La doctora

De esta historia han pasado ya 17 años, pero estos días ha vuelto a mi cabeza y he pensado en compartirla. Por aquel entonces tenía unos 15 años y como todo adolescente acababa de descubrir hacía poco mi interés por el género femenino y apenas había descubierto la masturbación. Pero aparte de eso, como es normal no tenía ninguna otra experiencia en el mundo sexual. Mi vida transcurría dentro de la normalidad, entre el instituto, los amigos y el deporte.

Pero mi rutina de adolescente se vio puntualmente alterada por una experiencia que me marco y que aún recuerdo con mucha intensidad. Había tenido unos problemas estomacales, nada serio pero fui a un médico a hacerme un chequeo general para ver que todo fuera correcto. Aquel día llegue por la mañana a la sala de espera y al rato me hicieron pasar.

Mi médico resulto ser una doctora, morena, de pelo rizado y piel bronceada, tendría unos 45 años más o menos, no era una modelo pero aun así era atractiva, además su bata marcaba un escote sutil, pero muy sexy, se notaba que estaba bien servida. La verdad es que me fijaba en estos detalles con la inocencia y la culpabilidad de un adolescente, que pensaba que no debía pensar esas cosas de esa señora, que además de ser médico podría ser mi madre.

La consulta al principio fue de lo más normal, ella me hizo varias preguntas rutinarias y tras eso iba a proceder a hacer una ecografía. Así que me dijo que pasara detrás de la cortina y me desvistiera y que solo me dejara puesta una bata y el bóxer. Me daba un poco de vergüenza tener que estar medio desnudo, pero para hacerme esta prueba era lo normal.

Tras ponerme la bata me dijo que me tumbara en la cama y que me desabrochara la bata, así que prácticamente me quede solo con mi bóxer. Ella procedió a la prueba, al principio estaba nervioso y algo avergonzado pero al rato me fui relajando y empecé a fijarme en su sugerente escote, la verdad es que se le intuía unas tetas grandes y a pesar de su edad muy bien puestas aun. Supongo que fue el ambiente de silencio y mis pensamientos mientras miraba de reojo al cuerpo de la doctora que hacia recorrer con su mano el escáner por toda la parte superior de mi cuerpo que sin querer empecé a excitarme y se me puso mi pene realmente duro.

Al principio ni siquiera me di cuenta, pero cuando acerco el escáner sobre mi barriga vi cómo se me quedo mirando mi entrepierna, en ese momento me di cuenta de que estaba totalmente empalmado. Yo en ese momento me puse colorado y mirando hacia otro lado le pedí disculpas, le dije que no era mi intención. Pero ella me dijo que estuviera tranquilo que eso era normal y que no me avergonzara. Sus palabras no me aliviaron mucho, pero mi excitación al contrario no bajo ni un ápice.

Ella parecía sorprendida al mirar mi poya y me pregunto si solo tenía 18 años, a lo que yo le conteste que sí. He de decir que mi poya está dentro de la media o eso supongo, me media en aquel entonces 17 cm, seguro que para esa edad seria más grande de lo normal, aunque lo cierto es que desde entonces no me creció más. Tras eso soltó el escáner y empezó con sus manos a presionar suavemente por diversos puntos de mi abdomen, continuo bajando sus manos cada vez más hacia abajo, hasta que empezó a rozar con su brazo la puntita de mi poya, aunque por encima del bóxer. Yo en ese momento sentía vergüenza, pero a la vez un gran cosquilleo por todo mi cuerpo, realmente esos roces con sus manos me estaban excitando cada vez más.

Su mano cada vez tocaba más mi poya, hasta que finalmente la poso por encima del bóxer y empezó a masajearme la poya por encima. Yo nunca había sentido el contacto de una mujer de esta forma, pero aunque aún sentía mucha vergüenza y no quería mirar, lo cierto es que estaba tan cachondo y la tenía tan dura que no reaccione y deseaba que no parara. La doctora me dijo que tendría que hacer una revisión más en profundidad, porque temía que con un pene tan grande a mi edad, pudiera tener problemas en el futuro y quería asegurarse de que todo estaba bien. Yo a mi edad no sabía cómo reaccionar así que pensé que si la doctora lo decía, habría que dejarle terminar el chequeo.

Tras masajearme por encima, me quito el bóxer y me quede completamente desnudo, ella agarro mi poya y empezó a moverla suavemente, la miraba fijamente y parecía intuirle cierta excitación y nerviosismo por su parte. Siguió con la masturbación y paso su lengua por la punta del capullo, me pregunto que sentía y le dije que sentía mucho placer y que me estaba gustando mucho. Así que ella termino por tragarse mi poya, mientras que no paraba de mover su mano de arriba hacia abajo suavemente, aquello era increíble, nunca había sentido tanto placer ni tanta excitación como en ese momento. Ella mientras tanto se quito la bata y su blusa, quedando únicamente con una falda por encima de las rodillas y un sujetador que le realzaba aún más, sus generosas tetas. Aquella visión era increíble.

Tras eso, le dije que si seguía así iba a terminar por echarle mi lechita encima, que se apartara para no mancharla. Inocente de mí, yo estaba preocupado por mancharle cuando me corriera y pensaba que le iba a ser desagradable. Ella me pregunto que si alguna vez había estado con una chica y que si sabía lo que se hacía con ellas. Yo como es lógico había oído hablar del sexo, pero no lo había visto, ni sabía cómo era, ya que por aquella época no teníamos internet como ahora y no había acceso a páginas ni películas porno para un adolescente de mi edad. Se lo dije y ella me dijo que no me preocupara que ella me iba a enseñar lo que era estar con una mujer y que me relajara porque seguro que lo iba a disfrutar.

