La deuda

Irene tenía los ojos clavados en aquellas horribles fotografías, sus manos estaban temblando, su boca se secó y un escalofrío le recorrió todo el cuerpo cuando sintió un par de lágrimas rodar por sus mejillas.

-No ha sido la única, tengo pruebas de que han habido otras, pero a ésta es a la que ve más seguido… ¿Quiere ver las otras fotografías?-le dijo el hombre que estaba sentado frente a ella.

-No, envíelas a mi oficina en un sobre sellado, yo sabré que hacer con ellas, posteriormente.

-Lo que usted diga, en este otro sobre están las conversaciones de Whatsapp, correos electrónicos, estados de cuenta y direcciones de los puntos de encuentro.

-Usted es demasiado bueno en su trabajo.

-Siempre estoy dispuesto a ayudar a quien pueda pagarme.-El hombre la miró condescendiente.

-Aquí tiene lo acordado…-le respondió Irene entregándole un sobre pequeño y tras darle la mano, salió del café.

Dentro del automóvil se deshizo inevitablemente, el sonido de la fuerte tormenta hizo inaudibles sus alaridos cargados de dolor, la espesa lluvia imposibilitaba que alguien la viera a través de los cristales de su auto por lo que decidió gritar y golpear el volante con todas sus fuerzas. No podía quitar de su mente la imagen de su amado esposo besando a otra mujer.

Leandro era su todo, el amor de su vida, el padre de su hijo, su aliado, su mejor amigo, la última persona que creyó que algún día la traicionaría. Ese día fatal había llegado e Irene no sabía que debía hacer a continuación; eran felices o al menos eso creía, nunca le había faltado nada estando juntos, habían construido un hermoso hogar y realizado muchos sueños, entre tantos tener un bebé.

¿En qué momento había dejado de amarla? Estaba confundida, el seguía ahí, amoroso, comprensivo, apasionado, nada había cambiado pero la duda se hizo presente por una pequeña treta del destino. Después de tanto llanto, se recargó en el asiento del coche y su mente viajó a aquel día de supermercado cuando se topó con Dionisio, uno de los mejores amigos de su marido quien le pidió le hiciera llegar un sonoro reclamo a Leandro por haber faltado a las partidas de naipes desde hacía 8 meses…

8 meses en los que cada jueves se iba a jugar manos con sus amigos y no regresaba hasta bien entrada la madrugada, a partir de ese momento aunque trató de no caer en el pánico fue siguiendo todas las pistas hasta finalmente decidir contratar a un investigador privado que en menos de 1 semana le resolvió todas sus dudas. Ahora con pruebas en mano, no tenía la más remota idea de lo que iba a hacer, ni siquiera estaba segura de confrontarlo.

—————

-No puedes dejarle.- le dijo su madre.

-¡Mamá tiene una amante! ¡Muchas!

-Así son los hombres, además te lo dije…que con un extranjero ni de chiste, pero jamás me escuchaste y ahora éstas son las consecuencias.

-¿De qué hablas? El hecho de que sea argentino no es la razón por la que me está siendo infiel.

-Esa gente es muy liberal…

-Hombres así en todos lados, mamá. Si no lo crees, mira a mi papá.

Su madre frunció el ceño y respondió:

-No puedes dejarle, es el padre de tu hijo y además a ti no te hace falta nada, no puedes criar a tu hijo sola, un divorcio es una deshonra y encima de eso, no le vas a dejar el camino libre a la mujerzuela esa. Ponte las pilas, hija.

Irene bajó la vista, con su mamá jamás encontraba apoyo y mucho menos podía llegar a algún acuerdo. Recorrió las calles sin rumbo, no quería llegar a casa, no quería ver a su esposo, no sabía cómo iba a poder soportar que la tocara sabiendo que venía de estar con alguien más. Tenía que pensar bien lo que haría, pero estaba muy claro que ese día no podía tomar una decisión porque no sería la correcta.

Cuando llegó a su casa lo primero que vio fue a su pequeño Santiago arrojarse a sus brazos, sentir el contacto con su delicado cuerpecito hizo que por un momento todas sus angustias desaparecieran. Leandro los observaba desde lo alto de la escalera y cuando sus miradas se encontraron a Irene le fue imposible sostenerla, pasó de largo a la sala con su hijo en brazos tratando de disimular su nerviosismo.

