La suerte de tener un marido “cabrón”

Lo primero que quiero dejar muy claro, que he entrecomillado la palabra “cabrón”, para dar entender que no me refiero al marido cabrón que todos saben que lo es menos él. No, a ese no me refiero. Me refiero al marido que es “cabrón” en complicidad con su esposa. O dicho de otra manera más explícita; la antítesis de aquel macho de los años del Franquismo que el sistema permitía hasta matar a la mujer en caso de pillarla follando con otro; que la esclavizaba y la hinchaba a hostias sin más motivos que los que su machismo viera. Pero a él no le faltaban las queridas o las putas, sobre todo en aquellos machos pudientes. ¡Aquella maldita doble moral que relega a la mujer a la postración ante el macho!

Unos de los pilares que sostienen el matrimonio es el sexo; y el sexo conyugal que acabe con el tiempo marchitándose como una flor es inevitable; los años cambian los conceptos de las personas, y lo que se piensa o se cree a los veinte años, es muy diferente de los cuarenta, y a los sesenta es muy distinto a lo de los cuarenta. Esto unido a las normas sociales que avanzan cada día más en los países democráticos, el hombre y la mujer a su vez también avanza con ellas. Una prueba indiscutible es que la homosexualidad de ser considerada socialmente hace pocas décadas en muchos países libres como una aberración e incluso una enfermedad, hoy sea un orgullo para el homosexual, y al homófobo se le ve como un ser repugnante.

El sexo además de servir para reproducción de las especies, es una inmensa fuente de placer a pesar de que las religiones de hoy y las de ayer lo han intentado limitar exclusivamente como fuente del amor utilizando amenazas de pecado y perversión que conduce a la perdición y a la condena del alma, no lo han conseguido. El sexo además de ir acompañado del amor entre las personas que lo practican, también va acompañado del deseo del placer, y sobre este deseo voy a desarrollar este ensayo más que relato.

Hoy me consta que hasta en las parejas de novios buscan el placer sexual fuera de ellos, los matrimonios que llevan años casados lo buscan con más intensidad, aunque es el hombre el que suele buscarlo por razones de tipo social, ya que todavía quedan reminiscencias de “machismo arcaico”, eso de que una mujer casada, (a las que a todas se las supone madres ejemplares y esposas decentes) busque placer sexual fuera del matrimonio, todavía “le duele al macho”.

Pero “ese macho” cómo también tiene que ser decente, lo que ayer hacía: buscar placer fuera de su esposa “mientras ésta le levaba los calzoncillos hoy ya no cuela; o follamos los dos con otros y otras o te vas con tu madre, pero a mí ya no me chuleas más.

Es cierto, que, el concepto de la sexualidad varía entre el hombre y la mujer (no profesionales del sexo); ésta, no suele follar por follar, busca en su pareja de cama (aunque sea circunstancial) ciertas cualidades personales más bien de tipo sensitivo que sexual, es decir: no busca una polla, busca un hombre que satisfaga sus instintos de mujer, instintos generalmente de tipo romántico; marco que lo encuadra en un tipo determinado. Y si en la cama la satisface plenamente, mejor. Pero siempre tocando sus fibras sensitivas antes que sus fibras materiales. El hombre, cuando folla por follar, busca un buen culo y unas buenas tetas; no se anda con remilgos de tipo sentimental.

Volviendo al principio, es inevitable que las relaciones sexuales de los matrimonios se enfríen con el tiempo; y ahora es la mujer la que debe evitar ese enfriamiento. ¿Cómo? Haciendo realidad aquellas fantasías sexuales que por convencionalismos o falsos pudores muchos matrimonios no se atreven a hacer realidad.

Estoy completamente seguro, que, una de las fantasías sexuales del hombre casado es ver follar a su mujer con otro; fantasía que como dije antes no se atreve a plantearle a ella, porque la “sombra del cabrón” se cierne sobre él.

¿Y la mujer casada (y decente) tiene fantasías sexuales? La mujer que diga que no, miente. Lo que pasa que sus fantasías sexuales no son precisamente las de ver a su marido follando con otra, son de tipo más íntimo; o sea, fantasea con follar con “el tipo de sus sueños”.

