La madura madre de mi novia

Aquella tarde como de costumbre me dirigí al chalet ubicado en la zona rica a visitar a mi novia María, una chica guapísima, morena, delgada de 1,60 metros y unos pechos más que suficientes. La había conocido en un viaje hace 2 años y hasta ahora nunca me había separado de ella, la quería con locura y tenía ganas de presentarme a su madre, Mery.

Por primera vez le puse cara y solo con una mirada me dejo pasmado, nunca había visto algo parecido a ella, a sus 50 años un cuerpo de infarto, un escote que resumía sus grandes pechos y unas piernas que me convirtieron en fetichista en el instante.

Lógicamente, se podía apreciar fácilmente que nunca había trabajado en su vida y que nunca le había faltado nada, por ende, imagine que su marido empresario, que tanto había oído hablar a María, era la mula que servía a estas dos damas y las alimentaba a caprichos y bondades.

Después del rápido análisis intente lo mejor que pude mantener la compostura y María procedió a las presentaciones.

– María: Hola madre, este es mi novio del que te hable, Roberto, ha venido para conocerte ahora que estas en casa.

– Mery: Hola Roberto tenía muchas ganas de conocerte, más de las que imaginas- exclamo con una sonrisa pícara.

– Yo: Mucho gusto señora- dije con un nerviosismo inhabitual.

– Mery: Deberías darte una ducha María, llevas todo el día jugando a tenis.

– María: Si mama.

Al momento de irse María, fuimos a la piscina para poder hablar tranquilamente en unas hamacas cuando de pronto, se quitó el albornoz y pude observarla en bikini en todo su esplendor, no me creía que una mujer de 50 años pudiera tener esa fuerza de atracción en mí, entonces me dijo:

Mery: Querido, como imagino que ya te habrá comentado María, mi marido va a estar trabajando lejos por un tiempo, y he decidido venir visitar a mi querida hija y también a ponerme un poquito morena para este verano, que ando un poco blanquita, no crees?

Yo: Te veo muy bien la verdad –Tarde en responder.

Mery: Me ves bien eh, cuanto años tiene dulzura?

Yo: pues, pues, 25 años señora.

Mery: y estas con mi hija de 17 años, siendo menor… no te parece mucha diferencia amor mío? –pregunto mientras me miraba fijamente.

En esa situación, con el corazón golpeándome el pecho, bloqueado e incapaz de reaccionar me volvió a decir:

Mery: pequeño, se te ha olvidado a hablar? Bueno, vete a por el tabaco y la crema y de paso prepárame un gin-tonic… y así, espero que te vuelvan las palabras.

Obedecí sin rechistar e intente buscar una salida a esta encerrona.

Yo: Aquí tienes el tabaco, la crema y el gin-tonic señora… A todo esto, quería decirte que a tu hija la quiero con locura y la cuidare, por ello, te pido que confíes en mi- suspire aliviado

Mery: Para para muchacho, las palabras se las lleva el viento. Hay que demostrar y por ahora veo que no cuidas los detalles- dijo resoplando.

Yo: ¿Cómo? ¿Qué he hecho mal?

Mery: el tabaco sin mechero no sirve, el gin-tonic caliente tampoco y la crema no se esparce sola… en fin no sé qué pensar de ti, te falta mucho por aprender.

Instintivamente prendí un cigarro, rehíce el gin-tonic y le pregunte si quería que le echara crema, y en ese momento me di cuenta la facilidad con la que manejaba a los hombres era increíble, habiéndome convertido en su mayordomo personal en 15 minutos de charla.

Mery: si échame un poco en el pie derecho, justo en el tatuaje- mientras daba una calada tumbada en la hamaca.

Me puse de rodillas, le quite la sandalia y pude observar el tatuaje que ponía “Don’t forget who you are, después, empecé a expandir la crema sobre el pie y sin quererlo empecé a excitarme con la situación, y creo que ella pudo notarlo. Al finalizar, pude ver a lo lejos a María y Mery me dijo.

Mery: Veo que te ha gustado el masaje más que a mí…- sonrió efusivamente.

Yo: lo siento no quería…

Mery: vaya novio tiene mi hija… no sé qué hacer contigo.

Yo: No le menciones nada por favor, la quiero- Exclame.

Mery: eso ya veremos, por cierto, mañana mi hija tiene una excursión con la escuela y la casa está hecho un desastre, pásate a ayudarme querido y tráeme una flor si quieres ir mejorando.

Al término de la frase llego María y comento la situación.

María: que ya os habéis conocido un poco más- sonrió dulcemente.

Mery: si cariño, es un buen chaval y le veo gran futuro- guiñándome el ojo.

Yo: Gracias, ha sido un placer.

