La Frutera De Campo

Yo me llamo Pablo Nera, mi abuelo Alfonso Nera desde pequeño me inculco que era mi deber darle un bisnieto varón tal como se lo hizo a mi padre, que tuvo cuatro hermanas antes de tenerme a mí, cuando la madre de mis hermanas le dijo que se acabo, mi padre se hecho una novia y la preño, para tenerme a mí, para que perpetuara el apellido, eso casi acaba con el matrimonio de mis padres, pero al morir mi madre en el parto, ella me adopto como hijo suyo y me crio.

En mi familia las mujeres son lo que son, herramientas para tener un hijo, como las mujeres no sirven para perpetuar el apellido, siempre es más valorado el varón, para mi madre era al contrario, sus hijas eran las primeras y yo era el segundo. Mi abuela materna, nunca me había querido, pero a mí no me importaba, ya me querían mi padre, mi madre que estaba en el cielo, mis hermanas y mi abuelo por dos.

Los machos de mi familia siempre estábamos tomando un remedio casero para potenciar la fertilidad, que cuando tuviera hijos me darían la receta, a parte siempre tomábamos un complejo vitamínico para potenciar nuestra fertilidad también. Mis hermanas se llamaban: Zoé que tenia veintiséis años (nombre francés) Alma que tenia veinticuatro años (nombre italiano) América que tenia veintidós años (nombre portugués) y el único nombre a parte del mío que puso mi padre: Alejandro Nera, Alejandra que tenia veinte años (nombre español, como debía de ser, palabras de mi padre)

Yo tenía diecisiete años, en mi familia a parte de estudiar había unas cosas que eran necesarias, aunque yo era bastante estudioso, siempre había tenido que buscarme cualquier trabajo para buscarme la vida, estaba estudiando segundo de bachiller, me encargaba de tirar la basura a un barrio entero, por un euro al día, primero empecé ganando poco, pero ahora entre semana le tiraba la basura a veinte vecinos, ganando cien euros a la semana.

Los sábados ese número crecía a veintiocho y el domingo ese número llegaba a treinta y dos por lo regular ganaba a la semana: ciento sesenta euros y al mes de seiscientos euros para arriba, estaba esperando a tener dieciocho para darme de alta en autónomo y empezar a cotizar, de mientras iba ahorrando. Pero eso no era lo único, desde los quince años estaba obligado a ir al gimnasio cada día, que para mí no era un problema, ya que me gustaba estar en forma.

Pero para que se te considerara un hombre en la familia a la edad de diecisiete años antes de cumplir los dieciocho, tenías que cumplir con un ritual, tenias que elegir a una chica, cuanto más guapa y más difícil era, mayor era la consideración en la que se tendría en la familia. Cuando cumplí los diecisiete años, hace un par de meses tuve que elegir a la chica, esa chica fue una chica que había abierto una frutería enfrente de casa.

Me pareció preciosa, era mayor que yo, tenia negocio propio, esa era una dificultad más que excelente, al decírselo a mi padre y a mi abuelo, ambos me sonrieron y aceptaron que mi ritual fuera con ella, pero, pocos días después me entere que estaba casada, un día que fui a comprar para acercarme a ella estaba su marido con ella, intente cambiar a la persona, pero se me denegó, el ritual tenía que ser con ella y me quedaban menos de diez meses para conseguirlo. Un día iba a comprar a la frutería como siempre tras salir del instituto, pero estaba cerrada más pronto de lo normal.

Fui hasta el almacén de la esquina y para mi sorpresa, me la encontré allí llorando, estaba guapísima con su trenza de siempre, tenía unos vaqueros con tirantes, y una camiseta de mangas cortas gris, que le dejaba al aire el ombligo. Necesitaba saber porque lloraba pero sabía que a mí no me lo diría, no teníamos confianza alguna por ahora, en estos dos meses, no había avanzado nada, pero mi padre siempre dice que dios proveerá al que insiste, así que me puse a la cola para comprar, esperando a ver si me proveía.