Por eso, cuando la sexualidad del matrimonio se ha convertido en rutina, el abordar el tema de las fantasías hay que hacerlo suma delicadeza y tacto, ya que suele ser el hombre el que de el primer paso.

II

Marta de 39 años y Luis de 45. Casados desde hace 14 años. Ambos con estudios superiores y con tres hijos de 12, 10 y 7 años. De clase media alta. Un viernes la noche, viendo la tele.

-Sabes Luis qué… Dice ella en tono dubitativo.

-¿Qué he de saber cariño? Responde Luis dejando de mirar a la pantalla del televisor.

-Bueno nada, creo que es una tontería.

-Pues a veces las tonterías esconden grandes problemas. Dice él muy resolutivo, como queriendo demostrar a ella que debe decir lo que ha empezado a insinuar.

-¡Bueno! Dice más decidida. Me refería a nuestras relaciones… ya sabes… de cama. De casi “dos diarios” a menos de tres a la semana. Y los viernes a esta hora, ya estabas enganchado a mi teta como un bebe.

-¡Vaya cariño! ¿Y cómo me sales con esas? Así de repente.

-Viendo a la pareja de la película que están poniendo, tan apasionados y tan enamorados… no sé… Me ha dado por ello.

-Bueno cariño! Ten en cuenta que los años no pasan en balde; además los niños… las preocupaciones…

-¿Y no será que ya no te gusto cómo antes? Dice ella poniendo un gesto fingido de preocupación.

-¡Por favor Marta! Que tú eres mi único y gran amor. No digas eso por Dios, que sabes de sobre que mi amor es eterno y sincero.

¡Sí! Pero no tan apasionado con antes.

-¡Joder Marta! Empiezas a preocuparme. ¿Es qué necesitas más sexo?

-No quiero preocuparte Luis, pero más que sexo lo que necesito es verte más apasionado; como de recién casados

-No me digas Marta, que te ha puesto cachonda la escena de la Sharon Stone con el Michael Douglas. ¿O sí?

-Pues la verdad que sí. Es que el Michael está como un queso de bueno.

-¿Cómo un queso dices…? No será más bien que a queso es lo que le huelen los pies…

-No seas grosero cariño… Pobrecito Michael.

-¿O sea, que te gusta el Douglas?

-¿Es qué a ti no te gusta la Sharon?

-Bueno, como mujer es un bombón, pero nada más.

-O sea, qué si pudieras no la echabas “un kiki”.

-¿Y tú al Michael, se lo echabas?

-Cariño, dejemos el tema, que me pone nerviosa. Dijo ella en actitud fingida, porque lo que pretendía es provocar a su marido para ver su reacción al adulterio.

-Te recuerdo Marta, que el tema le has sacado tú. Así que no los soslayes.

Marta miró de reojo a la bragueta del pijama de su marido, y vio que el “muy cabrón” estaba empalmado. O sea, que el tema le pone a cien. Pues ahora verás, pensó para si – Lo que nunca haría es follar con otro hombre a tus espaldas. ¿Tú consentirías que me acostara con un tío que me gustara?

Luis quedó perplejo. Nunca habían tocado semejante tema, aunque si lo quería tocar, ya que una de sus fantasías es hacer el cambio de parejas; pero no se atrevía por temor a herir la sensibilidad de Marta. Pero al ver que ella la promotora del mismo, se empalmó de tal forma, que se le salió el pene por la abertura del pijama.

La risa de Marta fue estruendosa al ver los 22 cm de polla de su marido fuera del pantalón.

Luis algo cortado, mientras se la guardaba precipitadamente, dijo:

¡Ya quisiera tener el Michel ese, este pedazo de polla…!

-Eso es verdad cariño. Pero no te la guardes que voy a jugar un ratito con ella.

-¿Aquí en el sofá?

-Claro, cómo si fuéramos novios. Ven acá Michael que vas a ver lo que es follar. No lo que te hace la Sharon esa.

En esta frase Marta se jugó el todo por el todo. No sabía la reacción de su marido al llamarle por otro nombre. Pero fue fulminante. La polla de Luis parecía reventar el pantalón del pijama, y se abalanzó sobre ella como aquella primera vez hacía años en el palco de aquel cine de barrio.

