La Seducción De Una Vampiresa

Si Yo Fuera Humana

Un accidente automovilístico y todo cambió.

Duró varios meses en coma, en el hospital era la hermosa desconocida que no despertaba. Los días pasaron y todo seguía igual.

—Si nadie viene por ella, tendremos que desconectarla—dijo el médico que la miraba como a un objeto raro.

Pero esa noche… todo fue tan… raro. La figura de un inmenso hombre, vestido de negro, con la piel pálida, casi ceniza. La observó, más bien la contemplo, acarició con su mano fría, que era adornada por unas uñas grandes y negra.

—Desde hace muchos años, que no veía una mujer como ella —Dijo con su siniestra voz. Walter, que así se llamaba el siniestro espectro. La seleccionó de todas las personas que yacían como muertos en vida, en aquel cuarto de hospital.

Volvió a mirar su cuerpo casi muerto. Un beso en el cuello, una mordida, una extracción de su propia sangre y en un segundo su sangre era de él.

Despertó como una bella y terrorífica vampira. Pero…

—Bienvenida a la vida. ¡A mi vida!

Lo miró aletargada, miró para todos lados. Sus ojos hipnóticos, pronto le explicaron todo.

Había despertado, pero… Ella no pidió ser así.

***—**.**—***

Yadira estaba en una inmensa mansión, grande, imponente y muy oscura. A su lado estaba el ser oscuro que la trajo a ese oscuro lugar. Le pidió que se quitara la ropa.

—antes dime ¿Qué soy? —se animó por fin a preguntar

—Eres mía —dijo sin ninguna delicadeza.

—No, mi pregunta es ¿Quién o que soy ahora?

—Eres mía —Rugió aun con más enojo.

—No, yo…

Apenas dijo eso, y la inmensa mano del horrible ser la tenía sujeta por el cuello. La levantó como si fuera una muñeca de papel.

—No me cuesta nada destrozarlo —dijo mientras enterraba sus uñas en su fina y pálida piel.

—Está bien —Quiso decir la joven. Pero no pudo articular ninguna palabra. Solo movió los pies y el hombre la aventó al suelo.

—Quítate la ropa —Ordenó, sin preocuparse de que la joven sufriera de dolor.

Sus órdenes fueron escuchadas. Lo demás, solo el sonido del sexo lo podía explicar.

**.**

Desde ese día vivía en la mansión de los vampiros, con él y muchos otros seres de la oscuridad… Un mundo de tinieblas, de libertad sexual y sangre como alimento. Al principio todo le producía horror. Pero poco a poco comenzó a abrirse paso en ese increíble y desolador mundo.

Era amante no solo de Walter, el líder de los vampiros, sino de cuantos quisieran poseerla. Poco a poco se fue adaptando. Si antes le gustaba tener sexo, cuando estaba viva, ahora que era una vampiresa, más. Aunque le desagradara la idea, eso era. Una hermosa y rebelde mujer vampiro.

El sexo era más salvaje que tierna. La adrenalina era muy buena, afinó aún más sus artes de seducción. Poco a poco fue escalando en ese tétrico lugar.

—Tanto sexo ya me tiene fastidiada —dijo una vez como si la oscuridad pudiera contestarle.

En una ocasión, participó en un trio, dos mujeres y un hombre. La competencia sexual entre ambas, pronto se convirtió en caricias mutuas. La mano femenina en su sexo, la hizo sentir genial.

Desde ese momento, procuró más el contacto femenino que el masculino. Pero… eran los hombres los que la buscaban. Tener tantos encantos ya no era tan divertido. No era la primera vez que tenía conflictos internos.

Buscaba algo más ¿Qué era?

Un día quiso ir de cacería sin compañía, tenía la necesidad de la soledad. Se abasteció de su alimento sin ningún problema, merodeó por un lado y por otro sin que nada la perturbara. Pero el destino es cruel, o tal vez benevolente:

Al pasear por un alto edificio, vio a una mujer bañándose, su cuerpo, su curvas, tener la piel húmeda a altas horas de la noche, con la luz de la luna, le pareció tan ¿erótico? No podía, ni quería, dejar de mirarla.

—Vete de aquí Yadira —Se ordenó a sí misma. Pero no lo hizo. La hermosa morena, se inclinó para jabonar sus piernas, tuvo una hermosa visión de la parte más íntima de su anatomía.

Instintivamente se acercó para verla mejor. Su pulso se aceleró, sus orbitas se dilataron.

—Más, más, tengo que verla más.

Tenía deseos de poseerla, de tocarla… ahora estaba claro, lo que necesitaba era acariciarla. Se acercó lo más que pudo a la ventana, asegurándose de no ser vista.

La mujer comenzó a cantar, su voz le pareció tan dulce y tan hermosa. La escuchó con sumo interés. Por un momento se distrajo, recordó los placeres sencillos cuando era humana.

