Los hermanos sean unidos…

Esta es la historia de Miguel y María, dos hermanos del interior del país, que luego de perder a sus padres y sin más familia que pudiera ayudarlos, decidieron vender la modesta casa que les había quedado y venir a probar suerte a la capital. Luego de caminar la calle y encontrarse con la dura realidad de los precios de la ciudad de Buenos Aires, se dieron cuenta de que no podrían pagar nada mejor que una pensión de mala muerte (por decirlo de algún modo) y que ni siquiera podrían costear algo mejor que una habitación matrimonial, así que al final de un cansador día de recorrer, y recorrer y recorrer pensiones, decidieron que lo mejor para evitarse situaciones incómodas sería hacerse pasar por una joven pareja y alquilar una habitación matrimonial, ya que a nada mejor podían aspirar. Y eso fue precisamente lo que hicieron.

Se presentaron como una pareja que acababa de llegar del interior, y alquilaron un cuarto en un lugar dónde no habían preguntado antes, de todos modos, el encargado ni se fijo en ellos. Ambos tenían la piel trigueña, y el pelo negro. Miguel era un joven atlético, en parte por haber pasado su infancia y primeros años de juventud realizando trabajos de albañilería como peón (y toda changa que se le presentara) y en parte por no haber contado nunca con más de la ración justa para comer, debido al origen humilde de su familia. Por su parte, María también era delgada, pero aun así había desarrollado unas curvas muy estilizadas, que junto a su frondoso y lacio cabello, la convertían en una chica muy atractiva. Ella era algunos años mayor que él, lo que sumado a que era mujer, hacían que fuera más madura que Miguel, y por tanto, la que pensaba por los dos, y tomaba la mayoría de las decisiones.

El caso es que terminaron en esta pensión del barrio de Flores, sin más alternativa que compartir la cama durante la noche, y buscar trabajo durante el día. No tenían mucho tiempo, sus ahorros se esfumaban velozmente y necesitaban pronto encontrar una fuente de ingresos. Los primeros días, durmieron ambos con la ropa puesta, pero el verano se acercaba y fue ella la de la iniciativa, simplemente una noche, salió del baño en corpiño y bombacha, instando a Miguel a hacer lo propio:

-Si vamos a seguir acá, no podemos pasar el verano durmiendo vestidos, otro cuarto no hay, y con el calor que hace, sin un desgraciado ventilador, nos vamos a cocinar, así que yo digo que dejemos el pudor de un lado y hagamos lo posible por estar frescos, otra no nos queda, al menos hasta que consigamos trabajo.

-Bueno, la verdad que tenés razón.

Esa fue la primer noche que pasaron en paños menores, obviamente sin cubrirse con ninguna sábana ni nada. Pero no significó ningún pudor de hecho, ya que la mente de ambos jóvenes estaba concentrada en conseguir una fuente de sustento antes de que se les terminara el dinero y tuvieran que ir a para a la calle.

A primeras horas de la mañana, María despertaba a Miguel con un austero desayuno: un café negro, y tres galletitas de agua. Luego, ambos salían a buscar trabajo, y pasaban todo el día afuera, cuando volvían, comían arroz y se acostaban. Caían, muertos. No querían, no pensaban en otra cosa que no fuera dormir.

El primero en conseguir algo fue Miguel, de nuevo, como peón. Le pagaban muy poco, trabajaba 12 hs al día, pero ya era algo, ya podían contar con algo. Mientras tanto, María seguía buscando. Ahora, podían comer un poco mejor y estaban un poco más tranquilos. De todos modos, todavía no era suficiente. Sin embargo, Miguel ahora tenía un franco semanal, que podía aprovechar para descansar, sin tener que salir a recorrer toda la ciudad buscando empleo.

Fue en uno de estos francos, que Miguel se despertó, con mucha fiaca, pero descansado y vio a un costado que María estaba preparando un desayuno, ya un poco mejor que antes. Ella se acercó con una humilde bandeja y se sentó en la cama.

