Los celos

Marta, caminaba hacia casa pensando en lo último que la había dicho su nueva amiga, y divertida trató de imaginar la reacción de su esposo y aunque llevan tres años casados fue incapaz de asegurar cual seria.

La recibió como siempre muy cariñoso, cenaron deprisa y se acostaron pronto; a Marta le encanta hacer el amor y Carlos se considera afortunado al no tener que perseguirla para hacerlo.

Marta es una mujer simpática amable muy agradable aunque para Carlos le falta “algo” tiene un rostro precioso y un cuerpo estilizado, bonitas piernas, el culo prieto y no demasiado abultado pero poco pecho y eso lo echa de menos; a Carlos le chiflan las tetas grandes y no puede contenerse, cuando pasa cerca de una “pechugona” ha de mirarla, suele hacerlo con disimulo y solo Marta se da cuenta.

Las manos de Carlos cubrían las tetas de su mujer y esta movió sus caderas hasta que se corrió, aunque él continuó jugando con ella hasta satisfacerla; generalmente ella trataba de retrasar el momento para llegar en un par de ocasiones antes de que lo hiciera él pero esa noche estaba despistada; se tumbaron de espaldas y mirando al techo con las manos entrelazadas ella preguntó.

— ¿Somos celosos?

Carlos, sorprendido, preguntó a su vez.

— ¿A qué viene esa pregunta? ¡No! No somos celosos, al menos yo no lo soy.

— Esta tarde, cuando ya bajaba del autobús Teresa me lo ha preguntado y no he tenido ocasión de saber porque lo quería saber.

— Puedes decirle que ¡No! Porque imagino que tampoco lo eres.

— No lo soy, aunque les mires las tetas a todas las mujeres que las tienen más grandes que yo.

Sobre eso habían hablado muchas veces sin darle importancia, Incluso si alguna vez era ella quien divisaba a una tetona le avisaba para que no se la perdiera.

Marta se giró para encararse a su marido y entornó los ojos; él supo lo que venía a continuación y trató de relajarse aunque en cuanto ella llevo sus labios a su verga, el pobre hombre se rindió al capricho de su esposa que disfrutaba haciéndole verdaderas filigranas llevándolo una y otra vez al límite hasta que le permitía terminar, pajeándole con sus pequeñas tetas que a pesar del tamaño manejaba con maestría y ese detalle es lo que a pesar de pequeñas las hacían atractivas a los ojos de Carlos.

Por la mañana marcharon a trabajar por separado y cuando por la tarde las amigas se encontraron Marta confesó a su amiga que ¡no! No eran celosos y quiso saber a qué venia la pregunta; se sentaron en una terraza y tomando un refresco le contó su idea.

— Nosotros, de vez en cuando jugamos a un juego al que llamamos “sin celos” que es muy divertido si los participantes son sinceros y realmente no son celosos; son varias fases y la primera consiste en estrechar la amistad; solemos, salir a cenar y bailar luego, o cenar en casa y salir a bailar, o cenar y bailar en casa; tenemos una casita con jardín que nos da intimidad al no tener a ningún vecino al lado que oiga lo que pasa dentro; háblalo con tu marido y me cuentas.

— Sé que hay algo más. Cuéntame alguna de vuestras experiencias. ¿Cuántas veces lo habéis hecho?

Teresa la miró divertida y se aproximó un poco más antes de hablarle.

— En total hemos contactado con cinco parejas; tres de ellas no fueron sinceras y lo cierto es que ellos si eran celoso, pero con las otras hemos repetido tres veces con cada una en los dos años que llevamos jugando a esto y queremos incorporar alguna pareja más.

— Una cosa más. ¿Hasta dónde llegáis? Porque imagino que el asunto no se quedará en el baile.

Esto lo dijo Marta con la mirada chispeante y una sonrisa pícara.

