Lo que pudo ser 3

¡Anna! ¿Anna? ¿Me estas escuchando? – La voz de Nahomi me saco de mis recuerdos, íbamos en su carro.

– No, lo siento. ¿Qué decías?

– Te preguntaba si querías pizza o comida china u otra cosa

– La pizza está bien – dije aun algo perdida. Ella comenzó a reír – ¿Qué es tan gracioso? – pregunte confundida y voltee a verla. Siempre he creído que ella es la más hermosa riendo. Sentí miles de punzadas en mi pecho al verla así después de tantos días.

– No sé para qué te pregunto si siempre escoges la pizza – dijo mientras me volteaba a ver. Por un momento nuestras miradas se encontraron y sentí lo mismo que el primer día. Seguramente ella también lo noto porque enseguida volteo al frente.

– Sabes que amo la pizza – dije mirando por la ventana. Es un día lindo, no hace calor pero tampoco frío, las nubes y el ligero viento logran mantenerte fresco.

– Lo sé, pero después de ver todas esas cajas vacías de pizza en nuest… – suspiro- en tu apartamento, pensé que quizá querrías otra cosa.

– Oh, bueno, es que yo realmente no comí de esas pizzas

– ¿Qué clase de amigos tienes que invitas a tu casa, los dejas hacer lo que quieras y no te dan ni una rebanada? – se escuchaba molesta

– No fue eso, es solo que no tenía hambre

Volteó a mirarme de nuevo pero esta vez yo no lo hice, encendió el radio para romper un poco la tensión que fácilmente podría tocarse en el auto.

– ¿Puedo? – pregunte mostrando mi celular

– ¿Desde cuándo pides permiso? – río

– Desde que ya no somos novias – dije secamente, ella dejo de reír y se puso sería. Era la primera vez que yo lo decía en voz alta y cada palabra se sintió como una cuchillada.

Conecte mi celular al radio y lo deje en aleatorio. Con demasiada casualidad comenzó a sonar una canción que ambas conocíamos a la perfección; “Something” de The Beatles, una de las canciones más hermosas. Se la dedique aún antes de ser novias, fue como una declaración; claramente le decía que me encantaba toda ella, sus movimientos, su sonrisa… que para mí no existía nadie más desde que ella había entrado en mi vida. Suspire y tome mi celular para cambiarla.

– No – dijo tomando mi mano. Sentí como corría electricidad en mi brazo ante su contacto – Déjala, me encanta esa canción.

– Como quieras – dije retirando suavemente mi mano de la suya

– Siempre me han encantado todas las canciones que me enseñas – dijo colocando ambas manos en el volante y viendo al frente

– Bueno, solo elijo… elegía, lo mejor para ti

La canción aún no terminaba cuando llegamos a una pizzería que yo no conocía.

– Acabo de encontrarla y es mi gran descubrimiento, hacen una pizza y una pasta deliciosa. Moría por traerte a conocerla – dijo mientras apagaba el auto y se quitaba el cinturón de seguridad.

– ¿Qué hay de malo con la vieja pizzería de siempre?

– Bueno, a veces es bueno probar cosas nuevas – dijo sonriendo

– Sí, a ti te debe encantar eso – dije susurrando entre dientes pero al parecer logró entender lo que había dicho. Suspiro y bajo la mirada.

– Bueno, vamos

Realmente la pizza era deliciosa, aunque con el hambre que tenía seguramente cualquier cosa me sabría a gloría; pero el lugar no me terminaba de gustar era demasiado moderno, no tiene ese toque casero que tiene nuestra pizzería de siempre. No hablamos mientras comíamos, bueno, mientras ella comía y yo devoraba la pizza y la pasta; cuando al fin quede satisfecha me tire en el asiento y sobe mi estómago, vi a Nahomi quien solo me miraba con ternura y con una sonrisa en su rostro.

