La invitada

Entonces Ana mirándome otra vez con cara de complicidad cogió por la nuca a Teresa y la fue empujando y acercando poco a poco hasta la cabeza de mi polla, la cual debido a la situación empezaba ya a sacar las primeras gotas de líquido lubricante.

Entonces cuando estaba a pocos centímetros de ella, Teresa sacó su lengua y empezó a lamerla por todo su contorno. A continuación bajó hasta mis testículos y también me los estuvo lamiendo y chupando. Seguidamente se pasó un buen rato arriba y abajo saboreándola en toda su longitud desde la base hasta la punta, intentando también tragársela toda como si le fuese la vida en ello. Para ella debía de ser toda una gozada el poder estar sintiendo dentro de su boca aquella polla con la que tanto había soñado desde siempre, habiendo llegado incluso a masturbarse pensando en ella. Por eso se debía estar recreando tanto en cada cosa que iba haciendo. Realmente se notaba que estaba muy necesitada de una buena herramienta como la mía. Después mi esposa quiso unirse también a la fiesta junto a ella y entre las dos me la fueron chupando una y otra vez. Yo suelo aguantar bastante antes de eyacular, pero el tener a dos mujeres como aquellas allí lamiendo sin parar, la verdad es que me estaban haciendo llegar al clímax total, por lo que le propuse a mi esposa que si realmente quería seguir con aquello sería mejor que pasásemos los tres a la habitación, así me podría relajar un poco para que se me bajara algo la excitación y así poder continuar mejor. Entonces Ana se fue a preparar (esta vez sí) la última copa y al regresar y sin decir nada aunque mirándonos a los dos, se fue sola a la habitación. Teresa sin embargo se lo pensaba más. Por eso la tuve que coger de la mano para tranquilizarla y le dije que Ana normalmente no era así, y que si estaba haciendo todo aquello era tan solo por ella, para que pudiese disfrutar de una noche de placer y sexo del que tanto estaba necesitada.

Así que no debíamos de defraudarla. Teníamos que intentar pasarlo lo mejor posible y sin ningún tipo de problemas. Le dije también que aquello no debía de afectar para nada en nuestra relación de pareja, ni en su amistad con nosotros. Dicho todo eso, nos adentramos también en la habitación. Una vez lo hicimos vimos que Ana ya se había desabrochado la blusa, dejando entrever así sus bonitas tetas bajo el sujetador. Entonces Teresa se abalanzó sobre ella queriendo abrazarla de nuevo para agradecerle todo lo que yo le había estado contando, pero al estar las dos bastante alegres, cayeron juntas a todo lo largo de la cama quedando una frente a la otra con sus caras casi pegadas. Ninguna de las dos paraban de reírse y se miraban a los ojos con mucha sensualidad, tanto que yo desde mi privilegiada posición me atrevería a decir que las dos estaban deseando volver a sentir aquella nueva sensación del beso en los labios que se habían dado con anterioridad.

Yo al entrar en la habitación llevaba ya la polla a media asta, pero después de ver todo aquel espectáculo volvía a tenerla otra vez mirando al techo. Entonces comprendí que aunque ellas tuviesen ganas de hacerlo debido a la calentura del momento, por sí solas no iban a atreverse a dar el paso, así que decidí ser yo quien tomase las riendas de la situación. Para ello me desnudé por completo ante ellas y me subí también a la cama indicándoles que se pusieran de rodillas una frente a la otra. Entonces sin dejarlas reaccionar mucho, les puse mi polla en medio de sus caras, diciéndoles que entre las dos tratasen de lamerla en toda su longitud. Ellas al principio se miraron extrañadas pero fue Ana quien poco a poco, empezó a jugar con su lengua sobre mis testículos e invitó a Teresa a que hiciese también lo mismo. Después tras una indicación mía, fueron subiendo por mi polla cada una por su lado hasta llegar a la punta. Una vez allí empezaron a lamerme todo el glande y luego en círculo toda la cabeza de la polla. Yo desde arriba podía ver como en cada vuelta que daban sobre ella con su lengua, acababan juntando sus labios una y otra vez dándose unos buenos besos mezclados entre salivas y líquido de mi polla. Después siguieron chupando y tragando como si aquello para ellas fuese un campeonato de haber quien se la podía meter más adentro, notando en alguna ocasión como chocaba ya mi polla contra sus gargantas. Yo con todo aquello estaba encantado y para no dejar que se enfriase ninguna de las dos, les dije que si querían seguir adelante ahora era el momento. Entonces se miraron con caras de viciosas y al aceptar les indiqué que se acabasen de quitar toda la ropa y se pusieran a cuatro patas sobre la cama, una junto a la otra.