-¿Para mí no hay besito? –oyó decir a su esposo detrás de ella.

-Claro…-le respondió volviéndose y para darle un fugaz beso en los labios.

-Dejé tu cena en el microondas.

-¿Ya cenaste?

-No amor, quedé con los chicos de ir a comer algo antes de la partida, espero no te moleste.

Irene sintió que la voz iba a quebrársele y abrazó con fuerza a su bebé.

-¿Todo bien amor? –le preguntó Leandro mientras acariciaba suavemente su hombro.

Ella no podía responder, porque de hacerlo se echaría a llorar, solo asintió mientras le repartía un sinfín de besos a su niño por todo el rostro. Leandro evidentemente notó algo raro pero trató de no hacerle mucho caso, a veces su mujer se ponía sensible debido a su periodo, se le pasaría al cabo de unas horas y así sin más después de despedirse de su familia partió.

Esa noche no regresó.

———————

Transcurrieron varias semanas hasta que Irene terminó por decidir que iba a pasar por alto las infidelidades de Leandro, porque nada había cambiado, él estaba con ella, con el hijo de ambos, proveía el hogar, la escuchaba, la buscaba, con todas esas acciones la había convencido de que no había dejado de amarla y que las cosas que sucedían con otras mujeres eran aventuras sin importancia.

Determinó que no lo confrontaría, pero tampoco podía deshacerse de todas las pruebas que el detective había recabado para ella, así que los hundió en un oscuro archivero de su oficina y tomó la decisión de no volver a pensar en su existencia. Trató por todos los medios de seguir con su vida normal, de no atormentarse las noches en que Leandro se iba a jugar naipes, estaba convencida que todos los seres humanos tenían defectos y que el de su marido eran las aventuras, lo amaba e iba a aceptarlo aún con ese defecto.

Una noche en la que su marido se fue a los naipes, después de dormir su hijo, Irene se dispuso a realizar un trabajo de investigación para un nuevo artículo que iba a publicar en la famosa revista para la que trabajaba, pasó muchas horas en Internet, investigando, haciendo anotaciones, mirando fotos y demás, tan concentrada en su labor se encontraba que dio un severo respingo cuando un anuncio emergente saltó a su pantalla, tenía los parlantes a full y la música del anunció logró darle un tremendo susto.

El anuncio con fondo negro resaltaba unas enormes letras blancas y brillantes: ASHLEY MADISON. ¿Qué demonios es esto? Pensó Irene, estaba por cerrar el emergente cuando leyó el slogan “La vida es muy corta, ten una aventura” Sus pupilas se dilataron y el corazón se le aceleró, ciertamente nada tenía que ver con la forma en la que su marido había conocido a todas aquellas mujeres, pero le parecía increíble que existiera un sitio web que incitara a las personas a ser infieles.

Su mirada estudió con atención la composición del anuncio y reparó en un vínculo que se encontraba en la parte inferior derecha del mismo, no lo pensó y dio clic. Una nueva ventana se abrió en su navegador y le brindó varias opciones, entre ellas registrarse como nuevo miembro del sitio. Irene se quedó dudando, pero lo cierto es que la curiosidad la mataba, nada tenía de malo ver, quizá hasta podría escribir un artículo sobre ese lugar y dar un punto de vista que de cierta forma sirviera de desahogo de todo lo que estaba sintiendo.

Llenó los espacios en blanco recalcando que era una mujer casada que buscaba hombres para un affaire, pero cuando llegó el momento de colocar su foto, Irene se quedó helada. No podía poner una foto de su rostro, mucho menos de su cuerpo y tras pensárselo varios minutos resolvió colocar una imagen algo vieja de sus pies con un hermoso pedicure, dio clic en finalizar dándole vida a un nuevo perfil dentro de la aplicación.

Como por arte de magia, la página de inicio se llenó de perfiles de muchos usuarios que buscaban una oportunidad de donde fuera con quien fuera, estuvo por mucho rato explorando algunos perfiles, tomando nota de los detalles que le llamaron la atención cuando de pronto vio que le habían llegado varios mensajes a su bandeja. Por increíble que parezca, Irene sonrió divertida mientras pensaba “Estos tipos son unos bárbaros” y se dispuso a revisar uno a uno los mensajes.

