Llegando a Japón en nuestra vuelta al mundo

Midway no tiene nada. Parece mentira que ahí hubiese la batalla que hubo y que marcó el signo de la segunda guerra mundial.

Paramos para descansar un día y seguimos rumbo a las islas Bonin, nos sacaba un poco de nuestra ruta, pero íbamos con mucho tiempo, nos sobraba un mes antes de la llegada de la zorra de Paz a Tokio.

Las Bonin son unas islas preciosas y el primer territorio de Japón y como tal un cambio radical en el viaje.

No me di cuenta que estaba por primera vez en mi vida en Japón hasta que estaba a punto de correrme en nuestro ya clásico polvo de recién llegados a puerto. Creo que ese orgasmo fue algo especial para mi, siempre había deseado visitar el país del sol naciente, pero nunca me había apañado para hacerlo.

Si los japoneses en Tokio te miran de una manera rara por ser occidental, lo de las Bonin era un espectáculo. Al no haber casi turistas o occidentales que lleguen a esas islas perdidas, la gente casi tocaban la barba de José cuando pasaban a su lado.

En las islas no había mucho que ver, salvo la excursión a la isla de Iwohima, otra de las islas con una famosa batalla. José insistió en hacer la singladura hasta allí.

Descansamos durante un par de días y viendo que la isla no daba para más sencillamente nos dirigimos hacía Tokio.

Teníamos 1000 kilómetros por delante, 120 horas de navegación, en realidad una semana como mucho.

La llegada a Tokio fue impresionante, el puerto era maravilloso y había que cruzarlo entero hasta llegar al puerto deportivo donde teníamos reservada una plaza.

Por ultimo día en tres semanas dormimos en el barco levantándonos temprano para ir al mercado de pescado de Tokio. Lo de temprano es una manera de hablar pues creo que era a las cuatro de la mañana cuando cogimos el taxi en la puerta de la marina.

Dejamos Tokio en el Shinkansen, el tren de alta velocidad, a primera hora de la tarde. Llegamos a Osaka donde cenamos y dormimos en un maravilloso hotel, la verdad es que me encantó el sitio. Me llevó después de cenara uno de los mejores restaurantes de la ciudad donde comimos estupendamente. Volvimos al hotel donde no me pude aguantar y según cruzamos la puerta me metí el rabo de José en la boca. José me folló con rudeza apoyada sobre la cristalera de la habitación. Seguramente dimos la nota en las habitaciones de alrededor pues los japoneses son extremadamente callados en el sexo.

José se corrió abundantemente en mi cara después de torturar mi abierta raja durante más de una hora.

Al día siguiente visitamos el acuario y por ultimo nos subimos a la fantástica noria sobre la ciudad donde vimos anochecer abrazados.

Salimos en tren bala hacía Kyoto. La verdad es que nuestro AVE no tiene obstantemente nada que envidiar a la alta velocidad nipona, es más, el nuestro esta mucho más limpio y nuevo.

Llegamos a la antigua ciudad imperial anocheciendo. Después de dejar nuestras maletas en el hotel nos fuimos a cenar al barrio antiguo. Me emocioné cuando vi pasar a la primera geisha, era asombroso verlas pasar mirando al suelo a alta velocidad con sus cortos pasos entre las estrechas calles del barrio. El camarero del restaurante en el que cenamos nos indico que durante el día veríamos a muchas chicas vestidas y maquilladas como ellas, pero que en realidad no eran geishas, sino chicas que pagan una pequeña fortuna por poder alquilar un traje típico y que les maquillasen ad hoc. No es ilegal que esas chicas se vistan por la noche, pero ninguna lo hace, sería indecoroso.

Nos explico un caballero japonés tomando una copa en un hotel de lujo, que las geishas en realidad no eran putas. No es que no tuvieran sexo con sus clientes, que si, sino que la cosa iba un poco más lejos. Las chicas atendían a sus clientes, les servían sumisamente tanto cenando como después tomando un refrigerio. Las chicas era extremadamente cultas y educadas.

