su boquita bien perfilada, con labios muy pronunciados y carnosos.

Gaia llama la atención a donde va, no solo por su hermosura sino también por su forma de expresarse, de mover sus labios con esta forma tan peculiar suya, casi exagerada. Ella habla y habla, se le hace tan fácil hacer amigos donde sea.

A veces en clases, me imaginaba sus carnosos labios rodeando mi pene. Como buena costeña, tiene fama de ser una diosa en la cama. Aunque es muy selectiva con sus amantes, quizás por eso no me he decidido a acercarme. Además porque su novio es muy celoso, sobre todo cuando pasa cerca y yo me quedó mirando su lindo trasero.

Gaia de inmediato encontró a sus amigos. Se acercó a ellos, abandonando a Carolina. Les recriminaba por no haberla invitado.

Carolina se hallaba algo perdida aunque hermosa, mejor que nunca, sus cabellos húmedos, quizás por el duchazo que debió tomar antes de venir. Esta vez, vestía un pantalón blanco, muy ajustado, que acentuaba su enorme y redondo trasero. Una blusa roja, muy fina con un escote no muy pronunciado sobre sus pechos.

En cuanto me ubicó, parecía haber encontrado lo que buscaba. No se acercó inmediatamente, quizás porque me vio abrazando a Mabel. Ella parecía no conocer a nadie más ahí, a excepción de mí y de su amiga. No le quedó más remedio que acercarse.

Cuando se plantó a mi lado, la invité a sentarse a mi derecha, había un puesto libre. Saludó con un beso en la mejilla, a quienes estábamos cerca. Percibí su aroma fresco, su piel fría, quizás por el clima de fuera. Se sentó donde le había indicado y dijo:

– ¿Te divertiste?

– Claro – respondí

– Si… se nota – me miró despectivamente

– No… esperaba que volvieras – contesté de la misma forma

– Sí… aún no sé porque lo hice, debería estar con mi novio, me invitó a pasar la noche en su departamento y la verdad es que, tenía muchas ganas de él. Pero que tonta fui. Preferí ir a casa, tomé una ducha helada para que se me pase lo excitada que se dejaste. Quise dormir pero no pude. Entonces me masturbé muchas veces, pero me calenté aún más. Llamé a Gaia y le pregunté si quería divertirse, ella aceptó de inmediato. Creo que tuvo una discusión con su novio, salió de su departamento y nos encontramos. Y aquí estamos, casi no nos dejan entrar. Tuve que llamar a Xiomara, para que nos ayude. Ahora que estoy aquí, creo que te mantienen ocupado, así que, voy a buscar a alguien libre

Carolina hizo ademán de irse, pero la sujeté fuertemente del brazo.

– ¿No estarás celosa? ¿o sí? -pregunté

– Yo… No, para nada, no eres mi novio. Además veo que hay muchas mujeres para ti, y yo también quiero algo para mi

– No te vayas… yo puedo satisfacerte a ti y a las demás – me acerque a su oído y le dije – Te deseo a ti

– Yo también – respondió algo más tranquila – regresé solo por ti – agregó

– Entonces ¿porque pareces tan enojada? – pregunté

– Te quiero solo para mí

– Y me tendrás – me acerqué a sus labios y le planté un beso largo y delicioso. Jugamos un rato con nuestras lenguas, a las otras chicas no pareció gustarles mi actitud

Dejamos de besarnos, porque apareció Ariana, vistiendo solo una toalla que cubría su desnudez. Ella parecía toda húmeda, nos decía que el agua de las duchas estaba deliciosa. Los que deseáramos podíamos hacer uso de una reconfortante ducha. Además había que prepararse, los invitados estaban por llegar.

Todos estuvieron de acuerdo, fueron entrando por turnos. Fernanda ahora conversaba con Daniel. Pensé que no me caería mal, una ducha, cuando de pronto Fernanda regresó a donde yo estaba y descaradamente me plantó un beso en la boca, obligándome a que chupara su lengua.

– No olvides lo que me prometiste -dijo y luego se retiró rumbo a las duchas, moviendo exageradamente su trasero blanco

– Yo también haré lo mismo – farfulló Mabel muy enojada

Casi inmediatamente, Carolina me recriminó

– Eso te ganas por juntarte con esas putas… son de lo peor

– Lo sé… pero, saben tirar muy bien – agregué contento

– ¿Mejor que yo? -preguntó Carolina

– Es diferente… cada mujer tiene lo suyo

– Quiero que me folles, solo a mí, para eso vine, voy a hacer lo que tú quieras

Para mi sorpresa, en ese momento mi pene reaccionó, parece que había descansado bastante. Carolina y yo aprovechamos la oportunidad, comenzamos a besarnos frenéticamente.

Nos estábamos calentando mucho, nos manoseamos mutuamente. Ella tomó mi pene semi-erecto con sus manos. Estaba dispuesta a chuparlo, cuando salieron las chicas que estaban en la ducha. Fernanda tenía puesto un vestido rojo, muy corto, muy sexy, se acercó a nosotros y nos recriminó:

– ¿Empezaron la fiesta sin mí? no se los voy a perdonar

Carolina no soltó ni un segundo mi pene, más bien lo sujetó con ansia, como apoderándose de lo que era suyo.

Estábamos en lo que parecía una incómoda situación cuando de pronto tocaron la puerta. Llegaron los invitados gritó Ariana más emocionada que nunca. Ella tenía puesto un vestido negro, semitransparente. Fernanda resignada, tuvo que salir al encuentro.

Entonces noté que la mayoría de chicas, se había puesto algo de ropa encima. Algunas vestían únicamente su ropa interior, otras, unas falditas cortas, pero con los pechos al aire. Otras más, lucían unas camisetas muy delgadas, regresé la mirada a la puerta, justo cuando entraban los tan esperados invitados.

Entraron saludando, caminando por el medio de una corte de honor que formaron la mayoría de mujeres, paradas junto a la puerta. Pude notar que algunos de que entraban, eran profesores de la faculta.

De alguna manera era fácil distinguir la figura y voz inconfundible del el Dr. Rafael Cornejo, decano de la facultad. Parecía que la voz del Doctor era replicada en los altavoces pues se escuchaba tan cerca. Con solo oír su voz, ronca y fuerte resultaba fácil hacerse la idea de su presencia, siempre vestía con su habitual y elegante traje oscuro.

Juan lo conocía muy bien. Había trabajado con él, mucho antes incluso de iniciar su campaña electoral. En el primer año de su carrera, Juan fue seleccionado de entre trecientos alumnos para representar a la facultad en un congreso de fiscalización. Luego impartió algunas charlas a a los alumnos de la facultad lo cual le hizo muy popular. El Dr. Cornejo siempre lo consideró su mano derecha y lo apoyó en su campaña electoral.

El Doctor Cornejo, llegó sonriente, luciendo orgulloso, aferrado a su brazo derecho, una curvilínea mujer que dejó sin habla a todos los hombres presentes. La desconocida, al parecer era su amante.

En los años que lo conocía, llegué a darme cuenta que este viejo no tenía escrúpulos, ni vergüenza. Llevaba sus amantes a la universidad, cuando y como quería. Y claro lo que más tenía el hombre, era dinero, podía darse lujos que yo jamás podría imaginarme.

La chica tendría unos 20 años seguramente, delgada, una figura de modelo, impecable. Su rostro, hermoso, digno de una diosa. El tipo de chicas, que solo miras en la televisión o revistas. Mi mente repasaba, parecía haberla visto antes. Me hice la firme promesa de follarme esta mujer, si estaba aquí seguro sabía a lo que venía.

Luego observé a una de mis profesoras, la Doctora Sáenz de la mano de su nuevo amante el Dr. Armijos.

La doctora Sara Sáenz es casada, hasta donde conozco, tiene dos hijas. Sin embargo puedo dar fe, que está bastante bien cuidada. Siempre viste, faldas muy cortas y provocadoras. Es una mujer muy sensual, pese a su edad. En sus clases resultaba muy difícil concentrarse.

Según me habían comentado, esta profesora, gustaba de solicitar favores sexuales, a ciertos alumnos a cambio de obtener buenas notas. Decían que incluso tenía encuentros dentro de la universidad. Yo nunca lo creí, pero su presencia en este lugar, me hizo replantear mi concepción, y entender que quizás había algo de verdad.

A decir verdad, Sara como le gusta que la llamen, no tiene la menor vergüenza de que la vean con su nuevo amante el Dr. Armijos. Él es un profesor muy joven y tiene su efecto sobre las chicas. Conozco a muchas de mis compañeras que se le han insinuado descaradamente, lo que no sé, es si alguna de ellas terminó acostándose con él.

El caso es que Sara y su amante, se paseaban por la universidad con el más grande de los descaros. Tomados de la mano siempre, besándose por los pasillos. A veces, incluso tocándose, morbosamente luego de clases. Ni hablar de los comentarios de sonidos y movimientos raros dentro de sus respectivas oficinas.

Una vez, vi a Sara con su esposo, en una reunión de la facultad. Ella lo llevó a la mesa donde estaba el Dr. Armijos, Tomó asiendo en medio de los dos. Disfrutaban haciendo el tonto al marido, aunque también cabe la posibilidad de que fueran una pareja moderna.

Luego, ingreso por la puerta principal, una de las profesoras más veteranas de la universidad. Con unos cincuenta años o más, la Dra. Miriam Halof acompañada de su hija, quien también trabajaba en la universidad como pasante.

La hija de la Doctora es una niña de unos 18 años, no muy alta ni escultural pero tenía una carita inocente, que llama mucho la atención cuando se la ve. La Dra. Halof tenía una relación muy estrecha con sus hijas. Ella comparte mucho tiempo con sus hermosos retoños, según sus propias palabras. Ella las lleva a bailes, conciertos y se esfuerza por entender las necesidades de las jóvenes.

Lo que jamás me imagine es que frecuentaran este tipo de fiestas. Conocí a la hija de la Dra. Halof una noche, en un baile en de la universidad. Aunque su madre es muy celosa, pude hacer amistad con ella. Mi relación con ella nunca pasó, de un inocente cariño. Casi de inmediato. Me gustó mucho, sobre todo por la inocencia y ternura que demostraba en cada una de sus palabras y acciones.

Finalmente entraron al salón, dos tipos a quien yo no conocía. Debían ser empleados pues entraron cargando algunos paquetes. Pude discernir que algunos de las cajas traían licor. En otra caja aparato de amplificación, una filmadora profesional.

Los tipos al entrar, observaron a las chicas semidesnudas, se quedaron paralizados, no podían decir ni hacer nada, solo miraban morbosamente a las chicas con sus diminutos hilos dentales, que prácticamente no ocultaban nada. Seguramente se imaginaban las depravadas acciones de sus jefes. Algunas de las chicas, les invitaron a quedarse.

Supongo que de alguna manera los hombres les resultaban atractivos pues no faltaba quien se le insinuara. Los hombres descargaron los paquetes y se quedaron mirando el ir y venir de las chicas. Mabel con sus senos al aire, se paró frente a ellos y les hizo un guiño, como pidiendo que aprovecharan la oportunidad.

En ese momento, apareció Mabel completamente desnuda y mojada por la ducha que acababa de tomar. Caminó de lo más natural, como si estuviera completamente sola en la habitación. Una toalla blanca cubría desde sus senos hasta poco más abajo de sus nalgas, mientras tanto con otra toalla más pequeña secaba delicadamente su cabello.

Se ubicó justo en frente de los dos hombres, les dio la espalda, sin siquiera prestarles atención. Lo que si pude nota fue sus blancas mejillas, ahora parecían completamente ruborizadas. Sus labios completamente rojos, hinchados. Me imagine, que quizás folló con alguien en la ducha, pero aun parecía muy excitada.

Puse mi completa atención a la mujer, quería hacer algo, llamar la atención, tentar a los chicos, como si deseara que la poseyeran ahí mismo. Entonces soltó deliberadamente la toalla que tenía en sus manos y se agachó a recogerla. Con la acción expuso el esplendor de su delicioso y firme culo.

Un poco más abajo, se podía mirar claramente, una vagina bien depilada, con unos labios menores rosado oscuro, extendidos y abriéndose apaciblemente para dejar ver su perfecta entrada.

Sobre la hermosa vagina, un agujero dilatado pedía castigo. Se tomó su tiempo, aprovecho su posición inclinada para secarse los pies, demorándose y moviendo cadenciosamente su exquisito trasero, al ritmo de una música inexistente. Uno de los muchachos del servicio, dio un paso adelante pero el otro lo detuvo indicándole que era hora de irse.

Los dos muchachos resignados, se retiraron lentamente sin dejar de ver la maravilla de mujer que dejaban abandonada. Mabel en la misma posición, los regresó a ver, dejando caer aún más sus rubios cabellos al suelo. Entonces lanzón un beso al aire, lamentándose seguramente de no haber podido disfrutar de aquellos bultos que se notaban bajo los pantalones de los dos hombres.

Me excitó mucho la escena de Mabel provocando a los chicos, mi pene reaccionó, con una erección al cien por ciento.

Las gemelas de inmediato se apoderaron de las cajas abriéndolas y obteniendo toda suerte de aparatos, cremas, lubricantes, consoladores y hasta látigos. Todo un ajuar de sadismo y control por otro lado.

En cuanto se cerraron las puertas, se acabó el espectáculo de Mabel. De pronto sentí frio, decidí ir en busca de mis ropas para cubrirme. Carolina no me soltó ni un segundo, agarraba fuertemente mi bien erecto pene.

Pasamos cerca de Mabel, quien se afanaba por colocarse un babydoll negro, muy sexy. Al pasar junto a ella, no pude evitarlo, Solté una ligera palmada, sobre las blancas nalgas de Mabel. Ella me correspondió con una sonrisa a la vez que cruzó una mirada de desprecio hacia Carolina.

No podía entender la agresividad de estas mujeres. << Ahora que había regresado mi erección, iba a satisfacer a todas las que pudiera, no hay necesidad de pelear >> pensé

Entonces, encontré mis ropas donde las había dejado, junto al podio de autoridades. Mientras me acomodaba el sweater con el que había llegado, escuché algo como unos gritos, o regaños.

¿Quién hablaba? al parecer muy molesto, el Dr. Cornejo. Discutía acaloradamente con Gaia. Carolina me explicó, que el Dr. Cornejo es tío de Gaia. Con justa razón estaba enfurecido con su sobrina por asistir a este tipo de fiestas.

El Dr. Cornejo estaba en una posición difícil, pues su hermano, quien vive fuera de la ciudad, le había recomendado el cuidado de Gaia. El padre de Gaia, la creía muy inocente y pensaba que a su hija le costaría mucho adaptarse una nueva ciudad, llena de vicios y peligros, vaya que estaba equivocado.

Ambos estaban muy enfrascados en una disputa muy abierta y sin el menor pudor.

– A ver tío… mi padre jamás le pidió a usted que me negara asistir a una orgía ¿O sí? ¿Lo que quiere es cuidarme? Excelente, aquí me tiene, cuídeme, voy a estar muy cerca donde pueda verme pero de ninguna manera voy a salir de aquí. O es que usted ¿quiere que mi tía se entere dónde está? y ¿con quién está? No se usted, pero a mí me parece, que le conviene que yo permanezca aquí. Déjese de babosadas, los dos vinimos a disfrutar y es precisamente lo que voy a hacer

– Pero hija… yo –pensó muchos sus palabras, como si no tuviera alternativa- solo puedo pedirte que tengas cuidado, pórtate bien, no hagas ninguna de tus locuras ¿estas protegida?

– Si claro… hace poco recibí mi inyección. Pero no vine a portarme bien, quiero ser mala, quiero que me conozca como soy. Cree que no me he dado cuenta, sé muy bien que usted se espía, cuando estoy en la ducha ¿quería verme desnuda? Esta es su oportunidad

Gaia comenzó su espectáculo, al son de un ritmo tropical que tocaba en el fondo. Gaia se movía sensualmente a la vez que retiraba sus prendas frente a su tío. Comenzó por su pantalón, fue lo que más le costó sacarse, por lo apretado de la tela. Una vez fuera su pantalón dejó al descubierto, una tanguita negra, muy pequeña con encajes.

Daniel y otros comedidos terminaron de montar los amplificadores y parlantes. Entonces la música sonó, esta vez más potente, en toda la sala y quizás afuera también. La canción me resultaba conocida, seguramente todos la reconocimos de inmediato “Sexy lady” un tema por demás oportuno. Todos apoyaron a Gaia, cantando y animándola a bailar.

Gaia no se hizo de rogar, le encantaba llamar la atención, bailó sensualmente, moviendo descaradamente, su blanco trasero frente a su tío. Poco a poco se desprendió de una blusa cortita, arrojándola por los aires. La parte de arriba de su ropa íntima era una combinación con la de abajo. Aunque sus pechos no son muy grandes, sobresalían bastante con su apretada prenda superior.

Finalmente dio la espalda a su tío y de frente a donde nos encontrábamos nosotros. Saludó a Carolina con una sonrisa, mientras soltaba el sujetador del top. Fuimos afortunados, observamos la primicia de sus pechos, blancos, pequeños, bien formados. Coronaban un par de aureolas rosadas, muy apetitosas. Dio vuelta, se plantó a pocos pasos de su tío, lanzó su top hacia el rostro del anonadado hombre. Él no le quitaba los ojos de encima, la miraba morbosamente, tomó la prenda, la pasó por su nariz y luego pasó su lengua por encima. Carolina mencionó una frase difícil de olvidar:

– Es una loca… nunca va a cambiar, es capaz de follarse a su tío

Entonces interrumpió el espectáculo Fernanda, quien se acercó con el resto de chicas y pidió su atención.

– Estimado doctor Cornejo, usted es nuestro invitado especial, por lo tanto, deseamos complacerlo. De todas las estas hermosas chicas, escoja usted, cual o cuales prefiere

Las chicas, se acercaron, exhibiendo sus diminutas tangas. Resaltando sus mejor atributos, como ofreciéndose al hombre que visiblemente es más adulto que todos los presentes.

Gaia de pronto, pasó a segundo plano, este parecía ser el plan de Fernanda, como anfitriona no podía permitir que otra mujer, se robe el show.

Los ojos del doctor, brillaron extasiado, como un sonámbulo fue tocando, acariciando y hasta pellizcando, los senos, nalgas, vaginas y todo lo que le era ofrecido a manera de tributo. El doctor Cornejo no tiene ni una pizca de tonto, escogió las mejores según su criterio. Mabel fue una de las elegidas, aunque puso una cara de poco interés.

No estoy seguro de si Ariana fue escogida, pero se quedó con las demás, con el pretexto de ayudar. Pronto Ariana estuvo besando en la boca al doctor, mientras él desnudaba completamente a Mabel. Ella fue directo a buscar su pene, tratando de evitar el prominente abdomen que colgaba del hombre.

Mabel sacó una verga ya erecta y se lo metió a su boca sin ninguna contemplación. Comenzó su característico chupeteo, él se dejaba hacer, lo disfrutaba. Alternaba besándose en la boca con su amante, la modelo, a la derecha y Ariana a la Izquierda.

Observé entonces a Gaia. Estaba claramente molesta, le habían robado su show. A ella le encantaba ser el centro de atención y ahora parecía un poco perdida en el lugar.

El resto de asistentes, especialmente hombres, parecían querer únicamente observar. Yo en cambio, estaba listo para la acción y no me bastaba con mirar. Entonces, le pedí a Carolina, que llamase a su amiga, para que no esté sola. En cuando Gaia se acercó, me presentó muy cordial. Gaia me saludó con un beso muy apasionado en mi boca, acompañado de un largo jugueteo con nuestras lenguas.

– Gaia, este es el tipo que te comenté – dijo Carolina

– A bueno –contestó Gaia con una amplia sonrisa– entonces tienes que dejarme probarlo también, como lo prometiste

Sin más, Gaia se inclinó hacia mi erecto pene, lo tomó con sus manos y lo masturbó como desesperada. Luego se lo metió en la boca, chupó sin control. Una experiencia inigualable, se notaba que esta mujer tenía mucha práctica, mucho más que su amiga.

Carolina pareció disgustarse, no le pareció bien que su amiga se haya adelantado. Entonces decidí besarla mientras recorría con mis manos lo mejor de su cuerpo. Carolina no ofreció resistencia alguna, empecé a desnudarla.

Pude notar como se encendían las luces, micrófonos y cámaras filmadoras al mí alrededor. Las cámaras comenzaron a ir de un lugar a otro, de la mano de aquellos que formaron la asociación de estudiantes.

Frente a mí, Apareció Mabel con un consolador en la mano izquierda, una botella de licor en la otra y unos paquetitos blancos y cafés. Al rato, también se acercó Fernanda, se arrodilló, sobre la alfombra dando la espalda a Mabel. Luego, levantó la tela roja de su vestido, mostrando su hermoso trasero. Mabel dejó la botella en el suelo, luego remojó el consolador en su boca y finalmente lo insertó por detrás a Fernanda. Ella parecía disfrutaba las acciones de su amiga.

Leo apareció en la escena, de la mano de su nueva conquista, Carmina. Ella ni siquiera nos miró, se arrodilló hasta descansar en sus cuatro extremidades. Leo se acercó por detrás, parecía haber recuperado su erección, penetró a Carmina.

Con el primer roce de Leo, ella empezó a gritar exageradamente. Me parecieron un poco falsos sus gemidos, pero era la excitación y los orgasmos que su amante le estaba haciendo sentir. O quizás solo quería llamar la atención, demostrar que estaba disfrutando, que su nuevo amante realmente la satisfacía, quien sabe.

Unos instantes después, el novio de Sabina, se acercó de frente a Carmina y colocó su falo en la boca. Carmina sorprendida por la inesperada inserción, silenció sus gemidos y abrió sus ojos como platos. “A mamar” gritó Leo, mientras la penetrada por atrás. Carmina aceptó el falo semi flácido, empezó a tragarlo, claramente noté como sus pómulos enrojecieron como si no hubiera esperado lo que estaba haciendo. Me llamó la atención, ahora Carmina aceptaba voluntariamente múltiples parejas sin poner ninguna oposición.

Entonces deseé darme un respiro, descansar de estas insaciables hembritas. Quería follarme otra vez a Carmina. Parecía que ahora estaba abierta a nuevas experiencias, tenía que intentarlo. No tenía nada que perder y en caso que no quisiera, en el lugar había tantas mujeres ardientes y dispuestas a pasarla bien. Lo único que me preocupó es que quizás no alcance ni el tiempo, ni mi erección para disfrutarlas a todas.

Gaia seguía chupando mi pene, no lo hace nada mal. Lo hacía duro, con ansia, mamaba con tanta desesperación que casi desprende mi verga con su boca. Yo jalaba mientras tanto los deliciosos senos de Carolina, desafortunadamente ya no me excitaban como antes, pero tampoco podía despreciarlos.

Cuando desnudé completamente a Carolina, la coloqué en cuatro frente a mí, para aprovechar lamiendo ese delicioso sexo que lucía ya, completamente mojado. Entonces me imaginé a Carolina comiendo una concha húmeda, no sé por qué, pero me excitó mucho la idea.

Hice un gran esfuerzo por liberar mi falo de la boca de Gaia. Le pedí que se acostara en el suelo boca arriba, con sus piernas separadas, retiré la tanga color negro semitransparente que aun llevaba puesta. Seguramente esperaba que me coloque sobre ella para montarla al puro estilo misionero.

Tan rápido como pude tomé el cuerpo de Carolina, lo coloqué sobre el de Gaia formando un 69 perfecto. Al principio, Carolina no pareció agradarle mi idea, seguramente ese tipo de perversiones, no eran de su agrado. Le hablé tan cariñoso como pude, le expliqué que era mi fantasía y la convencí, aduciendo que a veces hay que experimentar emociones nuevas, al final cedió.

Gaia en cambio, nunca puso ningún objeción, inmediatamente sitió el cuerpo de Carolina, empezó a acariciarlo. Recibió la vagina de su compañera con su boca húmeda y lengua experta llena de pasión, al poco rato emergieron los primeros gemidos de Carolina. Ni si quiera ella se creía, estaba disfrutando de una experiencia lesbiana.

– ¿No es la primera vez que haces esto, Gaia? – dijo Carolina con su voz quebrantada

Gaia lo que menos quería en ese momento era entablar una conversación. Ella devoraba aquellos enormes labios vaginales, estratégicamente ubicados en su boca. Carolina en cambio, no parecía estar interesada en dar placer a su amiga. Decidí ayudarla, me coloqué frente a ella, ubicando mi órgano en el rostro de Carolina. De inmediato lo tomó y se lo incrustó en su boca, tratando de sofocar los gemidos que le sacaba su amiga.

