La orgía de Lucía I

-¡¿Qué cómo estoy?! ¡¡Encantado de la vida!!

Estábamos en casa de Lucía, una tarde de martes. Ella tenía el día libre y yo había terminado antes. La noche anterior quedamos que me pasaría por su casa antes de irme a la mía para poner en común los últimos acontecimientos. Sin embargo, era la primera vez que iba a su casa y no estaba pensando en follar con ella. Necesitaba a mi amiga, más que a mi amante.

-¡¿Tú sabes el pedazo de trío que nos montamos?! –continué diciéndole-. Siempre soñé con que Candela fuera así de desinhibida, y lo sabes… No sé qué habréis hecho pero no sabes cuánto me alegro. Se me ocurren tantas cosas que hacerle que me paso el día con ganas de vernos para cogerla y echar un polvo nuevo…

-¿No te ha contado nada de lo que hemos hecho?

-A ver, Lucía, que soy capaz de imaginarme cualquier cosa entre Nacho, mi mujer y tú… Y ninguna me escandaliza…

Sin embargo, cuando dije eso, noté que Lucía cambiaba el gesto por otro de preocupación y, entonces, despertó mi curiosidad. ¿Es que había algo más? ¿Qué? Porque yo tenía la sensación de tener todos los cabos controlados.

-¿Te he hablado alguna vez de Luis, el amigo de Nacho…?

-¡Venga ya! –no necesité que Lucía me dijera nada más. No habían sido ellos tres, sino ellos cuatro- ¿Tan zorra es mi mujer?

-Un putón que, encima, come el coño de lujo. ¡Casi mejor que tú y todo! –me contestó Lucía consiguiendo sacarme una sonrisa y quitarle hierro al asunto-. ¿No era esa lo que querías?

Me quedé pensativo unos segundos. Estábamos hablando de que Candela había follado con dos tíos, Nacho y Luís, y que, ni aún en el momento de hacerme la confesión del domingo, había sido capaz de contarme lo del segundo. Me nacían dudas razonables y no era capaz de ponerlas en orden porque había algo que me despertaba más interés; Que, aun teniendo dudas, me seguía excitando imaginar cualquier escena en la que, mi mujer, estuviera con dos tíos y yo fuera un tercero espectador. Lo que le restaba importancia al hecho de que ya hubiera sucedido y, por el contrario, le confería varios grados más de morbo a mi mujer.

Y la mujer, cuanto más zorra, más lista…

-¡Un momento!

No me extraña que Lucía y yo nos llevemos tan bien. Solo tuvo que mirarme a la cara para saber lo que se me estaba pasando por la cabeza.

-Tu mujer se ha callado lo de Luis a posta porque, seguro, el domingo hiciste algo que hizo que volviera a desconfiar de ti… ¡Serás tarugo! –y me arreó con un cojín en la cara-. A ver… ¿Qué hiciste?

Repasé escena por escena la tarde del domingo, ¡Cómo olvidarla!, con la necesidad de saber cuál había sido mi error porque estaba convencido de que, Candela, no actuó así por casualidad. Preparó un discurso, el discurso que yo quería oír, y lo hizo por algo. Palabra por palabra, omisión por omisión, insinuación por insinuación, todo lo había medido porque me había cazado. Pero… ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Por qué?…

-¡No hice nada raro! –estaba convencido-. Puso una peli erótica, me enseñó las fotos de Mercedes, luego Mercedes creó el grupo que sirvió para calentarnos,… No recuerdo si fue Mercedes o Candela la que nombró a Nacho por primera vez, nos hicimos las fotos, la grabé mientras le decía cómo me excitaba imaginar que me estaba comiendo la polla mientras ella pensaba que Nacho se la estaba follando, me dijo que le mandara el video a Mercedes y, entonces, dijo el discurso. Luego le dije que Mercedes se viniera a casa, se vino, y echamos un polvazo de tres pares de narices… No me dejo nada.

-¡Mi teoría! –me dijo pidiéndome mi total atención con su cara- Cuando te dice que le mandes el video a Mercedes ya se ha dado cuenta de que escondes algo y quiere que ella lo vea porque sabe de qué va la historia y, por tanto, se va a dar cuenta cuando lo vea. ¿Qué hiciste? ¿Qué dijiste?

-¡¡Nada!! –empezaba a estar agobiado. Estaba totalmente convencido de que, todo lo que había hecho, estaba en orden y no había hecho o dicho nada inapropiado- ¡Yo no hice nada!

-Pues, sí no fuiste tú, ya me dirás…

¡Claro! De nuevo bastó una frase para que Lucía y yo nos entendiéramos con la mirada y supiéramos que estábamos pensando lo mismo.

-Igual no se trata de algo que tú hiciste… Igual es que no lo hiciste… O igual es que lo hizo ella… O Mercedes…

-Para, para –la interrumpí-. Si partimos de la base de que sabe que todo esto es un montaje y de que yo estoy al tanto, poco importa lo que hayan hecho ellas porque, seguro, está planeado. Se trata de algo que no he hecho yo… La tarde se desarrolló como nos fue inspirando a todos a la vez, fue espontánea… -la miré y sonreímos.

-¿O no lo fue? –nos preguntamos los dos en voz alta a la vez.

-Hay que sonsacarle a Mercedes –apostilló Lucía.