Por la mañana visitamos el templo de Kinkanju, El castillo Nijo, Nazen y el santuario Toji. Íbamos a pasar en la ciudad varios días por lo que a la hora de comer paramos nuestra visita y volvimos al hotel.

Jamás pensé que diría algo así, pero estando mis manos apoyadas sobre el cabecero de la cama y teniendo a José encajado en mi coño y con uno de sus dedos metido en mi culo, empecé a fantasear con la idea de ver a una geisha en acción. A José se le puso aun la polla más dura y aceleró sus embestidas sin decir esta boca es mía. Estaba gozando como una loca y cuando José cayó reventado sobre mi espalda me susurró un enigmático – ya veremos.

Visitamos al día siguiente Fushimi-ku, me dejó maravillada. Un sitio único, el típico lugar que hay que ir al menos una vez en la vida, sino dos. Y yo ya lo había hecho una vez.

Curiosamente y por mucho que lo intenté, José no me folló esa tarde. Ni siquiera me comió el coño como le pedí, y eso que insistí repetidamente.

José me llevó a cenar a la parte antigua de la ciudad, la verdad es que la zona era oscura, llena de casa de madera casi negras y con calles con poca luz. Con el GPS de su teléfono móvil dio con la puerta que buscábamos.

Llamamos una sola vez y al segundo se abrió la puerta. Una chica vestida con un precioso kimono nos abrió y nos dejó pasar. El lugar al contrario que la calle era luminoso y todo menos cutre. La chica nos guió a una sala con paredes de papel donde nos acomodó. No esperamos ni tres minuto cuando la puerta de madera y papel se corrió. Una impresionante geisha que se dirigió a nosotros en un perfecto ingles.

– Buenas noches, mi nombre es Makiko y seré su anfitriona durante toda la noche. Sera un placer poder servirles.

– Pero menuda sorpresa José. ¿Por qué no me lo comentaste? – le dije a José en bajito

– Era una sorpresa.

– ¿Y quien te lo ha organizado?

– Uno de los directivos de NEC.

– ¿Nec?

– Nipon Electronic Computers. Buenos clientes en España.

– Pero pensé que esta gente no aceptaba parejas.

– Y no lo hacen. Bueno no lo hacen si no les pagas tres veces su factura.

– Ósea una pasta.

– No lo sabes tu bien.

Makiko empezó a prepararnos el té mientras nos iba haciendo corteses preguntas sobre nuestro viaje. Se quedó impresionando cuando le contamos que estábamos cruzando el mundo en barco. Las geishas son un poco más dicharacheras que el resto de japoneses, pero no mucho más.

– me imagino que nunca han disfrutado de los servicios de una geisha – dijo Makiko sonriendo cuando me pasó la taza de té.

– Pues no. ¿Nos explicarás?

– Yo os iré conduciendo sobre toda la velada no os preocupéis

Durante toda la noche hablamos de mil y una cosas a la sombre del sake que nos íbamos bebiendo. La chica resultó ser una experta en economía, aunque daba igual de lo que hablásemos, la chica no se quedaba atrás. Incluso se sabía la alineación estrella de tanto el Barça como el Real Madrid.

La chica nos bailó, nos cantó, toco un par de instrumentos y cuando vio que después de la sorpresa inicial el tema nos empezaba a aburrir decidió conducirnos a la sala de baños.

Se ausentó un segundo mientras tanto José como yo nos desnudábamos y nos metíamos en una gran bañera de madera.

Makiko apareció minutos después de que el agua contactase con nuestros cuerpos. La chica apareció descorriendo la puerta y delante de nuestros ojos se fue desnudando con una ceremonia milenaria que la verdad nos encantó. Desnuda estaba realmente estupenda. Me llamó la atención su poblado sexo. No es que estuviese descuidado, nada en ella lo estaba, sino que lo tenía con un estilo distinto al occidental.

