La mejor despedida

Antes incluso de acostarnos por primera vez teníamos claro que no podrían ser muchas… la vida de los infieles es muy complicada: cuadrar horarios, desplazamientos, búsqueda de camas discretas… y, sobre todo, no encariñarse demasiado.

Las veces anteriores disfruté mucho, él era un amante dedicado que sabía lo que hacía y que descubrió rápidamente como volverme loca. Recuerdo perfectamente sus manos llenando de aceite mi piel y recorriendo cada milímetro, para luego resbalar por mi cuerpo provocando un par de orgasmos memorables.

Sin que se lo pidiera, había adivinado una de mis fantasías y en el momento en que noté cómo su mano no soltaba mi cabeza mientras se la mamaba, no me hizo falta seguir acariciando mi clítoris para correrme, mientras él llenaba mi boca con su polla y su leche y yo sentía como me ahogaba.

Le gustaba mi culo y quería follarlo. Yo me había dejado encular muy pocas veces, las podía contar con una mano. En un inicio le había dicho que estaría encantada pero cuando vi su polla me dio miedo. A parte de ser larga, era bastante más gruesa que la otra que había probado. Me lo lamia tan a gusto que a veces me daban ganas de acceder. Me gusta que me duela un poco pero el tamaño me tiraba para atrás… soy una miedica.

Me encantaba ver como me miraba acostado en la cama mientras mi cuerpo resbalaba alrededor de su polla y la aprisionaba. Era deliciosa. Si tiraba el cuerpo un poco hacía atrás, podía sentirla clavada en mi vientre. Él se deleitaba con el vaivén de mis tetas. Ondular mi cuerpo clavado en el suyo era para mí lo más cercano al paraíso.

Después de cuatro encuentros decidimos que debíamos parar. Lo hablamos por wp por lo que me propuso hacer un café para despedirnos. Como tenía que ir a hacer unos trámites a la ciudad le dije que me acercaba yo. Me recogió en su coche y empezamos a buscar un lugar dónde ir.

Íbamos a por un café y no tengo ni idea del momento en que los planes cambiaron y subíamos por el parque natural que respalda la ciudad buscando algún rincón tranquilo.

Aparcó al lado de la carretera, en una especie de entrada a un camino de carro, de espaldas a los coches que pudieran pasar.

En menos de un minuto, su lengua se metía en mi boca excitándome y se la chupaba con muchas ganas, sus manos acariciaban mis pechos consiguiendo endurecer mis pezones, busqué su polla con mi mano y ya la tenía como a una piedra.

Me imaginé otra vez su mano en mi cabeza mientras se corría y un escalofrío contrajo los músculos de mi entrepierna. Me separé de su boca, buscando la aprobación que ya sabía que tenía pero en vez de eso:

– Déjame ver como te corres por última vez – me dijo mientras metía una mano dentro de mis pantalones y empezaba a acariciarme.

Me dejé hacer, ya lo compensaría después. Cerré los ojos, tiré mi cuerpo hacía atrás y abrí las piernas. Sus dedos recorrían mi rajita y una y otra vez se dedicaban a estimular mi clítoris. Lo sentía hinchado y deseoso de estallar. Notaba mi humedad en sus dedos inquietos que poco a poco me llevaban al cielo.

Escuchaba coches pasar detrás de nosotros, no me importaba en absoluto. Estaba rendida a esos dedos mágicos que llegaban a acariciar incluso mi ano y a esa boca que me besaba o mordisqueaba mis pezones. Cogí fuerte su mano y no dejé que la apartara del clítoris. Sus dedos se movieron rítmicamente apretándolo, cada vez más rápido e intenso. Mi respiración se aceleró, mi cuerpo se tensó. Me mordí el labio mientras dejaba escapar un gemido y mi cuerpo temblaba de placer.

Tardé un poco en abrir los ojos. Su mano seguía acariciando, ahora muy suavemente, mi coño y sus ojos me miraban con lascivia. Separó su mano de mi coño y se lamió los dedos empapados de mi corrida.