Tenía razón. Mercedes era la débil de ese binomio. Iba a ser más fácil averiguar algo tratando con ella antes que con Candela. Pero, ¿Cómo hacerlo? ¿Cuál era la respuesta a nuestras preguntas? ¿Cómo afrontarlas? ¿Estaban en ese video? ¿En otro sitio? ¿Dónde?

-¡Déjame pensar un segundo! –me pidió. Y fue certera, porque tardó apenas un segundo en cambiar el gesto de su cara y decirme algo con su mirada.

-¿Qué pasa? ¿Qué tienes que contarme que no sé?

-Que Mercedes y yo también tenemos un secreto… -suspiró-. Tengo que contarte una cosa…

Me había contado una verdad a medias para involucrarme en su historia y creyó que había llegado el momento de contarme la otra mitad. La realidad era que, Mercedes y Lucía, habían pensado en Candela y en mí para iniciar una cadena sexual que tuviera como objetivo cumplir sus propias fantasías individuales y habían trazado un plan que, hasta el momento, se había ido desarrollando bien pero que, si la suposición que teníamos sobre Candela era real, estaba fallando por alguna parte y había que ponerle remedio. Y había que ponérselo porque, aunque lo hubieran trazando aprovechándose de nosotros, en ningún momento querían perjudicarnos y aquello era un perjuicio.

-Tengo que hablar con ella –y sacó su teléfono del bolso.

-¡¿Ahora?!

-Sí, ahora. Este es el momento de que nos reorganicemos todos… Hazme caso…

Y la llamó.

-Hola, ¿Puedes hablar?… También. Estoy en casa, he estado hablando con Jose y cree que Candela se ha coscado… ¿Lo ves? ¡Lo sabía! ¿Cómo? ¿Cuándo?…

No me lo podía creer. La historia que me había contado Lucía era tan real como que la estaba viendo delante de mis narices y me perdí en mis pensamientos. ¿Cuándo se les ocurrió a estas dos este embolao? ¿Cómo no había sido capaz de darme cuenta?

-Que va… Jose sigue sin saber qué ya te había visto antes por internet –aquella frase me sacó de mis pensamientos y me volvió a centrar en su conversación. ¿Qué acababa de escuchar?

Estaba alucinando en colores. Fui medio entendiendo que, en mis momentos pajilleros por internet, Mercedes me había encontrado y había aprovechado aquella circunstancia para tejer su plan. Entonces recordé quien era, todo lo que ciber habíamos hecho y todo lo que le había contado. Era un cómplice perfecto para ella.

Ahora todo empezaba a tener sentido. Mercedes y Lucía jugaban un doble juego en esta historia. Cada una permanecía como la mejor amiga de su parte de nuestra pareja y, a la vez, eran las que conocían y descubrían la intimidad sexual de la otra parte aprovechándose de su situación de amistad. Mercedes supo que necesitaba a Lucía y contó con ella. Ambas habían hecho su parte con cada uno de nosotros para llevarnos hasta dónde nos encontrábamos en ese momento y, entre ambas, tenían que dar el siguiente paso.

-Sí, sabe lo de Luis. Por ahí ha venido que se haya dado cuenta de que Candela sabe lo otro –sus palabras volvieron a sacarme de mis pensamientos-. Sí… eso también lo sabe… Se está enterando en este preciso momento. Está aquí conmigo… ¡¿Que qué le parece?! –solo tuvo que mirarme a la cara-. Pues le parece que tenemos un marrón que salvar entre todos y, para eso, nos falta saber qué postura toma Candela… Lo suponía. Por eso te he llamado. Sabía que te encargabas… Vale… Ok… Pues esperamos entonces tu llamada. Venga, hasta ahora, cielo.

Colgó el teléfono y me miró. Al hacerlo supe que Candela se había enterado por algo que jamás nos habríamos imaginado.

-No me nombraste en ningún momento…

Esta vez tardé un poco más en pillar por dónde iba.

-¡¿Cómo se te ocurre no nombrarme en ningún momento?! ¡Jose! Por el amor de Dios… ¿Sigues sin verlo?

Estiré la boca con los labios cerrados manifestando con ello mi total desconcierto y, acto seguido, fruncí el ceño y me encogí de hombros para pedirle la explicación. Lucía se quedó pensativa unos segundos.

-En realidad ha sido culpa de los dos… -comenzó a decir-. Nos metimos tan en desarrollar el plan que nos olvidamos ser nosotros mismos. Jose… Tío… Ya puestos… ¿No habrías preferido proponerle a Candela un Nacho y yo en vez de solo “un Nacho”?… No hay quien se lo trague. Candela sabe que nuestra amistad, la tuya y la mía –especificó refiriéndose a nosotros-, va más allá de lo comprensible, sabe que fuimos pareja y sabe que follamos. Si de verdad hubiera sido idea tuya lo de que se tirara a ¡Mi! Marido, tú le habrías dicho de montárnoslo los cuatro directamente. No solo vosotros tres. ¿Qué pasa conmigo? ¿Qué pasa con tu mejor amiga? ¿Por qué la apartas sabiendo que existen argumentos más que de sobra para justificar que también estuviera?

-¡La madre que nos parió! –entendí por fin-. Pero tú tampoco lo hiciste… ¿Cómo se te pudo ocurrir engatusarla para que se lo hiciera contigo y con tu marido, pero tampoco me incluyeras a mí?