La doctora paro de chuparme y masturbarme la poya para quitarse la falda, la visión de sus piernas desnudas era deliciosa, después se desabrocho el sujetador y dejo a mi vista sus tetas, eran realmente grandes y firmes, yo no podía quitar la vista de ella. Me pregunto que sentía al verla y yo solo le conteste que era hermosa, aunque mi poya ya opinaba por mí, estaba más dura que nunca. Esa visión me iba a hacer estallar. Ella se acercó y me dijo que le tocara lo que quisiera, yo empecé por masajearle las tetas y a acariciarle los pezones, se acercó más y se los puso en mi boca, así que empecé a chupárselas, todo eso era nuevo para mí, pero era maravilloso, estaba excitadísimo y sentía que el más leve contacto con mi poya me haría estallar. Después de magrearle los pechos pase a tocarle todas sus piernas y su culo, este no era tan espectacular como sus tetas, pero por alguna razón que entonces no comprendía el tocarlo me excitaba aún más.

Estuve así como cinco minutos, tras eso, la doctora me dijo que me tumbara y me relajara. Y sobre todo que no me moviera, ya que era inexperto y podría hacerle daño. Yo no sabía que era lo que iba a hacer, así que sí que estaba un poco nervioso, pero a la vez ansioso por continuar. La doctora se subió en la camilla, se sentó entre mis piernas y cogió mi poya con cuidado, la masturbo muy suavemente mientras se hacía a un lado sus bragas, yo aún no comprendía donde iba a meter mi poya, hasta que sentí contactar mi capullo con su clítoris. Me dijo que no me moviera, que me iba a gustar mucho, pero que la dejara a hacer a ella. Así que yo obedecí, mientras veía como desaparecía mi poya dentro de ella, sentía como mi poya entraba en un lugar estrecho y húmedo, sentía la calentura de la doctora. No había sentido una cosa así en mi vida. Mientras tanto la doctora fue bajando cada vez más hasta que se la introdujo entera dentro de ella, me fascinaba ver su cara en ese momento, le pregunte si le dolía, ya que vi como doblaba su espalda hacia mí, mientras lanzaba un pequeño gemido. Tenía los labios entreabiertos y miraba hacia arriba, mientras suspiraba. Me dijo que todo iba bien, que no era dolor, sino que sentía placer que no me preocupara.

Una vez dentro se paró unos segundos y empezó a moverse de arriba abajo, parecía que me cabalgaba. Empezó muy suavemente, yo estaba teniendo unas sensaciones únicas, era el mejor momento de mi vida, ella estaba caliente y sentía toda su humedad, mientras ella cogía mis manos y me las ponía en sus tetas para que las tocara y las masajeara, parecía que eso aun la ponía más excitada porque empezó a gemir más fuerte y a aumentar el ritmo al que me cabalgaba. La doctora entraba y salía, no hacia más que gemir y tocarme, mientras me preguntaba que pensaba de ella y que sentía, le dije que era muy hermosa y que nunca había sentido tanto placer. Me pregunto si quería salir de ella, si quería que terminara, yo con la excitación del momento, le dije que no, por un momento creí que ella no continuaría y le suplique que por favor continuara que estaba a punto de lanzar mi lechita, pero que tuviera cuidado que la iba echar dentro de ella y la iba a manchar, inocente de mí.

Mis palabras parecieron excitarla aún más, era increíble, empezó a suspirar y a gemir más intensamente, cerró los ojos y me empezó a cabalgar más fuerte que nunca, ella gemía cada vez más alto y yo le dije que si seguía iba a acabar, que no podía aguantar más. Así, ella al contrario de lo que yo pensé, continuo cabalgando a la misma velocidad y me dijo que lo echara todo dentro, que me quería sentir dentro de ella. Así que yo no pude más y me corrí, fue increíble, nunca sentí haberme corrido tanto, al mismo tiempo ella grito más fuerte y se sentó encima de mí clavándose mi poya totalmente. Estaba recibiendo mi descarga hasta lo más profundo, al poco ella me pregunto si había terminado de echarle toda mi leche y yo dije que si, a lo que ella se levantó y vi como caía un chorrito de mi corrida por sus piernas y caia hasta el suelo.

Tras eso ello trajo una toalla y me limpio mi poya totalmente y con la misma se limpió ella también sus piernas. Me pregunto si me había gustado y yo le dije que muchísimo, que había sido muy lo mejor de que me habia pasado nunca. Ella me dijo que también le había gustado, que estaba hecho todo un hombre, pero que no se lo contara a nadie que iba a ser nuestro pequeño secreto, le dije que así haría que no me preocupara.

Tras ese día volví un par de veces más a la consulta de la doctora, pero esas veces todo fue normal, me volvió a chequear y me dijo que las pruebas habían salido bien, no hizo ningún comentario acerca de lo que paso y me dijo que me cuidara que tenía una buena salud. Con el paso de los años solo supe de ella que se trasladó a otra ciudad y que menos de un año después de que yo fuera a la primera consulta tuvo un hijo. Yo seguí con mi vida normal, hasta hoy, aunque a veces me viene a mi cabeza aquella doctora y esa maravillosa mañana de sexo que tuvimos.

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