-Ven aquí ¡Puta mía! que vas a saber lo que es follar. Te voy a matar a polvos.

Este mi Luis, el de siempre. Pensó Marta mientras se metía los 22 cm en la boca.

-¡Qué bien me la mamas zorra mía!

Sentirse puta en lo brazos de su marido le supuso a Marta una de las satisfacciones más grandes. Ya se lo dijo una vecina vieja de su barrio de soltera.

-Martita hija. Cuando tu marido no te vea como a una novia que se la desea con pasión, que te vea como una puta, es la única forma de que los maridos vuelven a excitarse con sus mujeres.

Qué razón tenía… La cara de lujuria que ponía Luis mientras le mamaba la polla por todas las superficies de su piel, dando lametones en el glande, lametones que resonaban en el salón como latigazos al aire.

-¡Pero qué bien me la mamas puta mía! ¿Desde cuando la chupas así, cacho zorra?

Se sacó la polla de la boca y dijo: -¿Desde que me enseñó a mamarla el Michael Douglas?

El respingo que pego la polla de Luis casi se la incrusta en el bajo vientre. La volvió Marta a meter en la boca y después de media docena de aquellos lametones, la corrida fue de campeonato. Marta quiso ver los efectos de su mamada; al ver que se aproximaba el primer chorro, se la sacó de la boca y se fueron a estrellar al techo del salón aquellos goterones color de la leche. Se la volvió a meter entre los labios y succionando de tal manera que Luis se dobló por la cintura como un pelele, y eyaculó en la boca de su mujer los restos de aquel manantial de semen, y que ella absorbió con tal delectación que Luis quedó asombrado de cómo en un momento había sentido por su mujer, lo que había olvidado. ¡Milagros de las fantasías hechas realidades!

III

Pedro tiene 56 años y Luisa 49. Llevan casados 25 años y se llevan muy bien por el carácter apacible y tolerante de ambos: pero sexualmente Pedro se ha quedado impotente por culpa de unos medicamentos para controlar su diabetes.

Luisa es una mujer muy ardiente que sufre al ver que su marido no puede penetrarla, y aunque le hace unos cunilingüos de órdago, echa de menos una polla que le llene hasta el fondo de su coño mojado continuamente.

Luis también sufre por ello, porque sabe que su mujer suspira por una polla bien tiesa; pero sabe que jamás le va a pedir ese deseo porque la fidelidad de ella está por encima de sus pasiones desordenadas.

Pero Luis también tiene un deseo: al ver que ya no puede penetrar ni una vagina ni un culo, ha pensado que le penetren a él. Se ha metido consoladores y alguna zanahoria y calabacines, pero le duele. En una revista gay ha leído que el pene entra de una forma suave con lubricantes especiales para ellos, ya que es carne sobre carne, y que apenas duele la primera vez, y una vez que entra dicen que el goce es infinito. Por lo que ha decido hablar con Luisa y tratar el tema muy seriamente.

-Cariño.

-Dime Pedro.

-Nunca hemos hablado de lo que vamos a hablar ahora, pero me consta que ambos lo hemos pensado tratar desde hace tiempo porque nuestras mentalidades están un poco chapadas a la antigua.

-¡Ay! no me asuste Pedro.

-No te preocupes, que no es nada malo.

-¡Qué alivio! ¿Y de que me quieres hablar?

-De sexo. Dijo Pedro muy circunspecto.

-Pero cariño… Si tú ya… y yo te respeto y te comprendo.

-Escucha, no te asustes ni te alarmes, y cuando haya acabado me dices que te parece lo que voy a proponerte.

-Bien, soy toda oídos.

-Llevo años con una idea obsesiva, y si al principio me aterraba ahora me place, y he llegado a la conclusión de que la voy a llevar a la práctica, pero es imprescindible que tu participes, de lo contrario no lo realizo.

-Me tienes es ascuas… ¿Qué idea o juego es eso?

-Siento deseos de ser penetrado por un hombre.

-Me lo figuraba. Dijo Luisa como si nada.

-¡Cómo qué te lo figurabas! Exclamó asombrado.