-Te recuerdo que yo me inventé la coartada de que, Nacho, prefería verme primero con una tía antes que con un tío. Pero ese fue mi error, porque tampoco caí en la cuenta de que teníamos que tener también otra para ti… Pero, vamos,… Que sí, que Candela me puede pedir a mí las mismas responsabilidades que a ti. La hemos utilizado los dos… A ver qué dice Mercedes ahora cuando me llame.

-¡Esa es otra!… Este plan en el que nos hemos metido, al principio, según me has dicho, era para que vosotras cumplierais también vuestras fantasías… La tuya, me has dicho que es la del gang bang… ¿Y la suya?

-Hacer una porno…

Se dejó caer a mi lado en el sofá mientras me sostenía la mirada y leía en mis ojos lo que estaba pensando, algo así como un “¿Qué me estás contando?”.

-A ver… Mercedes no quiere hacer una porno, porno como todas las pornos del mundo. Ella es más del género erótico pero con tintes porno en las escenas de sexo. Una erótica fuertecita o una porno con guion, como prefieras llamarlo.

-¡¿Y de verdad pensáis que Candela ¡Y que Nacho! van a atreverse a llegar tan lejos?!

-¿Te imaginabas hace una semana que tu mujer podría llegar a ser tan puta como lo es ahora?

Me calló la boca, tenía razón. Ninguno de los cinco éramos los mismos de hace una semana. Tal vez era yo quien menos había cambiado. Bueno, y Mercedes, que había probado conmigo las mieles de un trío. ¿Sería su primera vez? No lo hablamos… Pero, desde luego, ni Candela, ni Lucía ni Luís eran los mismos. Ellos sí que habían avanzado muchos pasos.

El cambio de mi mujer, era el que me afectaba a mí y también me cambiaba. Su nueva desinhibición, las cosas que habíamos hecho en casa esta semana y que nunca antes me habría ni siquiera planteado como una posibilidad, eran mi nuevo horizonte, mis nuevas fantasías. Mi cambio. Y, en ese cambio, sí que me veía hasta participando en la fantasía de la peli de Mercedes. Nos imaginaba a todos, contando precisamente esta historia de intrigas sexuales que nos traíamos entre manos.

-¿Tú te apuntas a la peli? –le pregunté a Lucía.

-Si incluye una escena en la que protagonizo un gang bang, sí. Si no… ¡También!

-¿Tiene ya pensado un argumento?

-Te veo muy interesado –Lucía se acomodó en el sofá sentándose sobre sus piernas y recostándose sobre el costado para tener su frente hacia mi perfil-. ¿Por qué? ¿Se te ocurre a ti algo?

-Había pensado que podíamos contar esta historia…

-¿Cuál?

-La nuestra –a Lucía le cambió la cara-. ¡No! La de todos. Esto que ha pasado, que estamos haciendo entre Mercedes y tú, Candela, Nacho y yo…

-¿Contando también las historias paralelas a la trama del plan? –entonces, comprendí por qué le había cambiado la cara.

-¡Ups! Nuestros polvos clandestinos –comenté.

-Y tu afición internáutica… –añadió con una interesante caída de pestañas.

-Eso no es tanto problema –contesté liberado-. Candela ya sabe que navego por ciertas páginas. Incluso creo que, una noche, terminamos echando un polvo después de haberle contado lo que me gustaba de internet y haber pasado, incluso, por la web cam de Mercedes.

-¡Para, para, para! ¿Me estás diciendo que Candela ha visto a Mercedes por internet y no la ha reconocido? ¿Estás seguro?

Hice un repaso mental profundo de aquella noche en unos segundos y me mantuve en mis palabras.

-Sí. ¿No recuerdas que te lo conté? Fue la noche siguiente a aquella bronca gordísima que tuvimos por lo de Bruselas –Lucía recordó pero aquella conversación pero siguió pendiente de mis palabras para terminar de visualizarla-. Le enseñé el portal de los relatos, el chat, la página de webcammers amateur y no le gustó. ¿Te acuerdas? No encontraba nada excitante en ver a otras personas en directo masturbándose o follando. Que, para eso,

-¡Prefería una porno! –me interrumpió-. ¡Me acuerdo! ¿Y estaba Mercedes emitiendo en ese momento?

-¡Ya te digo si estaba! Se quedó de fondo mientras follamos. Fue después de abrir su cam y verla unos minutos cuando Candela empezó a exponerme los motivos por los que aquello no le excitaba. Que ella prefería sentir las caricias a ver como otros se las daban entre ellos. Y, con la excusa, a partir de ahí la charla que tuvimos se entrelazó con caricias y las caricias nos llevaron al polvo. Teníamos a Mercedes en la tele…

-¡Cojonudo! ¡Sí!, ¡Sí! ¡Sí! Jajajajaja ¡Hostias qué bueno!

-¿Me lo piensas contar?

En ese momento sonó su teléfono. Lo cogió rápidamente de encima de la mesita y, tras comprobar que se trataba de Mercedes, descolgó ansiosa.

-¿Has hablado con Candela?… ¿Y qué dice?… Vale, escucha. Vas a tener tu película erótica. Jose tiene un guion y yo tengo un plan… Sí, sigue aquí, claro. Voy a poner el manos libres para que hablemos los tres…

-Buenas, bombón –la saludé después de que Lucía le diera al botoncito.

-Hola, morbosón –me respondió.