Después de un rato, retiré mi tranca de la boca de la mujer, estaba lo suficientemente lubricada. Me incliné un poco, levanté las piernas de Gaia hasta mis hombros. Toqué con mis manos su deliciosa vagina, más que lubricada para ese momento, introduje fácilmente dos de mis dedos, jugué en sus interiores. Entonces Gaia me sorprendió con sus gritos desesperados, pensé que no le gustaba y retiré mis dedos. Gaia respondió aún más sorprendentemente:

– ¡Vamos! -Gritó – entra de una vez ¿Qué esperas? lléname completa, castígame como a una perra en celo

De inmediato me deslicé en la jugosa vagina de Gaia. Sin problemas, entré hasta el fondo, este sexo fue especialmente delicioso, quizás por su tamaño, quizás por su textura, ni grande, ni pequeña lo justo. Lo que mi cansada verga necesitaba para descansar, cobijada con tan tersa y suave humedad.

Gaia no es una mujer muy alta, ni gruesa, por lo que su sexo era acorde a su tamaño. Las paredes vaginales tampoco eran demasiado ajustadas, quizás esto se debía a un sin número de experiencias sexuales que debió haber tenido. Lo que fuera que haya pasado antes, había formado una vagina de forma y tamaño perfectas para mi tranca.

No es que tenga preferencias especiales y tampoco iba a despreciar una entrada como la de Carolina. Pero mientras penetraba a Gaia, inconscientemente me puse a comparar aquellos dos sexos que pude probar ese día. Mi imaginación volaba y era por ejemplo capaz de cotejar es sexo que ahora penetraba con la húmeda, muy grande y deliciosa concha de Carolina.

Mi verga bien erecta, hacía las veces de catador oficial de vaginas y basado en su experiencia podía discernir fácilmente, profundidad, presión, temperatura, textura y hasta humedad de aquellas cavernas.

Gaia, como había dicho, tiene una conchita físicamente pequeña, pero debido a su recorrido sexual era lo suficiente profunda y estrecha como para poder maniobrar con ligereza.

Carolina en cambio, es físicamente más alta, más gruesa, caderas grandes y nalgas redondas, por lo tanto su vagina es grande, amplia y con unos deliciosos labios menores que sobresalen gozosos, saborearla es exquisito, pero cuando la penetro puedo sentir una textura algo más rugosa, algo más apretada por su falta de experiencia. Profunda, tan profunda que mi falo, parece no llegar al final.

Si bien es bastante cómodo estar dentro de esta mujer, resulta menos placentero cuando está completamente húmeda, sus paredes no ajustan lo suficiente y requiere más esfuerzo llegar a una eyaculación dentro de ella.

Todos estos pensamientos extraños, venían a mi cabeza y me hacían alejar mi mente del momento que estaba viviendo. Me sentía extasiado, como volando mientras mi cuerpo penetraba sin descanso a Gaia. Carolina ahora mordía mis tetillas y me excité tanto que retiré mi palo empapado de la feminidad de Gaia, obligué a Carolina que se lo mame completo.

De esa forma, de alguna manera estaba cumpliendo mi fantasía, Carolina bebiendo los jugos de otra mujer, desde mi tranca. Carolina quiso reaccionar cuando sintió un sabor diferente en su paladar, chupó con dificultad, como si se llenara de asco.

Pero yo insistí, tomé con mis manos fuertemente, jale los cabellos de la mujer hasta que mi verga penetrara en su boca y sus labios llegasen a mis testículos. Luego la soltaba, dejándola saborear, se dio cuenta que no era nada del otro mundo, continuó, limpió mi pene de los líquidos de su amiga.

Otra vez inserté mi falo en la jugosa vagina de Gaia, el paraíso nuevamente y empecé a soñar otra vez con todo el placer que me daba. Repetí el proceso varias veces, por un buen tiempo, penetrando a Gaia vaginalmente. Penetrando a Carolina oralmente, ella tragaba todo los jugos, está cada vez lo disfrutaba más.

Envestía cada vez con más fuerza y la morbosa sensación me trasformaba en un ser poderoso. Estaba tan excitado, como nunca antes lo estuve, mi mente volaba tan alto que en algún momento logre un desdoblamiento astral. Mi alma salió de mi cuerpo y podía verme a mí mismo follando con dos mujeres, una sensación increíble, única, podía narrar con lujo de detalle como mi cuerpo perforaba a estas dos mujeres.

Justo entonces, ocurrió el primer orgasmo de Gaia. Comenzó a quejarse y a retorcerse como una loca bajo Carolina. Vi claramente como un chorro de fluido surgía de la vagina de Gaia y resbalaban por mi pelvis y piernas.

Entonces pasó algo aún más sorprendente, como dije antes podía ver lo que pasaba desde otro ángulo sin detener a mi cuerpo que seguía bombeando. Carolina exudó de su vagina un líquido transparente, al principio pensé que era orina. Luego, entendí que en realidad eran sus jugos. Carolina parecía haberse estado conteniendo, hasta ese momento, no pudo más se liberó, abandonó toda timidez, al fin se atrevió a saborear la vagina de su amiga.

Capítulo 7: Borrachera colectiva

Entonces se escuché los altavoces, unos quejidos amplificados en todo el lugar. Ahora que lo podía ver todo, identifique rápidamente el origen. Era Sabina, la muy puta, estaba montando a horcajadas al Dr. Cornejo, dándole una cabalgada mundial. Al parecer se estaba provocando un orgasmo a sí misma, usando el pequeño pene del doctor como un instrumento de placer.

En los parlantes retumbaba esos gemidos, más bien unos chillidos absolutamente insoportables que lastimaban los tímpanos de Juan. El tapó instintivamente sus oídos con sus manos y abrió ligeramente los ojos, por un par de segundos. Las luces del lugar por alguna razón parecían más fuertes que antes y lastimaron sus ojos.

En ese corto instante tuvo una rápida visión, que lo dejó desconcertado. Las autoridades al frente, sentados en sus lujosas sillas tapándose los oídos igual que Juan. Incluso Carolina, ahora sentada a su lado derecho se tenía sus manos cubriendo sus oídos.

Como un rayo vio cruzar a Leo, completamente vestido, no supo en qué momento lo hizo, pero apareció como un héroe pues se acercó al amplificador y bajó el volumen. Lo que todos escuchaban era el irritante sonido provocado por el retorno entre el parlante y el micrófono. Al fin se calló, Juan parpadeo un momento y extrañamente el Dr. Cornejo apareció otra vez junto a los profesores, sentados en el podio principal. Lo más extraño, todos vestidos formalmente y esperando algo que no terminaba de entender. << Otra vez mi mente me juega una mala pasada >> pensó pero cerró nuevamente sus ojos y trató de concentrarse.

Cuando al fin pude recobrar lo que creía era mi estado de desdoblamiento astral, pude entender claramente lo que pasaba. No me había dado cuenta hasta entonces pero al parecer los todos improvisados camarógrafos, llevaban en una mano la filmadora y en otra una botella de licor, la cual bebían directo del pico descontroladamente, algunas veces lo servían, también de pico, a aquellos que lo solicitaban. Al parecer este estado de inconciencia alcohólica provocaba que de vez en cuando, acercaran involuntariamente los micrófonos a los parlantes provocando el característico chillido insoportable.

Una vez solucionado el problema de los parlantes, Juan pudo escuchar claramente la voz del doctor Cornejo hablándole al público en general. Hablaba cosas incomprensibles, de la responsabilidad y del compromiso que tenían los representantes de la nueva asociación. Juan no prestó mucha atención, apretó sus parpados muy fuerte. Lo último que escuchó lo alegró. El decano hablaba de una fiesta, de esta fiesta. Decía que llegó el momento de compartir con los amigos, de brindar con una copa de licor, sin excesos. Extraño discurso sobre todo ahora que la gran mayoría debía empezar a sentirse por demás ebrio.

Pude ver cómo, estos camarógrafos amateur, acercaban el micrófono por un lado y la cámara de video por el otro para obtener una mejor toma. Pero cuando lo hacían se balanceaban peligrosamente sobre las parejas. Estas acrobáticas acciones de mis ebrios amigos, había provocado que la amante del doctor, a la cual nuca conocí su nombre, tuviera que separarse del grupo.

La hermosa chica parecía sola en un rincón sin que nadie le prestaba mucha atención, pese a su excepcional belleza. Podía notar mucha excitación en su rostro, pero nadie parecía interesarse en ella. Quizás debido al recelo o respeto a la amante del Doctor decano de la facultad.

Entonces la monumental mujer regresó la mirada a donde yo me encontraba, justamente mirándola a ella, nuestras miradas se encontraron por un momento rápido. Yo seguía intercalando entre la vagina de Gaia y la boca de Carolina. No me di cuenta en que momento la amate del Doctor Cornejo había tomado una copa de whisky y bajado el graderío hasta ubicarse justo donde yo estaba.

Me tomé mi tiempo para observarla de pies a cabeza. Era chica alta 1,80 seguramente. Cabello castaño, lacio hasta los hombros. Su piel lucía bronceada al sol y una figura espectacular indudablemente entallaba las medidas perfectas. Sus senos resaltaban bajo su espectacular vertido negro con un escote frontal que llegaba casi hasta su ombligo. Era claro que no llevaba la parte superior de su ropa interior, pero me puse a divagar un momento acerca de lo que llevaba abajo.

El vestido corto entallaba perfectamente con una cintura estupenda, un abdomen plano. Más abajo unas caderas espectaculares casi increíbles, las cuales movía descaradamente mientras caminaba, al poco rato paso junto a mí, quise saludarla o saltar sobre a ella pero su espléndida presencia me intimidó y no me permitió articular bien las palabras:

– Hola, muñeca – casi atorándome

Pasó con indiferencia correspondiéndome con una sonrisa casi fingida lo que si note es como intencionalmente bajo sus ojos hasta mi aparato, echándole un pequeño vistazo a mi erección y penetración.

Pasó la chica torciendo la mirada mientras apuraba su copa de whisky. Al pasar instintivamente regrese la mirada notando como sus bien formadas nalgas se movían al compás de sus pasos. Al parecer ella disfrutaba mucho causar esa sensación entre los hombres.

Aun con su soberbia se acercó a una de las mesas detrás de donde se encontraba. En ella se encontraba Leo junto a Carmina completamente desnudos, vaya que leo era muy rápido para vestirse y desvestirse. No me importó en ese momento, pero pude ver a la pareja sentados charlando mientras se servían unas copas de alcohol.

La amante del decano tomó al apuro un par de copas de whisky, al parecer eso le encantaba. Cruzo unas palabras con los muchachos que estaban a cargo del improvisado bar. Al poco rato puso una cara de desentendimiento, giró sobre sus talones, y regresó por el mismo camino que la había llegado.

En ese momento se percaté, Carolina había soltado mi palo. Las dos mujeres seguían con el 69 pero más apasionadas que nunca, sus cuerpos blancos se confundían en sudor y líquidos vaginales, sus lenguas no paraban de moverse los respectivos labios vaginales dándose un placer único. Desprendía gritos y gemidos, Carolina que ya había perdido todo el pudor movía además su enorme ano tratando de simular una penetración con la lengua de Gaia, me complació la visión había logrado lo que quería, así que decidí provocarme una masturbación pues la imagen era única.

Cuando apenas comenzaba sentí una golpecitos muy delicados en su espalda, era la amante del doctor que me ofrecía una copa.

– Espero que tú no estés demasiado ebrio como el resto de tus amigos – no respondí por un momento, tratando de tomar aire.

– ¿Y tú estás bien? – pregunté un poco avergonzado.

– A excepción de que nadie parece interesado en follarme, pues estoy bien

– No creo eso – respondí

– ¿Entonces estoy inventando? no ves que los chicos parecen más interesados en gravar las morosidades de ese gordo. Los pocos que me han visto con ganas tienen sus penes flácidos por el alcohol y a ti parece que te gusta más ver, que entrar en acción

Dio vuelta, he hizo ademán de retirarse con ese típico andar de niña rica. Como aquel que no pisa el suelo. Quizás esa misma actitud de desprecio, la hizo merecedora de su desgracia. Pero yo no soy de los que se da por vencido tan fácil, no podía perder esta oportunidad.

Estiré el brazo, con el que antes sostenía mi pene, la tomé del hombro izquierdo, regresó a verme con algo de reproche. De inmediato la abordé con un tema que esperaba que le interese.

– Espera, ¿te conozco de alguna parte? – fingí

– No…no lo creo – dijo tratando de soltarse el brazo

– No te vayas me gustaría charlar… parece que te he visto en alguna parte

– Tal vez – asintió y dio media vuelta, entonces sentí que había ganado

– ¿Segura? Nunca olvido un rostro

– Bueno… soy modelo de ropa interior, tal vez me viste en alguna de mis presentaciones

– No… no lo creo, no acostumbro a ir a esos lugares

– Tal vez… en una de las revistas de la firma. – dijo con más interés

– Hmmmm –traté de simular que me costaba recordar- ¿puede ser la revista SOHO? – Se ruborizó algo y sonrió sinceramente

– ¡Ah! Eso… fue solo una vez, nunca pensé que alguien me reconociera por esa revista y menos que alguien leyera

– Posaste desnuda ¿verdad? – comenté tratando de ignorar su anterior aseveración

– Si… pero fueron fotos muy discretas. ¿Podemos ir a otro lugar? Tus amigas parecen muy ocupadas, no me gustaría interrumpirlas

– Está bien, a ellas no les molesta, pero si quieres ¿por qué no tomos asiento, por allá? – caminamos dos pasos, sin perder de vista a Carolina y Gaia que ahora habían intercambiado posiciones, pero no dejaban de gritar, tal vez si era un poco molestoso quedarnos ahí

Le mostré el asiento cediéndole el paso, mientras pasaba intencionalmente mi mano derecha por aquellas hermosas nalgas. Las pude percibir firmes, perfectas redondeadas casi a precisión. Ella quiso protestar el abuso de confianza, pero los gritos de Gaia le recordaron donde estaba y prefirió no decir nada.

Conversamos un rato sobre nuestros gustos y reímos un poco. Hasta que tocamos el tema de su profesión. Le pedí que modelara para mí dejándome ver su ropa interior, el calor del alcohol se hizo presente, ella reía algo ruborizada mientras se negaba.

– Vamos porque no, eres una profesional – insistía, hasta que al fin m confirmó lo que ya había deducido

– Es que no llevo ropa interior – dijo al oído como para que nadie más se entere

– ¿lo dices en serio? – Fingí que no lo sabía nada – bueno… es muy interesante una modelo de ropa interior, que no usa ropa interior

– Entiéndeme… estoy harta de usarla, me molesta, siempre la estoy usándola en mi trabajo. Por eso cuando no trabajo, prefiero no usarla

– En parte tienes razón ¿Sabes cuál es la mayor fantasía de todos los que vemos una chica en ropa interior?

– ¿Cuál?

– Pues precisamente, verla sin dicha ropa

– Vaya… eres un morboso, igual que el viejo Rafael –refiriéndose al doctor Cornejo – al igual que tú, él también me pidió que le modele mi ropa interior

– ¿Y aceptaste?

– ¡Claro!…Él tiene dinero. Eso no quiere decir que solo se interese el dinero, no intérpretes mal

– Pero bueno me vas a mostrar tu ropa interior ¿sí o no?

– ¡Que no traigo ropa interior!

– Es cierto… bueno lo que tengas debajo de ese vestido

– ¿Eso quieres? Está bien, pero no desesperes, espero que te guste lo que vas a ver – fue la primera vez, que pude interpretar en sus palabras un sentimiento de insatisfacción para consigo misma

Se puso de pie frente a mí, comenzó deslizando suavemente, la parte izquierda de su vestido, luego la derecha. Enseguida me mostró un par delicioso de senos grandes no demasiado, pero impecables, firmes, con unos pequeños pezones rozados apuntando siempre al cielo. Esas dos perfectas esferas, monumentales parecían como si no fueran afectadas por la gravedad. Deliciosas de cualquier hombre y la envidia de todas la mujeres. Puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que de todos los senos que he tocado esta noche, ninguno tiene las cualidades de los que ahora estoy observando ahora.

Luego tomó sus senos con ambas manos y ofreciéndolos me dijo:

– ¿Te gustan?

– Por supuesto – respondí casi babeando

– Bueno… ahora toca lo mejor, porque a ustedes los hombres, les encanta ver el sexo femenino ¿o No?

Continúo bajando el vestido sin esperar mi respuesta. La vi agacharse ligeramente y alzar sus piernas para deshacerse del vestido. Conservo los zapatos de un taco muy alto y fino.

– ¿Y bien? – preguntó airosa, estirando los brazos

Yo me tomaba un tiempo, observando su acicalada vagina. << Así debía ser una vagina de una modelo >> pensé. Mis ojos penetraban aquella zona pélvica, sin rastro de vello y lucía apenas una línea de vellos, lo suficiente, según me dijo, para ocultarlos con su más diminuta tanguita.

Más abajo, un par de labios mayores, perfectamente alineados y discretamente cerrados. La perfecta conchita, formaba un hermoso triángulo equilátero. Aunque busqué, no pude distinguir dilatación alguna. Llegué a pensar que era virgen. Un pensamiento por demás tonto, era la amante del doctor Rafael. Y cuando aún divagaba en mis pensamientos, me habló.

– ¿No te gusto o qué? – preguntó molesta

– ¿bromeas? A quien no le va a gustar, eres… hermosa

– Gracias…-pareció relajarse- ahora yo quiero algo y no puedes negarte, mírame estoy desnuda como querías

– ¿y qué quieres tú? Yo, ya estoy desnudo – sonrió maliciosamente, mientras se acercaba contorneando segura su esbelto cuerpo

Primero me abrazó con su mano izquierda, me ofreció un cálido beso en los labios. Sus besos, tenían una finura especial, eran firmes, apasionados. Permitía un suave jugueteo con nuestras lenguas pero sin exceso, evitaba todo lo voraz, lo excesivamente apasionado, me costó acostumbrarme a esta mujer.

Y de pronto, sentí como su mano derecha, resbalaba hacia abajo, buscando seguramente mi falo. Cuando lo encontró, estaba algo flácido, lo tomó delicadamente, se dedicó a acariciarlo suave, pero firmemente hasta que logró una erección completa. Una vez lograda su meta, procedió a acariciar mis huevos, con idéntica finura. Al mismo tiempo ella seguía besándome. Yo disfrutaba sus labios carnosos.

Unos minutos después, volvió a mi pene, excepcionalmente erecto, a punto de estallar. Rodeó con sus dedos y empezó a masturbarme << Siii esto definitivamente, me gusta >> De vez en cuando, dejaba escapar unos gemidos, sus besos ahora eran más más tiernos. Sus caricias, por llamarlas así, no paraban. En ese momento, me percate de algo extraño, cuando rozaba mi pene, no lo hacía con ansia o deseo, lo hacía más bien, como intentando conocerlo o medirlo.

Me excitaba, sus jugueteos, pero seguro, jamás hubiera llegado a eyacular, si hubiera seguido así. Ahora retozaba con ambas manos, sin despegar sus labios de los míos. Continúo su extraño esparcimiento, hasta que al fin me soltó y me dijo casi gritando.

– Perfecto

No pude entender que hablaba, a ella no le importó mucho, al rato se dijo:

– Quiero que se hagas tuya

Sin dudarlo, me acerqué con el ferviente deseo de disfrutar ese delicioso cuerpo. En cuanto estuve frente a ella, quise comenzar por acariciar esos deliciosos senos. De inmediato me detuvo con su mano izquierda y me explicó lo que debía hacer:

– Primero, vas a darme placer con tu boca, espero que sepas utilizarla tan bien como la usaste para besarme. Ten mucho cuidado, se muy delicado y suave eso se excita muchísimo. Ni se te ocurra morderme o causarme algún daño – Estaba algo incómodo, jamás había recibido órdenes una mujer antes de follar. Daba igual iba a seguirle el juego, por nada del mundo iba a perderme esta hermosura

– No te vas a arrepentir – le dije, ella pareció aprobarme y de inmediato, se acercó a una de las butacas vacías. Tomó asiento, con una elegancia única y levantó una de sus piernas mientras recostaba ligeramente su cuerpo para darme una mejor visión de aquel espectacular sexo. Entonces entendí a qué se refería

Ella me miraba sensualmente, con una sonrisa de placer, quizás sintiéndose dueña de la situación. Yo me inclinaba con la vista puesta en mi objetivo, esa delicada y bien tratada conchita, estaba a mi disposición. Me preguntaba cuántos hombres habrían probado esa delicada vagina ¿a todos habría dado las mismas órdenes?

Comencé despacio muy cerca de su entrada, lamiendo su ingle, captando un delicado aroma, exquisito que se desprendía de aquel sexo. Frente a mí, una grieta semi-abierta, se mostraba esplendida, deliciosa, sus labios menores apenas empezaban a desplegarse como pétalos de rosa. Un color rosado pálido, aparecía relucientes pequeños y pegados entre sí. Otra vez tuve la extraña sensación, que nunca habían alojado antes un miembro masculino.

Disfruté cada lamida de su jugoso sexo, delicado como ninguno, humedecía lentamente sus labios, con una finura difícil de explicar. Ella cerrada los ojos, dejaba escapar unos gemidos cortos y a veces órdenes para que siguiera.

Cada vez que pasaba mi lengua, intentaba separar más sus labios menores, ella respondía abriendo más las piernas y pegando su sexo a mi boca. Entonces trató de contener sus espasmos, pero todo su cuerpo parecía revelarse, mientras ella pedía que no pare.

No me detuve, no separé mi boca de su vagina, hasta que encontré un muy pequeño agujero, difícil de entender, era su entrada. Introduje mi lengua ahí lo más que pude, mi amante comenzaba a dar gemidos más fuertes. Quizás eso hizo que Carolina y Gaia dejaran su actividad y se acercaran a nosotros. Al principio no lo percibí, pero después noté que se acercaron por detrás de mí. Ellas comenzaron a besarme la espalda, Gaia más interesada por mi miembro se recostó en el suelo colocando su boca al alcance de mi pene.

Gaia comenzó su trabajo, sin piedad, parecía tragar mi falo, solo disminuyó el ritmo de sus mamadas cuando Carolina, cayó en cuanta que la vagina que Gaia estaba regando sus líquidos, entonces decidió limpiarlos. Los cuatro hacíamos una especie de tren sexual. La modelo con sus piernas bien abiertas a la cabeza, yo bebiendo sus líquidos. Gaia, atorada con mi verga incrustada en su boca. Finalmente Carolina embelesada en el dulce sexo de Gaia.

Mi nueva amiga la modelo, cambió de posición, dio vuelta, posó sobre sus cuatro extremidades, dándome la espalda, mostrándome todo el esplendor de su hermoso culo, me dijo:

– No pares papi, por favor, sigue

Entonces note por primera vez aquel inconfundible acento, que antes parecía esconderlo. Sin más, me adueñé de su delicioso y redondo trasero. Disfrute mucho, pasando mi lengua por sus dos agujeros húmedos. Acariciaba esas deliciosas nalgas, que se movían lentamente, hacia mi rostro con un armonioso compás.

Gaia, seguía devorando mi falo, mi verga me ardía, estaba a punto de no podía sostener por mucho tiempo más mi semen. Me incorporé un poco, tratando de aguantar, intentando liberar mi órgano de la febril boca de Gaia. La modelo interpretó mi acción como mi propuesta de penetrarla y regresó su mirada con sorpresa:

– Está bien papi –me dijo – si eso quieres, hazlo, pero muy suavemente

– Claro – conteste absorto

Entonces coloque mi pene en su entrada, froté suavemente, hasta empujarlo hacia dentro no me costó mucho. Su agujero, se encontraba bastante humectado y dilatado. Esta nueva vagina, era suave, delicada, recibía mi falo, con una precisión casi perfecta. El agujero no era ni más ni menos, era lo justo, a mi medida, llegué hasta imaginarme que había sido echo justo para su a mi talla.

La modelo, recibió la empalada con gemidos cortos, parecía satisfecha, se agachó un poco más para acomodarse mejor, y entonces se dedicó disfrutar.

Gaia no aceptó su perdida, ella quería mi palo en su boca y seguro se molestó por haber preferido a otra mujer. Jugó un rato con Carolina, pero al rato la dejó, se plantó frente a mí con sus brazos cruzados. Solo observaba, parecía buscar una disculpa, pero yo solo penetraba a la hermosa mujer frente a mí. Gaia se levantó, plantó su mirada a lo lejos, sus ojos brillaron, como si hubiera encontrando un juguete nuevo. Al rato Gaia salió corriendo sin rumbo aparente.

Unos minutos después entendimos, dos conocidos de Gaia, al parecer se habían recuperado y la reclamaban a su lado. Gaia no lo dudo ni por un segundo, dos hombres seguramente le ofrecerían una sesión de sexo más entretenida que la que ahora tenía.