Luego desde atrás empecé a lamerles el coño y el culo a las dos alternativamente, a la vez que también les daba placer con mis dedos para que en ningún momento ninguna se quedase sin su ración correspondiente. El espectáculo que se divisaba desde allí era maravilloso. Dos fabulosos culos compuestos por unas redondeadas nalgas con su canalillo incluido. El de mi esposa aunque lo tenía más visto era diferente al de Teresa. A ella se le veía enseguida toda la raja del coño y el agujero del culo, en cambio a su amiga tan solo se le veía el canalillo de las nalgas aunque al separárselas le aparecía enseguida su gran coño y la aureola del culo.

No obstante de una forma o de otra, la verdad es que las dos estaban para comérselas. Así que seguí con mis lametones a diestro y siniestro atreviéndome incluso a meterles la punta de la lengua en el culo, además de los dedos. Tras todo eso, ellas no paraban ya de gemir constantemente y yo estaba demasiado caliente sintiendo que mi polla no podía aguantar mucho más. Entonces decidí que ellas también colaborasen un poco más en todo aquello. Para ello le dije a mi esposa que se pusiese acostada boca arriba con las piernas bien abiertas para poder penetrarla mejor. A continuación le dije a Teresa que se pusiese de rodillas encima de su cara. Una vez lo hizo le comenté a Ana que si alguna vez se había preguntado a qué sabía un buen coño, ahora tenía la oportunidad de averiguarlo. Ella al principio, al no ser lesbiana se lo pensó un poco, pero después se dejó llevar por el morbo y más aún, cuando era yo quien la invitaba a hacerlo. Así que poco a poco se fue acercando a aquellos carnosos labios aun cerrados y empezó a besárselos con recelo y cuidado. Después tras comprobar su suavidad y su aroma quiso ir más allá y con sus dedos los fue separando hasta que vio aparecer como por arte de magia aquél clítoris rosado que la invitaba a seguir probando. Entonces con normal inexperiencia empezó a chupar y a lamer toda aquella zona, dándose mayor énfasis en aquél nuevo botoncito que había descubierto. Teresa con todo aquello cada vez gemía con más fuerza y se retorcía de gusto sobre su cara como una posesa.

Yo por mi parte no paraba de metérsela y sacársela a mi esposa, propiciándole así varios orgasmos y una estupenda follada. Después para que Teresa pudiera sentir y probar también todo aquello, les hice que intercambiaran sus posiciones y así continuamos los tres durante un buen rato más. A su vez, yo iba tocándoles sin para sus abultadas tetas para darles más placer si cabe. Después me hicieron tumbar a mí boca arriba sobre la cama y al unísono, las dos siguieron chupándome una y otra vez la polla mientras alternativamente me iban lamiendo también, al hacerme levantar las nalgas y abrir las piernas, la aureola del culo y me introducían sus dedos en él. Eso hasta entonces no lo había probado nunca, pero la verdad es que me estaba gustando un montón. Entonces ya más animado y caliente les quise devolver el favor que me habían hecho y les pregunté de forma muy directa si querían que les diese yo por el culo a ellas, a lo que Teresa contestó enseguida que no, alegando que nunca lo había probado y que le habían dicho que eso hacía mucho daño y además era asqueroso. Entonces mi esposa que sí lo había probado el día en que nos quedamos solos y además le había encantado, le dijo que no tenía que hacer caso de las habladurías y que para poder opinar de algo primero había que probarlo. Luego añadió que aunque al principio sí que hacía un poco de daño, después todo el placer que se llegaba a sentir lo superaba con creces. No obstante viendo que Teresa no quedaba del todo convencida, decidió predicar con el ejemplo. Así que volvió a ponerse otra vez boca arriba con las piernas separadas y tomando un cojín de la cama se lo puso bajo sus nalgas, dejándome aquél bonito agujerito negro a la altura perfecta para ser perforado.