Una mujer que entro a pagar lo que debía, no a comprar, le pregunto:

-¿Qué le pasa?- Con cara de extrañada y la dependienta contesto: -Que ha discutido con el marido- diciéndolo bajito, lo que pasa que si algo teníamos los Nera es que teníamos buenos sentidos, la otra hablándole a la frutera: -¡No llores por un hombre, niña!- Ella se ruborizo mirándonos, sobre todo a mí que era el único hombre que estaba en la cola, pero aun así, mirando para abajo, siguiendo con su pena contesto: -Gracias-la conversación entre estas se acabo, esta mujer se fue y la dependienta siguió atendiendo, cuando me llego el turno, pregunte haciéndome el preocupado: -¿Qué le pasa, tiene problemas con la frutería?- la dependienta al principio me miro mal, como si yo fuera un entrometido, pero al ver mi cara de preocupación, aunque en realidad lo estaba un poco, me contesto: -Ya sabes, la frutería no da para mucho, pero cuando se la vendieron le dijeron que si- Yo sonreí por dentro al oír eso, ya que se me había ocurrido una idea genial.

-Oh pobrecita- Y seguí con mi compra, no sabía si estos eran amigos de ella o amigos del marido, en cualquier caso no quería que sospecharan, así que mañana tendría que ver si la pillaba sola en la tienda y hablaba con ella, con un poco de suerte, para mañana aun estarían peleados. Quitando la compra que hice, el gimnasio y mi trabajo de siempre, prácticamente hice una página web de su frutería y prepare para que tuviera un bot, de que cuando alguien clicara cualquier cosa sobre comida, saliera un divertido anuncio sobre su frutería que también cree yo, pero hasta que hablara con ella todo eso, solo estaría offline.

-¿Qué cómo vas hijo?- Me pregunto Alejandro, mi padre, -Bien, papa- respondí yo, -¿has avanzado algo?- me pregunto, yo un poco contento esta vez dije: -No, pero mañana es el día, en el que avanzare- conteste ilusionado, -¿y eso, que planeas?- contesto él. –a ver hoy me dado cuenta que tiene problemas con su marido porque la tienda va mal y pienso arreglarle su problema- Dije con una sonrisa explicándole mi plan, el que no entendía que planeaba… -¿Pero eso no es ayudarle a él?- Yo solo sonreí y conteste: -Aparentemente sí, pero al ayudarla, pidiéndole solo conocerla, mientras que el otro la deja tirada, todos los puntos van a mi favor- mi padre sonrió al comprender mi plan y me felicito por él.

Al día siguiente, tras salir del instituto, me dirigí directamente a la frutería como siempre y esta vez como esperaba, estaba ella sola, acababa de salir una mujer de su tienda, apenas con un par de frutas, ella seguía teniendo cara de circunstancia, así que era el momento de soltar la bomba.

Ella al verme, sonrió un poco y me dijo: -Buenas, que te pongo- Yo le devolví la sonrisa un poco hipnotizado por la suya, saque la tableta de mi mochila y le dije: -¿puedes salir de la barra un momento?- Cuando salió con cara extrañada diciendo: -sí, claro-me di cuenta que era un poco más alta que yo, pero tampoco me importaba, le mostré la pagina web y el anuncio. -¿y eso?- Me pregunto sin saber que decir, ni cómo actuar, -Bueno…te vi ayer llorando y se me partió el alma, así que dedique todo el día de ayer a esto- Ella se apoyo en la barra de espaldas mareada –Pero, yo no puedo pagarte esto- Me dijo apenada y yo con una sonrisa le dije: -Yo no quiero nada, solo conocerte- Ella me miro extrañada: -¿Conocerme?- pregunto, para ver a que me refería.

-Podríamos quedar de vez en cuando, para conocernos- Ella se ruborizo, me observo bien y contesto lo que me imaginaba: -Pero, yo estoy casada- yo que tenia la respuesta más que pensada, le dije: -yo no he dicho que quiera nada de ti, solo conocerte- ella repitió mi última palabra: -¿conocerme?- y yo conteste: -si, solo conocerte- Ella se puso en pie de nuevo, algo mejor del susto, -¿entonces si quedamos de vez en cuando, tu tendrás activa la pagina web y el anuncio?- pregunto, sabiendo que esa podía ser la salvación de su negocio. –No solo eso, si al cerrar hoy, te vienes conmigo a comer, te explico lo que he pensado- Ella dudo unos segundos antes de asentir con la cabeza, -a ver qué escusa le pongo a mi marido para llegar más tarde a casa- dijo en voz alta para que yo la oyera y yo respondí: -es simple, dile que me estabas contratando a mi- Ella sonrió, no solo la estaba ayudando gratis, sino que además le estaba poniendo la escusa en bandeja.