Al llegar a donde estaban los dos tipos, Gaia se lanzó sobre uno de ellos y lo besó frenéticamente en la boca. Mientras ambos jugaban con sus lenguas, el segundo se acercó por detrás, se dedicó a manosear el blanco trasero de Gaia. Los penes flácidos de los hombres, comenzaron a crecer, más y más.

Gaia ahora estaba en su ambiente. Feliz y deseosa, bajó sus dos manos en dirección del falo que la apuntaba. Si dejar besarlo al hombre, tomó el miembro, muy duro en ese momento, lo frotó con sus hábiles manos. El otro tipo también reclamó atención, acercándose más a Gaia y restregando su verga contra la espalda y glúteos de la mujer.

Gaia notó el gesto, era hora de hacer gozar a los hombres. Sin esperar más, tomó asiento en una de las butacas, se colocó en el centro de los dos muchachos a la altura de los dos mástiles, ambos casi del mismo tamaño. Tomó un falo con cada mano, empezó a saborear, primero uno, luego el otro, a veces los dos al mismo tiempo cuando cabían en su boca. Gaia se deleitaba, haciendo gozar a sus amantes. Lo hacía cada vez con más fuerza, entonces extrañe su boca ardiente en mi verga. Instintivamente cada vez que tragaba uno de los penes, abría sus piernas hasta más no poder. Pude ver desde mi posición aquellos finos labios menores, que pedían a gritos un castigo real.

En algún momento, se tomó un respiro, recuperando el aliento, abrió sus grandes ojos, y me encontró mirándola, sonrió un poco pícara, luego puso su cara de inocente, y me lanzó un beso descarada. Yo, volví en mí, regrese su vista un poco abochornado.

En cuanto deje de mirar el espectáculo de Gaia me dedique a lo mío y es que no tenía nada que envidiar, la vagina de mi pareja ahora se mostraba más húmeda que nunca, penetrarla era realmente delicioso. Carolina por su parte, besaba mi cuerpo, mientras restregaba frenéticamente su vagina con dos de sus dedos. Yo me deleitaba con el delicioso sexo que recibía su órgano, sus labios menores parecían ajustarme y absorberme tanto que era difícil de aguantar la verdad no creía tener más semen con tantas eyaculaciones que había tenido ese día. Justo cuando estaba a punto del clímax sentí los espasmos de la modelo que movía sus nalgas tratando de contener un orgasmo muy fuerte.

En ese momento, pensé que sería bueno insertar mi pene en su delicado ano, este parecía bastante cerrado. Imagine profundo placer que sentiría al estar dentro de ese pequeño asterisco. << ¿Qué mejor lugar para mi última eyaculación? >> pensé.

Lastimosamente, en cuanto se dio cuenta de mis intenciones, la modelo, tomo aire y se incorporó de un brinco. Dio vuelta hacia mí y besó suavemente mis labios, la pude notar fatigada y acalorada. Tenía una carita de satisfacción, que contrastaba con algunas gotas de sudor removiendo parte del maquillaje en sus pómulos. En ese momento, me percaté de una de las pocas actitudes humanas, en esta chica tan difícil de entender.

Observó tiernamente a Carolina, quien me besaba suavemente su hombro y brazo derecho. Estiró su mano derecha y acarició los cabellos de Carolina, tan sutil como empezó, besó mis pechos bajando suavemente hacia mi órgano, lo acariciaba bondadosamente con ambas manos, una vez frente a él, se pudo de cuclillas y acercó su boca lentamente. Sacó su delicada lengua y la pasó justo sobre mi zona más sensible, el glande. Pude haber terminado, con esa única y excitante acción de la mujer, pero en ese momento soltó unas palabras que me dejaron atónito.

Levantó su mirada, posando sus ojos en los míos y dijo:

– Muchos hombres hubieran deseado lo que tuviste, siento que debo agradecerte por portarte como un caballero, y no tratar de aprovecharte de la situación

Habiendo terminado sus palabras, se levantó, tomó su vestido con su mano derecha y caminó hacia el lugar de donde había venido.

Y yo se quedé ahí, sin saber si seguirla o quedarme, completamente absorto por esa actitud tan extraña. Carolina en cambio, no desaprovecho la oportunidad, tomó mi verga más erecta que nunca, se la llevo a su boca frotándola con su mano izquierda sin compasión alguna. No le costó nada hacerme eyacular dentro de su boca, el poco líquido que pude rociar en su boca lo bebió completo.

Me senté agotado en la butaca más cercana, fue la primera vez que sentí ese ardor en mi pene flácido. Quizás de tantas penetraciones y fricciones habían terminado gastando mi falo. Algo no estaba bien, entonces solicité a Carolina que dejara de mamarme pero ella insistía.

De alguna parte, apareció Daniel justo detrás de Carolina, embobado quizás por alcohol que llevaba encima o tal vez por el espectáculo de Carolina, en cuatro, meneando su enorme trasero a todos que estaban atrás. Daniel apareció tan rápido, que tomó de sorpresa a Carolina. El tipo posó ambas manos sobre el blanco trasero, de la chica seguramente hasta introdujo sus dedos en alguno de los deliciosos agujeros de mi amiga.

A mí me pareció buena idea que alguien más poseyera a Carolina, dada mi actual situación, después de todo ella no era mi novia ni nada parecido. Carolina opinaba diferente y le disgustó tanto que se incorporó de un respingo asustada. Daniel seguía manoseando descaradamente a Carolina aun con la actitud hostil de ella, el mascullaba algo casi incomprensible:

– No recuerdos haberme tirado este ano

Quise decirle a Carolina, que no me molestaba si ella decidía fornicar con alguien más. Pero ella estaba decidida y más astuta tomo las riendas de la situación, como si no fuera la primera vez que tenía que librarse este tipo de gente.

– Hola Daniel ¿cómo estás? – le dijo mientras alejaba sus manos y las posaba sobre sus hombros, hizo el ademan de presentarme – Mira este es Juan, mi amante – recalcó tal vez esperando que dijera algo, no fue así

– Si –con un largo siseo de la palabra- ya lo conozco Carolina, sabía cuándo observe ese delicioso trasero, que solo podía ser tuyo y lo quiero para mi ¿dónde te metiste todo este tiempo?

– Pero que dices Daniel –Carolina reía, parecía contenta- estoy aquí desde temprano, y ya estuvimos juntos, hmmm fue muy rico ¿me vas a decir que no te acuerdas? Vas a herir mis sentimientos

– Nada de eso mi amor… lo que yo quiero… es repetir esa deliciosa experiencia y en vista que tú amante no parece tener inconveniente. Yo quiero probar nuevamente ese delicioso cuerpo ¿qué dices nena? ¿Te animas? – Carolina frunció en seño, parecía muy molesta, pero, aun así lo tomo con calma, esa forma de ser siempre se encantó de ella

– Danielito claro que se gustaría, no estaría aquí de lo contrario pero mírate, creo que estas un poco pasadito de copas. Primero tendrás que levantar –señaló el flácido pene de Daniel- a tu amiguito. Si quieres complacerme, recuerda soy muy exigente – Daniel pareció darse cuenta de lo que hablaba y solo atinó a decir mientras daba media vuelta.

– Solo déjame que busque una de esas pastillitas.

Carolina regreso la mirada con su rostro encrespado, fue en busca de su ropa con un gesto de enojo único, pensé que me dejaba pero mientras subía su pantalón me miró y dijo:

– ¿Qué esperas? Tenemos que irnos ya – esbozó una pequeña sonrisa

– ¿A dónde? – pregunté

– A donde más, a mi apartamento, me canse de esto, te quiero solo para mí, así que toma tus cosas y nos vamos

– OK – dije mientras trataba de conseguir su ropa

Mientras se apresuraba, a vestir observé también como la modelo se perfilaba su vestido de una pieza, sobre su entallada figura. Luego pasaba a sentarse lo más cerca posible a su amante oficial. El doctor Cornejo, poco o ningún caso le hacía a esta pues se encontraba envuelto en una nube de cuerpos masculinos y femeninos. En esa masa de cuerpos desnudos pude distinguir a Mabel besando frenéticamente a Sabina mientras esta, recibía una dosis de sexo oral por detrás, por alguien a quien no pude distinguir. Las luces habían comenzado a flaquear, alcance a ver mi reloj eran casi las dos de la mañana y algunos grupos yacían exhaustos en de las esquinas del local.

El más grande grupo de gente esparcidos en donde se encontraba el Doctor Cornejo se hallaba compuesto de chicas, que gemían gritaban otras se movían con afán pero no dejaban ver claramente sus caras solo sus cuerpos desnudos se entremezclaban en una masa de senos, caderas, vaginas y piernas en todas las posiciones imaginables, uno que otro pene soportaba sus últimas erecciones, mientras aquellos que los tenían flácidos preferían hacer de camarógrafos o periodistas, filmando, tomando fotos o acercando micrófonos a los actores improvisados.

Encontré también a Gaia cerca de ahí, saboreando las últimas gotas de semen entre sus dedos. Sus dos compañeros se habían tendido sobre las butacas para descansar después de la faena tan ajetreada que seguro Gaia les hizo pasar. Ella feliz sonreía frente a ellos estirando una de sus desnudas piernas hacia el rostro de uno de los chicos mientras charlaba amenamente algo que no alcazaba a oír.

Al poco rato se acercó a su Carolina completamente vestida, quien reclamaba por mi lentitud me abochorno un poco su reproche y mientras trataba de calzar uno de mis zapatos ella dio la vuelta y en un parpadear estaba en la puerta ¿Cómo hizo eso? no me quedó más remedio que seguirla sin poder colocarme mi zapato, de pronto Carolina desapareció pero a lo lejos escuchaba que me gritaba:

– Vamos…vamos…despierta… ya basta… despierta, despierta – Despierta qué diablos quería decir, por más que corría tras ella, el pasillo parecía infinito, no la alcanzaba

Capítulo 8: Despertar

– ¡Despierta!

Juan abrió los ojos asustado… frente a él, el rostro hermoso de Carolina, lo miraba fijamente, esbozando una cálida sonrisa, sus mejillas completamente sonrojadas, como si no pudiera contener su vergüenza.

Entonces Juan se revolvió nervioso en su asiento, mientras cobraba conciencia, algo somnoliento. Recordó la butaca donde se había acomodado al llegar. Recordó el cansancio que sentía y lo cómodo que estaba su asiento. Se había quedado dormido, quien sabe cuánto tiempo había pasado, el despertar resultaba por demás bochornoso.

Los rumores y entrecortadas risitas se extendían alrededor de Juan. Seguramente había estado hablando dormido, la somniloquía, un extraño trastorno en la conducta durante el sueño, que le habían diagnosticado a Juan, hace algunos años, resultaba bastante embarazoso, sobre todo, ahora que se había quedado dormido entre tanto gente.

Juan sintió sobre si, las miradas de todos los presentes iluminando como reflectores, encandilando todo su vejado ser. El silencio que solo duró un par de segundos, para Juan fue eterno y cuando quiso reaccionar el público explotó en profusas risas.

Incluso al frente, en el podio de autoridades, reían los profesores, unos con más esmero que otros. El doctor Cornejo y el resto de invitados importantes, se mostraban divertidos mientras Juan se Encogió de hombros. Sintió como se hacía pequeño, encogiéndose en su butaca hasta casi desaparecer. Intervino el doctor Cornejo, salvando la situación, tomó la palabra con su tono autoritario:

– Bueno… ahora que podemos seguir – giró, mirando a Juan, este quiso desaparecer en ese momento – vamos a dar por cerrada la ceremonia de posesión. Deseamos el mejor de los éxitos a la nueva presidenta

Parecía que Juan se había perdido toda la reunión, la gente empezó a levantarse y a retirarse. Excepto Carolina y su amiga Gaia que esperaban muy entretenidas, conversando entre ellas. Juan estaba completamente abochornado, no quería moverse, iba a esperar que todos salgan, para entonces escabullirse entre las sombras.

– Hey tú… ¿te llamas Juan verdad? – preguntó Carolina, con la misma sonrisa de antes

– Si… – respondió inseguro

– Tenemos que hablar – agregó Carolina muy seria

– Lo siento de verdad –soltó Juan tratando de disculparse- creo que me quedé dormido, estaba muy cansado

– Si… nos dimos cuenta, ja ja – dijo Gaia mientras se retiraba divertida, fue a hablar con su tío

Carolina se levantó también, caminó decidida, volteó y preguntó:

– ¿Qué esperas? Tenemos que irnos ya – sonrió, justo como lo había hecho en el sueño. Juan quedó mudo, se movió atontado. Trató de acomodar sus zapatos instintivamente, pero se dio cuenta que no hacía falta. Entonces habló a la mujer

– ¿A dónde vamos? – Preguntó pensando en un dejavú, pero no hubo respuesta

Carolina, pasó junto a Gaia y le cruzó algunas palabras, asintieron mutuamente. Juan caminó rápidamente, como el sueño, la alcanzó junto a la puerta <> pensó.

– ¿Querías ir en mi auto, no? – La mente de Juan seguía nublosa, los recuerdos del sueño parecían tan reales, él la seguía como sonámbulo

Al salir del pasillo, Juan sitió el frío de la noche apoderarse de él. No entendía como Carolina, con su vestimenta tan ligera, parecía no inmutarse ante el frio. Entonces Carolina, regresó su hermosa mirada, con su habitual firmeza y seguridad, buscando los ojos del hombre dijo:

– Mi auto esta abajo, vamos – Juan continuó caminando

El no pudo responder, solo se arropó un poco y la siguió. Bajamos las gradas, caminamos hacia el lugar donde había dejado estacionado su auto, a esa hora poca gente quedaba en la universidad. El estacionamiento lucía completamente desolado, fue fácil dar con el auto Blanco. Juan conocía el auto, pero nunca había entrado en él, no era parte de sus amistades, su círculo social era muy diferente.

No recuerdo como hice para alcanzar a Carolina, solo recuerdo que estaba dentro del auto y con la calefacción encendida, entonces me decidí a romper el hielo que se había creado desde que salimos.

– ¿Acaso no sientes frío?- pregunté

– Si – cortó secamente la pregunta. Esperé un momento, ella pareció reflexionar y afinó un poco más su respuesta

– Sí… tengo frío, pero no exagero tanto como tú, el frío es algo psicológico

– ¿Sí? pero que puedo hacer si tengo frío –respondí titiritando

– No te entiendo… tu eres de aquí, deberías estar acostumbrado al frio – agregó Carolina

– ¿Qué esperamos? – la corté bruscamente

– A Gaia, por supuesto, yo la traje, soy responsable por ella

En ese momento, vi entre las sombras una pareja, esperaban cerca de nosotros, me esforcé por discernir en la oscuridad. Se trataba de Carmina y Leo, habían salido un poco antes que nosotros y seguramente esperaban un taxi. Me imagine que a esas horas resultaría bastante complicado encontrar uno por esta zona, me la jugué:

– Es Carmina y Leo –dije en voz alta

– ¿Y?- contestó Carolina

– Bueno… tal vez podemos tomar un taxi los tres, pues vivimos muy cerca

– ¿Estás loco? – reaccionó como me lo esperaba, mientras yo fingía demencia

– No quiero que te molestes en llevarme… yo puedo ir solo además mi casa no está muy lejos

***

– ¿Entonces me vas a contar? – repitió Carolina, alzando la voz con insistencia pero a la vez con una sonrisa atrevida en sus labios, volviendo su rostro a donde se encontraba Juan. Ensimismado, se demoró en responder, esto era un sueño o la realidad, su mente le jugaba una mala pasada

– ¿Qué quieres que te cuente? – Al fin respondió Juan, completamente perdido entre los recuerdos del sueño y la realidad se mezclaba. Que hacia ahí, no entendía, Carolina era casi una desconocida, por alguna razón él, la había seguido hasta ahí

– Eres el hombre más gracioso que he conocido –agregó contenta- ¿cómo se te ocurre dormir y soñar en plena reunión? no lo puedo creer

– Ya te pedí disculpas… ¿qué es lo que quieres de mí? ¿porque me trajiste hasta aquí? – interrogó Juan algo molesto

– ¿Dímelo tú? eras el que decía que quería ir conmigo, insistías debía esperarte, llevarte en mi auto ¿Es que no lo recuerdas?

– ¿Yo decía eso?

– Si… bueno, en tu sueño ¿estabas soñando cierto?

– Supongo… – respondió Juan, contrariado por confirmar sus sospecha, no solo soñaba, también hablaba dormido

– Bueno… quiero saberlo todo ¿que estabas soñando? ¿cómo sabías mi nombre? y te llevaré a donde tú quieras, solo cuéntame todo por favor ¿Quieres?

– Yo… no sé, estoy muy avergonzado ¿Qué estamos esperando? – preguntó Juan de pronto, como si hubiera tenido que hacer esa pregunta, de inmediato se dio cuenta de la coincidencia y agregó – déjame adivinar ¿Gaia?

– Si, Gaia por supuesto… yo la traje, soy responsable por ella

– DEJAVÚ – respondió Juan instintivamente, sin entender lo que pasaba, este dialogo ya lo había vivido

– ¿Cómo? – preguntó Carolina frunciendo las cejas

– Mi sueño – respondió Juan contrariado – me preguntabas por él, en mi sueño me decías lo mismo, que eras responsable por Gaia – suspiró

– ¿Debe ser una broma? –hubo un silencio entre los dos- En realidad, no soy responsable por ella. Es solo que, ella vino conmigo y tengo que llevarla a casa. Pero lograste llamar mi atención ¿me estás diciendo que ya tuviste esta conversación, en tu sueño? ¿Tratas de impresionarme o algo así?

– Te sorprenderías – Juan hablaba entre dientes

– ¿Como? No importa… dime que más pasó en tu sueño

– Hmmm pues… según mi sueño, debe aparecer Carmina y mi amigo Leo. Entonces yo te pido que los llevemos – Ambos se quedaron callados, como esperando que algo suceda, instintivamente miraron las ventanas buscando en los alrededores, nada

– Bueno, no todo pasa como queremos ¿no te parece? – ambos rieron y bromearon al respecto, recalcando lo ridículo de la situación. De pronto, un golpe en la puerta, les hizo saltar a los dos, quienes no atinaban a reaccionar

– ¿Qué pasa? – preguntó Carolina asustada

– Creo que es Gaia, por favor abre las puertas – agregó Juan tranquilizándola

– Mi amor – hablaba Gaia mientras entraba al auto, su voz chillona retumbaba por doquier, no paraba de hablar – no vas a creer lo que pasó, cuando venía, me encontré con un par de amigos, conversamos un rato y se nos va el tiempo

– Si, nos dimos cuenta – contestó Carolina, dejando escapar un suspiro aliviada

– Pero espera, eso no es todo – Gaia regresa su mirada al asiento trasero donde estaba Juan – Hola bello durmiente – saluda, sin ocultar su emoción, luego continúa su parloteo – bueno, como decía, se nos hizo tarde y el novio de Carmina se enojó, no te imaginas la que se armó, estaba histérico y la dejó abandonada

– ¡Carmina! – pronuncian al unísono Juan y Carolina incrédulos

– Si, Carmina y Leo ¿los conoces? vienen conmigo, dime que podemos llevarlos ¿Si? ¿Si? están esperando, por favor – Gaia no esperó respuesta, movió sus manos como desesperada, haciendo señas. De inmediato, se abre la puerta trasera del auto y la pareja aparece de las sombras, Gaia continua – te presento, Carmina y Leo ¿cierto que si les puedes dar una aventón? – de inmediato Carmina y Leo se introducen en el auto, el sorprendido Juan tiene que acomodarse en un rincón del asiento trasero

– Claro – respondió Carolina mientras miraba a Juan que también estaba boquiabierto, estupefacto viéndose inmerso en un sueño o pesadilla irreal

Carolina bajó el tono de su voz y todo se oscureció de pronto, se acercó a mí ser, con toda la ternura de la que fue capaz.

– Quiero que vayas conmigo, pasar la noche juntos – yo me puse serio, fingí pensarlo

– Está bien… pero qué tal si, damos un aventón a los chicos – Tenia que aprovechar la situación para ayudar a Carmina y Leo, especialmente a Carmina, por mi culpa estaba ahí

– Claro que sí – respondió emocionada Carolina, con una sonrisa que hubiera iluminado el parqueadero

Carolina presionó algunas veces el claxon del auto, hasta que llamamos la atención de los muchachos, ellos se acercaron tímidamente. Obviamente no se negaron a nuestra propuesta, subieron al auto enseguida.

Carolina ahora con un nuevo semblante les explicaba que teníamos que esperar a su amiga, enseguida saldríamos. A ninguno nos incomodó al principio, sin embargo conforme pasaban los minutos, parecía que Gaia se estaba demorando demasiado. Me ofrecí para ir a buscarla, pero justo cuando se disponía a salir del auto vimos aparecer entre la oscuridad una figura semidesnuda, que corría hacia nosotros, indiscutiblemente se trataba de Gaia.

Subió a la parte de atrás del auto, se encontró con Carmina y Leo, saludaron efusivamente. Todos soltábamos carcajadas, por la singular aparición de la mujer. Gaia únicamente llevaba puesto su blusa y la parte inferior de su ropa interior. Su top y el pantalón los sujetaba con su mano izquierda.

El auto arrancó mientras Carolina recriminaba la demora de Gaia:

– ¡Estás loca! Llevo esperándote casi treinta minutos y apareces así ¿qué tal si te hubiera visto alguien?

– Pues que miren, a cualquiera le encantaría ver un hermoso cuerpo como el mío

– Vas a pescar un resfriado – añadí

– Si, en eso tienes razón, necesito algo para calentarme – guiño un ojo pícaramente

– Tranquila corazón – añadió Carolina – ¿no tuviste suficiente ya? Por favor compórtense todos, nos acercamos a la salida, hay guardias – en eso tenía razón, no era bueno levantar sospechas. Si levantábamos sospechas, podríamos arruinar la fiesta que aún continuaba en el hemiciclo

En cuanto llegamos a la puerta de salida, nos detuvimos mientras el guardia nos abría paso. El tiempo que tomó arrancar nuevamente el auto, nos permitió poner atención en la chica que salía caminando a nuestra derecha.

Increíble pero cierto, se trataba de la modelo, caminaba sola, cerca de la puerta para peatones. Carolina parecía molesta, fingió no ver, he intentó acelerar lo más pronto posible, la detuve y salí del auto, para dar encuentro a la mujer.

– Hola… ¿estás bien? – pregunté galante

– Si… de lujo – respondió con ironía en sus palabras

– ¿Pasó algo con el doctor Cornejo?- pregunté tratando de detenerla

– Eso no es de tu incumbencia –respondió mientras hacia el ademán de esquivarme – Quizás la pregunta era demasiado estúpida, era obvio que algo había pasado

– ¿Te llevamos a casa? no es bueno que andes sola a esta hora – increpé como si fuera una orden, más que una petición

Me miró fijo a los ojos con cierto desprecio, me preparé para la negación, pero por esas cosas extrañas de las mujeres aceptó. Cuando abrí la puerta, pude notar el malestar, en el rostro de Carolina, no tuve más, que encogerme de hombros y acomodarla en el asiento delantero del auto, junto a mí.

En la parte posterior del auto, Gaia había armado su propia fiesta llena de risas y algarabía. Contaba sus hazañas y andanzas, inesperadamente gritó:

– ¡Excelente! ya estamos completos… ¿dónde continuamos la fiesta? es muy temprano para ir a casa – ya había convencido a Leo, para que le siguiese la corriente

– Así es… vamos a pasarlo bien – agregó Leo

– ¿Porque no? – respondió la modelo, yo solo regresé la mirada a Carolina, ella no compartía la idea, pero se limitó a decir

– Si ustedes quieren – su tono era difícil aceptar como una afirmación

– La que decide aquí es Carolina, ella es la jefa – añadí

– Vamos chica, no seas aburrida, llévanos a algún lugar interesante de esta ciudad – soltó Gaia.

– Está bien… ¿A dónde? – Dijo a regaña dientes Carolina

***

– Hey, tierra llamando a Carolina, Juan – Gaia reía profusamente, también Carmina y Leo quienes ya estaban dentro del auto, acomodados en el asiento trasero junto a Juan – ¿Que se traen ustedes dos? – preguntó Gaia

– Nada… – respondió Juan, sacudiendo la cabeza, tratando de recobrar la conciencia, dos segundos antes, estaba sentado en la parte delantera del auto y ahora estaba atrás, su mente le jugaba una mala pasada

– ¿Cómo que nada? algo se traen – Leo y Carmina empezaron a incomodarse, pero Carolina salió al rescate

– ¿No van a creer esto? Juan es un vidente o algo así, me dijo que soñó todo esto, es de locos – Todos rieron nuevamente

– Claro –intervino Leo- estuvo durmiendo toda la reunión, frente a todas las autoridades, eso definitivamente es un poder especial – las risas empeoraron, Juan solo se encogió de hombros

– Vamos Juan, diles lo que me estabas contando

– No importa – contestó tratando de calmar los ánimos, pero en su interior hubiera querido que la tierra lo tragase, en ese preciso instante

– ¿Cómo que no importa? Justo antes que llegaran, me estaba contando que unos desconocidos, Leo y Carmina, iban a venir con nosotros y de pronto ¡puff! aquí están ¿no les parece increíble?