— Seré franca porque es la única forma de que las cosas funcionen, aunque no tienes porque contárselo todo a tu marido y así creerá si llegamos a algo que ha sido un logro por su parte, tampoco yo se lo diré al mío como he hecho hasta ahora; a las mujeres se nos da mejor esto de maquinar para que las cosas funcionen a nuestro gusto.

— Con la primera pareja que lo intentamos tuvimos mucha suerte, cenamos fuera y fuimos a bailar en una sala de fiesta; después de que se calentaran bastante le pidió a Raúl que la llevara a un sitio tranquilo y nos vinimos los cuatro a nuestra casa; al principio, el marido se contentó en ver como Raúl la desnudaba mientras bailaban y cuando se echaron en el sofá, el tipo me tendió la mano y preguntó.

< ¿Podemos imitarlos? Me gustan tus tetas y todo lo demás. — Pasamos una noche inolvidable y las otras veces que nos encontramos el asunto fue mucho más fluido; después de cenar marchamos cada pareja a una habitación hasta la mañana siguiente. — Con las otras parejas como ya tenía experiencia hice lo mismo que estoy haciendo contigo; les conté a ellas lo que esperaba del encuentro para evitar sorpresas, aunque llegado el momento crucial con tres de ellas fracasó el juego, solo llegamos a inocentes sobos y algunos besos, pero en cuanto quisimos progresar un poco más se escandalizaron y sin enfadarnos se fueron; por fortuna fueron la segunda cuarta y quinta; con la tercera obtuvimos un rotundo éxito y con vosotros que sois la sexta sé que también lo será. Marta la escuchaba embelesada aunque tenis los pezones endurecidos y se sentía mojada al imaginar el cuadro, ella follando con un casi desconocido y su marido mirándola de reojo mientras se lo hacía con otra. — Por lo que me has contado, tu marido es una fiera que no te deja a sol ni a sombra y eso me gusta; Raúl es fogoso pero parece que mis pechos no le obsesionan como a la mayoría de los hombres incluido el tuyo, que cada vez que coincidimos es incapaz de disimular la atracción que siente por ellos, en cambio el mío me ha comentado en más de una ocasión lo que haría con una mujer “como tú” si pudiera tenerla y es que nuestras amigas, sin ser tan tetonas como yo van bien servidas. Con sincera curiosidad Marta preguntó, ¿Por qué buscáis a otras parejas si tenéis dos con las que os entendéis? Sin pensarlo ni un instante Teresa respondió. — Para evitar los conflictos que pueden surgir si alguno se encapricha de la pareja de otro, a fin de cuentas somos humanos y estamos jugando con fuego; comprende que estamos disfrutando de “eso” que no nos dan nuestras parejas. ¡Cumpliendo una fantasía! — Háblalo con tu marido y ya me comentas lo que decidáis aunque tengo muy claro lo que opinas. Tenía mucha razón, Marta haría lo imposible para “dejarse convencer” por su marido y acceder al juego. Sin ahondar mas en el asunto charlaron de otras cosas sin importancia y al rato se despidieron; en la mente de Marta bullían un montón de ideas que no pensaba compartir con su marido. Llegó a casa y como cada día cenaron temprano y antes de acostarse Carlos preguntó. — ¿Hablaste con tu amiga? Me gustaría saber porque le interesaba si somos celosos. Marta le contó la parte de su conversación que considero oportuna y añadió. — Si te parece podríamos quedarnos en casa para cenar y bailar, y si además de mirarle las tetas se las tocas no me enfadaré; lo tomaré como parte del juego y recuerda que lo llaman “sin celos” aunque he de saber si tú soportaras la posible contrapartida. Carlos abrazó a su mujer y murmuró en su oído. — ¡Hasta donde nos lleve la noche! Asumiremos lo que suceda hasta las últimas consecuencias y pase lo que pase recuerda. ¡Te quiero! ¡Nos queremos! Eso no lo cambiará nada ni nadie. Esa noche hicieron el amor con mucha más intensidad que otras y es que los dos fantaseaban con lo que sucedería en ese encuentro y cuando rendidos