Sentía mi cara encendida, me la acarició y su mano se posó en mi nuca. Sonreí porqué sabía lo que buscaba. Sentía una ligera presión que me decía que quería que acercara mi boca su polla.

Para estar más cómoda me puse de rodillas en mi asiento y me dispuse a regalarle una buena mamada. Se merecía eso y mas, por todos los buenos ratos que me había hecho pasar.

Bajé su bóxer y me maravillé otra vez con ese pedazo de polla. A ver si conseguía metérmela entera…

Empecé a lamer sus huevos mientras lo empezaba a masturbar. Levanté la cabeza para humedecer su polla con mi saliva y continué con sus bolas, metiéndomelas en la boca.

Su mano acariciaba mi coño desde atrás, y buscaba mi culo. Me estaba encendiendo de nuevo.

Subía mi lengua por la polla, hasta llegar a la punta y dedicar unos lametazos suaves a su frenillo; seguía lamiéndolo y volviendo a la punta y me puse a chuparla sin dejar de masturbarlo. Chupaba con mis labios sin dejar de lamer la punta, dedicándome a su frenillo y su agujerito.

Él jugaba con los míos. Mi pelvis se movía sin que yo se lo pidiera, quería que me follara.

Empecé a usar mis labios para aprisionar su polla y con ellos subir y bajar la piel. Mi lengua seguía jugueteando. Me conseguía meter un buen pedazo pero era demasiado grande. Como disfrutaba…

Sentí sus dos manos en mi cabeza de golpe y la presión no me dejó subir. Bajé mi boca, llenándola toda. Y sentí mas presión. La punta de la polla estaba en mi garganta, me ahogaba y sentí arcadas. Los músculos de mi entrepierna se contrajeron de placer al sentirme en la base de su polla, con sus huevos rozando mi nariz.

Me tiró del pelo para levantar mi cabeza, me miró a los ojos llorosos por el esfuerzo y dijo:

– Quiero follarte. Vayamos al bosque que aquí nos pueden ver.

Nos medio vestimos y salimos del coche. Subimos y bajamos, apartamos ramas y nos reímos de mi poca habilidad para caminar por el bosque en sandalias. La excitación no se fue, al contrario, constantemente buscábamos el roce de nuestros cuerpos.

No muy lejos encontramos un pequeño espacio sin árboles y con un tronco caído.

– Aquí te follaré.

Le besé la boca por respuesta, con todas mis ganas. Me dio vuelta y apretando mi cuerpo contra él noté que seguía excitado, me magreaba los pechos y se restregaba en mi culo. Me fue empujando hacía el tronco y me dobló.

Cuando escuché que se bajaba la cremallera me sentí muy húmeda de nuevo. Quería sentir su polla bien dentro de mi. Desabroche el pantalón y doblé otra vez mi cuerpo hacía adelante.

Cogió mi culo con las dos manos, acercó su cara y me mordió. Ya tenía lo ojos cerrados y suspiraba de placer.

Me bajó las bragas y sin más preámbulos me la clavó en el coño mojado. Levanté mi culo para que entrara bien. Sus manos en mis caderas me acercaban a él, me empujaban clavándome más. Los cuerpos se movían acompasados. De vez en cuando tiraba de mi pelo y me besaba en la boca o magreaba mis pechos.

Para que me follara mejor me deshice del pantalón que no me dejaba separar bien mis piernas. Pude arquear mas mi espalda, apoyada en el tronco y mi culo quedó expuesto. Soltó una de sus manos de mi cadera, se chupo un dedo y noté como se metía en mi culo. Empecé a jadear.

Su polla seguía bombeándome y su dedo acariciaba mi interior.

– Aaahhhhh – grité al sentir el segundo dedo en mi culo.

Por un momento pensé que se había vuelto loco y que quería romperme el culo. Enseguida sus dos dedos me producían placer, su polla me llenaba y empecé a acariciar mi clítoris y sus huevos.

