La madre de mi amigo raul

Siempre recuerdo de mis días de secundaria a la madre de mi mejor amigo. Ella era una morocha muy atractiva, alta y delgada con un cuerpo hermoso. Honestamente yo pensaba que ella era la mujer más ardiente que había visto porque tenía ese increíble cuerpo armonioso y unos pechos fantásticos que desafiaban la gravedad. Ella era increíblemente amable y cariñosa así que era muy agradable estar alrededor.

En nuestro último año de escuela fuimos de viaje y pasamos una noche en un hotel. La mayoría de nosotros fuimos a la piscina (los muchachos para ver a las chicas en traje de baño). Desafortunadamente todas estaban en una malla de una pieza debido al código de vestimenta establecido por la escuela. La madre de mi mejor amigo, quien era una de las acompañantes del viaje (chaperón) bajó a reemplazar a otros padres acompañantes para que pudieran ir a sus habitaciones a descansar. Era tarde y la mayoría de la gente ya había abandonado la zona de la piscina y solo quedaban dos acompañantes para 15 alumnos. Yo estaba mirando el jacuzzi a través del patio, ahora que estaba vacío, así que le pregunté si podía ir ahí. Ella dijo que sí, que iría conmigo y el otro acompañante se quedaría en la piscina. Así que fuimos y yo me metí. Ahora la madre de mi amigo llevaba una chaqueta ligera y pantalones deportivos, yo la estaba desafiando a que ella ingresara también, el agua se sentía espectacular después del largo día.

Entonces, para mi sorpresa y deleite dijo seguro de por qué no, y procedió a sacarse la chaqueta y quitarse sus pantalones revelando debajo un glorioso bikini. Me sorprendió que no me ahogara ya que mi mandíbula casi cayó al fondo del hidromasaje. Mis ojos estaban fijos en esta impresionante mujer frente a mí en un bikini. Ahora bien, después de sólo ver a las chicas en una pieza pude ver una mujer hermosa básicamente desvistiéndose delante de mí. Fue un espectáculo para la vista. El bikini era muy revelador y resaltaba sus curvas armoniosas. Ella entro al agua y me sonrió diciendo que esperaba que no la reportara por violar el código de vestimenta. Tartamudeé y por supuesto dije que no, que ni pensaba hacerlo.

Ella nunca pareció incómoda con la mis bromas y parecía disfrutar realmente la atención. Estuvimos un largo tiempo hablando por cerca de una hora y salimos cerca de la hora del cierre de la piscina. Había refrescado bastante con la brisa y ella descubrió que la otra acompañante había tomado su toalla al salir de la piscina antes, dejándola sin nada con que cubrirse. Ella no quería mojar la chaqueta y los pantalones, así que, siendo el caballero que soy, rápidamente ofrecí mi toalla para que no tuviera que caminar en bikini y en el aire fresco todo el camino de regreso a su habitación. Ella acepto enseguida y la enrollo alrededor de su cuerpo cubierto de piel de gallina. También me ofrecí para escoltarla de vuelta a su habitación, así que podía conseguir mi toalla de vuelta.

En los 5 minutos que tardamos en llegar a su habitación hablamos acerca de la graduación. Cuando llegamos allí yo esperaba que me devolviera mi toalla e irme directamente. Para mi sorpresa, ella me invitó a entrar, insistiendo en que la dejara tráeme una toalla de baño para secarme ya que podía congelarme antes de llegar a mi habitación. Me sequé un poco y charlamos con la otra acompañante con quien compartía la habitación, quien estaba viendo la televisión, mientras ella se metía en el cuarto de baño para terminar de secarse y cambiarse. Para mi sorpresa, 20 minutos más tarde cuando salió, tenía el cabello mojado y lucía solamente un conjunto negro bastante diminuto de sujetador y bragas. Juro que nunca la vi más sexy que en ese momento. Ella no me había visto allí, así que la otra acompañante le advirtió acerca de mi presencia. Ella me miró sorprendida, pero no avergonzada y nos dijo que ella pensaba que yo ya me había ido. La otra acompañante quería echarme de allí, pero ella dijo que no le importaba ya que yo ya había visto suficiente y, después de todo, el bikini era más revelador. Se puso pantalones de jogging y una camiseta, me entregó mi toalla y me dijo que me iba a acompañar de regreso a mi habitación ya que era técnicamente casi el toque de queda y para que no tuviera problemas.

En el camino a mi habitación me dijo que esperaba que no me importara no decirle a su hijo lo yo que acababa de ver. Ella me dijo que pensaba que eso debería ser sólo nuestro secreto y no había necesidad de compartirlo con los demás. Yo tranquilamente le dije que por supuesto, todo el tiempo mi mente daba vueltas con pensamientos de su hermoso cuerpo. Cuando llegamos a mi puerta me dio las gracias de nuevo por ser dulce y dejarla usar mi toalla y me dio un rápido beso en la mejilla y me deseó una buena noche. Juro que mi corazón casi se detuvo en ese beso, aún el día de hoy me sorprendo como no desmayé o dije algo estúpido. Me las arreglé para decirle buenas noches y entré en mi habitación.

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