-Comé, dale que necesitamos que el hombre de la casa esté fuerte. (Le dijo con una tierna sonrisa)

Pero entonces Miguel se percató de que había amanecido con una enorme erección, cuyo slip no podía disimular de forma alguna. La miró muerto de verguenza, pero antes de que pudiera decir nada, ella habló:

-No te preocupes, todos los días es así, ya me acostumbré, les pasa a todos los varones. No te hagas problema hermano, come el desayuno que bien ganado lo tenés.

Esto no fue suficiente para calmar la verguenza de Miguel, pero se incorporó un poco en la cama, y tal como le dijo su hermana mayor, comió su desayuno.

Los días pasaban, y todo seguía mas o menos igual. Con la excepción, de que ahora Miguel prestaba atención a su hermana mientras iba de un lado a otro de la habitación, antes de salir a trabajar, o antes de acostarse. No hay que olvidar, que ya era casi verano, el calor agobiaba, y al igual que Miguel, ella pasaba el escaso tiempo que estaba dentro de la habitación, en ropa interior. Iba de una lado a otro exhibiendo involuntariamente, sus delineadas curvas, y ahora las erecciones de Miguel no eran solo matutinas…

Una mañana, María antes de salir le habló:

-Migue, te quería pedir algo.

-Sí, decime…

-Si podés, de noche, tratá de mantenerte de tu lado de la cama.

-Siempre estoy de mi lado de la cama Mari.

-No, no siempre. Yo se que estás dormido, pero a veces sin darte cuenta, te venís para mi lado, y estás igual que de mañana, y eso me molesta, entendés?

-“Igual que de mañana”, qué querés decir?

María pensó un poco, le daba pudor hablar, pero era una mujer fuerte y directa, y no demoró mucho en decir lo que debía, sin tapujos:

-Muchas noches, se te para la pija, y si te venís para mi lado, me la apoyás en la espalda, y para mí es una situación muy fea, entendés?

Miguel sintió que se moría de la verguenza… No sabía qué decir.

-Eeee, uuuhh, perdoname… te juro que..

-No tenés que decir nada, yo ya se que lo hacés dormido, por eso te digo, si podés dormirte bien de tu lado, por ahí evitamos esto.

-Sí, te, tenés razón, vo voy a hacer eso.

Miguel respondió como pudo, y esa mañana no volvió a verla a los ojos. Igualmente, ella se despidió con el beso en la mejilla de todos los días y salió a buscar trabajo. Pero algo había cambiado… Ahora Miguel, sin saber bien qué le estaba pasando, estaba totalmente atento a los movimientos de su hermana dentro del departamento, no podía dejar de prestarle atención a ese cuerpo delineado que caminaba de un lado a otro, dentro de esos poquitos metros cuadrados. Las erecciones matutinas ya no le daban pudor a nadie, mientras ella se arreglaba, el se despertaba, y conversaban como si nada. Y a pesar de lo hablado, nadie tiene control sobre su cuerpo mientras duerme, Miguel seguía amaneciendo acurrucado a su hermana con su miembro totalmente erecto. Hasta que también esto se dejó de lado, María simplemente se acostumbró. Seguramente entendió que el pobre Miguel nada podía hacer para controlarlo, y por otra parte, desde algún lugar de su ser, le gustaba sentirse contenida, aunque solo fuera por su hermano menor, en esta tierra extraña y hostil en la que estaba dando sus primeros pasos.

Resulta que una día, el administrador del lugar, les avisó que habían cortado el agua, y que no se sabía cuando iban a solucionar el problema. Por tanto debían cuidar el agua al máximo. Esto fue justo uno de los días francos de Miguel, y al volver María de la calle, como hasta ahora: sin suerte, le comentó el problema a su hermana. Ambos tenían que salir temprano al otro día y no podían presentarse con olor en ningún lado, así que nuevamente fue María quién tomó la iniciativa:

-Mirá Miguel, hace ya varias semanas que estamos en estas condiciones, y hemos aprendido a convivir el uno con el otro de esta forma tan rara, que no hubiéramos pensado nunca, pero estamos bien no?

-Sí. (respondió él)

-Bueno, como yo lo veo, esto es una cagada, pero me parece que no tenemos otra opción más que volver a “arremangarnos” y hacer lo mejor en la situación que nos toca.