-Porque te he visto meterte cosas por el ojete.

-¡Qué me has visto! Profirió Pedro. ¿Y por qué no me dijiste nada?

-Porque lo hacías creyendo que yo no te veía. Y cómo comprenderás….no iba a invadir tu intimidad.

-¡Vaya, vaya..! ¿Y qué opinas?

-Que si te gusta, yo no seré ningún obstáculo para tus fantasías. Pero dime. ¿Qué es lo que me propones?

-Que busquemos un tío guapo para los dos. Tú le eliges.

Se le puso a Luisa los ojos como platos. Las de “pajas” que se hacía con un consolador de látex de 25 cm y gordo, guardado tan celosamente que Pedro nunca podría encontrarlo, y que lo usaba cuando estaba ausente para no herir su orgullo. Sentir una polla de verdad en sus entrañas era algo que soñaba desde que Pedro quedó impotente; y que se resignó porque por nada del mundo engañaría a su marido.

-Lo que tú digas mi amor. Lo que tú digas. Por ti hago lo que me pidas.

Al día siguiente Pedro puso varios anuncios en unas revistas especializadas de contactos.

Matrimonio de mediana edad, ambos atractivos y con clase, él gay, ella muy fogosa, buscan varón de 30/40 años muy viril y potente para satisfacer a los dos. Foto imprescindible. Discreción total.

Contrataron un apartado de correos y recibieron más de un centenar de cartas.

Eligieron tres. Tres hombres guapos y morenos que encandilaron a Luisa, y a Pedro se lo pusieron los dientes largos cuando la foto de uno de los elegidos estaba desnudo y portando un gran pene tieso como una mojama.

-¿Me hará daño eso dentro del culo, Luisa?

-Pero si lo tienes ya abierto. ¡Anda! que el último pepino que te metiste era bien gordo. Claro que te cabrá, y bien gustito que te dará. Ya lo verás.

-Tú si que vas a gozar cariño… Y lo deseo tanto más que a mí.

-Gracias mi amor. Gozaremos los dos.

IV

Un sábado cualquiera.

Jorge se llama el que eligieron para ese primer contacto, un tío de 39 años, según dijo. Alto, como de 1, 90 m. moreno, como le gustan a Luisa. Quedaron en una cafetería cerca del apartamento que habían alquilado por días. Eran las 22 horas de ese día.

Luisa quedó impresionada al verle, pues respondía al tipo de hombre que le gusta; y a Pedro se le hacía el culo pepsi-cola pensando en lo que se avecinaba.

Después de las presentaciones de rigor, Jorge demostrando un tacto y educación que a Luisa le satisfizo sobremanera, ya que las buenas formas y la clase humana en las personas es una de sus premisas en todo tipo de relaciones.

-Encantado conoceros Luisa y Pedro, me parecéis dos personas ideales para el tipo de relación que pretendemos, ya que para mí, no sólo es el sexo lo que prima, necesito el marco adecuado para desarrollarlo.

-¿Y cuál es ese marco? Preguntó Luisa interesada.

-Ante todo Luisa, la educación y la confianza de que somos personas que sabemos lo que queremos; y la discreción para realizarlo sin sobresaltos ni temores a ser mal interpretados.

-Eso es lo que nosotros pretendemos Jorge, tener un amigo con el compartir momentos de placer con la absoluta garantía y confianza de que nunca esa relación se convierta en algo desagradable. Apostilló Luisa.

-Y tú que opinas Pedro. Dijo Jorge mirándole con una sonrisa que invitaba a ser agradable.

-Bueno, va a ser mi primera experiencia con un hombre.

-¿Qué te parezco yo?

Luisa miraba a ambos, y creyó ver que a Jorge la gustaban más los hombres que las mujeres.

-Me pareces el hombre ideal para que me inicie, y más después de ver como te expresas.

-Puedes estar tranquilo Pedro, que tu primera vez va a ser maravillosa.

Luisa no se pudo contener. -Disculpa Jorge. ¿Te gustan más los hombres?

-Soy bisex Luisa, y tú me gustas tanto o más que tu marido, pero he creído conveniente dar a tu marido un margen de confianza, ya que me ha parecido verle más remiso al tema. Ya que a ti te veo más resolutiva.