– ¿Lo dices en serio? – agregó Carmina incrédula – ¿Pero cómo? ¿Puedes predecir el futuro?

– Lo soñó – aclaró Carolina

– ¡Ah! ¿Algo como visiones? ¿Bueno y ahora qué? ¿qué va a pasar?

– Bueno – Juan tragó saliva tratando de recordar – no te sabría responder, a excepción de la Modelo, que deberíamos encontrar en la puerta de salida, estamos todos

– ¿Modelo? – gritó Leo poniendo los ojos como platos

– Si… había una modelo, en mi sueño claro, ella nos acompañó

– ¿A dónde? – agregó Gaia muy interesada

– No estoy seguro, ustedes saben que los recuerdos del sueño van desapareciendo con el tiempo. En mi sueño, lo discutíamos, justo como ahora, en el auto. Creo que hablábamos, de un bar o algo parecido, pero Carmina no estuvo de acuerdo porque tenía su blusa rota – Juan se detuvo, dándose cuenta del error que había cometido, al decir eso

– ¿Rota? ¿Porque la tendría rota? – Agregó de inmediato Carmina

– Una larga historia – farfulló Juan sin más detalles

– Bueno… propongo algo – Habló Leo, poniendo punto de orden – si están de acuerdo y ya que estamos aquí. Vamos a algún lugar cómodo, tomamos unas cervezas y hablamos respecto al tema. Les soy sincero, esto es lo más loco que he escuchado el día de hoy y no quiero perderme ni un detalle ¿Alguien me apoya? – su última pregunta sonó por todo el auto con un entusiasmo propio de Leo

– Pues –intervino Carolina algo indecisa- de todas formas, Gaia y yo íbamos a salir y es verdad, también estoy muy intrigada

– Bueno, yo diría que NO, en otras condiciones – dijo Carmina haciendo énfasis en el no– pero mi novio, me dejó, está histérico, y seguro me va a esperar en casa para armar un problema. Además, le había dicho a mi madre que iba a hacer un deber, así que hoy tengo tiempo libre – Gaia daba saltitos como niña todos parecían estar de acuerdo

– Bueno vamos entonces – dijo Carolina mientras encendía el auto y tomaba el camino. Todos discutían a donde ir, mientras Juan solo pensaba en lo bochornoso y extraño que era esto

– Pero, hay algo importante que Juan debe hacer – tomó las riendas otra vez Leo – antes que te olvides del sueño, ve tomando nota de lo que recuerdes, luego vamos armando los detalles ¿te parece? – Juan aceptó con desgano, parecía ser el conejillo de indias de algún experimento raro, aun así, empezó a escribir con un papel y lápiz que le prestaron

Se formó una confusión pues todos opinaban diferente, todos tenían un sitio preferido a donde ir. Al final, nos decidimos por un lugar de lo más informal y privado en el centro de la ciudad.

A Carmina y Carolina sin embargo, les pareció de pésimo gusto ir a ese lugar, tal como estaban vestidas. Especialmente Carmina ya que tenía gran parte de sus ropas hechas hilachas. Entonces Carolina tuvo lo que parecía una magnífica idea. Irían a su departamento, se cambiarían de ropa, ella prestaría algo a Carmina para que pudiéramos salir sin problemas.

En cuestión de minutos, llegamos al departamento, las chicas subieron gritando mientras corrían “no demoramos”. Leo y yo decidimos seguirlas, pues no estábamos convencidos de su rapidez. Seguramente las mujeres se tomarían su tiempo y no estaba en nuestros planes pasar horas en el auto.

Fácilmente dimos con el departamento, las mujeres dejaban una estela de puestas abiertas, o prendas de ropa en su caminar. En cuanto entramos al apartamento, Gaia hizo de anfitriona y nos ofreció el hogar, como si fuera suya, no cabía la menor duda que había estado ahí muchas veces. Nos acomodamos alrededor de la modelo, en la elegante sala, mientras Gaia nos ofrecía algo de tomar.

– ¿Whisky? por favor – dijo la modelo, nos sorprendió a todos, decidimos seguirle la corriente, pedimos lo mismo

Gaia apareció frente a nosotros con una botella llena de Johnnie Walker Negro y un par de copas. Luego tomó asiento, cerca de nosotros, animando la espera. Carolina y Carmina desaparecieron en una de las habitaciones. Nosotros devoramos las copas, como animales sedientos. El tiempo pasaba y Gaia hacia bien, pasando una copa tras otra, para aliviar la espera. Charlábamos amenamente, de vez en vez, Gaia entraba a la habitación llevando un par de copas a las ausentes.

En una de las tantas entradas y salidas de la habitación, Gaia tropezó al salir y casi cae. Todos reímos a carcajadas, sin darnos cuenta, que el alcohol había hecho efecto en nosotros, reíamos casi de todo. Finalmente Gaia pidió nuestra atención:

– Cuando,… -divagaba como si sus labios pesaran- Carmina… salga, por favor digan que se ve bien, por favor, por favor… – Carmina salió en el acto, con una cara de descontento descomunal

Todos nos miramos, no pudimos evitar reír sin control, fue un reflejo incontrolable. Como era de esperarse la figura de Carolina es muy diferente a la de Carmina. Las ropas prestadas, sobre el frágil cuerpo de Carmina formaban una ilusión óptica por demás graciosa.

Las dos chicas entraron de inmediato molestas, pasados unos 5 minutos, volvieron a salir, esta vez intentamos no reír. Sin embargo, nuestras fingidas muestras de aprecio tampoco convencieron a Carmina. Al final de unos dos intentos más, Carmina se molestó mucho y se retiró la camiseta que traía puesta, la dejó a un lado y corrió a los brazos de Leo, angustiada.

– No voy a ninguna parte – gritó Carmina

– Es lo mejor… estoy cansada. – Agregó Carolina algo aliviada. Entonces apareció Gaia, ágil como una pantera

– Por supuesto, no hay necesidad de ir a ninguna parte, nos quedamos aquí, no hay lugar más privado que este

– Que buena idea. – concluí

Por decisión unánime, a excepción de Leo y Carmina que no paraban de besarse, coincidimos en que debíamos quedarnos ahí. Conversamos un poco, tomamos unas copas, nos relajamos. El plan era después, compartir hasta el amanecer y luego salir cada uno a sus respectivos hogares.

Entonces nos acomodamos tranquilos en los sillones. Carolina por supuesto tomó asiento en el sofá, junto a mí. La modelo a mi izquierda sola. Gaia iba de un lugar a otro repartiendo las copas cada vez que creía conveniente. Carmina y Leo no se separaban, ella sentada sobre las piernas de su pareja, lo besaba tiernamente sin ningún pudor, el lugar se volvió ameno en poco tiempo.

Entre las cosas más graciosas, recuerdo a Leo mientras besaba a Carmina, en algún momento, pasó una de sus manos por los senos de la mujer. La tentación era evidente pues tenía sus hermosos senos casi expuestos, apenas tapados por los restos del sostén. Completamente visibles, después de haberse quitado la camiseta de Carolina. Lo gracioso como decía, fue que Carmina, reaccionó sobre exaltada, asustada quizás, todos reímos profusamente.

Después de un momento, Gaia saltó al centro de la sala, invitando a todos a bailar. Leo y yo, contestamos que solo bailaríamos, si primeramente las chicas nos hacían un show y se quitaban las ropas completamente. Gaia ni lo pensó, de inmediato comenzó a moverse como una perra cualquiera, a la par de la música, debo reconocer que lo hacía muy sensual, como solo ella podía hacerlo.

Casi de inmediato, saltó a la escena la modelo, con la delicadeza propia de ella pero con una seguridad muy intimidante. Se movía mientras me miraba fijamente. Carolina no aguantó la irritante actitud de su invitada y pensó en voz alta << Estoy en mi casa puedo hacer lo que me dé la gana >>

Entonces comenzó a mover su delicioso cuerpo frente a mí, me encantó el espectáculo. Sin duda, si no hubiera estado tan agotado y hambriento, me hubiera lanzado sobre ellas ahí mismo. Las mujeres, como unas cualquieras, perras indecentes, se movían sin ninguna vergüenza, tocándose a ellas mismas o a sus compañeras.

Carmina, demoró un poco más, en tomar confianza, solo cuando todas se encontraban con el torso desnudo, se animó a salir al frente.

***

Los cinco jóvenes llegaron a un bar muy tranquilo, y algo alejado de la ciudad. El largo trayecto fue aprovechado por Juan, quien alcanzó a escribir lo que recordaba de su sueño hasta la parte en que llegaron al departamento de Carolina.

Los muchachos se acomodaron en una mesa, comenzaron a beber cuanta cerveza podían. Juan no dejaba de escribir, hojas y hojas de lo que el recordaba de sueño, los muchachos reían ampliamente de lo que estaba pasando, pero Juan parecía un poseído, no dejaba de escribir

– Bueno Juan ¿vas a leer en algún momento, lo que pasó en tu sueño? ¿estábamos en este bar los cinco? – Gritó Leo

– No, la verdad, que no. En mi sueño no fuimos a un bar, fuimos al departamento de Carolina para que Carmina pueda cambiarse de ropa

– ¿Otra vez con el cuento de mi ropa? ¿Dime que pasó en tu sueño con mi ropa? – Juan se sonrojó de inmediato y agachó la mirada

– No, no, no – habló Carolina, con su voz graciosa por el alcohol que había bebido – él tiene que decirme a mi primero, que hacia yo en su sueño, porque hay que reconocer que eres todo un Galán cuando sueñas ja ja ja

– ¿Cómo? – preguntó Juan intrigado

– Te voy a contar – Carolina aclaró su voz, que le resultaba difícil de controlar – Cuando llegué a la reunión, tuvimos una conversación muy interesante. Bueno al menos eso pensé yo. Gaia y yo nos sentamos junto a ti, eran los únicos puestos libres, tú me dijiste – ¿así que volviste? Me pareció muy gracioso porque nunca me había ido, pensé que estabas solo estabas tratando de entablar una conversación. Luego me dijiste todo eso, de que me veía tan linda en estos pantalones blancos. Que mi cuerpo es tan espectacular, que te encanta la forma como llenan mis caderas el pantalón. Por dios estaba sorprendida y alagada, hasta que saliste con el tema de mi novio. Decías que él no me hace feliz y que una mujer tan sexy como yo, necesita un verdadero hombre. Estuve a punto de darte una bofetada, cuando Gaia me hizo caer en cuenta que estabas dormido

– Claro que si – Aclaró Gaia – tan dormido que tu cabeza caía prácticamente sobre los hombros de la pobre Carolina, pero también te pusiste galán conmigo, me dijiste que tenía unos labios tan deliciosos que te encantaría probarlos y hasta llegar a chuparlos o algo así. Queríamos salir corriendo, pero te veías tan tierno hablando dormido – todos rieron

– Por lo que veo me quede dormido un largo tiempo, según mi sueño, lo que me están contando, pasa aproximadamente a la mitad de mi sueño. Tengo que ofrecer una disculpa, de verdad que lo siento, estoy muy abochornado por todo, ahora que he escrito gran parte del sueño, me da como mucha pena contarles. Es un sueño muy tonto en realidad, un sueño hmmm, no sé cómo decirlo

– Húmedo –agregó Gaia con el mayor descaro

– ¡Oh por dios!– dijo Carolina poniendo un rostro ingenuo fingido

– Bueno ya somos grandes – dijo Leo – ¿porque nos asustamos por esas cosas?

– ¿En realidad fue un sueño húmedo? – preguntó Carmina

– Claro que si – aseguró Gaia – se notaba claramente la erección que tenía – Juan volvió a encogerse de hombros aún más rojo que antes

– ¡Por Dios Gaia! ¿Cómo es que te fijas en esas cosas?

– No seas hipócrita mi amor, a ti te consta

– Entonces yo no quiero saber nada de ese sueño – aclaró Carmina

– Pero yo si –Dijo Leo, algo contrariado- yo voy a leer estas hojas, quieran ustedes o no

– ¡No! no – Juan agarró las hojas protegiéndolas – pregunten lo que quieran yo les explico, lo que sea posible hacerlo

– Bueno, a mí, si me interesa saber ¿qué hacía yo en tu sueño? ¿qué papel tenía? – pregunto rápidamente Leo

– Tú, eras novio de Carmina, ambos muy cariñosos, se besaban, lo pasaban bien

– Dices que no fuimos a un bar, que hacíamos en casa de Carolina

– Bebíamos, whisky

– Con razón, pedias wiski durante tu sueño ¿eso fue todo? – preguntó Carolina

– No, ahí viene la parte, que quizás no quieran oír – Se quedó en silencio, miró la expresión de todos, ellos estaban expectantes a las palabras de Juan – Las chicas, hicieron un streaptease – Todos rieron a carcajadas

– Eso es todo – dijo Gaia – ¡por Dios! ¿tanto misterio para eso? Wisky y bailarinas, gran cosa

– Dime una cosa – preguntó Carolina muy seria – ¿Qué wisky tomábamos en mi casa?

– Una botella de Johnnie Walker Negro que tenías abierta en tu bar

– ¡Oh por dios! esto es una extraña coincidencia – todos rieron sin creer lo que estaba pasando

– Porque no vamos a tu casa entonces y tomamos la botella – agregó Leo, risas

– No, no importa cuánto alcohol beba no conseguirás que haga un striptease

– Pero si un whisky – agregó todos rieron

– Además, mi prima está de visita, no es posible

Las chicas continuaron, hasta desnudarse completamente. A decir verdad, espectáculo no fue del todo sensual, ni derroche de delicadeza. El efecto del alcohol había calado en las chicas. Me di cuenta entonces, Carmina llevaba la peor parte, sus movimientos eran torpes y toscos. Me di cuenta que no era de las chicas, que acostumbraban a tomar demasiado alcohol.

En uno de sus movimientos provocativos hacia Leo, mientras estaba de espaladas a mí. Se agachó, hablando al oído de Leo, sucedió entonces que fue a dar un mal paso. Tropezó con uno de mis pies, poco faltó para que cayera. Gracias a mi agilidad, pude estirar mis manos hacia ese ya conocido trasero, que se dirigía justo a mí. Lo tomé con mis dos manos, lo acaricié deteniendo la caída. En vista que mi pene no reaccionaba, decidí darle placer de otra forma. Acerque mi rostro hacia él y pasé mi lengua lo más bajo que pude. Lamia su deliciosa abertura, con dirección a su delicado ano, parecía gustoso y decidido a probar mi ardiente lengua.

Repetí algunas veces el procedimiento, mientras ella trataba de incorporarse. Yo rebuscaba suavemente con mis dedos, pude percibir una sutil humedad entre aquellos finos labios menores, que ahora lucían un poco rojos, algo irritados, quizás por el uso.

Carmina no aguantó más, su vergüenza era notoria, forcejeó hasta librarse de mis manos. Liberé el delicioso culo pero mientras escapaba estiré mi brazo y choqué fuertemente mi mano en uno de sus glúteos. Mi golpe pareció darle impulso, se escabullo rodeando la mesa de centro, para volver al lugar donde se encontraba Leo y huir de mi acoso.

Luis algo embobado por el alcohol, mostraba a Carmina, lo que parecía ser una pequeña erección de su miembro, o por lo menos su mejor intento. Yo miraba orgulloso la huella de mi mano en la hermosa nalga de Carmina.

Carmina se detuvo algo tambaleante, frente a Leo, lo pensó por unos segundos, finalmente cayó de rodillas con su rostro justo sobre el pene de Leo. De inmediato la observé devorar el pene semi-flácido de Leo, dudo que haya logrado endurarlo más, pero lo intentó.

Sentí algo de envidia por Leo, mi verga no parecía dar señal de vida. Gaia por supuesto se percató de mi extremado toqueteo hacia Carmina. Decidió aprovechar la oportunidad, se acercó, se postró decidida frente a mí, alzó una de sus piernas colocándolas junto a mi hombro, no dijo nada pero entendí lo que quería. No la hice esperar, lamí desesperadamente su vagina, sacando algunos gemidos, le gustaba y a mí también.

Al poco rato, se acercó la modelo, se recostó sobre el sillón abriendo sus bien formadas piernas y mostrando ese perfecto sexo abierto de par en par. Aquella vagina era tan perfecta que Gaia no pudo resistir la tentación, cambio de posición rápidamente, se puse en cuatro sobre el sillón, levantando su hermoso culo hasta colocarlo en mi rostro, continué mis lamidas, mientras ella saboreaba los líquidos de la modelo. La modelo, parecía haber cambiado de actitud, antes no se hubiera atrevido a participar, era un buen ejemplo de lo que podía hacer el alcohol en algunas chicas.

Gaia saboreaba el sexo de la modelo, yo devoraba todos los agujeros del hermoso culo de Gaia. Entonces pasó lo que faltaba, la cereza del pastel, Carolina se acercó a mí, lamiendo entre mis piernas, buscando algo que en ese momento parecía imposible. Succionó, chupó algunas veces mi flácido pene sin resultado alguno. Ella introducía completamente mis bolas, en su boca, lo hacía con tanto esmero que sentí algo de pena, impotencia quizás.

Me puse de pie, deseaba agradecer, todos sus intentos de revivir mi verga. Quería dar un poco de placer a mi amante preferida, Carolina. Pero cuando me incorporé, inmediatamente encontré los labios de la modelo, que me esperaban con un cálido beso, no sé en qué momento se levantó pero sus intenciones eran claras. Trataba de retirar todos los restos de jugos, que Gaia había dejado en mi boca. Sus besos eran tan pasionales que tuve que volver a sentarme y soportar sus caricias casi salvajes.

Carolina no aguantó más, tomó asiento en mis piernas. Alejó con su mano derecha a la modelo, comenzó a besarme y acariciarme diciéndome que en su casa, ella tiene privilegios. Yo la toqué, acaricié, pellizqué y sobé lo mejor que pude, hasta que ella pareció estar lo suficientemente excitada. Entonces, inserté mis dedos en su húmeda vagina, esto desató estremecimientos en todo su cuerpo, ella trataba de disimular sollozando intensos bramidos de pasión.

En cuanto pude, coloqué a Carolina en cuclillas, justo en frente de la modelo, ella entendió rápidamente y se retiró, dejando espacio a Carolina. Tomó asiento en el borde del sofá, separó sus piernas mientras pasaba sensualmente sus dedos, por encima de su vagina perfecta.

Gaia apareció y rápidamente se acomodó bajo Carolina, encajando su cabeza entre las piernas de esta. Gaia comenzó a lamer suavemente los jugos de su amiga, mientras yo la besaba desde atrás, jugando con nuestras lenguas. En esa posición, tomé fuertemente los deliciosos senos de Carolina, ella incrementó sus gemidos.

Me levanté, dejando una escena mágica, casi de ensueño, en la que me hubiera gustado participar, lástima que mi falo no opinaba lo mismo. Viendo mis limitaciones actuales, decidí probar suerte con la vagina de Gaia y la modelo. Ambas, se encontraban entrecruzadas, frotando entre si sus húmedas cavidades. La modelo además se divertía con uno de sus dedos intercalando entre su clítoris y el de su amiga.

Yo también acaricie, introduje mis dedos por doquier y de paso saboree ambos sexos. Pasamos algún tiempo así, las chicas se provocaron algunos orgasmos entre ellas. Parecían en verdad eran insaciables, continuaban frotando, sus lenguas, sus cuerpos, hasta Carolina ahora compartía conmigo el néctar de ambas vulvas. Seguían sin parar, mientras yo por mi parte, cada vez más cansado, sentía que la escena se volvía opaca, irreal, decidí parar, buscar un baño quizás una ducha, podría ayudarme.

***

– Sigo sin entender Juan ¿fue o no, un sueño húmedo? – Preguntó Carolina, sacando a Juan de un trance hipnótico

– Que si mujer – gritó Gaia envalentonada por el alcohol en sus venas

– Déjalo hablar –aclaró Carolina conciliadora- casi no ha dicho nada, desde que salimos de la universidad. Ha pasado escribiendo el pobre y no nos ha dejado leer, ni siquiera ha bebido como nosotros. Además hay algo que no entiendo, si en su sueño la única pareja fue Carmina y Leo ¿porque estaba tan excitado? ¿Dime que hacia yo en tu sueño? ¿Responde?

– Tuuu – Juan se puso rojo de inmediato, sin saber que responder – como te digo, tu y yo, bueno éramos pareja por así decirlo – Carolina sonrió aliviada, como si eso fuera lo que esperaba escuchar, Gaia frunció el ceño inconforme

– ¿Pero tú me preguntabas algo de mi novio? – arremetió Carolina

– Bueno… en mi sueño – todos dejaron sus copas para poner atención a lo que decía Juan – nos conocimos en esa reunión, según me decías habías tenido algunos “problemas” con tu novio y habías venido buscando compañía, no por casualidad me acerqué a ti y bueno podría decirse que empezamos algún tipo de relación

– ¡Oh! qué lindo – dijo Carmina poniendo cara de enamorada

– Luego… tú te fuiste algo apurada, tú novio te esperaba fuera. Yo… los miraba como se alejaban. Podría decirse que… quedé muy enojado

– ¡Qué romántico! – expresó Carmina – ahora si quiero saber, que hacia yo y con Leo, eso de ser su pareja nunca se me pasaría por la cabeza, pero quiero saber ¿qué hacía yo? – Juan apuró su copa de cerveza para tomar valor

– Quizás lo que te diga no te va a gustar, no te tocó una parte muy buena

– No importa, ya sé que me tocó ser pareja de este – señaló con el dedo a Leo, todos rieron, completamente desinhibidos por el alcohol

– Sí… pero fue mi culpa –Juan buscaba las palabras- la verdad es que… en mi sueño, solicité a Leo y al otro chico, nunca supe sé cómo se llamaba, que te hicieran entrar con los ojos vendados a la reunión. Se suponía que estaba muy enojado, debido a la salida de Carolina. Entonces, los muchachos y yo… nos propasamos contigo y por eso, tu ropa estaba estropeada –Juan agachó la cabeza aún más- lo siento

– ¡Por dios Juan! esos sueños tuyos – repuso Carmina, sin saber cómo actuar ante la confesión

– Luego –Intervino nuevamente Juan, sin esperar el consentimiento de Carmina – Leo apaciguó los ánimos, digamos que fue mucho más condescendiente que nosotros, en consecuencia ambos, terminaron siendo pareja

– ¿Qué clase de reunión es esa? – gritó Leo- con todas las autoridades ahí

– En realidad –Aclaró Juan- en mi sueño no había autoridades, por lo menos al inicio, era más como… una fiesta. Sí, eso, como una fiesta

– Bueno –intervino Carmina como si hubiera recordado algo- hay algo de verdad en tu historia, yo estaba fuera del paraninfo, muy contrariada después de una discusión con mi novio, me encontré con Leo y su amigo, casi me obligaron a entrar, aduciendo que me iba a divertir y bueno aquí estoy

– Lo ven… yo tenía razón, Juan es una especie de adivino – Carolina sonrió alegre – ¿cómo iba a saber el todo eso?

– Yo sigo sin entender – habló Gaia algo molesta – ¿En qué parte del sueño entro yo?

– Tú llegaste después. Cuando Carolina regresó al paraninfo, llegó contigo y Xiomara, según decías preferías estar conmigo a tu novio – Juan volvió a sonrojarse – Carolina solo reía sin decir nada

– ¿Ahí fue cuando me coqueteaste? – preguntó Gaia, buscando más información

– En realidad… eras tú la que se mostraba muy cariñosa conmigo, yo solo te decía lo hermosa que eres y cuanto me gustabas, en mi sueño claro – Gaia guiñó su ojo mostrándose complacida

– Muchachos son casi las dos de la mañana –Retomó Leo sin poder pronunciar bien las palabras – tenemos que pensar cómo vamos a llegar a casa

– Exactamente la misma hora –Juan miraba su reloj- que dejábamos el paraninfo, en mi sueño, claro – A nadie pareció importarle ahora la afirmación de Juan

– Tranquilos muchachos, yo los llevo –Carolina intentó levantarse pero resbaló y estuvo a punto de caer, de no haber sido por Juan que la agarró fuertemente

– Mi galante héroe –dijo Carolina riendo estúpidamente – uf creo que estoy un poco…

– Tranquilos… yo apenas he bebido, los puedo llevar a sus respectivos hogares

– No… no, no todos vamos a mi casa – gritó Carolina arrastrando las palabras – como en el sueño de Juan, salud – agregó Carolina mientras se servía la última copa

Cuando eran casi las tres de la mañana salí de la ducha un poco más fresco, en la sala me encontré con una escena parecida a la que dejé minutos atrás. Las tres chicas, la modelo, Carolina y Gaia, sentadas en el sofá muy pegadas y con sus manos buscando entre las partes íntimas de sus compañeras, empeñadas en un largo y profundo beso en el que jugaban sus lenguas. Lo que me sorprendió, fue no encontrar a Carmina, ni a Leo en el lugar, eso me preocupó pues llegue a pensar, que habían salido a sus respectivos hogares, a esa hora y en ese estado.