Makiko empezó conmigo. Con una especie de lija fue recorriendo mi cuerpo desde las puntas de los dedos hasta mi nuca. Me excitó sobremanera cuando pasó la lija por mis pechos y por mi vagina. Cuando acabó conmigo empezó con José. Su polla se puso como una roca cuando empezó con la lija por todo su cuerpo, incluso dio un pequeño gemido cuando la lija recorrió su polla y huevos. Makiko volvió a mi y empezó a enjabonar mi cuerpo, se volvió a recrear con mi coño y pezones, creo que incluso saqué mi lengua cuando sus jabonadas manos pasó por mi cara. La geisha masturbó a José ligeramente cuando enjabonó su cuerpo. Yo fui la primera que tocó su cuerpo, sus pezones se erizaron al contacto con mis dedos. Makiko se metió en el agua con nosotros y sumergiendo su cabeza en el bargueño embutió su boca en mi entrepierna. Creí que se iba a ahogar pero la japonesa empezó a lamer mi raja durante más de dos minutos mientras su maquillaje se iba corriendo y su trabajado peinado se iba arruinado. José alargó sus manos, con una cogió uno de mis pechos y con la otra empezó a tocar el peludo chocho de la mujer. Makiko surgió del agua para abalanzarse sobre mis pechos. Con su boca mamaba mis senos y con una de sus manos buscaba la polla de quien pagaba todo aquello.

La geisha chupaba mis pezones con delicadeza, nunca nadie lo había hecho antes igual. José disfrutaba del trabajo manual que la chica hacía sin mirar hacía ella. Makiko posó su dedo indicé en mi hinchado clítoris y con mucha delicadeza empezó a masajear mi botón e placer.

José retiró la mano de Makiko de su polla, se colocó detrás de ella y apuntando su dura polla al peludo coño la penetró hasta el fondo. La japonesa no se quejó, le cobraba a José mucho dinero, suficiente como para darle acceso a cualquier parte de su cuerpo.

Me ponía a cien ver como José envestía el peludo coño de nuestra anfitriona. Ella me miraba mientras jadeaba ligeramente, José gemía como una obseso. Creo que Makiko se corrió pues aunque lo intentó disimular todo lo que pudo , su cuerpo le traicinó y su vello de su cuerpo se erizó.

Salimos de la bañera y me tumbé sobre la madera que cubría la habitación. José me penetró hasta el fondo levantando mis piernas sobre mi hombro, mientras la nipona sin que nadie se lo pidiese se sentó en mi cara.

Nos corrimos los tres. Makiko con el coño en mi boca, José con su polla en mi coño y ambos besándose apasionadamente.

Fue una noche épica. Intentamos quedar con la geisha fuera de su trabajo para tener una sesión de sexo ya vestidos de normal en el hotel. José le ofreció incluso más que lo que cobraba en su día a día, pero ella nos explicó con las mejores palabras que encontró que aparte de tener la agenda llena, sería inmoral cobrar por sexo sin actuar como geisha.

Disfrutamos del último día en Kyoto. Nos fuimos desde allí a Hiroshima. No me apetecía nada, me imaginaba una ciudad resentida por el Enora Gay. Estaba totalmente equivocada. Hiroshima era una ciudad moderna, activa y que trataban el tema de la bomba como una equivocación de la humanidad. José quería verme follar con un japonés, pero sencillamente nos fue imposible localizar un local de parejas liberales. Nadie nos dio ni una pista, se sonreían y casi salían corriendo cuando dejábamos caer el tema a los pocos locales que íbamos conociendo.

Estuvimos disfrutando de Japón durante dos semanas más. Fue realmente maravilloso. ¡Menudo país!.

Llegamos a Tokyo un día antes de la llegada del vuelo de Iberia que tanto esperábamos.