A todo esto Teresa no paraba de mirar para no perderse detalle de nada, así que yo decidí pasar también a la acción para intentar darle más confianza. Lo primero que hice fue empezar a besarle por la parte interior de los muslos además de las nalgas. Después con la lengua le fui dibujando unos pequeños círculos sobre la aureola de su culo. Más tarde intenté ir presionando con mi lengua sobre aquella oscura diana hasta lograr introducirle un poquito la puntita. Así entre juego y juego, se lo fui lubricando con la saliva y a continuación empecé a presionar con uno de mis dedos en la entrada hasta conseguir introducírselo todo por completo. Luego empecé con un pequeño vaivén de mete y saca hasta que noté que ya se le había dilatado bastante. Entonces le intenté meter otro dedo más. Una vez lo conseguí me esperé un poco y después seguí con aquel mete y saca contante.

Mi esposa no paraba de retorcerse y cada vez me iba pidiendo más ante los ojos atónitos de Teresa, la cual por la cara que iba poniendo parecía que iba cambiando ya de opinión sobre todo aquello y seguramente por dentro debía de estar ya relamiéndose de gusto. Por eso mirándola fijamente a los ojos la invité a que siguiese pendiente de todo para que comprobase que yo era todo un experto en la materia. Entonces ya sin mediar palabra, en uno de aquellos mete y saca le retiré mis dedos con rapidez y le puse la punta de mi polla en la entrada del culo de Ana. Después poco a poco fui empujando hacia adentro hasta ver como casi sin problema iba desapareciendo toda dentro de aquel redondo agujero. Luego paré un instante y a continuación empecé a bombear cada vez con más rapidez dentro de él hasta lograr que al final mis huevos chocasen una y otra vez contra sus nalgas como si fuese un frontón.

Una vez se corrió como una loca, mi esposa volvió a preguntar otra vez a su amiga si quería probar ella, y en ésta ocasión ya no se lo pensó ni un momento. Así que entonces volví a repetir todo aquel ritual con ella, aunque en esta ocasión traté de hacerlo con mucha más delicadeza por ser primeriza. No obstante una vez lo probó, al igual que había hecho mi esposa, Teresa no paraba de gemir y de pedirme cada vez más y más, hasta que al final, según nos contó después tuvo el mayor orgasmo de toda su vida.

Yo durante todo el rato había estado aguantándome para no correrme y poder así darles a las dos el mayor placer posible, pero mi polla ya no aguantaba más. Tenía que vaciarme como fuese lo antes posible o iba a acabar reventando. Así que les dije que iba a correrme y que mi ilusión desde siempre había sido el poder hacerlo en la boca o en la cara de una mujer, aunque nunca me lo habían permitido hacer. Entonces se miraron las dos a la cara y sin mediar palabra se pusieron de rodillas delante de mí con la boca abierta. Yo en ese momento estaba alucinando viendo todo aquello, así que sin pensarlo un minuto empecé a hacerme una paja delante de las dos, acelerando cada vez más aquel continuo movimiento de arriba a abajo, rodeando con mi mano aquella rígida polla que Dios me había dado. De esa forma, enseguida me fueron llegando los mágicos temblores y en el preciso momento en que iba a disparar sobre sus caras, las dos sacaron su lengua para que les depositase en ella toda la leche caliente que quisiera darles. Al momento mi polla empezó a disparar sin parar un líquido caliente y viscoso dentro de sus bocas, viendo ya como se les iba saliendo hasta por la comisura de los labios, y en una de las últimas sacudidas les disparé con fuerza aún más leche, llenándoles sin querer toda la cara, la frente y hasta las pestañas de Teresa que aunque cerró sus ojos no lo pudo evitar. Entonces al verse la una a la otra como las había dejado tras aquella gran corrida, se pusieron a reír las dos y yo en cuanto dejé de temblar también me uní a ellas, dando así por terminada aquella inesperada aunque satisfactoria noche de sexo, donde todo había transcurrido de la forma más natural y sana del mundo.