se dieron por satisfechos, se miraron unos instantes y comenzaron a reír descontroladamente; ambos sabían lo que les había impulsado y al fin Carlos pudo decir. — Si esto ha sido solo por suponer; imagínate lo que será cuando haya algo real en que pensar, ahora solo falta que todos sea como suponemos pues de otro modo sería una gran decepción, aunque como idea es francamente brillante. Carlos había visto a Teresa en varias ocasiones y estaba obsesionado con sus pechos; imaginó lo que sería jugar con semejantes joyas. Marta conoció a Raúl el mismo día que a Teresa y sabía que es alto, guapo y sobretodo ardiente y además que le llamaban la atención sus tetas pequeñas que eran su arma secreta, la destreza para alojar entre ellas una verga por grande que fuera y hacer diabluras con ella. Se durmieron abrazados como siempre. Marta pasó la mañana inquieta y en cuanto vio a su amiga se colgó de su brazo para explicarle lo hablado con su marido; aceptaban pasar la velada juntos y si les parecía bien lo harían en su casa, de esa forma podían tomar alguna copa de más sin preocuparse por conducir. Quedaron para ese sábado noche y Carlos insistió en llevar tres botellas de espumoso Brut Natura de Freixenet y un ramo de flores; llegaron temprano y después de las presentaciones las mujeres fueron a la cocina a cuchichear y ellos se quedaron en el salón; para romper el hielo Carlos preguntó qué tipo de música tenían y Raúl respondió. — Tenemos de todo tipo, pero a Teresa no le gustan los movidos y a mí no creas que me entusiasman, de todos modos ellas mandan como siempre. Salieron de la cocina con unos sabrosos platillos que tomaron con cerveza muy fría charlando de asuntos sin importancia; al terminar pasaron al salón, Raúl descorcho una de las botellas que ya se habían enfriado y brindaron “por la amistad”; como siguiendo un guión los hombres comenzaron a hablar sobre la pareja y las diferentes formas de mantener la chispa; aprovechaban cualquier oportunidad para rellenar las copas de las féminas que alucinaban al comprobar, que en lugar de intentar tener razón a cualquier precio como solían hacer sus maridos coincidían en casi todo; Marta se dio cuenta de lo que planeaban y decidió dejarles hacer, así que cuando Teresa se demoraba en beber la animaba arrimando su copa para chocarlas antes de tomar otro sorbo; terminaron la segunda botella y a excepción de la primera ronda para el brindis, el resto la tomaron ellas exclusivamente. Estaban todos muy animados, Teresa puso música y tomando a Marta de la manos se pusieron a bailar, chismearon algo y sonriendo hicieron gestos a los hombres para que se acercaran; escogieron al marido de la otra y comenzó la fiesta. Carlos, apoyó las manos en la cintura de Teresa que vio como este miraba sin disimulo el simpático canalillo que se abría entre sus pechos; lo atrajo un poco hasta chafar sus pezones en el pecho del hombre que notó como su excitación crecía, un poco más allá Marta y Raúl se miraban a los ojos y él permanecía con las manos en las caderas de ella que se pegó a su cuerpo; quería notar su “humanidad” y lo estaba logrando; entonces Teresa musitó al oído del embelesado Carlos. — En cuanto apague la luz esos dos se besaran. ¿También lo harás conmigo? Sin esperar respuesta alargó la mano y le dio al interruptor; quedaron dos pequeñas lamparillas en las esquinas del salón que solo servían para evitar chocar con los muebles; Teresa agarró la cabeza de su pareja y comenzó a mordisquear sus labios con desespero; él no se amilanó y sin prestar atención a lo que hacía su esposa se enfrascó en esa incruenta batalla en la que no hubo perdedor, ambos vencieron y al llevar sus labios al cuello de ella, le dio la vuelta para poder atrapar sus tetas con ambas manos estrujándolas hasta oírle decir. — Afloja un poco, nadie te las va a quitar. Desabotonó la blusa para evitar