Nos sorprendió mucho pasear por el centro del capital nipona y ver la cantidad de clubs con pinta cuestionable que tenían un cartel en la puerta que prohibía la entrada a no japoneses. Nos reímos un montón con el tema, pero una hora después y tomándonos una copa en un bar de moda no dejábamos de hablar del tema.

Nos fijamos en un guiri que reía en medio de dos japonesas, dedujimos que sería un occidental que vivía allí. José de acercó al grupo y les invitó a una ronda. Las japonesas se reían de la situación.

Entablamos una agradable conversación en ingles con Brian, un Australiano expatriado que efectivamente vivía allí.

Nos contó que como pensábamos los japoneses eran unos salidos del copón. Debido a su carácter les molestaba que esto se supiese. Nos comentó que al contrario que este tipo de locales en Europa, donde había una zona para socializar y otro para fornicar, allí se fornicaba en todo local y ya desde que se abría la puerta se encontraba uno a gente follándo como locos. Nos comentó que a esas japonesas en particular las había conocido esa noche y ya estaban compitiendo entre ellas por ver quien se acostaba con él.

Nos recomendó un local, por lo visto el más famoso y glamuroso de la ciudad, al igual que el resto de los locales, los occidentales tenían vetada la entrada, pero todo era cuestión de dinero. Pagando una fuerte cantidad se podría conseguir entrar, o al menos eso nos dijo.

Estuvimos un par de horas de farra con el grupo, las niponas no se enteraban de nada pues de ingles poquito, pero nosotros si nos dábamos cuenta de la competición de ambas mantenian por llevarse a la cama al rubio.

Nos dimos nuestros teléfonos y nos despedimos con un “hasta luego por nuestra parte” por nuestra parte y un “luego os enseño” por la suya. No le dimos importancia.

Llegamos al hotel hasta arriba de alcohol. Cuando salí del baño José me esperaba con la polla en alto, yo hice como si no le hiciese caso y me puse a su lado a cuatro patas.

– Dame por el culo, mueve el tuyo. ¿no querrás que sea una dama quien haga el esfuerzo?.

José se levantó y me empotro literalmente contra el cabecero de la cama.

Su polla entraba y salía como un misil, yo estaba en el séptimo cielo. El móvil de José sonó, no me podía creer que me pidiese que estirase mi mano y se lo pasase. Aunque no estaba yo en esos momento para pasar nada, estiré mi mano y le lo pase.

José dejó de agarrar mis caderas pero no de follarme. Se rió y me pasó el móvil. En la pantalla aparecían una sucesión de ambas japonesas desnudas. El cabrón de Brian se había llevado al huerto a ambas. Efectivamente era una cerdas de cuidado. Las imágenes mostraban a las chicas con vegetales en el coño y culo, mamadas a Brian, comidas de coño entre ellas, sodomía, penetraciones de coño y todo tipo de marranadas que uno pueda pensar. Un “¿qué os dije?” finalizaba la comunicación.

Me puso a mil ver las fotos de aquellas modositas chicas y me corrí como una loca poco antes que José inundase mis intestinos con su caliente leche.

Pasamos el día bastante tranquilos, los de Iberia llegarían bastante tarde por lo que seguramente pasaríamos a saludarles y poco más. Paz tendría poco cuerpo para el sexo después de horas y horas de estar metida en un tubo de metal a 10.000 metros de altura.

Para nuestra sorpresa, Sergio, el segundo de abordo que habíamos visto en Los Ángeles, se había apuntado al vuelo. Ni idea los hilos de debió de mover para poder conseguido los mandos de aquel avión.

Tuve que pararle los pies a Paz pues parecía que tenía un problema en el coño. Estuvo toda la cena susurrándole al oído a José sobre ir al baño para uno rápido.

Nos encontramos con Paz y Sergio en el centro de la ciudad. Comimos en un restaurante monísimo y dedicamos la tarde visitar museos y lugares de interés. Fue una sorpresa para ellos saber que íbamos a ir al club recomendado por Brian. Ambos pensaban que nos iríamos al hotel a follar los cuatro, pero solo fuimos a ducharnos.