Miguel, siguió escuchando, sin emitir palabra u opinión.

-Ninguno de los dos puede salir sucio mañana verdad?

-Verdad.

-Bueno mirá, a mí me parece que no nos queda otra que cerrar los ojos, y bañarnos juntos.

Miguel siguió callado.

-Estás de acuerdo Miguel?

El demoró un poco en responder, y después solo atinó a decir;

-Sí.

-Bueno, entonces vamos a meterle, antes de que el agua se termine en toda la pensión, apurate, dale.

Ambos se quitaron toda la ropa velozmente, y se dirigieron al baño, no tenían mucho tiempo realmente, acordaron estár espalda con espalda, aún así, Miguel no pudo evitar su permanente erección. Ella salió primero y se cubrió con una toalla, cuando él iba a salir, María alcanzó a verlo, y con una sonrisa, un instante antes de que también Miguel se tapara, le dijo:

-No podés más eh…

Miguel se murió de verguenza, ahora su hermana lo había visto por completo, sin siquiera un calzón que lo cubriera. Quería ser tragado por la tierra.

-Bueno, es normal, no te hagas problema. Que bueno que pudimos bañarnos no?

Consumido por la pena, Miguel solo atinó a susurrar:

-Sí…

-No fue tan grave al final. Bueno, ahora sí, a dormir.

Apagaron las luces, y se acostaron. Ambos con sus cuerpos frescos, pero solo uno de los dos estaba relajado…

Pasaron tres días, y algo cambió, de repente una mañana, María sorprendió a Miguel con un suculento desayuno, había de todo… no habían comido así nunca en sus vidas. Miguel reaccionó sorprendido.

-Y todo esto???

-Conseguí trabajo hermanito!

-No lo puedo creer? En serio?

-Sí!!!

-Que bueno, te felicito!

Ella se acercó a la cabecera de la cama y se abrazaron con gran emoción.

-Y de qué agarraste?

-Secretaria, en una oficina.

-Que bueno!!!

-Sí, y ahora come que tengo que salir. Pero tapate un poco, que es solo para vos, no para tu amiguito..

A estas alturas, ambos se sonrieron por el comentario, ya su nivel de confianza había dejado muchas inhibiciones detrás suyo.

Lo que Miguel no sabía, era que María le había mentido, no completamente: ella sí había conseguido trabajo, solo que no era una secretaría… Desesperada al ver que los ahorros se agotaban, y que el magro sueldo de Miguel no era suficiente, al no poder conseguir nada, ningún empleo. Optó por lo que nunca había pensado: prostituirse. Y había desarrollado una rutina: cada mañana, se aseguraba de salir antes que su hermano, bien arreglada y desplegando toda su belleza. Se escondía tras una esquina, dónde podía verlo salir, y cuando Miguel se perdía de vista, iba a una zona dónde captaba a su clientela. Tenía que estar segura de que Miguel ya se había ido, porque no era demasiado lejos de la pensión. Al ser tan joven y linda, no demoró en hacerse de una buena clientela, iban a un hotel de la zona y hacían lo que todos saben.

Los días pasaron, y la vida de los dos hermanos cambió bastante, ahora comían hasta hartarse, e incluso María aparecía con regalos, ropa nueva para su hermano, un ventilador, y demás. Ella misma por supuesto, se vestía mucho mejor, y el ánimo de ambos había cambiado notoriamente. Lamentablemente, y a pesar de su fuerza y madurez, María no dejaba de ser una chica del interior, y no se dió cuenta de que lo que estaba haciendo había enfurecido a las prostitutas de la zona. Ya de por sí, nadie puede instalarse así nomás, y si encima se trataba de una chica joven y linda que estaba acaparando la atención de todos los clientes, peor. Sucedió entonces, que una mañana cuando María llegó a la esquina dónde “trabajaba”, varias de sus “colegas” la estaban esperando, y tras una breve discusión, comenzaron a pegarle. Ese día llego golpeada a la habitación, el administrador la miró con desprecio, él sabía lo que hacía, y en su pequeña mente, ella lo tenía merecido. María agachó la cabeza y subió hasta su cuarto, ya tenía bien pensada su excusa. Cuando Miguel la vio se exaltó.