Todos eran muy directos, aburridos sin gracia hasta que le llegó uno nuevo que decía “Ese color de esmalte no te favorece” Irene entornó los ojos ¿Ahora qué? ¿Esos tipejos también daban consejos de belleza? Iba a ignorar el mensaje pero jamás lograría entender por qué no lo hizo.

WritterGirL28: Págame una cita con la manicura y cambiaré el color.

DrTreintañero: No necesitas de una manicura, tú perfectamente puedes cambiar el color.

WritterGirL28: Ahora resulta que tú sabes más que yo de estas cosas. ¿Seguro no buscas a otros hombres?

DrTreintañero: Jajaja ¡Qué simpática! Pues ahora que lo mencionas, te estaba buscando a ti y bueno lo el color, deberías usar uno más brillante que resalte sobre tu piel.

WritterGirL28: ¿Estás criticándome o alabándome?

DrTreintañero: Puedes tomarlo como quieras, yo sólo te di un consejo.

WritterGirL28: Que nadie te pidió…

DrTreintañero: Me imagino que eres la oveja exitosa de la familia, el alma de todas las fiestas…

WritterGirL28: Y tú el bufón de la clase…

DrTreintañero: Ja ja ja ja

WritterGirL28: Jejeje…

DrTreintañero: ¿Cuál es tu nombre?

Irene no supo que contestar…

WritterGirL28: No puedo darte esa información.

DrTreintañero: Vamos…no porque me digas tu nombre tiene que pasar algo.

WritterGirL28: Te daré el que casi nadie conoce…Diana.

DrTreintañero: Mucho gusto Lady Di, mi nombre es David…

WritterGirL28: Mucho gusto también.

DrTreintañero: ¿Qué edad tienes?

WritterGirL28: Mi perfil dice 30

DrTreintañero: Tu edad real…

WritterGirL28: Es la real. ¿Qué edad tienes tú?

DrTreintañero: 40 ¿Te molesta?

WritterGirL28: No, todo bien.

DrTreintañero: ¿Estás en la ciudad?

WritterGirL28: Sí…

DrTreintañero: ¿Te apetece un encuentro?

Eso había sido demasiado para Irene, el juego había ido demasiado lejos, ya no podía continuar hablando con ese sujeto quien sea que fuera, debido a la cercanía de sus ubicaciones podría estar hablando con algún conocido suponiendo que “David” no fuera su nombre real. Cerró el navegador y decidió olvidar ese asunto.

Pasaron varios días y el incidente de aquella extraña aplicación parecía haber quedado en el olvido, hasta que un día revisando su correo electrónico la aplicación le había enviado una alerta de que el usuario DrTreintañero le había enviado una llave de acceso a su galería de fotos privada. Irene tragó saliva ¿Cómo se le había ocurrido registrarse con su correo personal? Sin duda su torpeza no conocía límites.

Aprovechando la soledad de su oficina, ingresó a la página de Ashley Madison dispuesta a dar de baja su perfil pero antes revisó rápidamente con la vista los miles de mensajes recibidos en los que resaltaba el de DrTreintañero, la intrigó tanta insistencia así que antes de dar de baja el perfil decidió utilizar el permiso que le había dado ese hombre para poder ver sus fotos privadas.

Se imaginaba que iba a encontrar como 100 fotos de la pija del sujeto, pero lo que vio la dejó demasiado sorprendida. No había ninguna foto obscena, sólo un sujeto bien parecido, posando con su mascota, de vacaciones, con una bata de doctor y andando en bicicleta. Irene se ruborizó al sentir se ligeramente atraída por ese tipo, era moreno, cabello rizado y ojos negros, se veía alto de estatura y de complexión normal. Nada que ver con su marido.

La ventana de chat se abrió y DrTreintañero le enviaba un saludo:

DrTreintañero: ¿Por qué huyes de mí? ¿Tan feo te parezco?

Ella decidió responder:

WritterGirL28: No es eso, realmente no entré aquí con esa intención, sólo tenía curiosidad.

DrTreintañero: Por algo se empieza. ¿Qué te he parecido?

Irene se quedó pensando un buen rato.