Fue algo natural que los cuatro estuviésemos en nuestra habitación desnudos mientras nos duchábamos. Habíamos comprado ropa en Uniqo durante el día, por lo que no tuvimos que pasar por el hotel de la tripulación a buscar su ropa.

Cenamos en un rascacielos con vistas sobre la inmensa ciudad. Acabamos y cogimos un taxi. El taxista puso cara extraña cuando le dimos el papel con la dirección, pero no dijo nada.

Media hora y 100 euros después llegamos a una especie de mansión. En la puerta había un clarísimo cartel que decía “Foreigners no allowed”.

Llamamos a la puerta. Salió un japonés con un impecable traje que nos señaló el cartel. José le enseñó un fajo de yens y el portero desapareció de vuelta en la casa. Pensamos que pasaba de nosotros cuando salió un poco más tarde otro trajeado un poco más mayor nos dimos cuenta que había esperanza. Miro el fajo, en un ingles cutre dijo que sería el doble. José ni pestañeo, metió la mano en el bolsillo de la chaqueta y sacó otro tanto.

Tal y como había dicho Brian, según se abrió la puerta se podía ver que en toda la casa la gente follaba sin parar. Había camareros y gente tomando copas, pero la gran mayoría de la gente follaba por todos lados. Era divertido y sorprendente ver que incluso algunos de los que hablaban entre ellos tenían a alguna de rodillas delante suya chupándoles sus pollas mientras ellos hablaban.

Nos pedimos unas copas y los cuatro empezamos a hablar, una chica sonrió, pidió disculpas, se metió en nuestro circulo y agachándose sacó la polla de Sergio de su pantalón y como la cosa más normal del mundo se la metió en la boca. Estábamos todos con la boca abierta, casi tanto como la japonesa. Ni dos minutos después fue otra la chica que se metió en nuestro grupo y se apoderó de la polla de José el cual no puso reparos. Paz y yo estábamos un poco fuera de lugar hablando con dos palomos a los que les estaba chupando los nabos como si tal cosa.

Paz fue la primera que sintió unos dedos subiendo por su falda, se iba a dar la vuelta para parar al intruso, pero José le recordó las normas comentadas por Brian. En estos sitios no hay ni cuartel ni permisos, cada uno coge lo que le apetece si esta libre. Paz se conformó y abriendo un poco las piernas para facilitar el acceso a su coño se dejó hacer.

Yo estaba ahora si un poco fuera de lugar hasta que un chico joven pero con muy buena planta sencillamente me apartó del grupo y hizo que mi cuerpo se apoyase en la barra del bar y rasgando mis bragas me metió una dura polla en todo mi coño. A ninguno de los presentes pareció importarles.

La verdad es que el japo no follába nada mal, todo lo contrario me estaba encantando tanto que perdí la noción de tener a mis amigos a mi alrededor. Cuando me recuperé de mi primer orgasmo miré alrededor de mi y solo vi al chico que seguía follándome, el resto de mis acompañantes ya estaba por la sala dedicados a sus cosas.

Paz estaba cabalgando sobre un hombre calvo y lleno de tatuajes con un vibrador de gran tamaño en su culo. José sodomizaba a una chica con cara de nunca haber roto un plato y Sergio recibía una mamada mientras le chupaba a una chica sus diminutos senos.

Me estaba encantando la folláda que me estaba metiendo pero quería ser la primera en catar a José, me jodería pensar que Paz se me adelantase, a pesar de estar en esos momentos muy metida en su papel.

Dejé a mi japonés con un palmo de narices y dándole las gracias me dirigí a donde José se follaba a la chica. Separé sus nalgas y empecé a lamer su ojete y huevos. Ni se digno a mirar quien le estaba atendiendo la retaguardia.

Así estando a cuatro patas como estaba noté como una polla de un buen tamaño entrababa de golpe en mi coño mientras desde detrás rasgaba mi ropa. Me dio muchísimo gusto notar ese rabo, mire para atrás y me quedé de piedra cuando vi a Brian follándome sin cesar.