Con sus dedos en mi culo no había dejado de jadear, era un placer algo doloroso. él notó que iba a correrme porque estos jadeos se hicieron mas profundos. Adivinó el momento porque mi cuerpo se tensó y aprovechó para meter el tercero.

Gemí, temblé, sollocé… y él me sostuvo en todo momento, sin dejar de follarme.

Cuando recuperamos el ritmo, sacó los dedos del culo y se humedeció toda la mano con saliva. Era muy excitante notar como la restregaba en mi culo. Me ponía aun mas caliente.

– No podrás… sólo con saliva, no podrás meterla – conseguí decirle entre jadeo y jadeo.

Por única respuesta recibí la punta de su polla en mi culo.

Grité.

Mi cuerpo se irguió de golpe, me dolía hasta el alma.

– Quédate quieta – me decía mientras me abrazaba inmovilizándome, una mano debajo del pecho y otra del vientre a la entrepierna – si te mueves y tengo que volver a meterla será peor.

Estábamos los dos de pie, él moviéndose suavemente, yo sollozando y con el cuerpo en tensión.

Cuando me tranquilice un poco, empezó a meterse mas dentro de mi. Yo gritaba. Por un momento pensé en que alguien nos terminaría descubriendo gracias a mis gritos pero enseguida se me fue de la cabeza porque con su polla me estaba partiendo las entrañas.

Me dobló de nuevo hacia adelante y me la clavó más. Sentía que no podía:

– Me duele mucho.- dije sollozando.

– Te la voy a meter toda, niña.

– No voy a poder…

– Tampoco podías chuparla toda y te la has comido hasta los huevos. – Y un azote sonó en mi culo – Relájate y te dolerá menos

Parecía que funcionaba un poco y, ahora, además de que me enculaba me estaba pegando. La sentía toda dentro de mi, rompiéndome en dos y sus manos volvían a estar en mis caderas para aprisionarme y clavarme aun mas a él.

No sé en que momento cambió… el dolor no desapareció pero empezaba a ser placentero. Lo gritos seguían pero se dio cuenta de que encerraban placer y bombeó mas duro. Una mano soltó el tronco caído y empecé a acariciarme.

Me metí un par de dedos en el coño y pude notar a través de la pared la polla follándome el culo. Me excité.

Y luego me vi… medio desnuda en el bosque, sodomizada y empezando a gozar. Mis caderas reaccionaron moviéndose, buscando mas placer. Mi mano alternaba, acariciaba el clítoris o se metía buscando chocar con su polla desde mi coño.

Por fin nuestros cuerpos se acoplaron.

– Como me gustas, niña.

Cayó sobre mí, sentía su peso, me cogía fuerte y no paraba de encularme. Empecé a notar sus espasmos y apreté mas el culo… sentía como me llenaba y de su boca salía un gruñido casi animal que no le había escuchado nunca antes al correrse. Aceleré mi dedo y lo acompañé entre gemidos, jadeos y sollozos.

Cuando se apartó apreté el culo, buscando aprisionarlo durante mas tiempo.

– Ojalá pudieras ver como te resbala mi leche por tu culo abierto.

Me hizo estremecer de placer. Y al mirarle a la cara dijo modo de disculpa, sonriendo:

– No podía decirte adiós sin rompértelo. Tienes un culo espectacular.

Los días siguientes sangré cada vez que iba al baño y sentarme fue un suplicio durante casi una semana. Pero reconozco que me encantó.

Cumplimos la promesa y no nos hemos vuelto a ver; eso sí, de vez en cuando hablamos. Siempre dice que a ver cuando repetimos y sé que se arrepiente enseguida. Le sigo la corriente y le digo que cuando quiera. Yo iría volando. Luego desaparece durante un tiempo, como avergonzado de lo que hace.

Invariablemente, yo me masturbo pensando en nuestra despedida en el bosque y mi cuerpo reacciona como nunca.

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