-¿nos vemos aquí a las tres, entonces?- Me pregunto ella, yo solo le asentí: -¿Quién te ha dicho que me voy a ir?- y me puse a ayudarla dejándola anonadada, Estuve allí cerca de una hora ayudándola a cerrar, era increíble la de trabajo que tiene una frutería y normalmente lo hacia ella sola, no me extrañaba que tuviera ese cuerpazo. Normalmente venia el marido a por ella, pero desde que estaban enfadados se iba con su vecina, cuando cerraba, se iba para ya, así que antes de irnos adonde yo la quisiera llevar, pasamos por allí, donde entramos juntos para tener una cuartada firme. –Vecina, dile a mi marido que estoy hablando con un informático y que cuando termine, voy para allá- La vecina fijo los ojos en mí, sin fiarse demasiado, pero con ella fue bastante amable: -Vale, yo se lo diré, ¿Cómo piensas volverte?- Ella me miro a mi sin saber que decir y entonces contesto: -Ya me las apañare, tranquila- Yo solo sonreí, nos despedimos de la chica del almacén y nada más salir me pregunto: -¿Cómo piensas llevarme a Conil?- Algo nerviosa y yo le conteste con tranquilidad: -Tranquila, tengo una moto- Tras eso, ella se calmo, cogimos mi moto, ella se agarro a los lados de la moto y la lleve al Corte Ingles, donde había un Romerijo, unos cien montaditos y un burguer King.

-¿Dónde comemos?- Pregunto ella con hambre, -¿Te gusta el marisco?- Le pregunte yo, ella asintió con la cabeza y saco la lengua, pero luego recordó que no tenía dinero para eso. –Prefiero comer en uno más barato- Yo sonreí ante su actitud, le acaricie la barbilla, haciéndola mirarme: -Hoy invito yo- Ella dudo unos instantes –Pero es que ya estás haciendo mucho por mí- Yo simplemente negué con la cabeza: -Hoy te he invitado yo a comer y no hay más que hablar- Dije demostrando mi carácter, ella solo sonrió y me dijo: -Vaaale, que mandón eres- yo le guiñe un ojo y le conteste: -solo contigo, estoy acostumbrado a tratar con mujeres, tengo cuatro hermanas- dije quitándole importancia a lo primero que había dicho.

-¿tienes cuatro hermanas y como se llaman?- Parecía haber funcionado en un primer momento la distracción, – Zoé la mayor, Alma la segunda, América la tercera y Alejandra la menor- Dije enumerándolas para no perder la cuenta. -¿Cuántos años tienen?- yo con una sonrisa conteste en orden: -veintiséis, veinticuatro, veintidós y veinte- ella haciendo una cuenta lógica, -tu entonces tienes dieciocho y eres el mimado de todas, ¿verdad?- aunque era mentira ambas cosas no me convenía que supiera que era menor de edad, así que simplemente mentí: -si, has dado en el clavo, pero oye, ¿estamos aquí para que me conozcas tu a mi o yo a ti?- Pregunte avergonzándola al instante.

Ella me sorprendió respondiéndome: -simplemente he pensado que ya que quieres conocerme, ¿Qué porque no conocerte, también?-Estaba más adentro del anzuelo de lo que yo esperaba,-Me has dejado de piedra, ¿pues entonces que te parece si nos presentamos como dios manda?- Me puse en pie para darle los dos besos, ella me imito: -Me llamo Nuria ¿y tú?- Le di los dos besos… -Yo me llamo Pablo, encantado- y entonces me senté, ella se sentó colorada, miro para los lados, algunos nos miraban y mientras me decía: -estas un poco loco, Pablo, pero no sé porque yo también estoy encantada- Arrimándose un poco más a la mesa, que antes mantenía un poco la distancia.

