Lo que me enseñó Maribel 2ª parte

He estado varios años sin contar más acerca de Maribel, a la que guardo un cariño y aprecio especial, pero vuestra insistencia ha sido tal que al final he decidido haceros partícipes de todo lo que allí viví.

Tras esos dos primeros días en los que todo giró en torno a mí como una noria de colores inesperados que no fui capaz de asimilar del todo, Maribel parece ser que decidió darme un descanso. Seguramente para que me asentara en mi nueva situación. Durante un par de días su trato conmigo fue cordial y cariñoso pero sin llegar a más. Y yo tampoco me atrevía a nada. Una mañana al mediodía, volvía de la Universidad cansado por las clases y el calor que ya empezaba a asomar en los primeros días de primavera, entré en la casa, dejé los libros en la mesa del comedor y me dio la impresión de que no había nadie. Di una voz y enseguida Maribel me respondió desde la terraza:

– Estoy tomando el Sol !!! Antonio ha ido a la peña a jugar al dominó y comerá allí. Asómate a la terraza !!!

Me dirigí lentamente hacia el balcón sabiendo de antemano que algo nuevo me esperaba. Crucé la puerta de cristal y mis sospechas se hicieron realidad. Maribel se encontraba en una tumbona de playa tomando el Sol totalmente desnuda, las piernas separadas y unas gafas de Sol anchas en los ojos. Sus tetas reposaban en su cuerpo majestuosas. Me sonrío sin ningún pudor:

– Qué tal la Universidad ?

– Bien, muy largas las clases.

– Y tan larga … Sabes ? Siempre he querido tener un perrito … Ha sido mi ilusión pero Antonio nunca ha querido. Pero ahora tú estás aquí … Anda, perrito, demuéstrame qué tal lames …

Dicho esto separó aún más las piernas y reclinó la cabeza hacia atrás en posición de seguir tomando el Sol como si nada. Yo me arrodillé frente a la tumbona y con los brazos agarrándome a la misma acerqué mi cara entre sus piernas. Sus muslos como columnas romanas me rodeaban la cabeza. Empecé a comerle el coño despacio, casi como si la besara en la boca. Mientras, mis manos se habían aferrado a sus pechos y los acariciaban aprisionando sus pezones entre mis dedos.

– Muy bien perrito … Lo haces muy bien …

Su mano acariciaba mi cabeza y enterraba sus uñas en mi pelo mientras que con la otra mano apretaba las mías contra sus tetas. Estuve así un buen rato. De repente, su teléfono móvil que tenía reposado en el suelo empezó a sonar. Sin inmutarse lo cogió mientras yo no paraba de comerla.

– Hola nena !!! Cuánto tiempo … Cómo estás ? Y tu marido ? Me alegro mucho de escucharte. Ah sí, cuándo vienes ? Tenemos que vernos … Sabes lo que estoy haciendo ahora mismo ? Tomando el Sol en la terraza mientras me comen el coño … Te lo juro … Sabes que yo no te miento … Noooo, Antonio no … Jajajaja Un chico al que le alquilamos una habitación, ya lo conocerás … Ohhhhh nena tengo que dejarte porque no sabes cómo lo come el perrito … Un beso guapa …

Yo había agarrado sus piernas con mis manos para enterrarme aún más dentro de ella y comencé a usar mi lengua en círculos cada vez más rápidos. Maribel empezó a gemir:

– Ohhhh nene, nene, no pares … Ohhhh me voy a correr en tu boca … Ahhhhhhhhhh

Y así fue, cuando terminó y sentí su cuerpo más relajado me incorporé y chupé sus pezones delicadamente, ella me sonrió sin quitarse las gafas y me agarró fuertemente el culo.

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