Luego, tras darnos una buena ducha cada uno nos fuimos quedando dormidos allí juntos y desnudos los tres sobre la cama.

A la mañana siguiente al ser domingo habíamos decidido levantarnos sin prisas conforme nos fuésemos despertando. La primera en hacerlo fue mi esposa ya que al ir a la cocina vi que ya estaba preparando el desayuno. Teresa aún seguía durmiendo quizás debido a la resaca de la noche anterior. Yo como conozco bien a mi esposa me pude dar cuenta de que trataba de evitarme la mirada en todo momento. Entonces como estábamos allí los dos solos le dije que lo pasado, pasado estaba y que teníamos que aceptar lo ocurrido como una experiencia más de nuestras vidas y que lo que allí había ocurrido esa noche no tenía porqué volver a repetirse ninguna otra vez si no lo deseábamos. Le dije también que todo aquello no iba a cambiar para nada nuestra vida matrimonial y a su vez le comenté que personalmente yo le estaba muy agradecido por la forma en que había transcurrido todo y que a mí en general me había encantado la experiencia y no me arrepentía de nada. Ella por su parte me dijo también casi lo mismo, así que una vez explicado todo decidimos esperar a ver qué pasaba cuando se levantara Teresa.

Mi esposa entonces siguió preparando el desayuno y yo decidí ir a darme una buena ducha y después afeitarme. Al regresar, Teresa ya se había levantado y por lo que pude intuir ya habían hablado del tema entre ellas, llegando las dos a la conclusión de que el único culpable de todo aquello había sido el alcohol. Yo cuando después me enteré me alegré mucho pero no quise dar ya más importancia al asunto, aunque desde esa noche, ya nos mirábamos todos de forma diferente al primer día que llegó Teresa. Los tres habíamos pasado ya unos días juntos y creíamos que por su bien había llegado el momento de que afrontase su situación con su marido. Por eso decidimos hablar seriamente con ella, aunque no fue necesario ya que al poco rato Teresa recibió una llamada de él, el cual se ve que le pedía perdón y le rogaba que por favor volviese a casa con él. También le prometió que cambiaría en todo sobre ella, ya que el haber estado esos días separados le había hecho ver que su vida sin ella no tenía ningún sentido para él.

Teresa entonces le contestó que tenía que pensárselo muy bien y que ya le llamaría. Entonces nos pidió consejo a nosotros y los dos le dijimos que si aún le quería, todo el mundo merecía tener una segunda oportunidad y que si él hasta ahora le había puesto los cuernos en alguna ocasión, ella desde la noche pasada se los había puesto a él, así que ya estaban en paz, aunque ése detalle él nunca llegaría a saberlo. Y así, tras unas risas nerviosas por parte de ambos volvió a coger el teléfono y le llamó. Lo que le diría él desde el otro lado no lo sabremos nunca, pero el… “yo también te quiero “de ella al despedirse, eso sí que pudimos oírlo.

Entonces en ese momento nos vino a abrazar a los dos mientras nos daba las gracias por todo lo que habíamos hecho por ella en general.

A continuación decidió regresar a su hogar esa misma tarde. Así que una vez la acompañamos a la estación de autobuses y se marchó, nos volvimos a quedar otra vez inmersos en nuestra monótona vida de pareja, tan solo alterada hasta entonces por la experiencia vivida durante aquellos precisos días. No obstante nos prometimos que a partir de entonces trataríamos de que nuestra vida fuese cambiando poco a poco sobre todo en el terreno sexual.

Ahora además procuraríamos salir con más frecuencia por ahí, y aunque no volviéramos a repetir otra experiencia como aquella, los dos seguíamos estando de acuerdo en volver a ofrecerle otra vez nuestra casa a Teresa cada vez que le fuese mal en su matrimonio y nos volviese a necesitar en todos los sentidos.

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