-Qué te pasó!?

-Me caí del colectivo, ahora cuando me estaba por bajar.

-Tenemos que curarte.

-María ya había atendido sus peores heridas, Miguel no llegó a ver esas, y para no decir nada que la hiciera “meter la pata” optó por callar y dejar que su hermano pensara que lo que él veía era todo lo que le había pasado, y la ayudara a sanar esas heridas. Luego, él le dijo:

-Date una ducha, eso te va a ayudar a relajarte.

María hizo lo que Miguel le sugirió. Después se acostó, consternada por lo sucedido. Necesitaba contención, necesitaba quién la cuidara, y nadie había, mas que Miguel.

Se voltió hacia su lado de la cama, y susurró:

-Miguel abrazame.

Habló tan bajito, que él no llegó a oírla.

-Qué?

-Necesito que me abraces.

Miguel entonces adoptó la misma posición que su hermana, detrás de ella y la abrazó frágilmente.

Ella tomó su brazo, y sin pronunciar palabra lo instó a abrazarla por completo y con más fuerza.

Miguel no pudo evitar su acostumbrada erección, que chocaba con la espalda de su hermana. Pero a ella no le importó, a estas alturas casi ni la notó. Luego de ser abrazada, y sin que su hermano pudiera verla, dejó salir sus emociones, en un silencioso pero desconsolado mar de lagrimas. Así se durmieron los hermanos, profundamente abrazados, él cayó rendido tas su extenuante jornada de trabajo, y ella tardó un poco más, hasta que la última lagrima abandonó su mejilla.

Al otro día, como de costumbre, ella salió antes, se despidió y se fue. Pero ya no podía ir a la esquina dónde conseguía sus clientes, era imposible. Así que inteligente como era, decidió caminar sin detenerse, por las calles de Flores, hasta que alguno de sus clientes la viera. Y eso fue exactamente lo que pasó, uno la reconoció y la levantó. Fueron a un albergue transitorio de la zona, e hicieron lo sabido. El tipo, que estaba muy “satisfecho” con los servicios de María, no quería correr el riesgo de no volver a verla, ella era mucho más linda y joven que cualquiera de las otras. Y tras oír lo que había pasado, le ofreció una salida. Le dijo que al día siguiente, se encontraran en un punto, y que él le iba a entregar un celular viejo, que ya no usaba, al que podría contactarse cuando quisiera, y que el mismo podría usar para pasarle ella a todos sus clientes, y no tener que estar parada en ninguna esquina. Dicho y hecho, al otro día, se encontraron, y antes de tener sexo, el hombre le entregó un celular y le pasó el número.

Así, todo lo que tuvo que hacer María, fue caminar las calles, hasta que consiguió ser encontrada por la mayoría de sus antiguos clientes, entonces les pasaba su número, y arreglaban para encontrarse en algún sitio. Luego pasó, que muchos clientes, recomendaron a María a sus amigos, entonces ella ya no necesitó siquiera salir a la calle: cada mañana, esperaba a que Miguel se fuera y luego volvía a la pensión, esperaba a que la llamaran y entonces arrancaba con sus citas. Mas, rápida como era, se dió cuenta de que era un desperdicio contar con una habitación vacía todo el día, y estar yendo a albergues transitorios que sus clientes debían pagar y se dió cuenta que podía hacerse de ese dinero, si traía a los clientes a su cuarto.

Así fue que subió sus “honorarios” y comenzó a trabajar en dónde vivía. Todo lo que tenía que hacer era airear la pieza y dejar todo bien limpio antes de que llegara Miguel, y listo. Así sus ingresos mejoraron aún más, y ni siquiera tenía que salir de la habitación. Bueno, excepto por las mañanas, para engañar a su hermano.

Un determinado día, el administrador de la pensión, que se dió cuenta de lo que pasaba, la enfrentó, y le dijo que eso no se podía hacer en un lugar respetable como el suyo (…) Y le dijo que se tenía que ir, mientras le daba toda una charla sobre moral. Pero a estas alturas, esto no fue un problema. María consiguió una habitación mejor, en una pensión cercana, dónde de entrada arregló un porcentaje con el administrador quién mantendría la boca cerrada y la dejaría laburar en paz, siempre y cuando él recibiera su parte.