-Os cuento –dijo Lucía-, que Jose se va a enterar a la vez que tú de mi plan… Voy a organizar una orgia bajo el lema “Asimilar verdades, desear novedades”. Todos los implicados estamos ocultando algo, ¿No? Candela lo de Luis, Jose lo de que está en el ajo desde el primer momento y que se acuesta conmigo, tú que te exhibes por internet y que quieres hacer una porno y yo que me follo a Jose y que quiero mi gang bang, ¿No?

-Nacho parece que no oculta nada –contestó Mercedes.

-Sí que lo oculta –respondió Lucía-, pero eso es cosa mía. Ya os enteraréis si hacemos la orgía. Que, de eso se trata… Tenemos que juntarnos los seis…

-Incluso los siete si quieres traerte a tu chorbo –le dije a Mercedes-. ¿O aquello era un truco para que pasara lo que terminó por pasar?

-¡Que va! Las fotos eran para que le sirvieran de ayuda a Candela para decirte lo de que se lo había montado con Nacho y con Lucía. No tengo chorbo. Lo que pasa es que tu mujer no tuvo huevos de arrancar y tuve que coger yo las riendas para que se lanzara. Que yo terminara en tu casa fue pura coincidencia. Un final feliz inesperado.

-O sea –la interrumpió Lucía-. Que, encima, Candela te debe una –se echó a reír y las risas de Mercedes también se oyeron por el auricular-. ¡No puede ser mejor!

-A ver, un momento –las interrumpí-, ¿Qué es lo que dice Candela? Que soy el único de los tres que juega con desventaja.

-Que aún no ha decidido cómo va a pedirte explicaciones puesto que ella también te está ocultando algo –me contestó Lucía-. Asimilar verdades, desear novedades… -dejó unos segundos de silencio para constatar si sabíamos por dónde iba. Mi gesto inexpresivo le hizo continuar su exposición-. Vamos a montarnos una orgía para poner todas las cartas sobre la mesa, para aceptarlas, para asimilarlas y para que nos inviten a hacer cosas nuevas que, desde ese momento, vamos a ser capaces de imaginar. Y tenemos que estar todos… Que Jose vea lo bien que se lo pasa Candela follando con Luís y que se lo consienta, que ella disfrute viéndole follar conmigo, que Nacho me vea feliz y cachonda con tres pollas para mí, que él reconozca su relación con Luís y tú que exhibes…

-¿Y eso asegura mi película? –preguntó Mercedes-. ¿Cómo?

-Porque nosotros tres decimos que sí y los otros tres no pueden decir que no… del chantaje emocional a Nacho me encargo yo. Incluso, si os parece bien, le contamos que en la peli no se va a desvelar su bisexualidad a cambio de que participen en ella. Nacho aceptará y Luís no se negará en participar porque no tiene nada que perder. Y, Candela, agárrate Mercedes, no podrá decir que la pueden reconocer cuando ni ella misma ha sido capaz de reconocerte a ti, que eres su mejor amiga. Y, además, te debe una.

-¿Cómo que no me ha reconocido? –preguntó Mercedes.

-Pues nada que, aquí los dos tortolitos, se pegaron una noche un polvazo de escándalo mientras tú estabas en su pantalla.

-¡¿Qué dices?! ¡Jose! ¿Qué me he perdido?

-¿Te ha contado Candela la noche de sexo después de la bronca por lo de Bruselas?

-Sí, me lo contó. ¿Por?

-¿Qué te dijo sobre el portal de webcammers amateur?

-Que fue lo último que le enseñaste antes de que os acostarais.

-Pues fue tu sala la que abrí. Te estuvo viendo unos minutos y no se dio cuenta de que eras tú.

-Es que mi antifaz es una virguería –respondió Mercedes.

-Eso te iba a preguntar –intervino Lucía-. ¿Se puede hacer la peli con antifaces? ¿Funcionaría?

-Que te lo diga el guionista, que seguro que ya lo ha visto…

-¡Joder que bien me conoces! –contesté-. Sí, podría funcionar si contamos la historia íntima y verídica de la inocente mujer que descubre los placeres más inesperados del sexo…

-Vamos que, encima, Candela es la prota –se quejó Lucía.

-Sí. Es la prota de vuestra historia –le contesté-. Vosotras la pusisteis ahí. Pero no por ello deja de contar también vuestras fantasías y vuestro plan.

-Me parece correcto –me contestó-. Bueno, entonces, ¿Qué? ¿Nos montamos una orgía?

-El Luis ese… ¿Está bueno? –preguntó Mercedes.

-Te va a dejar los ojillos vueltos –contestó Lucía-. No te preocupes… Bueno, pues, voy a organizarlo. Ya irás teniendo noticias.

Lucía finalizó la llamada y se me quedó mirando.

-Tengo que pensar en un plan para meter a tu mujer en esta historia… Necesito inspiración… ¿Te importa comerme el coño mientras pienso en cómo hacer para que tu mujer te lo perdone? Me ayudará –sonrió picarona-. ¡Gracias!

No tuvo que decirlo dos veces porque los dos sabíamos que iba en serio. Conforme terminó la frase, se desabrochó los pantalones y se los sacó llevándose el tanga con ellos y, a la vez, yo me levanté del sofá para esperar a que se acomodara y tomar entonces mi posición. Y, aunque de primeras no había pensado en quitarme la ropa, conforme abrió las piernas y me reencontré con ese precioso y de finos labios coño depilado, la polla me pidió aire y me desnudé.