-Comprendo, comprendo.

-Y tú Pedro ¿Estás preparado para ver a tu mujer follar conmigo? O preferís que lo hagamos por separado.

-De ninguna de las maneras. Saltó Luisa. Los tres juntitos. ¿Verdad Pedro?

-Sí, sí, los tres juntos. Dijo Pedro. Aunque se le notaba confundido. Una cosa es que a él le dieran por el culo, y otra muy distinta ver a su mujer follando con otro. Y aunque había sido el promotor de la idea, a la hora de la verdad tenía sus dudas. Luisa se dio cuenta y le dijo:

-Cariño; pareces que no estás muy convencido, si quieres cortamos y no pasa nada.

-No, no. De verdad Luisa. Pero comprende que es la primera vez que vas a follar con otro hombre, y…

-¿Y qué?

-Qué no se cual va a ser mi reacción al verte.

-Tranquilo Pedro. Terció Jorge. Lo haremos de tal forma que ninguno de los tres nos sintamos incómodos ante la situación. Confía en mí. Verás como tendrás motivos para soliviantarte ente una situación desagradable.

-Pues vayamos “al sacrificio”. Dijo Pedro ante las palabras tan conciliadoras de Jorge.

V

Llegaron al apartamento. Muy coqueto y acogedor, ideal para una noche de pasión. Constaba de dos piezas, un salita con un sofá tresillo, y habitación con cama de matrimonio. Decorado con mucho gusto y finura y olía a rosas.

De forma instintiva, Pedro se sentó en uno de los sillones, cómo preparándose a ver aquella escena de marido consentidor; mientras Jorge y Luisa se sentaban en el sofá, muy juntos.

-Eres preciosa Luisa. Le dijo Jorge mientras la abrazaba.

-Y tú muy guapo y varonil, Jorge.

-¿Te gusto Luisa? Pues aunque no es el amor el que rodea esta situación, si me gusta hacer todo lo que hago “con amor”. ¿Me entiendes?

-Te entiendo perfectamente Jorge, dijo a la vez que le ofrecía su boca para que la besara.

Jorge antes de degustar aquella fresa que Luisa le ofrecía miró a Pedro. La cara de éste era de un morbo subido, así lo interpretó Jorge y besó apasionadamente a Luisa.

La excitación de Pedro era enorme. Ver a su mujer en los brazos de otro le producía tan extrañas y agradables sensaciones que el corazón se le desbocaba. En un arranque inesperado, se levantó y se sentó junto a ellos, quedando Jorge entres los dos.

Mientras Jorge seguía besando a Luisa. Pedro le desabrochaba la bragueta y sacaba el pedazo de polla que ya conocía por la foto. Se situó de rodillas y se la metió en la boca con tanta voracidad, que se asombró el mismo de la forma en que mamaba la primera polla que tenía en su boca.

Los lametones en el glande despegaron a Jorge de Luisa. Ésta no daba crédito a la escena: su marido mamando la polla de Jorge con más desesperación que cuando a ella “le comía el coño”. La cosa empezaba de perlas; ver a Pedro tan feliz “mamando” le hizo concebir grandes sesiones de pasión y lujuria. y ¡Al fin sería penetrada por una polla de carne y músculo! tal como soñaba desde hace años.

-Para, para… Pedro. Le dijo Jorge a la vez que le separaba la cabeza de su polla. Que esto es como el buen champagne, hay que saborearlo sorbito a sorbito.

Luisa estaba encantada, “se salía” de satisfacción, aquello presagiaba “la locura” al ver a su marido tan contento y excitado.

-¿Qué te ha parecido la cosa cariño? Le preguntó con dulzura Luisa.

-Ha sido un arrebato, ver como te besaba Jorge y quererle también para mí, me ha hecho ir a su polla como la puta más excitada.

-Ven para mí, Pedro.

Los labios de Jorge se juntaron sobre los de Pedro. Quiero ver como sabe mi polla en tus labios. Le dijo de una forma arrebatadora.

Pedro abrió la boca para que la lengua de Jorge buscara sus aromas hasta en lo más profundo.