-Bueno, voy a pedir la comida, ¿Qué quieres de beber?- Le pregunte mientras ella me respondía preguntándome también: -¿así que solo me mandas a mí? Que no creas que no me enterado- Yo sonreí y le dije: -si, solo a ti- y ella con media sonrisa en la cara intentando ponerse seria sin poder me pregunto: -¿y eso porque?- mientras que yo le respondía acariciándole la cara haciéndola dar un pequeño bote del susto, pero sin retirarse: -porque eres adorable- Al ver que se quedaba en silencio colorada, repetí: -Bueno, ¿pido de comer o no tienes hambre?- Ella fingiendo estar un poco molesta, pero con el mismo gesto en la cara: -ya tendrías que haberlo pedido, que me muero de hambre- yo empecé a irme y desde media distancia la llame: -Nuria, ¿pero qué quieres de beber?- Ella un poco avergonzada contesto: -una cerveza- me dirigí a la barra del Romerijo, como no solían tener demasiados clientes la chica de fuera estaba dentro hablando con los cocineros.

-Perdone, ¿me atiende?- Pregunte, la chica contesto: -ah, perdone usted, enseguida salgo- cuando salió se relajo un poco al ver que solo era un chaval, seguramente pensó que no iba a pedir nada del otro mundo, ya que los de mi generación a esta edad, no solían tener dinero, pero en mi familia casi puedo decir que todo era al revés. –Quiero un surtido de todo el marisco, que tengan y un par de cervezas- ella contesto: -Pero eso es caro, chico- y yo conteste: -No me diga-, sacando un par de billetes de cien euros. Normalmente me hubiera pedido el carnet para las cervezas, ya que incluso me había mirado intentando averiguar la edad que tenia, pero al tener tanto dinero descarto que fuera menor.

Me cobro ciento veinte seis euros, me dio las dos cervezas y me dijo: -te llamo cuando este todo, ¿vale?- yo mientras ya me iba, conteste: -vale- al llegar, ella había estado observándome con una sonrisa en la cara: -¿Qué tal fue?- me pregunto, -En un rato estará- dije bastante despreocupado, dejándole la cerveza junto a ella. -¿has venido aquí con más chicas?- yo sonriendo conteste: -No eres la primera que invito a salir- ella puso cara de te he pillado y me dijo: -así que ese es tu plan, ¿no?- yo me encogí de hombros y le dije tan pancho: -si- Ella abrió la boca asombrada y me respondió: -¿y me lo sueltas así?, me has engañado para tener una cita conmigo, estando casada ¿y me lo dices a la cara?- yo me acerque para susurrarle: -¿preferirías que te siguiera engañando?- Ella no respondió y dado su silencio volví a decir: -ya que quieres que nos conozcamos los dos y no solo yo a ti, será mejor conocernos bien, ¿o no te parece?-Ella le dio un trago a su cerveza por toda respuesta, yo sonreí con cara de chico malo y dije: -me lo tomare como un sí-

-Oye, ¿Por qué no me preguntas algo?- Pregunto ella, -Quizás, porque prefiero ver que oír-Dije dándole un trago a mi cerveza, -¿y qué esperas ver de mí?-Yo lo pensé unos segundos, esa era una buena pregunta: -lo que me gusta de ti- y esto fue una bomba pegada en su cara, se puso verdaderamente colorada y me pregunto: -¿Qué, que, que te gusto?- Yo no respondí solo asentí, la conversación estaba saliendo mejor de lo esperado, no esperaba que fuera tan simpática, siempre había pensado, que lo era por estar en la tienda, pero me equivocaba, claramente. -¿Desde cuándo?- me pregunto tras unos momentos en silencio, -Desde que te vi, hace unos dos meses y luego me rendí-ella repitió en forma de pregunta lo último que yo había dicho, -¿te rendiste? ¿Entonces qué hacemos aquí? La chica de la comida me llamo me puse en pie, me puse a su lado mirándola a los ojos con las manos apoyadas en la mesa, ella seguía sin retirarse a pesar de mi cercanía -me rendí, hasta que te vi, llorar ayer- Sus ojos se humedecieron y sus labios temblaron al oír eso, no sabía cómo es que me salían decirle estas cosas, pero lo peor de esto, es que no estaba fingiendo enamorarme de ella, me estaba enamorando de ella, dándole un beso en la frente me fui a por la comida.