Iba a preguntar a las chicas, pero era claro que no se habían fijado, en lo que pasaba a su alrededor. Comencé a buscarlos, fui a la cocina me imagine primero que se les había abierto el apetito, no los encontré, quizás otro apetito.

Comencé a buscar en los dormitorios, uno de ellos estaba cerrado, fui directo a él. Abrí suavemente la puerta, no tenía seguro, me encontré de frente, sobre la cama a Carmina en cuatro y detrás a Leo tirándosela al mejor estilo del perrito. Carmina tenía los ojos nublados, entornados, estaba recibiendo una buena penetración.

Envidiaba a Leo porque a esa hora el aun tenia fuerzas para continuar. En ese momento, llegó un orgasmo muy notorio, Carmina gemía como una loca. Por alguna razón sentí algo de vergüenza, y decidí dejarlos. Iba a cerrar la puerta, pero Leo se percató de mi presencia, con una sonrisa me indicó que pasara, me dijo que no había problema, que podía compartirla si deseaba. Solo me pidió que los dejara pasar la noche, solos en ese cuarto. Le respondí que aunque no era mi departamento, pensaba que no habría problema, que continuaran con lo suyo, entonces cerré la puerta y me fui.

Aun después del baño, estaba tan agotado que me pareció más prudente, ir a descansar un poco. Entré al primer cuarto vacío que encontré, me recosté. Al poco rato, quedé profundamente dormito, exhausto, no sé cuánto tiempo permanecí así. En algún momento recuerdo como entre sueños, escuché a las chicas a mi lado, entre risas y conversaciones se recostaron en la misma cama.

Capítulo 9: After Party

– Son, comoo laaas dos de la maaaniana –Decía Leo, arrastrando tanto las palabras que era casi imposible entenderlo. Habían llegado al departamento de Carolina, fue difícil llegar, las instrucciones de un grupo de ebrios, casi inconscientes nunca son la mejor guía. Fue casi una hazaña, subir a todos los ebrios al departamento. Juan llevaba a Carolina y Gaia, abrazándolas para que no caiga. Leo se encargó de Carmina, ambos habían bebido demasiado y se tambaleaban peligrosamente. Carolina hacia tanto ruido, que Juan se preocupó porque despertaría a todo el vecindario. Terminó quitándole las llaves para el abrir la puerta pero cuando estaba a punto de entrar, de pronto la puerta cedió por si sola. Gaia estaba completamente apoyada en la puerta y cuando esta se abrió ella cayó de bruces, riendo atrozmente

– ¿Pero qué mierda está pasando aquí? – preguntó una voz asustada tras la puerta, la mujer se inclinaba para ayudar a Gaia a levantarse

– Nooo pasa… nada –dijo Carolina tratando de recuperar algo de conciencia – traje unos amigos, chicos ella es mi prima – Juan alzo la vista, no lo podía dar crédito a lo que veía, era ella, definitivamente era ella.

– La modelo – susurró Juan

– Sí… soy modelo ¿por qué? –respondió las muchacha extrañada – mi nombre es Angélica, por favor pasen, los vecinos deben estar muy molestos – nadie más se percató del hallazgo de Juan, pero a la mujer le pareció rara, la forma en que la miraba este desconocido. Entonces intentó cubrirse, pues solo llevaba si ropa de dormir encima, los muchachos pasaron y se acomodaron en la sala. Gaia apareció con la botella de Wisky de su prima. En ese momento tal vez nadie, excepto ella y quizás Juan, tenían intenciones de seguir bebiendo

– Salud, por los nuevos amigos – gritó Gaia, pero justo en ese momento, Carmina se levantó apurada, trató de agarrándose de donde no había – ¿un baño? – preguntó mientras tropezaba torpemente, en los pies de alguien. Cayó de espaldas, justo donde estaba sentado Juan regándole encima el licor

– Perdón, perdón –trató de pronunciar Carmina- ¿cómo en tu sueño verdad? me atrapaste, gracias por no dejarme caer – sin querer Juan sintió como las nalgas de Carmina, reposaban completamente sobre una de sus manos extendidas. Juan se sonrojó y trató de ayudar a levantarla, pero en esa posición, llegaron imágenes del sueño a su cabeza, su mente recordó casi tan vívidamente, la forma, el tamaño y hasta la suavidad de esos glúteos bien formados, ajustados al estrecho pantalón -¿Qué pasa? – preguntó Carmina, sacándolo de la ensoñación, pero sin percatarse de discreto roce con las manos de Juan

– Nada… nada, es solo que me mojaste… -De inmediato Juan se dio cuenta del doble sentido de su comentario y corrigió rápidamente – con el alcohol, claro – Carmina rió desvergonzadamente, cayendo en cuenta, de lo que decía Juan

– Ahora si voy al baño – mientras se incorporaba pesadamente

– La segunda puerta a la derecha– respondió Juan, mientras Carmina lo miraba con extrañeza, Juan perecía conocer ese departamento.

Finalmente Carmina logró incorporarse y parecía haber recuperado el equilibrio, él la dejó ir. Gaia sentada en otro sillón, decía algo incomprensible, Leo había quedado dormido profundamente. Juan decidió ir a secarse su ropa, empapada de Wisky, fue a la cocina primero, por alguna razón conocía de memoria el lugar, tomó lo primero que encontró, se secó. Ahí se encontró otra vez con la modelo, ella parecía algo molesta, le habían quitado el sueño.

Juan le invitó una copa, disculpándose por los problemas causados, ella aceptó fue a la sala con Juan, pero en lugar de sentarse se recostó sobre uno de los sofás libres. Conversaron largamente, hasta que Juan tuvo la necesidad de ir al baño, la chica le indico como llegar aunque él no lo necesitaba. Juan entró al cuarto de baño, cerró la puerta y encendió la luz, de pronto se asustó, descubrió a Carmina, dormida sobre el inodoro, ella se incorporó inmediatamente cuando sintió la luz.

– Perdón, perdón voy a salir ahora, discúlpame no te vi – se excusó Juan tratando de huir

– Espera, espera –lo detuvo Carmina- creo que me quede dormida, ven ayúdame por favor – Juan no podía creer, Carmina tenía los pantalones abajo y parecía no darse cuenta de ello. Juan miró hacia otro lado haciéndose el desentendido

– Estoy ebria, muy ebria, ni siquiera puedo subirme los pantalones – dijo Carmina – ayúdame por favor, jamás he pedido esto a un hombre, pero yo sé que tú eres un caballero y mi héroe ¿Me ayudas por favor? – Juan le pidió que se sujete lo mejor que podía y luego se inclinó desviando la mirada, levantó lentamente los pantalones, lo hizo hasta que se encontró con un problema, el pantalón y la ropa interior dejaron de avanzar

– Ya –Juan dudó en hacer la pregunta- ¿te aseaste? – finalmente soltó tímidamente

– Sí, mi amor, estoy limpia, limpiecita, no lo vez – respondió Carmina haciendo énfasis en lo limpia, Juan sintió algo de repulsión, nunca había estado en una situación como esta

– Está bien – Juan continuó en la ingrata tarea, acomodó primero la tanga, mientras la acomodaba se quedó mirándola, ahí estaba otra vez dejavú, era la misma tanga celeste que había visto y retirado en su sueño, irónicamente ahora tenía que colocarla. Preferí no mirar su sexo, por respeto, pero lo poco que vi, se parecía mucho a mi descripción del sueño

– ¿Qué pasa mi amor? –preguntó Carmina- tienes problemas con esto, no has visto una mujer desnuda, en sueños no cuenta, rio tímidamente ¿no me digas que tienes miedo? Vamos, yo sé que te gusta, a que hombre no le va a gustar, dime ¿te parece hermosa?

– Estaba mirando tu tanga, si a eso te refieres, si, es linda

– Aaah, si, también es linda – Juan se apuró colocando todo en su lugar, se levantó deslizando inevitablemente sus manos por las nalgas de la mujer. Cuando Juan estuvo de pie, Carmina se rodeó con sus brazos, sobre los hombros, mientras él se quedó con ambas manos sobre las nalgas, terminado de acomodar el ajustado pantalón

– Eres mi héroe, mi galán, me has vuelto a salvar la vida, aunque tuviste que ver mis partes íntimas y aun así te comportas como un caballero, yo creo que mereces un premio

– No Carmina, no es necesario, déjalo así, vamos dime ¿qué fue lo que me hiciste en tu sueño? ¿quieres hacérmelo? ¿quieres romper mi blusa? –Carmina se acercó aún más, al rostro de Juan con la firme intención de plantarle un beso

– Claro que me gustaría hacerlo – respondió ajustando Juan, Carmina posó sus bellos labios en los de Juan, los besó, este los aceptó un momento, saboreó, tal como los había sentido en su sueño, pero de pronto detuvo a la mujer cuando sintió su erección –no, no Carmina esto no está bien, no estás en condiciones, dejémoslo así ok – Juan soltó a la mujer la tomó del brazo y la llevó de nuevo a la sala

– Porque demoraste tanto – dijo Angélica cuando lo escucho acercarse pero cuando lo miró, frunció el ceño irritada – a ya entiendo

– La encontré en el baño, se quedó dormida

– Ok, la tercera puerta a la izquierda, la habitación está vacía, creo que la van a necesitar – Angélica volteó y se fue enojada, Juan despertó a Leo y le pidió que le ayude a llevarla al dormitorio, la mujer estaba completamente inconsciente, los dos hombres la cargaron y Leo finalmente se quedó a dormir ahí con ella

Era como las 9:30 de la mañana cuando se desperté, generalmente no duermo tanto, pero esta vez era un caso excepcional. Estaba en el centro de la cama, recostada sobre mí del lado derecho estaba Carolina, profundamente dormida, la cubría medianamente una pequeña manta blanca que llegaba hasta su cintura, mientras su medio cuerpo yacía relajado y al aire libre.

Más abajo, sobre mis piernas hallé a Gaia, dormida en una posición un tanto incomoda. Su cabeza posada justo frente a mi miembro, como si hubiera estado esperando mi primera erección de la mañana. Para mi sorpresa, a estas horas, ya había ocurrido el milagro, al parecer mi pene había recuperado su fuerza. Intente moverme pero un brazo sostenía fuertemente una de mis piernas, esa era Gaia.

Moví ligeramente mi cabeza intentando no incomodar a nadie. De lado izquierdo, un poco más alejada, encontré a la modelo, dormía también profundamente. Aun dormida, no perdía ese aire de princesa, lucia hermosa, era una delicia verla disfrutar de su sueño, quien sabe qué clase de cosas pasarían por la mente esa misteriosa chica.

Suavemente, libre mi pierna de Gaia, mientras depositaba delicado beso sobre los labios de Carolina. Me escabullí por uno de los extremos de la cama, aunque este siempre ha sido mis sueño dorado, no soporto quedarme en la cama sin sueño, a menos claro está, que pueda disfrutar de otros placeres. Sin embargo ahora, mis compañeras parecían demasiado metidas en sus sueños y no deseaba interrumpirlas.

Salí del cuarto se dirigí al baño primero, luego quise buscar mis ropas, no traía nada en cima. Fui directo a la sala, no pude evitar el crujir de su estómago, gritaba por un poco de alimento, olvide la ropa y se dirigí a la cocina, buscaba saciar mi hambre, cualquier cosa comestible vendría bien.

En la cocina se encontré una sorpresa, Carmina lucía una camiseta bastante grande que le tapaba un poco más de medio cuerpo. Había llegado antes que yo a la cocina, estaba preparando el desayuno, me miró fijamente, un poco asustada, al principio y luego un como abochornada. No entendí, pero al principio, quiso darme explicaciones de lo que pasó anoche. Me acerque a ella, le repetí que, no había nada que explicar. Luego cambio de tema, con el mismo nerviosismo exponía su necesidad de alimentarse, le dije que ni siquiera era su casa, no era a mí a quien debía dar esas explicaciones.

Me acerque a ella rápidamente, más interesado por la comida que preparaba, que por otra cosa. Me saludó un poco tímida, con un beso en la mejilla, hubiera preferido uno en la boca. Noté como se sonrojaba, bajando su mirada, entendí lo que pasaba, miraba de reojo mi órgano, continuaba erecto. Ayer nos habíamos visto desnudos, no entendía su rubor, quise preguntar, pero me percate la presencia al otro extremo de Leo, sentado en una de las sillas. El seguramente esperaba, el tan el ansiado desayuno, como yo. Lo salude y le pregunté cómo habían amanecido.

– Cansado… y con hambre, como tú me imagino – contestó Leo

– Bueno… porque no se sientan para desayunar – intervino Carmina

No lo pensé mucho, me acomodé en una de las sillas. Carmina parecía preocupada por el estado de las otras chicas, de inmediato me ofrece para ir a buscarlas.

Entre al dormitorio, me encontré a Gaia muy abierta de ojos, al parecer estaba conversando las chicas, sin embargo las otras aun parecían dormidas, pues ocupaba exactamente lo mismo lugares en lo que las dejé.

– ¿Por qué nos abandonaste amor? preguntó Gaia

– Tenía hambre – respondí

– Pues… aliméntate- respondió abriendo sus brazos y mostrándome sus blancos senos, mientras sonreía maliciosamente

– Ya párale – dijo Carolina con un bostezo – eres una ofrecida

– No me ha dado su beso de los buenos días – Gaia – acércate

No tenía por qué hacerme de rogar, se incliné un poco hacia sus labios. Ella hizo más, que eso, me jaló dejándome caer sobre sobre su cuerpo tendido en la cama. Me besaba apasionadamente, a la vista y paciencia de Carolina.

En seguida, pasó sus manos por mi cuerpo, e inteligentemente las dirijo a mi pene, que se endurecía aún más – espera – le dije, tratando de librarme de sus manos pero no fue suficiente.

– Es hora de desayunar – trate de excusarme

– Esto es lo que intento devorar- dijo afrentando sus manos más mi pene.

– Ya déjale mujer, ya habrá tiempo, yo también tengo hambre – dijo Carolina, tratando de incorporarse

Justo en ese momento, se abrió la puerta, entró Carmina cargando en sus manos una bandeja con el exquisito desayuno. Tras ella Leo, una mueca en su rostro me decía que Carmina no lo había dejado probar nada. Pensé entonces en lo dedicada y cariñosa que es Carmina, Leo era un hombre muy afortunado al tener una mujer como esta.

Carmina se acercó, a uno de los extremos de la cama y deposito la bandeja a nuestra disposición. Al agacharse, puede ver claramente ese hermoso trasero tan deseado, no llevaba ropa interior, me sentí afortunado de haberlo disfrutado. Gaia que no había dejado mi pene, notó como este incrementaba su erección, con la hermosa visión.

Gaia me llamó la atención, por mirar de esa forma a Carmina – ¿no tenías hambre? – dijo un tanto molesta, algo raro en ella. – Tienes razón – respondí y me separé de ella, fui directo a ubicarme junto a Carolina. Justo al frente de Carmina, quien inocentemente acomodaba su camiseta, tratando de ocultar su sexo mientras cruzaba las piernas.

Carolina, colocó su cabeza sobre mi hombro, indicándome que aún tenía mucho sueño. La besé en la frente con ternura, y le pedí que alejar su pereza, en ese momento se incorporó la Modelo, nos observó con un poco de decepción, pero no dijo nada.

Al parecer, el delicioso desayuno de Carmina no había sido del completo agrado de la modelo, pues cuando se acercó, apenas tomó unas rebanadas de tostadas y un poco de chocolate. Por mi parte, agradecí enormemente ese gratificante desayuno.

Carmina se arrimó a Leo, pero a él pareció no importarle, pues no le prestó la menor atención, el parecía más interesado en el desayuno. Gaia en cambio, insistía en encender la televisión y poner una película, al final se salió con la suya, sacó una película de donde Carolina le indicó.

Al rato entendí que se trataba de una película porno, pero no cualquiera, una de aquellas que les gusta a las mujeres. Tenía algunas escenas reales, mostraba videos amateur de lugares solo para mujeres. Mostraba algunas chicas hacían en despedidas de soltero. Me parecieron muy interesantes algunas de las escenas. Decidí recostarme en la cama junto a Carolina, mientras la modelo prefirió ir a ducharse.

Me levanté un momento, para ir a recoger una tostada que haba quedado. Observé a Carmina recostada en el sofá, ella no me quitaba la mirada de encima, así que me acerque, le agradecí una vez más por el desayuno. Antes que respondiera, me aproximé más y fui directo a su boca, ella me correspondió, jugamos un momento con nuestras lenguas, a la vista y paciencia de su nuevo novio, el no dijo nada.

– ¿Tienes ganas? – pregunté

– ¡Si! – respondió mirando mi pene

– Lo vas a tener – completé

Volví a acostarme junto a Carolina, dejando a Carmina desconcertada. Carolina de inmediato me besó, deslizo sus manos sobre mi cuerpo, buscando algo de acción. Gaia un poco más necesitada, fue a buscar en uno de los cajones. Sabía dónde buscar, pues rápidamente encontró un consolador de goma, semitransparente, color rosado, del tipo de los que tienen doble punta. Comenzó rozándolo suavemente por su delicada vagina.

En ese momento, llegó la modelo, cubierta únicamente por una toalla, mientras algunas gotas de agua regaban todavía su delicada piel. Lucia hermosa, después de su reciente baño. Pero eso no era todo, traía una sorpresa en su mano derecha, una botella de wiski, no sé de dónde lo saco.

Al parecer, esta niña disfrutaba de las copas al inicio de mañana. Me sirvió un poco y pregunto si alguien más deseaba, nadie respondió afirmativamente pero no le importo. Tomó sentó, al filo de la cama y observó fijamente la televisión, objetó entretenida:

– Hey, esa película la conozco, se llama STREEPERS ¿verdad?

– Si… ¿la habías visto? – respondió Gaia

– No, la película no, mejor que eso, una vez estuve en ese bar

– ¡lo dices en serio! – respondieron todas, asombradas y comenzaron un amena plática femenina acerca del tema

La modelo insistió, que el lugar era muy privado y muy exclusivo había varios ambientes dependiendo de la ocasión pero que el más conocido, era precisamente aquel que se mostraba en la película. Gaia interrumpió, como siempre preguntando si había tenido sexo en ese lugar, tal y como lo hacían en la película. La modelo le respondió, un poco indignada, que existía un ambiente en el bar, en el cual se podía tener sexo, sin embargo ella no había ido para eso.

De inmediato, se armó la polémica, la modelo dejó en claro que ella no tenía relaciones con cualquier persona. Gaia, no cedió y acusó a la modelo de ser hipócrita. Decía que si en verdad no le gustaba el sexo con extraños, no tenía por qué estar en el lugar, en el que estuvo a noche. La modelo bajó la mirada y se calmó un poco, sin duda habían tocado un tema sensible para ella. El resto de chicas se dio cuenta en seguida de la incomodidad de la modelo, prefirieron no emitir más criterios.

Gaia sin embargo, parecía sentirse victoriosa y no hacía más que pedir una explicación, le decía que, a ella le había parecido que disfrutó mucho de la sesión de sexo que tuvieron en el departamento. Y eso aun cuando Gaia no la había visto nunca en su vida, no tenía ningún sentido que la modelo declarara tan puritana, frente a sus nuevas amigas.

– Carolina, Carolina, despierta por favor – Decía en voz baja, Juan moviendo a Carolina quien se había quedado dormida en el sofá

– ¿Qué pasa? –Carolina despertó un poco aturdida

– Se quedaron dormidas, es mejor que vayan a descansar yo te ayudo a llevar a Gaia, ¿dime por dónde?- Carolina parecía haberse recuperado después de su siesta

– A, mi dormitorio, ven sígueme – Juan tomó en brazos a Gaia y la llevó al final del pasillo, siguiendo a Carolina

– Colócala ahí –dijo mostrando la cama, la acomodó a un lado mientras ella hacia lo mismo del otro lado – por favor retírale los zapatos – Juan lo hizo con mucho cuidado, la mujer parecía tan inconsciente, cuando terminó, la cobijó y dio la vuelta caminando presuroso a la puerta

– Espera -Dijo Carolina – ¿tu dónde vas a dormir?

– Me acomodo en el sillón no hay problema – Juan dio la vuelta otra vez y continuó el camino

– ¿No te vas a despedir?

– Lo siento, que tengas una buena noche

– Pero acércate, dame un beso de las buenas noches – Juan lo dudó, pero al final se acercó despacio, tímido, aproximó su mejilla para que ella pueda besarlo. Carolina usando las dos manos acarició sus mejillas y le plantó un beso en la comisura derecha de sus labios – Gracias por todo – le dijo, Juan solo asintió, cuando se estuvo levantando Carolina tomó su mano –No es necesario que te vayas, hay espacio aquí, te puedes quedar, no te voy a hacer nada lo primero

– Pero yo…

– Pero nada, te quedas – se hizo espacio para que se acueste junto a ella – fuera te vas a morir de frio

– ¿Está segura? – preguntó

– Claro que si a menos que tengas intenciones perversas conmigo en ese caso te sacare a la fuerza, no soy una mujer indefensa ¿sabes?

– Pero tu novio se puede enojar

– Solo si se llega a enterar, además no vamos a hacer nada malo, en esta casa, en esta misma cama han dormido muchos hombres – Juan abrió sus ojos sorprendido por la revelación, ella sonrió despacio – dije dormir, solo dormir, mis compañeros de la universidad, cuando hacíamos deberes, nunca ha pasado nada más, ni siquiera con mi novio

– Esas confesiones me incomodan un poco

– Solo es para que te calmes, te quedes y no pienses en cosas que no van a pasar, me pequeño morboso

– ¿Porque me dices eso? – Juan se retiró los zapatos y se acomodó junto a la mujer, con su corazón palpitando fuertemente

– Por tu sueño claro, no he conocido a nadie capaz de tener esos sueños, es…

– ¿Raro?

– No, Sexy, te voy a decir un secreto, me gustó, jamás había estado en el sueño de un hombre, tú sabes vanidad femenina. Dime algo, en tu sueño ¿lo hicimos aquí, en mi cama?

– La verdad no, todo pasó en tus sillones de la sala

– Uff que sexy, eres un pervertido, pero me gustas, quiero decir -corrigió- me gusta sentirme deseada, ya sabes cosas de mujeres, quizás por eso me atreví a… ya sabes

– ¿Qué cosa?

– No me hagas decirlo

– ¿Qué?

– El beso – Juan se encogió de hombros

– Por dios que vergüenza ¿no me digas que no lo sentiste? olvídalo

– ¿No sentí que? Dime

– Bueno antes que empiece la reunión, después de todo los que me decías, Gaia me dijo que te de un beso, para despertarte, además me los estabas pidiendo, en sueños claro y bueno, no sé porque accedí y tú me respondiste. Fue una locura, lo sé, frente a toda esa gente, que se yo, me volví loca

– Wouw lamento no acordarme, pero ahora que lo pienso, quizás por eso mi sueño fue tan real, que digo claro que lo sentí y lo disfrute mucho

– Pero estabas dormido, eso no cuenta

– Bueno… hubiera querido estar despierto – afirmó Juan

– ¿En serio? qué tal si…solo un beso, para recordarlo ¿qué opinas? – propuso Carolina

– Me encantaría

Cuando sus labios se juntaron, fue difícil separarlos, sus bocas parecían estar hechas para estar pegadas, sus lenguas, sus salivas se necesitaban, el momento fue sublime y excitante, cargado de erotismo quizás toda la excitación de la noche anterior. Sus labios se juntaron con tanta pasión, que el cuarto se incendió, los dos ardían, se juntaron sus cuerpos, deseaban hacerse uno.

Juan fue el primero en bajar sus manos, tocar la cintura, esas hermosas nalgas aun con el pantalón blanco, como lo había hecho en el sueño, ella se excitó tanto, lo deseaba tanto y sin saber porque, pero se dejaba llevar. Luego subió sobre él, restregó todo su hermoso cuerpo contra el de Juan. La excitación era tal, que el miembro de Juan parecía querer romper el pantalón aun puesto. Se besaron aún más fuerte, recorrieron sus cuellos, Juan pasó lengua por los enormes senos aun cubiertos por la blusa, una locura total los invadió, hasta que de pronto, Gaia giró diciendo algo inentendible entre sueños.

– Basta… no más, esto está mal – dijo Carolina bajándose del hombre

– Lo siento – dijo Juan

– Solo un beso te dije ¿Estas intentando aprovecharte de mí?