que arrancara los botones y soltó el cierre delantero del sujetador para que Carlos pudiera disponer a su antojo de esa tetas que le fascinaban; llevó sus manos atrás para acariciar ese bulto que se apretaba contra su culo y poco después se dio la vuelta y le sacó la verga que comenzó a acariciar; se sentaron en un sofá sin prestar atención a lo que sucedía un poco más allá. Marta tenía el vestido por la cintura y Raúl uno de sus pechos completamente dentro la boca mientras un par de dedos hurgaban en su vagina haciendo que cabeceara a los lados y desesperada tiró de sus codos para que se enderezara y al mirarse a los ojos exigió. — Llévame a vuestra cama; no quiero continuar aquí porque me da vergüenza que me vea mi marido. En realidad, lo que necesitaba era un amplio lugar para maniobrar y el sofá estaba ocupado. Raúl la elevó con facilidad atravesando el salón ante los ojos velados de sus respectivas parejas que les llevaban ventaja; Carlos había puesto de lado a la mujer y la estaba taladrando sin piedad, al tiempo que jugaba con sus pechos que eran su fijación. Marta, mucho menos borracha de lo que los hombres imaginaban se dejó hacer y Raúl demostró ser un gran amante, que además de hacerla llegar con facilidad en varias ocasiones supo racionarse para evitar correrse y de ese modo darle la oportunidad de lucirse, al sorprenderlo haciéndole una paja cubana con sus pequeñas tetas y la inestimable ayuda de esos carnosos labios que junto con la juguetona lengua lo hicieron enloquecer. Agotados sobre la cama vieron aparecer a sus respectivas parejas que sonrientes se acomodaron a su lado y Teresa con voz burlona exigió. — ¡Quiero que hagáis un bocadillo conmigo! Me gustaría que Marta observara y si le gusta lo que ve después la complacéis a ella a no ser, que tenga capricho en ser la primera en cuyo caso le cederé el turno. Marta hizo un gesto y se apartó hasta una butaca, se quedó contemplando como ese par de sátiros que era la primera vez que estaban juntos se acompasaban como una perfecta máquina para “destrozar” a Teresa que se sacudía en medio de un rosario de espasmos; a pesar de la mucha atención que puso, le fue imposible saber cuántos orgasmos empalmó, pero cuando ellos se dieron por satisfechos tubo que ayudar a su amiga a permanecer en pie al acompañarla al baño. Al salir, los hombres continuaron jugando con los pechos de sus nuevas compañeras quizá para mantener la excitación y respondiendo a un gesto de Teresa ambos se dedicaron a besar y acariciar el cuerpo de Marta que se dispuso a recibir su “suplicio” que no tardó en llegar; en pareja no solían practicar sexo anal, aunque ella había disfrutado mucho por esa parte con su ex que era de ascendencia marroquí, y quizás por ello se sintió cómoda al notar como la enorme verga de Carlos invadía su retaguardia. Desde que comenzó a practicar sexo era la primera vez que le hacían una doble penetración y resultó ser una grata experiencia; se besaba con Carlos mientras Raúl, sujetando sus pequeñas tetas la taladraba con potentes embestidas que la “desclavaban” de su esposo que se esforzaba por seguir el ritmo y es que Raúl se está esforzando para hacer esa experiencia inolvidable, consiguiéndolo con creces. Cuando ambos se corrieron llenándole las entrañas, marcharon al salón a tomarse una “merecida” copa mientras Teresa se tendía junto a su amiga que encarándose a ella y entornando los ojos musitó. — Vamos a darnos ese homenaje que merecemos y que estamos deseando desde que nos vimos por primera vez; estoy sucia aunque no creo que te importe. Marcharon juntas al baño y después de una larga ducha no exenta de besos roces y caricias, regresaron a la habitación que fue testigo de la mayor demostración de ternura y sensualidad que solo dos mujeres pueden inventarse para gozar. ©PobreCain

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