– ¿Hace cuánto que no comías? – pregunto contenta

– Bueno, un buen rato – dije riendo

– Qué bueno que te gusto

– Sí, no está mal, pero aún prefiero la vieja pizzería

– Bueno, pues espero que hayas dejado un hueco ahí – dijo señalando mi vientre – porque aún falta el postre.

Enseguida llego el mesero con dos copas llenas de fresas con crema y un par de brownies, realmente no tenía espacio para nada más pero eso se veía tan delicioso que no pensaba desperdiciarlo.

– Se ve delicioso, aunque creo que esperare un poco para hacerle un espacio

– Me parece bien, tu estomago lo merece – dijo al tiempo que tomaba una fresa y la mordía. Hasta eso lo hacía de una manera tan sensual, sentí unas ganas locas de besarla pero me contuve.

– Nahomi…

– ¿Sí, qué pasa?

– ¿Por qué estamos aquí?

– Ya te dije, quería que conocieras esta nueva pizzería pero si tanto insistes la próxima vez vamos a la de siempre y ya – ¿habría próxima vez?

– No, no me refiero a eso. Me refiero a qué hacemos aquí, tú y yo, ¿por qué fuiste a mi departamento hoy? – bajo la mirada

– Quería ver que estuvieras bien

– ¿Sólo eso? Podrías haber llamado

– Temía que no respondieras

– Por alguna razón no te creo

– Oye, solo porque hayamos terminado no significa que ya no me preocupe por ti

– Error, no terminamos, me terminaste y bueno, pasaron dos semanas en las que parecía que en realidad no te importaba lo que pasara conmigo

– ¿Y qué querías que hiciera? ¿Que fuera a verte diario para preguntarte como estabas? No solo a ti te dolió, Anna – dijo molesta

– ¿¡Entonces por qué terminaste conmigo!? – listo, al fin lo pregunte. Después de dos horribles semanas al fin lo había sacado.

– Anna… por favor no hagas esto

– ¿Hacer qué, Nahomi? Me merezco una explicación

– Anna…

– Vamos, dilo, ¿por qué si dices que te duele terminaste conmigo? ¿qué fue lo que paso? ¿por qué de un día a otro decidiste que ya no podíamos estar juntas?

– Es… complicado…

– ¿¡Complicado!? ¿¡Complicado!? – comenzaba a alterarme – complicado es que tu pareja de más de tres años, el amor de tu vida, termine un día contigo sin decirte el por qué, que te deje sola y desaparezca por días; y que luego regrese y te diga que ella también está sufriendo. ¿Qué se supone que eso significa, eh? Eso sí es complicado.

– Anna… yo… yo te amo – dijo con los ojos llorosos

– ¿Y si me amas por qué lo hiciste? ¿Por qué nos hiciste esto? – se me quebró la voz

No me respondió, solo bajo la cabeza y pude ver como sus lágrimas corrían por su rostro. No pude resistir más, tenerla tan cerca era demasiado, tenía que tocarla, rozar su piel con mis manos. Me levante de mi asiento y me senté junto a ella, la rodee con mis brazos y ella coloco su cabeza en mi pecho, comenzó a sollozar. Pasamos así unos cinco minutos hasta que ella se calmó; al estar ahí, abrazándola, me sentí viva de nuevo, sentía mi sangre correr por debajo de mi piel, mi sangre que hervía, producida por un corazón que latía como loco por tenerla tan cerca. Cuando dejo de sollozar alzo la cara y nuestros ojos se encontraron, nos miramos durante unos segundos, tratando de descifrar nuestras miradas, tratando de entender qué era lo que sentíamos. Nuestros rostros comenzaron a acercarse sin ambas elegirlo, era pura energía lo que nos atraía, como imanes que no pueden evitar unirse. Y cuando estaba a nada de probar de nuevo sus labios, se alejó.

– Esto no está bien – dijo mientras bajaba la cara y se separaba de mí

– En verdad necesito una explicación

– Lo sé, pero vamos al departamento, prometo que responderé todas tus dudas

– Me parece perfecto

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