– Discúlpame, no me pude contenerme, eres una mujer fuera de serie, es más de lo que hubiera deseado, si quieres me voy

– ¡No! Digo no, está bien, también fue mi culpa por estar de ofrecida, quédate me gusta tu compañía, pero quédate de ese lado – Carolina dio vuelta mientras Juan se quedó con los ojos abiertos, feliz, pensando en lo que había ocurrido, había grabado en sus labios una estúpida sonrisa, cuando de pronto Carolina se dio vuelta – Maldición ¿porque tienes que ser tan caballero?

– ¿Qué…? – fue lo único que alcanzó a decir, Carolina se abalanzó sobre el hombre besándolo ferozmente

– Me gustas, me vuelves loca – dijo con sus labios pegados a los de Juan. Al rato las caricias se volvieron aún más atrevidas Carolina parecía estar desesperada por poseer este hombre lo acariciaba completo, lo deseaba infinitamente. Juan, se sentían en el cielo, la pasión era tan fuerte que Juan, terminó desabrochando la delicada blusa de la mujer, dejando a la vista unos hermosos senos envueltos en finas ropas intimas, quiso saborearlos, pero la mujer lo detuvo – Espera, no, esto no está bien, no sé que estoy haciendo, soy una perra, no quiero traicionar a mi novio, el me ama

– Está bien, no voy a hacer nada que no quieras – pero Carolina, seguía besándolo y tocándolo – deberías dejarme ir es demasiada tentación

– No, no quiero que te vayas, pero Gaia está aquí, podría escuchar algo, además es nuestra primera cita, no voy a tener sexo nuestra primera cita y con mi amiga ebria en la misma cama

– Se oye fantástico, pero tienes razón, no está bien –entonces el hombre subió sobre Carolina quien abrió las piernas lo más que pudo y restregó su sexo con toda la fuerza que le fue posible, la mujer gemía sin importarle su amiga y de un momento a otro se vino en contracciones incontenibles, tomó una almohada y la mordió evitando gritar del placer, entonces Juan se retiró dejando a la mujer recuperarse

– ¡Por Dios! eres tan delicioso, como te imaginaba y ni siguiera has tenido que desnudarme ¿esto no cuenta como sexo verdad?

– Supongo que no – entonces Carolina se acercó nuevamente a Juan y lo besó apasionadamente debajo de las cobijas, deslizo una de sus manos buscando la entrepierna del hombre – ¿Qué haces? – le preguntó

– Devolviéndote el favor – le dijo, mientras sacaba el firme miembro de Juan y deslizando en sus manos, mientras lo besaba como una desesperada, gemía sin importarle lo más mínimo su amiga –vamos dámelo todo mi amor – le dijo, la mujer con sus ojos entornados por el deseo. Juan no duró mucho, con ritmo, soltó abundante semen, en las manos, cobijas y cuerpo de la mujer, luego sacó su mano aun impregnado de mucho líquido – ¿esto querías verdad?- untó el líquido blanco sobre el brasier y la parte visible de sus hermosos senos. Finalmente se lo llevó a la boca uno de sus dedos y lo chupó profusamente – Que delicioso eres, me encantaría poseerte completo, quédate hasta mañana, te prometo que si nos deshacemos de los estorbos – miró a Gaia – voy a ser completamente tuya tendremos mi casa, para los dos solo, no sé porque pero me vuelves loca – Juan y Carolina en algún momento, quedaron completamente dormidos, cansados por la inesperada velada

La modelo tomó aire, como tratando de contener algo que le pesaba mucho por dentro, pero el efecto del alcohol seguramente, le hizo abrirse completamente y contar una historia que seguramente la guardo por mucho tiempo. Esta chica con su tradicional dulzura comenzó despacio y con voz un poco quebrada.

– No es fácil ser modelo. – tomó aire – no es mi intención que me entiendan pero quisiera explicárselo

– Bien, puedes explicarnos – reclamó Gaia otra vez – pero solo queremos que reconozcas al igual que yo, que tenemos iguales gustos sexuales, y a mí por lo menos no importa acostarme con alguien a quien no conozco siempre y cuando me guste mucho y pueda satisfacerme, o acaso me vas a decir ¿que no estas por eso con mi tío?

– Lo único que se une a tu tío… es… bueno tu sabes, él tiene muchas influencias y mucho dinero y por ahora es lo único que me interesa, para serte franca en el aspecto sexual, deja mucho que desear. Bueno les voy a contar mi historia y lo que me trajo aquí. Comencé hace algunos años como toda chica que desea ser modelo. Por más que lo intenté, no tuve mucho éxito, trate y trate, pero nunca logre nada, había chicas incluso menos preparadas que yo. Siempre me ganaron los puestos estelares, un día hable con una chica que había tenido cierto éxito y le pregunté como hacía, ella se enseñó que solo había una forma. De ganarse a la gente que realmente importa y es responder a afirmativamente todas sus insinuaciones. Ustedes ya saben a lo qué me refiero. Lo dude por mucho tiempo no creía correcto hacer esas cosas, pero después de dos meses sin trabajo ni siquiera a mi novio le importó. Se me presentó una oportunidad, me presenté con un tipo pequeño y gordo, asquerosos, no sé cómo hice pero me lo insinué descaradamente y él no se hizo de rogar. Lo bueno fue que este tipo conocía a mucha gente, nunca me faltó trabajo. Al principio me sentía sucia pero luego, me acostumbre. Pero lo peor estaba por venir, un día se presentó una gran oportunidad, venia un persona muy importante de Francia. Mi representante me consiguió una entrevista y luego una audición. Ese día me presenté, se trataba de una sesión de fotos, en una ropa interior muy sexy, todo iba bien. Hasta que llegó el francés, un tipo alto, en cuanto se miró me pidió que fuéramos al camerino. Una vez adentro, me dijo estaba estupenda con esa ropa y quería poseerme en ese momento. No se podía negarme, así que hice los de siempre, me arrodille saque su horrible verga y trate de hacerle terminar lo más rápido, en mi boca. Pero quería más, dijo que lo que quería era sexo anal, ya que era su fantasía. Confieso que lo había hecho un par de veces con su novio, pero no se agradaba mucho, en fin le dije que bueno pero que tenía que terminar en mi boca porque no podía manchar la ropa interior. En ese momento no me había percatado que aquel pene, aunque no era muy largo, si era bastante grueso. Las consecuencias fueron terribles, me causó mucho dolor, me desgarro como no tienen idea, no sé cómo aguante, pero lo peor fue el terminaba en mi boca, justo en ese momento, entra su novio al camerino. No sabía que hacer tenía su boca llena de semen de mi amante y mi novio tenía, una cara de frustración única y un unas flores en su mano izquierda. Salí corriendo de ahí, sin decir nada, jamás lo volví a ver. Para colmo la sesión de fotos estuvo terrible, no solo que no podía concentrarme. Mi cuerpo estaba sudoroso, brilloso, había perdido gran parte del maquillaje y lo más terrible sufrí una de las mayores vergüenzas de su vida. Cuando miramos aquellas desastrosas fotos, todos se dieron cuenta que había tenido sexo, mi vagina se notaba mojada, mi ano súper dilatado, todas las miradas morbosas caían sobre mí y por supuesto no conseguí en puesto. Pensé que mi vida se había acabado pero aunque no lo crean dos semanas después me llamó el francés. Si había perdido una gran oportunidad, pero podía conseguir otras siempre y cuando viajara inmediatamente a Francia para radicarme ahí. Así lo hice, ya no tenía nada que se uniera a este país. No me puedo quejar, al poco tiempo me convertí en la amante del francés, él me educó casi en todo, también en lo sexual. Me prohibió tener relaciones antes de cualquier presentación, se enseñó a saber escoger un amante. La forma en que debía tener relaciones sexuales, evitando una deformación en mis partes íntimas. Debía cuidar mucho mi cuerpo o no triunfaría como modelo. Viajé a muchos países de Europa. Hace como seis meses estuve en Brasil en una gira de una empresa importante, ahí conocí a tu tío Gaia. Fue muy atento cuando se enteró que éramos del mismo país, hicimos amistad rápidamente, se invitó a pasar vacaciones aquí. Le dije que ya no conocía a nadie en este país, por eso no había regresad y claro el tan galante se ofreció para ser mi anfitrión. Hace como un mes, acepte al fin su invitación pues el francés también también iba de vacaciones con su familia. No quería quedarme sola y aquí estoy, ya se ven. Hasta aquí se trajo la vida, espero que entiendan por qué me comporto de esta manera y sobre todo porque insisto, en que no se acuesto con cualquier hombre.

Las chicas hicieron muchas preguntas sin importancia, ella les respondió con algunos de sus trucos para cuidar su cuerpo. Yo le recibí la copa de wiski que se había ofrecido, un poco feliz porque había encajado en el tipo de amante para la modelo, le sonreí dándole a entender mis intenciones y ella se respondió acariciando suavemente mi pecho desnudo.

Carmina interrumpió de pronto haciendo una confesión:

– Yo, debo ser sincera, jamás me imagine que tener relaciones sexo anal podría perjudicar mi cuerpo. Les confieso que yo siempre había preferido este tipo de sexo con mis parejas, para evitar el vaginal. Ustedes saben lo estaba guardando para mi esposo, bueno yo no creo que quiera ser modelo, pero de todas formas…

– No les digo que el sexo anal sea malo, solo que en mi caso por lo menos hay que tener mucho cuidado – respondió la modelo.

– Pero… – interrumpió Leo, un poco molesto – no entiendo, si dices que tenías relaciones anales con tus novios ¿cómo es que te resististe tanto ayer en la noche? insistías que eras virgen

– Era virgen – Aclaró Carmina- en primer lugar nunca había tenido, relaciones vaginales, quería llegar virgen al matrimonio, bueno eso quería hasta ayer. Los hombres son muy insistentes y para evitar la presión, decidí tener sexo, únicamente por atrás, la verdad, lo disfruto mucho. Y en segundo lugar yo nunca había participado de orgías, hasta ayer

– Bueno, pero ¿te gusto o no? – pregunté

– Pues… si, aunque todavía se me hace un poco raro hacerlo con otra mujer –dijo Carmina, reímos todos un poco, pero fue la modelo quien tomó la iniciativa

– En realidad yo también sentí eso al principio, pero una de las cosas que aprendí en Francia, es que el sexo entre mujeres es de lo más normal, no te puedes imaginar que buenas amantes que son las francesas, pero sobre todo que entre mujeres es más fácil cuidar nuestro cuerpo. Mi amante francés, tenía infinidad de mujeres hermosas a su disposición, algunas veces pasé la noche con varias de ellas, disfrute mucho esas orgías

– Vaya, pensé que había comenzado a ser lesbiana – comentó Carolina que junto con Gaia rieron cómplices de sus picardías.

– No pienses eso – aclaró la modelo – a mí se encantan los hombres, pero también disfruto del sexo entre mujeres, es más les voy a demostrar algunas de las cosas que aprendí en Francia

Capítulo 10: La resaca

La habitación completa se calentó en ese momento. Después del nutritivo desayuno ya todos parecían nuevamente activos. Que mejor forma que curar el malestar de la mala noche que con un poco de sexo. Creo que todos pensaban igual, aunque nadie se había atrevido a decirlo hasta que la modelo se insinuó directamente.

De inmediato, la modelo se puso sus rodillas sobre el alfombrado suelo y tomó suavemente las piernas de Gaia abriéndolas lentamente. La modelo ubicaba suavemente su rostro frente a la jugosa vagina de Gaia. Ella tenía, semi-introducido el consolador en su huequito vaginal. Gaia se dejaba hacer, mientras mi pene comenzó a incrementar su volumen. La modelo retiró suavemente el consolador y lo arrojó hacia donde estaba, de inmediato lo tomó Carolina y se lo llevó a la boca provocativamente. Paso su lengua sobre él y jugueteo un buen rato.

Carmina se calentó bastante con la situación. Dio la vuelta hacia donde estaba Leo, lo beso frenéticamente. Yo me encontraba tras de ella veía su delicioso trasero moviéndose suavemente, en ese momento lo pude notar, su ano tenía una tamaño considerable, bastante dilatado. A diferencia de su vagina, pequeña, ajustada. Su sexo lucía unos delicados labios mayores que mostraban escasamente sus labios menores rosado oscuros. Se me apetecía probar. Carolina notó mi atención en trasero de Carmina, me dijo algo que me sorprendió.

– ¿Lo quieres? – no espero a que respondiera – ¿Quieres que lo prepare para ti?

– Si – respondí aunque no entendí completamente a que se refería

Carolina se puso de pie, en ese instante y caminó los dos pasos que la separaban del sofá en el que se encontraba Carmina. Se agachó para acomodarse mejor, acercó sus rostro y luego pasó su lengua, desde muy abajo tratando de abrir sus los labios menores. Finalmente subió hasta su ano. Carmina regresó su mirada, tratando de encontrar a quien causaba ese delicioso placer. Cuando se dio cuenta que era Carolina, se puso un poco nerviosa, pero se dejó hacer. Carmina se volvió hacia Leo y continuó besándolo. Pude notar que Leo no podía mantener una erección, algo parecido a lo que ayer me había pasado.

Gaia comenzó a dar sus primeros gemidos de satisfacción. Cerraba sus ojos, agarraba fuertemente una de las sabanas de la cama. Carolina seguía poniendo más ritmo a sus lamidas, saboreando los genitales de Carmina. Era una exquisita visión y mi pene había alcanzado su límite de erección. Me senté al filo de la cama, para observar mejor, Carolina esporádicamente regresaba su mirada hacia mí. Sus ojos viciosos, invitándome a disfrutar del manjar que había encontrado.

Carolina se estiró un poco para encontrar mi falo, con su mano izquierda. Lo tomó firmemente, lo jaló hacia su cuerpo. Tuve que levantarme instintivamente, me acerqué a ella. Carolina manoseó mi falo para luego acercarlo y frotárselo por encima de sus senos. Luego se incorporó, sin soltar mi verga, subió, lentamente, lamiendo mu pecho y mis tetillas. Llegó a mi cuello, besó mi rostro y finalmente plantó un beso muy húmedo en el que transmitió parte de los líquidos de Carmina.

Fue exquisito saborear esa mescla de sabores de mujer, y mucho más cuando Carolina con su mano izquierda seguía frotando mi pene. Algunas veces lo acercaba a su monte de Venus, lo restregaba contra sus escasos bellos haciéndome excitar cada vez más.

Luego se agachó nuevamente volvió con Carmina, para continuar con su tarea. Pude ver entonces las nalgas de Carmina, mucho más separadas, mostrando mejor aquellos deliciosos órganos femeninos. Carolina siguió saboreando con su lengua, hasta que consideró que estaba bastante húmedo. Dejó su manjar y se dirigió a mi palo, el cual nunca había soltado. Se lo introdujo en su boca húmeda, jugo con su lengua, se dedicó a chupar como ella sabía hacerlo, mamaba provocándome un placer indescriptible.

Intercambió algunas veces, entre su pene y el trasero de Carmina. De pronto Carmina dejó de besar a Leo, que no consiguió una erección, empezó a gemir fuertemente, parecía que Carmina estaba alcanzando un orgasmo. Fue entonces cuando pude ver el ano de Carmina extremadamente dilatado, excitado, listo para recibir castigo. De inmediato, me ubique tras de Carmina, decidido a penetrarla. Estaba tan excitado, pero por alguna razón me detuve cuando miré aquel manjar, preferí primero probarlo. Me agaché para pasar mi lengua, primero en su tibia húmeda vagina, luego sobre el ardiente agujero trasero, la experiencia fue asombrosamente deliciosa, lo disfruté al máximo.

Repase algunas veces mi lengua en la parte posterior de Carmina. Puede notar como ella se estremecía más, cuando metía su lengua en su agujero posterior. Insistí varias veces hasta que logré un orgasmo muy fuerte, sus espasmos me hicieron retirar mi rostro. Junto a mi encontré a Carolina, ella había visto atentamente mis acciones, sin pensarlo se besó y compartimos los jugos en nuestras bocas.

Carolina tomó entonces, con sus dos manos, las bien formadas nalgas de Carmina, manoseo, jaló y finalmente introdujo todos sus dedos, por todos los agujeros por los que cabía. El resultado fue un par de manos mojadas. Entonces introdujo los dedos de su mano izquierda en mi boca mientras ella saboreaba la derecha. Luego repitió la acción, pero esta vez su mano izquierda introdujo en si propio sexo mientras la derecha en Carmina. Jugamos así por un buen tiempo, bebiendo todo el líquido que era posible, untándolo en nuestros cuerpos, envolviéndonos en aquella salvaje escena erótica.

Después de unos cinco minutos, Carmina se hallaba extasiada, totalmente desinhibida. Se incorporó y fue a colocarse paró al filo del sofá, con sus manos sobre la cabecera. Se agachó ligeramente mientras abría sus piernas. La postura nos daba un panorama aún mejor, para continuar. Al poco rato se deshizo de la camiseta que traía puesta, ahora dejar ver completamente su exquisito cuerpo.

Carolina continuó saboreando, esta vez se ubicó frente a ella y se dedicó exclusivamente a su vagina. Me coloqué tras Carmina, procedí a tocarla suavemente, desde sus senos, hasta sus piernas, toda ella se estremecía, se retorcía de placer con mis caricias. Luego ubique mi pene en su entrada trasera, lo deslice fácilmente hasta los más profundo, ella gemía desesperadamente.

El cielo completo rodeaba mis genitales, empujaba con fuerza tratando de fraguar mi pelvis con los acolchonados glúteos de Carmina. De alguna manera mis bolas fueron a dar la entrada principal de la mujer. Carolina tragó mi escroto con hambre feroz, retrocedí algo adolorido.

Retiré mi verga, dejando solo mi glande escondido en su culo. Entonces sentí aquel palpitar, este culo delicioso tenia vida propia y pedía más. Me excité tanto, empujé nuevamente con fuerza, entrando y saliendo, varias veces. Carmina tuvo que empujar, con todas sus fuerzas para evitar que la tumbara. Mis azotes eran continuos intensos, acompañados solamente de aquel sonido de cuando choca la carne.

De vez en cuando retiraba mi pene, lo rozaba con los labios mayores de Carmina, pero pasaba de largo hasta alcanzar la boca de Carolina. Ella gustosa recibía mi pene, lo succionaba deliciosamente. Repetí esta operación varias veces, los tres disfrutamos mucho, los tres nos entregamos.

Carolina succionaba mi pene, como intentando conseguir su preciado alimento. Después de un buen tiempo de intentarlo, prefirió acomodarse en el sofá frente a Carmina. La miró un momento, como queriendo abalanzarse sobre su rostro jadeante. Luego esbozó una sonrisa maliciosa, había encontrado la posición perfecta. Hábilmente dio vuelta, sobre el sofá, coloco sus largas piernas sobre la cabecera del sofá, separándolas y ofreciendo su sexo completo a Carmina. Por abajo, Su cabeza fue a ubicarse en medio de las piernas bien abiertas de Carmina, las cuales estaban a punto de quebrase por las mis arremetidas. Carmina no pudo más, sus rodillas flaquearon y mojada vagina fue a dar directo con la boca de Carolina.

Desde esa posición y aun penetrando el trasero de Carmina, estiré su mano derecha, alcancé el sexo de Carolina, froté rápidamente su clítoris, encontré sus labios menores rebosantes de jugos. Luego introduje dos de mis dedos en su vagina, lo cual le gustó mucho, Carmina observó mi acción y me imitó. Tiernamente llevó sus dedos, los paseo por ese chorreante sexo. Carolina entendió de inmediato las intenciones de Carmina, separó como más que pudo sus piernas logrando su intención. Su sexo completamente desflorado, yacía expuesto justo en frente de Carmina. No me había dado cuenta hasta entonces las chicas formaban un perfecto sesenta y nueve vertical. Mientras yo, no dejaba de penetrar a Carmina por aquel refinado culo.

Carmina se halló perpleja por la situación, empalada por mi tranca en su culo, la lengua ardiente de Carolina introduciéndose en su vagina y un delicioso manjar frente a sus ojos. Me imaginaba que pensaba en cual placer debía concentrarse primero. Ella gemía fuerte, sus graznidos inundaban la habitación. Carmina no resistió más, la tentación era intensa, pasó su lengua sobre la concupiscente vagina de Carolina. Carmina saboreó despacio, quizás como ella lo hubiera deseado, no obstante mis embestidas la empujaban con tanta fuerza que terminaba clavando todo su rostro en aquellas fosa húmeda.

Después de apenas cinco minutos de lascivo tironeo y constante fricción carnal, Carolina alcanzó a su primer orgasmo. Estaba tan excitada, que bastaron las cadenciosas lamidas de la libidinosa Carmina para hacerla llegar al éxtasis.

Entonces pude ver a Leo a nuestro lado izquierdo, sin inmutarse por nuestro hedonista derroche de placer, miraba atento la televisión. En ese momento, los gritos de la habitación se confundían con los de la televisión. Gaia, literalmente gritaba desesperada, como si alguien la estuviera golpeando. Muy difícil pensar que los vecinos no hubieran oído nada, los gritos de esta chica eran estremecedores.

La siguiente en llegar al éxtasis fue Carmina, comenzó por contraer los músculos de su esfínter mientras todo su cuerpo daba pequeños saltitos con cada penetración. La sensación por demás fenomenal, podía sentir como su ano convulsionaba, atrapando mi falo en su interior. Antes no lo había notado, todo su cuerpo se hallaba inundado de un exquisito sudor, tanto que era difícil sujetarme de sus tetas como lo había hecho hasta entonces.

Finalmente Carmina cayo vencida, extasiada de tanto placer, se desplomó sobre el bello cuerpo de Carolina. Ella la ayudó a incorporarse tiernamente y nos invitó a ir a su cama. En el lugar yacía Gaia, retorciéndose de un placer inconmensurable, causado por la modelo. Gaia no tenía más voz para gritar, solo habría su boca y cerraba sus ojos, de vez en cuando recuperaba el aire y soltaba obscenos monosílabos, apenas audibles.

Nos recostamos en la cama Carolina, una mujer de cada lado. Carolina me besó en la boca, me dijo que le había encantado ver como penetraba en Carmina

– Me excita mucho ver, como entra y sale tu verga de su cuerpo, nunca me imaginé pero me vuelve loca observar como partes el culo de esta puta – dijo Carolina

– Jamás había sentido esto, es un lujurioso deseo de poseerte, como si estuvieras dentro de mí mismo – yo no sabía que responderle, también lo había disfrutado, Carmina en cambio, no decía nada, solo tenía una mirada tierna fija en mí. Estaba agradecida por el placer que había sentido

– No sabía que podría terminar tantas veces, con una penetración anal – dijo al fin Carmina

– Chicas ustedes son maravillosas – les dije

– Gracias – respondieron todas, mientras Carmina decía que deberíamos repetir más seguido, estas fiestas y yo estuve de acuerdo

De pronto Carmina, quiso decir algo pero se detuvo, pues justo en ese momento Gaia comenzó nuevamente con sus gemidos y respiración fuerte. Gaia gritaba ahora dando órdenes a la la modelo para que no parara – sigue perra, sigue – le decía – eres la mejor puta que a chupado su concha, sigue perra

Entonces Carolina, pidió a Carmina que dijera lo que estaba pensando, en esta situación no había nada porque tener vergüenza. Carmina dudo pero al final accedió

– Es solo que… no sé cómo decirlo – regresó su mirada mí y me hablo cerrando los ojos – quiero que se penetres por delante, de la forma tradicional. Tú fuiste quien se quitó la virginidad. Quiero cumplir una fantasía –se detuvo nuevamente, pero continuó antes que le dijéramos algo- Yo… quería perder mi virginidad en una cama grande, blanca, como esta, mientras alguien nos observaba – soltó Carmina avergonzada

– ¿Así que eso quieres? – respondió Carolina – ¿porque querías que alguien te observe?

– Porque así, me podrían explicar lo que debo hacer – soltó Carmina, como si la respuesta fuera obvia.

– Pues bien Juan –Carolina reaccionó enérgica- ¿qué esperas? hay que cumplir la fantasía de esta niña, yo los guiaré – yo quede sin saber que decir, la situación era por demás extraña, pero no podía negarme

– Carolina tomó asiento sobre la cama, comenzó a indicarnos lo que debíamos hacer.