Luisa no daba crédito a la escena, pero el morbo le superaba. Primero ver a su marido mamando de la polla de otro hombre y ahora ser besado como una colegiala, le produjo tan extrañas pero agradable sensaciones que se llevó la mano al coño para masturbarse. Al darse cuenta Jorge de la maniobra dejó de besar a Pedro y dijo:

-Mientras tenga yo esta polla en celo, no consentiré jamás que la dama que está a mi lado “se haga un dedo”. Tomó a Luisa en volandas y se la llevó a la cama que estaba en la habitación de al lado. Pedro los siguió como un perrito faldero. Y los tres en la cama como vinieron al mundo se prepararon para follar. Le dijo Jorge a Pedro: -A ti el primero.

Pedro puso el culo al retortero y se dispuso a sentir lo que le mandaba su destino: una gran polla, (no un pepino).

Jorge haciendo gala de un tacto exquisito, abrió con los dedos pulgares de sus manos “aquel agujero”. Y su lengua en circunvalación todo el contorno lamía. Jorge daba gritos de alegría.

-¡Qué me haces Jorge! ¡Qué placer madre mía!

Luisa al ver a su marido en tan oronda postura sonreía.

-Estoy lubrificado con mi saliva esa vía. Para que penetre dulcemente mis 25 centímetros de polla y te produzcan algarabía.

Aquellos 25 centímetros, hasta lo más hondo de sus entrañas los sentía, y a cada empujón que daba Jorge por aquel túnel, lágrimas de placer de sus ojos salían.

-Dame más… más polla quiero…más… más… En su locura Pedro ya ni sabía lo que decía. ¡Qué tener metidos 25 cm de polla por el culo no es ninguna tontería!

Tres empujones entre las nalgas de Pedro, anunciaron que Jorge se corría. ¡Madre mía! Dejaron a Pedro allí tendido en la cama, boca abajo, exhausto, rendido, abatido… Por su ano un río de semen se escurría.

Luisa parecía que rezaba “el Ave María”. Tanta dicha le abatía. ¡Bendita fantasía! que convierte la rutina del matrimonio en alegría.

Epílogo

Descorcharon una botella de champagne (la ocasión lo requería)

-Gracias Jorge. Le decía Pedro mientras posaba dulcemente sus labios en los suyos. Ha sido genial, y gracias a ti que has sabido como llegar hasta el fondo de mis sentimientos, además de mis entrañas. Seguramente otro hombre me hubiera hecho sentir aversión con su rudeza… Pero tú… eres la exquisitez del sexo. Sólo te pido un favor Jorge.

-¿Cuál Pedro?

-Que hagas feliz a mi mujer como me lo has hecho a mí.

-Concedido Pedro, Luisa sentirá el amor más grande reflejado en tu espíritu.

A Luisa casi le da un espasmo al escuchar tanta dulzura y se dispuso a sentir hasta lo más hondo de su vagina, aquello por lo que suspiraba desde que su marido quedó impotente.

Obvio relatar como se folló Jorge a Luisa mientras a Pedro se le caía la baba de ver cómo su adorada mujer gozaba de aquella maravillosa polla en el cuerpo del hombre más atractivo y gentil del mundo. Y Luisa disfrutó tanto, que obtuvo docenas de orgasmos en los tres polvos que le echó Jorge en aquella noche loca.

No quiero acaban esta especio de ensayo o relato, sin decir que el sexo en el matrimonio por desgracia con el tiempo se convierte en rutina, y a veces en un desagradable acto para la mujer mayor.

Posiblemente la actitud de las esposas de estos dos relatos para algunos sean propio de putas, y la de sus maridos de “cornudos”. Pero lo que es cierto, es que esos dos matrimonios abocados a la rutina, encontraron motivos para gozar tanto como en sus años de esplendor realizando sus fantasías. Fantasías que tienen hasta los matrimonios más puritanos. Y mueren con ellas porque “la moral” les impide realizarlas.

La verdadera infidelidad se halla en la ocultación de los sentimientos. Un matrimonio debe ser dos cuerpos con un mismo pensamiento. Es decir: aceptando cada uno las fantasías como propias, sin que llegue ¡por supuesto! a aberraciones que atente contra los principios éticos de la persona.

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