Me arrodillé delante suya y le desabroché la blusa. Luego ella se la dejó caer por los brazos y aprovechó para desabrocharse el sujetador. Después de quedarse totalmente desnuda, nos mantuvimos la mirada mientras se chupó los dedos y vi como bajaban a su entrepierna. Entonces le sonreí y apoyé mis manos sobre el interior de sus muslos, estirándole los labios con la punta de dos dedos, y deslicé la lengua profusamente empapada en saliva sobre su expuesto clítoris con lentitud y regodeo. Me recibió con un cálido jadeo.

La vi cerrar los ojos y dejar caer la cabeza levemente hacia atrás antes de hundir la cara contra su piel. Al cabo de unos segundos se movió. Me separé para no partirme la yugular y la seguí con la vista. Cogió el móvil de la mesa.

-Un grupo de WhatsApp… -compartió a media voz conmigo su genial idea -. Y Candela va a ser la primera persona a la que agregue… Continúa, que perfile cómo entrarle…

Volví a perderme entre sus piernas y la dejé a sus cosas mientras yo seguía a las mías. Me encantaba el coño de Lucía, era especialmente suave y lubricaba con mucha facilidad pero sin llegar a ser espeso. Ahora que, una cosa os digo, el de mi mujer siempre ha sido el que más me ha gustado. Es de labios más grandes, lo que da muchísimo más juego, y sabe a amor como nunca otro ha sabido.

-Voy a hacerte una foto… -me dijo-. Pero no quiero que se te reconozca. Eres mi coartada, clava la cabeza…

La dejé que hiciera lo que quisiera totalmente despreocupado. Estaba muy entretenido con lo mío y era lo que me apetecía hacer, donde me apetecía estar. Si Lucía quería hacerme fotos, que las hiciera. Habíamos quedado en que Candela se iba a enterar de esto en cuanto Lucía hiciese lo que fuera que tenía planeado hacer, así que no había de qué preocuparse. Pero claro, mezclar a mi mujer y unas fotos en un mismo pensamiento me llevó a la pregunta que me tenía que llevar.

-Que tú no quieres que se me reconozca… ¿A quién le vas a mandar la foto? –imaginaba la respuesta.

-A Candela.

Y no me equivoqué.

-¿Con qué excusa?

A pesar de haber empezado a usar la boca para otros menesteres, a Lucía no le faltó su estimulación puesto que, al separarme de su precioso sexo, sustituí la lengua por mis dedos. Sin embargo, como tardó un poco más de la cuenta en empezar a contarme lo que se le había ocurrido, volví a sumergirme en sus fluidos pero manteniéndole la mirada y a juguetear con sus labios con mucha calma para no dispararla. Quería tenerla retenida, que estuviera cachonda pero fuera capaz de responderme.

-La foto va a ser el icono del grupo… Me ha parecido morboso jugar con la ambigüedad de estar diciéndoles a los miembros del grupo algo sin decírselo del todo… Voy a invitar a Candela… Ya está. ¡Incluida en el grupo! A ver lo que tarda en manifestarse… -dejó de prestarle atención al móvil para disfrutar un poco más el calor que le nacía en la entrepierna y así duró hasta que sonó una notificación. Volvió a coger el teléfono y se echó a reír-. Anda que ha tardado… ¿Esto qué es? Dice…

Os confieso que tenía el mismo interés que mi mujer por saber la respuesta de Lucía, qué le iba a decir, qué se la había ocurrido para volver a liarla a sabiendas de que iba a aceptar. Así que no podía dejar de mirarla a los ojos mientras seguía saboreando su delicioso manjar al que, además, ya le estaba anunciando la presencia de dos deditos juguetones rozándolos sobre su orificio vaginal.

La vi cómo empezaba a teclear en el móvil, luchando contra el placer para mantener la serenidad mientras le contestaba a mi mujer. Me miró y sonrió mordiéndose el labio. Deslicé la lengua suavemente hacia arriba sobre su clítoris presionándolo lo suficiente para sacarle el final que le faltaba a aquel gesto que tenía, la respiración entrecortada, y continué mirándola.

Volvió la vista al móvil como si estuviera leyendo una respuesta y comenzó a escribir de nuevo. Entonces me puse bravo y, en vista de que parecía no querer contarme lo que estaba hablando con mi mujer, decidí emplear toda mi concentración en desconcentrarla a ella.

No me resulto demasiado difícil. Primero porque conozco a Lucía y sé dónde y cómo estimularla para que se desate y, segundo, porque ella ya estaba bastante bien entonadilla con el rato previo que llevábamos de jueguecito. Soportó los primeros dos minutos en los que, no sin dificultad, continuó hablando con Candela a sabiendas de que mi comportamiento no era casual. Ella también me conocía y quiso pelear para ver quién ganaba este juego aunque, en el fondo, sabía que ganaría yo. Así que solo le quedaba tratar de incrementar su marca personal de aguante. Luego ya empezó a costarle mantener el móvil en posición de interacción. De vez en cuando parecía encontrar fuerzas para escribir más de dos palabras seguidas pero solo duraba unos segundos y, cada vez, tardaba más en encontrarlas. Finalmente terminó por abandonarse y, tras acomodarse bien tumbada sobre el sofá, se dejó guiar por mi lengua y por mis dedos al camino que te lleva hasta el orgasmo.