– Primero, Juan párate al filo de la cama, Carmina siéntate frente a él. Toma suavemente su pene con las dos manos y acaríciale. Ahora saca tu lengua y pásala por la cabeza y luego por todo el cuerpo, bien, repítelo muchas veces… ahora debes metértelo a la boca, completamente, chupado pero no lo muerdas, repítelo muchas veces hasta que obtengas la leche. Pero recuerda, esa leche es mía, no te la vayas a tomar tú

– Está bien – respondió Carmina

– Después del sexo oral, viene la penetración, bueno así fue mi primera vez, pero ahora sigue mamando hasta que te de la señal de que has terminado. Mámalo con todas tus fuerzas. Comételo completo perfora tu garganta hasta que no puedas más – Mientras más tiempo lo hacía sentía como mejoraba, la sabrosura de esa lengua me estaba dando placer empecé a gemir – Basta – gritó Carolina

– OK ¿qué hago ahora?– respondió Carmina empeñosa

– Abre tus piernas lo más que puedas, súbelas por sobre las de él. Juan, primero debes chupar las tetas de Carmina – así lo hice – vamos… Carmina tiene que aumentar su respiración, hazlo con más fuerza. Carmina no te guardes nada, que se dé cuenta que estas excitada, gime más duro, deja que el lama tu cuello, que lo muerda de vez en cuando, si sientes dolor, grita pero no lo sueltes nunca. Tómalo por la espalda, pégalo a tu piel, siente como tus senos se aplastan con su peso. Juan, comienza a frotar tu pene contra vagina, como si intentaras entrar pero no lo lograras. Ahora Carmina… toma la verga con una de tus manos, colócalo en el lugar correcto, siente como en este momento, estas ardiendo, estas explotando como un volcán. Muy bien… es hora que Juan haga su trabajo, lo siguiente que sentirás será un golpe fuerte. Te dolerá mucho, solo si no estás completamente mojada, piensa que es tu primera penetración vaginal, aunque ya lo hayas disfrutado antes, y seguro lo has estado practicando mucho anoche, pero no importa, disfruta cuantas primeras veces quieras, tu puedes ser desflorada cuantas veces quieras, todo depende de ti

– Sí… ayer si lo sentí… por primera vez, ahhhhhhhh, es lo más delicioso, que he probado en mi vida – entré otra vez en la mujer, si deliciosa vagina seguía estrecha

– Sé que te gustó, ahora debes continuar, muévete al ritmo que él te indique, levanta ligeramente tu pelvis para disfrutar mejor, muy bien sigan así

– Si… esto es fenomenal me encanta sentir este falo dentro de mí, no te detengas por favor, sigue, soy tuya, solo tuya

Continúe, no me detuve hasta obtener un orgasmo largo desde su interior, me encantó poseer una vagina que se estrechaba alrededor de mi ardiente pene. Poco faltó para que terminara, dentro de ella, pero Carolina nos detuvo.

– Bien chicos me encantó, lo hacen muy bien, me hizo recordar mi primera vez, ahora quiero que los dos me den pacer a mí.

– Pero por supuesto – Respondió Carmina recuperándose

Carolina se recostó junto a Carmina, separó sus piernas indicándome por donde debía entrar. Salí con algo de dificultad del estrecho agujero de Carmina. Me recosté sobre Carolina, coloque mi pene en su entrada y empuje si piedad. Mi falo entró sin ningún problema bástate, era un alivio para mi entrar en un cómodo, lubricado y holgado sexo.

Otra vez volví bombear rápidamente, Carolina disfrutaba. A los pocos minutos, pidió que Carmina mordiera sus pezones. Su vagina lubricaba más y más, entonces me pidió que parara y metiera mi palo chorreante en la boca de Carmina.

– Degusta mi sabor – dijo Carolina

– Me encanta – respondió

– Pues bien, prepárate porque en cuanto termine quiero que bebas todos mis líquidos, ¿entendiste?

– Así lo haré – respondió Carmina, quien estuvo atenta a la faena

Mientras penetraba a Carolina, podía disfrutar de su piel sus senos y sus piernas. Seguía entrando y saliendo, a veces con fuerza bruta y otras tantas delicadas, algunas veces empujaba tan profundo, que hasta sentía que mis bolsas querían entrar. Su sexo era tan profundo, parecía que nunca iba a tocar fondo.

Lo único que parecía llenar aquel poso de placer, era su humedad. El cristalino líquido era tal, que desbordaba por entre sus labios mayores y menores. Los cuales se abrían de par en par, especialmente cuando envestía. La habré poseído por cerca de unos diez minutos, en los cuales Carmina no descuido los pezones des su compañera ni un segundo. Mordía cada vez que tenía oportunidad.

De vez en cuando, Carmina venia hacia mí, para alentarme con sus dulces labios apasionados. Otras veces, besaba Carolina en la boca con igual intensidad, con igual pasión. Esta Carmina que estaba conociendo era una experta bisexual.

Al fin, aparecieron los estremecimientos de Carolina, que primero despacio, luego rápidos, hasta terminar explotando como un volcán, con gritos, temblores y retorciéndose como una loca.

Me alejé un poco, Carmina rápida, fue a plantar un beso directo en la mojada vagina de Carolina. Esta chillo, como una perra en celo, pataleando y sacudiéndose, como tratando de liberarse del ataque de la mujer. Pero Carmina no cedió ni un centímetro, parecía tener pegada su boca al sexo de su amiga, que eyaculaba sacudiéndose sin control.

Como había prometido Carmina, dejó todo el sexo limpio, succionando cada gota de aquellos maravillosos jugos vaginales. Cuando terminó su labor, Carolina quedo tendida en la cama exhausta, semi inconsciente. Pero Carmina no había terminado, tomó mi pene, se lo metió nuevamente en su boca, bebió los restos que su amiga había dejado en mí.

– Fue una experiencia única, ver a alguien tenido sexo frente a mí – dijo Carmina

– Parece que ustedes dos, tiene los mismos gustos – respondí

– Quizás todas las mujeres lo tenemos, pero no queremos darnos cuenta

Me invitó a acostarme junto a ella, descansar un rato, mientras acariciábamos suavemente nuestros cuerpos. En ese momento apareció Leo, de pie nos observaba atentamente, parecía algo molesto pero también pude notar que estaba logrando una erección.

En ese momento Carolina recuperaba el aliento, giró sobre su cuerpo encontrándose cara a cara con Carmina, quien le sonrió.

– Lo hiciste muy bien – dijo Carolina montó sobre su cuerpo

– Pensé que solo Gaia llegaría a satisfacerme, pero tú los has hecho muy bien hoy, quiero que continuemos dándonos placer – le dijo Carolina

– Yo también deseo eso – contesto mientras iniciaban un largo y profundo beso en el que destacaban sus lenguas.

De pronto, las mujeres abrieron sus ojos y regresaron la mirada hacia mí, yo solo las observaba muy excitado aun, ellas disfrutaban eso. Entonces comenzaron a moverse entre ellas, frotando sus cuerpos, sus senos, se juntaban, se aplastaban, las dos abrieron sus piernas y entrecruzaron sus sexos, como queriendo hallar una penetración imposible. Estas mujeres son insaciables pensé, cada vez se excitaban más. El enorme trasero de Carolina se movía frenéticamente, como si en lugar de vagina tuviera algo con que penetrar en la de Carmina. Ella también levantaba su pelvis, tratando de mezclar sus líquidos.

Me acerque a sus cuerpos fundidos, los acaricié, especialmente a Carolina que estaba por encima. Luego me levanté, creyeron que se iba, pero no fue así, me ubique en la espalda de Carolina. Si piedad inserte mi falo en su agujero posterior, este ofreció resistencia, era pequeño, no tan abierto ni dilatado como el de Carmina. Dos intentos más, logré entrar completamente, me dolió un poco, pero seguro a Carolina aún más, ella no se lo esperaba, no estaba suficientemente lubricada. Intento levantarse, protestar pero Carmina, debajo de ella, lo impidió, le gustaba.

Carmina comenzó a gemir, como si fuera ella quien recibía mi pene. El ano de Carolina era muy estrecho, tanto que me costaba entrar y salir. Las primeras veces, Carolina gritó, no sabía si de dolor o placer. Carmina en cambio, se éxito más, observaba a su amiga lujuriosamente, invitándole a seguir, a no rendirse.

Yo envestía fuertemente, el agujero iba dilatándose pero en ese momento lo entendí, no duraría con este ritmo, mi pene estaba estancado en una caverna rugosa, que intentaba por todos los medios sacar mi leche. Al poco rato grite, se vengó y en ese momento apareció Gaia, se apodero de mi verga. La sacó del agujero de su amiga, masturbó esperando la ansiada leche. Carmina tampoco esperó, empujó a Carolina hacia un lado de la cama, ella quedó tendida boca arriba.

Gaia intentó interponer su boca, pero era muy tarde, Carmina más rápida, alcanzó a jalar mi palo hacia ella, cuando los chorros de semen caliente brotaron cual manantial. Dos grandes chorros fueron directo a caer sobre los senos y vientre de Carolina. Gaia y Carmina luchaban por probar mi semen de la fuente, la primera fue Gaia quien se lo metió a la boca hasta donde le permitió la mano de Carmina. Gaia recibió una tercera descarga de semen ya dentro de su boca, quiso continuar pero Carmina no se lo permitió. Jaló mi tranca, se lo metió en la boca absorbiendo los restos, tratando de sacar aún más, no lo logró pero seguía insistiendo.

Gaia por su parte desistió, pues la descarga de semen que había recibido era suficiente para su pequeña boca, metía el dedo intermedio en entre sus labios y sacaba parte del semen, luego se lo metía otra vez, simulando una penetración con sus propios dedos. Carmina se dio que cuanta que no podía obtener más semen de mi pene, lo dejó pero se dio cuenta que había una gran cantidad sobre el cuerpo de Carolina y comenzó a limpiarlo con su lengua.

Al fin me creí libre de las chicas, quería descansar, pero justo detrás de mí me encontré con la modelo. Ella me abrazó y se dijo – fantástico – mientras dirigía sus manos a mi adolorido falo, que empezaba a perder su rigidez – ¿puedo? – preguntó con dulzura y no se pude negar. Me recosté sobre la cama, ella con su tradicional dulzura empezó suavemente a recorrer, con su lengua lamiendo todo mi sexo. Lo hacía con una paciencia envidiable, no intentaba sacarme más semen, solo quería mantener mi erección. Pasados unos diez minutos, lo logró, chupaba y chupaba, sin descanso, hasta que su pene recobró su dureza. La modelo no dejó de jugar con su lengua, parecía disfrutar lo que hacía.

Cuando me creí listo para empezar la batalla, ubiqué a la modelo en posición para hacer un sesenta y nueve. Ella no se opuso, pero me recordó que lo hiciera con cuidado. Así lo hice, probé nuevamente el impecable sexo de la modelo, lo disfrute al máximo. Comencé lentamente, probando sus líquidos que comenzaban a escurrir por entre sus labios.

Luego mi lengua buscó su clítoris, hurgando entre sus labios menores, los cuales sobresalían victoriosos. Lo encontré al fin, sentí como la modelo se estremecía sobre mí, disfrute un rato la situación.

Luego retrocedí un poco, buscando su agujero. Al encontrarlo mi lengua se introdujo, entraba y salía simulando una penetración. No pude evitar encontrarme con más jugos vaginales en el camino. Estiré su lengua hasta más no poder, introduciendo incluso, parte de mi barbilla entre sus labios.

Empecé a sentir algunos espasmos, me detuve, retire un poco mi rostro esperando, observaba unas pequeñas gotas, resbalando lentamente entre sus labios menores, hasta caer justo en mi boca. En ese momento volví bruscamente, justo sobre su vagina abriendo mi boca lo más que pude, succionando firmemente. Esto hizo que la modelo soltara mi pene que lo tenía dentro de su boca y soltara un grito seco. El grito hizo reaccionar a las chicas a mi lado, la modelo se estremeció completa, retorció, atacada por fuertes convulsiones. Finalmente tuvo que lanzarse a un lado de la cama, donde se encontraba Gaia.

Gaia plantó un beso, a la modelo directo en la boca, como consolándola en su desesperación. Luego se fijó en mí, más precisamente en mi falo, estaba duro como una roca. Gaia se abalanzó sobre el como una loca, me dijo al oído – es hora de cabalgar – acto seguido, me montó a horcajadas, acomodando con su mano izquierda mi palo en su entrada. Luego sin la menor piedad, empujó y me sentí entrar en sus entrañas.

A ella seguramente le encantaba esa sensación y claro a mí también. Ambos nos movíamos, pero Gaia literalmente saltaba como desesperada sobre mí. Algunas veces dejaba salir mi órgano de su interior, causándome cierto dolor, pero ella volvía a insertárselo. Gemía a ratos, parecía incansable, incansable, seguía y seguía. Me preocupe por un momento, pero afortunadamente estaba lo suficientemente fuerte para soportar sus ritmo.

Seguimos dándonos placer, después de unos diez minutos se detuvo, observó el gran charco formado entre nuestros sexos. Sonrió maliciosamente, se levantó un poco, lentamente hasta que la cabeza de mi verga salió. Gaia movió su pelvis hacia delante mientras el resto de su cuerpo lo echó para atrás. A mismo tiempo, con su mano izquierda tomó mi palo y lo acomodo de nuevo. Volvió a empujar, esta vez soltó un grito, mientras su pene resbalaba, por su agujero trasero. Una vez adentro continuo con su cadente subir y bajar.

Gaia me miraba justo a los ojos, me preguntaba si era de mi gusto lo que hacía, pero en cuanto respondía que sí, aceleraba el ritmo sin clemencia. Se me hacía difícil seguir la faena, estaba muy excitado. Esta chica era una experta montadora y empezaba a sentir como llegaba al éxtasis.

Para mi suerte, en ese momento apareció Carolina, se acercó, pidió permiso a Gaia para cabalgar. Por supuesto que aceptó, no podía negarse, se retiró a regañadientes. Carolina tomó su lugar, se acomodado sobre mí. Gaia se recostó a mi lado, mirándonos disfrutar del sexo, deseosa de participar, estaba tan excitada aun, me dijo:

– Juan aun debes darnos mucho placer… a todas, estamos muy calientes todavía

– Eso intento – respondí

Gaia no podía aguantar su excitación, pasó una de sus manos frotando por sus partes de atrás. Justo en ese momento pude ver a Leo tras de Gaia. Había estado mirando atento la escena, al fin logró una erección, fue un alivio sabes que aparecía algo de ayuda. Rápidamente se apoderó de las nalgas de Gaia, no sé por dónde la penetró pero a ella le encantó.

Unos minutos después, volví a ver a la modelo y Carmina de rodillas, en la cama. Besándose y tocándose sus senos, cuando las descubrimos, sonrieron cómplices y pidieron que también se les permita disfrutar. Carolina aceptó, tuve que intercambiar algunas veces, las chicas. Se colocaban sobre mí, saltaban fuertemente y luego venia otra.

Mi cansado falo que recibía, toda la carga de placer, la mezcla de jugos, las contracciones de sus cavidades. Al mismo tiempo, escuchábamos los gritos de Gaia, siendo penetrada. Carolina, Carmina y la modelo me rodeaban con sus sexos húmedos, no entendía porque no hacían lo mismo con Leo. Estaba a punto de desfallecer, las mujeres se acercaban más, yo no podía diferenciarlas, algunas veces estiraba mis manos para alcanzarlos sus sexos, sus agujeros, deslizaba mis dedos sin hallar diferencia entre entre sus agujeros, delanteros o traseros, uno en cada manos y otro en mi boca, saboreaba como podía el alucinante placer del hedonista.

De repente Gaia apareció entre las dos mujeres y las hizo a un lado. La modelo se retiró cediéndole su lugar. Gaia tomó rápidamente la posición, mi pene se introdujo fácilmente en su mojada vagina. Gaia gritó nuevamente algo incomprensible, parecía en un estado de absoluto frenesí, un trance. Repitió – quiero penetración doble – dijo mientras miraba fijamente a los ojos de Leo. Este no espero más, se acercó por detrás, se acomodó, penetró bruscamente por su agujero trasero. Gaia cerró los ojos y abrió su boca pero sin poder soltar sonido alguno, empezamos a llenarle de epicúreo placer.

Poco duró Gaia en esa posición, pues su excitación era tal, que casi de inmediato desfogó un gran orgasmo. Yo me sentí atrapado en una corriente húmeda, que recorría mis genitales. Gaia se echó hacia un lado, casi adormecida mientras las chicas a nuestro alrededor, se retiraron un poco para dejar caer pesado el cuerpo de Gaia, sobre la cama. Me levanté, sudoroso y agotado me puse de pie sobre la cama, llevando su pene justo a la boca de Carolina. Ella se encargó de limpiarlo y beber todos los fluidos que sus amigas habían dejado.

Leo tomó asiento, al filo de la cama también sudando y cansado. Carmina de inmediato se acercó a él, lo besó y luego lo empujó sobre la cama. Subió sobre hombre, lo montó a horcajadas, era claro que ella aun deseaba seguir cabalgando. Yo observé el delicioso trasero de Carmina empujando sobre Leo. De inmediato, liberé mi falo de la boca de Carolina, rodeé la cama, me ubique tras Carmina que cabalgaba libremente. Pude ver su agujero trasero completamente dilatado, pidiendo castigo. Me puse en posición, penetré por detrás a Carmina. Observe a Carolina y la modelo sin saber que decir les dije: – Ustedes siguen – y sonrieron maliciosamente.

Lo que siguió fue una sesión de doble penetración a todas las chicas. Incluida la modelo quien fue la que más resistencia puso, pero al final cedió. Pude disfrutar al fin, de su ansiado trasero. Lo que pasó luego puedo traducirlo, en éxtasis total, cerca de treinta minutos, pudimos soportar de las más sibaritas demostraciones de placer. Derrochamos todo el carnal deseo de estas desaforadas e insaciables mujeres.

Debo reconocer que al final, eyaculé dentro del trasero de la modelo. Gaia limpió con su boca la abertura anal de la modelo. Luego hizo lo mismo con mi cansado pene y finalmente el de Leo. Todos quedamos dormidos, exhaustos, rendidos sobre una cama víctima de nuestro lascivo coito descontrolado. Nos acomodamos cada uno como pudo, entremezclados, formando una impúdica masa de piernas, nalgas, tetas, vergas y culos irritados por el uso, formando una obscena pintura hedonista.

A lo lejos se escuchaba una música lejana que parecía acercarse, el volumen parecía incrementarse. << ¿Qué diablos es eso? >> pensó Juan. De pronto Juan cobró conciencia, era su teléfono, el que sobaba << ¿Mierda dónde estoy? >> Un agudo dolor de cabeza inundó la cabeza de Juan mientras se estiraba para alcanzar el infernal aparato.

– Hola… hola – Juan, adormitado, contestó el celular, el sonido lo había sacado de un sueño profundo su malgenio era evidente

– ¿Juan dónde estás? – se escuchó una voz femenina aún más irritada. Juan hecho un vistazo a su alrededor, todo parecía un sueño, el sueño de un sueño mas bien. Algo muy raro, estaba pasando quizás estaba volviéndose loco. De pronto como un flash, recordó, reconoció la habitación, había amanecido en el dormitorio de Carolina, era real

– Yoooo… acabo de despertar – al fin respondió con voz de sorpresa

– ¿Sabes qué hora es? 9 y 30 am ¿qué mierda te pasa Juan? ¿Cómo que acabas de despertar? ¿Recuerdas lo de hoy? ¿Dónde estás? – el teléfono se inundó de preguntas difíciles de contestar

– Si… amor –bajó la voz lo más que pudo- lo recuerdo… al medio día voy tu casa

– Eso espero… –Juan colgó el teléfono, contrariado y tratando de recuperar la cordura. Estaba solo, pero definitivamente era la cama de Carolina, la amplia cama de Carolina ¿Dónde estaba ahora? Escuchó la ducha, pensó que debía ser ella, él también tenía que darse un baño. Juan se recostó otra vez tratando de pensar que iba a hacer, pasado un tiempo la puerta se abrió

– Hola bello durmiente… así que al fin despertaste – Juan se quedó pasmado, era Gaia, vistiendo solo una larga toalla blanca, la cual rodeaba su hermoso cuerpo, su cabello húmedo rodeado de otra toalla también blanca pero de menor tamaño

– Hola ¿dónde está Carolina?

– ¿Porque? ¿Extrañas a la perra?- Gaia parecía molesta por la pregunta

– ¿Por qué te refieres de esa forma a tu amiga?

– Porque lo es ¿crees que no sé, lo qué pasó anoche? Te acostaste con ella, sentí claramente todos sus movimientos, escuche todos sus gemidos ¿ella tiene novio sabes? – Gaia se acercó segura a donde estaba Juan – acabas de revolcarte con mi mejor amiga, en la misma cama, en la que debió haber las noche con su novio, eso la convierte en una perra ¿no te parece?

– No es lo que tú piensas y no soy quien, para juzgar a tu amiga –Juan se levantó indignado por las acusaciones, tratando de sujetar su pantalón para que no cayera, fue directo al baño – Quiero tomar una ducha si no te molesta

– Claro que no me molesta… ya has tomado a la señora de la casa, usa cualquier cosa que quieras, quizás yo debería pedirte permiso a ti. Ah… y claro cuando me vaya, podrás poseerla completa, es eso lo que te ha ofrecido ¿o me equivoco?

Juan prefirió no responder, se metió al cuarto de baño. Se desnudó, tomó una larga ducha, pensando en lo que había pasado, todo por culpa del alcohol y un estúpido sueño. Seguramente Carolina debía estar igual de arrepentida ¿cómo la volvería a mirar a los ojos? Y lo más importante, su novia, no podía enterarse de nada.

Juan replanteó sus pensamientos ¿Había algo de que arrepentirse? Realmente no había pasado nada. A excepción una chica ebria que había tenido que vestir en el baño y otra más que lo besó, también en el mismo estado de ebriedad. Eso no significaba nada, el único real problema era Gaia, esta mujer estaba demasiado alborotada su enfado sin sentido podría llegar a perjudicarlo.

Gaia lucia histérica, tomó una de las cremas que había decidido untarse y la arrojó contra la pared fuertemente, estaba muy enojada y ni siquiera estaba seguro de porque exactamente estaba tan molesta. Se quedó un buen rato pensando tratar de ordenar sus ideas. Quizás debía pedir una disculpa, pero aun si quisiera Juan no salía de aquel cuarto baño.

Gaia no resistió más, tenía que hablar con el hombre, no le importó nada. La puerta estaba abierta, se introdujo sin pensarlo. Miró indiscreta sin saber exactamente qué decir, Juan había terminado su duchazo, se disponía salir. De pronto, sintió una mirada en su espalda, volteó asustado. Ella lo observó de pies a cabeza, sin la menor vergüenza

– Hmmmm, ahora entiendo porque se le hace tan difícil resistirse a mi amiga – soltó al fin. Algo dentro de Gaia de pronto se encendió, la visión le resultaba por demás agradable, el atlético hombre, lucía apenas cubierto por una toalla que rodeaba su cintura, sus trabajados pectorales se mostraban orgullosos

– ¿Tú qué haces ahí? –respondió Juan desafiante- Carolina podría llegar en cualquier momento

– Dejaste la puerta abierta –respondí rápidamente Gaia- pensé que necesitabas que te talle la espalda

– Mejor vete, por favor

– Justo ahora… estoy viendo algo que me gusta, y no lo voy a dejar. Además Carolina salió a comprar algo para el desayuno, me acaba enviarte un mensaje

– ¿Cuál mensaje? – preguntó Juan algo contrariado

– No quiere que te vayas, me pidió que te mantenga entretenido y eso voy a hacer – Inmediatamente Gaia se despojó de su toalla, quedando completamente desnuda frente a Juan. El quedó completamente mudo, desvió la mirada sin poder creer que había visto ese cuerpo perfecto desnudo. Los recuerdos de su sueño aparecieron nuevamente y pudo comprobar que no se había equivocado en nada. Hermosa figura de piel tersa y blanca, unos senos pequeños, pero excelentemente bien formados, un sexo perfecto, depilado, unas caderas prominentes, enloquecedoras, finalmente sus contorneadas piernas, alucinantes, perfectas. Gaia entró de inmediato a la ducha, agarró al hombre lo besó. Él a veces se resistía

– No te hagas el inocente conmigo – reprochó Gaia ese momento – se bien lo que querías, sé que es a mí a quien deseas. Como decías, a… si, te gustaría mis tener labios alrededor de tu pene, eso fue lo que dijiste mientras dormías ¿lo recuerdas? – no esperó a que reaccione, de inmediato enganchó su mano derecha al miembro semi-flácido de Juan

– ¿Qué haces? – fue muy difícil resistir los tirones de la hermosa mujer, su falo poco a poco iba endureciéndose hasta lograr una perfecta erección.

La situación era una locura completa, jamás imaginada por Juan. El peligro despertaba en él un morbo nunca antes conocido. Algo estaba cambiando en su interior nunca antes este tipo de situaciones le habían parecido normales a Juan.

De pronto, Gaia empujó con fuerza al hombre, haciéndolo chocar contra la fría pared de baldosas. Sin querer, la llaves de agua se activó y el liquidó frio cayó sobre sus cuerpos desnudos. Juan abrió los ojos despabilado por el agua fría. Para ese momento Gaia lo besaba por el cuello y bajaba lentamente. Los amantes que ardían de pasión evaporando el agua que caía sobre ellos.