Ya no era tanto el placer sexual lo que la movía. Doris se terminó de bañar, no se percató de la intrusa, la cual intentó esconderse en la ventana.

Peinó su larga y espesa cabellera negra… Admiró las gotas resbalar por esa piel morena, brillaban en esa noche fría. Pero, para en Yadira, había un fuego interno muy fuerte

— ¡Qué bella es!— No pudo evitar exclamar— Nunca había visto cosa más hermosa.

La hermosa joven alcanzó a escuchar, se volvió para ver quién era. Esta vez Yadira ya no se escondió. Estaba parada frente a ella. Doris, se asustó, intentó tapar su desnudes. Pero la vampiresa se lo impidió.

—No lo hagas. Eres muy hermosa — Se acercó hasta ella y le susurró—. Bella eres de verdad.

—¿Qué quieres?

—Nada, solo verte.

La muchacha enmudeció. Así se quedaron las dos mujeres, mirándose, una desnuda y la otra con un traje entallado negro.

—Canta otra vez —pidió Yadira, pero al ver que no la obedeció dijo—. Está bien, no lo hagas hoy. Te prometo que te visitaré de nuevo.

La vampira irradiaba una seguridad que impresionaba

—Te recomiendo que no le digas a nadie, y no intentes ocultarte.

Avanzó hasta ella, acarició su cara, y se alejó arrojándose por la ventana. La mujer desnuda corrió a ver qué había pasado. Pero no la vio. Se puso una bata. Bajó por el ascensor los 10 pisos y no vio ningún cuerpo tirado.

Sintió la presencia de alguien detrás, se volteó. Seguía sin ver a nadie. Un presentimiento terrible la sobrecogió, corrió hasta su departamento, se encerró bajo llave todas las puertas y ventanas.

Sudó frio, se metió hasta su cama, abrazó sus rodillas y quedo profundamente dormida. .

***—**.**—***

—No me temas —creyó escuchar su voz, pero no veía a nadie. Los días siguieron pasando, sentía su presencia, pero no la veía. Poco a poco fue acostumbrándose a esas sensaciones. No había peligro. Incluso alguna vez cuando estaba dormida, sintió el contacto de alguien.

Dormitaba, ya casi dormía, escucho a lo lejos su voz cantando, no se inquietó. Se fue acercando a ella. Doris estaba nerviosa.

—Tranquila. Hagas lo que hagas, no me iré

Quiso abrir los ojos pero no podía. Quiso moverse, pero algo se lo impidió. Algo

O alguien se metió entre su cama… el adormecimiento era muy fuerte una mano fría le acarició su rostro, la voz de Yadira retumbó en su oído:

—Cantas muy hermoso, deberías de cantar para mí.

Ella intenta voltearse, y por fin lo logró. Yadira estaba junto a ella, acarició su rostro:

—¿Cuándo escucharé tu dulce voz?

—¿Cuándo lo haga me dejaras en paz?

—Eso lo tengo que pensar. Por cierto, me gusta tu cuerpo desnudo. —dijo acariciando sus muslos—. Cuando este contigo, deberías quitarte la ropa.

—No me hagas nada por favor —Sollozó—, soy muy joven, apenas tengo dieciocho años. Soy virgen…

—No te preocupes —Le guiñó un ojo—. No soy tan mala. Solo quiero verte y que cantes para mí. Pero si quieres otra cosa… Te lo puedo conceder

—No…

—Algo me dice que lo deseas. —Guiñó un ojo.

Los labios suaves de ella la besaron, ella deja de resistirse, una mezcla de temor y deseo la recorrieron toda. La mano de Yadira acarició ese rostro, bajó por su cuello, para deslizarse en su cintura

—Si te quitas tú camisón será más fácil.

—No…

La no muerta no le hizo caso, se lo usurpó de un tirón. Se recreó mirando esos senos bailar con el movimiento. La asustada mujer quiso tapar su desnudez.

—No hagas eso. No me prives la vista de lo más hermoso que tienes.

Estaba como estatua, con sus manos tapando sus senos. Yadira las apartó suave pero con firmeza. Acarició cada una de las montañitas que tenía. Los besó delicadamente. La humana se dejó hacer, por orden de la vampira se recostó en su cama, dejó a su “abusadora” conocer su cuerpo. Sentía cosquillas, sentía escalofríos.

¡Esa experiencia, por nada del mundo la olvidaría!

Sus dedos estaban en sus muslos, recorrieron la entrepierna, Doris las separó para que entrara en su intimidad. Se acercaba, poco a poco. Ella temblaba de excitación

—¡Adiós! —dijo Yadira sin llegar al lugar deseado de Doris.

¿Qué había pasado? Justo cuando la estaba pasando tan bien, ella se fue. Gritó llena de coraje. Pero fue en vano. Ella no estaba.

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