– Joder Brian, ¿cómo has entrado?

– Le dije al de la puerta que iba con vosotros. Le debisteis de dar una pasta pues no veas las reverencias que me hacía.

– Si, fue un pastón, si te llagas a traer un microbús de amigos, segura que también entran – y me dio un fuerte golpe en las nalgas como diciéndome que follase y me callase.

Lamia como una puerca y movía mi coño para mejorar las ya buenas penetraciones de Brian.

La chica a la que sodomizaba José se retiró tal y como yo hice con el de la barra. La seguí con la mirada y vi que se iba a buscar a Sergio quien no le hizo ascos a tener a una tercera oriental para él.

José dejó mi lengua y desapareció de mi vista en la sala. Yo me di la vuelta y guié la polla del australiano a mi culo. José me había vuelto una forofa del sexo anal. Brian amasaba mis pechos mientras me sodomizaba con ganas y me daba besos la mar de mojados y calientes en los que ambos jugábamos durante minutos con nuestras lenguas.

Estuvimos follando como bestias durante más de una hora. Me apetecía probar otras pollas, pero a verdad es que el chico follaba de fabula y solo con ver las barbaridades que se producían a mi alrededor me daba por satisfecha. Es maravilloso ser penetrada mientras a tu alrededor preciosas mujeres y hombre bien formados joden como si el mundo se fuese a acabar.

Brian se corrió en mi boca y nos quedamos fumando un cigarro y hablando un poco. Le cogí de la mano y desnudos fuimos a dar una vuelta por el local.

Al primero que encontramos fue a Sergió quien estaba dándole por el culo a una oriental entrada en años pero con unos pechos que valían la pena el tiempo que le estaba dedicando. Otra chica se besaba con el copiloto sentada en la cara de la señora que se follaba a mi amigo. Un japonés sodomizaba a la vez a esta última chica.

Me quedé un poco chafada cuando vi a Paz abierta de piernas siendo penetrada por José mientras se besaban y se reían, según me enteré después, había acabado con el pelón tatuado y había buscado con desesperación a mi compañero de viaje. Esperó pacientemente a que José acabase de sodomizar a la chica con la que estaba y tomó su puesto. Por lo visto empezó mamándosela mientras un japonés le comía el coño. Parece ser que llevaban follándo casi tanto tiempo como Brian lo había hecho conmigo. Llegamos justo para ver como ambos tensaban sus cuerpos y se corrían realmente disfrutando la corrida.

Quedamos los cinco desnudos en una de las barras para tomarnos una copa y comentar lo vivido. Fuimos contando a quien nos habíamos follado en las más de 2 horas y media de sexo. Nos estábamos descojonando cuando el en trajeado de la puerta llegó corriendo hacía nosotros y en un básico ingles nos dijo que la policía estaba entrando en el local. Nos empujó desnudos como estábamos a la salida de emergencia y nos metió en una furgoneta con los cristales tintados conducida por el hombre que nos dio acceso al local.

El hombre se desvivió en pedirnos perdón. Nos explicó que su actividad aunque ilegal era permitida por las autoridades, pero no se “aconsejaba” dar acceso a los turistas, y alguien había denunciado la situación. Estaba sufriendo una redada en la que no podían permitirse que encontrasen a europeos

El propio conductor paró en una tienda de 24 horas y volvió con ropa deportiva para los cinco. Con esa pinta no podíamos ir a ningún sitio por lo que fuimos a nuestra suite donde jodimos sin parar hasta que el sol apareció en el horizonte de la ciudad. De nuevo Paz llevó la voz cantante en lo que se refería a follárse a José. Me jodió verles follár incluso cunado estaba recibiendo una doble penetración de Sergio y Brian.

Me jodía pero quedaba mucho viaje y me iba a desquitar. Nos ha jodido que me iba a desquitar

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