-Hijo de puta –consiguió decir entre jadeos y con la voz entrecortada.

Me encanta sentir las contracciones de los músculos vaginales oprimiendo mis dedos mientras que el clítoris palpita con igual intensidad bajo mi lengua. Y, cuanto más fuerte es, más me excita. Me quedo ahí, quietecito y sin mover ni una pestaña, disfrutando de mi recompensa y dejando que ella disfrute de su momento. Soy un tío generoso, me gusta más dar que recibir. Imagino que es porque, en cada orgasmo que provoco, hay un chute de autoestima. Un orgasmo es la prueba irrefutable de que hay algo que hago bien. Y estaba disfrutando aquel muchísimo. Aunque menos que Lucía que, por lo prolongado del tiempo que estuvo teniendo contracciones y lo que le costó recuperar el aliento, era evidente que lo había disfrutado exponencialmente mucho más que yo.

-Échale un vistazo a mi móvil… -me dijo entre susurros-. Necesito recuperarme, ¡Cabrón!

Me estiré a cuatro patas sobre el sofá, alargando el brazo para coger su teléfono de encima de la mesita. Volví a mi posición y, de ahí, cambié de postura para sentarme. Abrí el WhatsApp y busqué la conversación.

-¿Esto qué es? –era la pregunta de Candela que Lucía había llegado a decirme y con la que empezaba la charla.

-Una fiesta que no puedes perderte –respondía Lucía.

-¿Por qué? ¿Qué razones crees que tengo para querer participar en una orgía que organices tú?

A pesar del emoticono guiñando un ojo que acompañaba la frase, conforme la leí le vi el doble fondo. Candela estaba disparando por primera vez. Con sutileza, pero con fuego real. Os recuerdo que debía estar cabreada con nosotros porque la habíamos engañado con la historia del trío con Nacho y había “medio descubierto” que se trataba de un plan. Afortunadamente, Lucía también se dio cuenta del detalle y supo cómo responder.

-Porque tú también escondes algo. Escondes a Luís…

-¿Esto es un chantaje?

-No. Esto va a ser una liberación –y el emoticono del guiño que acompañaba esta frase, volvió a decir algo sin decir nada.

-Una orgía… También quieres que este Jose, ¿No?

-Más por ti que por mí. Y también quiero que esté Luís.

-Tenéis que contarme muchísimas cosas…

-Así es.

-¿Qué saco yo de esto?

-Asumir verdades… Desear novedades…

-¿Quién tiene que asumir verdades? ¿Yo? ¿Qué novedades voy a desear por eso? O sea… Mi marido y tú organizáis un plan para que me acueste con el tuyo y, por ir a una orgia, ¿voy a desear más? ¿Más qué? ¿Más mentiras? ¿Más trucos a mis espaldas?

-¿Y si todos tuviéramos que asumir verdades? ¿No te parece una forma excitante de contarle a Jose lo de Luis? Piensa en ello… Tengo que dejarte ahora.

-¿Crees que aceptará? –le pregunté a Lucía tras leer la última frase de su conversación con Candela.

-No lo sé… -se quedó pensativa unos segundos-. ¿De verdad no te ha hecho ningún comentario desde el domingo hasta ahora en el que hayas podido sobreentenderle que te hubiera pegado algún tirito sobre esto?

-No, en serio –le contesté-. Nuestras conversaciones y nuestro comportamiento han sido los habituales, sin nada destacable.

-Pues entonces prepárate para cuando llegues a casa… Esta noche tenéis discusión.

-Ya te digo –pensé.

Después de esta última invitación de Lucía, en la que mi mujer ya sabía que yo también estaba en el ajo, era evidente que Candela iba a hablar conmigo y, la respuesta, me la iba a dar a mí. ¡Y esa respuesta podía ser cualquiera! Desde mandarme a la mierda hasta apuntarse sin reservas.

-Lo resolveremos mientras echamos un buen polvo –le contesté.

Era la mejor opción. A pesar de que, a priori, si Candela estaba cabreada conmigo lo último que iba a querer era echar un polvo, también es cierto que nos queremos y que, solo por eso, esta situación de tensión sexual negativa nos iba a tener excitados. Había que apagar un fuego, pero sin que se apagara la llama. Complicado pero posible.

Candela se desinhibe cuando está cachonda. Si mi intención era la de que se apuntara a la orgía, tenía que hablarlo con ella mientras follábamos. Y, teniendo en cuenta que mi mujer ya se lo había montado con tres, tenía la sensación de que podía conseguir mi objetivo.

Miré a Lucía. Tumbada boca arriba en el sofá y con las piernas flexionadas y entreabiertas, le veía desde sus dedos de los pies hasta el último pelo de su cabeza en todo su esplendor. Aún permanecía con los ojos solamente entreabiertos y con el labio inferior de la boca caído por el agotamiento. Ya no jadeaba, pero todavía respirada con profundas inspiraciones y expiraciones. Su cuerpo desnudo frente a mí, era toda una exaltación al placer.

-Así que… -empecé a bromear-. Con todo el dolor de mi alma me quedo sin que me hagas una mamadita… Me conviene llegar con el calentón a casa. Voy a llegar con unas ganas de zumbarme a Candela que van a ser finas…

Miré la hora en el móvil y me levanté del sofá con el propósito de vestirme. Ya era hora de marcharse a casa.