WritterGirL28: Eres muy guapo

DrTreintañero: Vamos, se sincera jeje

WritterGirL28: Lo digo en serio, eres guapo.

DrTreintañero: Te agradezco. ¿Eso tampoco te anima a un encuentro?

WritterGirL28: No, yo sólo estaba jugando.

DrTreintañero: Bueno, pues me ha dado mucho gusto conocerte, aunque no haya visto más que tus pies.

Esas palabras hicieron que el pulso de Irene se acelerara un poco ¿Le estaba gustando ese jueguito de seducción? Era entretenido.

WritterGirL28: ¿Quieres ver algo más?

DrTreintañero: Si eso fuera posible…

WritterGirL28: Puede que sí pero no quiero subir mis fotos aquí, aunque estén privadas. Los servidores guardan todo.

DrTreintañero: Estoy de acuerdo ¿Te gustaría agregarme a Skype?

WritterGirL28: Muy bien.

Irene agregó a su extraño amigo a Skype y de inmediato empezaron a charlar, después llegó la prueba de fuego.

David Navarro: ¿Ponemos las webcams?

Diana Irene Quezada: Eso es demasiado ¿No crees?

David Navarro: Tengo muchas ganas de verte

Diana Irene Quezada: Puedo mandarte una foto.

David Navarro: De acuerdo.

De inmediato se sacó una foto con la webcam y se la envió a David.

David Navarro: Eres hermosa.

Diana Irene Quezada: Mentiroso.

David Navarro: Lo digo en serio, tienes piel preciosa y tu cabello se ve muy sano, me encanta el cabello castaño y además ¡Qué ojazos!

Irene se ruborizó.

Diana Irene Quezada: Muchas gracias, entonces si dices que me veo sana, si eres doctor en la vida real…

David Navarro: Así es, soy ginecólogo obstetra.

Diana Irene Quezada: Estas de broma…

David Navarro: ¡Te lo juro! Llevo en su mayoría historiales clínicos de embarazos.

Diana Irene Quezada: Ayudas a traer vidas al mundo…

David Navarro: Así es. ¿Tú has traído alguna al mundo?

Diana Irene Quezada: Sí, tengo un hijo de dos años.

David Navarro: Es un niño muy afortunado, tiene a una mamá preciosa.

Diana Irene Quezada: Muchas gracias jeje y tu… ¿Tienes hijos?

David Navarro: Un intrépido par de gemelos, son un torbellino y ya están estudiando la universidad. Primer semestre de medicina…muy a mi pesar.

Diana Irene Quezada: Jajaja ¿No querías que estudiaran eso?

David Navarro: Hubiera preferido que antes cambiaran su loca forma de vivir ¡Pero en fin!

Diana Irene Quezada: Seguro van a hacerlo bien.

David Navarro: Eso espero…y dime ¿Eres casada?

Irene no sabía que responder, pero claro estaba sólo era una conversación amistosa, no había nada que ocultar.

Diana Irene Quezada: Sí, llevo 6 años de casada. ¿Tú eres casado?

David Navarro: Sí, este es mi segundo matrimonio, llevo 15 años.

Diana Irene Quezada: ¿Tus gemelos son de ese matrimonio?

David Navarro: No, son del primero…no duró mucho, éramos muy jóvenes

Diana Irene Quezada: Ya veo, lo siento.

David Navarro: Descuida, ya hace mucho de eso. ¿Y dime, en serio estabas ahí de curiosa o realmente sientes que algo le falta a tu vida?

Ella se quedó pensativa…

David Navarro: ¿Sigues ahí?

Diana Irene Quezada: Sí. Bueno yo sólo estaba trabajando y me salió un emergente, entré por curiosidad, quería ver si podía sacar información de utilidad.

David Navarro: ¿Información de utilidad?

Diana Irene Quezada: Pfff…sí, escribo artículos para una revista.

David Navarro: Osea que soy parte de tu estudio…

Diana Irene Quezada: No, en realidad no realizaré nada de eso, menos ahora que sabes mi nombre conoces mi rostro.

David Navarro: Bueno, no me molestaría conocerte más, aunque sea como amigos.