Cuando volví con la comida, ella tenía el rímel un poco corrido, tenía un par de lagrimas en la cara y los ojos rojos, yo acerque mi silla a la de ella y le pregunte: -¿Qué te pasa Nuria?- Mientras que le limpie con mis dedos las lagrimas de su cara, ella no respondió, solo me abrazo y se puso a llorar en mi hombro, yo la rodee en mis brazos en silencio y sin decir nada, simplemente apoyándola, espere a que se le pasara. Cuando se retiro, me sonrió, -gracias- y tras unos segundos se volvió a dirigir a mí: -Tengo que estar horrible- yo le di un beso en el cachete, cercano a sus labios y le conteste: -Si- lo siguiente que dije, mientras ella se ponía más seria, -estas terrible- empezó a mirar para abajo –Terriblemente bella- su cara cambio a una de enojada y sonrojada a la vez: -Eres malo- me dijo pegándome de broma, que mas que pegarme era una caricia disimulada en mi cara, -Malo sería si dejara que se te enfriara esto, venga come- Ella se fijo por primera vez en el marisco que había traído, -te has pasado tres pueblos, estás loco- y yo con una sonrisa, le dije: -tienes razón, estoy loco, pero, loco por ti- Ella supero el color rojo de las gambas con su cara y luego me dijo: -Déjame comer tranquila, ¿eh?- yo solo sonreí y le respondí: -conmigo puedes hacerlo todo tranquila-Ella y yo muy pegaditos y cada vez un poco más, comenzamos a comer, mientras nos tomábamos la cerveza, pedí otra más a la que insistió en pagar ella.

Tras la comida ella retomo la conversación de antes: -Siempre me dejas callada- y yo le respondí: -a mi me gustaría callarte de otra manera- ella sin esperar mucho pregunto: -¿ah, sí? ¿De cuál?- yo sonreí y le dije: -no te la digo- ella estaba llena, tan llena que apoyo su cabeza en mi hombro y yo la rodee con mis brazos, para seguir comiendo. -¿entonces como la sabré?- Pregunto ella y yo le conteste en cuanto mi boca estuvo libre: -si cierras los ojos, te la mostrare-ella se sonrojo y cerró los ojos con una sonrisa, yo le di un suave beso en los labios.

Al retirarme, ella me dijo: -Pues así no me callarías mucho- yo solo repetí el proceso, pero esta vez con los ojos abiertos ella, primero uní mis labios provocando que ella fuera cerrando los ojos, mientras le daba dulces besos en los labios que eran poco a poco mas correspondidos por ella, luego fui abriéndome hueco sin resistencia con mi lengua, hasta lo más profundo de su boca, encontrando una compañera de juegos, su lengua, que no pensaba dejar que entrara en su casa sin jugar a un excitante juego para ver quién mandaba de las dos lenguas, si la mía o la suya, cual era más rápida escapando o cual más fuerte para prevalecer sobre la otra, lo que si sabía, que su lengua me estaba llevando al cielo y esperaba que la mía, la estuviera llevando a ella.

Tras ese beso, ella se enderezo, con cara de circunstancias, -¿Qué te pasa?- le pregunte yo y ella solo pidió: -Llévame a casa-tan rápido había caído, que la culpabilidad de engañar a su marido, de besar a otro tío, por tener un mal momento con él, que el pensar como lo miraría a la cara después de esto, había sido mucho para ella, necesitaba huir de mi y necesitaba hacerlo ya. –Ahora no puede ser, tengo que esperar a que se me pase el efecto de las dos cervezas- Ella me miro como si yo lo hubiera planeado todo, ahora no era buen momento para hablar con ella, dado el estado en el que estaba así que cambie a un tema que no la hiciera sentir tan mal.-Mi plan es el siguiente: para que la pagina tuviera total difusión podríamos hacer que por cada veinte persona invitadas tenga un descuento del uno % en una futura compra, acumulable máximo a diez por ciento por compra, ¿Qué te parece?- Ella aunque con la misma cara, contesto: -si rebajamos mas precio, no ganaremos nada- yo conteste: -Mi hermana mayor Zoé siempre se queja de que tiran mucha fruta, así que si quieres, a los que traigan descuentos, puedes darle lo que te regale y venda mi hermana a mucho menor precio que un proveedor normal- Ella lo pensó un momento y dijo: -No vas a conseguir lo que quieres de mi, ¿Por qué ibas a ayudarme entonces?- yo solo respondí: -No quiero nada de ti, solo conocerte- y ella entonces respondió: -¿Entonces porque me has besado?- yo simplemente respondí: -se me ha escapado, no volverá a pasar- Dije apesadumbrado, ella un poco más tranquila respondió: -¿me lo prometes?- yo solo asentí y ella reclamo: -quiero oírlo-

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