-Pero déjame al menos que me despida de ella –me dijo Lucía al pasar a la altura de su cara en busca de mi ropa.

Me detuve. Se reincorporó, abrió la boca y se metió la polla entera. Luego comenzó a expulsarla deslizando sus labios desde la base hasta la punta y profusamente empapados en saliva. Una vez que se la tuvo fuera, sacó la lengua y la coló por mi prepucio para estimularme el glande. Levantó la vista, me miró, sonrió y repitió el movimiento por segunda vez.

-En mi pueblo de siempre se han dado dos besos –bromeó cuando terminó -. Si puedo ayudar de alguna manera esta noche, me buscas. Ya lo sabes.

Le sonreí asintiendo a su ofrecimiento y me vestí. Me acerqué de nuevo al sofá a despedirme de ella y, curiosamente, le di dos besos en la cara en vez de besarla en la boca. Me hizo gracia comprobar que, a pesar de las cosas que hacemos, seguimos sintiendo nuestra relación como una buena amistad y nunca como una aventura o relación paralela. Es una bellísima persona.

De camino a casa no hice más que darle vueltas a la cabeza y, lo mismo que aparecían en mi mente argumentos que me envenenaban y me predisponían a la pelea, también los había que me invitaban a la fantasía. No tenía ni idea de por dónde me iba a salir Candela pero tenía claro que, el tema, iba a estar sobre la mesa de una u otra manera. Tenía que estar preparado para tener temple ante cualquier eventualidad y saber llevar la conversación al terreno que había previsto.

Cerré la puerta y comprobé que Candela aún no había llegado. Eran algo más de las nueve de la noche, así que nos movíamos en nuestras franjas horarias habituales y, por eso, no me pareció extraño encontrarme la casa vacía. Me fui al dormitorio a quitarme la ropa, me quedé en boxers y regresé al salón para encender la tele. Luego fui a la cocina y saqué la cena del congelador, una cerveza de la nevera y volví al salón a fumarme un cigarro y ver un rato la tele mientras seguía con el runrún en la cabeza.

Candela llegó antes de terminarme el cigarro. Saludó desde la entrada, llegó al salón, nos besamos con total naturalidad y se metió en el dormitorio mientras, en voz alta, me iba contando la tarde de jaleo que había tenido en el trabajo. Parecía que, de momento, no tenía intención de sacar el tema. Sin embargo, cuando regresó al salón con el salto de cama negro que le regalé, que es de encaje y completamente transparente, y sin ropa interior, me descolocó por completo.

Se me quedó mirando, analizando mi reacción, y, entonces, cogió su móvil y me lo pasó.

-¿Me haces unas fotos? Son para un amigo al que me quiero follar…

¡Bum! ¡Tormenta! ¡¿Qué hacía?! ¿Cogía el móvil y le seguía el rollo para que me la montara por no preguntarle siquiera que qué era aquello o se lo preguntaba y me preparaba para un pollo de dimensiones desconocidas? ¿Hacía como que sabía de qué iba la historia o me hacía el longui?

-Coge la cámara –insistió-. Que el bulto de tus calzoncillos ya ha respondido por ti…

Erección en cero coma, que dirían algunos. Afortunadamente, enseguida vi su comportamiento el camino despejado a una charla que se iba a desarrollar de un modo más amigable que enemistado. Así que cogí la cámara y respiré aliviado al saber que, aunque el siguiente paso lo tenía que dar yo y tenía que darlo con cautela, al menos contaba con las ganas de entendimiento por parte de los dos.

-¿Le conozco? –le pregunté después de hacerle tres fotos en las que, Candela, posó tan lasciva como de costumbre.

-Que yo sepa no –respondió-. Aunque supongo que Lucía te habrá hablado de él porque es un amigo de Nacho… Porque… Lucía te lo ha contado todo, ¿No?

-Toma –le dije alargándole el móvil-. Mándaselas a Luis… Me encanta verte así de desinhibida…

-¡Ah! ¿Sí? –Cogió el móvil y empezó a trastear con él. Al cabo de unos segundos, continuó hablando -. ¿Por qué no me contaste lo de Nacho?

-Porque me pareció una buena idea –comencé a responderle mientras constataba que las señales que me enviaba su maravilloso cuerpo desnudo bajo el encaje del camisón me decían que aquello era un juego sensual que jugar son sinceridad porque, si iba a terminar en la orgía de Lucía, había que asumir verdades para poder fantasear y desear novedades -. Lucía me llegó con la historia de meterte en su cama porque quería desinhibir a Nacho y me pareció igual de interesante para ti. Ya sabes cuánto me gustas desinhibida… No te lo propuse yo directamente porque, a mí, no me habrías escuchado. Que fuera Lucía quien te lo pidiera nos hacía un favor a los dos.

-¿Y te parece bonito utilizarme de esa manera?

-No te he utilizado. Nadie lo ha hecho. Tampoco Lucía… Mi postura fue la de mantenerme al margen. Si Lucía quería tirarte el anzuelo era bajo su responsabilidad y aceptando que, si picabas, sería la responsable de cualquier fisura que sufriera nuestra relación, cielo. Y, hasta donde yo sé, Lucía tampoco te ha obligado a hacer nada que no hayas querido…

Asintió a mis palabras con el habitual gesto de cabeza y me miró en silencio durante unos segundos. Parecía como si estuviera reflexionando sobre lo que acababa de decirle, como si se le hubiera venido algún cabo al recuerdo que quisiera comentar y estuviera dándole forma a sus palabras.