Miguel estaba muy contento, el lugar era bastante mejor, aunque aún debían compartir una cama matrimonial. Claro, para su actividad, ella la necesitaba, y aunque le iba bien, todavía no podía costear dos habitaciones.

Pero aquí es dónde la historia pega un giro… Resulta que una determinada mañana, se produce la rutina habitual: Ella sale, espera tras una esquina que su hermano se vaya, hasta perderse de vista, y luego vuelve al cuarto de la pensión. El tema fue, que ese día en particular, su patrón le había dicho que no fuera Miguel a trabajar, y él lo había olvidado. Así, que a mitad de recorrido, se bajó del colectivo, y emprendió la vuelta a casa. Llegó una hora y media después de haber salido aproximadamente, al pasar por la recepción, el administrador no estaba, así que nadie puedo advertir a María de que su hermano iba directo hacía ella. Subió la escalera que conducía a la pieza, y a los pocos metros, notó ruidos, esto le llamó la atención, entonces antes de entrar, se acercó a la ventana. Con mucho cuidado, abrió un poco la ventana corrediza y movió sutilmente la cortina para ver que pasaba dentro…

La escena lo dejó estupefacto: ahí estaba su hermana, arrodillada en el suelo, sin su corpiño, haciéndole sexo oral a un tipo, que obviamente no conocía. Mientras aún no caía de lo que estaba viendo, contemplaba los suculentos senos de María sacudirse, mientras su cabeza iba para atrás y para adelante, y el tipo ese se la empujaba hacia su ingle. Entonces la oyó hablar:

-Me vas a coger papito? Tenés ganas de cogerme?

-Si negrita, ponete en cuatro que te voy a dar para que tengas.

María se quitó la tanga, dejando entrever su velludo vientre, y se puso en “cuatro” tal como le indicara su cliente. La escena era muy fuerte para Miguel, pero al mismo tiempo, no podía dejar de mirar. El tipo la agarró de la cintura, un poco como con desprecio, e introdujo su pene en ella.

-Ayy papito que pija… me la vas a dar toda?

-Si negra, te voy a re coger, putita…

-Ay sí papi, dame, dame, quiero que me la des toda…

Entonces el tipo empezó a mover su vientre hacia delante y hacia atrás, insertando su pene en María, que comenzó a gemir mientras le seguía diciendo cosas como las anteriores.

-Ay papi, que pija, me estás matando…

Miguel sentía una mezcla de asco, con decepción, pero sin saberlo, también se la había erguido el pene. Era algo muy fuerte.

-Te gusta que te coja negrita?

-Ay sí papi, cogeme toda…

Finalmente, el tipo acabó y se recostó al lado de María.

-Como me cogiste papi, sos una máquina…

El tipo esbozó una sonrisa y luego le dijo:

-Te quiero hacer el culito la próxima vez eh.

-Mmmmm sí… quiero que me hagas el culito papi. Pero eso tiene otro precio eh…

-Cuanto?

-La colita es muy suavecita papi, si la querés son $300, además de lo habitual.

-Es mucho eso negra…

-Bueno papi, si querés la colita, tenés que poner la platita.

-Ok, la próxima vemos.

El tipo se levantó y comenzó a vestirse. Asqueado y apurado para no ser visto, Miguel bajó lo más rápído que pudo y se fue a caminar, la cabeza le daba mil vueltas. Había visto a su hermana mayor, a quién tenía en un pedestal, a la “secretaría”, totalmente rebajada, denigrada, dejándose poner las manos encima por un tipo asqueroso, dejando que le dijera “negrita”, entregando su cuerpo a cambio de dinero… La cabeza de Miguel iba a mil por segundo, tan rápido que no alcanzó a darse cuenta de que en ningún momento se había bajado su erección. No sabía que iba a hacer esa tarde cuando volviera a la pensión. La confrontaría? Haría como si nada hubiera pasado? Como haría para mirarla a los ojos? Podria ocultar su asco, su rabia? (…)

CONTINUARA…

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