Me despedí con un beso a mi novia y sin perder el ojo a aquella señora con una incertidumbre nunca antes experimentada. Esos pies y esa mirada que calaban tan hondo, necesitaba dormir, mañana seria otro día…

– ¡¡RING!! ¡¡RING!!

Sonó el despertador, eran las 10 de la mañana y había quedado en ir a casa de Mery a echarle una mano. Desayune fuerte, me duche y de camino compre una rosa como ella lo quería. Al llegar al portal oí ruidos y antes de tocar abrió Mery y salió rápido un chaval de unos 30-35 años guapo y con una buena planta.

Mery: Oh! Bonita flor Roberto… pasa y cierra la puerta.

Yo: puedo preguntar quién era?

Mery: Este tipo de flor es de enamorados… se las tendrías que regalar a mi hija, pero en cambio, me las traído a mí, me alegro. Quieres saber quién era?

Yo: como quiera señora.

Mery: no me llames señora al final y al cabo estas con mi querida hija no?- dijo mientras me tocaba con un dedo el labio.

Otra vez, como el anterior día me excite, me bloquee y como de costumbre volvió a encarrilar la conversación.

Mery: ya veo… no te pongas nervioso soy la madre de tu novia pequeño… en fin, aquel era un amante de los tantos que tengo.

Yo: pero tu marido lo sabe.

Mery: claro que lo sabe, pero también sabe que soy mucha mujer para él, que me lo debe todo y que necesito favores que él es incapaz de darme.

Yo: no diré nada lo prometo.

Mery: Ya lo sé amorcito, ahora hazme un café y tostadas que voy a ir a la ducha.

Yo: de acuerdo.

Mery: y si te da tiempo ventila y limpia el cuarto, ya sabes.

Preparé las tostadas y el café, limpie la cocina y fui directo al cuarto del delito, estaba todo revuelto, empecé a limpiar y hacer la cama, no podía creerlo, estaba haciendo la cama donde habían follado un chaval y la madre de mi novia, deje de pensar en ello y al terminar de hacer la cama vi en el suelo el tanga negro y al lado un preservativo relleno de semen, cogí el tanga, mi corazón se puso a 100 y volví a experimentar una excitación últimamente usual e incontrolable y sin saber por qué, me lo lleve a la nariz, pude olerlo, impregnarme del aroma de su coño y de los fluidos de la madre de mi novia, y de repente:

Mery: Parece que tenemos un perrito que le gusta oler los tangas ajenos eh, te pones cachondo lamiendo mi lencería viciosillo.

Yo: no, no quería lo siento –tartamudee.

Mery: te doy dos caminos pequeño vicioso, uno, envías a mi hija este video tuyo oliendo y lamiendo el tanga mío o te doy otra oportunidad de convencerme de que eres buen chico, si coges el preservativo de mi amante y derramas el semen en tu paladar.

¿Como había llegado a esta situación?, increíble pero cierto. Estaba ante dos caminos, uno perder a la mujer de mi vida y que todos los conocidos viesen la humillante escena o comer el semen de un chaval delante suyo y convertirme en un perro más de los que tiene. Dude un instante, y elegí opción del cobarde, arrodillado como un perro desesperado, abrí la boca esperando a que me inundase la boca de semen, entonces me ordeno enjaguarme con él, como ritual, para ser su perro personal.

Mery: Bien hecho perrito, parece que llevas toda una vida lamiendo semen de hombre, ahora bésame el pie y llámame ama- grito.

Yo: si, mi ama.

Y me lance a lamer aquellos dedos y es cuando entendí el significado del tatuaje “Don’t forget who you are”, era increíble en dos días el giro que había dado mi vida, postrado a los pies de la madre de mi novia, con las misma edad más o menos que mi madre. Lo curioso, es que disfrute tanto besando los pies como lamiendo el semen, no porque me gustase el semen, sino porque la situación de sumisión me atraía y había llegado a un punto que no hay vuelta atrás.

Mery: Así me gusta, en realidad, me da vergüenza que mi niña este saliendo con un perro como tu…

Yo: no se lo digas ama, por favor, es lo que más quiero en mi vida, hare lo que desees.

Mery: por ahora no diré nada, pero tendré que educarte como lo que ahora eres, un perrito faldero. ¿No es cierto?

Yo: Si mi ama.

Mery: Bien perrito, mañana escribiré las reglas que deberás de cumplir desde ahora en adelante, ahora limpia la casa entera, lo quiero como los chorros del oro y ni se te ocurra molestarme perrita.

Yo: ahora mismo ama.

Mery: y tampoco me mires a los ojos, siempre a mis pies

Yo: perdona ama, no volverá a ocurrir.

Después de terminar la ardua tarea y con un dolor de espalda me dirigí a casa a descansar y recuperarme para los duros días que se avecinaban.

( Es la primera vez que escribo un relato, perdonadme los fallos 😉 )

Leave a Reply

*