-Me he sentido utilizada, ¿Sabes?… Y, encima, lo he pasado fatal de pensar que estaba actuando a tus espaldas. No te puedes hacer una idea de lo que me pasó por la cabeza la otra noche conforme me di cuenta de que lo sabías. Te habría matado. Sin embargo… -tomó aire profundamente- Tienes toda la razón y me di cuenta enseguida. ¡Estábamos montándonos un ciber trio con una amiga mía y me resultaba tan excitante como normal! Eso era algo que nunca antes se me habría ocurrido plantearme y que, por el contrario, estaba encantada de que estuviera ocurriendo –volvió a guardar silencio un par de segundos-. Mi discursito –se medio sonrojó- fue sincero, ¿Sabes? Todas estas cosas que he descubierto te las debo a ti, a tus fantasías… Quiero estar en todas y que no nos perdamos ninguna. Y quiero ser tu puta para que me obligues a ir hasta ellas cuando me den miedo, porque confío en ti… -guardó silencio para que asimilara sus palabras y, cuando le sonreí con cariño, cambió el gesto para cambiar con él de tema-. Sabes lo de la orgía, ¿No?

-Sí, y… -me callé un momento pensando si ya era demasiado tarde para no meter la pata o si había alguna otra manera de arreglar esa conjunción tan desafortunada. Lo encontré-. Como estamos siendo sinceros, tengo que decirte que conozco alguna verdad que va a asumirse en esa orgía y que tú desconoces pero que, por respeto a sus protagonistas, tienes que permitirme que no te diga… aunque te afecten de alguna manera.

Se me quedó mirando unos segundos dudando entre si responder como esposa o si hacerlo como amiga y parte de un conjunto. Entonces comprendió lo que le estaba pidiendo y asintió.

-¿Y por qué no estás en el grupo? –me preguntó.

-Porque Lucía quería incluirte a ti en primer lugar. Esta historia suya la ha empezado contigo y quiere contar contigo imagino que hasta el final y, por eso, cada cosa que se le ocurre te la cuenta a ti primero.

-¿Cuál es su historia?

Me estaba tentando. Le había pedido que me dejara guardar secretos y, sin embargo, ya me estaba preguntando por uno. Ahora me tocaba a mí actuar como esposo o como amigo.

-Te lo voy a contar porque es algo que no es contigo y porque Lucía va a comprender que soy tu marido y tengo que contártelo… Ella quiere llegar a montarse un gang bang y que Nacho se lo permita.

-¿Gang Bang?

-Sí. Muchas pollas para una sola mujer. En la orgía va a juntarse con tres, pero fantasea con más de seis…

Candela cruzó las piernas bajo su culo en el sofá y se le remangó el salto de cama dejándole el sexo a la vista sin gasa ni encaje de por medio. Brillaba, estaba húmedo.

-¿Y a mí…? –empezó a preguntarme con lascivia en la mirada-. ¿Me vas a dejar jugar también con esas tres pollas?

-Pobre de ti como no lo hagas –le contesté igual de lascivo.

Se levantó del sofá y vino hacia mí. Me quitó los boxers y me sentó. Cogió el móvil, se metió la polla en la boca y, tras apoyar su cabeza sobre mi pierna y estirar el brazo, encontró el encuadre y nos hizo un selfie.

-Es tu aportación al grupo –me dijo tras reincorporarse y sentarse a mi lado en el sofá-. Le he propuesto a Lucía que, cada uno de los que seamos que vayamos a formar parte de esta orgía, enviemos una foto sugerente. Yo he mandado una de las que me has hecho y, esta, es la tuya… Si quiero esas tres pollas es porque una es la tuya y, por lo tanto, te apunto a la orgia. ¿No?

Le eché la mano al sexo y, suavemente, empapé mis dedos en sus flujos deslizándolos por sus labios. Luego subieron al clítoris y comencé a estimularlo.

-Que tú necesitas las dos manos en el teléfono para hablar con Lucía –le susurré.

Me sonaba la escena, como si la hubiera vivido prácticamente igual hacía tan solo un rato. Así que no dudé en cambiar de posición y de arrodillarme ante ella y sacarle el coño al borde del sofá tirando de sus caderas para hacerle una buena comidita mientras ella le decía a Lucía que nos apuntábamos a su orgía.

Decididamente, el sexo de mi mujer es mucho más sabroso que el de mi amiga.

Cuando sentí el zumbido de mi teléfono y Candela dejó el suyo sobre la mesa, el sexo oral pasó a mayores y desembocó en un apasionado polvo en el sofá de casa. No hizo falta decir nada más ni jugar a nada más. Aquel polvo nos lo pedía el cuerpo y nos nacía de dentro a los dos. Fue espectacular. Nuestros cuerpos se abrazaban, envolvían y encajaban con tal perfección que toda la piel era placer y todos los poros amor. Y, aunque apenas duró diez minutos, nos supo a gloria e hizo que cayéramos rendidos en el sofá tras alcanzar juntos el orgasmo.

Nos quedamos tumbados unos minutos, recuperando el aliento, hasta que, por fin, me reincorporé y encendí un par de cigarros. Candela también se reincorporó.

-¿Preparamos la cena y zorreamos luego otro poquito? Dice Lucía que esta misma noche va a meter a más gente en el grupo…

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