Diana Irene Quezada: Me agrada la idea 🙂

David Navarro: 🙂

Y así pasaron un par de meses Irene y David seguían hablando por Skype cada que se podía y todos los Jueves por las noches, cuando el esposo de ella estaba fuera. Irene descubrió que el Dr David era un hombre sumamente interesante, le agradaba su plática y sin darse cuenta estaba empezando a sentir una fuerte atracción por él.

David Navarro: ¿Te gustaría ir a tomar un café uno de estos días?

Diana Irene Quezada: No creo que sea buena idea.

David Navarro: ¿Por qué no?

Diana Irene Quezada: Soy una mujer casada.

David Navarro: Pero eso no te impide tener amigos, además ya llevamos un buen rato platicando por aquí. Te prometo que no intentaré nada que tú no quieras.

Diana Irene Quezada: Creo que estamos bien así.

David Navarro: Está bien…pero por lo menos déjame verte, aunque sea por la webcam.

Irene dudó unos segundos y después envió la invitación para videollamada, David la aceptó y de inmediato pudieron verse cara a cara, sin necesidad de seguir escribiendo.

Diana Irene Quezada: Bueno, henos aquí.

David sonrió.

David Navarro: Estás divina, de verdad.

Diana Irene Quezada: Gracias, tampoco te ves mal.

David Navarro: Te agradezco. De verdad que es una pena no tenerte delante, aunque quizá sea lo mejor, me sería una tortura no poder robarte un beso.

Las mejillas de la dama se colorearon.

Diana Irene Quezada: Me gustas mucho, pero no tengo el valor de serle infiel a mi esposo.

David Navarro: Yo tampoco he sido infiel, pero me gustaría sentir esa adrenalina aunque sea una vez.

La expresión de Irene cambió.

Diana Irene Quezada: ¿Por qué? ¿A caso ya no amas a tu mujer?

David Navarro: Claro que sí, pero lo nuestro se ha vuelto monótono, no es una excusa pero es algo que quiero hacer, perdón si te molesta.

Diana Irene Quezada: Sólo no puedo entender porque los hombres hacen eso.

David Navarro: ¿Tu hombre también lo hace?

Diana Irene Quezada: Sí.

David Navarro: Lo siento, de verdad.

Diana Irene Quezada: Yo más.

David Navarro: Los hombres somos unos salvajes, unos estúpidos, ni yo mismo entiendo que hago aquí cuando a pocos metros de mí hay una mujer maravillosa. Pero que Dios me perdone, tú me pareces extraordinaria y demasiado hermosa, tanto que no entiendo como tu esposo puede engañarte.

Diana Irene Quezada: Pues ya tú mismo lo dijiste, los hombres son unos estúpidos.

David Navarro: Jajaja

Diana Irene Quezada: Jejeje

David Navarro: Vamos Diana, déjame verte…

Diana Irene Quezada: Me estás viendo.

David Navarro: Tú sabes a lo que me refiero.

Diana Irene Quezada: No puedo hacerle esto a mi esposo.

David Navarro: ¿Y el si puede hacértelo a ti?

Irene se quedó en silencio.

Diana Irene Quezada: No debo ser igual que él.

David Navarro: ¿Entonces por qué sigues con él?

Diana Irene Quezada: Porque lo amo y es el papá de mi bebé.

David Navarro: Tienes mucha fortaleza y eso lo respeto, pero debes saber que tu marido te debe esto, no voy a presionarte sólo te pido que lo pienses.

Diana Irene Quezada: Si aceptara sería un riesgo enorme, alguien podría vernos juntos…no puedo hacerlo.

David Navarro: Te propongo algo…la próxima semana iré a impartir conferencias en un congreso en Puerto Vallarta, ven conmigo.

Diana Irene Quezada: ¿Por parte de la Universidad Iberoamericana?

David Navarro: Así es… ¿Cómo sabes?

Diana Irene Quezada: Porque yo también iré como exponente, la universidad me contrató para dar conferencias sobre comunicación y periodismo, estaré en Puerto Vallarta la próxima semana…

David Navarro: Creo que el destino quiere decirnos algo.

Diana Irene Quezada: Sigo pensando que no es buena idea.

David Navarro: Vamos, si en un momento no te sientes cómoda podrás mandarme al diablo.

Diana Irene Quezada: Voy a pensarlo.

Leave a Reply

*