Juan acarició los hermosos y mojados risos de la mujer, recordó noche anterior, recordó su sueño, su mente se hundió en un profundo abismo sin salida. Las imágenes de lo sucedido y no sucedido, se fundieron en una perversa sombra sobre del hombre que había sido hasta entonces.

Juan, ya no era Juan, había nacido el etónico monstro, hambriento de carne humana. Entonces tomó con sus dos manos la cabeza completa de la mujer, enredó sus dedos entre los rizos de la mujer y la jalo hacia sí, hacia abajo. Necesitaba poseer la boca de la mujer, quería insertar su miembro completo, como lo había hecho en su sueño.

Gemía <> pensaba Juan. La mujer seguía bajando, Juan pensaba que la había doblegado. << ¿Porque antes no tuve estas oportunidades? >> Se preguntó. Por alguna razón, esta mujer estaba completamente desinhibida, él quería poseer esta mujer salvajemente y no importaba nada. Gaia abrió su boca y deslizo su fogosa lengua por el duro falo del hombre, por donde él le indicaba, pero Juan quería más.

– Levántate perra, quiero penetrarte – le dijo a la mujer decidido, ella lo miró sorprendida, sonrió picara

– ¿Dónde quedó el caballero de anoche? –giñó uno de sus grandes ojos, mientras se incorporaba- creo que vamos entendernos bien – la mujer se incorporó finalmente pero en lugar de acercarse, retrocedió. Tomó con una de sus manos fuertemente el erecto falo del hombre y lo jaló. – No se te va a hacer tan fácil ¿lo quieres? Vas a tener que seguirme – decía, mirándolo lujuriosa a los ojos. Gaia lucía orgullosa su cuerpo entero, desnudo, radiante, húmedo. De sus senos perfectos, goteaban grandes gotas de agua en el suelo, no le importó en lo más mínimo, siguió jalando al hombre como si de una animal se tratara. Lo llevó directo al dormitorio, subió a la cama, se impulsó con sus rodillas, dejando un rastro mojado sobre el edredón rosado – te quiero aquí mismo, donde la hipócrita de mi amiga intentó seducirte, te quiero aquí, para mostrarte lo que es, una verdadera mujer – sin dejar de mirar fijamente los ojos del hombre, lo extendió sobre la cama. Volvió a juguetear el duro miembro, agarraba fuerte, masturbaba el falo con una rapidez sobre humana. Seguía mirando al hombre, mordía sus labios gruesos, mientras sentía como empezaba a salivar. Juan estaba algo asustado, la fricción de su pene ardía, el cuerpo venoso parecía a punto de explotar y su color era rojo carnoso. Juan no resistió el juego de la mujer, por ningún motivo iba a permitirle tomar el control, la empujó con sus brazos fuertes

– Es mi turno perra – soltó un Juan con los ojos llameantes

Ardiendo todo su excitado cuerpo, se puso de pie al filo de la cama, de pronto sintió como si fuera observado, recorrió rápidamente la habitación. Estaba vacía, aunque puerta estaba completamente abierta, por unos pocos segundos pareció ver una sombra, pero de inmediato lo descartó. Qué diablos hacia pensando, tenía frente a si una espectacular mujer, desnuda, excitada y capaz de hacer todo por él, tenía que cumplir.

No perdió más tiempo, la puso boca arriba, separó las piernas de la mujer y se dispuso a entrar mientras ella gemía sin control, únicamente sintiendo las manos del hombre sombre su cuerpo. Colocó su falo en la entrada, era la primera vez que sentía a la mujer, Gaia gritaba, pero entonces Juan rió malicioso

– Tengo algo mejor para ti – le dijo Juan

De inmediato bajo de la cama fue arrodillarse colocando su rostro en el sexo de la mujer, percibió su olor a mujer, empezó lamiendo las piernas, ingle, podía sentir su sabor chorreado por doquier. Gaia soltó un grito y pudo sentir como todos sus órganos inferiores se contarían, no podía controlarse, necesitaba sentir al hombre dentro de sí.

– Espera – soltó Gaia jadeante – tengo una mejor idea

Rápidamente dio vuelta se puso de rodillas sobre la cama de Carolina, su mirada era morbosa, lujuriosa. Levantó ágilmente su parte trasera, mostrando sus amplias caderas, sus perfectos glúteos y un dilatado sexo

– ¡Vamos! -Gritó- entra de una vez ¿Qué esperas? lléname completa, castígame como a una perra en celo– Juan estaba estupefacto por esas palabras.

Las mismas palabras que había escuchado en su sueño, quizás todo en realidad pasó, quizás era una señal, debía tomar esta oportunidad, debía ceder a sus instintos. La mujer pedía a gritos que la tome y la sola idea del coito lo desquiciaba. Su grado de excitación había despertado la bestia que llevaba dentro y no podía contralarla.

Primero agarró fuerte las grandes nalgas de la mujer, las manoseo, jugó con aquellos espectaculares glúteos. Descubrió un agujero trasero, rosado ocurro, delicioso comprimido. Toco suavemente y luego pasó su lengua desde abajo, lamió desde abajo, tratando de absorber todo el líquido que pudo.

Juan tomó su pene, definitivamente tenía que entrar en esa una cueva estrecha, húmeda, deliciosa. Colocó su miembro en la entrada, empujó con fuerza como queriendo partirla en dos. Gaia se quejó, intento fallido que causo dolor, casi hace perder la concentración la mujer. Juan intentó otra vez, no recordó que en su sueño hubiera tenido este tipo de problemas. Ubico su glande nuevamente, esta vez Gaia gritaba, chillaba todo ella era un mar de sensaciones. Juan ingresaba, despacio, deslizaba su falo al interior de la mujer hasta llegar al fondo.

Era la primera vez que Juan estaba dentro de la mujer, sin embargo sentía como si hubiera vivido ya, esta sensación. Aprovechó para levantar su mano y bajarla rápidamente, aterrizar su palma extendida sobre la redondeada nalga de la mujer. Plantó un fuerte golpe, acompañado de un sonido de choque de carne.

Gaia rugió gustosa, sus sonidos guturales era de un animal en celo, Juan repitió las nalgadas, dos, tres veces hasta que todo su trasero quedo al rojo vivo

– Dámelo todo cabrón, que esperas dame placer – Gritó Gaia.

Pero Juan se hallaba entretenido en otra de las delicias que había soñado con probar. Colocó su mano derecha acarició, llegó con su pulgar a un pequeño agujero trasero, masajeó, lo sintió dilatado. Luego lo humecto usando los mismos líquidos que escurría la mujer más abajo. Sin previo aviso, insertó su pulgar, profundo, la mujer chilló sin esperar esta acción

– ¡No por favor!, por ahí no – le dijo pero él no hacía caso, estaba embobado por la vagina que rodeaba su duro pene.

– ¿Quieres más placer perra? –preguntó Juan desafiante – que aún no he terminado contigo, si quieres que continúe, vas a dejarme entrar por su ano – la mujer sonrió y dio rápidamente la vuelta. Separó completamente las piernas frente a Juan ofreciendo su manjar

– Ven aquí, cabron pervertido, te quiero así, sobre mí – Juan se acostó sobre la mujer, saboreó por primera vez eso delicados pezones los mordió fuerte –mierda que delicia, vamos entra que esperas

– Ya sabes lo que quiero – respondió

– Así que eso te gusta ¿lo quieres todo en la primera cita? ¿Carolina te lo dio?

– No – respondió Juan algo molesto

– Entonces… este si va a ser tuyo, cuando termines lo que estabas haciendo – Juan asintió y de inmediato se puso en su tarea. Separó con sus dedos unos rosados labios menores – tienes mi permiso para entrar, penétrame aquí, ahora, entra cabrón, dame placer – Gaia levantó completamente las piernas rodeando las caderas de Juan incentivándolo a entrar –vamos cabrón atraviésame, déjame tu huella, si, si, más duro ahhhh – la mujer dejó escapar unos estremecedores bramidos ensordecedores, quizás todo el edificio se enteró

Entonces en la habitación se hizo eco del grito más estremecedor, hasta entonces escuchado.

– ¡Mierda! malditos hijos de puta ¿qué están haciendo en mi cama? – era Carolina

De pronto, se esfumaron todos los gemidos en la habitación. Carolina de pie en el marco de la puerta, crispada, iracunda, irradiaba un halo de ira y maldad. Si su mirada pudiera matar ya ambos hubieran desaparecido de la faz de la tierra. Sus ojos no daban crédito a lo que estaba mirando. Su cama era un charco de agua, un rio que empezaba desde la salida del baño. Hasta donde yacían los dos amantes. Ella con sus dos piernas bien separadas y en medio el completamente desnudo, mojado fundidos en coito salvaje.

Carolina se asqueó de la imagen, hasta llegar a sentir náuseas, indignada hasta el extremo. Sentía que debía matar a los traicioneros, tomó una pequeña lámpara que yacía sobre una mesita, lanzó con una fuerza sobre humana. Para bienestar de los presentes, Carolina gozaba más de fuerza que de precisión pues la lámpara terminó chocando contra la pared y despedazándose. Algunos pedazos rebotaron sobre la espalda del asustado Juan

– Se largan, ahora mismo, de mi casa –soltó sin importar que su propia saliva escapaba al pronunciar las maldiciones del caso

– Cálmate mujer… – gritó Gaia tratando de recuperar el aire – por lo menos déjalo terminar, lo estábamos pasando tan bien. Carolina arqueó sus cejas indignada por la respuesta tan atrevida de la mujer

– Lárguense a hacer sus cochinadas en otro lugar, mi cama, mi casa se respeta, salgan inmediatamente, no quiero verlos

– ¿Yo también? – preguntó Gaia alarmada por primera vez, ella seguía acostada boca arriba con sus piernas bien separadas, sin intención de levantarse, mientras Juan se vestía rápidamente con visibles rasgos de nerviosismo

– No… tu puedes quitarte, tú vas a limpiar este desastre, el que se va es este bastardo – de inmediato la mujer se puso llorar amargamente. Gaia se levantó pesadamente, se acercó a la mujer. La abrazó fuertemente, disculpándose, regresó la mirada a Juan, quien se disponía a salir, le regaló una sonrisa, un guiño y le indicó que debía salir con una mano

Juan salió de la habitación apresurado, en su camino pudo dilucidar una silueta que se ocultaba rápidamente. Cuando llegó a la sala, alcanzó a divisar Angélica, dejando unas hojas sobre la mesa de comedor. Las reconoció de inmediato, reconoció su letra en ellas, era las hojas en las cuales, la noche anterior había escrito todos los detalles de su sueño.

Fue presuroso hacia la mesa del comedor, temeroso de un reprimenda de Carolina. Tomó las hojas, lanzó una mirada recorriendo el cuarto de cocina, halló en un rincón sentada en una de las sillas, Angélica la modelo. Ella alzó su brazo izquierdo, le hizo la señal de despedida, esbozando una amplia sonrisa cómplice y dijo unas palabras que resultaron incomprensibles.

– Me gusta mucho Paris… pero no lo viejos… Adiós …

Juan no tuvo tiempo para reaccionar, un miedo inmenso lo invadía y su instinto de supervivencia solo le permitía buscar la puerta. Guardó las hojas en un bolcillo, dio vuelta y de inmediato salió corriendo en busca de la calle principal.

En cuanto pudo, tomó un taxi que lo llevó hasta a su casa, en el camino fue leyendo lo que había escrito poder sin dar crédito a lo que había pasado. Sin poder diferenciar lo que era un sueño de lo que era realidad. Eran las 11:00 am, se recostó un rato, tratando de armar las piezas en su cabeza.

El sueño invadió el lugar, el silencio solo era perturbado por algunas respiraciones fuertes de vez en cuando. Pasó un buen tiempo, no sabría decir cuánto, pero mi sueño no era del todo profundo, solo recuerdo haber estado cansado.

De pronto escuché ruido en la habitación, paso o algo parecido, alguien despertó. Caminaba como zombi, arrastrando los pies, desperté también, fui víctima del hambre. Alcance a ver un reloj, era más de medio día y la falta de alimento era notable en todos pero nadie, ni siquiera la servicial Carmina quería levantarse a preparar algo. Preferimos llamar a para pedir una pizza. En cuanto llego la devoramos gustosos, en la misma cama.

Entre risas y pequeñas narraciones de lo ocurrido, disfrutamos de un ameno almuerzo, el cual estuvo marcado por la definitiva aparición de las parejas. Carmina y Leo parecían complementarse no solo en la parte sexual, sino que también en la sentimental. La nueva pareja lucia inseparable, se acostaron juntos, compartieron su almuerzo, como una romántica pareja, actuaba con total naturalidad, riendo, jugando y de vez en cuando besándose apasionadamente frente a todos.

La otra pareja, o algo parecido, eran Gaia y la modelo. Ambas conversaban amenamente de temas, que solo ellas compartían. Las dos, parecían muy felices de compartir sus experiencias, en diversos temas pero sobre todo de tipo sexual. Hablaban abiertamente de sus puntos sensibles, de sus fantasías, el sabor de los penes que han probado, tamaños, amantes, hombres y mujeres. Hablaban de la forma en las que les gustaba ser tomadas, sus preferencias con hombres o mujeres. Llegaban a ser tan explicitas, como describir lo que sienten, cada vez que una lengua pasaba por su clítoris, vagina o ano. En fin, una conversación que no solo era amena, sino que de vez en cuando muy gráfica, llegando a mostrándose la una a la otra, sus formas de satisfacerse, sexualmente.

Y por último, Carolina y yo, habíamos entablado algo parecido a una relación, especialmente por ella decía, haber encontrado su verdadero complemento sexual. Al fin alguien la había llenado completamente. Lo único que le importaba en ese momento, es iniciar una relación seria conmigo. Prefirió no tocar el tema de su novio, con el cual había compartido por varios años. Se mostraba optimista, respecto a nuestro amorío, realmente estaba ilusionada. Insistía que para ella, esto parecía verdadero amor.

Me habló con tal empeño, que un buen rato, se hizo olvidar completamente a mi novia. Llegué a fantasear un poco, con la idea de una relación con esta hermosa mujer. Todo lo que podía ofrecerme, iba más allá de solo sexo. La verdad es que, me sentía atraído por su forma de vida.

Carolina tenía un departamento amplio y lujosos, muy íntimo, nunca le hacía falta nada, su padre siempre le proveía de todo. Si necesitaba algo, solo tenía que pedirlo. Debo reconocer que me sentí tentado a quedarme con ella, un par noches. Me insistió muchas veces, quería tenerme a solas, según sus propias palabras, si me quedaba, ella desataría el cien por ciento su sensualidad.

Carolina llegó hasta a ofrecerme su departamento, para que viviera ahí con ella. Parecía convencida, pero lastimosamente yo no estaba preparado aceptar una relación de ese tipo. Para ser sincero, casi no conocía a esta mujer y no podría atarme a alguien que se veía hipnotizada por un buen sexo. Le propuse esperar, los que si prometí fue darme uno que otro saltito por el lugar, para visitarla cada vez que pudiera.

Al finalizar el día, todos estuvimos de acuerdo en que era hora de retirarse. Nos vestimos, todos a la vez, paseamos un rato por el departamento, buscando nuestras prendas. Carolina cedía alguna de sus ropas a Carmina, pues las suyas estaban desechas, especialmente sus ropas íntimas. Salimos juntos, Carolina nos acercó en su auto, a nuestros respectivos hogares. La despedida fue amena en cada parada, Leo y Carmina se quedaron en el mismo lugar, a dos cuadras de la casa de Carmina. Ella se despidió con un beso en la boca, a cada uno de nosotros, luego salieron y caminaron románticamente tomados del brazo, como cualquier pareja de recién enamorados, hasta provocaron suspiros.

Luego fue Gaia, con su tradicional apertura, se despidió, dando besos y deslizando sus manos a diestra y siniestra. Cuando me tocó a mí, no fue la excepción, besó apasionadamente mi boca y dirigiendo sus manos a mi pene, del cual también quería despedirse, según dijo. La detuvo Carolina, recordándole que había mucha gente. Salió de auto, se dirigió a la puerta de entrada, contorneando exageradamente sus curvas, ella sabía que la mirábamos alejarse, antes de entrar dio vuelta y nos envió besos al aire, así es Gaia, única.

A la modelo la llevamos a una estación de taxis, según nos dijo solo tenía que recoger algunas cosas de su departamento y de inmediato saldría de viaje.

A mí me dejó muy cerca de mi casa, se despedí siempre esperando que nadie me reconozca. El chisme sería fatal para mi novia, me alejé con la promesa de llamarla e ir a visitarla lo más pronto posible.

En cuanto llegue a mi casa, tome una ducha y fui a descansar, quedé profundamente dormido, soñando en todos aquellos hermosos momentos que había vivido. Decidí también una historia como esta no podría terminar así. Un tiempo después empecé a escribirla, sabía que en algún momento, de alguna manera, esto me recordaría que a veces la vida puede ser más increíble que un simple sueño.

Juan despertó asustado << ¿Qué hora era? ¿Dónde estaba? >> Últimamente sus sueños le habían traído bastantes, sorpresas. Sin embargo esta vez estaba en su casa, eran casi las 12 de medio día, tenía que salir y sin embargo esta pequeña siesta le había dejado un pensamiento rondado su cabeza.

<< A veces la vida puede ser más increíble que un simple sueño >> Algo había transformado su interior, sus sueños por fin tenían un sentido, por decirlo de alguna manera, entendible. << Tengo que escribir todo lo que he vivido >> pensó, pero rápidamente recordó que ya lo había hecho. Busco en los bolcillos de sus ropas, encontró las hojas arrugadas y manchadas pero legibles aun.

Juan revisó minuciosamente, cada una de las casi treinta hojas escritas con su punió y letra. Treinta hojas de un ensueño o alucinación que inicialmente parecía de lo as irreal, pero entonces recordó lo que realmente pasó. El sueño en realidad no era importante, ni toda la calentura sintió, lo realmente importante era como se había involucrado esa noche, con algunas desconocidas, las cuales, no estaban interesadas en un sueño. Estaban interesadas en él, en sus pensamientos, en sus deseos.

Recordó primero a Carmina, la niña más linda y especial de esa noche, tan culta, inteligente pero sobre todo tan decorosa y recatada. Jamás antes había salido con ella, por respeto a su novio o por sus múltiples actividades. Bastó estar en el lugar adecuado, un buen punto de interés e indirectamente había podido convencerla para ir a pasar un buen rato. Luego un poco de alcohole quitó toda la timidez y hasta fue capaz de ofrecerse en cuarto de baño. Quizás estaba borracha pero de ninguna manera eso quita la atracción que ella debía sentir por Juan.

Con Gaia las cosas fueron mucho más fáciles, su mente abierta y su facilidad para hacer amistades, le hacen fácil de llegar. Gaia definitivamente es una mujer ardiente, casi la había podido tener ese día y de ninguna manera esto podía quedarse así. Gaia es una chica popular y frecuenta sitios populares, llegar a invocarse con ella, llegarla a la cama definitivamente puede llegar a ser una realidad. Juan tomó nota mental de esto y se propuso terminar lo que había empezado esa mañana.

La modelo, Angélica, hablaron tan poco esa noche y sin embargo Juan parecía conocerla tan bien. Recordó las palabras incomprensibles de la modelo algo debían significar. “Me gusta mucho Paris… pero no lo viejos… Adiós” << por supuesto >> ¿cómo no lo había entendido antes? Angélica había leído por completo su manuscrito, conocía lo que escribió Juan y una vez más había coincidido, era Modelo, había vivido o trabajó en Paris. Quizás el resto de información que tenía en esas horas también le podía ayuda para llegar a ella. Incuso ahora Juan pudo recordar claramente, la sombra que vio alejarse cuando estuvo en la cama Gaia. Ella los estuvo observando, vestía su ropa de dormir ella no había salido esa mañana. Lo vio todo, o lo escuchó por lo menos, leyó por completo la historia de Juan. Angélica definitivamente era una mujer intrigante que debía volver a ver.

Finalmente Carolina, una verdadera diosa, una mujer espectacular. La atracción que Juan sentía por ella, evidentemente era correspondida. Si bien estaba comprometida, la noche anterior pareció no importarle, quizás necesita algo de emoción en su vida. Puede que esté muy enojada ahora pero precisamente eso, a Juan le hacía pensar en los sentimientos que ella debía guardar para con él. Solo el tiempo podrá decir lo que realmente les depare el destino.

¿Y todas las mujeres que Juan conoció esa noche en sueños? En su cabeza, en sus escritos, tenía la imagen viva de varias hermosas mujeres, sin tan solo algunos de los detalles que recordaba de sus cuerpos o sus personalidades podrían ser verdad, él tenía un mundo de oportunidades que estaba dispuesto a averiguarlas.

La visión que tenía Juan de sí mismo, cambio por completo. Se dio cuenta que por alguna razón, tiene éxito con las mujeres y que mujeres de hoy, de su país y más específicamente las que lo rodean. Tienen ya un criterio sexual mucho más abierto del que él pensaba. Sabiendo llegar a ellas de la manera correcta, él podría motivarlas a experimentar nuevas sensaciones, emociones completamente fuera de los tabús de la sociedad. Lo que había vivido le hacía pensar en complicados romances y aventuras que podría vivir. A partir de este día, nunca más, dejaría escapar una oportunidad. Esa noche pudo ser mucho más placentera, tres mujeres que se le insinuaron abiertamente y no pudo aprovechar, pero quizás aún estaba a tiempo.

Juan guardó cuidadosamente las hojas, especialmente de su novia, con el tipo las pasó a un documento electrónico, más fácil de guardar. Pasado algunos años se lo entrego a uno de sus mejores amigos, quien se encargaría de reconstruir la historia y publicarla.

FIN

Epilogo

Casi inmediatamente después de los sucesos, Juan empezó una relación seria con su novia Mishelle, decidió dar por cerrado el asunto pero no pudo. Estuvo tentado a destruir sus recuerdos pero no fue capaz. Los sucesos de esta noche y mañana cambiaron completamente los planes que Juan tenia para su vida persona. Fue el inicio de un sin número de sucesos e historias casi tan irreales como esta, en las cuales se vio involucrado. Los problemas que le trajeron tampoco fueron pocos, pero debe reconocer que gracias a esta historia, llegó a involucrarse en un mundo oculto, de nuevas emociones y sensaciones.

Carolina desapareció poco a poco de su vida. Las pocas veces que volvieron a cruzarse fruncía el ceño y desviaba la mirada con desprecio. Jamás pudo acercársele otra vez, ni cruzar una palabra con ella. Aunque lo intentó mucho, el orgullo de la mujer suele ser una joya muy delicada y difícil de recuperar.

Gaia siempre fue muy amable y coqueta con él, pero jamás pudo llegar a acercarse a ella pues con el tiempo se convirtió en buena amiga y compañera de trabajo de su novia. Eso no evitaba, que cada vez que ella tuviera oportunidad, lanzar besos bolados o hacia insinuaciones que la novia de Juan no entendía.

Angélica la modelo se perdió un buen tiempo, por los viajes que hacia la mujer. Años después cuando la volvió a ver. Ambos coincidieron en una extraña reunión, en la cual fueron víctimas a una enredada maraña de eventos, en los cuales se vieron urgidos de dar rienda suelta a todos sus deseos y perversiones.

Juan nunca supo que pasó con Carmina y Leo esa noche. Sin embargo ellos nunca se presentaron como pareja después de ese día. Carmina continuó con su novio y años después se casó con él. Leo también terminó casándose en una ceremonia bastante pomposa a la cual invitó a Carmina pero ella nunca apareció.

Patricia, aunque no es mas parte de este relato por respeto a su memoria, se convirtió en una buena “amiga” de Juan. Ella siempre estuvo dispuesta a ayudarlo, incluso le ofreció trabajo cuando se graduó, pero él no aceptó puesto que tenía su propio negocio, el cual había empezado con su novia y sus mejores amigos. Patricia con el tiempo se casó y migró a los estados unidos con su esposo, fundando una exitosa empresa. Juan le había perdido el rastro completamente, respetando su matrimonio hasta hace algunos meses cuando recibió de ella un correo muy corto de su parte que decía:

“Gracias querido amigo por ser incondicional y fiel, frente a todo lo que hemos vivido juntos. Adiós”

A Juan le pareció muy extraño el correo pero no intento buscar a la mujer, sino hasta hace pocos días en los que se enteró de la trágica enfermedad y muerte de su amiga. Seguramente en ese lapso largo de tiempo que paso hospitalizada escribió el correo a manera de despedida, esto le hizo sentirse muy culpable por lo cual decidió ajustar la historia inicial.

Esta historia está dedicada a ti Patricia, paz en tu tumba.

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